Capitulo VII
Tener que disculparse no es amar
Graham se había quedado paralizado, y absorto cuando una suave mano lo tomo por el brazo.
Halándolo por éste, y con un suave movimiento de su mano frente sus ojos, logró despertarlo
- Mi bello durmiente - Le dijo Regina sonriéndole con dulzura – ¡Vamos!
- S… Si – respondió como un autómata, mientras trataba de disimular
- Te has quedado pensativo, ¿Qué ha ocurrido? – dijo Regina con cara de preocupación
- Este… No, claro que no. Es que por un momento pensé que había dejado el bolso, pero acabo de recordar que ya lo guardé en el rústico
Mientras iba respondiendo, adquiría seguridad al percatarse de que el comentario anterior de Regina, que lo había hecho paralizarse, no sabía si era intencional, a modo de trampa o inocente. Lo cierto es que, no iba a perder la oportunidad de ver a dónde llegaba todo aquello con esa mujer. Tenía que averiguarlo.
Se dirigieron al rústico, donde ellos disfrutarían de la parte posterior del vehículo. Había zona techada y tubos para asegurarse. Le hizo señales a la morena para ayudarla a montar, y cuando ésta subía, resbaló, teniendo él que sujetarla de atrás, hasta cargarla en sus brazos. Mientras eso sucedía, un pequeño gritito suave salía de la hermosa boca.
- ¿Qué pasó mi Reina? ¿Creías que te iba a dejar caer? Estás a salvo conmigo – le dijo, mientras se veían con una intensidad propia del susto, la complicidad y la pasión creciente
- No, claro que no – apartó la mirada, riendo con una especie de picardía y timidez – el que corre peligro conmigo eres Tú – le dijo mientras la ayudaba a montarse
- Si no manejas, estoy a salvo – le correspondió a la sonrisita diabólica que Regina tenía en su hermoso rostro
Todo en ella era perfecto. Reían juntos, como si su complicidad existiera de toda la vida. No dejaba de luchar por disimular su enorme interés por esa cicatriz que ella tenía en el rostro.
Estaban concentrados hablando de lo hermoso del lugar, de lo emocionados que estaban, cuando el chofer los interrumpió
- Disculpen – dijo el Señor de forma respetuosa – vamos a pasar buscando dos parejas más de recién casados, y seguimos a nuestro destino
- Claro, no hay problema – respondió Regina rápidamente
- Nosotros no… - empezaba a aclarar Graham, cuando fue interrumpido abruptamente por Regina
- Mi esposo y yo no tenemos inconvenientes – le dijo al chofer riendo, mientras agarraba a Graham por el brazo y lo miraba de una forma en la que él supo que tenía que seguirle el juego
- Correcto "Mi amor"
Trataron de disimular la risa. Cuando llegaron donde la primera pareja, Graham se sorprendió cuando Regina se sentó sobre sus piernas
- Estoy ensayando, por si no cabemos – y lo miró con deseo, hablado suavemente sobre su rostro
- Si – aclaró la voz – si cabemos. Anda, siéntate en la sombra – estaba seguro de que la mujer se había dado cuenta de su bochorno, y de que la había decepcionado después – No queremos que esa hermosa piel de Diosa se dañe por tanto sol – dijo, tratando de no perder el contacto logrado por la mujer
- Querido – le dijo la mujer, riéndole con dulzura, mientras se sentaba a su lado, en la sombra – si alguien debe estar pendiente del sol, ese eres tú.
- Jajaja – es cierto
- Yo soy morena cariño, e igual me cuido.
- "Bloqueador 100" – dijeron juntos, al unísono, y rieron
- Me lo puse antes de salir – dijo la mujer sonriendo con pena mientras bajaba la cabeza y jugaba con sus pies
- Yo mientras te esperaba
La pareja se demoraba y ellos ya no hablaban, sólo miraban de un lado para el otro. Así que era su oportunidad. Él debía saber más de esa mujer, y de la noche anterior, y de su comentario. Sobre todo de su comentario
- Oye, disculpa si me quedé lelo en la recepción esta mañana. Sé que me dijiste que querías salir rápido de allí y yo estático
- No. Tranquilo. A mí tampoco me gusta sentir que voy sin todo lo que había previsto llevar
- Te entiendo. A mí me puede echar a perder el día algo así – Notó que la mujer estaba normal y relajada al respecto. Él se sintió más relajado
- Jajaja, a mí también. Y soy capaz de perder la paciencia y aguarle la fiesta a cualquiera – dijo la mujer con vergüenza y entre risas
- ¡Y yo! – en realidad estaba sorprendido, viendo lo mucho que ellos se parecían – ¿Y de que huías si se puede saber?
- De un pervertido – dijo Regina, esta vez cambiando la cara a una suerte de furia y asco
- ¿Un pervertido? – dijo Graham, tratando de disimular; pese a que su corazón, latía cada vez más fuerte
- Si, un asqueroso
- Pero ¿Cuándo?
- Ayer en la noche
- A… ¿Ayer? – ya empezaba a entrar secretamente en pánico
- Si… Un idiota en la habitación superior me estaba espiando en el balcón – lo miró directamente a los ojos con furia
- Yo… Yo, no entiendo… no sé qué decir… Disculpa Regina – No quería mirarla al rostro, bajó la cabeza y no la miró más
- ¿Disculpa?… ¿Acaso eras tú el pervertido de la 705? – le preguntó Regina algo escandalizada – porque, si eras tú con los binoculares y todo, de verdad que… - cambió el tono a decepción y paró de hablar
- ¿Yo? – dijo sin casi poder articular bien las palabras. En su mente estaba el 705 – No. Regina, no. ¿Cómo se te ocurre?
¡Qué cómo se le ocurre! Pensó que había llegado demasiado lejos con eso. Sí, él la había visto. Más allá de que no fuese el pervertido de la 705, las había visto. Ahora ese ataque de "dignidad" era para no perderla. No la tenía y estaba desesperado por no perderla
- Yo no te haría algo así. Bueno, ni a ti ni a ninguna mujer – dijo tratando de recobrar el contacto visual con la mujer – me disculpo por la conducta de algunos hombre idiotas – Sí, él era un reverendo idiota
- Tranquilo Graham – le dijo la mujer tomándolo de las manos. En su cara había vergüenza – Discúlpame tú. Si te juzgué.
- No Regina. Estás en todo tu derecho, realmente no me conoces – dijo sonriéndole a la mujer con ternura – Pero ciertamente algo debo confesarte
- ¿Qué? – a la mujer, que lo miraba con ternura infinita, empezaban a salirle unas lágrimas
- Debí fijarme si alguien te veía. Y debo enfrentar a ese hombre de la 705. Ese abusador – Sólo él se sentía con derecho, y eso le daba asco
- ¿Cómo podrías saber? – lo seguía mirando con ternura, pero extrañada
- La verdad… Desde que te vi en el aeropuerto… siento que conocí a la mujer más hermosa, y que quisiera que me hubieses fracturado el pié con ese carrito, para tenerte a mi lado aunque sea por obligación
- Je… – soltó la mujer una especie de suspiro de risa, mientras se sonrojaba – Graham yo…
- Shiiii… Silencio, que aún no termino – Soltó una de sus manos y colocó su dedo índice sobre su boca – Yo estoy en la 603, con vista al mar también – trataba de ser honesto
- Tú… ¿tú me viste? – la mujer tornó con extrañeza su mirada, y algo de dolor, mientras negaba con la cabeza
- Sí, te vi… Pero escúchame, por favor – dijo con firmeza tratando de que los ojos furiosos, tristes y apenados lo miraran nuevamente – te vi, desde que saliste al balcón – por fin iba a ser honesto. Esos ojos lo mataban – Trataba de saber si eras tú. En el fondo lo sabía… Así que…
- ¡Así ¿Qué? Graham! ... ¡Así ¿Qué?! ¿Qué viste? Dime, por favor – el tono de reproche de la mujer lo hizo modificar rápidamente su versión; reproche y vergüenza creciente
- Así que… para cuando llegaste el barandal, supe que eras tú. Me dio pena – sonó patético, pero prefería parecer patético en ese momento, que parecer un pervertido – me levanté y me fui. Así soy yo. Y me disculpo porque, de haberme percatado del tipo de la 705, no hubiese permitido que te viera allí…
- Tranquilo… Ya pasó. Y Créeme, eso no se va a quedar así – dijo Regina tratando de clamarse, y haciendo como que la situación no era importante – Te agradezco la sinceridad. Otro en tu lugar lo habría omitido
- Pues sí, pero…
- ¡Pero nada! Graham, yo lo resuelvo ¿sí? – Dijo la mujer, tomando sus manos fuertemente mientras las acariciaba y le miraba a los ojos – Gracias por ser tan especial y respetuoso. ¿No viste nada más?
- No, nada más – mintió – Yo sólo quiero ser un caballero contigo – "El caballero de la mentira" pensó
- Y lo eres – rió nuevamente con ternura, mirándolo con sus ojos llenos de lágrimas, y con dulzura – lo eres. Apenas nos conocemos pero lo sé. Sé que eres especial
Él no supo de dónde venían sus palabras entonces, pero una Regina más humana, más sensible y segura lo veía con ternura. Lo tomó de la barbilla con su suave mano derecha, y lo besó tiernamente en los labios.
No supo si responder entonces. Porque ella parecía más agradecida que interesada. Pues, le pareció que fue un gesto, y no coqueteo como tal. Pero no se pudo resistir a la tentación, y le preguntó
- ¿Crees que esté mal si decido besarte? – Dijo Graham entre divertido, pícaro y penoso
Ella se quedó mirándolo unos segundos, en shock por el comentario, pero luego, al ver que él se apenaba, se apresuró a responder
- ¿Crees que te apenarías más si soy yo la que te beso? – dijo con perversión en su rostro – es más, si te digo que ¡ya es hora de que nos besemos como Dios manda!
Por unos segundos, Graham la observó atónito, mientras las palabras de Regina retumbaban en su cabeza
Reaccionó inmediatamente, tomándola de forma delicada pero apresurada por la cintura y la espalda, trayéndola hacia su pecho, aproximando sus cuerpos.
- ¿Estás segura Regina?. No pretendo nada más – Le dijo a la mujer en tono serio, con la lujuria en sus ojos
- Estoy segura – dijo la mujer con la respiración agitada, mirándolo con deseo – Y, ya veremos qué más puede pasar Graham
A unos segundos de mirarse intensamente, Graham la tomó fuerte en sus brazos, cerrando la poquísima distancia que los separaba, y la besó de forma apasionada.
Ella cerró los ojos, y sus labios divinos correspondieron a Graham. Se sentía bastante libre y relajada al contacto. Sintió la lengua de Graham rozar externamente sus labios, como pidiendo autorización de ir más allá.
Ella lo miró a los ojos, y con una sonrisa de satisfacción asintió, y continuaron con su beso apasionado, jugando con sus lenguas, entregando sus temores, y rindiéndose a esa sensación de que se conocían de toda la vida.
Un carraspeo, ya constante, los hizo despertar de su pasión. Era el chofer con la nueva pareja que se incorporaba al tour. Graham deseó haber pagado el paquete de los demás, y estar solos en ese momento.
Regina sonrió con pena y picardía. Esa sonrisa mataba a Graham. Esa mujer lo desarmaba, y eso empezaba a preocuparle cada vez más.
- Disculpen – aclaró la garganta – Buen día
- Buen día – saludó la otra pareja que les sonreía de forma cómplice
Se incorporaron al recorrido los que faltaban, y llegaron a la primera bahía. Durante el recorrido fueron corteses en responder a las otras parejas, cosas básicas como el saludo, de dónde venían. No conversaron demasiado con los otros, y de verdad que no les interesaba.
No hacían más que verse cada tanto, sonreírse como adolescentes, apenados y excitados por el pensamiento del próximo beso. ¿Qué les pasaba?
"Emma". Ese nombre le vino a la cabeza mientras veía a Regina, y su sonrisa se transformó en una cara pálida y sin expresión
- Graham… ¿Estás bien? Parece como si hubieses visto a un fantasma. Es hora de bajar – la mujer lo tomó del brazo para guiarlo
- Sí, claro – Respondió en automático – Si él no había sido 100% sincero con Regina, ella tampoco lo había sido con él
- Si te bajas primero no te atropello, querido
- Eso está por verse – respondió tratando de disimular y reaccionar – yo te cargo. Así no te me caes encima y me sacas una hernia
- Ahhh… Te pasaste Graham. ¿A caso me llamaste gorda?
- No, para nada. Estás divina y lo sabes – la miró insinuando muchas cosas
Entonces ella supo que él recordaba su cuerpo desnudo, y eso, lejos de molestarle, la excitó. Se bajó de la camioneta, puso sus manos en los mulos de la morena y la alzó. La llevó en alto fuera de la plataforma y la dejó deslizar entre sus manos, levantando su vestido.
Sintió todo aquel delicado cuerpo al caer contra el suyo, rozándose, y sintió la respiración agitada de la mujer, su busto, luego su mirada de deseo. Tenía sus manos en la cintura de ella, cuando ya estaba en el piso, completamente pegada a él.
- Eres deliciosamente ligera Regina
- Y tú eres excitantemente fuerte Graham
Después de unos segundos, rieron con vergüenza, y de nuevo la risa terminó en silencio y una mirada mutua, con un sentimiento que no supo definir. Fue entonces cuando el tercer beso apareció. Y si, fue mejor que los anteriores, tanto que Graham deslizó sus manos hasta el culo de Regina, y lo apretó con fuerza.
Se dio cuenta de lo que había hecho, de dónde estaba, y se separó inmediatamente de la mujer
- Dis… Disculpa Regina – un excitado y apenado Graham le hablaba con ojos de cordero
- ¿Disculpa? Querido, acaso ¿sentiste que me incomodó? – la mujer lo miraba con malicia y ternura, la mezcla mortal para Graham – Tener que disculparse no es amar… vamos por nuestras cosas. Quiero que me lo enseñes todo – volteó y lo miró con cara de perversa hacia las bermudas, levantando una ceja – ¡Todo!
La mujer siguió al otro carro, a buscar ambos equipajes, mientras él la seguía atontado, obviamente por lo que había dicho la mujer. ¿Todo?, eso no le importaba. Sabía que ella se había fijado en él, antes de atropellarlo en el aeropuerto. Pero, qué demonios significaba eso de "tener que disculparse no es mar" ¿Amor? ¿Cuál amor?
- Mi amor, ¿vienes? – Regina le hizo señas de que la ayudara
Asistió con la cabeza, y vio cómo la mujer lo miraba con esa mezcla de ternura y picardía. Siguió hacia ella y lo supo. La amaba. Ya no había remedio, y no sabía si quería remediar aquel amor.
