Capítulo X
¿Verdad o penitencia?
Graham no se había percatado de que la chica estaba allí, y al parecer no lo habría sospechado ya que Regina correspondió a su beso sin interrupciones o excusas. Mientras la besaba, como pudo soltó la bolsa en el piso y la levantó, haciendo que sus bocas se separaran
- Qué pena Graham… Yo – una Regina más preocupada por su aliento y su aspecto que por Emma, estaba palideciendo y ruborizándose a la vez
- ¿Pena? Y cómo crees que amanecí yo, esposa – dijo Graham antes de percatarse del sonido de otra voz femenina en la habitación, que aclaraba la garganta
- ¡Disculpen! Yo estoy aquí… Pero ya me voy, porque obviamente estorbo – dijo Emma, claramente sarcástica – Pero antes… ¿Es que acaso me perdí de algo? ¿Se casaron o qué? – la chica empezaba a mirar a la mujer como pidiéndole una explicación
- Disculpa Emma – se apresuró a decir Graham – no sabía que estabas aquí – La cara de felicidad de Graham cambió. Pero trató de parecer apenado, y no consternado, por la presencia de la joven
- No, si de eso me di cuenta
- Emma, Graham pasó la noche conmigo y vino a traerme el desayuno… ¿No es un amor? – dijo, mientras sonreía disimulando que le pegaba ciertas miradas asesinas a las rubia
- No te pude decir que era tuya, porque te la llevaste en serio Graham – Le dijo la chica irónicamente, simulando que bromeaba
- Si, pues… Yo también se lo dije varias veces – dijo Regina tratando de fingir que hablaba de cualquier cosa
Graham se sentía incómodo por múltiples razones. Y no era para menos. El hecho de que sabía que la relación de las mujeres iba mucho más allá de la simple amistad, era una de ellas. Pero más que nada, al notar el comportamiento de ellas, empezó a sentir celos de la rubia, y eso lo inquietaba.
- Graham y yo nos hicimos pasar por pareja ayer. Era incómodo que todos en el tour eran parejas de recién casados… entonces…
- Entonces Regina es ahora mi esposa – Dijo Graham, sabiendo que en el fondo molestaba a la rubia, pero más que nada, mirando a Regina con ese sentimiento que sabía había despertado entre ambos, y sonriendo
- Ah, ok… Pues, me voy. Veo que sobro. Además mi hermoso esposo debe estar preguntándose dónde estoy – dijo la rubia aparentando estar divertida
- Emma… Después hablamos – Miró a la rubia con complicidad femenina y ésta le devolvió una sonrisa
Al irse Emma, permanecieron un rato en silencio. Incómodo por demás. Graham, por la situación con Emma y Regina, y ella por lo mismo, y apenada con él.
- Regina. Si llegué en mal momento o te incomodé disculpa. Me lo hubieses dicho y me retiraba. No hay problema – le dijo un Graham que escrutaba su mirada
- Graham ¿qué dices? – lo miró extrañada, y luego fingiendo disimular - ¿Lo dices por Emma? No… Ella es así, le gusta jugar pesado, dárselas de sabelotodo y meterse en mis cosas. Vino a husmear en mis asuntos. Eso y nada más – se notaba que hacía un esfuerzo por disimular la pena y la tristeza
Regina acomodaba las cosas sobre la mesa, dispuesta para tales fines dentro de la habitación, mientras se percataba de su bata abierta, y la cerraba con pudor repentino. Graham no quería hacer mayor su malestar, y decidió aprovechar su tiempo con Regina
- No hay nada que no haya visto ya – le dijo con tono malicioso
- ¿De qué hablas? – le dijo una Regina que se percataba de que la afirmación era por su gesto al cerrar la bata – Ay Graham… me apena no recordar nada – una Regina ruborizada agachaba la cabeza ante él
- No es por eso que te apenas únicamente ¿verdad? – levantó su barbilla para mirarla. Cómo le gustaba mirarla – No pasó nada que no quisieras… En realidad no pasó nada – sonrió con seguridad y dulzura al mirarla
- ¿En serio? – suspiró, y luego se preocupó por sonar aliviada – Quiero decir… que me lo imaginé pero…
- Tranquila. Relájate. Todo está bien… ¿Quieres que te cuente qué pasó?
- Si por favor…
- Vamos a sentarnos a comer, mientras te narro los hechos – no dejaba de sonar policiaco aunque quisiera – Te traje lo que me dijiste que se te antojaba ayer en la madrugada
- Mis favoritos – sonrió satisfecha. Luego lo miró con ternura – y mi café especial
- Si. Todo para mi esposa… Mejor dejo ese chiste – ahora él era el apenado
- Ey, ey… que a mí me gusta este matrimonio. Cuéntame esposo – lo miró con picardía – qué te hice anoche… Espero no haber sido muy ruda contigo
- Ok. Ok. Fuiste algo ruda – sonrió al notar la pena en las mejillas de la mujer – después de molestarte porque pagué la cuenta, me retaste a duelo de Tequilas, en la barra de la piscina
- Ok… me acuerdo de eso…
- Ya va, que la cosa se pone mejor. Luego de que me ibas ganando 20 a 3 – la mujer se puso las manos en la cara y separó los dedos para verlo – tomaste de la botella seguido, y me retaste a "¿Verdad o penitencia?"
- Ok. Ves, de eso si que no me acuerdo. Ay Graham… Espero no haber hecho el ridículo.
- No, ya no me declaraste tu amor ante nadie más – rieron ambos
- Sobre eso, yo…
- Tranquila… Que hay más. Me echaste sal en el cuello, y te serví de bandeja para tus tragos, porque tomé "Penitencia"
- ¡O Dios! Jajaja, estoy loca, estoy loca – la hermosa mujer reía, y a Graham se le iba el mundo encima
- Bueno. Cuando se te estaba acabando la botella, decidiste que veníamos a tu habitación, porque me tocaba otra "penitencia". Te acompañé con la única intención de que llegaras sana y salva
- Siii… bueno, puedo entenderlo – rió con picardía – Gracias mi caballero… Me salvaste
- Siempre "Mi dama" – le agarró la mano, y se la besó con deseo, mirándola a los ojos – Pero hay más…
- ¿Más? ¡O, por Dios!
- No había visto a nadie con tu resistencia para el alcohol. Mírate… Apenas parece que bebiste… Claro, es que yo te cuidé y… bueno… son las 2 de la tarde
- ¡Las dos de la tarde! Dios mío… Jajajaja. No vuelvo a salir contigo, qué pena
- ¿Cómo? Me vas a dejar así… dame una mejor excusa
- ¡Tonto! – se ruborizó – continúa…
- Luego de que te bebieras hasta la última gota – decidiste que debía sentarme. Y empezaste a desnudarte, con tanta habilidad que dudé que estuvieses ebria. Cuando estabas sobre mí, fue que me percaté
- Dios… Graham – la mujer lo miraba con total asombro
- ¿Quieres que pare? – se sintió apenado – Disculpa, pero como querías saber
- Claro… dime qué otra locura cometí – se volvió a llevar las manos a la cabeza
- Te tomé por la cintura y te levanté… Te dije que si, que íbamos a hacer el amor, pero que se me antojaba en la ducha. Y te llevé allí. Me metí contigo en la ducha, con todo y ropa, y en cuestión de minutos estabas dormida sobre mí
- Graham… Eres un hombre como pocos – lo observó como si quisiera abrazarlo con la mirada
- Ya va… no me ames aún. Hice algo más por ti. Pedí un caldo, jugo de tomate y una cerveza caliente, y tomé un efervescente del botiquín. Eso nunca falla, créeme
- Ya va… No me digas que… ¡Graham!
- Si. Te despertaste, vomitaste hasta el alma. Sostuve tu cabello. Te ayudé a cepillarte los dientes. Te di el efervescente, cerveza caliente, sopa y jugo de tomate, y te metí en la bañera tibia un rato. Luego te puse esa excusa de bata, y te coloqué en la cama a dormir. Mira, aún está la toalla que te puse para el cabello – señaló la almohada – y cuando supe que no morirías, me fui a mi habitación
- ¡Coño! – no me acuerdo de absolutamente nada.
- Bueno Regina, una botella de Tequila y casi 4 de vino… En cierta forma si me proveché de ti, sólo que fuiste tú quien se desnudó, ok. Pero no podía tocarte, no así. Sólo quise cuidarte Regina
- Te creo Graham. Me disculpo. No suelo hacer éstas cosas, no soy así. No puedo creer todo lo que pasó. La que está apenada soy yo. Disculpa si he sido algo incoherente contigo. No quiero que pienses lo que no es…
Graham se percató de aquel asunto de "iniciar una amistad", y sintió que la visita de Emma había limitado su relación con Regina a eso, una amistad.
- Ok. Bueno. Entonces… Ya desayunamos, ya sabes que no abusé de ti. Te dejo para que te vistas y te arregles. Que descanses…
- Graham, yo…
- Ya sabes cuál es mi habitación, por si se te ofrece algo. Hoy no haré nada. Mañana si tengo mi itinerario. Si te interesa – Se sentía contrariado y se notaba, pero también su deseo de no incomodar a Regina prevalecía – creo que bajaré a la piscina a leer
- Graham… Yo…
- Tranquila Regina – la interrumpió de nuevo
- ¡Demonios Graham! ¿Quieres callarte y dejarme hablar? – lo miró con intensidad y necesidad de contarle algo – no quiero que te vayas. Y no quiero que pienses que voy por la vida tirándome a cuanto desconocido atropello en el aeropuerto – Hizo sonreír a Graham – Me gustas, en serio me gustas. Y tampoco quiero que sea para una noche. Pero sé lo complejo de las cosas y no quiero extenderlo a esto – hizo círculos en el aire, en la distancia que los separaba
- Regina… Entonces, no lo compliquemos. Pero dime… Lo dejamos así, y nos hacemos compañía, para luego no volvernos a ver – se quedaron en silencio mirándose fijamente
- Si. Eso creo – y ambos repitieron el quedarse callados y mirándose – Y, si eso quiero, entonces ¿Por qué me siento como si estuviese rompiendo con una relación de hace años? Con un hombre al que amo…
Graham no pudo haber estado más equivocado antes. Pero no sabía qué hacer para que la confusa Regina no acabara sacándolo de su habitación, y por ende, de sus vacaciones
- ¿Qué tal si nos relajamos? Yo soy Graham, mucho gusto – Le extendió la mano, a la Regina que lo veía estupefacta
- Yo soy Regina – imitó el gesto, aunque le costaba reaccionar
- ¿Nos hacemos compañía y algo más? No como algo casual, sin importancia, si no como las vacaciones más importantes que pudimos tener…
- Definitivamente, ¡si!
- Y luego tú, mi esposa amada, decides qué haremos
Unos minutos de silencio rondaron a Regina y a Graham
- ¿Verdad o penitencia
- ¿Perdón?
- Escoge Graham ¿Verdad o penitencia?
- Verdad
- La verdad es que… Por lo pronto Graham… Siento un enorme deseo y necesidad de que me repitas que se te antoja en la ducha – Una Regina con deseo, y nostalgia lo miraba intensamente
- ¿Perdón? – Graham no pudo evitar sonar sorprendido y excitado
- Te dije la verdad – una Regina que no paraba de desearlo, con una mirada nueva para él, insistía – Juguemos ¿Verdad o penitencia?
- ¿Verdad o penitencia?, Regina
- Verdad – dijo Regina, que permanecía inmóvil frente al él
- Siento, desde que te vi, una fuerte atracción por ti… y quiero que sepas, que me costó mucho vencer mis ganas de hacerte mía anoche – Vio a Regina sonreír con satisfacción
- ¿Verdad o penitencia, Graham?
- Penitencia, Regina – Le dijo, y la miró de arriba abajo, con ganas de arrancarle la bata y el camisón – Quítate la bata
Regina se levantó de su silla, y se paró justo frente a Graham. Su cara quedaba a la altura de sus senos. Empezó a quitarse lentamente la amarra, y Graham trató de ayudarla en el proceso; a lo que ella respondió dándole un golpecito en la mano
- Quieto – lo miró con su sonrisa perversa de medio lado – no es la primera vez que jugamos. Sabes que no puedes tocar
Graham asintió, cerrando los ojos. Ella se quitó la bata, dejándola deslizar lentamente por sus hombros hasta caer el piso. Y luego, justo cuando Graham pensó que había cumplido la penitencia, vio caer el pequeño camisón también
- ¿Ve… verdad o penitencia, Regina? – tragó grueso
- Verdad, Graham – Dijo Regina, cuya seguridad contrastaba con lo agitado de su respiración
- Quiero tocarte desesperadamente. Necesito sentirte Regina, en mi piel. Quiero sentirme dentro de ti
Regina gimió levemente, y suspiró, ante la verdad de Graham
- ¿Verdad o penitencia, Graham?
- Penitencia, Regina
- Tócame Graham… Y besa mis pechos
Ella cerró los ojos, y no tuvo que esperar para sentir las manos de Graham atrayendo su cuerpo hacia él. Tomó con delicadeza sus senos y los besó con intensidad, y justo cuando su mano bajó al sexo de la morena, ésta lo apartó
- Ya cumpliste tu penitencia, Graham… Escoge con sabiduría ¿Verdad o penitencia? – Regina estaba visiblemente excitada
- ¿Verdad o penitencia, Regina?
- Penitencia, Graham – levantó la ceja y le sonrió a Graham
- Déjame tocarte…
- No, no, no… Eso no es algo que yo hago como penitencia, eso es algo que tú harás…
- Regina…
- Las reglas del juego Graham – sonreía perversa y divertida
- Quítame la ropa… Jajaja. ¿eso sí se puede? – la miró con malicia – No… Momento… Mejor… ¡Tócate!
Regina se sentó nuevamente frente a él, más retirada que cuando estaba de pie. Sonrió divertida al ver el cambio de instrucción.
Abrió las piernas, y empezó a jugar con sus manos, recorriendo su sexo, ya húmedo por la excitación que Graham le brindaba.
- Para… Ya cumpliste tu penitencia – los gemidos de Regina empezaban a hacerse irresistibles
- Te doy permiso para que dejes salir a la bestia – le dijo Regina haciendo un gesto de que mirara sus pantalones. Obviamente la erección de Graham la satisfacía
- Perdón
- Shiiii... ¿Verdad o Penitencia, Graham?
- Verdad – eligió Graham, mientras quedaba en bóxer frente a Regina
- Que deseo y necesito que me hagas el amor Graham. Porque, por ahora, sólo puedo decidir ser tuya. Y lo quiero ya… ¡Aquí y ahora!
- Al demonio el juego – dijo Graham excitado
La tomó, mientras besaba a Regina son desesperación y la alzaba entre sus brazos para hacerla suya. No sería suave, y no sería un caballero. No en ese momento, y ambos así lo deseaban.
