Capítulo XI
Dos semanas sin ti
Luego de varios escenarios de la habitación recorridos por sus cuerpos, llevados por el placer y la necesidad de sentirse, la pareja terminó de amarse en la cama.
Estaba enfocada en su necesidad de darle placer, sentada sobre él, moviendo su vientre, ejerciendo la presión adecuada con su pelvis; cuando se dejó caer sobre el agotado hombre. Él la sostuvo por las caderas en el acto, con fuerza he intensidad, permitiéndose estar dentro de ella unos minutos más.
Regina se sentía tan satisfecha, que apenas podía creer que se tratara sólo de una tarde. Graham, había hecho que se sintiera como nunca, pensó, y eso la hizo estremecerse entre sus brazos.
Aquel hombre no había podido estar más satisfecho. La mujer que antes lo enloquecía con sólo mirarla, ahora lo tenía a sus pies. El sexo con ella era increíblemente placentero, y no podía creer su suerte.
La mujer era más sexual de lo que ya se veía. Él terminó de confirmar que ambos se sentían igual, al notar cómo la mujer temblaba entre sus brazos, exhausta.
- Creo… Creo que deberíamos descansar – dijo satisfecho Graham – Tal vez quieras que te deje sola para que descanses mejor. No sé…
Él no sabía cómo iba a reaccionar la morena ante esa situación, sólo sabía que quería permanecer a su lado. La mujer, que reposaba sobre él, con sus piernas a cada lado de su cadera, y su cabeza sobre el pecho de Graham, se alzó ligeramente y lo miró confundida y sorprendida
- Pues… si eso quieres – le dijo con duda, en respuesta a su comentario
- No. No es lo que quiero. Quiero dormir contigo, si me lo permites – le respondió Graham con dulzura
- La verdad… Yo… No sé si sea lo mejor Graham. No estoy acostumbrada a compartir mi cama, es decir…
- No tienes que decir nada. Y no tenemos que hacer esto de la pareja – la interrumpió Graham, con neutralidad, tratando de parecer equilibrado y práctico
- Lo sé. Pero, tampoco quiero que pienses que no me importa. Porque si… Estoy asustada Graham, porque me gustas, mucho. Y estar contigo ha sido maravilloso. ¡Vaya que si! Y sólo van ¿qué?... ¿dos días? – Regina respondió, mostrando en sus ojos toda la ternura que tenía para él
- Si Regina, dos días – le respondió con paciencia – dos días que me parecen semanas. Y sé que te preguntas ¿cómo es eso posible? Y ¿qué pasará después?. Pues te tengo noticias, también me pregunto lo mismo; y no me importa qué pasa después. Si puedo tenerte todo lo que posible, estas dos semanas, habrá valido la pena vivir. Sólo por tenerte… por tenernos. Disculpa lo cursi – terminó apenado
Ella lo miró con ganas de querer comérselo, con ternura. Se subió hasta sus labios, rozando todo su cuerpo contra el de Graham. Lo besó con ternura, y unas gotas cayeron sobre el rostro del hombre. Regina comenzaba a llorar
- Disculpa. Estoy hecha un desastre – dijo la mujer con pena – normalmente no soy así. Estoy hecha un manojo de emociones, muchas nuevas para mí, y otras que desconozco por qué, pero no las puedo controlar
- Entonces discúlpame tú. No suelo ser el cursi que espera no ser echado por la mujer que más le ha gustado en su vida – la miró con ternura – Soy el tipo que se va, y llama al día siguiente, sólo para que no piense que fue otra más, pero sí lo fue. ¿Me explico?
- Si, mi amor… Lo sé – asintió y se volvió a recostar sobre Graham, mientras suspiraba – pero también eres el caballero que las salva de peligro. El precio es amarte. No las culpo – sonrieron ambos
- Y yo no culpo a los hombres por sentirte terriblemente atraídos por ti. Eres fuego Regina, sólo que a mí no me hace daño el quemarme.
Ambos sonrieron y se quedaron en silencio unos segundos. Ella jugaba a dibujar en el pecho de Graham con sus dedos, mientras que con la otra mano tomaba la de Graham. Él le acariciaba el cabello con la otra extremidad libre.
- Nunca me había sentido así Graham… Es decir, había tenido sexo con hombres antes, pero nunca me había sentido tan completa como contigo
- Sabes que me pasa igual – le besó la mano, sin evitar pensar "con hombres". No contemos a Emma entonces
- Sé que ambos los disfrutamos muchísimo, y que nos sentimos diferente. Como nunca. Eso me asusta Graham – Giró la cabeza para mirar al hombre a los ojos - ¿Cómo voy a hacer para dejarte? – había miedo y dolor en su mirada
- Dejándome Regina, eso acordamos, y sé que sabes que es lo mejor, por razones que no me has dicho, y que no quiero saber, tal vez… Yo – la miró con la profundidad de lo que sentía – Yo no sé qué haré las dos semanas sin ti… que me quedan en Aruba… Supongo que ahogarme en la playa – trató de ser gracioso, haciendo una mueca
- ¡Tonto! – rió y regresó a su posición inicial – Tonto, pero sabio… y hermoso – Volvió a mirarlo unos segundos con amor, para luego concentrarse nuevamente en el pecho de Graham.
- ¿Qué pasa Regina? ¿algo que quieras decirme, contarme? Algo que pueda saber… No quiero que me mates después – rió divertido, y se extrañó de no recibir respuesta – Era broma Regina
- Lo sé – le dijo sin mirarlo, con tono neutral – Graham, creo… Creo que me he enamorado de ti
Graham hizo silencio unos segundos. Su corazón se había acelerado súbitamente y sintió que la emoción se apoderaba de él. Trató de parecer relajado ante la confesión. Pero ¿qué decía? Y si se callaba por mucho rato ¿qué pensaría ella?, posiblemente que la menospreciaba o no le importaba "Apúrate Graham", pensó
- Regina yo…
- Tú también te has enamorado de mí… o eso creo por el latir acelerado de tu corazón
¡Rayos! El descontrolado Graham de nuevo. ¿Qué demonios le pasaba? "¡Control Graham, control!". Ella se giró nuevamente para verlo
- Si Regina, también te amo – A la mierda el jodido control, se dijo a sí mismo. ¡A la mierda! – Creo que es como bromeaste en la cena de ayer… Amor a primera vista, si es que eso existe, creo que así debe ser
- Graham… ¿qué voy a hacer contigo? – puso una cara de preocupación, algo extraña para Graham
- Nada mi amor… Por lo pronto no vamos a pensar en el tiempo. Dediquémonos a esta "luna de miel", y a ver las posibilidades
- Escucha Graham… Sin tomarlo a mal ¿Si? – se incorporó, se colocó a su lado, de frente a él – en mi maldita vida, complicada y podrida, no hay espacio para ti
- ¡Regina! – frunció el ceño extrañado
- ¡Cállate y escucha! – ahora lo miraba con una seriedad y furia, que no conocía en la mujer – Estoy hablándote en serio, con el corazón en la mano. Escucha. Lo nuestro, fuera de estas vacaciones no es, no existe ni será… Tú… ¿Me captas?
- ¿Eres casada? ¿Es eso? – la miró con un dejo de dolor en la mirada, y la misma intensidad que ella aplicaba en él
- No… Pero… Claro que no soy casada Graham. ¡Ojalá fuera eso! No te voy a decir más, no es parte de nuestro pacto, y si decides olvidarlo tendré que pedirte que te vayas – señaló con su brazo la puerta – No quiero que lo hagas, pero si insistes en deshacer el trato que tú mismo propusiste, ahí está la puerta.
Se odiaba a sí mismo por su estupidez. "Lo que pasa en las vegas, se queda en las vegas" ¡Cretino!... Por otro lado ¿de qué se estaba librando? Tal vez la mujer tenía serias razones para decirle aquello. Tal vez su tipo de trabajo.
A decir verdad ¿qué sabía de ella hasta ahora?. ¿Lo amaba?, si, tal vez, eso parecía. Tal vez no. Quizás era una criminal, estafadora… Podían ser miles las razones. Era bisexual ¿y qué? Lo único que podía creer era en sus palabras, en que lo amaba, y en que él no quería salir de ese cuarto.
- Me iré. Pero antes, respóndeme una pregunta, si puedes, claro está – le dijo con mirada retadora
- Graham – le respondió con tono impaciente
- Regina – la interrumpió – Escucha mi pregunta y decide. ¿Verdad o penitencia?
- ¿Qué…? Graham – respondió confundida y algo molesta
- ¿Verdad o penitencia, Regina? – insistió, acercándose a la mujer desafiante y serio
- ¡Verdad Graham, verdad!
- No voy a perder la oportunidad de amarte, en cada momento posible, en cada centímetro de esta isla, por lo que queda de éstas dos semanas. No te voy a permitir que me dejes antes de eso ¿Está claro?
Unos segundos de miradas intensas y silencio cortante, bastaron para que Regina se lanzara sobre Graham, para darse un beso apasionado, y empezar a amarse nuevamente.
Esta vez harían el amor con intensidad y pasión, pero sin duda la ternura estaría presente en cada etapa. Él se separó de su rostro, en el cual había huellas de las lágrimas, y las probó, tomando su cara entre sus manos. Mirándola de frente le dijo
- Guarda esas lágrimas para cuando cruces la puerta de embarque. Y para cuando me busques es Estados Unidos, porque no puedes dejar de amarme – se rió pícaramente
- Ay Graham – suspiró entrecortado, como tratando de liberarse del ahogo del llanto
La tomó en sus brazos, la colocó en la cama y se posicionó sobre ella. La miró con deseo y amor.
- Cierra los ojos, y sólo siénteme recorrerte – era un seductor, y sabía ya lo que la excitaba
- Oh, Graham… No… Yo… – cerró los ojos
- Calla… déjame hacerte sentir
Empezó a acariciar su vientre, y notó una pequeña cicatriz del lado izquierdo, y otra en su obligo, casi imperceptibles. La besó cercano a donde iniciaba su sexo, y subió para recorrer a besos su vientre. Masajeando y apretando sus caderas, tomándola entre sus manos. Llegó a sus senos, y los recorrió plenamente con su boca y su lengua.
Al bajar a sus pies, notó que eran hermosos. Los empezó a acariciar, y con su lengua recorrió toda la pierna, y se detuvo en sus muslos. Besó su entrepierna, y pasó su lengua por ella. Notó que había otra cicatriz en la parte interna. No la había visto antes, cuando le había brindado sexo oral a la mujer, cegado por la pasión tal vez, y a que tampoco se percibía fácilmente.
Abrió ligeramente sus piernas y su hermoso sexo húmedo, y delicadamente entró en ella… la sintió estremecerse. Fue moviéndose lentamente, hasta completar la acción. Se inclinó, la tomó colocando sus manos en su espalda, y la subió, hasta quedar uno frente al otro, ella sentada sobre él.
- Graham… Te amo – le dijo, mirándolo a los ojos, cargada de deseo
Fue lo que alcanzó a decir la excitada mujer entre gemidos, que hicieron que se aferrara a la espalda del hombre, en un acto desesperado por no desvanecerse sobre él.
- ¡Te amo Regina!
Cargaron con intensidad el acto, y su movimiento acompasado, cada vez más fuerte y acelerado. Esta vez acabaron juntos, y agotados, quedando un buen rato en la misma posición, ambos con los ojos cerrados
- Me había hecho a la idea de verte llegar al clímax primero. Lo disfruto y me excita aún más – le dijo a la morena, mientras la regresaba a la posición en la que había iniciado el acto, tendiéndola con delicadeza nuevamente, y saliendo de ella con cuidado
- Estamos tan agotados… No sé de dónde nos sale esta energía – le dijo en tono jocoso – me encanta que tengamos un orgasmo juntos… Y me encanta que somos espontáneos – le dijo, haciendo observación a que no habían usado protección
- ¡Regina! – dijo el hombre palideciendo – No lo pensé. Yo no soy de ese tipo, me cuido mucho. No sé qué me pasó… Tú…
- Tranquilo. Te repito que no suelo cambiar de relaciones seguido. Bueno, no soy mujer de relaciones, en realidad – cambió el tono y el semblante – Soy muy sana. Me cuido y me controlo.
- Yo soy un hombre cuidadoso. Siempre uso protección, siempre. Jamás me había pasado esto. Y tampoco ando con cualquiera. Soy selectivo.
- Lo sé Graham, calma – puso sus manos en su pecho, mientras permanecía acostada
- Yo nunca haría algo para lastimarte – miró a la mujer con seriedad, mientras le acariciaba la cicatriz
La mujer se estremeció al ver que Graham tocaba la cicatriz, y cerró los ojos. Giró el rostro para que Graham no la viera. Se llevó las manos a la cara.
Por la ubicación, pensó que Regina tal vez pudo ser víctima de abuso; y ese sólo pensamiento lo hizo llenarse de ira. No tolera ese pensamiento
- Disculpa Regina – La tomó de las manos – Mírame. No quiero que me cuentes nada. Pero quiero que sepas que si alguien te ha lastimado, y vuelve a intentarlo… Yo… juro por Dios que lo mato, con mis propias manos.
La mujer se volteó de inmediato, con cara de horror en su mirada
- Graham. No me va a pasar nada – cambió su expresión a la ternura que a Graham derretía – Y sé que no me harías daño. No me importa que sigamos así. Me encantó que estuvieras así… dentro de mí
- Regina. Tú… – bajó la vista apenado, justo antes de ser interrumpido por la mujer
- Yo no te voy a buscar a los nueve meses con un bebé Graham, si es lo que te preguntas. Y no vine a embarazarme de un desconocido – lo miró buscando encontrar sus ojos – y si a ti no te importa, y creo que ya es tarde para eso, podemos seguir así…
- Regina… Si en algún momento sientes que te lastimo, o que te… No es a sabiendas. Debes decírmelo
- Tú nunca me vas a lastimar – ahora ella bajó la mirada – Sabes Graham… No sólo no soy una mujer de muchas aventuras, por no decir de ninguna… No sé si me creas – lo miró de frente con total seriedad, y con un dejo de vergüenza – Es la primera vez que estoy con un hombre así – hizo un gesto en el aire señalando a ambos
- ¿Cómo? – a Graham le costó unos minutos entender de qué hablaba Regina
- Graham, por favor… Nunca había tenido sexo con un hombre sin usar protección. Lo creas o no, es algo nuevo para mí – volteó el rostro consternada
Unos segundos después, el sorprendido Graham entendió que la mujer no tenía por qué engañarlo. Menos con algo así. Ella sabía que la amaba.
- No sólo te creo, sino que, me atrevo a darte una noticia – la tomó por la barbilla, y se colocó sobre ella, apoyado en su brazo izquierdo
- ¿Cuál? – le dijo la mujer, que parecía algo dolida
- No es la primera vez que tienes sexo sin protección con un hombre – se miraron, ella con extrañeza, y el con amor – Es la primera vez que haces el amor Regina, y me siento honrado de que haya sido conmigo. Gracias… esposa.
Ella le sonrió, con una ternura y agradecimiento, propias de quien ha recibido el mejor de los regalos. Un beso tierno cerró el acto.
Se acostó al lado izquierdo de la mujer. Ella optó por volver a tomar el pecho de Graham como su almohada.
- Te cuento de mis cicatrices, si tú me cuentas de las tuyas
- ¡Hecho Regina!
Y la besó en la frente.
