Capítulo XIII
De las despedidas
El hábito despertó a Graham a las seis de la mañana. Una plácida Regina dormía aferrada a su pecho. Se veía la cicatriz de la pasada conversación. No podía creer que esa fuera la historia. Pero la ubicación la hacía ver tan sexy.
Se detuvo a intentar oler la piel de Regina, sin despertarla. Su aroma era espectacular. Esa mujer era perfección pura.
Recordó que antes de las ocho debían desayunar, y estar listos a esa hora. Así que, con su mejor voz llamó a su bella durmiente, susurrando
- Regina… Regina, mi amor, despierta. Despierta dormilona
- ¿Qué? – se despertó asustada – ¡Dios! Graham… Lo siento…
- ¡Mi amor! Discúlpame… no quería asustarte. Es que estabas profundamente dormida – estaba apenado – pero debemos estar listos a las ocho… A menos que mi princesa quiera quedarse aquí descansando – la miró con ternura
- ¡No! Para nada… me voy contigo
- Ok… Me voy a dar un baño – hizo una pausa y la abrazó – Qué rico es abrazarte en la mañana, olerte… Divino
- Graham… Me apenas – se sonrojó
- Es la verdad… ¿Me acompañas?
- Pues claro – ella lo miró con picardía
Se levantaron y se dirigieron a la ducha. Regina, abrazó a Graham por la espalda, y rozó todo su cuerpo contra él. Sintió sus senos en la espalda. Rápidamente la erección de Graham fue constatada por las manos de Regina
- Creo que tenemos un creciente problema aquí – dijo la mujer mirándolo con malicia, y sonriendo
- Ah ¿si? – y ¿qué piensas hacer para remediarlo? – seguía caminado hasta detenerse en la ducha
- Tengo varias ideas – se metieron a la ducha – La primera es que mi boca te puede ayudar – se agachó y lo miraba con malicia, desde la nueva posición
- Y… ¿Cuál?... ¿Cuáles otras opciones tengo? – Graham cerró los ojos, y trataba de hablar, mientras la mujer le deba placer
- Bueno – Dijo ella, interrumpiendo su actividad oral – Haz conmigo lo que te plazca… Esa es otra importante solución
- Regina – Graham la levanto de un tiro, mientras permitía que el agua los mojara a ambos… La besó apasionadamente y la pegó contra la pared – Disculpa – pero siguió abriendo sus piernas y colocándolas alrededor de su cintura
- Pierde cuidado – una maliciosa y excitada Regina le correspondía con violencia en los besos, y mordiendo sus labios – lo quiero así
La penetró con fuerza y la tomó contra la pared del baño, mientras la cargaba
- El desayuno que pediste, esposo – dijo Regina entre gemidos – Yo… te amo
- Te amo
Después de un largo rato, Regina dio un grito ahogado de placer, al iniciar el clímax, y clavó sus uñas en la espalda de Graham. Dio un pequeño mordisco en su hombro, mientras él seguía moviéndose y presionándola duro contra la pared.
- No cierres los ojos – dijo Graham excitado – mírame. Quiero que me veas. Quiero verte sentir
Luego, ambos habían acabado, y permanecieron inmóviles por unos minutos.
- ¿Te hice daño? – un Graham aún jadeante y apenado la dejaba caer lentamente, hasta que sus pies tocaron el piso
- Para nada – una Regina cargada de placer lo miraba encantada
- Te amo Regina – le acarició el cabello con sus manos. La tomó por ambos lados del rostro y la besó tiernamente
Luego de una hora, estaban en la habitación de Graham, buscando ropa para él, y sus cosas para el tour en velero que tenían programado
- ¡Vaya que eres organizado! – le dijo divertida – Disciplina militar – se dijo para sí misma mientras recorría con la punta de sus dedos lo objetos perfectamente organizados. Lo miró de reojo
- ¿Qué? – Graham que ya estaba vestido, terminaba de arreglar sus cosas
- Nada, nada…
- Si, soy ordenado, pero no soy neurótico. Jajaja. Mi madre me enseñó a ser organizado. Debía serlo… Soy el hombre entre tres mujeres… Bueno ahora de cuatro y otra que viene en camino
- Por eso sabes cómo tratarlas – lo miró con amor, sonriendo con satisfacción - ¿Las dos adicionales son…?
- Mis sobrinas… Bueno… A ti te puedo tratar de muchas formas, pero siempre excelente – Se acercó y la besó
- El tío Graham… ¿Quién lo diría?
- Y soy el tío que, en total y absoluto secreto, podría vestirse de "princesa" y tomar el té, con mi sobrina, por supuesto – rió a carcajadas, algo avergonzado
- Qué tierno – dijo una Regina conmovida – y ¿Qué edad tiene la niña?
- Tres y medio… Y es muy inteligente y hermosa. Salió a su abuela
- Y a su tío – le lazó una mirada sugestiva
Bajaron por el ascensor, y en la recepción consultaron cómo llegar a dónde salía el velero.
- Creo que… debes dejar tu habitación – dijo Regina, colgándose de su brazo
- Regina… ¿Me estás cortejando? Qué sutil – rieron con fuerza, mientras caminaban al restaurante
- Lo digo en serio
- No quiero quitarte tu privacidad
- No necesito privacidad, más que para hacernos el amor – lo miró con amor – pero sin ti, eso si me queda complicado. Además, no puedes ir desnudo por allí a buscar ropa… ¿Quieres que me pelee con las camareras, por propasarse contigo?
Entraron riendo al restaurante, mirándose. Justo cuando iban a buscar dónde sentarse, la pareja conocida les hizo señas para que los acompañaran
- Regina, por aquí – indicó una Emma sonriente – ¿Cómo sigues?. Buen día Graham
- Hola Emma, Killiam – hizo un gesto de saludo a ambos – Estoy mejor – una Regina menos alegre, disimuló
- Buen día a ambos. Killiam – le dio la mano al otro hombre
- Compadre… Se ve que tuvo una buena noche. Siéntense, vamos a comer
- Gracias – se sentó, por lo acordado con Emma la noche anterior, mientras Regina lo veía dudosa
- Si… Gracias – tomó asiento, y quedó justo frente a la rubia
- ¿Por qué no me buscas un poco de café, jugo y cereal amor? Del de aritos – le dio una gran sonrisa a Killiam – y tú Graham… Acompáñalo y le traes a Regina café negro, clarito. Y jugo de naranja, por fis – seguía sonriendo
- Si, claro mi amor – dijo el esposo enamorado – lo que sea por mi princesa
- ¿Quieres algo más Regina? – preguntó cortésmente Graham, asumiendo que la rubia quería quedarse a solas con la morena
- No mi amor – se dejó decir, y luego dudó de seguir en ese tono, ante la mirada de Emma – No quiero nada más, Graham. Gracias
Cuando los hombres se alejaron, Graham trató de disimular el hecho de querer saber de qué hablaban. Mientras vio cómo la rubia, deslizaba su mano hacia la de Regina
- ¿Confundido? ¡No lo hagas hermano! Relájate, porque esas mujeres juntas son dinamita pura – sonó como si quisiera ser genuinamente amistoso con él
- ¿Si? No sé de qué hablas… Pienso que son muy unidas, y si, tienen su carácter
- ¡Ni lo digas! Yo al principio me daba mala vida, pero entiendo que son unidas, y que voy a cargar con Regina siempre… Es una gran persona, pero el hecho de que ahora estés tú, lo agradezco en verdad. No lo tomes a mal, Regina es un encanto, pero quiero a mi mujer 100% para mí. Así sea en la luna de miel – Sonó sarcástico, a reproche y a alivio
- Por mí… 100% para de Regina estaría perfecto – lo miró, como diciéndole que lo entendía todo. Que no quería a Emma cerca de Regina, si eso la alejaba de él.
Killiam pareció entender perfectamente lo que Graham no le dijo. Se empezaron a llevar bien en ese instante; y decidieron hablar de deportes.
Mientras tanto, las mujeres en la mesa discutían, bajando el tono, susurrando, pero de forma acalorada
- Ahora dime que no te acostaste con él – una Emma desafiante le reprochaba a Regina, con cara de indignación – ¿Cuánto hace que lo conoces Regina, tres días?
- Suficiente para mí. Una mujer de mi edad… ¿Cuánto tiempo esperaste para acostarte con Killiam, acaso?
- No estamos hablando de eso… Mis padres lo conocen de todo la vida. Lo conocí siendo una niña, y nos volvimos a encontrar… Fin
- Si, me acosté con él ¿Y?
- ¿Dormiste con él… Literalmente? – el silencio de Regina le confirmó lo que ella ya sabía – Si, dormiste con él… y ¿si fuese un loco peligroso?
- Tú eres más peligrosa aquí… Te vas a dejar en evidencia – Suspiró – Si, hice el amor con él, muchas veces para ser más precisa – la miró directamente a los ojos con ira – Porque puedo sentir con él, lo que tu sientes con Killiam
- ¿Te gustó? – De nuevo el silencio confirmaba sus temores – Si te gustó – ahora ambas guardaban silencio
- Él es tierno, especial… Y si, lo es, es muy bueno en la cama. Me encantó sentirlo dentro de mí. ¿Eso es lo que querías saber? Pues si Emma Swan, me satisfizo como nunca antes lo había estado
- ¿Pasó algo más? Dime… ¿Te lo hizo como yo?... ¡Claro que si! Soy una estúpida
- ¿No lo haces con Killiam?
- Es mi esposo
- Es mi puto problema, Emma. Lo hice y lo seguiré haciendo con él, hasta que me vaya de este paraíso infernal. No por despecho, sino porque lo amo. ¿Me entiendes? Te amo, y lo amo… Ahora sé qué tan difícil es explicarlo
- Me haces daño Regina – Emma empezaba a tratar de disimular que la había afectado la conversación – pero te entiendo, más de lo que crees
- Lo siento – Regina estaba apenada. Se había extralimitado. Verla así, débil, la mataba. Sintió ganas de besarla
- Por lo menos se ve que te cuida – los ojos de Emma se encontraron con los de Regina, y supo que le los marrones le ocultaban algo – Pasó algo más ¿No es verdad? ¿Le contaste sobre ti?
- No, no seas tonta
- Entonces ¿qué es?
- Nada Emma
- Dime… Juramos decírnoslo todo
- Ya vienen
- ¡Dime!
- Lo hice con él, y ninguno de los dos nos cuidamos. No usamos protección. ¡Contenta!
La rubia abrió los ojos todo lo que pudo, asombrada, mientras que Regina enterraba la vista en su servilleta de tela, y la plegaba, como queriendo huir de su confesión. En eso, llegaron los caballeros. Emma cerró los ojos, y respiró profundo al sentir la mano de Killiam en su hombro.
Disimularon muy bien las mujeres, pero Graham notó la tensión cortante en el aire.
- Regina, no me siento bien – dijo Emma – Nada grave, cosas femeninas – le sonrió a los hombres, y besó en la boca a Killian – ¿Me acompañas al tocador un momento?
- Si… claro, claro – imitó a Emma y besó a Graham, sin saber muy bien por qué lo hacía – Te acompaño
Se levantaron. La morena siguió a la chica, que se apresuró para llegar primero al baño. La tomó por sorpresa la rubia, que se escondía detrás de la puerta del baño. Agarró a la morena por el brazo, y la colocó contra la pared, y la besó ferozmente. Sus lenguas se tocaron, y Emma rozó ligeramente los pechos de Regina.
- Emma, ¡espera! – Le dijo Regina, cayendo en cuenta en dónde estaban – Nos pueden ver
- Ya revisé, y no hay nadie – la rubia colocó su cabeza contra el pecho de Regina
- ¿Estás bien?
- No. Te amo… No me importa lo que pasó. ¡Cuídate, por favor!
- No hay peligro, créeme. ¿Cuándo te he defraudado?
- Nunca Regina, nunca. No lo olvides
- No lo olvido. Te amo. ¿Vamos si? – Miró a la rubia con ternura, y esta a su vez con tristeza y dulzura
- Vamos
Llegaron a la mesa, y el desayuno terminó de transcurrir con total normalidad.
Se despidieron, y se dirigieron a su recorrido en velero; que prometía diversas actividades, por demás atractivas. Desde hacer "snorkel", nadar a una isla casi desierta, recorrer los principales lugares de Aruba por mar, hasta cena a la luz de las velas, desde la cubierta, posterior a la puesta de sol. Parecía la actividad perfecta.
Mientras esperaban la salida del velero, se sentaron en la playa, en la arena, a disfrutar del primer sol de la mañana. A colocarse uno al otro el protector, y el bronceador.
Del bolso de Graham salió un sonido, y rápidamente el hombre tomó la mochila y sustrajo su teléfono celular.
- Tengo un mensaje de mi madre – Se volteó unos minutos para buscar ver la pantalla - ¡Regina! ¡Regina! – le dijo el hombre emocionado
- ¿Qué pasó mi amor? – Dijo un Regina algo asustada de que sucediera algo malo
- ¡Soy tío de nuevo! ¡Estoy feliz! – la tomó por la cintura, la alzó y le dio unas vuelas en el aire – Nació prematura, siete meses y medio, pero está en perfectas condiciones…
- Te felicito – Regina lo miraba con dulzura y ternura, con los ojos llenos de lágrimas
- ¿Por qué lloras?
- Eres… Graham. Eres un hombre excepcional
- Y lo mejor ¿Sabes qué es? – le dijo acercándose a ella, buscando su mirada, secando sus lágrimas
- ¿Qué? – respiró profundo, y lo vio neutra a los ojos
- ¡Que soy Tuyo!
Luego de besarlo intensamente, Regina recordó que no había visto su celular; que era su acompañante silente. Tomó el aparato y lo revisó… como mil mensajes de Emma, y otros dos mensajes de su madre.
Al leerlos, la cara de la morena se transfiguró en una suerte de horror, asco e ira profunda. Graham conoció un lado de Regina que no había evidenciado hasta ahora.
- Pasó algo…
- Nada… Yo también recibí un mensaje de mi Madre – en su rostro sobraba odio e impotencia – Nada que no se pueda resolver. No voy a dejar que arruinen la felicidad que me das
Regina tomó el celular. Le envió un mensaje a Emma, y haciendo uso de todas sus fuerzas, lanzó lo más lejos que pudo el aparato telefónico al agua.
Graham no le dijo nada, no entendía bien lo que pasaba. Se sentó en silencio, y la ayudó a colocarse a su lado.
Cuando estuvieron todos los asistentes, zarparon. Entonces, fue un día maravilloso, y todos los que compartían con ellos, no podían siquiera dudar que no se amaran con el alma, o que no se conocieran de toda la vida.
Los días transcurrieron entre olas y actividades programadas. Días de descanso y amor. Noches de Discoteca y pasión. Juegos eróticos y tiernas caricias.
Graham dejó su habitación, y llevó todo su orden a la de Regina. Casi no veían a Emma y a Killiam, pues Regina y Graham salían muy temprano y llegaban muy tarde, para disfrutar de las actividades y de su mutua compañía al máximo.
Hicieron el amor en varias playas, y paisajes naturales, solitarios y no tan solitarios. Arriesgados, osados y enamorados. Cada vez estaban más compenetrados. De compras por el centro, de paseo en moto, de la forma que fuese, se disfrutaban.
El día antes de la partida de Regina llegó, y entonces, volvieron hablar de las despedidas
- Este es el asunto con las despedidas… ¡Son una reverenda mierda! – Dijo Graham, abrazándola en la silla de extensión en la playa
- Si… lo son – Regina suspiró nostálgica. Estaba sentada entre las piernas de Graham, reposando en su pecho
- ¿A qué hora sale tu vuelo mañana? – debió haberlo preguntado unas 20 mil veces antes, mientras le acariciaba el cabello
- A las 11:00a.m. – pero a ella no parecía importarle, porque le respondía siempre como la primera vez
- Entonces hay que levantarnos a las siete, a más tardar. Tienes que estar a las nueve en el aeropuerto
- Si… ¿No queremos que pierda el vuelo? ¿Verdad? – Ya ni el sarcasmo le salía natural
Se hizo un rato de incómodo silencio
- ¡Hagamos un trato! – dijo Graham, invitando a Regina a incorporarse y voltearse a mirarlo
- ¿Cuál? – mujer le prestaba toda su atención
- Ya dije, que las lágrimas para la puerta de embarque, y para cuando yo llegue a la habitación
- Siii… ¿Y?... Ya era un acuerdo
- Bueno… quiero que me prometas algo: Que pase lo que pase, si por acusa del destino nos encontramos nuevamente, donde sea, como sea… Nos amaremos. Haremos el amor, sin perder más el tiempo
- Graham – suspiró con tristeza – quería hacerte un planteamiento parecido desde hace un par de días
- ¿Si? Escucha, no hablo de buscarte. Juro por Dios que respeto lo que hemos acordado
- Si… Entiendo. Créeme… pero luego regresé a la realidad, y sé que no podemos estar juntos. No es tan fácil para mí
- Si, lo sé – le dijo con una leve molestia – Pero eres muy ingenua Regina, si crees que este encuentro es producto de la casualidad. Es tan perfecto lo que tenemos, que el destino tiene que volver a unirnos
- Yo no creo en el destino
- Yo tampoco
- ¿Y entonces?
- Empecé a creer en él, desde que me atropellaste con ese carrito
Le sonrió
- ¡Trato hecho! – se dieron la mano, y un largo beso.
