Capítulo XIV

Frío y calor

En la noche no quisieron conocer otro lugar, ni visitar algunos de los restaurantes o locales antes disfrutados. Prefirieron estar solos, y disfrutar de su mutua compañía. Pidieron cosas para degustar y cenar, y mientras Graham ayudaba a Regina a dejar todo perfectamente ordenado y listo para el día siguiente; ésta se arreglaba en el baño.

Había comprado un atuendo de lencería muy sugestivo, en un descuido de Graham, y estaba dispuesta a hacerle una rutina erótica con baile incluido. La ropa interior consistía en un corpiño con liguero negro, medias negras, un hilo de encaje negro. El atuendo era un traje de policía sugestivo y diminuto. Tenía gorra, botas de tacón negras (que ya traía en la maleta), y dos pares de esposas diseñadas para no las timar al "delincuente".

Ella quería brindarle una noche de pasión a su "esposo". Se moría por dejarle un grato recuerdo. Y en secreto anhelaba que él no la dejara ir. Era la primera vez que sentía que "alguien" podía hacer que dejara "todo".

En esa vida que había aceptado tácitamente al nacer, en lo que se había convertido gracias a su madre. Todo quedaría atrás. El éxito, la adulación, las obligaciones sociales… todo lo dejaría a atrás con gusto. ¿Y si se atrevía? ¿Si tomaba todo lo que podía y huía con Graham?

Definitivamente era lo que ella esperaba. Que él no obedeciera sus peticiones… ¡Lo dejaría todo! No… ¡Emma! Decididamente, sería su última noche juntos.

Cuando Graham terminó de arreglar todo, la esperaba con un pañuelo de seda, y una rosa blanca en la cama, y sólo una almohada cubriéndolo.

- ¿Qué haces Graham? – preguntó Regina temiendo que se metiera al baño y arruinara su sorpresa

- ¡Nada! – respondió Graham acomodándose para sorprenderla cuando ella saliera - ¿Quieres que vaya y te eche una mano?

- ¡No! – dijo de forma abrupta

- Regina… ¿Qué pasa? No te arregles tanto para mañana, que igual pienso despeinarte esta noche

- ¡Compórtate Graham! Hazme el favor y dale "play" al IPod – ella tenía todo listo y preparado

- Uy… ¡qué carácter! – colocó la música y se dispuso a esperar a Regina nuevamente

- ¡Tonto! – sonrió a su reflejo en el espejo. De verdad lo amaba.

Inició la reproducción musical, y una canción conocida por el hombre sonó… Era de sus favoritas

- Oye Regina, esa canción me… – Graham quedó mudo, cuando del baño se asomó la pierna a través de la puerta, y en alto, para abrazarse al marco

"Sexy sexy made up of plexi disasters

Pushing and pulling conservative rolling… "

La música sonaba, mientras Regina bailaba de forma acompasada, y muy sensual. Movimientos casi profesionales, eróticos.

"… Unlike plastic, easier to see through

Just like glass with no ring… "

Graham estaba impactado. Estaba vestida de policía. Le lanzó la gorra de un tiro, mirándolo con perversión

- Si… es Sexy Plexi de Jack Johnson – le hizo un giño, y se sonrió de medio lado – Te has portado mal Graham, y creo que mereces un castigo.

- Lo merezco… – Le sonrió con deseo

"… Softer and sadder you sing

Sexy sexy do your thing… "

Regina se bajaba, moviendo de lado a lado su cadera. Se colocaba de pie, de espaldas a Graham, y se inclinaba. Lograba ver todo de ella, pues la falda era una excusa, más que una falda.

Fue bajando el cierre, dejándole ver el corpiño. Pronto se había quitado la camisa, y se la había lanzado a Graham, haciendo círculos en el aire. Trató de tocarla y ella negó con la cabeza y con el dedo índice.

- No, no, no. No puedes tocar a la policía. Muchacho malo… Tendré que ponerte las esposas si sigues

- No. Definitivamente no. ¡Estoy quieto! – Concluyentemente iba contra sus principios que le pusieran las esposas en vez de él ponérselas a ella

"Once you're broken, shape won't matter… "

- Así me gusta – tocó su cara con la punta de sus dedos – que se porte bien

- Esa faldita te queda mortal

- Más respeto a la autoridad, ciudadano.

Terminó por quitarse la falda, y se veía espectacular con el corpiño, en ligero, con el diminuto hilo

- Dios… tus te…

- Senos, caballero… La palabra que estás buscando son "senos" – se incorporó y se acercó a él con las esposas

- ¿Oficial…?

- ¿Siii? – seguía acercándose, mirándolo con deseo y perversión

- ¿Cómo se abre su corpiño?

- Así – se quitó un broche de la parte delantera, y sus senos quedaron más expuestos – ¿por qué?

- ¡Por esto!

En cuestión de segundos, y con una habilidad que sorprendió a Regina, Graham la había esposado a la cama.

- ¡Graham! ¡Suéltame! ¿Graham? – La besó. Ella estaba medio rabiosa, confundida por la interrupción de su baile

- No te resistas – la besó apasionadamente, con intensidad. Y ella se rindió. Sus lenguas se exploraban con avidez – Lo primero que debes saber… Nunca, nunca te descuides en el cumplimiento de tu deber – Pensó en cómo la mujer se había vestido justo de policía, sin saber que él lo era.

Ambos rieron… Entonces Graham le quitó las botas, mientras besaba sus piernas

- Graham, ¡suéltame!

- No Regina… Vas a sentir tanto placer, que me vas a pedir que te amarre a la cama y no te deje ir

- ¡Graham! – Arrastró las palabras con temor. Lo miró con seriedad

- Es parte del juego Regina, sólo relájate… ¡Siente!

- ¿Por qué me saboteas el baile? – lo miró y no pudo evitar sentirse envuelta por el sentimiento que él despertaba en ella – Te amo Graham…

Le colocó las otras esposas, y ella lo dejó. Quería hacer… Pero se dejaría hacer por él. Graham había llegado para liberarla de las obligaciones de ser perfecta. Ella, que lo había complacido varias noches, hoy iba a ser la que se dejara seducir por el poder que ese hombre tenía sobre ella.

Le quitó de un tiro el corpiño, y observó sus delicados senos

- No los puedo tocar… Pero si los puedo besar, morder suavecito ¿Tal vez?

- Graham – se notaba que la excitación se había apoderado de Regina – Lo que desees… hazme… yo…

- Shiii… Relájate – Colocó el pañuelo sobre sus ojos, y la vendó para que no pudiera ver – Vamos a afinar tus sentidos

Colocó otra canción, y elevó el volumen. Se acercó a su oído derecho

- Me oyes poco, y no me ves… Para maximizar el tacto y el gusto por mis besos… Dedícate a sentir

- Graham – una especie de gemido acompañaba el nombre de aquel que la estaba excitando, al punto que su respiración se agitó muchísimo – ¡no me dejes!

- No quiero dejarte – una vez más se acercó a su oído – no pienses en nada más que en sentirme. Esta noche es para amarnos plenamente

- Entonces no me dejes dormir… No quiero

- Shiii… Guarda esas energías para gemir y sentir… Te amo Regina.

Con la flor empezó a recorrer su piel, toda por completo. Abrió el broche del ligero, para dejar las medias en libertad, y se lo quitó. Estaba únicamente en hilo y en esas medias negras que lo enloquecían.

Se detuvo a mirarla, y esos segundos, lejos del contacto, llenaron de ansiedad a Regina por la expectativa de lo que vendría. Se concentró con la flor en acariciar su rostro, bajar por sus pechos, y culminar en su vientre.

Retiró de un lado el hilo. Regina se estremecía. No sabía qué le esperaba de momento, no podía ver, casi no podía escuchar su cercanía, y el hombre evitaba ser sentido en la cama.

Con la rosa, Graham acarició delicadamente su sexo, del que ya empezaba a aflorar la evidente excitación. Esperó un rato, mientras la observaba con parte de su sexo expuesto. Tomó cubo de la hielera para el Champagne, y dejó caer suavemente gotas es sus pezones.

- Ahhh… Graham – Regina gimió, sensiblemente estimulada

- ¿Te gusta? O quieres que pare… – Siguió dejando caer gotas por su pecho y su vientre, y empezó a tocarla con el hielo

- Si… ¡sigue! – Regina casi no podía hablar

- Puedo hacer más que esto… Nada que te lastime. Tú me dices hasta dónde quieres llegar – Empezó a rozarla con el hielo por su clítoris, parcialmente descubierto

- ¡Ah! – Dio un gritito ahogado; gemidos de placer – ¡hazme lo que quieras!

- ¿Quieres sentir el frío más allá?

- Si… ¡Si!

- El ardiente calor…

- Pue… Puede ser… – Regina tragó grueso, porque sabía a lo que se refería Graham – Guardemos el calor para otra ocasión

- Está bien – sonrió, porque sabía que ella quería otra ocasión, y porque no era mujer de llegar tan lejos – Hoy será el frío

Graham tomó más hielo, y lo metió en su boca. Deslizó el hilo por las piernas de Regina, y la dejó únicamente con las medias negras. Abrió sus piernas, y observó su hermoso cuerpo. Posó su boca en el sexo de Regina, y se dispuso a explorarlo completamente, por dentro y por fuera, con su boca y el gélido objeto, mientras lo amaba con intensidad.

Paró. Esperó unos minutos, mientras una Regina visiblemente excitada y sensible por el frío, se retorcía de placer en la cama. Mientras esto pasaba, no dejó que cerrara sus piernas. Quería deleitarse observándola toda.

Regina se calmó, y luego de un rato, sintió a Graham entrar abrupta y repentinamente dentro de ella. Sentía la mezcla de frío y calor intensa, y su sexo muy sensible al contacto, por dentro y por fuera. Y así la tomó, con fuerza. Entraba y salía de ella, mientras que la mezcla de agua helada y de un nuevo líquido caliente se mezclaban para hacerla enloquecer de placer. Frió y calor

- Graham… Ah, yo… - No pudo terminar de hablar cuando un grito de profundo placer salió de ella

- Te amo – escuchó al oído – Vente conmigo, así, rico… Si vieras cómo estás y cómo se ve hacerte mía

- Dios… – Regina terminó de llegar gritando, y no lo pudo controlar. Las palabras de Graham terminaron de perderla

Graham siguió su ritmo de pasión hasta acabar dentro de Regina. Sus cuerpos, ahora calientes permanecían juntos, él dentro de ella, sintiendo los últimos movimientos internos de Regina, producto del placer.

Salió con delicadeza de ella. La limpió. Regina aún estaba jadeante. Le quitó las esposas, y la venda. Ella lo miró como queriendo encapsular ese momento para siempre. Entonces, se besaron, con todo el amor que se confesaron no sentir antes, y que ahora los sobrepasaba.

Se amaron toda la noche, en cuerpo y alma. Hasta viendo TV al final de la madrugada, se amaban. Cuando sonó el despertador, ya estaban acurrucados mirando el techo. Graham abrazando a Regina, que permanecía sobre su pecho, aferrada a él. No hablaron después de hacer el amor la última vez.

Se acariciaban, se abrazaban, se miraban y besaban, pero no se hablaban. ¿Cómo? ¿De qué? ¿De su inevitable separación? No. No podían. Ninguno de los dos quería hablar.

- ¡Todo listo! – Rompió el silencio un neutral pero apesadumbrado Graham – ¿Estás ya arreglada?

Regina asintió, y en su rostro se afianzó más la tristeza y la cruel resignación.

- ¿Ya guardaste todo lo demás? – Graham apenas pudo decir esa frase con un hilo de voz. Aclaró la garganta – ¿llamo al botones?

Regina volvió a asentir, mientras se sentaba en la cama, con la vista en su falda de traje ejecutivo, a la que alisaba sin razón alguna, como queriendo con eso hacer desaparecer ese momento.

Graham sabía que debía darle algo de espacio. No dijo nada. Se limitó a llamar a recepción, y a esperar a su lado en la cama.

Ella se paró de repente, de un brinco, y se acercó a su cartera. Tomó un libro pequeño entre sus manos, y le dijo a Graham casi sin voz y con tono indiferente

- Mi favorito. Página 29. Te lo dedico. Para ti, que eres un lector empedernido – Aclaró la Garganta y volvió a tomar asiento.

- Gracias… – dudó si decirlo, pero igual lo hizo – esposa…

Ella sonrió con melancolía y algo de ironía

- De nada… ¡Siempre te voy a amar!... Y por favor, no me respondas. No quiero hablar

Él la respetaba tanto… Nunca haría algo para lastimarla.

Cuando sonó la puerta, él se paró como un robot, abrió la puerta y dispuso todo con el botones en el carrito. Mientras, Regina se paró al balcón y observó el mar, y el cuarto donde había sido plenamente feliz.

- Mi Reina ¿Está lista? – le extendió su mano, y ella la tomó. Se colgó de su brazo.

Al bajar, se encontraron con la joven pareja. Emma y Regina se despedían. Emma lloraba como si no fuese a ver más a Regina. La morena la miraba con ternura, pero tranquila. Graham imaginó que el saber que si la vería, la mantenía relajada en ese momento. Pensó con tristeza que, tal vez, Regina guardaba sus lágrimas para él.

Irían solos al aeropuerto, porque así lo había decidido Regina. A la rubia no le había gustado mucho el rollo, pero no se opuso. Graham pensó que ya no tenía mucho sentido, puesto que ella se quedaría con Regina al volver de su "luna de miel", y él lo perdería todo. Por lo menos alguien la cuidaría por él.

Al llegar a la camioneta del hotel, donde aguardaba ya el equipaje de Regina, una cara conocida y sonriente lo sacó de su estupor.

- ¡Señor Alberto!

- Señor… Graham ¿Verdad?

- Si. Graham. ¿Cómo ha estado? – notó que Regina lo miraba con algo de extrañeza – Regina, te presento al señor Alberto. Él me salvó en el aeropuerto, después que me atropellaste

- Ah, "La mujer de su vida" – dijo sin pensar, de forma divertida, el chofer del hotel

- Regina, mucho gusto… ¿Cómo la mujer de su vida? – Regina ahora parecía extrañada y divertida, especialmente al ver que Graham se sonrojaba y apenaba. Claramente el hombre lo había dejado en evidencia

- Bueno – se adelantó Graham, antes de quedar peor – Cuando te conocí, tal fue mi impacto, que cuando te vi en el estacionamiento guardando las coas con Emma y Killiam, le dije al señor Alberto que "le presentaba a la mujer de mi vida", que obviamente eras tú – se tapó la cara unos segundos y la miró con amor

- Y creo que no perdió el tiempo – Dijo el señor, de forma respetuosa pero divertida

- Jajaja… ¿En serio Graham? – Lo miró con esa ternura irresistible de sus profundos y conmovidos ojos marrones. Le acarició el rostro

- ¿Vamos entonces? O se quedan – he hizo un giño

- Vamos – dijeron ambos en coro, y bajaron el rostro

Se montaron en la camioneta, y durante el camino no dijeron ni una palabra. El Señor Alberto, parecía haber notado la tristeza de la pareja en la mirada, por lo que no puso música, y se limitó a conducir.

Ya en el aeropuerto, le dijo al señor que no lo esperara

- ¿Después cómo se regresa? – le preguntó el chofer, con algo de pena

- Se me va la vida en ese avión… Creo que caminar por ahí, no me va a matar – Le dirigió una media sonrisa de resignación al anciano, mientras terminaba de bajar el equipaje.

Se dispuso a llevar el carrito a la zona de chaqueo, mientras Regina hacía la cola de tres personas en el mostrador de la línea aérea. La miraba desde atrás. Lucía tan sensual con esa apariencia de ejecutiva. Sin duda eso era.

- Yo llevo el carrito… Si me voy a quedar sin ti, que sea con mis dos piernas intactas – la miró con amor y le dedicó una mirada graciosa

- ¡Tonto! – la hizo sonreír y le respondió con una mofa – ¿Quién más me va a hacer reír como tú? Así… genuinamente

- Yo… Cuando te vuelva a ver… o cuando tú, rompas nuestro pacto y te aparezcas en mi puerta para decirme que no puedes vivir sin mí – otra vez estaba bromeando. Ella lo besó.

- Recuerda nuestro pacto… Sin nos volvemos a encontrar Graham

- ¡Serás mía!... ¡Recuérdalo tú!

Desayunaron, casi no hablaron. Sólo para decirse que se amaban se dedicaban unas palabras.

- Ya es hora de que pases a la zona de embarque – dijo Graham, mientras se escuchaba el llamado a abordar – ¡No te vayas! O dime que te puedo buscar. Tu apellido… – Dijo sin pensar, y ahí mismo se arrepintió de hacerla sentir peor

- No Graham… Por mi vida, que no vale nada sin ti… Por mi vida que lo haría si pudiera – No pudo evitar que se le aguaran los ojos y su voz se quebrara

- ¡Eh! No llores… Disculpa. Me derrumbé… Pero ya estoy aquí de nuevo… Nos volveremos a ver… Tiene que ser así.

- Graham… No seas tan perfecto. No ahora – quedaban tres personas por delante, en la fila antes de la puerta de inmigración – Dime algo que me haga decepcionarme de ti. Dime un oscuro secreto… Miénteme si es preciso. Dime que no me amas, te lo suplico. Rómpeme en mil pedazos, pero no me dejes ir amándote así, porque… me tengo que ir.

Graham la miró extrañado, y a la vez fascinado de descubrir como nunca que ella lo adoraba. La miró unos segundos. La última persona ya iba a entrar. No lo pensó. Debía ayudarla… Debía actuar para que Regina sufriera lo menos posible.

- Te vi… Ese día que llegaste al hotel. El otro tipo no era el único. Te vi con Emma, haciendo el amor en el balcón. No quise mirar, y me retiré… Pero por un rato no pude evitarlo. Quería verte sentir. Lo lamento, pero hice mal – Levantó la vista y le impactó que, lejos de haber desprecio en la mirada de Regina, había una apariencia neutral, y lágrimas en sus ojos

- Lo sé – le dijo ella

- Si… hice mal, lo sé

- No. Lo sé… Siempre lo supe. Vi al pervertido aquel mirarnos… y también te vi a ti

- ¿Qué? – Graham estaba pálido

- Sé que me viste con Emma haciendo el amor, y sé que me viste desde que salí desnuda al balcón

Pegó sus labios a los de él unos segundos. Él estaba en Shock y no podía responder. La mujer lloraba amargamente pero con una expresión indiferente en el rostro. Tomó su equipaje de mano, y se fue sin más.

Desde que cruzó la puerta de inmigración, nunca más la volvió a ver. Hasta aquél horrible día en que observó su conocida silueta en la oscuridad, en la escena del crimen de su amada Elsa.

Poema dedicado a Graham por Regina

AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:

te aprieto a mí

como si hubiera un poco de justicia en mi corazón

y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos

algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro

a estar contigo en paz y a estar en paz

con un deber desconocido

que a veces pesa también en mi corazón.

Autor: Antonio Gamoneda