Capítulo XV

Mil sueños y un por qué

¡Taquicardia! Eso tenía. Estaba tan distraído, tan abrumado por lo de Elsa… ¡Lo de Elsa!

¿Cómo no se había dado cuenta de que era ella? Obviamente se refería a ambas. No supo que era Elsa, de momento, hasta que la observó. Pero algo se lo decía, se lo gritaba.

Y por favor… La silueta de la Fiscal, que fue objeto de su deseo y pasión. El no reconocerla tenía menos delito que no haberse percatado del nombre. Regina. Su Regina, la esposa fugaz de Aruba, la mujer de su vida.

Todo estaba pasando tan de repente. Era tan abrupto. Tan emocionante y doloroso a la vez. Tan confuso y horrible. Él no creía en las señales hasta que conoció a Regina Mills… Pero lo de hoy calificaba con un "Encuentro cercano".

Apenas consiguió dormir alrededor de una hora, en la que soñó con todos los males que lo aquejaban en la actualidad. ¡Qué no hubiese dado por soñar a Elsa viva, en su casa, compartiendo un helado los domingos por la tarde! ¡Qué no daría por soñar a Regina en Aruba, como vívido recuerdo!

Se despertó nombrándola, sobresaltado

- ¡Elsa! – sudaba, volteó para ver el despertador. Era casi hora de levantarse

No tardó en incorporarse. Sentado en la cama respiró profundo, y se llevó las manos a la cabeza

- ¿En qué se ha convertido mi vida? Un día en el que desearía haber muerto – lo dijo en voz baja, como temiendo oír sus propios pensamientos.

Trágicamente, el encuentro con Regina, desde la penumbra de ese espantoso lugar, en vez de darle confort, le estaba causando migraña. Pensó que, cuando encontrara a Regina nuevamente, su vida volvería a ser feliz. Pero ahora que sabía quién era ella, y dadas las circunstancias, deseo muy en el fondo no haberla encontrado nunca.

- Esa mujer nunca más me va a mirar a la cara – dijo, mientras se apoyaba en la pared de la ducha y el agua corría a través de su cuerpo – La Doctora Regina Mills… ¡Carajo! Hija del General Henry Mills. ¡Me lleva el demonio! – gritó, golpeando la pared del baño

Luego, empezó a llorar desconsoladamente; como sólo llora un hombre fracturado en mil pedazos, en la soledad de una habitación. Seguía apoyado en la pared, tratando de respirar y calmarse

- Elsa… ¿En qué estabas metida mi amor? ¿En qué?... ¿Por qué? ¡¿Por qué?! – gritó, y entonces retomó el llanto.

Luego de un rato estaba listo, vestido, calmado… Si a ese estado se le puede llamar calma. Tomó café, para poder agarrar algo de ánimos, porque nada le apetecía. Se vistió lo mejor posible, pero no tan inusual, para no llamar la atención en el trabajo. Seguro la vería. De negro por Elsa.

Cuando se disponía a bajar, para esperar en la puerta, su teléfono sonó. Tenía dos mensajes. El oficial estaba abajo esperándolo, para llevarlo a la estación. El otro mensaje era de su compañero David

- David: Graham… ¿Estás bien? ¿Quieres que pase por ti?

Mientras bajaba las escaleras, le respondió

- Graham: David, ya voy saliendo con un oficial a la estación. Veme allá por favor. Todo está

Lo dejó así, porque no podía decir que todo estuviese bien. Y su compañero, que lo conocía bien, también lo dejó así.

Cuando llegó a la delegación, sintió esa sensación de asco profundo de la noche anterior. Seguramente ya todos debían saber lo ocurrido, y lo mirarían con cara de lástima y pena. Seguro que ese muchacho que lo buscó, ya estaba informado de todo, porque se limitó a respirar y manejar.

Se bajó. Hizo acopio de todas sus herramientas, de policía y de hombre de valor, y colocó una inexpresión, digna de una jugada de pocker, y entró con paso firme.

August ya estaba allí. Al lado de su escritorio, esperándolo. Como lo predijo, todos lo miraban con cara de lástima. Ruby, se acercó a él y lo abrazó. Él no supo qué hacer, se quedó inmóvil, y apenas dio unas palmaditas con una mano a la joven.

Las mujeres de la oficina la pasaban la mano por el brazo, y colocaban cara de sufrimiento. Y sus compañeros, hacía el clásico gesto con la cabeza. Las caras de "circunstancias".

- Entre cielo y tierra no hay nada oculto – Lo recibió David, que sólo le estrechó su mano, y le dio una taza de café

- No… Gracias – alzó ligeramente la taza, y le agradeció secretamente el gesto atípico entre la multitud que "sufría" con él

- August obviamente quiere hablarte – le dijo su compañero, mientras se dirigían ante el detective que había tomado el caso

Al llegar al escritorio, el otro hombre se apresuró a cerrar una carpeta, y se levantó como un resorte, sacudiendo su ropa. Estaba más elegante de lo usual, notó Graham, pues él solía ir en moto, y chaqueta de cuero. Hoy vestía de traje y eso le llamó la atención

- Graham. Siento mucho lo de Elsa y toda esta horrible situación – repitió el gesto común y le dio una pequeña palmada en el hombro

Angust había tenido un lío con Asuntos Internos (AAII) hace unos años, pero se relacionaba a irregularidades en la información de un caso en una isla… Poco sabían de eso. Lo cierto es que había actuado con rectitud desde que ellos lo conocían.

- Gracias… ¿Ese es el expediente de… del caso? – Le preguntó, haciendo una seña con la otra mano, y viendo la carpeta

- ¡Es clasificado! – dijo el hombre algo apenado e incómodo

- ¿Clasificado? – alzó un poco la voz. Todos los miraban expectantes – ¿Clasificado? Si todos saben lo que pasó… ¿a eso se le llama información clasificada?

- Graham – ante su nueva subida de tono, su compañero David lo interrumpió, tomándolo por un brazo – Entiende que la víctima está conectada afectivamente contigo. No puedes tener acceso a esos detalles – ahora bajó el volumen – no por ahora…

- Pero… – él mismo se censuró, al interpretar las miradas cómplices de ambos compañeros de trabajo – Válido… Tienen razón. Disculpen – recuperó un tono amable, que cubriera las apariencias

- Por órdenes de la Fiscal de Distrito, y del Capitán, tendremos una reunión de detalles, a la que no podrás asistir Graham – bajó el volumen August – pero te mantendremos informado. Hice mis movimientos, y David podrá ayudar en la investigación

- Gracias August – ahora se sentía apenado

- Lo que si te adelanto, es que el capitán y la fiscal quieren reunirse contigo, a solas o con un abogado. Lo del abogado fue idea de la Doctora Mills

- ¿Abogado? – Dijo David… – ¿Y cómo por qué, o qué?

- Porque soy testigo, no porque sea culpable – dijo Graham en tono de resignación. Más por el hecho de ver a Regina, que por lo que estaba pasando – no creo que el Capitán Gold me tire una emboscada ¿A santo de qué? ¿De mi terrible suerte?

Ambos hombre se miraron con cara de querer que se los tragara la tierra. No se imaginaban por lo que Graham estaba pasando. Mil sueños se le venían a la mente… Mil sueños y un por qué... ¿Por qué Elsa?... Mil sueños con Regina.

Graham se echó sobre su silla. Puso las manos en sus bolsillos y se inclinó hacia adelante.

- No creo que Gold te deje estar aquí hoy. Tal vez no te entrevisten hoy… Y honestamente, lo más seguro es que te mande para tu casa – le dijo David en todo despreocupado. Trataba de ser una fuente de tranquilidad para Graham

- Pues… Soy el único "pariente" cercano de Elsa. Alguien – esa idea lo asaltó por primera vez, e hizo quebrar su voz – alguien debe preparar el funeral. Llamaré a la tía de su madre, en Baja California

Lo miraron con pena. Era inevitable. De repente hubo una especie de revuelo en la oficina. Entrando venía el capitán, con el secretario invisible y la hermosa fiscal. "Regina ha entrado al edificio", pensó.

- Si me disculpan – August se acomodó la corbata y no perdió tiempo en salir a su encuentro

Ella hizo como que saludaba, mientras hacía un paneo rápido por la oficina. Era altiva y fría en apariencia. Cordial, por educación, pero se notaba que iba a lo suyo. Tan profesional como hermosa.

Graham se inclinó para verla desde el cubículo, sin que ella lo pudiese observar. En ese preciso instante recordó sus últimas palabras

- "… Lo sé… Siempre lo supe. Vi al pervertido aquel mirarnos… y también te vi a ti… Sé que me viste con Emma haciendo el amor, y sé que me viste desde que salí desnuda al balcón"

Su corazón se aceleró. Se llenó de vergüenza. Se sintió terriblemente acalorado y sentía sus mejillas arder. Le bajó la tensión. Todos la miraban como a una estrella de cine, y él sólo quería desaparecer. No quería encontrarla. Por lo menos no ahora.

- Es ella David, es ella… – le susurró a su compañero que tuvo que inclinarse para preguntarle

- ¿Qué?

- ¡Es ella!

- Lo sé amigo, lo sé – miró la cara descompuesta de Graham, y supuso que apenas salía de la negación con lo de Elsa – Tranquilo Graham – le puso la mano en el hombro, y se sentó a su lado

- No… ¡No seas imbécil! – no paraba de susurrar. Su rostro parecía haberse transfigurado – no hablo de eso…

- Y entonces… ¡De qué demonios! – le respondió algo molesto – sé que estás mal… Pero debes dejarte ayudar. Esa actitud siempre te ha jodido Graham

- Lo sé… Entiendo – trató de calmarse y respirar profundo para no matar al "encantador" – me refiero a ella – hizo un gesto con la boca, señalando a la fiscal, que abandonaba ese espacio, y se acomodaba en la sala de juntas

- Ah… Si, claro, esa es la "Evil Queen" la Fiscal de Distrito. Así la llaman las secretarias. Tiene fama de ser insoportable y cruel, y de creerse una reina. O eso he escuchado

- David – lo miró, y le hizo un gesto con la mano, para que lo viera a los ojos y se concentrara – Yo sé que es la fiscal de distrito, Regina Mills… Regina, como la mujer de la que me enamoré en Aruba. Historia que perfectamente conoces

- Ajá… – tardó unos segundos en reaccionar y abrir los ojos como platos – ¿Es ella? ¿La de Aruba? Dios Graham… ¡Qué coño pasa aquí! – vio la cara de tristeza en Graham

- Lo mismo me pregunto yo… – no pudo ocultar su pesadumbre ante lo que estaba pasando

- Está buena ¿eh? – trataba de animarlo

- Como ninguna David… ¡Como ninguna!

- Y… ¿No la quieres ver? ¿O sí?

- Bajo estas circunstancias, si me lo preguntas en serio, no… ¡Preferiría estar muerto!

La última frase "Preferiría estar muerto", llegó a los oídos de Ruby, que le comentó a su compañera de trabajo, y confidente

- Bella… Debo hacer algo por Graham… El pobre está destrozado

- No es para menos Ruby

- Creo que hoy debo buscar que alguien lo acompañe ¿no te parece?

- No sé… Mejor tú no te metas

La mujer miró unos segundos a Graham, con tristeza, mientras este hablaba de su romance con la sexy fiscal.

Unos minutos después, August, Gold y Regina, que se veían conversando en la oficina, voltearon en dirección a su escritorio. Él se incrustó en la mesa, y David se colocó justo para bloquearles la vista, disimulando que hacía yo no sé qué.

Gold se asomó a la puerta y gritó

- ¡Humbert! – se dirigió hasta su puesto… El capitán también había conocido a la muchacha, tiempo atrás. Y en alguna ocasión, instó a Graham a casarse con ella – Siento mucho lo de la chica… Pero no deberías estar aquí

- ¿Por qué? Aquí trabajo. No me hace bien estar encerrado sin hacer nada

- ¡Pero tampoco haces nada acá, con la mente revuelta! – le dijo, alzando un poco el tono, mientras los demás lo veían – Así que no es menester. Ya que estás aquí, tan dispuesto, tendremos una pequeña charla con la fiscal. Cosas de rutina con los familiares de las víctimas – estaba siendo algo indiferente – y luego ¡Te vas! O te suspendo. ¡Tú decides! – se fue alejando – Una semana de permiso Humbert, y ayuda psicológica, no negociable.

Podía ser terriblemente insoportable. Le dio la espalada y se dirigió a su oficina, mientras terminaba la anterior frase. Justo antes de entrar, agarrado del marco, se dio la vuelta

- Nolan… Acompañe a Humbert a la sala de interrogatorios. Y que se tome algo. No debe haber comido nada – gritó, ordenando como siempre

- ¡Afirmativo Capitán! – dijo David en voz alta. Luego le susurró a Graham – vamos te tapo mientras te "escolto"

- Podría escaparme… – Dijo sin pensar

- ¿Estás loco? ¿Qué sentido tendría?... Podrían pensar que tienes algo que esconder

- ¿Y es que acaso no lo tengo?

- Si… Pero con la fiscal. No con la víctima – se escuchó decir esa última frase y sintió pena. Bajó la mirada

- Eh, David. Tranquilo… Yo no lo he terminado de procesar. Vamos a la sala, así no te meto en problemas

Esperó unos segundos. Sintió la puerta y su corazón se disparó. El polígrafo lo mandaría a prisión si se lo colocaban justo ahora.

Era David con una dona y un café.

- Órdenes del jefe – dijo

- ¡Cretino!

Siguió esperando y escuchó su divina voz y la de Gold en el corredor. Se abrió la puerta, ya la cara de Regina hizo aparición. Miraba una carpeta y su taza de café en la mano. Graham, sentado al otro lado de la sala bajó ligeramente la cabeza, y la observaba desde abajo.

Ella ni lo había visto. Gold entró, y arrimó la silla más cercana a Graham. Antes de sentarse dijo

- Doctora Mills. Él es el oficial Humbert, quien desafortunadamente es familia de la víctima, por así decirlo

- Obviando la penosa situación diré ¡Encantada! Y lo lamento – dijo mientras se apartaba de la mesa, dejaba la carpeta, levantaba la vista y movía su mano para dársela al desconocido

- Graham Humbert – se levantó, e hizo un gesto para corresponder mientras ella hacía el proceso de encontrarse frente a frente con su rostro

La mujer soltó la taza de repente, y ésta se partió del impacto contra el suelo, salpicando sus medias y zapatos.

- ¿Regina? ¿Le pasa algo? ¿Señora Mills? – Gold trabaja de sacarla de su impresión

- Señora Mills – Graham abrió los ojos y le hizo un gesto para que reaccionara – ¿Está bien?

- Este… Si, si … - Aclaró la garganta – Si, estoy bien – relacionó de inmediato las pocas cosas comunes que conocía de Graham con el caso – Encantada, y disculpen. Se me resbaló

- No se preocupe – Graham le dio la mano, pero ella no reaccionó.

Volteó la mirada, y se hizo la desentendida. La escuchó respirar profundo e inclinarse a recoger y secarse

- Deje eso así Regina. Voy a buscar algo para que se seque, y a una persona de mantenimiento. Ya vuelvo. Graham. Coopera, sé amable, pero no hables demás – le hizo un gesto y se retiró.

En ese momento, Graham observó a Regina. Sus miradas se cruzaron. Ella negó con la cabeza, y una leve expresión de dolor superó la de asombro, para luego convertirse en algo neutral, y con gesto de no importarle en absoluto lo que había pasado.

- Regina… Yo

- Señora Mills para usted. Me puede llamar Doctora. Vamos a empezar Detective

- Pero… - Graham la miró dolido y desconcertado. Ya había entendido su juego. Ella no iba a recordar el pasado. Todo lo vivido había quedado atrás

- Indíqueme ¿cuál es su relación con la víctima?

- ¿En serio?

- ¿Acaso cree que vengo para acá a jugar? Se trata de homicidio caballero. Es mi deber llegar al fondo de todo esto

- Era mi prometida

- ¿Se iban a casar? – lo miró como si no existiera

- Tenía más de cinco años sin saber de ella – le retiró la mirada unos segundos

- ¿Entonces era su ex?

- Si, soy su ex. No la veía desde hace más de cinco años… Imagina… Imagine mi impresión Señora Mills, cuando bajaron el cuerpo y la vi… después de tanto tiempo – sus ojos se aguaron. La miraba con dolor por lo sucedido y con desprecio por su comportamiento

Se acercó hacia él, y bajando el tono, casi susurrando le dijo

- No te conozco. Nunca te he visto, ni tú a mí. Somos desconocidos – subió el tono – y debe saber que siento que lo haya tenido que presenciar. ¿Entendido? – lo miró desafiante, con rudeza y como si nada le importara

- Si Fiscal Mills. Entendido

- Señora Mills está bien, Graham – dijo Gold, entrando con lo que había ido a buscar

- Gold. No tiene mucho sentido hablar con el Detective Humbert ahora. Especialmente si lo que necesitamos son detalles recientes

- Pero puede informarnos de la escena del crimen y de qué le pareció atípico en ésta – dijo serio el jefe

- ¡Definitivamente no! – dijo, negando con la cabeza y pareciendo indignada y decidida a librarse de ver a Graham un buen tiempo – Va contra el reglamento. Cuando tengamos información concreta que presentarle lo llamamos nuevamente. Información apta para cualquier familiar. No habrá trato "VIP" por ser policía.

- Señora Mills ¿no cree que sea mejor aprovechar la cualidades de Graham? Estoy de acuerdo que hay que dejarlo aclarar su mente pero…

- Esa es mi posición Gold. Si no, tendrán que vérselas con AAII – se dio la vuelta, recogió sus papeles, y se fue sin ver a Graham

- ¿Sí que es …? Vamos Humbert – apretó en puño contra la mesa – Ya escuchaste a la Fiscal. A tu casa sin chistar.

Graham tomó su chaqueta, y se dirigió a su puesto. Regina, desde la sala de conferencias acomodaba todo para la presentación del caso ante los detectives. August estaría a cargo, sin duda, porque colaboraba con el secretario en todo lo que ella ordenaba. Se paró a mirarla. Sintió que ella sabía que la miraba, pero siguió como si nada.

Él no existía para ella. Por el caso, por su realidad, y porque para ella fue sólo alguien "inconveniente". Tal vez por su confesión antes de separarse. Nunca lo sabría.

Se despidió de los presentes. Ruby, de indiscreta nuevamente, se le colgó del cuello abrazándolo

- Si no te puedo ir a hacer compañía más tarde, llamo a tu mamá… Pero no puedes estar solo. Alguien tiene que cuidarte – le susurró mientras agarraba sus manos y disimulaba amistad

- ¡No! Por favor no llames a mi madre. Prefiero que vayas tú… aunque sé que hoy te cuesta, non sientas presión. Si vas mañana también me ayudas – la besó en la frente

Todos se despidieron de él en la puerta. Luego se vieron forzados a dejarlo, por el llamado de Gold a la reunión.

- Me tengo que ir compadre… – David hizo un gesto de pesar – ¿Puedo pasar esta noche si gustas? O venir a casa… Sin presión

- Ok… Yo te aviso

Salió y se dirigió a su auto. Le hizo señas al oficial de que se iría solo. Manejó sin rumbo un buen rato, hasta que se encontró en el estacionamiento de su edificio, casi sin saber cómo. Volvió a bañarse. Se puso únicamente un short. Se comió un yogurt y se acostó a ver televisión.

No supo a qué hora, ni cuándo se quedó dormido. ¿Cuánto tiempo estuvo así? Sólo supo que el sonido constante del timbre lo había despertado. Seguro era David… Esperaba que por lo menos hubiese traído pizza. Tenía algo de hambre. ¿Y si era Ruby? Lo menos que quería era el plan drama.

Abrió la puerta, y una mirada cargada de pena y amor se fijó en sus ojos. Estaba paralizado. Esos hermosos ojos marrones lo miraban en la puerta, llenos de lágrimas.

Estaba soñando, sin duda.

- Sea cual sea la circunstancia, usted y yo tenemos un pacto – dijo la mujer empujándolo hacia dentro del apartamento – y siempre hemos cumplido – cerró la puerta y se quitó el abrigo – Esta vez no será diferente esposo. Vine a amarte, justo como lo necesites y me lo pidas.

Se lanzó en sus brazos y se aferró a su cuerpo. Él correspondió.