Capítulo XVI

¿Qué hago contigo?

- ¡Te necesito!

Fue lo único que pudo alcanzar a decir Graham, después que la mujer se instalase en sus brazos. Por un rato, todo lo que hicieron fue abrazarse fuertemente, sin hablar. Ahí, de pie, sin más.

Era evidente que ambos estaban aferrados a ese encuentro, que según su pasado pacto los llevaría a intentarlo, a estar juntos de nuevo.

Sentía llorar a Regina, y sabía que ella lo sentía a él botar unas cuantas lágrimas. Nada podía haberlo preparado para esto. Cuando pensaba que no podía irle peor, que no mejoraría su vida, ni sus días, esta mujer se presentaba nuevamente para cambiarlo todo.

Regina suspiró tan profundo que le dio paz a ambos, y se calmaron. Seguían fuertemente abrazados. Graham tomaba la camisa de Regina entre sus manos, y ella presionaba la espalda de Graham, sintiendo la piel fundirse en éstas.

- Lo siento tanto Graham… Yo… – Empezó a hablar Regina con mucho sentimiento, y culpa – de verdad siento todo esto

- Tranquila – Él buscó tomar su cabeza, que descansaba en su pecho, y empezó a acariciar sus cabellos – yo también lamento toda esta situación, por la que estoy pasando… No hubiese querido encontrarte en este ambiente. Además – hizo una pausa

- ¿Qué pasa? – Regina suspiró – Yo soy la que lo lamenta esposo

Graham buscó separarse de ella, para poder mirarla a los ojos. Tal vez invitarla a sentarse. Se sentía agotado. La tomó por los brazos y la dejó a pocos centímetros de él.

Haber sentido su cuerpo aferrado al suyo, lo había hecho revivir. Nuevamente la sentía, a la mujer que había hecho más feliz su vida, en total contacto. Sintió con algo de vergüenza que la ropa les estorbaba.

- Sé que estás pasando por algo terrible… No quiero importunarte. Sólo vine a ver cómo estabas, porque tenemos un pacto, y amarnos no es sólo tener sexo. No para mí. No era lo que quería para nosotros – dijo Regina, que parecía buscar desesperadamente las palabras correctas para decirle algo importante

- No es eso. Regina, yo…

- Sé que esto no es profesional, y yo soy una profesional. Por eso actué así, y me disculpo. Me disculpo por seguirte, por tratar de hacerte cumplir algo que tal vez olvidaste

- ¡Regina! – subió el tono ligeramente, mientras la interrumpía. Puso sus manos a cada lado de su cara – No se trata de eso. Lo he meditado, e hiciste lo que es "correcto" en estos casos

- Yo no quiero ponerte en riesgo. De hecho quiero protegerte. Pero no quiero hablar de eso. No podemos hablar del trabajo, de hecho… – Bajó la mirada, contrariada

- ¡Regina! ¡Mírame por favor! – la hizo que lo mirara a los ojos, con sus profundos ojos marrones, llenos de lágrimas y tristeza – Estoy hablando de lo que me dijiste al irte… Recuerdas – Le hizo un gesto con los ojos, y luego la dejó, y se dio la vuelta.

Se quedaron en silencio unos minutos. Mientras Regina seguía a Graham, que se aproximaba al sofá. Ella escogió la poltrona en frente de este, y se dejó caer sobre ella.

- Es cómodo esta poltrona – dijo, sin querer decir nada, sin mirarlo siquiera

- Regina, lo siento. Lamento haber sacado el tema, y haberte visto. Soy culpable y lo admito. Me arrepentí al segundo siguiente de verte; pero soy culpable, porque algo superior a mí, me impulsaba a mirarte. Quería saber todo de ti

- ¡Graham! – Lo miró repentinamente, conmovida, con los ojos llorosos, apenada – Si es por eso, ¿qué puedes pensar tú de mí? Desde que te vi, sentí algo especial por ti, una atracción que me pareció tan natural… Algo que realmente no sé cómo explicar

- No me tienes que explicar nada, especialmente de una vida que no conozco. Y menos de algo que pasó antes de mí – le dijo, mirándola con ternura

- ¡No seas tan perfecto! ¡Demonios, Graham. Déjame disculparme! – le dijo, y bajó la mirada. Se veía que lo que quería decir le dolía – Yo te mentí. Pero, no quería que pensaras lo que no era de mí. Emma… Emma y yo llevamos juntas toda la vida. Desde que ella nació. Y sé que puede parecer algo enfermo, pero fue la única persona de mi entorno en brindarme amor incondicional, y ponerme siempre de primera en su vida… Bueno, o antes así era – Su mirada, concentrada en le pequeña abertura de su falda, parecía triste y resignada

- Entiendo… – Le dijo, y la hizo sentir en confianza, y no juzgada. La miró con comprensión

- No sabía si ibas a entender el porqué de esa relación… Y sé que debes pensar ¡qué clase de juego enfermo es éste! … Pero la amo. Y te amo. Es tan difícil de explicar, que hace que me duela cuando respiro – señalaba su pecho, con gesto de sufrimiento

- Yo no puedo juzgarte. Digamos que cada uno tuvo, y tiene su vida. Por lo visto, bastante complejas ambas. Pero estoy seguro que lo nuestro fue real

- ¡Es real! Es, Graham… ¿O ya no me sientes como antes? – lo miró, buscando en sus ojos la respuesta de que todo seguía fuerte entre ellos. Pero él le esquivó la mirada.

Graham permaneció unos minutos observando la mesa de la sala. Elsa estaba muerta. Muchos sentimientos encontrados. Poco que decir del lío de la Fiscal Mills. Emma.

Conseguía intuir que el silencio había generado una tensión tal, que se podía cortar el aire con un cuchillo. Él no estaba seguro de que continuar con esta situación fuese sensato, porque de paso entendía el problema en el que se metían ambos, al llevar esa relación personal paralela a la profesional.

Además, por lo que había dicho Regina, sabía que la rubia seguía en su vida, y que su relación continuaba siendo importante para ella. Eso la tenía sensiblemente afectada.

Se percató de que Regina estaba sumida en la tristeza más profunda que hubiese conocido de ella, y que se disponía a levantarse de la poltrona. Imaginó que deseaba irse.

- Entiendo Graham – aclaró la voz – es mejor que me vaya. Espero que de verdad todo se solucione. En el trabajo sólo seremos extraños. Espero que el proceso que llevo sea rápido, y que no te moleste que trabaje en este distrito. Al cumplir el periodo mínimo pediré transferencia – Le costaba hablar, y las lágrimas se salían. Él no la miraba siquiera – No sabía que te encontraría así

- ¡Espera! ¡No te vayas! – Se quedó mirando al infinito sobre la mesa, mientras con el brazo extendido hacia ella, le pedía que se sentara a su lado

- No quiero molestarte más espo… Graham

- ¡Por favor… Te lo suplico esposa, siéntate…

Regina abrió los ojos sorprendida, y el llanto abrupto salió. Le costó respirar de inmediato, y trataba de calmarse, mientras se dirigía al sofá, en su puesto, al lado de Graham

- ¡Perdóname! … ¡Casi nos rompo el corazón! – se volteó. La tomó por el rostro y la miró a los ojos, a escasos centímetros – Estoy sufriendo Esposa. Nuestro pacto me mantuvo vivo, en la esperanza de encontrarte. Es simplemente que todo lo que ha pasado, ha sido escabroso, horrible, ha abierto viejas heridas inconclusas… Pero aquí estás, de nuevo para hacerme sanar. Y me doy cuenta de que te sigo amando, más que cuando te despediste de mí, y me asusta… ¿Sabes por qué?

- ¡No! – casi no podía hablar por el llanto. Asintió, luego negó – No sé…

- Porque te quiero sólo para mí. Porque está toda ésta situación horrible rodeándonos. Que aparte de ser difícil para mí, amenaza con robarte de mi lado. Y no quiero perderte otra vez, ¡te quiero sólo para mí!

- Graham… yo… ¿Qué hago contigo? – lo miró con una infinita mezcla de dolor y ternura

- Sólo para mí Regina. Quiero saber de ti… ¡Demonios! Quiero una vida contigo. De eso se trataba el pacto

- ¡No! – se notaba impresionada y algo asustada con las recientes afirmaciones de Graham

- ¿Cómo que no? ¿Qué fue todo eso entonces, del pacto, y de amarnos? ¿Una excusa para tener sexo una vez más? – la miraba con dolor

- ¡Graham! – le dio una cachetada – no me faltes el respeto – en seguida se había arrepentido de eso – Yo… ¡Discúlpame por favor!

- No… Discúlpame – entiendo que no podemos hacer todo de una vez… Pero si necesito saber qué quieres, para poder tomar una decisión – bajó la mirada – el pacto era sobre volver a amarnos, pero no eran claras las condiciones… Entonces… ¿Quieres luchar por lo que podemos tener. Intentarlo, seguir, y ver hasta dónde nos lleva?…

- No me digas que vengo aquí sólo por sexo… Yo te amo Graham, te amo – estaba algo alterada – te necesito… En mi vida hay muchas complicaciones. Pero no puedo dejarte ir, no ahora. Quiero cuidarte…

- Regina, discúlpame nuevamente. No quiero presionarte. Sólo, no quiero ser lastimado. Estoy de verdad muy afectado ahora… ¡Cuídame, te lo suplico! – La abrazó, acurrucándose en su pecho. Olió el dulce aroma de su piel.

Ella lo miró con ternura. De repente su cara cambió, a una expresión de superioridad y molestia.

- Bueno. Lo digo porque me nace cuidarte – se escuchaba algo molesta – aunque tal vez ya tienes que lo haga – sonaba a reproche

- ¿Qué? ¿Cómo? No te entiendo – la miró extrañado

- Hazte el loco Graham – lo miró con molestia – ¿O crees que porque estaba trabajando, y disimulaba, no te vi con tu amiguita, la secretaria?

- ¿Ruby? – abrió los ojos al comprender de qué iba todo eso

- Si… Esa misma. Por no hablar de las otras compañeras que traes loquitas. Hasta la señora de mantenimiento te dice "El muñeco"

- ¿Pero cómo demo…?

- ¡Cállate! … Si me vas a mentir, tal vez me lo merezca, pero no quiere decir que lo soporte. Si es tu novia o algo así, dímelo de una vez, para ver si puedo manejarlo – se había parado y se volvió a sentar

- Válido… La verdad es que no, no es mi novia. No la amo, pero le tengo aprecio. Ella no me ama. Eventualmente tenemos sexo, pero nos cuidamos. Y sólo porque te he extrañado tanto, esa frecuencia ha disminuido desde mi regreso de Aruba. Con ella estaba desde seis meses antes de ese viaje. Te lo comenté en su momento.

- Entiendo – Bajó la vista apenada

- ¿Estás celosa? – la miró con malicia, divertido

- ¿Yo? – se había enojado nuevamente – ¿Yo? ¿Regina Mills, la esposa, celosa? – lo miraba indignada – Pues sí, si lo estoy…

- ¡Hermosa! … Te ves hermosa cuando te molestas – se ría mientras la halaba por el brazo y la colocaba a la fuerza sobre él. Se resistía a manera de rabieta – ¡Si estás celosa es porque me amas! – le dijo con todo seductor, despertando en ambos otras miradas, que ya conocían de antes

Regina se fue relajando y se colocó de frente a él. Se arrodilló sobre Graham, sus rodillas a cada lado de él.

- ¡Estoy aquí para cuidarte! – su mirada estaba cargada de deseo – Dime lo que necesites de mí. Estoy aquí para complacerte como desees… ¿Quieres ver televisión? Veamos televisión… – lo empezó a besar en el cuello, y en el pecho, lo acariciaba con sus manos – ¿Quieres que te cocine algo? Te preparo cena – lo besó en los labios mordiendo el inferior – ¿Quieres hacerme tuya? ¡Tómame!

En ese momento, Graham la atrajo más hacia él, colocando sus manos en sus nalgas, haciendo que se abriera más. La tomó por el cuello, y la besó apasionadamente. Con natural desesperación, y con el deseo contenido de su encuentro. Sus lenguas se exploraban con avidez. Casi no podían respirar, pero no les importaba.

- Te amo Regina – se dirigió a quitar su camisa, de prisa, empezó a desabotonarla

- Graham yo te amo… ¡Rómpela! – le hizo señas de que le quitara rápido la ropa, mientras ella lo ayudaba rápidamente a él, y retomaba su posición – ¡Vamos! Que tengo ropa en el carro…

- ¡Sí! – pensó "Vino para quedarse", y le rompió los botones, dejando su ropa interior al descubierto

Los botones volaron por la habitación, y la pasión y la desesperación por sentirse, se apoderaron de ellos y de su amor. Graham rasgó la falda de Regina, después de abrirle el cierre. Ella sentía su fuerza, tocaba sus brazos. La iba a tomar así, y eso la excitaba más.

- Tranquilo, no me importa la ropa – gimió de placer ante los besos que Graham iniciaba en su pecho

La lengua de Graham la recorría, desesperado por saborearla toda, nuevamente. Le quitó el sujetador con una habilidad impresionante. Y quedó Regina sobre él, con una tanga negra de encaje, que lo enloqueció.

Besó sus senos con tal intensidad, que notó la humedad de Regina, a través de su ropa interior. Lamía su pecho, chupaba sus pezones. La desplazó ligeramente hacia atrás, y la hizo inclinarse, dejando su abdomen y su vientre a merced de la boca de su amante.

Él la besaba con intensidad y pasión por los lugares que recordaba que excitaban a Regina. Ésta se curvaba, se movía llevada por el placer y la excitación.

- Quítamela – dijo excitada, mientras él iniciaba la operación. Estaba ajustada – ¡No! ¡Rómpela! – estaba visiblemente estimulada

La besó con énfasis sobre la tanga, sin retirarla

- Es una lástima, te queda de maravilla – la miró con perversión

- ¿Qué estás esperando? ¡Pruébame! – ella le devolvió la mirada, con la ceja levantada – ¡Rómpela!

Graham volvió a besarla sobre la panty, como si esta no existiera, logrando probar algo de Regina, sintiéndola moverse de placer. Mientras, tomó un lado de la tanga, y con ambos brazos reventó el encaje. Hizo lo mismo con la otra parte. Extendió sus piernas sobre la mesa, e hizo que Regina se recostara hacia atrás, sobre ellas. Su sexo quedaba expuesto hacia él.

Rompió lo que faltaba, y se la retiró. La escuchó soltar gemidos ligeros e involuntarios.

- Ahora si te voy a probar como se debe… o mejor dicho, a comerte…

Y se dispuso a hacerla llegar probando el clítoris de Regina con intensidad. Su boca, y sus dientes la castigaban, y ella parecía disfrutar del vació que estos generaban. El deseo contenido hasta entonces, la hizo llegar al clímax en cuestión de minutos. La sintió arquear su cuerpo, presionar su cabeza en sus piernas, temblar… Y lo mejor, la escuchó gritar de placer.

Su respiración acelerada, delataba su disfrute y satisfacción.

- ¡Esto aún no termina! – la subió tomándola por los brazos, y la sentó de golpe sobre su sexo. La penetró de inmediato

- ¡Ah! ¡Graham! – Regina gritó de placer, y comenzó a moverse ayudada por las manos de Graham sobre sus nalgas

- Así, así mi amor, esposa…

La apretaba contra él. Ella lo besaba, apasionadamente. En la boca, el cuello, sobre los hombros. Entraba y salía de ella con fuerza. La poseía completamente. Regina se aferró a su espalda, sintiéndose fundida con él. Su movimiento fuerte, y perfecto, se hacía cada vez más lento.

- Disfrútame – lo miró con malicia y deseo. Extendió sus brazos, e hizo que se recogía el cabello

- Inclínate un poco hacia atrás, así… No dejes de moverte – La ayudaba con sus brazos, mientras esta gemía y disfrutaba

Se movía de forma brusca, y Graham se estremecía. Parecía hacer una danza erótica para él, mientras estaba dentro de ella. La escuchó gemir más… Estaba sintiendo aún las réplicas de su anterior orgasmo.

De nuevo la mujer parecía estar a punto de llegar al clímax. Se incorporó. Hacía movimientos bruscos, circulares, con su cadera, a la vez que subía y bajaba, para que Graham pudiera entrar y salir de ella.

Notaba que el hombre ya no tenía control sobre sí mismo. También se notaban sonidos del placer que ella le estaba dando. Aceleró más el paso. Todo eso la excitaba cada vez más.

- Eres mía Regina ¡Mía! – la miraba a los ojos, turbado por el placer

- ¡Voy a llegar! – sus gemidos de placer inundaron la sala

- ¡No pares!

Ambos consiguieron llegar prácticamente juntos, con una Regina se movía a una velocidad intensa sobre él.

Después de repetir esta rutina una vez más, ambos estaban exhaustos, en la misma posición en la que inició el acto de amor. Graham aún dentro de Regina, ella abrazada a él, con su cabeza en su hombro, al que hace unos minutos había mordido, llevada por el deseo y el placer.

Graham la tomó de los hombros y la movió ligeramente. Salió de ella con la delicadeza que no lo había caracterizado al entrar; la volvió a abrazar.

- Graham – suspiró – ¡Te amo!

- ¡Y yo a ti mi esposa!

- Quisiera encontrar la manera de que esto funcione – se escuchaba agotada y melancólica

- Yo quiero lo mismo. Sé que vamos a encontrar la manera de poder estar juntos… Ya casi no me importa de qué manera… Es decir… Haré lo que tú me pidas que haga, con tal de poder estar a tu lado

- ¡Graham! – Se separó de él, y lo tomó del rostro. Lo besó – Hay muchas cosas en este momento que me impiden estar a tu lado como tú deseas

- ¡No me importa! … Siempre que pueda estar contigo, y si estás dispuesta a vencer los obstáculos, yo esperaré. El tiempo que sea… Pero contigo. ¡Por favor! – La miraba a los ojos, suplicante

- No es tan fácil mi amor, no es tan fácil…

- A ver… No me importa que sea imposible… ¿Quedó Claro?

La mujer separó su vista de él, aferrándose nuevamente a su espalda

- Sé que no tengo derecho… Yo… ¿Quieres que nos veamos a escondidas mientras? ¿Eso estaría bien para ti? Mientras yo logro resolver todo lo que pueda amenazar el estar contigo…

- Yo… – esperó en silencio unos segundos - ¡Sí! Si eso me garantiza tenerte y seguir contigo… Si me da esperanzas de que podamos ser plenamente felices a futuro… ¡Si!

- Para eso hay una condición, que no tengo derecho a pedirte…

- ¡Dime!… Lo que sea, ¡acepto!

- ¡Deja a Ruby! – sintió que unos segundos después Graham sonreía

- ¡Regina! – soltó una pequeña carcajada – Si estaba con ella, es porque no creí posible que te volvería a ver, para ser honesto. Y por una necesidad que ya casi tenía, y que tú despiertas todos los días, a cada instante, y que satisfaces como nadie

Regina se sintió tan satisfecha de su respuesta, que interrumpió la confesión de Graham con un apasionado beso.

- No se te olvide que tú también me perteneces – lo miró con malicia

- ¡Cómo podría! – recorrió con su mirada de deseo y amor a Regina

- ¿Dime, qué más quieres de mí? Aparte de amarnos así, cada vez que podamos

- Quiero que me permitas saber más de ti. Quiero que me dejes conocerte Regina, poco a poco…

- Graham – lo miró contrariada y luego bajó la vista – en mi vida hay elementos de los que no voy a prescindir. Por eso te decía que, no tengo derecho a pedirte que dejes a Ruby… Porque, simplemente, ¡yo no puedo dejar a Emma!

Graham estaba atónito. No daba crédito a lo que había escuchado. La apartó con sus manos, tomándola por los hombros, y la miró con dolor y confusión

- ¿De qué hablas Regina?

- ¿Tú quieres saber más de mí no? Bueno, aquí vamos… Pero parte de esa condición es que no me juzgues, por no dejar a Emma. La primera condición es que dejes a Ruby, la segunda es que aceptes a Emma en mi vida… Con la relación "particular" que tenemos

- ¿Qué? ¿Te estás escuchando?

- Si Graham, si… Con temor y un miedo absoluto a que me digas que no – de repente las lágrimas se apoderaba nuevamente de sus hermosos ojos

- ¿Me estás queriendo decir que, aunque estés conmigo, estarás con ella también? – había relajado un poco el tono y la expresión de indignación ante el llanto de la mujer. Además recordaba lo vivido en Aruba, y la prioridad que siempre le dio Regina a él

- ¡Si! Eso digo. Ella es mi familia y no la voy a abandonar. Ella está feliz con la suya, con Killian, y eso no va a cambiar. Eventualmente me necesita más que de costumbre – bajó la mirada apenada – pero casi no ocurre. De igual forma tú eres mi amor, mi prioridad.

- Regina – sintió pena por la mujer, en parte por lo triste que era su amor no correspondido por la rubia, y por otro lado, era su amada la que sufría – Déjame ser tu familia, tu prioridad. Yo… acepto a Emma en tu vida

- No entiendes… ¡Tendré sexo con ella Graham. Haremos el amor!

- ¡No tienes que decirlo! – estaba molesto con la última afirmación de Regina. Celoso – No hagas que me ponga celoso

- ¡Claro que debo! No tienes por qué estarlo, no de Emma

- Regina, que alguien más te toque y yo lo sepa, y no lo pueda evitar… Eso me mata. Acepto a Emma, pero evitemos el tema

- No tienes por qué… He aquí mi punto… Puedes estar presente cuando ocurra – Su gesto neutral parecía que carecía de propósito y de escrúpulos

- ¿Qué? – Graham no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Sus ojos miraban con total extrañeza a Regina

- ¡No me mires así! … No sería la primera vez que lo haces. Nos puedes acompañar, vernos, y participar si gustas. Podemos hacer un trío, como muestra de tu aceptación por Emma. Nadie tiene por qué saberlo.

Graham estaba pasmado. En shock. ¿Quién era esa mujer que podía hacer con él lo que le daba la gana? ¿Quién era para ofrecerle algo así? ¿Y cómo es que lo estaba considerando para no perderla?

En esos segundos de silencio, y miradas interrogantes entre Regina y Graham, sonó el timbre, anunciado a un tercero en escena.