Capítulo XVII
¿Tu Regina?
El sonido de la puerta retumbaba en la cabeza de ambos…
- ¿Qué hago? – Regina estaba paralizada, desnuda en medio de la sala, mientras le susurraba a Graham
- ¡Ve a la cocina! – le susurró
- ¡No! Estas cosas – señaló su panty rota por el deseo de Graham – Espera las voy a recoger, y me voy
- ¡No! Tú no te muevas… No te vas hasta que terminemos de hablar – le hizo un gesto con el dedo índice a manera de advertencia
Se agachó, se puso el sujetador. Tomó su abrigo, sacó las medias panty negras, y se las colocó con una facilidad increíble. Graham la veía, entre molesto y admirado. La amaba. Regina tomó el abrigo y se lo ciñó al cuerpo, se acomodó el cabello. Mientras, Graham se ponía la ropa interior, recogía la falda y la camisa, y se las pasaba a Regina. Se les olvidó la tanga.
Regina se acomodaba la pintura de labios, mientras Graham buscaba a velocidad una camiseta, y regresaba. Sonó por tercera vez la puerta, pese a la velocidad a la que se dieron los preparativos de la pareja.
- ¡Ya va! Ya estoy en la puerta… ¡Paciencia! – mientras le hacía señas a Regina de que retrocediera unos pasos, fuera del campo visual del que tocaba tan inoportuno la puerta
Regina asintió y retrocedió. Graham respiró y abrió la puerta de par en par. Regina a través de la unión de la puerta y el marco, alcanzó a ver ropa de mujer. Sin duda era una mujer. No veía más que su abrigo elegante, medias negras, un bolso Prada y tacones a juego. ¡Mi madre! Pensó.
- ¡Madre! ¿Qué haces aquí? – la cara de Graham era de total confusión, y la de Regina de sorpresa. Mientras él recordaba que Ruby se lo advirtió
- Soy tu madre, y tengo derecho a visitarte cuando quiera Graham. Y ya supe todo hijo… ¿Me vas a dejar aquí parada? – Entró sin advertir a la morera
La mujer era rubia, elegante sin duda, una mujer adinerada. Caminó y se percató de la prenda de Regina, debajo de la mesa
- Yo preocupada por ti, y me encuentro con esto – movió con el pie la pieza, y permaneció volteada, mientras dejaba la cartera en la mesa y se quitaba los guantes
- Mamá – Trató de detener el ataque antes de que Regina escuchara algo que los avergonzara aún más
- ¡Nada Graham! Eres un caballero, y como tal debes comportarte. Sobre todo con esa pobre muchacha Ruby.
- Mamá, ¡por favor! – Graham apretó los dientes
- ¡Graham! – lo interrumpió. Se acercó a la ventana mientras hablaba – la pobre Ruby, qué chica tan mona… Me llamó y me contó lo que te sucedió. Me dijo que vinera a cuidarte, porque ella tenía examen hoy. Mi pobre hijo – volteó, para descubrir que Graham luchaba contra Regina para que no se marchara, a señas.
Los tres quedaron paralizados. La mujer miró con un gesto de disgusto y confusión a Regina, y luego a su hijo.
- ¡Oh! Veo que fui más inoportuna de lo que pensaba… Mil disculpas – Miró a Regina, con aspecto neutral de superioridad – Encantada ¡Amanda Humbert! – extendió la mano para saludar a Regina
- Madre, ella es Regina – hizo un gesto invitándola a acercarse
- Soy Regina Mills, señora, encantada – Regina dejó de aferrarse al abrigo, y le dio la mano a la mujer
- Regina, encantada – Se separó de ella en un gesto netamente educado – ¡Disculpa! ¿Regina? ¿Regina, Regina? ¿Tu Regina? – ahora su tono había cambiado, y era de sorpresa. En su cara había una sonrisa de real felicidad
- ¡Si mamá! ¡Mi Regina! – se sonrió bajando la mirada, apenado con Regina
- ¡La encontraste! Ay Graham, justo ahora… – le dedicaba una mirada maternal a su hijo, y se acercó y lo tomó de la mano – Sepa Regina que mi hijo ha hablado maravillas de usted
- ¡Ah, de verdad! Su hijo es el maravilloso – Regina seguía sonrojada y apenada, pero feliz de que la madre de su "esposo" supiera que ella era "su Regina". Él la amaba como nadie la había amado
- Si mamá… Disculpa que no te llamé. Pensaba hacerlo mañana sábado. Y si, estaba muy mal. Lo que pasó es espantoso – se notó la tristeza en su cara – Pero justo hoy, cuando pensé que moría, Regina me encontró. Ella me buscó… Y pues. Estamos llegando a unos acuerdos importantes
- ¡Qué dicha! Gracias hija – se acercó a Regina y le tomó la mano – te agradezco que lo cuides – luego dirigió la vista a la escena de la sala – Bueno, que lo ames y lo cuides en general, la soltó y bajó la cabeza haciéndose la loca
- Su hijo hace que deje todo por él. ¡Sin duda!
- Traje cena, pero no sabía que estaba acompañado – señaló la bolsa de papel
- No se preocupe… Ya yo me voy – dijo Regina apenada
- ¡No! Tú no te vas – el tono fue cortante, y extrañó a las presentes
- ¡Hay cena para dos¡ Ya llamo a tu hermana para que se devuelva y me busque – le hizo un giño a Regina, y a Graham – No se preocupen. Vine a ver si estaba en buenas manos, y ya veo que si
- Gracias Madre…
- Regina, nuevamente encantada – Le extendió la mano nuevamente – Me dijiste que tu apellido era…
- Mills
- ¿Mills?... ¿A caso eres familia del General Henry Mills? – preguntó la señora, muy interesada
- Si… ¿Por qué? ¿Lo conoce? – le preguntó Regina, tratando de disimular su extrañeza
- ¿Qué si lo conozco? Sirvió en la guerra con el padre de Graham, el difunto George. Teniente. Falleció hace muchos años. Salvó a tu padre durante una ráfaga ¡Vaya Sorpresa!. ¿Nunca te lo ha contado?
- ¡No! La verdad es que no. Es un hombre de pocas palabras – miró apenada por desconocer toda esa historia. Triste de pensar lo que permanecía oculto. Esto podría acercarla totalmente a Graham, o alejarla. Ahora le preguntaría todo a su madre.
- Pues si… ¿Y tu madre? ¿Cómo está Cora? A ella le gustaba invitarme a tomar el té. Luego nos mudamos, y entre una cosa y otra, perdimos el contacto… – Observó a su hijo ansioso – Bueno. Ya tu hermana viene de regreso. Disfruten la cena. Otro día hablamos cariño. ¡Saludos a tus padres! – se dirigió a Regina – Ya no los molesto más
- ¡Con gusto! – disimuló tratando de omitir todo sobre su madre
- ¡Te acompaño!
- ¡No! … No quiero que Regina se te escape – dijo mientras se colocaba nuevamente los guantes y agarraba sus cosas, y parecía divertida con el comentario – Sean discretos – señaló nuevamente la panty con la mirada. Se acercó de nuevo a su hijo, lo besó en la frente, y le susurró algo que Regina alcanzó a escuchar – Habla con Ruby, y sé honesto como tu padre. ¡Adiós niños!
La mujer salió con la misma que entró. Graham y Regina se miraron atónitos. Luego soltaron una carcajada cómplice. Rieron. ¡Cuál debió ser la probabilidad de esa visita! La madre de Graham poco venía, y menos sin anunciarse. Tal vez lo llamó al estar dormido.
Una vez que drenaron la vergüenza, Regina se sentó como autómata en la silla, recordando lo que se le avecinaba. Graham había cambiado su expresión, y se sentó nuevamente frente a ella, con un vaso con agua que le ofreció
- ¿Quieres algo más de beber? – Señaló la cocina, y el mini bar que tenía Graham en la sala
- ¡Whisky¡ Si tienes por favor – Le digo asintiendo con la cabeza, mirándolo como cachorro, desde abajo
- ¿Si tengo? ¿Viste a mi mamá? Ja, ja, ja… No soy pobre, precisamente, soy independiente, y quise ser oficial. Espero que mi papá hubiese estado orgulloso de mí – se nubló su mirada. Estaba triste – por eso tengo que decirte esto – se dirigió al bar, y le sirvió el trago. Lo dejó en su mano, y retomó su puesto
- ¡Graham yo! – lo interrumpió, pero él no lo permitía
- ¡No Regina, ahora me vas a escuchar a mí! Tú hablaste, colocaste tus cartas sobre la mesa
- Graham, déjame explicarte
- ¿Explicarme qué? Fuiste muy clara. Amas a Emma. Puedo entender que se quieran, lo que no puedo entender es cómo sigues con una relación de pareja que no existe, que te hace sufrir… No te mereces ser un "extra" en la vida de nadie… eres la actriz principal de este amor que siento por ti. Sí, soy cursi. Ya viste cómo me criaron, para respetar a las mujeres – la miraba con decisión y firmeza. Se le hacía difícil ser duro con esos ojos como pozos profundos, que se perdían en su corazón
- Graham… Te entiendo, perfectamente. Déjame que te cuente el por qué
- ¿El por qué amas tanto a Emma? Ya no sé quiero saberlo… Estoy dispuesto a todo por ti. He considerado todo lo que me dijiste
- ¿Cómo? – Regina estaba descompuesta ¿Qué le iba a decir Graham? No podía creer que Emma ganara
- ¡Sí! Como lo escuchas. Yo estoy dispuesto a todo por ti – se paró y se dirigió a ella, apoyó los brazos en el mueble donde Regina estaba sentada, y se acercó a centímetros de su rostro – Yo estoy dispuesto a muchas cosas, con tal de que estés a mi lado
- Graham, no… ¡Yo! – había comenzado a llorar. Trató de girar su rostro para no mirarlo, pero él se lo impidió
- ¿Qué pasa? ¿No es lo que querías? – la miraba irónico
- ¡No! – lloró con mayor intensidad
- ¡Pues si! Pero todo tiene su límite Regina, ¡todo! ¿Cómo te habrías sentido si yo te digo que voy a seguir con Ruby, pero que no te preocupes, que podemos hacer un trío?
- ¿Cómo? – supuso que él pensaría que estaba molesta por la pregunta, pero estaba extrañada, porque ya no entendía qué le decía Graham
- Que no tengo problemas Regina, que puedes seguir con Emma. Ella es tu familia, y al fin y al cabo, yo aún no soy nada
- ¡No digas eso! – La estaba hiriendo con sus palabras, pero sabía que lo tenía merecido, que debía callar. Lloró más
- Yo acepto todo… De verdad que sí, pero no pienses que puedo participar en tu relación con Emma – notó que la mujer se había quedado paralizada, mirándolo; tratando de calmar su llanto – Puedo entender que tengas tu "relación con Emma" – hizo comillas en el aire – pero no quiero saber detalles, ni como, ni cuando… Sólo déjame luchar por ti, por amarte. Pero coño, no me vuelvas a proponer algo así, o me iré de ti, para siempre.
Regina había escuchado lo que estaba esperando. Pero antes pagó el precio de su insensatez. Estaba asustada en la posibilidad de perder a Graham. Se dio cuenta, más que nunca, que nada valía perder a Graham. Él era un caballero, todo lo que estaba esperando.
- Graham – trató de calmarse. Escúchame. Nunca te propondré algo así nuevamente – dudaba en admitir su error, por temor a retroceder en su acercamiento
- Perfecto… en cuanto a Ruby…
- ¡La preferida de tu madre! – dijo en tono irónico, dolida – Entiendo que ella ha estado en tu vida…
- Apenas mi madre si la conoce. La llevé al cumpleaños de mi sobrina, porque nos agarró la noche en… Bueno, no tiene caso decírtelo
- Si, en la cama… Tal vez donde acabamos de hacer el amor – ¿Qué descaro? Una mujer que tiene una doble vida, reclamándole a su perfecto caballero – ¡Perdón!
- ¡Celosa hermosa! La forma en que se pone tu nariz cuando estás molesta, lanzando tus indirectas, es adorable – empezó a hacer más dulce y meloso su tono
- ¡Tonto! – reía apenada
- ¡Tu tonto! – se acercó nuevamente – Necesito que me aceptes y me escojas a mí. Eso deseo… Tenerte para mí. Lo de Ruby se acabó, y lo hablaré con ella sin mencionarte. No creo que le afecte para nada. Hoy no tenía examen, por ejemplo, está en otros menesteres.
- ¿Si? – levantó una ceja – Lo creeré en lo que vea que ni se te acerca en la oficina para pedirte grapas, ¡No sé!
- Jajajaja… – la miró divertido – ¡Te amo esposa!
- Si… – Bajó la mirada y sonrió caprichosa de medio lado – ¿Qué esperamos? – lo miró amorosa, buscando en él todos los detalles que adoraba de su rostro, deleitándose en sus ojos color miel
- ¡No sé! ¿Qué esperamos para comer? ¿Ducharnos?...
- ¡No! – Se levantó, haciendo que él retrocediera, acorralándolo contra la pared
- ¿Entonces? – La miraba con perversión, con pasión, dejándose hacer
- ¿Qué esperas para romper también mis medias negras? Total, tengo más en el carro – alzó la ceja, lo miró con perversión y lo besó apasionadamente.
- ¡Regina! … No te da miedo que te deje aquí sin ropa… Así no te irás nunca.
Graham, tomó el sexo de Regina entre sus manos. Retiró delicadamente la media de la zona, y la rompió con sus manos, dejando libre únicamente esa parte.
- Saldré desnuda, a ver si eso te gusta… ¿Qué esperamos? – estaba excitada por lo que acababa de hacer Graham
- Ni se te ocurra salir así… ¿Para qué?
- Graham… – suspiró excitada – ¿Verdad o penitencia?
Se notaba que estaban tan desesperados por amarse, como lo estaban hacía unas horas. Nada los detendría. Regina soltó su abrigo en el suelo, y besó a Graham con pasión.
- ¡Verdad, Regina! Te voy a comer toda, sin contemplaciones – la miró con deseo intenso, mientras ella bajaba, desvistiéndolo a prisas – ¿Verdad o penitencia Regina?
Una idea sobresaltó su corazón. ¿Cómo le diría a Graham que en tres meses era su boda con Jefferson? Le estaba mintiendo. Si la descubría…
Esta vez, escogería penitencia únicamente, quedando a merced de los caprichos de su amado. Amar a Graham la hacía olvidarse de todo.
