Capítulo XXI

El precio

Cuando despertó, eran las cinco de la mañana. Regina no estaba, y unos segundos después recordó por qué. Varias mañas posteriores a la partida en Aruba, le pasó lo mismo. Iba hasta el baño a buscarla, o a la sala contigua, en vano, porque ya no estaba, pero deseando encontrarla. Esa mujer se le había metido en los huesos.

No lo podía evitar. Quería salir corriendo, buscarla, amarla… ¿Pero dónde? Ella lo había ubicado, pero él no conocía nada de su historia. No tenía su número de teléfono celular.

Ensayaba qué decirle: "Regina, no me importa nada… si tenemos que huir"… Patético, simplemente patético. Él era un hombre, y tenía que comportarse como tal. Su orgullo estaba en juego, y después de lo de Emma, más. Si ella volvía con él, estaba dispuesto a enfrentar todo de la mano; pero antes ella debía resolver su situación con Emma, y con el fulano Jefferson. La quería sólo para él, ya le había quedado muy claro.

¡Se iba a casar, y en tres meses! ¿Por qué no se lo dijo antes? ¿Y lo que pasó con Emma? Algo así no debería pasar nunca más.

¿Qué le estaba pasando? Él no había sido un Santo con Ruby, específicamente… Pero nunca se pudo comprometer afectivamente, al punto de decidir tener un noviazgo y de casarse. No después de Regina. Luchaba secretamente con sus ganas de buscarla, día a día, de respetar su acuerdo. Deseaba que la vida los pusiera frente a frente. Ahí estaba él, frente a Regina, a punto de casarse.

Si era tan feliz… ¿Por qué lo buscó? Pudo haberse quedado en el hecho de que era la nueva Fiscal, cuyo caso asignado era el de Elsa. Dejar que alguien la poseyera, aparte de él… Esa idea lo volvía loco. Es como si ella se hubiese entregado a otro en cuerpo y alma, a tal punto de comprometerse. Por otro lado… ¿Qué sabía él de Regina antes de Aruba? ¿Tal vez también lo había engañado entonces? No sólo estaba con Emma, si no con el cretino ese de Jefferson, antes de ese viaje. ¿Cómo saberlo?.

- ¡Me niego! ¡No me pudo haber engañado todo este tiempo! Lo sentí, sentí que se volvía ella misma en mis brazos, la sentí llenarse de dicha… ¿Por qué no me lo dijo? – golpeó la mesita de noche.

Llevaba un par de horas despierto, cuando terminó de darse una ducha, se vistió, y se sentó en la cama. Tomó su agenda, la abrió y anotó un par de cosas. Sacó las fotos, y las observó. Se detuvo en la foto donde sólo aparecía Elsa.

- ¡Qué distinto sería todo si no me hubieses abandonado! – Acarició la foto de la mujer, y se sintió nuevamente abrumado por su trágica muerte – ¡Algo haré al respecto! – se dijo. Tomó sus cosas, y se dirigió a la cafetería para desayunar.

Mientras esperaba su desayuno americano, Graham observaba detenidamente la foto de Elsa, y tomaba café.

- Cinco de Agosto. ¡Maldita fecha! – Todo le quedó muy claro. Casi se ahoga al percatarse.

Esa era la fecha en la que Graham y la rubia celebraban su aniversario. Nunca tomaron en cuenta su primer encuentro, por lo triste de las circunstancias, sino el día en que estuvieron juntos por primera vez. Todo había sido idea de Elsa, y tras esa cita, cada cinco de Agosto, celebraban un año más.

Se había formado un nudo en su garganta. No podía respirar fácilmente.

De repente, dos manos de mujer, delicadas, taparon sus ojos. Sintió su cercanía de espaldas. Regina había llegado para salvarlo de nuevo.

- Sabía que ibas a volver… ¡Perdóname! – dijo Graham en su momento de debilidad, mientras tomaba las manos de la mujer y las retiraba de sus ojos.

- ¿Sí? ¿Y cómo lo sabías? – La hermosa mujer se plantó frente a él, lo besó en la mejilla, y se sentó, haciéndole señas a la camarera de que la atendiera – Sabía que estarías aquí… Pero… ¿Cómo sabías que vendría hoy? Y si, te perdono por no responder mis mensajes.

Ruby lo había buscado en su apartamento. Al no encontrarlo, supuso que estaría en la cafetería, y al tener igual que desayunar, pensó daba lo mismo acercase, por si o por no. Él estaba contrariado, y con cara desencajada.

- ¡Vaya, que te ves mal! – Le acarició con su mano la mejilla – ¿Vino tu madre la otra noche? Disculpa, pero tenía que avisarle. Espero no estés molesto. Ayer no sabía si ella seguía aquí, así que decidí acercarme hoy – Se percató del mutismo de Graham, y de las fotografías de Elsa – ¡Graham! No te tortures así… A ver… – las empezó a recoger y las guardó en la agenda de Graham – Buen día. Quiero un desayuno americano, y café con leche por favor – le dijo a la camarera, con una gran sonrisa

- Nos trae los dos desayunos juntos, por favor… – Consiguió balbucear Graham, antes de que la mujer se retirara

- ¡Mi caballero favorito! – Otra gran sonrisa para Graham – ¡No te tortures así Graham! – lo miró con cara de lástima

- No es eso Ruby… Pienso en ella, claro está, pero más en el caso, en lo que pasó… Cosas de las que me estoy dando cuenta a medida que las horas pasan. Me queda claro que es en lo que debo concentrarme ahora. En Elsa y nada más. ¡Debe hacerse justicia! – hablaba algo exasperado

- A ver Graham… Tienes dos semanas de suspensión por recuperación. Debes ir a terapia con el tal Archie de AI, y de paso ni Gold, y la bruja esa de la Mills te quieren en el caso. Lo mejor que puedes hacer es no entrometerte y cooperar. Más si quieres la ayuda de David, para así estar al tanto de la investigación. Aungust está dispuesto. ¡Así que cálmate!

- ¡Tienes razón Ruby! – bajó la mirada. Era cierto, la chica estaba muy clara – La fecha de la muerte…

- ¿Qué pasa con eso? – le dijo, intrigada

- Es nuestra fecha de Aniversario. La encontré… la ubiqué en la escena del crimen el cinco de Agosto.

La chica abrió los grandes ojos verdes como dos platos. Sin duda también le había crispado la confesión de Graham.

- ¡Vaya mierda Graham! ¡Por Dios! – Le colocó una mano en el hombro

- Quisiera hacerle llegar esta información a… a David – pensaba en Regina

- Pues escríbele o llámalo Graham. O si gustas se lo comento mañana…

- Si, puede ser. Mejor lo llamo yo, mañana… No quiero echarle a perder el día también. ¡Discúlpame Ruby!

- ¡Por favor Graham! – sintió pena al verlo abatido – A ver, dime que otra cosas has pensado – quiso distraerlo, tratando el caso que le estallaba en la cabeza, como algo meramente policiaco

- Unos meses antes, había dejado la escuela de enfermería. Me había dicho que se había reencontrado con ella misma, que iba a retomar el Arte. Yo, honestamente, sólo quería que hiciera algo que la mantuviese contenta. Feliz. Pero yo estaba tan metido en el trabajo… – bajó la mirada. Ya no le pareció tan buena idea hablar de eso – ¡Mejor te hago caso!

- ¡Claro! – Ayudaba a recibir los desayunos – ¡Buen apetito! Comamos y luego vemos…

- ¿Puedes quedarte hoy?

- ¿Cómo? – la pregunta de Graham la tomó por sorpresa. Ella no era precisamente de quedarse a dormir en casa de sus amantes… Pero, aparte, Graham no era de insinuar tal cosa – Pues si… ¿Si no te molesta a ti?

- No… No me malinterpretes. No quiero estar solo. Pero si acompañarme te hace sentir incómoda de alguna manera, pues no he dicho nada… ¿Está claro? – le dijo, con seriedad y delicadeza

- ¡No me molesta acompañarte! – Le brindó otra gran sonrisa – ¿Y sabes qué? ¿Qué tal si caminamos por el parque un rato, nos sentamos, y hablamos mal de los de la oficina?

- Jajaja, no cambias… Me parece un buen plan. ¡Buen apetito Ruby!

- ¡Igualmente!

Su día iba mejorando, y esperaba que siguiera así. Que la chica lo ayudara a distraerse, para no pensar en el remolido de ideas que se agolpaban en su mente, luchando por salir.

Cuando iba camino al apartamento, se desvió hacia donde vivía Graham. Necesitaba verlo, hablar con él. Regina, simplemente no podía perderlo. No le importaba humillarse. Arrastrarse por el piso. Él era todo lo que ella necesitaba para vivir.

Después de tanto tiempo sin estar con alguien, sentir a Graham nuevamente, había avivado su modo salvaje, su ser pasional al extremo. Pero además, su parte más humana… Su necesidad de hacerlo y ser feliz.

Se paró cerca del local de comida China. Cruzó la calle corriendo, con sus tacones perfectos. Subió, llamó a la puerta. Para su sorpresa no respondió.

- ¿Dónde estará? – Se preocupó de que algo malo le hubiese pasado. Algo peor que ella misma – ¡Soy lo peor que le puede pasar a ese hombre! – lo dijo para sí, con profunda pesadumbre.

Cuando bajó, cruzó la calle, se montó en el carro, y se dispuso en camino a su apartamento nuevamente. Cuando iba pasando, notó a una pareja, abrigada, que iba caminando del brazo. El corazón le dio un vuelco cuando comprobó de quiénes se trataban. Graham, su Graham, y la "señorita" Ruby… Del brazo muy tranquilos. Bajó la velocidad, pero trató de no ser vista. Él estaba pensativo, pero le prestaba atención a la chica, y ella reía divertida a su lado, contándole quién sabe qué.

- ¿Qué…? – Respiró profundo por la ira y los celos que sentía, que rápidamente le dieron cabida a una profunda tristeza – ¡Él está bien! ¡Eso es lo que realmente me importa!

Aceleró, y buscó el camino más corto hacia su Penthouse.

A Graham le pareció ver el carro de Regina alejarse a toda velocidad… ¿Pero cómo era posible? No, tal vez estaba alucinando… Todo eso le dio la sensación, de que tal vez no era tan buena idea invitar a Ruby a quedarse, pero ya lo había decidido. Él se lo había propuesto, y le pareció poco apropiado echarse para atrás a esas alturas.

Llegó a último piso. Trató de abrir con precaución, para no ser escuchada, pero ya Jefferson estaba despierto, en la sala, donde por su aspecto supuso que había dormido, y que recibía de mano de la Señorita Green un café.

Había objetos en el piso. Un jarrón roto, al igual que un vaso, que muy posiblemente se estrelló contra el espejo hecho trizas.

- ¡Al fin te dignas a llegar!… ¡La Reina! – le dijo el hombre con tono impaciente

- ¡Retírate Green!

- Ella ya sabe que eres una Reina… ¿Cuál es la prisa? Su tono irónico retaba a Regina

- ¡Luces fatal Jefferson! – Le colocó su mejor cara de desprecio, e imitó su tono – Te diría que te ves bien, o que me alegra verte en ese estado… Pero estaría mintiendo…

- Si… Claro… Y tú no estás acostumbrada a mentir

- ¿Qué quieres de mi Jefferson? – soltó las cosas en el mueble más cercano – ¿Quieres pelear? Bien, vamos a pelear – abrió los brazos provocándolo – Pero te digo algo, no vas a ganar… ¡No esta vez!

- ¡jajajaja! – se ría enajenado, fuera de sí – ¿De verdad crees que tienes control sobre tu vida? – Se paró rápidamente y se comenzó a acercar a ella – ¡No seas idiota… Aparte de Puta!

- Jefferson… Jefferson. No te voy a permitir que me hables así – lo amenazó

- Perdón… Mi Reina – siguió acercándose, sarcástico, burlándose – Su alteza magnífica… ¿Qué quiero de ti? El precio… El precio que tienes que pagar – La miró de arriaba abajo

- ¡Si crees que voy a permitir que abuses de mi nuevamente, estás equivocado! – lo miró con asco y desprecio – ¡Antes te mato, y pico tu cuerpo en pedazos!

- ¿Si?... ¿De verdad?… ¿Te crees todas esas cosas de que eres "La Fiscal", la importante? Sólo seguía órdenes de tu madre… ¡Entérate! – le dijo con desprecio

- ¡Maldito Jefferson! ¿Qué demonios haces aquí? – Gritó con desesperación e impootencia

- Un mensaje… – hizo como que se volteaba, pero rápidamente la abofeteó, con todo el peso de su cuerpo. La tomó del piso, la llevó contra la pared, golpeándola, y la levantó por el cuello – ¡Si piensas que voy a ser tu hazme reír, estás equivocada! – la soltó de golpe

- ¡Green! – Dijo con dificultad para respirar, tosiendo

- ¡Cállate! – la pegó una patada

Regina se revolcó del dolor en el piso. Trató de arrastrarse hasta su cartera, para sacar algo que le permitiera defenderse.

- ¿Crees que alguien va en contra de tu Madre, para ponerse de tu lado? – La golpeó nuevamente – ¿Crees que voy a recibir castigo, siendo que ella me envió a castigarte? – otro golpe más

- Jefferson… ¡Por favor! Puedo… puedo ayudarte… Yo – otra patada la hizo callar

- El mensaje es claro… O dejas de frecuentar a ese cretino nuevo, y permites que todo se dé como está estipulado, y cómo tú te los buscaste, libertina… O este cariñito lo va a recibir tu amada Emma, con todo y sus cinco meses… No importa que sea una princesita… No volverás a ver a Henry, así como yo no he vuelto a ver a mi hija – Nuevamente la levantó por el cuello, con furia. La besó – No voy a permitir que este matrimonio no sé dé… Volver a ver a mi hija depende de ello. Y si no quieres ver muerto al fulano aquél… – le acarició el cabello mientras ella no podía respirar

- ¡N… No! – le costaba hablar y respirar. Sintió más el dolor al caer contra el suelo nuevamente

- ¿Me expliqué "Mi Reina"? – Le dio una patada final – Nos casaremos y seremos felices… – Se acercó a la chimenea, sacó un atizador – Porque si no…

- ¡Yo te puedo ayudar! – le dijo torpemente, tratando de restablecerse – No hay razón para que ella se entere… Además, creo que encontré la solución – estaba aterrada de lo que le esperaba en la noche

- ¡Sí, me vas a ayudar! A casarte conmigo… Tendremos a mi hija, y seremos felices. ¡Y punto! – Se acercó a ella con la barra de hierro – ¿Cuánto más castigo crees que puedas recibir?...

De repente, el sonido de un jarrón haciéndose añicos hizo desplomar a Jefferson sobre el suelo. Campanita le había propinado un golpe contundente, para que no siguiera castigando a Regina.

- ¡Lo maté! – se llevó las manos a la boca, mientras lloraba – ¡Lo siento Regina!… Ya no podía permitirlo… Me amenazó tu madre, pero yo…

- ¡Tranquila! – se arrastró hacia Jefferson y se percató de que seguía con vida – ¡Desafortunadamente para mí, no lo mataste! – dijo en tono serio, con la dificultad que le había dejado la violencia recibida.

Se levantó con necesidad, mientras la rubia corría en su ayuda. Como pudo se sentó, y buscó en su cartera una tarjeta negra, con letras plateadas.

- Llama a este número, por favor. Y escucha con atención lo que vas a decir...

Luego de que ambas se alinearon con la información, se paró y se dirigió, con una pierna medio arrastras y un brazo inmovilizado, a la entrada del apartamento, con las llaves en mano. Jefferson seguía inconsciente en el piso. Le dirigió una mirada de asco y desprecio.

- ¿A dónde vas mujer? – Le dijo la Señorita Green sorprendida

- ¿No acabamos de establecer una coartada?

- Si claro, pero por lo menos déjame acompañarte…

- ¡No! No quiero que despierte y esté sólo… Malas ideas se le viene a la mente – La miró fijamente – A ti, él no te va a hacer nada… Especialmente si repites lo que te dije. Además, no tardan en llegar.

Bajó, rogando no ser vista por algún vecino. Se montó en el carro, como pudo. Una vez allí, lo encendió… No sabía adónde ir… Tenía claro un solo lugar… Henry venía a su cabeza. Empezó a llorar descontroladamente. Arrancó.

Una hora casi había transcurrido, cuando se encontró frente a la puerta, y tocó casi ya sin energías. Estaba sangrando por la cabeza, el brazo le dolía demasiado como para seguir resintiéndolo, y ni hablar del cuerpo. Cayó en el suelo de rodillas. Cuando se abrió la puerta, su única reacción fue mirar hacia arriba

- ¡Hen… Henry! – miró fijamente al hombre que, en cuestión de segundos reaccionó – ¡A-yú-da-me Gra-ham! – le costó decir esa última frase.

Graham la levantó del suelo, y la tomó fuertemente entre sus brazos. Ella ya no supo más de sí… Él notó que se desvanecía, y se sintió morir.