Capítulo XXII

Perdida

Después de almorzar en el parque, sentados en la grama charlando, decidieron regresar a la casa de Graham, con la idea de ver una película.

Ruby, escogió ver una comedia romántica, y Graham aceptó, porque no le apetecía observar nada más profundo. Recordó aquella oportunidad en que veía, con la misma chica, una película de suspenso, y ésta daba brincos y gritos cada tanto. Con Regina no pasaba eso sino todo lo contrario.

Una de sus apasionadas noches en Aruba, después de un día de parapente y snorkel, decidieron ver una película de suspenso, que estaba relativamente nueva, y que pasaban en un canal Premium. Regina no se inmutó. Se veía que disfrutaba de cada detalle, lo analizaba, y hacía comentarios vagos, pero muy inteligentes. Ahora estaba claro el por qué… por su profesión.

Se dirigió a la cocina a hacer palomitas de maíz, mientras la joven colocaba el CD y dejaba todo a punto. Se había puesto cómoda, con unos shorts de Graham, y una franela de algodón blanca. Sus prominentes senos se dejaban adivinar tras ese atuendo. Graham, se mantenía en jeans y sudadera, pues no quería que Ruby se animara a "otra cosa" que no fuese el tipo de compañía que él necesitaba.

Escucharon dos golpes secos en la puerta. Graham se asomó a la sala y vio a Ruby

- ¿Esperas visita? – Le dijo la chica, colocándose su abrigo como acto reflejo

- ¡No que yo sepa!

De inmediato, Graham se dirigió a la puerta, y cuando se disponía a abrir, escuchó que algo caía.

Al abrir la puerta, Regina se deshizo en la entrada, a sus pies. Estaba llena de sangre, malherida. La tomó en sus brazos y ella, al verlo y pronunciar su nombre, se dejó caer. El corazón de Graham se detuvo al ver que Regina respiraba con dificultad, y quedaba inconsciente.

- ¡Regina! Mi Amor… ¿Qué te pasó? ¡Despierta! ¡Por favor no me abandones! ¡Quédate conmigo! ¡Regina! – él daba palmadas suaves sobre el rostro de Regina, la movía entre sus brazos, pero ella no respondía

- ¡Pero si es…! – Ruby se acercó alarmada instantáneamente por la escena – Es Regina Mills

- ¡Si! ¡Ruby, ayúdame…! Las llaves de mi auto… ¡Ya! – Estaba apresurado por sacar a su mujer de ese lugar y llevarla al hospital más cercano. No tenía tiempo de explicaciones

- ¡Si! Pero…

- ¡Vamos Ruby! ¡No me hagas preguntas que ahora no te puedo responder, y sólo ayúdame a sacarla de aquí! – levantó la voz, en tono desesperado

- ¡Claro! – La chica seguía en shock, pero respondió a la urgencia de Graham

Cuando hablaba con la chica, Regina volvió en sí, y entre abrió los ojos. La vio, luego vio a Graham

- ¡Mi amor! ¡Soy yo!… estás conmigo… Ya te voy a sacar de aquí… Se fuerte Regina, no me dejes esposa, no me dejes… ¡Mírame Regina, mírame! – trataba de mantener su vista fija en él – ¡Quédate conmigo!

- ¡Te… Te A-mo! – susurró Regina, arrastrando las palabras y tratando de acariciar a Graham en el rostro, con el brazo que no le dolía tanto – ¡Yo…!

- Shhhhi, no hables… Respira Regina – No pudo evitar llorar al ver que ella hacía lo mismo

Ruby llegó con las llaves, la chaqueta y las cosas de Graham, y se había puesto su Jean a velocidad.

- ¡Listo, vamos a llevarla! – Dijo la chica ansiosa por ayudar

Graham la levantó en sus brazos.

- Resiste… Sé que hay dolor… Esposa… ¡Quédate conmigo! – la besó en la frente

Regina tosía sangre, evidencia de algún daño interno. No podía mantener los ojos abiertos. De repente dejó de respirar, definitivamente.

- ¡Regina! – Gritó desesperado. Se detuvo al salir del ascensor, y la colocó en el piso del pasillo

La tomó por el rostro, sintió con sus manos dónde debía hacer la presión. Abrió su boca, y trató de brindarle el aire que le faltaba. Con su mano izquierda sobre la derecha, al ritmo requerido, aplicaba presión sobre su pecho para reanimarla. Más aire. Repitió la operación doce veces.

- ¡Graham! ¡Detente! – Ruby trataba de sosegarlo – ¡Ya se fue!

- ¡No! – Gritó fuera de si - ¡Vamos Regina! 1,2,3,4,5… – repitió la operación por décima tercera vez - ¡Regina me lo prometiste! – Gritó nuevamente, después de brindarle oxígeno

- ¡Graham! – Ruby comenzó a llorar. Sintió pena por Graham y Regina, aún sin saber la historia oculta

- ¡Esposa! – La décima quinta vez que lo intentaba, se dio por vencido y se fue en llanto

La mujer no respiraba. Regina estaba inmóvil en el suelo, perfectamente hermosa, aún llena de sangre. Graham inclinaba su cabeza sobre ella, devastado. Se acercó a sus labios, y le dio un tierno beso

- Esposa – murmuró en medio del llanto

De repente, después de unos segundos, Regina recobró el aliento, y la sangre salió de su garganta a presión; para quedar inconsciente nuevamente.

- ¡Dios! – dijo la joven, abrumada por la reacción repentina de la morena, que daban por muerta

- ¡Regina! – Graham la tomó nuevamente en sus brazos – ¡No me dejes mi amor! – lloraba desesperado – ¡Vamos Rubí! No hay tiempo…

Graham se sentó en la parte de atrás, y mantenía a Regina en sus brazos, de lado, para no que no se ahogase nuevamente. No sabía qué tenía, o cómo tratarla para no empeorar su condición. Lo único que sabía era que debían llegar lo antes posible al hospital.

Ruby, que usualmente manejaba como poseía por el demonio, esta vez llegó lo más rápido posible al hospital, sin mayores incidentes. Pararon en seco a la puerta de emergencias.

- ¿Qué le ocurrió? – Preguntó el médico residentes, que los recibió, mientras montaban a Regina en la camilla y la examinaban

- ¡Yo… No, no lo sé! – Dijo Graham abrumado y confundido. Miró a Ruby.

- Nos encontramos con ella Doctor – Dijo la chica, abriendo los ojos como dos platos, mientras fulminada a Graham

- Es decir, la reconocimos, la encontramos en la calle por de donde vivo, bajándose de su vehículo, así malherida – Le explicó Graham, mientras la ingresaban al área de emergencias a un cubículo, y otro doctor la atendía.

- ¿Saben quién es?

- Sí. Regina Mills

- ¿Tienen sus documentos?

- Creo que su cartera está en el carro. Ya la busco – dijo Ruby, y se dispuso a traerla.

- Bien, entreguen sus efectos a la enfermera – señaló hacia el puesto de enfermeras – ¿No son familiares?

- No, trabajamos Juntos – Respondió Graham

- ¿Tiene alguna relación con la paciente?

- ¡No! – Dudó unos minutos, y contuvo su respuesta "Si, es mi esposa"

El doctor de emergencias, reparó en Graham.

- Usted es policía ¿cierto?... porque lo he visto antes por aquí…

- Sí. Detective Humbert, de homicidios – Le dijo, y estrechó su mano, sin prestarle atención, tratando de ver qué le hacían a Regina. Vio cómo la entubaban – ¿Puedo pasar? – se sentía terriblemente impotente y preocupado, pero tenía que disimular

- Me temo que por los momentos no Detective. ¿La paciente cometió algún delito? – dijo, cerrando la cortina de la sala donde se encontraba Regina, invitándolo a caminar en sentido opuesto

- No… presumo que fue víctima de asalto – Acompañaba al doctor, sintiéndose más ansioso a medida que se alejaba de Regina

- ¿Sabe cuál es su contacto de emergencia? ¿Si es alérgica a algo?

- ¡No!– movió la cabeza negando. Había cosas que no debía decir y cosas que le hubiese gustado saber

- Igual, es menester dar parte a la policía, aunque usted esté aquí

- Si, entiendo.

- ¿Algo relevante sobre la condición de la paciente desde que la encontraron?

- Como le dije doctor, se desmayó a unos metros de nosotros, le practiqué RCP, porque dejó de respirar

- ¿Por cuánto tiempo?

- ¡No sabría decirle! ¡Fue todo tan rápido! – Trató de disimular, pero intuyó que no lo estaba haciendo del todo bien – Es que es una compañera de trabajo muy querida, y encontrarla así, de repente... Tosió mucha sangre. Noté que respiraba con dificultad. Nada más – caminaban lejos de la zona de emergencia

- Ok. Tranquilo. Puede esperarme detrás de aquellas puertas por favor – le señaló la salida al área de espera

- ¿Podría mantenerme informado? – le pidió casi suplicando al doctor

- ¡Si, claro! – Este asintió, dándose cuenta de la necesidad de Graham

Ruby se encontró con él del otro lado. Había estacionado el carro, y llegaba con el bolso de Regina. Lo miró con pesar, y se colocó a su lado, casi sin hacer ruido. Graham estaba sentado, con sus codos sobre sus piernas, y sus manos sosteniendo su cabeza. Se vía abatido.

- Graham – La chica le habló suavemente, y aclaró la garganta – Lo lamento… – Fue lo único apropiado, que se le ocurrió decir

- ¡Pensé que la perdía Ruby! – le dijo, permaneciendo en la misma posición, mientras unas lágrimas caían sobre sus jean – ¡La di por Perdida! – Se volteó y miró a la joven directo a los ojos, con una profunda tristeza

- ¡Yo también! – dijo sin querer, mientras lo abrazaba – ¡Vaya que es una mujer fuerte! No se va a dejar ¡ya verás!

Se separaron y la miró a los ojos, agradecido por su apoyo, por su discreción y su amistad. Volvió a llevarse las manos a la cabeza, y la recostó de la pared.

- ¿Supongo que te debo una explicación? – le dijo Graham, tratando de respirar y calmarse, en medida de lo posible

- Pues… No tienes por qué… Pero en vista de los acontecimientos… – Trataba de bromear con él, para no hacerlo tan pensado – Imposible no preguntar ¿qué demonios sucede?

- No está demás decirte que nadie, nadie Ruby, nadie en la oficina puede saber que conozco a Regina Mills. Nadie – la miró a los ojos, y le habló con tono insistente y decisivo

- Ok… Entiendo – Lo miró con paciencia – ¿Es por el caso de Elsa?... Pero no… la llamaste "mi amor"… ¿Desde cuándo? ¡No entiendo! – la chica se veía contrariada y ofuscada

- ¡Espera!… Una cosa a la vez ¿Si? – la tomó de las manos – Ella no quiere que sepan de nuestra relación, por los momentos… Tanto por el trabajo, como por el caso de Elsa, en el que estoy involucrado afectivamente. Si se sabe, ella saldría del mismo, y no podría tener acceso de ninguna forma a otro tipo de información… ¿Me explico?

- ¡Claro Graham! Si eso lo entiendo perfectamente… ¿Pero de cuándo acá tienes una "relación" con La… con Regina? – la cara la delató, antes de pronunciar "La Reina Malvada" – ¡Disculpa Graham! – se ruborizó, y bajó la mirada

- ¡Pierde cuidado! – le colocó la mano en el hombro – ¿Recuerdas que te conté que me enamoré como un idiota de una desconocida en Aruba? ¿Durante las vacaciones de primavera hace poco más de dos años?

- ¡Si!, lo recuerdo… ¡No! – tardó unos segundos en reaccionar, y llevarse la mano a la boca para ahogar el grito

- Es ella Ruby, es la desconocida de Aruba… A la que nunca pensé que volvería a ver – Bajó la mirada, y volvió a recostar la cabeza contra la pared

- ¡Vaya Graham! ¿No sé qué decirte? – la chica no salía del asombro

- ¡Que estoy maldito! – dijo con desgano y melancolía – Pero tranquila, tú no me amas, estás a salvo

- ¡Uy! No digas eso… ¡Cretino! – apretó las palabras y le dio un puño sostenido en el brazo – ¿Cuándo te diste cuenta que era ella?

- El día después de lo de Elsa…

- Hace un par de días nada más… ¿Pero se habían visto?

- ¡Si! – la miró con algo de vergüenza – Ella me trató como si nunca me hubiese visto, e hizo que Gold me corriera de la oficina. Esa misma noche se apareció en mi puerta. Me buscó

- ¡Claro! – la chica estaba absorta, y adoptó la misma posición que Graham – ¡Vaya que la vida se las trae! ¿Y… por qué no estaba contigo? – sin despegar la cabeza de la pared, se giró para mirarlo, con tono de curiosidad y extrañeza

- ¡Porque soy un cretino!

- Ummm… – Volvió a mirar el infinito – Eso tiene mucho sentido, y no es una novedad… Y… ¿Qué crees que le pasó?

- No lo sé… – dijo – ¡Sospecho que el Maldito fulano Jefferson! – murmuró con ira e impotencia, apretando los puños

- ¿Qué?

- ¡Nada, nada!

- Ok, ok, entiendo… – la chica se incorporó enseguida – ¡Aquí están sus cosas!

Le mostró a Graham un fino bolso negro, algo manchado de sangre, pesado.

- ¡No sé qué se traiga esa mujer, pero está armada! – le dijo, entregándole el bolso que permanecía abierto

- ¿Qué? – observó dentro la pequeña automática plateada – ¡No lo sé! – estaba tan asombrado como la chica

Se sentía vibrar algo, constantemente. La luz interna delataba que era el celular de Regina. Un número privado se rendía justo al sacarlo de la cartera. Miró para los lados, le hizo gestos a Ruby, que lo apoyó en su vigilancia, sacó el arma y se la metió en la parte de atrás del pantalón.

- ¡Dios Graham! ¿Por qué me siento como si estuviésemos cometiendo un crimen?

- No pasa nada Ruby, lo más seguro es que tenga porte de arma, y esté legal. Y lo mejor es que yo la tenga conmigo… Soy Detective ¿o se te olvida?

- ¡Pues si! – Se recargó sobre el hombro de Graham – ¡Mira! – observó la luz nuevamente parpadear

- ¡Número privado! – dijo extrañado. Sentía la necesidad de saber si ese número tenía alguna relación con el estado actual de Regina, pero no tenía tentación por contestar

- ¿No crees que deberías responder? ¿O quieres que lo haga yo?

- ¡No! – dijo contrariado – ¡Ya paró!

- Debemos llevarle las cosas a la enfermera…

- Si… pero me quedo con el teléfono… ¡Déjame…! – interrumpió su discurso y metió sus manos en el bolso

Revisó qué otras cosas de interés podía tener Regina en su cartera, o en el monedero. Maquillaje, una pluma lujosa, goma de mascar sin azúcar. Abrió el monedero. Allí estaba su amada, en la identificación, en el permiso de conducir de "Washington". Tarjetas de presentación "Regina Mills" – tomó una – y algunas de otras personas. Otra llamó poderosamente su atención, era de color negro y sólo tenía un símbolo rojo… Parecido al que tenía el cuerpo de Elsa el día que la encontraron muerta. El impacto de Graham fue tal, que la guardó inmediatamente, casi por inercia.

- ¿Te pasa algo? ¿Te sientes bien? – le dijo Ruby al notarlo alterado y nervioso

- ¡No! Entrega la cartera, por favor – Se quedó ensimismado, mirando el celular de Regina

- ¡Está bien! – lo miró extrañada, pero se dirigió a hacer lo que le indicaba

Ruby, regresó a su posición anterior al lado de Graham, el cual no quitaba la vista del teléfono celular. Parte de la vida de Regina estaba allí, en ese aparato bloqueado.

Sacó la tarjeta de Regina, y la miró, "Regina Mills". Pensó que algún día su esposa sería Juez de la Suprema Corte. ¡Regina tenía que vivir! Ya había pasado una hora, y no sabían nada de ella.

Graham ya se había levantado un par de veces a preguntar por Regina, sin éxito.

Miró nuevamente la tarjeta, tenía su número… ¡por fin lo sabía! Tomó su celular, y decidió llamar, para ver cómo lo tenía registrado Regina en su cel.

- ¿Qué haces? – dijo Ruby extrañada

- ¡Nada! Una prueba… Llamo al número celular de la tarjeta de Regina, a ver si me tiene registrado… No sé Ruby, matando el tiempo, supongo…

Llamó. Repicó y repicó, pero el aparato en sus manos nunca sonó.

- ¿Qué extraño? Debe ser de un número en desuso – dijo la chica, desmereciendo la rareza

Automáticamente, unos segundos después de colgar, una nueva llamada entrante apareció en el celular de la morena

"Llamada entrante de Regina Mills"

Ambos se quedaron impactados. No sabían si contestar, y no lo hicieron. "Regina Mills" insistió un par de veces, hasta que no volvió a sonar más.

Dos horas y media habían pasado, y el celular que tenía rato sin sonar, volvió a anunciar la llamada de un número privado. Pero Graham esta vez no le prestó atención, ya que el Doctor que los había recibido, salía por la puerta del acceso a emergencias, y él corría a su encuentro con Ruby detrás.

- Doctor ¿cómo está Regina?

- La información es clasificada, sólo para familiares

- ¡Por favor! Es Detective… ¿No se lo dijiste? – Ruby estaba impaciente

- ¡Tranquilos! – prosiguió, haciendo caso al estado de desesperación del Detective – Su pronóstico es reservado. La paciente está en quirófano, el especialista va operarla nuevamente de emergencia.

- ¿Qué? ¿Cómo? – Graham sintió que se desvanecía, mientras Ruby lo tomaba del brazo y lo llevaba a la silla más cercana.

- Por ahora no puedo decirle más, y de hecho no debo… Con su permiso – se fue, dejándolos con las mismas dudas y con una angustia mayor

Al sentarse, Graham sintió nuevamente la náusea de la noche cuando encontró a Elsa. Quería que el tiempo pasara, y de alguna forma le llegara la información de que Regina estaba bien.

El endemoniado teléfono volvió a sonar, pero esta vez no era "Número privado" ni "Regina Mills", era un nombre que él reconoció de sobra.

- ¡Aló! ¿Regina? – se escuchó la voz masculina al otro lado

- Killiam…

- ¿Quién habla? ¿Dónde está Regina? – un tono de nerviosismo se apoderó del chico

- Soy… Soy Graham Killiam, Graham Aruba… Quiero decir, el que conoció Regina en Aruba… ¿Me recuerdas?

Unos segundos de silencio después, el joven respondió

- ¿Debo alegrarme porque respondes el teléfono de Regina? O ¿Debo preocuparme?

- Preocuparte…

- ¿Ella está bien?

- ¡No!

Graham le contó la historia de lo sucedido con Regina a detalle, y que se encontraban en el hospital. Una hora más tarde, hacían aparición en la sala Killiam y su esposa Emma, que privada en llanto se dirigía como un torbellino hacia él.