Capítulo XXIII
La Mujer Dragón
Estaba lista. Había hecho exactamente lo que Regina le había dicho.
- ¡Vamos hermosa! Esto te va a doler un poco – le dijo la rubia – pero es la única manera de que parezcas inocente ante… – Guardó silencio y la miró con pesar – ¡Regina sabe lo que hace!
- ¡Lo sé! – dijo "Campanita" antes de ser amordazada, y de recibir un último golpe en la cara, que la dejó inconsciente.
Cuando despertó estaba inmóvil, no podía mover ni un músculo. Simplemente sus piernas y sus brazos no respondían, y no podía ver. La penetrante luz de la lámpara cegaba su visón. Un intenso dolor terminó por despertarlo.
Por fin logró ver algo que reconocía. Seguía en el apartamento de Regina, y frente a él, inconsciente, atada de pies y manos, amordazada, estaba la Señorita Green.
Alguien se colocó delante. Era una mujer alta, estilizada, rubia y de enormes ojos azules, que se paseaba con el atizador en la mano. Una vez se percató de que estaba despierto, se acercó a su rostro
- ¿Así que con esto le ibas a impartir castigo a Regina? ¡Vaya… Cora se botó con la elección de su yerno! – Agarró la barra de hierro fuerte con las dos manos – ¿Sabes por qué no te puedes mover?... Es fácil muñeco… Te inyecté una droga poderosa. Podrás sentir todo, pero tu cuerpo ya no responde a los impulsos de tu cerebro.
Jefferson sudaba. Se daba cuenta que no podía hacer nada. Estaba paralizado completamente. Sentía frío, dolor, la escuchaba y veía perfectamente, pero no podía actuar para librarse del castigo que le esperaba.
- Jajaja… La próxima vez que tu mujer te diga que no le pegues, lo pensarás… Además, si ella no puede bailar para el día de la boda… Tú tampoco… Despídete de tu rodilla… Total, no la necesitas para bailar – Accionó el atizador contra la pierna de Jefferson, como si se tratase de un palo de golf, propinándole un fuerte golpe.
Jefferson quería retorcerse del dolor, llorar, gritar… Pero a cambio, estaba inmóvil, quiero en la misma posición.
- Otra lección que debes aprender – prosiguió la rubia de aspecto elegante – es que cuando una mujer te dice que no, que no la toques… Tú te alejas… ¡No abusas de ella brutalmente! – le colocó la punta del atizador en la cara, y la apretó en señal de reto – Por eso, creo que debes perder la movilidad de una de las manos… Si… eso estaría bien… ¿No te parece? ¡No seas llorón, que será sólo por un tiempo! Un año o dos tal vez…
Lo miraba fijamente. Buscando la respuesta que ya sabía que él no podía dar. No podía hablar… Su rostro era totalmente inexpresivo, pero sus ojos parecían gritar de desesperación, en busca de ayuda
- Violador y grosero, dejándome con la palabra en la boca… ¡Qué detalle! ¡Sí que la hizo Regina contigo! – Se preparaba para golpear.
El corazón de Jefferson no iba al ritmo que su mente requería, pero igual lo sentía estallar dentro de su pecho
- Si anticipas el dolor, te duele más… Te lo digo porque, a pesar de todo, me pareces guapo – Le hizo un giño, se cuadró y le dio un golpe violento contra la mano derecha. Y luego otro más.
Jefferson sintió un dolor tan agudo, que se desmayó.
- ¡Marica! – la mujer lo agarró del rostro – ¡Esperaba divertirme más, pero bueno!
Se dirigió a un maletín negro, abierto sobre el sofá. Abrió un frasco, tomó un paño y lo impregnó con una sustancia. Se dirigió a Jefferson, y colocándose frente a él, le dio a oler la sustancia.
Mientras el hombre abría los ojos de forma repentina pero con dificultad, y erguía ligeramente la cabeza le dijo
- Una mujer como Regina, así de poderosa, como se vuelve… Tan divina y elegante… – Suspiró – ¡Sí que eres idiota¡ Una mujer como esa, es para adorarla. Y por eso, hay personas como yo, que nos encargamos de que a hombres como tú, eso les quede perfectamente claro. Sé que soy una romántica – proseguía en su monólogo, mientras preparaba el próximo ataque – pero todavía creo en el amor… ¿sabes? – lo miró – ¡Claro que lo sabes! Amo a Regina… y ¿cómo no amarla, cierto? Ella lo es todo… ¡Todo!
Jefferson trataba de gritar con los ojos. Se preguntaba ¿quién era esa mujer? ¿Qué harían con él?
- ¡Patético! ¡Eres Patético! – Lo miraba con asco y desprecio. Luego esbozó una sonrisa perversa, cargada de sadismo – ¿Quieres saber quién soy "chico elegante"? Yo soy Regina… Si, si… No te asombres. Soy su espejo, su reflejo y su protección… soy "La Mujer Dragón"… y si vuelves a ir en contra de Regina, a tocarla con el pensamiento siquiera, voy a ser tu última y peor pesadilla – le hizo un giño, y sin mediar palabra le dio otro golpe contundente con el atizador en la misma mano. Jefferson volvió a desmayarse – ¡Aburrido!
La mujer se colocó una manopla de acero, apretó el puño, y le propinó dos golpes certeros en la cara, y uno en el estómago. Se dirigió al teléfono, lo levantó, y colocó una cinta adhesiva en la bocina. Llamó a la policía indicando que había escuchado gritos en el apartamento de arriba. Dio la dirección, y los detalles pertinentes. Se colocó una peluca, un largo abrigo, lentes oscuros, tomó su maletín y se retiró del lugar.
Cuando la policía llegó, observó la escena. El apartamento destruido, objetos valiosos, prendas, entre otras cosas, habían sido sustraídas. Y tanto Jefferson como Green permanecían en sus lugares de tortura. La chica estaba recobrando el conocimiento. La policía, que tomaba las fotos, le quitó la mordaza y daba parte a los paramédicos, para llevárselos.
- ¡Por favor! Atención para ambos – dijo uno de los oficiales en la escena
Se llevaban a Jefferson, que seguía inconsistente y visiblemente más maltratado. Mientras la atendían, el detective a cargo le preguntó a la pequeña rubia
- Señorita – Anotaba – Su nombre y apellido – Mi nombre es Hada Green, y soy la asistente de Regina Mills… ¿Cómo está ella? La golpearon muy fuerte…
- Sólo estaba un hombre joven y usted Señorita, no había nadie más.
- ¡Ella estaba allí, justo al lado de la puerta!… – dijo preocupada, haciendo uso de sus cualidades, y del llanto desesperado, mientras el oficial trataba de calmarla – Entraron a robar, unos hombres. Me amarraron y me amordazaron, me golpearon.
- ¿Cuántos eran?
- ¡No lo sé, pero eran varios! … No alcancé a ver… yo… – inició un llanto desesperado – Necesito que la busquen… ¡Regina… Regina Mills!
- ¡Cálmese! – la acompañaba mientras la montaban en la camilla para llevársela en la ambulancia, hasta el hospital más cercano – ¿Quién es el caballero?
- Su prometido… Ellos llegaron, y los sorprendieron. Sólo alcancé a escuchar que él trató de defenderla… Pero nada más. Cuando me trajeron a la sala, vi a la señora Regina tirada en la puerta… Ella es fiscal ¿sabe? ¡Averigüe dónde está por favor!
La montaron en la ambulancia y se la llevaron, al igual que a Jefferson. Él seguía inconsciente y bajo los efectos de la droga, mientras trataban de estabilizarlo.
La policía se había hecho presente en el Hospital. Tomaron los detalles del estado de salud de Regina, y se dispusieron a entrevistar a las personas que la habían ingresado.
Justo en el instante en que Emma se acercara a Graham, David hacia entrada a la sala, por la puerta de emergencias, junto al médico de turno, y se detenían frente a su compañero
- ¡Graham! – le hizo un gesto a modo de saludo, entendiendo la pena por la que estaba pasando su compañero – ¿Qué hace Ruby aquí? – bajó el tono para que sólo él la escuchara
- Detective Nolan… ellos encontraron a la Señora Mills en la calle. El Detective Humbert
- Si… obviamente nos conocemos
A éstos se le unieron la rubia, ahogada en llanto, y el esposo, tratando de cuidarla en el proceso
- ¡Doctor! ¿Cómo está Regina Mills?
- ¿Son familiares?
- Soy su contacto de Emergencia… ¡Verifíquelo si quiere, pero dígame ya cómo está! – la mujer sonaba alterada
- Tranquila Señora… – leyó sus notas – Swan. En su estado no es recomendable. Vamos a sentarnos
- ¡No me pida que me calme! Mi… ¿Regina cómo está? – acompañó al médico a sentarse
Ambos tomaron asiento, el doctor y la rubia, que lloraba alterada. Graham se sentó frente a ellos, en la sala de espera, ansioso, y junto a él Ruby. Sentía que su corazón iba a estallar si no le hablaban ya de Regina.
Killiam, se paró al lado de Emma, y esta lo tomó de la mano y se aferró a ella, mientras lloraba. David permanecía de pie, escuchando el parte médico.
- Logramos estabilizarlos a los dos
- ¿A los dos? – la cara de extrañeza de Emma, acompañaba a la de Graham
- Si… Posterior al ingreso de Regina, también fueron traídos por la policía el señor – Leía nuevamente las notas – Jefferson Mader y señora Hada Green. Recibieron lesiones al igual que la Señora Regina Mills. Aparentemente víctimas de un robo.
Graham, miró extrañado a David, quien asintió a modo de confirmación de las palabras del doctor.
- Se remitió una llamada al 911, indicando que había escuchado golpes y gritos en el apartamento de la víctima – trataba de ser neutral, y no mirar constantemente a Graham – Al llegar, la señorita Green que se encontraba menos maltratada, pudo testificar que fueron víctimas de un robo. Aparentemente la Señora Mills tuvo posibilidad de escapar, en algún momento. Lo demás, sólo ella lo puede relatar.
Todos parecían confundidos y extrañados, especialmente Emma, Killiam y Graham, que estaban seguros, hasta el momento, que esos no habían sido los acontecimientos que habían llevado a Regina a su condición actual.
- La Señora Green está estable. Tiene algunos golpes, pero nada crítico. Debe reposar – prosiguió el médico
- De hecho, debe estar brindado declaración ahora, y podremos iniciar formalmente las averiguaciones – continuó David – por ahora no podemos dar mayores detalles
- El Señor Mader ya se encuentra estable. Pero va a requerir cirugía y terapia, sobretodo en la mano derecha
Emma estaba atónita por lo que escuchaba. Los ojos azules abiertos de par en par, mirando al espacio vacío en el piso, entre ella y Graham.
- No entiendo… – susurró Emma. De repente reaccionó – ¡Hábleme de Regina, que es quien me interesa!
- La Señora Mills sufrió múltiples golpes en la zona del abdomen, pecho. En general recibió lesiones que le ocasionaron fractura del brazo izquierdo, fisura en la pierna izquierda. Lesiones en la tráquea – paró a ver la reacción de los presentes – Lo lamento, pero debo ponerlos al tanto de su condición. Si prefiere – se dirigió a Killiam – llévela al cafetín y luego discuto con usted los detalles
- ¡No! – Emma trataba de calmarse – continúe. Dígame su estado actual
- Bueno – miró a la chica, y a su esposo – Tratamos de estabilizarla, puesto que sufrió fractura de cinco costillas, que llevaron a la perforación del pulmón izquierdo.
Graham dejó de mirarlos. Se llevó las manos a la cabeza. Se sentía impotente, desesperado, triste. Regina se había convertido en su mundo en tan poco tiempo. Pensar que alguien la hubiese llevado a ese estado le hacía hervir la sangre. Unas lágrimas involuntarias escaparon de sus ojos. Emma lo percibió, cuando sus miradas se cruzaron fugaces.
- Recibió un golpe fuerte en la cabeza y tiene fisura. Las tomografías no arrojan daño cerebral aparente… Pero hay que esperar a ver cómo responde, y tenerla monitoreada. Gracias a que el detective Graham la encontró y le practicó RCP está con vida – volteó a mirarlo
Graham levantó la cabeza y la mirada. Casi se rinde, pero no podía dejarla morir. La amaba, el hecho de perderla lo descontrolaba
- ¿En serio? Tú… – Emma lo miraba con lágrimas en los ojos. Se volteó hacia el doctor
- Sí. Debido a la hemorragia interna y a las lesiones del pulmón, la sangre se acumuló y le impedía respirar. Con la cirugía logramos solventar y estabilizarla.
- ¿Cuándo podré verla? – Interrumpió la joven al doctor
- Deben esperar que la pasen a sala privada. No pueden pasar todos. Está en cuidados intensivos. Se encuentra… se encuentra en estado de coma.
Emma estaba paralizada, y sólo alcanzó a apretar la mano de Killiam, y mirar a Graham desconsolada. Rompió en llanto. Graham al ver a la joven y al escuchar que Regina estaba en coma, sintió que se detenía nuevamente su corazón.
No podía perderla, no a ella, no otra vez. Era injusto. Ella debía llegar para quedarse en su vida, para que él la salvara y ella lo rescatara. Era una promesa. Era su promesa.
David se acercó a Graham, y colocando su mano en el hombro le dijo
- Debes declarar, desde que la encontraste. Ruby y tú – le dijo, y luego bajó el tono – Ya hice los arreglos para que pases a verla, antes que nadie
Graham se volteó. Ruby miró a David con admiración. Sintió que había una esperanza de ver a Regina, y las ganas de vivir volvieron a invadirlo.
En lo que el médico terminaba de brindarle los datos sobre Regina y las otras dos víctimas, David tomaba la declaración de Graham y Ruby. Coincidía con la que inicialmente le dijeron al doctor en la emergencia, puesto que era lo más apropiado en ese momento. David sabía que la versión no era la real.
Cuando terminaron estos menesteres, Emma miró a Graham, de una forma que éste no supo reconocer. Era un gesto de paz, y a la vez de furia e indignación.
La rubia se dirigió al doctor, y tomándolo por el brazo, ya más calmada le indicó
- ¿Podemos ver a la Señorita Green? – esbozó una precaria sonrisa
- ¡No antes que yo niña! – dijo en tono firme y decidido una mujer mayor, elegantemente vestida, acompañada por un hombre con uniforme militar, y una mujer rubia, también de la alta sociedad
- ¡Cora! – Emma estaba paralizada, y sólo atinó a bajar la cabeza, y a acercarse a Killiam
No había duda del parecido. Era Cora, la madre de Regina, acompañada de su esposo y padre de la morena, el General Henry Mills. La otra mujer era desconocida para él. Pero no dejó de mirarlo de una forma perturbadora e insistente, desde su llegada a la sala de aquel hospital, donde Regina, su mujer, se encontraba al borde de la muerte.
