Capítulo XXV

Visita inesperada

Luz potente. Un camino largo, lleno de oscuridad, y al final de esa luz cegadora la espera Daniel. Lo escucha llamarla. Unos cuantos pasos más y podrán estar juntos, como lo habían soñado. Ese era el momento.

El doctor colocó el aparato para la desfibrilación, cargó, un impulso y despejado. El cuerpo de Regina saltó de la cama, en la que permanecía inmóvil. Emma, luchaba contra las enfermeras para no ser retirada del sitio. Percibió que, tras el impuso del desfibrilador, todo permanecía igual, Regina no reaccionó.

Se desplomó sobre dos enfermeras, que la llevaron del brazo hasta la sala de espera, donde Killiam la tomó entre sus brazos. Emma se apretó contra su pecho, y entonces, el llanto brotó descontrolado, desconsolada. Él la cobijó con fuerza

- ¡Te… Te amo Killiam! – dijo ahogada en llanto, arrastrando las palabras, casi sin poder respirar – Regina… No…

- Te amo mi vida – la abrazó y la llevó a una silla

- No puedo perderla… – Lo miró, llena de lágrimas

- ¡Lo sé! – la apretó contra su pecho, y la dejó desahogarse

Recordó cuando Daniel y ella fueron descubiertos en su huida. Nada tenía mucho sentido entonces, pero sabía que sus padres los detuvieron. Luego él murió, y obviamente su madre no era totalmente inocente sobre ese hecho.

Daniel estaba muerto… entonces ¿por qué la llamaba? ¿Dónde estaba? Emma… Debía buscar a Emma. Y Graham… ¡Su Graham! Tenía que salir de allí.

La segunda vez que el doctor colocó el aparato sobre el pecho de Regina, Emma ya estaba llegando a los brazos de Killiam. Un nuevo disparo de la máquina, y el cuerpo de la morena volvió a elevarse del lecho. En eso, las señales de los aparatos volvieron a manifestarse vivas, lentas, pero vivas, mas Regina no despertó.

Había vuelto a la vida, pero seguía sumergida en un sueño profundo.

El médico salió de la habitación unos minutos después. Se retiraba los guantes y el tapabocas. Caminó hacia el lugar donde la rubia lloraba desconsolada, aferrada a su esposo.

- Señora – se dirigió a Emma

- ¡Doctor! ¡Doctor! Le suplico… – Empezó a respirar con dificultad, mientras se aferraba a la bata blanca

- Trate de calmarse, por su embarazo – La tomó del brazo y la condujo hasta la silla – Logramos estabilizarla, pero sigue en estado de coma

- ¡Pero está viva! Doctor, quiero verla – se levantó y miró con énfasis hacia la habitación donde reposaba Regina

- Por el día de hoy, me temo que es imposible – le indicó que se sentara nuevamente

Un abrir y cerrar de ojos, una sala oscura de hospital. Graham en una silla a los pies de la cama, dormido. El sueño la domina nuevamente. Quiere hablarle, despertarlo, que sepa que lo ama, que está allí, pero no lo resiste, y vuelve a dormir.

Vuelve a despertar. Esta vez la luz la ciega. Emma está sentada en la misma silla en la que vio a Graham. Está agotada, pero quería hablar. Las señales de los aparatos lo hicieron por ella. La rubia lo notó, e inmediatamente la miró percatándose de que estaba moviendo sus ojos.

- ¡Regina! – le dijo en un tono de sorpresa esperanzada – ¡Doctor! ¡Doctor! – salió hasta la puerta de la habitación – Regina despertó…

El médico ya venía en camino a la habitación, avisado por el remoto. Se acercó rápidamente a la morena, rodeado de un practicante y dos enfermeras, para hacerle las evaluaciones de rigor. Hizo señales para que sacaran a Emma del lugar, y la llevaran a la sala de espera. Esta vez no se resistió, si no que dedicó todas sus energías en desear que Regina volviera del coma.

Por fin el doctor salía de la habitación, rumbo a la sala de espera. Se acercó a la rubia y se sentó a su lado

- Sra. Hook, es necesario que se tranquilice. Me complace que lo haya tomado con más calma, sobre todo por su embarazo – le colocó la mano en el hombro

- Lo sé Doctor… Lámeme Emma – asintió, y bajó la vista por un momento, tratando de disimular su ansiedad – Dígame… Dígame que Regina despertó y que está bien – lo miró, delatando ahora su ansiedad

El doctor bajó la cabeza, y luego retomó la conversación

- En efecto, salió del coma, y se mantiene sedada pero estable. Respira bien por sí misma, más la mantenemos con el oxígeno. Está respondiendo a los estímulos musculares y visuales, inicialmente. Hay que esperar que despierte, hacerle más pruebas. Han sido apenas dos semanas en estado de coma, pero siempre hay posibilidad de daño cerebral… Tengo que ser muy claro con usted

- Si Doctor, lo sé… Pero ya es un avance ¿o no? – su mirada se cargaba de lágrimas de esperanza y felicidad – ¿Y podré verla hoy?

- ¡Si Emma! – se sonrió, y le dio una palmadita en el hombro – Pero es más importante que ahora usted descanse y se cuide… Por usted y la criatura que espera

- Lo sé… Pero necesito saber que si le hablo, ahora si me escuchará – Se sonrió

- Ahora, ahora… no – bromeó – está sedada… Pero en un rato va a despertar. Imagino que usted se encargará de llamar a sus padres… ¿O quiere que le prestemos apoyo?

- ¡No! Yo me encargo… – bajó la vista

- Le recomiendo que se marche y descanse, y venga mañana temprano.

- Pero… ¿y si despierta? – Se sintió apenada – Quiero que vea caras conocidas…

- Tranquila. La va a ver. Estaremos pendientes, no se preocupe

- ¡Mil gracias doctor!

La rubia lo vio alejarse por el pasillo, y se sentó nuevamente. Buscó su teléfono celular y marcó el número

- Aló – se escuchó al otro lado de la línea, algo sobresaltado

- ¡Despertó! Salió del coma…

Unos minutos de silencio al otro lado de la línea, bastaron para hacer a Emma llorar nuevamente

- Gracias…

- A ti… Te está esperando

- Lo sé… De nuevo, muchas Gracias.

Emma llamó nuevamente por teléfono, ahora a su esposo, para que la viniese a buscar. Buscó una tarjeta en su cartera y envió un mensaje de texto al número que se encontraba en ella, antes de proceder a llamar a Cora

Emma: ¡Despertó!

Regina: ¡Excelente!

Pasó por la sala de cuidados donde se encontraba Regina. Tomó su mano, acarició su cabello, la besó en la frente

- Te amo mi Reina. Te necesito… No vuelvas a dejarme – la besó en los labios y se fue.

Dos semanas atrás no sabía que todo esto iba a pasar. Graham sólo quería hacer su trabajo lo mejor posible, y allí estaba, de nuevo en su casa, con Ruby. Su ex novia muerta, y su actual mujer en el hospital.

El encuentro con la madre de Regina en el hospital había sido poco más que incómodo, humillante. Recordaba claramente la mirada de asco y desprecio, cuando el doctor refirió que él había traído a Regina al hospital, y que le había salvado la vida. Pensó que una madre estaría más preocupada por agradecer la vida de su hija, que por las apariencias. En todo caso, todo se volvió más extraño cuando esta mujer escuchó su apellido. Cambió por completo su rostro. Estaba desencajada. Dieron instrucciones de que sólo las personas que ellos permitiesen, podrían pasar a ver a Regina.

No lo entendió entonces, pero ya no le importaba. Nada impediría que viera a Regina, que velara sus sueños, así que usaría su estatus de detective para poder lograrlo.

- Graham – dijo la mujer – Ya me voy a acostar – se asomó a la puerta de la habitación donde él miraba al infinito, sentado en la cama

- Si Ruby – La miró con pesar – No tengo cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí

- Graham… – lo miró con ternura. Sentía pesar por lo que estaba pasando – Todo va a estar bien, de una forma u otra. ¿Sabes que cuentas conmigo?... Para lo que sea – Lo besó en la frente – se paró y se retiró – Trata de descansar… Ah, y recuerda que mañana inicias las terapias

- Si… ¡Que descanses!

Se llevó las manos a la cara. Quería despertar de aquella pesadilla. Se dio un baño tibio. Pensó en el tedio de las terapias y en que nada de eso le servía. No quería salir de aquel apartamento más que para ir a donde estaba Regina.

Elsa. Aquél pensamiento le hizo tener escalofríos, incluso bajo el agua tibia. Debía hacer lo necesario para poder regresar al ejercicio, ayudar a Regina, averiguar qué había pasado con ella. Elsa era claramente la víctima de un homicida, un asesino serial, por las simbologías presentes en su cuerpo. ¿Por qué Regina tenía una tarjeta con un símbolo parecido? ¿Sería acaso alguna marca? No iba a permitir que le pasara algo semejante a Regina, ni algo como lo que ya le había tocado vivir. Recordó la cicatriz de su labio superior, y sintió ira. Soltó su puño contra la pared.

Por ahora sólo podía concentrarse en la información adicional que manejaba, y que sólo podría compartir a través de David y Ruby.

Salió de la ducha, se vistió para dormir y se acostó. No supo cuándo, pero se quedó dormido.

Al día siguiente en la estación, fue a buscar su validación para la terapia. Allí estaba David, que lo veía llegar después de Ruby, al igual que tantas veces. A diferencia de eso, sabía que esta vez estaban juntos. Se acercó a Graham, con el documento en mano

- Te toca ver a Archie a las 11:00 a.m.

- Todos siguen mirándome como si tuviese lepra o algo así

- Sabes cómo son…

Lo miró por unos segundos, y descubrió su molestia

- Oye… – Le hizo señas de que lo siguiera hasta la salida – Vamos a Granny's a tomarnos un café

- Estoy en servicio – trató de hacerse el duro, dejando unos segundos de silencio para Graham

- Vamos David… Si crees que debo contarte algo, lo haré… Pero no será aquí

- Está bien… Vamos

Cruzaron la calle, y se dirigieron a la cafetería acordada. Ambos tomaron asiento en una mesa del fondo del lugar, para tener privacidad y no ser molestados, salvo por la camarera que les ofrecería la carta

- Queremos dos café marrones – se adelantó David – Él paga – señaló a Graham, mientras la camarera veía divertida

- Vale, yo te brindo, rácano – vio alejarse a la chica – Disculpa si no te he comentado lo de Ruby

- Me podrías haber dado una pista… No te pedía detalles, pero por lo menos saber que andabas en "algo"… Pero no entiendo nada ahora mismo.

- Pues, sabes que lo hice por ella. Ruby es una gran chica, y no quiero causarle incomodidades o problemas en el trabajo, y que se corran rumores que no son…

- Y ahora menos que la fiscal es Regina – bajó la vista al observar el pesar de su amigo – No diré nada, no lo habría hecho antes, y menos ahora. Pero… ¿Cómo es que ella está tan tranquila con todo esto?

- Es que no tenemos nada David, o por lo menos nada serio. Ella no siente nada más que amistad por mí, y pues, lo demás es parte de la discreción que le debo

- Entiendo – bajó la vista nuevamente – Pero lo que si no alcanzo a entender es ¿cómo demonios termina Mills con ambos, así de malherida, después de huir del apartamento al irse los asaltantes?

- Obviamente me estaba buscando…

- ¿Y tú con Ruby?

- ¿Y ella con su prometido?

- Si, el estirado ese… Si, tampoco le fue muy bien que digamos

- ¿Cómo? ¿Confirmó la farsa del atraco?

- ¿Farsa? Fue comprobado, el apartamento fue casi totalmente saqueado… Obras de arte, joyas, dinero, entre otras cosas… Hasta las botellas del bar se llevaron. Y al tipo le dejaron mal una rodilla y la mano derecha inservible. Ya lleva 3 cirugías, y las que le faltan…

La cara de asombro de Graham al escuchar aquella afirmación, le hacía dar nauseas. Sabía que debía ser mentira.

- Ella llegó a mis brazos, con sus últimas fuerzas

- ¿Cómo sabía dónde vivías?

- Lo averiguó en mi expediente, obviamente – miró a su compañero con ironía. A veces se pasaba de inocente

- ¡Claro!

- Hay algunas cosas que te quiero comentar sobre eso, sobre Regina y el caso de Elsa

- ¿Qué relación puede haber en eso?

- Encontré una tarjeta en la cartera de Regina

- ¿Revisaste sus cosas?

- ¡David! Concéntrate y deja de ser tan "encantador" – se burló perdiendo la paciencia

- Ok, ok… Prosigue

- La tarjeta tenía un símbolo, parecidos a los que había en el cuerpo de Elsa, marcados en su espalda, y entre sus papeles y dibujos

- ¿Parecido o igual?

- Parecido… No sé, tendría que ver las fotos que tomaron los de C.S.I.

- ¡Vale! Déjame conseguir copias

- Si… Aquí está la tarjeta

- Déjame… – David sacó su celular y le tomó una foto, por ambas caras – Voy a revisar y cualquier cosa te comento. No tiene números.

- Adicionalmente… tengo un arma que estaba en el bolso de Regina. La tengo en el apartamento. Me gustaría que chequearas si está limpia

- Graham… ¡En qué crees que podría andar esa mujer!

- No lo sé… Pero lo que si te digo es que vive llena de miedo, con temor. Y con lo que le pasó, todo me queda más claro

- De que no fue un robo, verdad… Hay cosas que…

- No, no lo fue – bajó la cabeza, y se apoyó en sus manos

- Quieres que vaya esta noche con toda la información que encuentre, y así me das el arma para rastrearla…

- ¡No!, esta noche no… – Dijo con tono determinante Graham

- ¿Por qué? – se preguntó extrañado el amigo

- Porque necesito ver a Regina, y tú me vas a ayudar en eso… Quiero pasar la noche cuidándola

- Graham…

- Por favor David… Sabemos cómo hacer que estas cosas funcionen – guardaron silencio unos minutos – ¡David!

- Ok, ok… Por cierto… – Dijo levantando la vista – Creo que vas a ser víctima de una vista inesperada – le señaló hacia la puerta del lugar – ¡Disimula!

- ¿Cómo? – se volteó de la forma más disimulada posible, y en la puerta estaba una mujer mayor, elegantemente vestida, y que parecía haber ubicado su objetivo en la mesa de Graham

- Si… es contigo. Yo mejor me voy – se levantó, terminando de un sorbo el resto de su café, y saludó al cruzarse con la señora

Graham, que ya estaba un poco acostumbrado a las sorpresas de esos días, nunca se imaginó que aquella estirada y desagradable mujer, se presentara en una humilde cafetería del centro para decirle quién sabe qué cosa áspera.

Sí señor, allí estaba, se dirigía a la mesa de Graham con la altivez en el rostro, y la decisión en el cuerpo. Cora, la madre de Regina, de quién sólo sabía dos cosas: uno, era una bruja despiadada, y dos, que lo odiaba con su vida.