Capítulo XXVI
Tarjeta Roja
La mujer se colocó de frente a él, en la silla donde antes estaba su compañero. Se bajó los lentes de sol para retirárselos, y le dedicó una mirada inicial, de una forma que Graham no supo cómo describir, y que lo intimidó. Inmediatamente le ofreció una sonrisa, algo macabra en realidad, y le hizo señas de que le arrimara la silla.
Graham no supo exactamente cómo, pero se sobrepuso a su impacto, y se levantó extendiéndole la silla para que tomara asiento. La mujer lo hizo con la clase y la distinción que la caracterizaba, mientras él volvía a su puesto.
- Buen día Sr. Humbert – Dijo de forma despectiva, mientras se quitaba los guantes – En realidad no son tan bueno, considerando los acontecimientos de anoche
- No, ciertamente no – la miraba directamente a los ojos, pero tuvo que limitar el contacto
Se quedaron unos minutos en silencio, minutos en los que Graham se sintió observado, como un animal de zoológico
- Así que… Señor Humbert – le dedicó otra de sus sonrisas macabras, y miradas extrañas – ¿O puedo llamarle Graham?
- Detective está bien – no sabía bien por qué demonios había dicho eso
Se le quedó mirando unos segundos, visiblemente impactada, pero rápidamente retomó el control de la situación, como se veía que sabía hacerlo la habilidosa mujer
- Ja… Está bien Detective Humbert – Le extendió la mano, a modo de presentación formal
- Dígame Sra. Mills – le retribuyó el gesto, para no parecer descortés
- Es usted igual a su padre… Más que físicamente, en su actitud y en sus gestos – Dio un cambio en su tono de voz, y notó la extrañeza en la mirada de Graham – Si detective, mi esposo y yo conocimos muy bien a su padre, George Humbert. De hecho, Regina no habría nacido si su padre, tan heroicamente, hubiese salvado a Henry, el padre de Regina
- Sé que él es su padre – sonó algo irritado. Quería demostrarle que sí sabía de la vida de Regina
- Ok Detective… La gran coincidencia, es que yo no sabía de usted gran cosa, más que su nombre… Tal vez un par de cosas más – bajó la cabeza, haciendo que veía el menú, con una sonrisa de desconcierto – pero hasta ahora, no había conocido la relación de su apellido
- ¿Y eso que tiene de importante? – seguía en un tono cortante, sin dejar de ser caballeroso
- Pues eso me explica lo que mi hija Regina vio en usted – subió la vista, y se encontró con la de Graham – Eso, cambia significativamente las cosas – luego susurró – y Regina lo sabía
- ¿Perdón? – le preguntó Graham, aceptando no haberla oído
- Que Regina sabe cómo debe conducirse en la vida Detective Humbert. Ella tiene responsabilidades y obligaciones. ¿Usted entiende eso o no Detective? – lo miró desafiante
- No, realmente no lo entiendo. Sé qué es el deber, lo cumplo a diario… Pero en favor de las personas, no en contra – le retó
- Si… – Bajó la vista, y permaneció en silencio unos minutos. Luego lo miró nuevamente – Créame cuando le digo… Regina es una buena jugadora, conoce las reglas y es en extremo inteligente. Su padre y yo la criamos así. Para ella no hay límites
- Sé que Regina es valiosa… Ahora bien – sonó impaciente – no sé a dónde va esta conversación, pero quiero saberlo.
Le dedicó una sonrisa y le hizo un gesto a la camarera, para que viniera a servirles café, mostrando la taza vacía de Graham. La mujer llegó enseguida con dos tazas limpias, y descargó café negro en la de la mujer
- ¿Otro café con leche Oficial?
- No, gracias
- ¡Por favor Detective! Acompañe a una dama… – lo miró con una forzada dulzura
- ¡Está bien! Otro igual para mí
La chica vertió el contenido caliente, mientras que Cora tomaba del suyo, a una velocidad impresionante, y solicitaba más
- ¿Pensé que necesitaba que la acompañara? – no supo de dónde salió esa broma ¡estaba loco!
- ¡Eres igual de ocurrente que tu padre! ¿Sabías? – se le quedó mirando fascinada
- Pues… mi madre me lo ha dicho… – la mirada de la mujer logró incomodarlo
- Si… Es una mujer muy hermosa… ¿Cómo está Amanda? – preguntó como si nada
- Está muy bien… Gracias – le dijo cortante – Ahora me gustaría preguntarle algo… ¿Por qué no puedo ir a ver a Regina? Necesito saber cómo está, sólo eso… Sé que dio esas instrucciones, y sé que para usted es terrible cambiar de planes, ¡Dios sabe por qué!... Pero no necesito su permiso para luchar por Regina, y protegerla… Como lo hice desde el primer momento en que llegó a mí…
Se quedó en silencio, no pudo seguir hablando. Sentía un nudo en la garganta, y la mirada inquietante de Cora lo ponía peor. Se llevó a la boca un sorbo de café, y otro más.
- Detective…
- Graham… Puede llamarme Graham – sonó exaltado, y volvió a beber de su taza
- Está bien… Graham, querido… Quiero que escuches mis palabras, porque voy a tratar de ser lo más clara posible contigo – hizo una pausa, antes de seguir con su discurso – Con Regina nada es casualidad… ¿entiendes?
Dudó en contestar. A cambio, siguió prestando atención a la mujer, y tomando de su café, que empezaba a agotarse
- Sé que no está todo muy claro, y que fui brusca al principio… Pero comprende que no te conocía y no sabía quién eras… Debo proteger a mi hija, y procurar lo que mejor le convenga
- ¡Como Jefferson! – la interrumpió cortante
- Si, como Jefferson… – bajó la vista – El pobre está bastante afectado también por lo que pasó.
Graham empezó a transmitir furia en su mirada, y la mujer lo notó. Sabía que el "Detective" no se tragaba ese cuento, al igual que ella
- Graham. Es tan importante para mí como para ti, saber qué ocurrió esa noche – lo miró con complicidad – Es decir, averiguar quiénes son los responsables del robo
- Puede estar segura de que llegaré al fondo de todo esto – le dijo en tono serio
- ¡Ese es el precisamente el problema!
- ¿Cómo?
- Que quiero que te ocupes de tus cosas… Es decir… Sé este "asunto" de tu ex novia, que pues, es lamentable
- Eso es información clasificada
- Si… No cuando de mi hija se trata – Respiró profundo – Mira Graham, eres un joven apuesto, y de verdad que veo todas las razones por las que mi hija está… se siente atraída por ti
- Ella me ama, no sólo se siente atraída – la interrumpió – ¿Y sabe cómo lo sé? Porque yo también la amo…
Volvió ese incómodo silencio entre ambos, de ese que hace que se pueda cortar el aire con un cuchillo. Rodeados de la multitud en la cafetería, ese silencio era ensordecedor
- Graham – dudó unos minutos si continuar – No lo tomes personal. Me agradas… Ahora que te conozco, y sé quién eres… Yo pienso que debes enfocarte en estar bien, en tu salud…
- ¿Usted me está amenazando? – Le dijo en tono de reto
- No Graham… – le dedicó otra de sus extrañas sonrisas, bajando la mirada, para fijarla nuevamente en él – A ver… claro que puedes ir a ver a Regina…
- ¿Cómo? – lo delató su sorpresa
- Si, si, claro. No te lo estoy impidiendo. Sólo que creo que debes dejar que Regina resuelva sola sus asuntos, porque ella es así…
- ¿Qué respete su voluntad? Siempre he respetado a Regina, nunca la he forzado a nada… Desde que nos conocimos así fue… Soy un caballero Señora Mills
- Como tu padre... – murmuró – Lo sé. Pero no debes olvidar cuidarte a ti mismo. Todo no es siempre lo que parece Graham
- ¿No entiendo? Explíquese por favor – estaba inquieto por sus comentarios vagos. Pero sabía que iba a intentar confundirlo – O mejor… ¿sabe qué?... Gracias. Visitaré a su hija. Igual lo habría hecho con o sin su autorización… Y claro que voy a dejar que ella resuelva sus asuntos, como ella considere, ¿sabe por qué? Porque lo hará para que podemos estar juntos. Pésele a quién le pese, ella ha escogido estar a mi lado, y así será.
La mujer lo miraba fijamente, atenta a sus gestos. No parecía la misma mujer del hospital. Estaba distraída; hasta se podía decir que se veía consternada y frágil ante aquellas palabras de Graham.
- Bueno Graham… No me queda más que desearles suerte. No puedo decir que tienen mi bendición o que no la tienen… Porque eso no importa ¿o sí?
- ¡No!, realmente no, y me disculpa la franqueza
Iba a levantarse, pero Graham lo hizo antes, y la ayudó de inmediato a retirar su silla. Hizo un gesto de sacar su monedero del costoso bolso, cuando el hombre le hizo otro con la mano, indicando que él pagaba. Ella asintió.
- Regina es una mujer fuerte Graham… No es tan frágil como parece. Saldrá de esta, y entonces, se decidirá… – se colocaba los lentes de sol y los guantes mientras hablaba, antes de ser interrumpida por Graham
- ¡Eso espero! – dijo en tono ligeramente amenazante
- Ve a verla cuando quieras… Pero ten en cuenta que no deben saber que tiene una relación, por lo menos no en su trabajo ¿cierto? – lo miró con ironía
- También lo sé… Así lo haré – dijo, entre desconcertado y desafiante
La mujer se retiró del lugar, cual diva de un escenario. Estaba molesto. Se preguntaba ¿cómo es que esa mujer lo sabía todo, o casi todo, y él se sentía tan perdido? ¿y a qué demonios venía a hacer referencia a su padre, a su relación con Regina, si apenas lo conocía?. Lo había amenazado sutilmente, eso lo tuvo claro desde el momento que le dedicó la primera mirada en el hospital.
Lo importante es que sabía que tenía que ser muy cuidadoso al visitar a Regina. No quería sorpresas en su camino. Se dedicó a sacar nuevamente la tarjeta, con aquel símbolo, a mirarla intrigado, hasta que se percató en la hora.
Salió como bólido a su primera sesión de terapia, las cuales lo harían volver a integrarse en su rutina. Y así lo hizo. Parte de lo que Archie quería, era que comprendiera por lo que él estaba pasando… Pero cómo sería esto si no sabía el trasfondo… ¿cómo explicarle a Archie que estaba triste por lo de Elsa, pero que sus pensamientos reposaban con Regina, en coma, en esa cama de hospital?
Fácil. Tendría que contárselo. En las sesiones iniciales, se dedicaron a explorar sus sentimientos sobre lo que le había sucedido a Elsa, sobre lo abrupto de su ruptura. Luego hablarían de Regina. Eso era harina de otro costal.
Recordó cosas que no sabía siquiera que habían pasado, o por lo menos no les dio importancia al principio. Como el día en que Elsa llegó llorando, ahogada en su frustración, porque no había conseguido la beca en la escuela de arte, que estaba tan segura que le darían. En ese momento era irrelevante, pues ya estaba estudiando una carrera que llamaba "seria", pero que en el fondo ambos sabían que no le apasionaba a la rubia.
También vino a su mente el día que dejó, de un momento para otro, de estar triste. La habían contactado de un centro para dar clases de pintura, y pensó que como pasatiempo estaría bien. O el día que llamaron a la casa del trabajo preguntado por Elsa. Él estaba en descanso, atendió la llamada y no se preocupó demasiado, porque sabía que las clases de arte ya no eran un hobbie, aunque ella no se lo había confesado como tal… Recordó que cada vez guardaba más secretos, se asilaba de los demás, pasaba más tiempo en las clases, en el instituto privado ese, más que con él.
Eso tampoco fue tan abrupto de sentir, porque él trabajaba demasiado. Permanecía más tiempo fuera de casa, arriesgando su vida; cosa que sabía que a Elsa la atormentaba, y entonces, por eso tampoco dijo nada. Ahora lo recordaba, ahora lo sabía.
Elsa había cambiado mucho más de lo que él recordaba, tal vez por la conciencia de haberla abandonado en parte, porque ahora así lo sentía; o tal vez por el hecho de haber estado muy ocupado para notar las claras señales: su cambio de estado de ánimo, de forma de vestir, de peinarse, de hablar, de mirar al infinito mientras cenaban. En la intimidad, nada había cambiado. Eso que a los hombres los hace reaccionar, lo básico e instintivo, por básicos pues… Eso no cambió. Tal vez esa era la estrategia de Elsa para pasar desapercibida, hasta que no pudo más y lo dejó. Lo abandonó.
No sabía si las sesiones con Archie lo estaban ayudando, o estaban empeorando su condición. Pero su único "alivio" por esos días, era ir a ver a Regina, cuando nadie más estaba cerca, de noche. Velar sus sueños en una silla, al lado de su cama, cómplice con las enfermeras de sus actos. Él la amaba tanto, que sólo sentirla cerca lo hacía olvidar el horror de lo que se avecinaba.
Ahí estaba Regina, hermosa e inmóvil, tan perfecta como frágil, respirando asistida y en coma. Ella era la razón por la que seguía levantándose en las mañas. Era la razón por la que olvidaba todo lo malo del pasado, que lo hacía reaccionar sobre el futuro. No la iba a dejar escapar.
Se acercaba a ella cada tanto. Acariciaba sus cabellos, su rostro hermoso. Besaba su frente, y sus labios como podía
- ¡Despierta! Mi vida… Despierta y quédate a mi lado. Yo no voy a abandonarte, a ti no. Te voy a proteger, con mi vida.
Lloraba, como lo hacen los hombres cuando sienten un dolor real, y nadie los ve.
Una noche, antes de que Regina despertara del coma, recibió una llamada de David. Pensó que tal vez se trataba del bebé o de Mary Margaret, pero no
- Aló Graham
- Si David… ¿pasó algo? ¿Mary está bien y el bebé?
- Si Graham, si… Estaba por llamarte – sonaba preocupado
- Dime – se metió al baño de la habitación, tratando de no ser escuchado y para no perturbar a Regina, aunque sabía que estaba lejos de allí – ¿Qué sucedió?
- La tarjeta con el símbolo…
- ¿Qué pasó con eso?
- Es muy parecida a una encontrada en la búsqueda exhaustiva que se hizo de un casillero privado de Elsa. Dentro de éste
- ¿Cómo? Un casillero privado en dónde… ¿De qué hablas? – se sintió alarmado
- Espera por favor… ¡Siéntate y escucha! – le dijo cortante
- Ok – se sentó en la tapa del inodoro, y pensó que se sentía ridículo, y ridículamente nervioso
- La tarjeta que encontraste en el bolso de Regina, es muy parecida a la encontrada en el casillero de Elsa. Tenía la llave y una indicación en una tabla rota, oculta en el piso del lugar donde… Bueno… donde la encontraron
- Ok… – Tuvo que estar en silencio unos minutos, porque nada tenía sentido – ¿Cómo parecidas?
- Pues, el símbolo es diferente. El de la tarjeta que recibió Elsa es uno de los que dibujó y pintó… El mismo que tenía sobre su cuerpo cuando la encontraron… Es inversa a la de Regina. La que tenía ella es negra, con el símbolo en rojo brillante. La que tenía Elsa era roja, con el símbolo en color negro mate.
Permaneció unos minutos en silencio, asimilando la información. David debió sentir que correspondía darle ese espacio, porque no dijo nada más, esperando la pregunta de su compañero. Se levantó y abrió ligeramente la puerta, y se dedicó a observar a Regina, mientras continuaba la conversación
- Pues, que sea parecida no es concluyente… ¿o sí? – le dijo con preocupación
Se inquietó aún más al ver que David permanecía en silencio al otro lado de la línea, otorgándole a su pregunta una respuesta opuesta a la esperada
- ¿Qué pasa David? ¿Qué más sabes que no me dices? – sonaba impaciente, susurrando aún
- Te sugiero que no adelantes conclusiones… Escúchame. Este no es el primer caso. Como el de Elsa hay registrado dos más en Omaha. Uno hace cinco años, y el otro hace año y medio. Pero se sospecha de otros dos, cuya escena del crimen fue alterada por las familias de la víctima, por lo que no se le atribuyó el mismo modo de operación
- ¿No interrogaron a las familias de las víctimas?
- Si. Mismo caso… Vida estable, de repente desaparecieron alegando que irían a hacer su vida, o algo similar
- ¿De cuando son esos dos presuntos casos, y de dónde? – usaba tono neutral de policía, mientras veía a Regina, casi sin parpadear
- Uno en Indiana hace tres años, y otro en Mississippi; de ese no hay fecha en el registro, imagínate, pero con reportes posteriores, data de hace ocho años, aproximadamente. El de Elsa en Maine, sería el quinto presunto caso, y el tercero atribuido al asesino de Omaha, que se sepa al menos. Estamos haciendo contactos aislados, tratando de no quedar expuestos… Ha habido mucho hermetismo al respecto. Graham, de verdad, es bastante raro que la única que empieza a trabajar en serio en estos casos sea Regina, y reciba esa tarjeta, y sea víctima del robo
- Dijiste que no íbamos a adelantar conclusiones
- Ella trajo toda la información, lista para que averiguáramos más
- ¡David!…
Volvieron a estar unos minutos en silencio, pero de repente Graham lo rompió con una pregunta más que obvia
- ¿En alguno de estos casos se encontraron las mismas tarjetas?
- Graham… – Tardó unos segundos, dudando si hablar
- ¡Dime! – susurró más fuerte. Esa actitud misteriosa de David lo sacaba de sus casillas
- Sí. En todos, inclusive en los no confirmados. Las mismas cartas. De los cuatro casos sólo uno de los símbolos es diferente entre sí. El de Elsa. Pero a nivel de color son los mismos. En uno de los reportes dice que la víctima recibió la tarjeta un mes antes de su muerte, por correo. Todas en la misma combinación de colores que la de Elsa
- ¿Ninguna como la de Regina?
- De esas no… Pero… – Se quedó en silencio
- ¿Hay algo más que valga la pena saber?
- Sí. En Mississippi se perdió mucha información, en un incendio. En el caso estaba un médico forense, experta en reconocimiento de cadáveres en avanzado estado de descomposición. Ella examinó el cadáver, y su reporte no está en el expediente
- ¿Y eso qué?
- Pues, que ella tiene un expediente
- ¿Cómo?
- Si… Se suicidó en la sala donde trabajaba, justo después de un importante ascenso a jefe estadal de Medicina Forense
- ¿Alguna razón atribuida? – seguía observando a Regina
- No en particular. Pero había empezado a tener contacto con la forense en Omaha… problemas con la bebida, pero nada que se pueda decir que era grave
- ¿Y qué tendría eso que ver con los casos?... Tal vez descubrió algo más…
- Pues sí, precisamente eso pienso. Era una mujer muy influyente, de una familia de sociedad
- ¿Y las víctimas?
- Parecen seleccionadas al azar, en cuanto al estatus social… Algunas en mejor posición que otras… Nada concluyente. Pero lo importante: todas con problemas en el hogar o huérfanas
- ¿Huérfanas?... ¿Y lo de la doctora por qué debe de sorprenderme?
- No era huérfana, obviamente. Y te debe sorprender porque una semana antes de suicidarse, recibió por correo una tarjeta
Se quedaron nuevamente en ese silencio incómodo, que hace parecer que la llamada finalizó
- Si Graham… con un símbolo muy parecido al de Regina
- ¿Roja como la de Elsa?
- ¡No Graham… Negra, como la de Regina!
Para mis niñas… ¡Y que viva Venezuela!
