Capítulo XXVIII

Revelaciones

Ella despertó. Eso era lo más importante. ¡Eso era todo!

La besó nuevamente, como si la vida se les fuera en ello. Regina sintió una puntada de dolor traspasarla. Sus pulsaciones aumentaron entonces. Graham trató de calmarla, la acarició.

La enfermera llegó de forma apresurada

- ¡Muñeco!… ¡Al baño! ¡Ya!

Él no dejó de ver a Regina, mientras se perdía en las sombras de la habitación, y tomaba sus cosas para esconderse donde la mujer le había indicado. La morena no dejó de verlo, con lágrimas en sus ojos, pese al fuerte dolor que sentía.

- ¡Doctor! – dijo la enfermera que ayudaba a Graham – despertó, y al parecer tiene dolor – se acercaba a Regina enciendo las luces de la sala privada de cuidados intensivos donde estaba la mujer

- Vamos a chequear sus signos vitales, llame al interno y a otra enfermera – dijo mientras se acercaba a la paciente - ¡Regina! ¿Me escucha? Soy el Doctor Hansen… ¿Me escucha? – Hizo la pregunta, mientras con una linterna iluminaba sus hermosos ojos marrones

- ¡Si! – dijo la morena, con la respiración entrecortada, por la presión y dolor que sentía en el pecho

- Siga la luz con los ojos… ¿Siente dolor? Asienta o niegue con la cabeza, no tiene que hablar – dijo el doctor, mientras chequeaba los demás signos vitales de rigor, señales y monitores

Regina asintió, y constantemente trataba de disimular que buscaba a Graham con la mirada. Ella solamente pensaba en él, en que quería besarlo, abrazarlo. El dolor era fuerte, pero no tanto como para no querer terminar ese proceso rápidamente

- ¿Le duele aquí, en el pecho? – preguntó, señalando la zona y viendo a Regina asentir nuevamente – A ver… ¿El dolor es permanente? – Esperó al gesto negativo de la paciente para continuar con el interrogatorio – Entonces ¿Le duele sólo al respirar?

- Más o menos – trataba de responder – Cuando respiro más profundo siento dolor

- Ok Regina, lo está haciendo muy bien. Sólo unas respuestas más, unas dos o tres pruebas necesarias, y podrá descansar – Se volvió al interno y a la enfermera que estaba en turno – Que le administren el mismo calmante y el antiinflamatorio, dosis iguales. Continúen con el antibiótico hasta mañana, a ver cómo evoluciona. No ha habido fiebre, y eso es positivo – ahora le hablaba a todos – Asegúrense de que siga la alimentación a través de la vena, por la noche de hoy

- Entendido Doctor Hansen – respondieron los subalternos

- Regina – se volteó para mirarla, mientras se disponía a ver su tabla de datos – ¿Sabe por qué está usted aquí? Es decir, cómo llegó a esta condición…

- ¡Si! – Regina se distraía al ver que le cambiaban las bolsas con los medicamentos, y que no veía a Graham – Lo recuerdo…

- ¿Se encuentra usted bien?

- Tengo también un ligero dolor de cabeza – Se apresuró a decir, al ver que el médico que se volteaba a mirar a donde ella lo hacía de forma intermitente – Pero no es fuerte, sólo… sólo estoy cansada

- ¡Claro! – dijo el doctor que la atendía – Debo hacerle estas preguntas, porque necesito evaluar su coordinación y el posible traumatismo o daños que pueda tener… ¿Me entiende Regina?

- Si Doctor – asintió y lo miró con atención, decidida a terminar con eso lo antes posible

- ¿Me puede dar su nombre completo?

- Regina Mills

- ¿A qué se dedica Señora Mills?

- Señorita Mills, no estoy casada aún. Soy Fiscal de Distrito para esta jurisdicción. Por cierto… ¡Y Jefferson! ¿Dónde está Jefferson? ¿Y la señorita Green? – ahora Regina parecía un poco alterada

- Señorita Mills… Regina ¡Cálmese! ¡Por favor mantenga la calma! – se escuchaba alterada su respiración, y por ende las señales aumentaban, al igual que el dolor

- Si… Si… – Trataba de verse calmada. Cerró los ojos para concentrarse en su respiración

- Así es Regina, lo está haciendo muy bien – le dijo, mientras le indicaba a la enfermera que le diera agua a la paciente, y ésta lo hacía

- Dígame doctor… ¿Cómo están? ¿Dónde están?

- Relájese Regina. Sepa que ellos están bien, fuera de peligro. ¿Sabe cuánto tiempo ha estado aquí?

- No – contestó Regina, después de unos segundos de silencio honesto – No lo sé

- Dos semanas Regina. Lleva dos semanas, en las que estuvo en coma…

- ¿Dos…? – Abrió los ojos como platos de la impresión – ¿En coma?

- El Señor Jefferson está bien, nunca estuvo en peligro real. Algunas fracturas, pero nada que no se pueda solventar con operaciones y rehabilitación. Está en habitación particular, recuperándose de una cirugía en la mano derecha – el doctor la miró inquieto, al ver que Regina lo observaba sin parpadear siquiera – ¿Está usted bien?

- Si Doctor… Continúe ¿y mi asistente? ¿La señorita Green está bien? – Lo miró con preocupación nuevamente

- Ella tiene seis días que fue dada de alta – dijo, como extrañado aún por esa situación – casi no tuvo traumatismos o contusiones, una fractura en el brazo izquierdo, nada serio – seguía impactado por la fortaleza mental que demostraba la paciente. La recuperación sería acelerada

- Entiendo… Gracias a Dios están bien…

- ¿Sabe cómo llegó aquí Regina? ¿Le puedo llamar Regina?

- Claro Doctor, si puede. Si… se que fui víctima de un asalto… No quiero hablar de eso… por los momentos – bajó la vista, y las lágrimas cayeron de su rostro

- Tranquila Regina… No tiene que hablarme a mí de eso, sólo preciso saber si recuerda todo antes de llegar – La miró nuevamente a los ojos, cuando levantó la cabeza – ¿Qué es lo último que recuerda? Haga un esfuerzo Regina…

- Recuerdo… Recuerdo haberme desmayado en la calle, luego de salir del carro… – Bajó la vista, llorando, consternada. Parecía que los sedantes empezaban a hacer efecto en ella – No recuerdo más…

- ¡Tranquila! ¿Está consciente de que va a tener que hablar con la policía de esto?

- Totalmente – seguía mirando las sábanas sobre su pecho

- ¿Recuerda detalles familiares y personales?

- Si se refiere a mi vida… ¡Si! – hizo una pausa y lo miró más calmada – Mi padre es Hery Mills, es General, mi madre es Cora – bostezó – Disculpe, yo…

- Tranquila. Con eso, los exámenes de sangre y las pruebas que le hemos hecho de reflejos, es suficiente por ahora. Descanse, que el día de mañana estará lleno de exámenes y si está apta y dispuesta, preguntas de la policía.

Regina asintió, bostezando nuevamente, tapándose la boca como pudo esta vez. Notó que la enfermera la miraba divertida. El doctor se retiró y ésta última se acercó con una bolsa de medicina, faltante en su suministro indicado.

- ¿Mucho sueño eh? – le dijo cuando la otra enfermera y los doctores ya se habían retirado dejando las instrucciones

- Si… algo – le dijo Regina, algo intrigada por la pregunta de la mujer

- Es sorprendente que los sedantes le hagan efecto, si apenas se los estoy colocando – le dijo la mujer sonriendo y giñando un ojo – ¡Sal ya muñeco… No hay moros en la costa! – dijo, acercándose a la puerta del baño – Tenemos suerte muñeco… Casi me matas de un susto – se dirigió a Graham, mientras se retiraba de la habitación – ¡Mantente alerta!

- Ya no será necesario… Pues yo autorizo su visita – dijo Regina, extendiendo su mano más libre en dirección a la de Graham, para que éste la tomara

- No se trata de eso Señorita – dijo la mujer – es que se tiene prohibido acompañante nocturno en esta área, en especial si no son miembros de tu familia

- ¡Tranquila, entiendo! – La miró con ternura y agradecimiento – Gracias por ayudarnos

- Es un placer Señorita… Todo sea por este muñeco que la adora… sépalo – Le dedicó otro giño a ambos y una sonrisa pícara, mientras los dejaba solos, agarrados de la mano.

La vio por unos segundos, y sonrió porque estaba feliz. Feliz, si, de tenerla nuevamente con vida, despierta y lúcida. Feliz de saber que estaba fuera de peligro, y de que no permitiría que nada ni nadie la lastimaran nuevamente.

Las luces se apagaron otra vez, dejando únicamente la de lectura que estaba junto a la cama. Apenas se podía apreciar el cuarto, los dos ramos de Rosas. Pero ambos podían observarse bajo la tenue luz, perfectamente.

- ¡La tienes loca por ti! – Bromeó – Es lo más parecido a una noche romántica que hemos tenido en dos semanas ¿no? – Intentó romper el acto contemplativo de Graham, intrigada por lo que estaría pensado

- Pues… Yo te he visto dormir todas estas noches – le dedicó otra de sus sonrisas perfectas que la hacían amarlo cada día más

Volvieron a mirarse un rato en silencio. Graham hizo más tenue la luz de la lamparita, para que no los sorprendieran en aquel instante. No quería apartarse de Regina ni un segundo, ahora que la tenía despierta para él

- Gracias – bajo la mirada

- ¿Por qué?

- Por todo ¡Tonto!

- Te cuidaría las mil y una noches… Y la mil y dos… y así – otra vez la miraba con adoración

- No sólo por eso… ¡Gracias por existir! Gracias por amarme como nunca nadie podrá hacerlo – Regina empezaba a sollozar, tratando de no romper en llanto, y de que el dolor no se agudizara – Gracias por permitirme amarte – le hizo un gesto de que no la interrumpiera – Gracias… Gracias por salvarme la vida – Lo miró directamente a los ojos, con una mezcla de amor y dolor que salía de su alma

- ¿Cómo no hacerlo? ¡Eres tú! ¡Regina, siempre serás tú! Llegaste a mi puerta… ¿cómo no salvarte, si contigo se me va la vida? – Le dijo, mientras apretaba su mano libre, y le acariciaba el cabello con suavidad – Lo siento… tengo que…

Se acercó y la besó con dulzura e intensidad a la vez, tratando de no lastimarla con su desesperación, pero Regina le respondía con la urgencia de su amor. Sentía un profundo deseo de llevarla lejos, de hacerla suya.

- ¡Te deseo! – le dijo la morena, visiblemente alterada

- ¡Regina! – las palabras de su mujer lo tomaron por sorpresa

- ¿Qué sucede Graham? Estoy despierta… Voy a mejorar. Estuve en coma, pero estoy viva ahora. Como nunca, y dispuesta a todo por ti… ¡Yo te amo! Perdóname todo… Te lo suplico – se había puesto a llorar nuevamente

- Lo siento Regina, no quise incomodarte. Es sólo que te he visto tan frágil, tan indefensa…

- No vamos a hacer el amor ahora, tonto – se burló de él, mientras se ponía cómoda en la cama, visiblemente cansada y con dificultad – … Pero cuando me recupere… – Le dedicó su mejor sonrisa perversa para ese momento

Él no pudo hacer nada más que reírse, y besarla nuevamente. Le acarició el cabello, el rostro algo hinchado aún, pero hermoso. De cualquier forma Regina se las ingeniaba para ser perfecta; o bueno, casi perfecta

- No creas que se me va a olvidar todo, sólo porque no pienso dejarte sola – Le dijo, frunciendo un poco el ceño, y enseriando el tono

- ¿A no? – Bostezó, y simulaba no entender

- No Regina… Sabes que no me como el cuento del supuesto "asalto"… ¿Lo sabes? – la miró de frente, desafiante – Sabes que no soy un idiota, y me ofendería mucho si crees que lo soy. No insultes mi inteligencia Regina, eso no sé si lo pueda perdonar

- Escucha Graham… Hay… Hay muchas cosas que tengo que decirte. Unas quiero decírtelas ya, otras no puedo revelártelas ahora. Mi vida no siempre ha sido color… color de rosas – el sueño comenzaba a vencerla y arrastraba las palabras – estas revelaciones…

- Lo sé Regina. No quiero sobresaltarte. Lo primero es que te mejores. Sólo te pido que no trates de engañarme más. ¡Por favor!

- Yo nunca he querido engañarte Graham. Las situaciones se han dado de forma tal que desafortunadamente no coincidimos en el tiempo… Jamás pensé que te encontraría nuevamente. La casualidad o el destino… ¡Qué sé yo!

- Tu madre dice que cuando se trata de ti… no hay casualidades – Bajó la mirada. Su tono era de pena e incredulidad

- ¡Mi madre! – Regina se sobresaltó, y también lo hicieron las señales de los aparatos

- ¡Calma Regina! – Graham también lo hizo – Calma que me van a descubrir, pero peor, te va ha hacer daño… Disculpa Regina, disculpa…

- Ya… Tranquilo – empezaba a estar nuevamente todo en calma y ritmo normal – Mi madre… ¿habló contigo? ¿Tuvo el descaro de reclamarte, de confrontarte? – su forma de hablar estaba cargada de resentimiento

- No en realidad… Me buscó, cosa que me asustó más. No me amenazó, ni me prohibió que te visitara. Es más… Creo que me habló de las razones del por qué yo estoy mejor sin ti – la miró desconcertado, y evidenció que ella también lo estaba

- ¡Clásico! – bajó la mirada, con una media sonrisa de ironía y hastío – Ella siempre buscando la manera de anticiparse a todo

- ¿Qué es todo?

- ¡Mi felicidad Graham, mi felicidad! – le hablaba con dolor en la mirada, con resentimiento hacia las acciones de su madre – Porque mi felicidad es la que ella y la sociedad eligieron para mí, y no la que yo deseo… Vengo de una familia conservadora al extremo Graham, y de paso mi mamá… mi mamá está loca – le soltó la mano y se la llevó al rostro. Lloraba nuevamente

La dejó tranquila unos minutos. Acercó la silla al lado de la cama donde era fácil esconderse. Justo del lado de la mano libre que le permitiera aferrarse a Regina. Pensó en las tarjetas, en todo lo que se avecinaba

- ¿Entonces? …

- Entonces Graham…

- Dime algunas de esas cosas que puedes decirme ahora, de esas Revelaciones… Antes de que te desmayes drogada – le sonrió

- ¡Mi vida! – lo miró con ternura – Daría lo que no tengo por hacer todo lo correcto de ahora en adelante, que nos permita estar juntos – se detuvo a tomar su mano, y a mirarlo como si su alma quisiera salir del cuerpo para tocarlo también – No quiero ocultarte nada más. Quiero que sepas todo de mí, desde mi complicada vida antes de Aruba, hasta todo lo que pasó cuando no supe si te volvería a ver

- Entonces… Jejeje… Vamos a empezar… ¿Qué signo eres?

- ¡Graham! ¡Idiota! – se empezó a reír, aunque quería simular seriedad – estoy – bostezó – hablando en serio

- Uy… Empezó la cuenta regresiva – le hizo un gesto de sueño

Regina bostezaba con mayor frecuencia, y le era más difícil tratar de mantenerse despierta, y que no se le cerraran los párpados

- Yo… Yo tengo que confesarte – arrastraba las palabras – sólo quería… verte antes de morir

- Te amo Regina… No vuelvas a decir eso ¿Si? – le hablaba más bajito, para dejarla descansar

- Yo lo recuerdo, recuerdo que llegué al carro… quería verte… ver… te… antes de mo… morir

- Regina… ¡basta! Ya te dije que no repitieras eso

- Es… Esposo… Tengo que… decirte – un bostezo prolongado pausó su confesión – Yo… yo te amo… amo y sé… recuerdo que caí en tu abrazo… digo, en tus brazos – arrastraba cada vez más las palabras

- Tranquila mi amor… déjate llevar, duerme. Yo velaré tus sueños. Estarás bien

- Siii… Silencio – le intentó hacer un gesto de que se callara – Yo te vi… Con la niñita… la muchacha esa de la oficina – hablaba ya como si estuviese bajo los efectos del alcohol

Graham se quedó en silencio. Regina era así de insólita. Podía estar bajo el escrutinio público, y se las ingeniaría para darle la vuelta a la situación, y terminar siendo la víctima de otro asunto completamente diferente. Si que era inteligente su mujer.

- Es… Esposo. Yo la vi cuando me caí – hizo una pausa nuevamente, ya con los ojos cerrados

- Lo sé…

- No… No me… dejes por ella. Te lo… suplico – bostezó nuevamente

- No lo haré. Rubí ya es sólo una amiga, desde que existes en mi vida

- ¡Mentiroso! – entreabrió los ojos, haciéndole pucheros – Ella te quiere… para ella. Yo no… no se lo permito

- Regina… ¿Me habías visto antes de que te tropezaras conmigo en Aruba? ¿Sabías de mí? – tenía que preguntárselo, aprovechando que ella estaba dopada

- Siiii… Claro… En el aeropuerto – hablaba de manera chistosa, como en Aruba bajo la influencia del tequila, pero adormilada – En la zona… En la zona… ¿Cómo se llama?

- ¿De embarque?

- ¡Eso! – lo medio miró y se sonrió – Bello e inteligente. Así es… mi Esposo. El padre de… mi bebé – acomodó la cara de lado

Simplemente no sabía de dónde había venido ese último comentario. Dudó de la coherencia de Regina, pero era algo demasiado impactante para dejarlo pasar

- ¿Qué hijo Regina? ¡Regina! ¿Qué bebé? ¿Cuál bebé? – subió un poco el tono - ¿Cuál es tu hijo?

- Yo… Yo no puedo – se puso triste de repente – No… puedo mi… amor – empezó a sollozar

- ¿qué no puedes?

- No bebés… yo no… no puedo tenerlos

- ¿Cuál bebé? ¿Cómo no puedes?

- No puedo… Yo quiero… tener mis bebés… Yo, conti… contigo mi bebé – bostezó – Henry mi bebé… Mamá te… mamá te ama.

Graham no sabía qué creer. Estaba seguro de que había un componente real en todas las palabras de Regina. Pero dudaba de la coherencia de muchas de las cosas, o del trasfondo. Simplemente debía eliminar esos pensamientos de su mente.

- Duerme Esposa… Descansa. Ya mañana me dirás todo lo que puedas… Te amo – le acarició el cabello, le dio un suave beso en la boca y se dispuso a velar sus sueños

- Yo tamo – balbuceó

Llegó a la casona a las afueras de la ciudad. No había luz en toda la zona. Un rayo había caído en la torrencial lluvia de la tarde.

Al abrir la puerta, se topó con la correspondencia que estaba empapada en el suelo

- ¡Maldición! – dijo, mientras se pisaba abrigo

Se quitó la capucha y colocó el abrigo en el perchero cerca de la entrada, dejando la puerta abierta mientras luchaba por encender el flash de su teléfono. Su cabellera rubia resplandecía a la luz de la luna llena

- ¡Hágase la luz! - musitó

Se sentó en el salón contiguo, e iluminó de nuevo el fajo de cartas. Un sobre rojo llamó su atención. No era la primera vez que lo veía. Lo batió con fuerza, lo rompió con cuidado por una punta, y extrajo el contenido.

Nuevamente la tarjeta roja con símbolo negro. Misma tarjeta, mismo símbolo, ningún otro escrito. No había nada más dentro del sobre.

De repente, un sonido en las afueras de la casa la hizo sobresaltarse. Se acercó a la ventana más cercana, pero no pudo evidenciar nada fuera de lo normal, dentro de lo que le permitía la luz de la luna.

De repente, un golpe seco al final del corredor, dentro de la casa, le paralizó el corazón. Su sangre se heló. Se volteó de repente, en la oscuridad, tratando de alumbrar con el flash de su celular el salón

- ¿Quién… quién anda allí? – preguntó temerosa

Pero no escuchó respuesta, lo único que alcanzó a distinguir, fue el sonido de pasos que se dirigían hacia ella, y la cerradura de la entrada principal asegurándose.

- ¿Sabes lo que significa esa tarjeta? – alguien más habló – Tu hora ha llegado…

ooo

Nota del Autor: Para aclarar una duda que se generó entre los saltos de la línea de tiempo: Actualmente Emma tiene 5 meses de embarazo, no 7. Siete meses tendrá, más o menos, para la fecha de la boda de Regina.

Gracias por la inspiración, sus comentarios, y por todo. Espero que este sea un año Grandioso.

Disculpen la demora, pero tuve problemas de salud fuertes.

Espero que les siga gustando, y espero sus comentarios. Saludos