Capítulo XXIX

En el pasado

El día siguiente, cuando Regina despertó, Graham ya no estaba. Se preguntó por qué se había ido sin despedirse, pero luego aceptó que la razón era obvia. No había tenido tiempo de recorrer con la vista la habitación, pero lo llamó y él no le respondió. Inmediatamente el médico tratante se hizo presente en la sala, con el personal correspondiente.

Entre exámenes y diferentes pruebas se fue la mañana. Ella sólo conseguía pensar en Graham. Lo extrañaba en verdad. Lo necesitaba. Parte de su ser había reconocido su diaria compañía durante el estado de coma. Llegó a sentir ansiedad, que se reflejó en alguno de los resultados de las revisiones que le hacían. Aparentemente podía escuchar que estaba mejorando rápidamente.

En realidad agradecía el hecho de estar viva, de poder luchar por tener a Graham en su vida. El había sido y era su salvación, su todo. Pronto estuvo de regreso en la habitación, junto con el Doctor que llevaba su caso a profundidad

- Regina, me complace decirte que tu mejoría es asombrosa. Lo único que nos faltaba era que despertaras, para chequear a profundidad la parte neurológica… Pero de lo demás te estás recuperando favorablemente. Eso era lo que te mantenía en peligro, el estado de coma.

- Esa es una buena noticia Doctor – bajó la mirada preparando su pregunta – ¿Cuánto tiempo más cree usted que debo estar aquí?

El doctor se sonrió, y bajó la mirada. Parecía que algo le causó gracia, pero Regina estaba segura de no que no bromeaba

- Es la segunda persona que me hace exactamente la misma pregunta sobre usted, y he aquí la respuesta: Regina, aún va a estar un par de días en observación, en esta misma sala… ¿Cuántos días? Dependerá de la estabilidad de su mejoría, a lo sumo tres. Luego pasará a una habitación.

- ¿Cuánto tiempo en total Doctor? Un aproximado, por favor – colocó su cara más angelical y con gesto de súplica

- Regina, después de que salga de observación, y continuemos monitoreando sus progresos, podré darle un tiempo estimado. Acaba de salir de un coma. Tuvo lesiones no tan graves, pero que se complicaron con lo de la perforación del pulmón. De eso has mejorado considerablemente.

- Doctor…

- Mínimo dos semanas, así que espero que sea paciente…

- ¿Dos semanas?

- Si, mínimo… Y sabe que debe descansar, no es que se va a incorporar al trabajo inmediatamente. Es decir, al darle de alta, aún hay un tiempo de reposo del trabajo y los quehaceres diarios, que va a tener que respetar. Además de venir a control.

Colocó una cara de fastidio tremendo, que sólo le hizo más gracia al doctor

- ¡Es impresionante! – dijo el doctor

- ¿Qué? Disculpe, pero es que tengo ganas de retomar mi vida, mis asuntos… Yo…

- No es eso… Es que su hermana ha hecho exactamente las mismas preguntas y los mismos gestos – le interrumpió el Doctor

- ¿Mi hermana?... – Tardó unos segundos en procesar la información – ¿Emma?

- Si, Emma, la joven embarazada… Por cierto, la está esperando en la sala

- Si… Doctor, ¿puede dar la orden para que entre?

- Bueno… Pero no se me extralimite Regina – Le dijo en tono serio – Es menester que descanse y se preocupe por su salud antes que nada

- Doctor… Si ya estoy mejorando… ¿Puedo recibir compañía durante las noches? No me gusta estar sola – Interrumpió al hombre de forma distraída. Mintió. Puso las manos en gesto de súplica y ojos de cachorro

- Regina… Esa chica no debería quedarse en su estado…

- ¡No! No lo digo por ella Doctor… Es un comentario en general – trató de disimular

- Pues en general… – lo meditó unos segundos ante la súplica de la morena – Ok, ok, está bien. Pero si sigue con la mejoría y eso no afecta su salud. Y mientras, continuaremos con el tratamiento, y con el calmante mientras haya dolor. ¿Queda claro? – le hacía un gesto con la mano y su dedo índice extendido

Asintió como niña buena, y se acomodó en la cama, con calma de no revivir el dolor. Regina sintió una alegría inexplicable, y tranquilidad al ver que Emma estaba a punto de llegar. Aquel hombre que cercenaba su salida a la vida cotidiana salió, mientras revisaba su tabla médica.

En unos minutos vio a Emma dirigirse rápidamente por el pasillo hacia la puerta, y allí se paró en seco. Estaba paralizada. En su cara había una alegría rebosante, pero se había quedado en la puerta abierta de cristal, con la mano apoyada al marco, como dándose valor para continuar. Mientras, la morena la miraba inquieta, con lágrimas de alegría ya en el rostro.

Regina detalló a Emma desde la cintura, donde la emoción de que se notara aún más su embarazo la abrumó. Su mirada era clara, parecía gritar "Vamos, ven y dame un fuerte abrazo", pero la rubia sólo podía mirarla y cerciorarse de que era verdad, de que Regina ya estaba despierta. Cuando por fin sus ojos se encontraron fijos mirándose, Emma echó a llorar, y corrió hacia donde estaba Regina. Se dieron un tierno y ansioso beso, libre de culpas, lleno de amor.

- ¡No me vuelvas a hacer esto nunca más! – le dijo como una niña, una Emma envuelta en lágrimas de temor y de alegría, aferrada a Regina, de manera tal que no le hiciese daño

- ¡Tranquila mi amor! – Regina tenía un brazo rodeando a Emma, y el más libre agarrando su cabeza y acariciando sus rubios cabellos – Yo no fui ni iré a ninguna parte… Siempre te voy a cuidar… Como siempre ha sido

- ¡Regina! Yo – le dijo la rubia, separándose entre lágrimas, mirándola a los hermoso ojos café – Yo… – Empezaba a bajar la mirada y a llorar con vigor

- Shiii, shiii… Ven a acá mi amor, ven… – Habló con gran ternura. Le hizo el gesto de que volviera a sus brazos, y la chica respondió a esto – Tranquila, que eso no le hace bien a mi pequeña ni a mi amor.

Se abrazaron por unos minutos en silencio, hasta que Emma terminó de calmarse y ambas respiraban con normalidad. Entonces Regina se apartó con cuidado de Emma, se acomodó en la cama y le hizo señas a la rubia para que se sentara cómoda en la misma. Mientras, con su mano libre secó las lágrimas del rostro de la joven, y le acarició el cabello. Luego la llevó hasta su barriguita de casi seis meses de embarazo

- ¿Cómo va mi niña? – le dijo acariciándola, mientras la veía con amor y ternura

- ¡Muy bien! Pese a mi estado de ánimo. Mi Doctor dice que he abusado de mi juventud y buena salud, y que por eso la niña no ha resentido más mi estado de ánimo pero… – Hablaba distraída, hasta que pensó que lo que decía le podía estar afectando a Regina. Bajó la mirada, luego volvió a concentrarla en los ojos pardos – Pero llevo poco más de una semana más serena, relajada, y eso nos ha ayudado – Puso su mano en la de la morena, y le dedicó una sonrisa amorosa y calmada

- Me alegro tanto que la bebé y tú estén bien – bajó la vista apenada – No quiero causarte mal – subió nuevamente la vista

- Henry ha sentido tu ausencia… Ha preguntado por su mami… No me lo podía traer…

- ¡Mi bebé!... mi Henry hermoso... Claro que no podías traerlo, a este ambiente…

- Regina… Yo… – Bajó la mirada, haciendo unos segundos de silencio.

- No pasa nada… Emma – Regina retiró su mano de la barriguita de Emma y la tomó de la barbilla para que la mirara – Ninguna quisimos que esto pasara y hacernos daño. Ya está, ya pasó y en el pasado se quedó – Le dedicó una enorme sonrisa, ante esa frase de la infancia

- Ja, ja, ja… ¡Es cierto! – sonrió Emma, de forma auténtica al recordar aquella frase, para luego reír juntas.

Desde que eran niñas, Emma una bebé apenas consciente y Regina una niña entrando en la adolescencia, habían usado esa frase cuando alguna hacía algo mal, y que afectaba de cierta forma a la otra. Por supuesto, el 99,99% de las veces era Emma que rompía algo, se ensuciaba, no comía… cual fuese la causa, eso repercutía de alguna forma en Regina. Entonces la pequeña lloraba y la morenita la consolaba, y le decía "Ya está, ya pasó, y en el pasado quedó".

Se quedaron en silencio un rato, parando de reír y mirándose con amor, hasta que la cara de Emma cambió drásticamente y se tornó seria, descompuesta, a lo que Regina reaccionó

- ¿Qué sucede? – le preguntó tomando de nuevo su barbilla

- ¿Qué vamos a hacer ahora? – le dijo una Emma robótica, con los ojos abiertos como platos, mirando al infinito

- ¿Con qué Emma? – suspiró, colocando cara de circunstancia – No ha pasado nada en realidad, sólo que yo tuve un percance y lo voy a resolver, nada que te afecte

- Pues no lo creo… Yo… – La rubia se veía preocupada, nerviosa – Han pasado unas cuantas cosas mientras "dormías" – hizo gesto con las manos – Y pues, no sé si lo he llevado de la mejor forma posible…

- ¿Qué quieres decir con eso? – Le preguntó la morena extrañada – ¿Qué cosas han pasado? Aparte de las previstas…

- Pues… En Primer lugar, tu madre, Cora. Segundo, Ann Smith estuvo por aquí con tu Madre. Tercero, Cora. Cuarto, Jefferson ha estado bastante descontrolado, y tu madre lo incita. Quito, Cora. Sexto, mi tía estuvo por la casa y por acá – la miró con ira – Séptimo, Cora. Octavo… – hizo una pausa unos segundos, meditando qué diría – Tu juguete sexual rondando…

- ¡Emma! – la interrumpió con tono cortante y algo molesta – Sobre Graham hablaremos en su momento. Por ahora, llámalo por su nombre, y hazte a la idea de verlo seguido, porque no pienso dar marcha atrás…

- Pero Regina…

- ¡Regina nada, Emma!, ¡Regina nada! – La volvió a interrumpir, y respiró profundo para relajarse y recuperar su centro – Vamos a ver Emma… entiendo que han sido días muy duros para ti, sola con todo esto, y que mi mamá se ha afincado en tu persona, por ser quién eres, pero no quiero que te alteres más por eso. Ya yo desperté. Voy con todo Emma – miró con intensidad y determinación – Voy a estar con Graham y el compromiso con Jefferson se va a cancelar

- ¿Pero cómo Regina? ¡Por Dios!

- ¿Es que acaso prefieres a Jefferson? ¿Te da igual que me mate un día?

- ¡No Regina, por Dios! – se levantó de un brinco de la cama, mirando a Regina con asombro – No es eso…

- Entonces… ¿Qué es Emma? – la miró con dolor – ¿He de morir sola? – Bajó la vista

- ¡No! – le dijo una Emma apenada, a la que ya le brotaban nuevamente las lágrimas – Perdona Regina… Mi celos a veces nublan mi juicio

- ¿A veces?... Lo sé… Pero no alcanzas a entender que yo he vivido un infierno sin ti, y que por fin puedo ser yo misma, que pude encontrar a alguien que me ama… Que realmente me ama Emma

- Si… Eso lo sé – siguió con la mirada en las sábanas – No tengo cómo agradecerle el hecho de que te haya salvado la vida – la miró directamente a los ojos – eso es algo que ha hecho que me mantenga al margen… ¡Sé que ha estado aquí! Que noche tras noche se ha quedado, para cuidarte.

Ambas se miraron en silencio unos minutos, entre disculpándose y alentándose

- Yo nunca te voy a dejar Emma… Pero es hora de que empecemos a sincerar cómo podemos estar una en la vida de la otra… – La miraba con un amor que se desbordaba de su alma – Te adoro, desde el primer momento en que te vi, en la cunita, pequeña e indefensa… Nunca me he separado de ti desde entonces, y nunca lo haré

- Y yo te adoro a ti Regina, y lo sabes… Es sólo que… – Hizo una pausa y continuó – Me cuesta madurar el hecho de que todo ha cambiado y lo hará aún más.

Regina le tendió los brazos, y la rubia volvió a la cama para abrazarla. Emma sabía que nunca la iba a dejar, que se amarían por siempre, y que jamás iba a desampararla.

Cuando Regina abrazaba a Emma con los ojos cerrados, recordó parte de las quejas que la joven le decía unos minutos atrás. Ahora estaba seria, y separó a la rubia de sí, para hablarle en tono casi imperceptible

- A ver… ¿Cómo está eso de mi mamá, lo de Jefferson, de Ann y de tu tía? – le dijo, y la tomó de la mano – a ver… Cuéntame…

- Regina, Jefferson sigue aquí, y los primeros días fue un infierno. Primero con tu madre, que no entiendo si lo estaba castigando o apoyando…

- Mi mamá nunca pierde su argumento, no da su brazo a torcer… ¡No sé por qué eso te sorprende Emma!…

- Claro, yo eso lo sé. Pero es que todo se puso color de hormiga cuando se enteró de quién era la madre de Graham… Ahí sí, ni supe por qué… Porque después vino lo demás…

Regina sí que sabía lo que pasaba. Cuando conoció los detalles familiares de la vida de Graham, y al percatarse de que pertenecía a ese pequeño círculo al que su madre le "rendía culto", supo que el hombre tenía oportunidad de estar en su vida. Pero mayor fue su sorpresa cuando, al investigar el pasado de ambos padres de su "esposo", encontró varios detalles más que importantes y curiosos que la ayudarían en este proceso.

- La verdad Emma, yo si sé parte de lo que le sucede a mi mamá, con respecto a Graham y a su familia – le dijo en tono serio – pero eso es material para después… Continúa con Ann

- Pues… Esa mujer se presentó aquí en el Hospital – Emma abría los ojos como platos, y hacías gestos de asombro e indignación – Yo jamás pensé que…

- ¡Emma! – La interrumpió Regina – Ella vino porque así debía ser. Mi mamá no tomaría en serio lo de permitir que todo se viera como un asalto, si no estuviera a cargo de un profesional. Ann sabe lo que hace. Fue la opción más acertada. Camino a casa esa mañana lo tenía previsto así, por si las cosas se salían de control, como de hecho lo hicieron.

Emma se quedó viendo a Regina entre sorprendida y espantada. La velocidad mental de la morena era algo que siempre la asustaba, y a la vez le atraía. Regina era brillante.

- ¿Tú sabes lo que está pasando Emma? ¿Lo sabes? – miraba a la rubia de forma inquisitiva – A mi mamá no le gusta perder el poder. Quiere mantener el control, y eso implica mantener control sobre mi vida y mis actos. Quiere guardar las apariencias para seguir con su reinado de terror, su manejo de los demás… Pero yo no se lo voy a permitir

- Regina… No es lo único que ha pasado, y eso me da miedo…

- Tranquila Emma, que yo sé lo que hago…

- Pero… ¿y Jefferson?

- ¿Sabes lo que ha hecho mi madre? – bajó el tono, y se acercó al oído de Emma – Tiene a la hija de Jefferson secuestrada, desde antes de nuestro compromiso

- ¿Por qué no me lo habías dicho? – la rubia estaba atónita – ¡Tu madre ha ido muy lejos! – seguían hablando al oído

- Trato de protegerte Emma, de las locuras de mi madre. ¡Cora está dispuesta a todo! – Hizo una pausa, y una sonrisa maléfica apareció en su rostro – Pero cuando se me presentó la madre de Graham y me enteré de que se conocían… Allí encontré la forma de salir del compromiso, y de que no tenga forma de decirle que no a Graham, y por ende, que le entregue su hija a Jefferson, sana y salva.

Se separaron para mirarse al rostro. Emma la miraba entre asustada y divertida, y Regina entre divertida y retorcida; estaban como contándose un secreto adolescente algo reprochable

- No puedo acusarla. ¡Es mi madre!… Pero con lo que pasó, va a tener que darle su hija a Jefferson, y con esto último, ese saldrá de nuestras vidas para siempre. La única razón que lo mantenía fiel al compromiso era eso – volvió a murmurarle a Emma – Pero en lo que pueda hablar con Cora, todo éste infierno empezará a cambiar

- Entiendo… Me caen las piezas completitas… ¿Pero y Ann? ¿Puedes confiar en su lealtad?

- Ella es una profesional Emma. Está entrenada para estas cosas. Ella trabaja en mi seguridad personal, y no en la de mi madre

- Correcto… Sólo lo decía… por seguridad

- ¡Entiendo!

- Como miró a Graham como si se lo quisiera comer… Pues…

- ¿Qué? – Se separó de Emma y había subido el volumen de forma automática

- Shiii… ¡Regina! – le hizo señas de que bajara la voz

Regina estaba algo alterada con la última afirmación de Emma. Estaba extrañada realmente. Luego una idea fugaz cruzó por su cabeza

- ¡Emma! ¡Mi bolso! ¿Quién tiene mis dos celulares?

- Pues no sé Regina ¿por qué? – Emma estaba extrañada – Supongo que la policía, o tu madre. Tus efectos personales se los entregaron a ella, pues en lo que llegó se impuso sobre tu contacto de emergencia – se señaló a sí misma – posterior a la revisión policiaca. Pero tranquila que están protegidos.

Se quedó unos minutos en silencio. Mirando las sabanas y a Emma, con cara de contrariedad y preocupación. Se sintió cansada de repente. Así que decidió recostarse. Le molestaba un poco el pecho

- Ya veré dónde están…

- Si, no te preocupes por eso ahora… ¡Descansa! – La ayudó a arroparse y a reclinar la cama – Yo me quedo un rato más para verte descansar – le sonrió

- Siéntate en la silla, más cerca de mí ¿sí? – le dijo, entre bostezos – Para que me cuentes la perla mayor… Lo de tu tía…

- Ah… eso – Emma cambió su expresión de inmediato – eso es largo y tendido

- Ok… Espero para saber qué trajo de vuelta a la vida a Ingrid… – reveló con ironía

La joven fue a buscar la silla, y al voltear la vista, se fijó que estaba donde seguramente Graham la había dejado, a los pies de la cama de Regina, del otro lado. Entornó los ojos como poseída y suspiró fastidiada, mientras arrastraba los pies. Dirigió la mirada por la habitación, y vio al fondo dos ramos de rosas. El de Graham, tapando otro que no percibió bien hasta cambiar de ángulo.

- ¡Qué demo…! – dijo la rubia ahogó su expresión, paralizándose de inmediato

- ¿Qué pasa Emma? – Regina siguió con la mirada la visión de la chica, y logró divisar los dos ramos a la perfección. El de Graham de rosas blancas con borde rosa, y el de rosas morado pálido.

Ambas permanecieron en silencio unos minutos. Emma apenas pudo dar pasos hasta la silla, y atinó a sentarse, con dificultad.

- ¡Emma! – la voz de Regina era apenas audible – Emma… ¿algo que te esté faltando por decir?

- ¡Sí! – apenas pudo responder

- ¿Es la primera vez? – los sonidos del monitor comenzaron a ser más frecuentes

- ¡No! – una lágrima salió espontánea de su ojo derecho, y calló sobre su pierna. Y vino a su cabeza aquella imagen

- ¿Algo que haya sobrado en tu correo?

Emma volteó como la chica del exorcista hacia donde estaba Regina. La visión azul era inexpresiva. Los ojos abiertos como platos, y la mirada perdida, que apenas consiguió los ojos de una Regina en semejante acción

- ¡Si! – dijo en tono robótico, y lo comprendió.

ooo

Disculpen la demora en la actualización. No se debe a la nueva historia, la cual también tengo un poco abandonada, si no a mi estado de salud.

Espero que les guste… Trataré de actualizar pronto. Espero como siempre sus comentarios, y les agradezco el apoyo.

Saludos