Capítulo XXX

El Mensaje

Había sido un día largo en la oficina. Estaba agotado del trabajo; pero claro, cómo no estarlo, si llevaba más de dos semanas durmiendo en una silla, vigilando el profundo "sueño" de Regina. Sólo quería volver para encontrarla despierta.

Se le asignó el trabajo administrativo del caso de "La fiscal Mills", pero la investigación había estado a cargo de otro de sus compañeros. Redactaba el informe, y chequeaba las pruebas, o mejor dicho la ausencia de las mismas, recopiladas en la escena; conclusión: Delincuencia Organizada, robo a mano armado de connotación casual. No había pruebas de nada más, o al menos ninguna adicional a las lesiones ocurridas durante el hecho.

David no había llegado aún. Estaba desde temprano con Aungust, entrevistando a posibles testigos del caso de Elsa. Ya deseaba saber más de lo que había sucedido. Graham no podía evitar relacionar de alguna forma el destino de Elsa al futuro de Regina, y eso le helaba la sangre.

Era una realidad, el caso de Elsa era otro más de los misteriosos homicidios de mujeres atribuidos a "El asesino de Omaha". Así era, una víctima más. Pero hasta ahora comenzaban a tener relevancia una serie de pruebas y señales comunes en aquellos casos. ¿Por qué hasta entonces esta evidencia no había sido revisada, relacionada, o tomada en cuenta? Lastimosamente, sólo había dos casos en los cuales relacionar las cartas. ¿Por qué el asesino las señalaba? Evidentemente las discriminaba. El caso de la Jefe de Medicina Forense era para él el punto de partida para generar la conexión.

Una llamada lo sacó de sus cavilaciones. El mismo Capitán Gold la tomó, dada la revolución que había por aquellos días en la estación, acelerados por tener todo a punto para las indagaciones, aunque no existía más sospechoso que él.

Vio como la cara del hombre se transfiguraba, y de repente se volteaba a mirarlo, de forma perturbadora. Graham no apartó su vista, por el contrario, se levantó colocando sus manos en los bolsillos del pantalón, levantando su chaqueta.

Sabía que esa llamada denotaba "problemas" en todo sentido. Rogaba que no se tratara de Regina. Por un momento esa idea cruzó por su cabeza, y sintió pánico. Aquel hombre parecía presagiar una desgracia, con la intensidad de su mirada, y el hermetismo que fue generando, a medida que los segundos transcurrían ante aquella escena.

Gold le indicó a voces a su secretaria que le trajera la libreta para anotar. Eso era extraño, verdaderamente extraño. Los segundos que Bella tardó en hacer caso a las instrucciones de su jefe, y éste en anotar, fueron en los que Gold dejó de observarlo con aquella cara de "pena de muerte".

Una vez culminó la llamada, el hombre parecía haber quedado absorto mirando el aparato telefónico, como si éste fuese objeto de una extraña posesión. Luego de unos segundos, retomó el duelo de miradas con Graham, y libreta en mano se dirigió a Graham, y a los dos o tres oficiales que se encontraban de guardia en la estación.

- En la frontera del estado, a una hora de Biddeford, encontraron el cadáver de otra joven, en un muy avanzado estado de descomposición. No sé a ciencia cierta, eso es lo que tenemos que ir a averiguar – No dejaba de mirar a Graham, usando un tono exasperado – Señorita Bella – se dirigió nuevamente a su secretaria

- ¿Si Señor Gold? – a ella era la única que se le permitía llamarlo así, y no Capitán

- Dígale al Forense que en diez minutos salimos a una escena, que prepare a su equipo. Nos vemos en el helipuerto

- ¡Si Señor! – la chica inmediatamente se dirigió a hacer los arreglos pertinentes y el llamado correspondiente

Gold se quedó en silencio unos segundos, meditando, mirando al piso con cara de circunstancia, mientras los subalternos, expectantes, buscaban evadir lo inevitable. Se veía que hacía un esfuerzo por concretar la idea que se formaba en su cabeza

- ¡Al demenio! – Miró al joven nuevamente, desafiante – Graham, tome sus cosas y alístese para ir a la escena del crimen. Ambos iremos, así que si estamos violando alguna regla, seré yo el único responsable – dijo el hombre de manera determinante

- Pero… ¡Capitán! – dijo Graham, sintiendo a cada segundo que no era lo apropiado

- ¡Nada Graham! ¡Es una orden directa! Ninguno de los presentes… – señaló a los tres oficiales de menor experiencia – tienen tanto tiempo en la fuerza, y menos aún en homicidios… Y ninguno de ellos estuvo en una escena parecida – dijo, bajando el tono mientras se acercaba, quedado frente a él

- Se refiere a… – Nuevamente recordó el caso de Elsa, y el mismo sentimiento de asco y nausea se apoderó de él

- ¡Afirmativo Detective!, y le sugiero que se ponga en marcha con lo que requiera – dijo volteándose para ir a su oficina – salimos en – miró su reloj – en ocho minutos…

El hombre se dirigió a Bella, de una forma más humana de la que se dirigía al resto de la población de Maine

- Ah, Señorita Bella… dígale al piloto de turno que se apresure, o más que la escena del crimen, vamos a encontrar la del velorio – y le dedicó lo que parecía una auténtica sonrisa*

La chica le devolvió una sonrisa de cortesía, pues parecía haberse adaptado de una forma u otra al humor pobre y macabro del Capitán Gold.

Ahora se iba a presenciar algo para lo que no estaba preparado aún. Al principio pensó que estaba mal que, apenas regresando de la suspensión y la terapia, fuese a la escena de un homicidio "común", si es posible denotarlo así; pero definitivamente estaba fuera de tono y de toda regla, ir a la escena de un crimen semejante al de Elsa. Otra posible víctima de "El asesino de Omaha".

A él le había sido vetado ese caso, sobre todo por ser "cercano" a una de las víctimas, lo cual había levantado suspicacias y una enorme barrera. ¿Y quién había erigido esa barrera? Nada más y nada menos que su jefe, y la Fiscal de Distrito.

Gold ahora desconocía lo que antes había argumentado sobre las limitaciones, porque en el fondo sabía que Graham podía ser un elemento valioso para la investigación, además de estar al tanto de que era completamente inocente. Supuso entonces, que esos instintos derivados de la experiencia pueden ser sometidos a hábiles engaños, si se lo proponen. Claro que sí, puesto que él no tenía ni idea de la relación real que llevaba con Regina.

Regina. Ese era otro cuento. Cómo se comunicaba con ella para decirle que no la vería hoy ¿Cómo? Y no la vería. Sentía que su corazón era nuevamente apretado en un puño. Lo peor… Regina, que claramente había expuesto razones para sacarlo del caso, aún y cuando no existía un argumento estructurado para ir a juicio, imponía como norma que él no participara y se mantuviese totalmente aislado de la investigación.

No sólo estaría decepcionada y extrañada de no verlo hoy, su segundo día despierta mejorando y sólo para él, sino que de paso iba a enfrentarse con un dilema: iba a mentirle a Regina, ocultándole la verdadera razón de su ausencia. Tal vez a maquillarla nada más; pero era una mentira al fin y al cabo, que terminaría por revelarse, y ese no era su estilo.

No sólo no era mentiroso, sino que la idea de decepcionar a Regina lo mataba. Pese a que ella tuviese tantos secretos para con él, no quería que esto se hiciera notar de su parte. ¿Qué si se enteraría? ¡Claro que lo haría!

- ¡Estoy jodido! – dijo para sí mismo - ¡Jodido! – levantó el tono, y golpeó la superficie del escritorio con ambas manos.

La chica, que pasaba a su lado llevándole un vaso grande de café con tapa, tal cual le gustaba a él, saltó al escuchar su afirmación

- ¡Graham! – lo tomó del brazo y lo hizo girar sobre sí, hasta encontrarse con su mirada – ¡Todo va a estar bien!

- Gracias Ruby, pero sabes que no todo está bien – le dijo, mientras colocaba su mano en el hombro de la joven

- Lo sé, pero lo estará – le dedicó una dulce sonrisa – ¡Toma! – le extendió el vaso que llevaba en la otra mano – Para que te reanimes… por lo menos en cuerpo – bajó la mirada – Toma éstas también – le mostró un paquete de galletas que llevaba en el bolsillo de su abrigo

- ¿Y qué vas a cenar tú? – le sonrió mientras echaba mano del mismo – Sabes que ya saldrá algún plan… y ese plan me invitará – le sonreía pícaramente

- ¿Ya te vas?

- ¡Claro! – Me quedé estudiando un poco… ¿No ves que es de noche y hay cuatro gatos?

Entonces tuvo una loca, demente, y fugaz idea. Era locamente tranquilizadora. ¿Y si enviaba un mensaje a Regina a través de Ruby? ¿Qué podría pasar? Lo máximo es que Regina le lanzara la bandeja de comida por la cabeza a la joven, o que la misma muriera de un infarto causado por la molestia. Sus ideas parecieron reflejarse en su rostro, porque inmediatamente la joven interrumpió sus pensamientos

- A ver… ¡Suéltalo! – Le dijo la chica bajando la vista, con tono de preocupación

- Podrías… – lo pensó y enseguida se arrepintió. Todo lo que iba a saber Regina la iba a perturbar, y más aún por boca de Ruby – ¿Podrías esperar a que me vaya?

- ¡Claro! – la chica esperó unos segundos antes de preguntar con gesto de extrañeza – ¿Seguro que eso era todo?

- ¡Si!… Bueno, no… o mejor dicho, si pero no…

- Ah, claro Graham, te entiendo perfectamente – le respondió la chica entre irónica e impaciente

- Lo que sucede es… Que me voy a enfrentar nuevamente a una escena de crimen… Y de este caso que está vetado para mí. No iré a ver a Reina, y no tengo cómo avisarle… – bajó la mirada, visiblemente perturbado

- Ok Graham… Primero – le dijo, tomándolo ahora ella por el hombro – Regina sabe, créeme, como mujer te lo digo, sabe que la amas, y que si no vas hoy, es por alguna razón importante

- Si claro, pero… – fue interrumpido por un gesto de que se detuviera, hecho por la otra mano libre de Ruby, mientras cerraba los ojos, teniéndole paciencia

- Si lo que te preocupa es que ella piense que algo malo pudo pasarte… ¿Qué te parece si voy al hospital, y le dejo un recado con la enfermera?

Graham se quedó atónito. La mujer no sólo le leía la mente, tal vez por predecible, sino que le brindaba una solución mejor que la desastrosa que él se había forjado en su mente.

- Tomaré tu silencio y tu gesto de loco como un sí – se burlaba, divertida – Me debes un almuerzo cabeza hueca… Y unas galletas – señaló el paquete con desánimo, mientras sonreía

- Ok, ¡Vale! Te lo has ganado por ser la mejor

- ¡Lo sé! – dijo la chica como burla, presumida – ¡Soy lo máximo! – esperó unos segundos –¿Y qué le digo específicamente? ¿Algo vago como que estás de guardia ya? ¿O que te tocó un caso de última hora?

- ¡Pues eso! – consiguió decir Graham a los segundos – Que me salió un caso de última hora, que estoy bien, y que en lo que me desocupe iré a verla para contarle mejor

- Ok, perfecto – le dijo la chica relajada – ¿Qué te parece si ahora escribes eso en una nota? – lo miró con impaciencia

- Ok, ok… – comenzó a escribir – Busca a la enfermera encargada del turno, la jefa de enfermeras que esté – le dijo como confiándole un secreto – Sólo a ellas, porque me conocen, y se encargan personalmente de las cosas de Regina

- ¡Déjame adivinar… Ya te aman! – lo miró con sorna

- ¡Claro! ¡Soy lo máximo! – le devolvió la broma

- Pues bien Cazador… vaya por su presa – le señaló que Gold estaba por retirarse hasta donde lo esperaba el helicóptero

- Se trata del caso que ella…

- Graham… sólo sigues órdenes. Ella lo entenderá – le dijo la chica mirándolo a los ojos, para luego tomar su abrigo, y empujarlo hasta el Hall del edificio.

Los minutos pasaron, y llegó la hora de la salida. Se había despedido de Ruby, y tomó el ascensor a la azotea; ya le tocaba enfrentarse a este caso. No le dirigió la palabra a Gold, y éste hizo lo propio. A los pocos segundos se les unió el forense, Whale Stein, y su ayudante en turno.

- Bienvenido Stein – dijo Gold, algo molesto – Espero que le haya quedado bien el maquillaje

Whale, que sabía de sobra el carácter que se gastaba Gold y era un hombre paciente, hizo caso omiso al comentario, y montándose en la aeronave, se dirigió al anterior

- Explíqueme Capitán a dónde nos dirigimos – elevó el volumen una vez dentro, debido a la puesta en marcha del helicóptero

- Vamos a revisar una escena que van a levantar a las afueras de Biddeford, semejante al caso de Elsa Arendelle – hizo pausa mirando a Graham, mientras se colocaban los aisladores de sonido, y se disponían a partir – por la similitud del caso, mi colega me llamó para que participemos en el levantamiento del cuerpo y en el estudio de la escena. Ya es de connotación estatal, y el caso que nos tocó ya ha sido atribuido a "El Asesino de Omaha" – hizo comillas en el aire, y a Graham se le antojó que Gold desconfiaba de lo que decía – Por tanto, ha tomado connotación estatal, y estamos en potestad de intervenir… En pocas palabras estamos a cargo.

Después de eso, nadie volvió a pronunciar palabra. Durante los minutos que duró el vuelo, todos miraban hacia ningún lado, siempre tratando de no cruzar la vista con la de Graham; y fue sencillo, puesto que éste no hizo más que pensar en Regina, a través de la oscuridad de la ventanilla. La extrañaba infinitamente.

Soñó despierto con las palabras de la morena. Quería que vivieran juntos, y eso le llenó de calor el cuerpo. Ya lo había meditado, al salir se llevaría a Regina con él, a un lugar especial que no fuese conocido por sus cercanos. Prepararía la escena de amor más romántica y apasionada. Sería una verdadera luna de miel.

Una idea cruzó fugaz por su mente: ¡Las tarjetas! Y su sangre se heló. Su corazón empezó a latir a prisa, sentía su sangre circular por todo su cuerpo de forma violenta. Esta nueva escena sería su oportunidad. Por fin podría indagar en las formas, símbolos, y demás cosas comunes en las escenas, y además podría escarbar hasta el más oscuro rincón de aquella, hasta descubrir si existía otra de esas tarjetas endemoniadas. Ya estaba oficialmente en el caso, era libre de hablarlo, de tener acceso, o por lo menos eso creía.

Cuando llegaron, su corazón se aceleró un poco más. De nuevo las nauseas se hicieron presentes. Respiró profundo y se dijo para sí

- Tranquilo Graham… Tú puedes… Sólo es… Alguien más – volvió a respirar y bajó

El helicóptero aterrizó en lo que se visualizaba como un descampado en medio del bosque, a modo de jardín. En el centro de éste, una enorme casa que parecía abandonada desde hacía ya años, que se encontraba retirada de la carretera principal, y conectada a ésta por un camino de tierra que atravesaba dicho bosque. El sendero estaba cubierto de hierba, como si no fuese casi transitado, por no decir nunca. Se le antojó lúgubre.

A su encuentro acudieron el Jefe a cargo de la división y un detective de la localidad, el cual había recibido la llamada

- Capitán Gold – dijo el hombre, estrechando la mano de éste

- Jefe Camelot – Le correspondió al gesto – Ellos son el Doctor Stein, nuestro forense, su ayudante Kayle, y el Detective Graham Humbert. El recibió el caso de hace unos días

- Encantado – trató de ser cordial, algo que en semejante escena, sólo pueden hacer los policías – Pasen para que iniciemos la evaluación del lugar y el levantamiento del cuerpo – esperó unos segundos y avanzó, señalando el camino – Que bueno que viene preparados. He visto cosas en mi vida, pero es la primera vez que vemos algo así. Esta zona suele ser tranquila

Graham y Whale se miraron, con cara inexpresiva. Gold, se limitó a asentir y a encabezar la avanzada con su par. Nada de eso sería agradable. Nada de eso debía llegar nunca a otro de sus seres amados.

Regina había despedido a Emma al caer la noche. Afortunadamente su madre no había aparecido por allí. Sintió que una sombra macabra se cernía sobre ella, haciendo que su felicidad desapareciera, y el miedo tomara el control.

Regina Mills no era una mujer que pudiera sentir miedo con facilidad. Siempre fue segura, confiada, en todo lo que era su vida profesional y privada. Con su madre era otra historia. No era miedo lo que le hacía sentir Cora, era terror. Quizás porque desde pequeña había sido sometida a constante maltrato físico y psicológico de su parte; mucho de esto asociado a la rebeldía de la morena, y a la súplica que, de adolescente, le hiciera a su madre de quedarse a la pequeña Emma, casi tiempo completo.

Que la vida de ambas ahora estuviese de cabeza, la alteraba aún más. No quería ni imaginar que Emma se sintiera aterrada, y menos en su estado. Debía no sólo transmitirle la sensación de seguridad, sino brindársela.

- Debo hablar con Killian – se dijo, mentalizando cada paso de su plan

Nada lastimaría a Emma, a Henry o a Graham. Regina no lo iba a permitir, y su miedo no se interpondría en eso.

La voz de la enfermera entrando a la sala, a media luz ya, la sacó de sus cavilaciones

- ¿Qué pasó Muñeca? – la conocida cómplice le dijo, mientras arrastraba unas cosas en su carrito – ¿tan fea soy?

- No… Disculpe – Regina bajó la mirada apenada – es que estaba pensando

- ¡En el Muñeco! Segurito que si…

Era cierto. Graham era su único alivio. Lo necesitaba para superar todos estos sentimientos que la estaban devorando por dentro, lo extrañaba más que siempre y como nunca. No había llegado. Esa idea la alteró más.

- ¿Le habrá pasado algo? – dijo en voz alta, sin percatarse de haber sido oída por la enfermera, mientras la señales en el monitor se aceleraban un poco más

- Tranquila Señorita Regina, tranquila – le dijo en tono amable, para calmarla, viendo su reacción y su cara – Que el muñeco está bien

- ¿Cómo sabe? – le preguntó extrañada

- Porque acaba de dejarte un mensaje conmigo – le colocó la bandeja de la cena sobre la mesa móvil dispuesta para tales fines, mientras le sonreía a la morena

- ¿Vino para acá y no paso? No… ¿Le habló por teléfono? ¡Por qué no intentó comunicarse... – Fue interrumpida por la mujer mayor

- No Señorita, él no vino por acá, y además, usted tiene las llamas restringidas, o se le olvida que hace un par de días estaba en coma. No me puede llamar y garantizar que no esté en una ronda

- Entiendo… – bajó la cabeza apenada, y su tono era triste – Es sólo… que lo necesito

La enfermera la miró con ternura, encendió las luces de la sala, y dejó otros artículos en la habitación mientras Regina se acomodaba para comer

- El mensaje lo trajo una chica, la misma que estaba el día que ingresó

- ¿Cómo? – la cara de Regina era una mezcla de asombro y asco

- Si, la muchacha, muy dulce ella

- Ruby, la secretaria – denotó con desprecio

- ¿Qué? – la enfermera, pese a que no entendía, captó en la cara de Regina ese "algo" – ¿Está celosa muñeca? – y se sonrió

- ¿Celosa? ¿Yo? Regina Mills – habló con desprecio, como poseída por Cora – Yo no siento celos de esa… esa… Se-cre-taria – estranguló las palabras – Por favor, si es tan amable – trató de dosificar el tono, algo indignada – y me dice el mensaje de mi novio, se lo sabría agradecer

- Uy… Muñeca… ¡Qué genio! – le dijo la enfermera, entre divertida y cauta – Ya el muñeco me había advertido de su carácter… Me dijo lo siguiente: Regina, Graham no podrá venir esta noche, porque se le presentó un caso de última hora, y no había nadie más que lo cubriera. Que él está bien. No es nada peligroso a lo que va, y que en lo que regrese estará por acá, sea cuál sea la hora, y por tanto le contará los detalles; que espera que se esté cuidando, y por último… que la ama.

- ¿Todo eso dejó dicho? – Regina estaba entre atónita y encantada

- Si Señorita Regina

- ¿Y así se lo dijo esa chica Ruby? – No salía de su asombro

- Si… Tal cual. Y está en este papel – la enfermera le brindó una gran sonrisa, y se lo entregó

Regina miró a la enfermera, asombrada, como si ésta le estuviese entregando un pequeño obsequio místico y delicado, altamente valioso. Eso era esa nota para Regina. Estaba doblada en tres partes y en la cara externa decía

"Para Regina Mills

De Graham Humbert

Favor entregarle el mensaje antes de que lo lea en el papel"

- Graham… – expresó Regina en voz baja, con una gran sonrisa – eres un…

No pudo sino sonreír. Graham siempre lograba sorprenderla de las formas más extrañas posibles

La abrió y leyó en voz alta el contenido

"Regina, mi vida.

No podré asistir esta noche a nuestra cita. Lamentablemente se presentó un caso de última hora, y no había nadie más que lo cubriera. Me encuentro bien físicamente, pero mis pensamientos están contigo.

No es nada peligroso a lo que voy, y que en lo que regrese estaré visitándote, sea cuál sea la hora, y te contaré los detalles. Espero que te estés cuidando.

Te amo

Graham

P.D. Se buena con mi mensajera, y con la Barbie Enfermera"

Ante la última sonrisa de Regina, la enfermera correspondió diciendo

- ¡Esa soy yo! – E hizo una pose y le dedicó un giño

- Gracias… Y disculpe mi mal genio – le dijo bajando la cara y levantando la carta

- Tranquila… ¡Ahora a comer! Cualquier cosa, tocas en botón

Regina asintió, observó cómo se marchaba la enfermera y empezó con la insípida crema de apio, maldiciendo la usencia de sabor, y observando su carta con amor. De repente un olor a rosas invadió su olfato. Era un olor conocido, que se le antojó repugnante.

Al voltear, en la mesa lateral cercana, y que en la posición anterior estaba en su punto ciego, divisó un ramo de rosas violeta pálido que la hizo dejar caer el plato sobre la bandeja, y la carta de Graham al piso.

Su estómago se hizo un nudo, su garganta se secó de repente. Su corazón comenzó a latir a un ritmo acelerado, tanto que sintió un dolor en el pecho.

Divisó que del ramo salía una varilla transparente se sujetaba una tarjeta en su extremo superior. Una tarjeta que supo, era idéntica a la que ella guardaba en su cartera, y cuyo destino desconocía en ese momento.

Las señales de los monitores empezaban a llamar la atención, y pese al hormigueo que experimentaba en sus brazos, extendió uno de ellos, y logró alcanzar la negra cartulina. La retiró temblando, y la observó.

- Tuvo que haberlo puesto la enfermera con las demás cosas… Debo… – Su monologo se congeló al observar el dorso de la tarjeta

La tarjeta negra, cuya parte frontal únicamente tenía aquel extraño símbolo rojo brillante, no era lisa en la parte posterior, tenía un mensaje en letras rojas semejantes a la textura del garabato principal.

Las señales fueron tan fuertes que no hubo necesidad de tocar el botón. Regina no estaba bien, y empeoraba a cada segundo leyendo una y otra vez el escrito de la cartulina negra

"Aviso oficial"

ooo

(*) Me tomé la libertad de incluir un chiste de una de mis películas favoritas, basada en unos de mis libros, también favoritos: "El secreto de sus ojos"

Para las conocedoras… )

Deben tener paciencia… Ya voy a recuperar a Regina para que tenga sus "encuentros" con Graham… Paciencia niñas ; )