Capítulo XXXI

Regina Sacrorum

Cuando Graham volvió a su encuentro, Regina ya llevaba la noche y parte del día completamente sedada. Existía evidencia de que Emma había estado con ella, porque lucía particularmente arreglada. Se veía que había ayudado a acicalar a la morena, cosa que a él no le hacía notar mayor diferencia. Regina siempre estaba hermosa.

Según su amiga, la "Barbie enfermera", posterior al ataque de furia de Regina y la alteración que esto le causó, se había comportado normal, las veces que estuvo consciente

- Todos los exámenes revelan que ha mejorado considerablemente Muñeco – le dijo colocando su mano en el hombro del Detective – Salvo por la crisis que sufrió, que te digo no sé por qué, el doctor está gratamente sorprendido con el avance de la Señorita Regina

- ¿Entonces no sabes por qué se puso así? Tal vez discutió con Emma, o con su madre… – le dijo Graham, a modo de investigación

- No que yo sepa… Durante mi turno la Señora Mills no ha aparecido, y con Emma, pues no creo… La niña se ve tranquila cuando está con la Muñeca, y pues, hablaron hasta tarde ese día, y se veían muy tiernas.

A Graham se lo comían los celos. Aunque no tenía nada en contra de Emma, y que sabía que Regina estaba firme en su decisión de estar sólo con él, el pasado que compartían y lo fuerte de su relación, lo hacía sentir siempre un paso atrás de la rubia.

- Esa chica Emma es muy dulce, pero ese embarazo le ha pegado

- ¿Si? – le dijo, desinteresado y por cortesía

- Si muñeco, pobre criatura… no ha hecho más que llorar, y eso afecta al bebé… Bueno a la bebé. Me dijo que sería niña

- Si, eso supe – Le dijo distraído, cambiando el enfoque de su interés – Me dices que ha llorado… Pero debería estar más tranquila, ahora que Regina despertó

- Pues si… Pero deben ser las hormonas, no sé – mencionó, restándole importancia – Pues, cuando se enteró de lo sucedido con Regina, se puso pálida – alargó esa última palabra, exagerándola – que de por sí lo es – sonrió – y luego le brotaron las lágrimas como que si abriesen un grifo

- Entiendo… – quiso sonar cortés, y disimular que quería saber lo sucedido – Y… ¿Qué fue lo que ocurrió, si se puede saber? Que no me lo ha contado – le dedicó un giño a la enfermera

- Pues no sé bien muñeco – le habló con honestidad – el caso es que parece que no es la primera vez que se altera por algo así, y la chica, Emma, tampoco – hizo una pausa señalando las rosas que Graham acababa de traer – Ambas parece que han tenido sus episodios de odio hacia las pobre Rosas

- ¿Qué? – Graham en verdad estaba desconcertado con aquella última afirmación

- Si muñeco… Pero tranquilo que con las tuyas ¡no! – dijo enfática – es decir, con un tipo de rosas en particular… Ambas mandaron a sacar histéricas los ramos, y bueno, su novia, debo decir, se ganó el premio. Las tiró al suelo, ella casi se cae en el proceso…

- ¿Qué tipo de rosas? ¿Qué ramos? – la interrumpió. Tenía que saber el por qué de ese comportamiento irracional

- Pues unas lila, o violeta claras, súper lindas muñeco. Creí que eran tuyas también

- No, yo sólo traigo esas – señaló el ramo nuevo – Y… ¿ha tenido la misma reacción con éstas?

- No… Te digo muñeco, ahora que lo pienso mejor, esas siempre las dejan en la estación, un repartidor creo, que indica que son para la Señorita Mills. No sabría decirte, porque nunca me las han entregado a mí personalmente. Sólo las he colocado cuando ha coincidido en mi turno, y están pendientes por entregar…

- ¿Cómo dices que son?

- Lila, muy lindas… pálidas

- ¿Has visto si por casualidad tienen una dedicatoria, una nota o una tarjeta que diga quién las envía? – su instinto policiaco lo llevaba por buen camino

- La verdad… – la mujer, interesada en ayudar, se esforzaba por recordar – Muñeco, no me he fijado, en realidad… – se notó apesadumbrada de no poder ayudar al apuesto Detective – Sólo me ha tocado traérselos como tres veces. Pero en lo que llegue Norah le pregunto. Ella está por la mañanas esta semana, y ha tenido en suerte, casi siempre, ser la que entrega el ramo.

- ¡Si, por favor! – le dijo dándole unas palmadas en el hombro – Y si recuerdas alguna cosa más no dudes en decírmelo, pero que quede entre nosotros ¿sí? – bajó el tono, a modo de confidencia

- ¡Será un placer… Muñeco! – le dijo en broma, mientras le guiñaba un ojo y Graham se ruborizaba

La situación no había dejado de ser cada vez más extraña. ¿Por qué esas rosas? Debía estar consciente de algo: sólo Regina tenía el poder para sacarlo de sus dudas. Ella conocía la verdad de lo sucedido, y nadie más.

Trató de distraerse, pero la situación con su amada sólo lo llevaba a pensar en el caso de "El asesino de Omaha", y la escena del crimen de la noche anterior. Se sentía extremadamente cansado, pero esperaba con ansias poder comunicarse con David, para compartir la información sobre lo sucedido; mejor aún, que en su defecto la "bella durmiente" despertara, venciendo a los sedantes como por arte de magia.

La escena entre la última víctima encontrada, llamada por los momentos Jane Doe puesto que no se conocía aún su identidad, y la de Elsa, eran muy similares. La colocación del cuerpo, la limpieza asociada al hecho, los símbolos colocados alrededor del cuerpo de la mujer, todo coincidía. Era prácticamente idéntica.

Recordaba cada detalle de la intensa búsqueda que hizo en aquella casa olvidada por Dios. Cómo casi vomita al ingresar en ésta, pese a los preventivos tomados por los presentes, debido al olor a putrefacción y a la degradación inminente del cadáver, o mejor dicho, esqueleto que colgaba crucificado en la pared, de forma invertida.

Además del olor, la referencia con lo de Elsa le hacía aumentar su sensación de asco permanente, pero trató de sobreponerse, buscando el valor para encontrar ese punto de partida que deseaba tener.

Sus recuerdos fueron interrumpidos por la vibración del celular

- ¡David! ¿Cómo estás?

- Bien Graham, bastante cansado… Pero me imagino que tú no estás mejor – se hicieron unos segundos de silencio entre ambos

- ¿Ya supiste? – le dijo Graham de forma automática

- Sabes cómo es esto… Fue la primera noticia antes de los "buenos días" – trataba de ser gracioso, para relajar la situación – ¿Estás con Regina?... Deberías descansar

- Sí, estoy… y lo sé – su compañero se preocupaba por él – Pero mañana estaré libre, puesto que acabamos de regresar

- Gold me dijo, antes de irse. Yo regresé ayer tarde, y Mary no me dejó ni levantar el teléfono… El embarazo la tiene loca – soltó una risa infantil

- ¿Cómo está ella? Es apenas lógico que se preocupe por ti – le dijo interesado

- Y yo por ti… Casémonos – le dijo, para molestar a Graham

- No eres mi tipo… Eres muy afeminado para mi gusto

Ambos rieron, tratando de relajar la tensión sobre el tema que iba a enfrentar

- Graham… – dijo David rompiendo los segundos de silencio que siguieron a las risas – No sé si, que participes en la investigación, sea buena idea

- ¡No tuve opción!

- ¡Lo sé! No lo digo por eso – hizo una pequeña pausa – Lo digo por las consecuencias que eso te pueda traer… Del tipo que sea: en el trabajo, con Regina… No sé… Simplemente me parece un trato pésimo el que te está ofreciendo Gold – se dejó decir, con la honestidad que lo caracterizaba

- Pues… ¿qué quieres que te diga? – sonaba abrumado – Al final del día espero que todo sea porque se descubra quién o quiénes son los culpables, paren estos asesinatos y… y porque Regina esté al salvo – se había retirado a hablar a la puerta del baño, y la veía a través de la luz nocturna – Así eso represente que no pueda estar con ella

- ¡Graham! No seas tan dramático… ella entenderá…

- No lo sé… Pero no pienso correr riesgos en cuento a su bienestar – se hicieron unos segundos de silencio

- Entiendo… Es bueno tenerte de vuelta… Compañero – le dijo su amigo entre pausas

- ¡Gracias! – se escuchó una expresión de sonrisa – Eres "encantador" – se burló

- ¡Cretino!

Luego de insultarse unos segundos, Graham se dedicó a escuchar las novedades sobre el caso que David tenía para compartir

- Estuve tras la pista de las tarjetas en otro de los casos, de los que no fueron atribuidos a "El asesino de Omaha" – hizo un pausa – y pues claro que no encontré nada en la escenas que fueron alteradas. Por su puesto, era poco probable por el tiempo que ha pasado.

- Era de esperarse, si – Graham sonaba entre neutral y desanimado

- Y por supuesto estuve indagando sobre la elaboración de las mismas…

- ¿Y qué encontraste?

- Nada revelador… la tinta y la cartulina son ordinarias. Las pudieron elaborar en cualquier lugar, cualquier tipografía. Las tintas se venden en casi cualquier lugar, y en cantidades variables

- Entonces de qué sirve… – fue interrumpido en su gesto de impaciencia

- Espera Graham – dijo en tono relajado – Hay más… Como no son pruebas directas dentro del caso, fui a inteligencia por lo resultados del análisis de la simbología. Claro que me refiero a los encontrados en el cuerpo de las víctimas, y en la escena

- Ajá… Continúa – ya estaba nuevamente interesado

- Tuvieron que buscar a expertos, pues algunos símbolos, que se presumían celtas, no lo eran… Eran algo como… discúlpame, pero no soy experto – hizo una pausa – letras o frases en un lenguaje antiguo. Debes que leer el informe… Lo bueno es que ya tienes libre acceso para ello

- ¿Hablas de runas o cosas semejantes?

- No, no… Yo también pensaba igual, desde el primer día que los vi, pero no – le aclaró – tienen conexión con la cultura Griega, y son letras, más que nada

- ¿Conexión? – estaba intrigado

- Si… No todos los símbolos son de la misma época… A ver, te cito

"… Algunos de los símbolos encontrados en el torso, piernas y espalda, son considerados de la época prehelénica, de lo que hasta ahora se ha considerado como el proto-griego, o lenguaje de la antigua Macedonia. Guardan relación con el paganismo, haciendo alusión a los dioses (representados por planteas, según el caso)…

Así mismo se puede observar la referencia al rito pagano del fuego, asociado a la Diosa Vesta (Roma) o Hestia (Grecia), de la cual se dice era hija de Saturno y Rea… "

- ¿Cuál rito del fuego? – fue interrumpido abruptamente por Graham

- ¡Déjame continuar! Que eso no es lo más importante – hizo una pausa y siguió con la lectura del informe – Bla, bla, bla… A ver…

"… Alguno de los símbolos encontrados en la escena del crimen, corresponden a ritos Vestales antiguos, cuya distorsión generó sectas anti cristianas, ocultas por temor a ser aniquiladas para eliminar el paganismo, cercanas al año 394 D.C…

En éstos ritos, una "Vestal" o mujer joven consagrada al cuidado del fuego de la Diosa, era juzgada por una ofensa contra ella, pagaba con la muerte, tal vez quemada viva. Por ejemplo, si la ofensa era de origen sexual, se dice que el amante era quemado, y a la mujer se le hacía comer las cenizas, justo antes de ser inmolada. En este caso, se toma la hipótesis del sacrificio, puesto que si era desechada como tributo a Vesta, se hacía con su cuerpo un altar maldito, rodeado de velas. Éstas últimas son evidencia del sacrificio por servicio…"

- Bla, bla, bla – seguía callado, buscando la parte más significativa

"… En el caso de la víctima, Elsa Arendelle, existe evidencia de estar marcada como "sirviente", debido a la simbología grabada en su cuerpo, y a la revelada en las obras encontradas en el estudio de arte de la occisa, adicional a las relativas al altar, las cuales encajan con el perfil…"

- Bla, bla, bla – y continuó con su opinión – Te digo Graham, Gold ya tiene evidencia suficiente para desmentir que el caso de "El asesino de Omaha", sea sobre una sola persona. La connotación religiosa, lo complejo de acto… Creo que lo único que espera es la evidencia de "Jean Doe".

Graham se había quedado mudo al otro lado de la línea. Miraba directamente a Regina, con miedo y asombro. No sabía cómo Regina había caído en cuenta de las tarjetas, pero temía que fuese de la peor forma, tal vez una víctima potencial.

Por otro lado estaba lo revelado en el estudio de inteligencia sobre la simbología. Era una forma de determinar que Elsa no era tan inocente, o tal vez la más ingenua. ¡Cómo saberlo!

- ¡No lo sé! – se escuchó al otro lado de la línea

- ¿Qué? – dijo Graham desconcertado, regresando a la realidad

- Que no lo sé… Sobre lo que estás pensando

- ¿Cómo…? – se conocían lo suficiente como para saber que David estaba claro, y que no lo engañaría – ¿Crees que ella sabría que iba a morir? Digo, que se sacrificara tan fervientemente

- Tal vez sea una secta Graham, y ni de eso tenemos plena seguridad… ¿Cómo saberlo?

- Lo mismo pensé… Pero Elsa era una mujer tan inteligente, tan… – tan desconocida ahora para él.

Una vez más el silencio de la duda se apoderó de la llamada, y de sus ojos con la imagen de Regina durmiendo inocentemente

- No sabemos si las escogen o si hay alguna relación, eso es lo que debemos establecer. No sabemos cómo las marcan, es decir, cómo se les atribuye ser de "servicio" por ejemplo… Son informes preliminares. Ha habido mucho hermetismo en el pasado, y dudosos manejos, que pasan por inocentes omisiones…

- Lo sé – volvió a hacer silencio

- No tenemos formalizado un contexto donde Elsa… Perdón – sonó apenado – donde las víctimas tuviesen consciencia de estar en una secta de esas características, o con la connotación que se está revelando… Es muy pronto para hacer conjeturas

- Si… Yo lo sé – esperó un par de segundos – Y ¿qué hay de las tarjetas?

- ¡Claro! Ese es otro detalle que pude averiguar…

- ¿Cómo?... ¿Y hasta ahora lo sueltas?

- Vale… Tranquilo, que si no, se me van pasando detalles como éste con cada interrupción – le dijo, probando aún más la poca paciencia de Graham

- ¡Dime! – Subió un poco el tono de su susurro

- Averigüé con "Doc" – porque así le decían al encargado del laboratorio – que el símbolo de la tarjeta encontrada en el correo de Elsa, corresponde con el signo asociado a la "Vestal" dedicada al "servicio". Otra evidencia de que recibió la marca, tal vez desconociendo su significado real

- ¡Lo sabía!… – Hizo un silencio culpable – En la escena de ayer, la víctima Jean Doe, también recibió la misma tarjeta. Igual color, idéntico símbolo. Por lo menos le llegaron unas seis. Entraron en la evidencia. Debe estar llegando mañana a primera hora a nuestro laboratorio

- Es cada vez más claro que es una marca… y el hecho de que las mujeres no huyan, sólo da cabida a dos opciones: O aceptan su destino, o no tienen ni idea de lo que les va a pasar…

- Y de la tarjeta de Regina, o de la forense…

- El de la última, no tiene una asociación con el servicio, según Doc, vendría siendo un cargo real, asociado al conocimiento y a la seguridad del clan… Pero sabes cómo es Doc… Un nerd muy raro… Hay que esperar – trataba de sonar despreocupado, pero Graham no le creyó

- Y Regina… ¿qué hay con la tarjeta que había en su cartera? – fue cortante

- Representa a la diosa Vesta, encarnada en una mujer – dudó si continuar – Doc digo lo siguiente "Regina Sacrorum" y luego divagó un poco más…

- Eso qué significa… ¿Qué dijo? – nuevamente evadió la tranquilidad que su compañero pretendía brindarle

- Era como la máxima autoridad entre las Vestales… Pero lo más contrastante es que era elegida al azar. Es decir, debía tener estatus social, tal vez ser la hija de algún patriarca. Lo cierto es que, en otros escritos dice, las consagraban a vivir en la pureza y castidad, para reinar, pero la razón era que no tuvieran descendencia, y que el "reinado" rotara de casa en casa. Doc, dice que es una antigua leyenda sobre un tal Emilio y Numistor… No sé. Ya le dije que me buscara la información bien, no sin antes advertirle que era algo estrictamente confidencial. Sabes que él es de confianza…

David no recibió respuesta. Graham sólo podía mirar a Regina, y esperar que ninguna de las locas ideas que le llegaban a la mente fueran ciertas.

- Dile a Doc que indague sobre la simbología de las rosas violeta, lila o morado pálido… O flores de este color, en general – hizo una pausa. Seguía sus instintos de "cazador" – Averigua si tienen alguna connotación con lo de las Vestales, los mitos, o los cuentos sobre las posibles sectas…

- ¿A qué viene eso ahora? – David estaba extrañado

- No puedo decirte nada aún… Es… es una corazonada – sonaba exaltado, mientras veía intrigado a Regina

- Ok, vale… Mañana a primera hora hablo con él – comentó – ¿Qué vas a hacer tú? – quiso saber

- Esperar a que Regina despierte – su tono era serio – Gracias por la información. Cuando tengas algún resultado de Jean Doe, me llamas… Y ya pasado mañana nos veremos en la oficina

- Tranquilo… Trata de descansar. Chao Graham

- Adiós David. Saludos a Mary

- ¡Con gusto!

Lejos de haber quedado más tranquilo, la conversación con David lo había llenado de muchas otras ideas que no había explorado anteriormente, y todas tenían como protagonista a su "bella durmiente", Regina.

Pensando, se le pasaron los minutos, sentado a los pies de la cama de su mujer, en la silla correspondiente, mientras la miraba, hasta que por fin lo venció el sueño. Y así se quedó.

Regina logró despertarse, con la pesadez característica de los sedantes. Estaba a punto de rendirse, cuando observó a su izquierda, y allí estaba él, su hombre y caballero protector.

Trató de incorporarse en silencio. Dedujo que aún era de madrugada y se dedicó a contemplarlo, en la oscuridad.

Cada tanto se sonreía recordando los mejores momentos vividos con Graham, su nota reciente, sus juegos íntimos en Aruba, su encuentro en aquel apartamento. Todo la hacía sentirse viva, segura, amada. Todo la hacía sonreír.

Pasó un buen rato, tal vez una hora, tal vez más, lo cierto es que verlo allí la reconfortaba. Estaba seguro, y la estaba cuidando. Entonces, Graham empezó a moverse de su estado "momia" y abrió sus hermosos ojos, para encontrarse con los de Regina y con su sonrisa

- ¿Barbie Enfermera? – hablaba en tono divertido – Tal vez Barbie Tropical Enfermera adulta… ¡Muy adulta!

- Regina… – se sonrió. Verla así, despierta y amándolo, le había quitado las dudas anteriores. Ella conseguía lavarle el cerebro – ¿Estás celosa muñeca?

Regina abrió los ojos como platos, y fingió estar impactada con la última afirmación, mientras trataba de no reír.

- Ahhh… ¡qué abuso! Que temita ese con los celos – dejó caer divertida, dedicándole otra de esas miradas que lo devolvían a la vida

- ¿Cómo? – se incorporó en la silla, y se levantó, acercándose a Regina con el deseo en su mirada

- ¡Nada!... Que para que lo sepas, yo no soy celosa – Volteó la cara, e hizo pucheros

- ¡Ah no! Bueno, entonces me tendré que ir con la amable enfermera – la tomó del rostro por la barbilla e hizo que lo mirara – Pero antes… déjame besarte para saber que estoy vivo.

Los labios de Graham chocaron contra los de Regina, la pasión los cegaba. Se besaban con intensidad. La lengua del hombre no le daba tregua a la morena, y ésta le correspondía ferozmente. Por fin pudieron separarse, faltos de aliento. Se volvieron a mirar, y entonces un tierno beso hizo aparición.

- ¿Te he dicho que besas muy bien? – le dijo desprovista de pudor

- No frontalmente – le sonrió de forma encantadora – ¿Y yo te he dicho que correspondes terriblemente bien? – le dijo, mientras se sentaba en el borde de la cama, de lado, mirando a su mujer – Que me matan tus labios…

Se dedicaron risas, besos, las caricias permitidas. Se contemplaron y se juraron amor nuevamente, e hicieron planes sobre la fecha posible en la que Regina estuviese recuperada.

Todas estas cosas, los hicieron ir aterrizando en la realidad, y trayendo nuevamente sus dudas a la cabeza. Los silencios y las miradas de búsqueda se hicieron presentes, hasta que fue Regina quién cortó el silencio, y lanzó el primer golpe.

- Graham, amor… ¿Tú te quedaste con algunas de mis cosas? Digo, cuando fui esa noche a tu apartamento…

Él se le quedó mirando serio. No articuló palabra.

- Lo digo porque, bueno, si… Tenía un "par de cosas" – hizo comillas en el aire, y fingía un tono inocente – de las que quisiera saber su destino

Regina temía lo peor. Graham se había dado la vuelta mientras ignoraba sus palabras, se dirigía a la mesa de noche y encendía la lámpara. Volvía al fondo de la habitación, y sacaba dos objetos de su chaqueta.

- ¿Te refieres a estos? – le mostró en el aire el teléfono celular, y la pequeña arma

- Eh… Si… – apenada, arrastraba las palabras y bajaba la mirada – son… objetos que uso por mi seguridad… Pero tal vez no han sido tan efectivos – se señaló así misma

- A ver… ¡Explícate! – Se acercó serio, guardando nuevamente la pistola en su abrigo

- Graham…

- No más rodeos Regina… ¡Habla!

- ¿No me la vas a entregar? – le dijo con los ojos llenos de dolor

- No aún… ¿Qué se supones que le dirás al doctor? ¿Qué es una cámara de video?

- ¡Graham! – el tono irónico la estaba hiriendo – No me trates así… Yo…

- Tú tienes mucho que decirme Regina… ¡Me lo debes! – bajó la vista y suavizó el tono, ante las lágrimas de la mujer – No llores por favor. ¡Háblame! Necesito que me dejes ayudarte

- Se supone que, desde que me dedico a esto, debía tener cuidados extra… Muchos asuntos pendientes con los condenados… Tú me entiendes – sonaba desesperada y fastidiada. Su llanto arreciaba

- Te prometí esperar a que te repongas, para que me cuentes lo que pasó esa noche, y así lo haré. Pero necesito saber qué pasó ayer, y qué demonios tiene que ver con las rosas color lila.

La cara de Regina trataba de disimular la sorpresa. El llanto la ayudaba. No quería poner en riesgo a Graham ni darle una impresión equivocada. Pero estaba clara, más que nunca, que mentirle no era una opción.

- Tienen una connotación sobre el pasado, que viene desde la infancia… ¡Por favor! – lo miró entre lágrimas, mientras las señales de los aparatos aumentaban su frecuencia – te ruego que no me hagas hablar de eso ahora – le dedicó un gesto de súplica, mientras se secaba las lágrimas

- Está bien Regina… Sobre lo demás también esperaré… Como con lo del celular – la miró incrédulo.

Regina bajó la vista, y fue calmándose

- Si, debo recuperar mis pertenencias antes…

- ¿Algo más por lo cual me quieras preguntar? – Graham trataba de ser suave, pero su instinto por protegerla, incluso de ella misma, iba con todo.

La morena guardó silencio, por lo que Graham supo que tendría que ser él, el que diera el primer paso

- Tal vez – se le acercó a la cama, mientras sacaba algo de su cartera – estás buscando ésta…

Le mostró primero la tarjeta azul y plateada, que contenía su nombre impreso. Se la colocó sobre la manta cerca de las manos.

Regina ya lo sabía. Esa tarjeta era el menor de los temas por explicar

- O tal vez tengas una buena explicación sobre ésta – Graham le mostró en el aire la tarjeta negra, cuyo símbolo vio la tarde anterior – Y no quiero que te alteres… Pase lo que pase, conmigo estás segura – se apresuró a confirmar

Regina estaba en shock, más sus lágrimas salían de forma incontrolable. Su tono era robótico

- Esa la tengo desde los doce años – pudo decir después del silencio que se había generado – la tomé del cuarto de la madre de Emma – bajó la vista. Respiró profundo, y volvió a mirar a Graham con miedo y dolor en su rostro – la guardé todo este tiempo, hasta que… hasta que…

Tuvo que parar de hablar. Graham sabía que Regina tenía que decir algo al respecto, pero nunca pensó que sería eso

- Hasta que las relacioné accidentalmente con uno de los casos, hace unos meses – Volvió a mirarlo – ¿No sé cuánto tiempo me quede?

Entonces, interrumpió su discurso para mostrarle la recibida en el ramo violeta, y que había ocultado entre las sábanas. Estaba arrugada. Se le extendió hasta llevarla junto a la que Graham tenía en la mano. Eran idénticas, salvo por dos diferencias fundamentales: su fecha de elaboración, y el mensaje al reverso que decía "Aviso Oficial"

ooo

Partes de la investigación son fundamentadas en elementos reales, y otros modificados por mi persona… Veremos cómo va quedando. )