Capítulo XXXIII

"Playing games"

Llevaban ya una hora de camino. Regina permanecía en silencio desde hacía minutos, mientras miraba por la ventanilla el hermoso paisaje que se tornó boscoso. Todos sus intentos por propiciar una "parada sexual" fueron inocuos, Graham estaba decido a ignorarla de esa forma. Pero Regina no era de las que se daban por vencida, no señor.

- Disculpa extraño, pero se puede saber ¿qué ropa voy a usar en este lugar secreto al que me llevas? – le dijo en tono de indiferencia fingida.

Graham se sonrió. Regina estaba hecha toda una niña grande y malcriada. Y cómo no consentirla si para él era adorable

- Si volteas, podrás ver dos bolsos, detrás de cada asiento. Uno es tuyo, el más grande, al igual que el maletín chico de allí – le señaló, sin dejar de ver el camino.

Volteó y se encontró sorprendida con sus cosas de viaje, su neceser y su equipaje de mano

- ¿Tú arreglaste mis cosas solo? Porque si es así, de un abrigo cuello de tortuga y faldas largas no saldré – Colocó cara de drama y fastidio, y hablaba entre sorprendida y obstinada

- No, fíjate que no… Recibí algo de ayuda – Dijo riéndose de la actitud de la morena – Algunas cosas las reconocí del viaje de Aruba, durante la mudanza. Las otras me las ayudó a arreglar mi madre… Ella te adora, y entiendo perfectamente el por qué – Regina había volteado a mirarlo, y él pudo observar sus hermosos ojos marrones, por unos segundos

- ¿Tú crees?... Lo dicho… Después de aquel encuentro en tu casa, seguro vestiré de monja estos días. De la corruptora de su inocente hijo no bajo – se llevó las manos a la cara, haciendo el gesto de tapársela, abriendo los dedos para ver a Graham de reojo

- Pues… Pude ser, si – la miró con picardía un segundo.

Ambos rieron, relajados. Se sentían tan bien de estar juntos, de estar lejos de todo y de todos

- ¿Sabes Graham? – dijo, después de unos minutos de silencio – Yo también puedo hacer lo que tú haces – suspiró y puso cara de circunstancia

- ¿Qué? ¡No entiendo! – estaba concentrado en el camino

- Andar así contigo… "Playing games"… Jugando a ignorarme… Pero sabes… – se acercó a su oreja, para susurrarle al oído – No vas a poder resistirte mi amor… Mi cuerpo te necesita, mi alma… ¡Toda yo! – acariciaba con los dedos el cuello de su chofer

- Regina… Por favor… – le suplicaba

- ¿Por favor qué? – seguía cerca de él, y sus labios rozaban su oreja, y su cuello. Se alejó súbitamente.

Nuevamente el silencio se hacía entre ellos, la diferencia es que ahora Regina había decidido disfrutar torturando a Graham de vez en cuando. Pasaron unos minutos, y el hombre tomaba una salida alterna a la carretera principal

- ¡Estamos cerca! – le dijo serio, pero amoroso – Pronto podrás descansar y ponerte cómoda

- ¡Qué bien! – le contestó irónica, pero sólo para buscarle pelea

- Regina… Intento cuidarte, que estés bien. Tú salud y seguridad son mi prioridad… ¡No sé por qué no lo entiendes! – necesitaba saber que ella lo entendía

- ¿Te dije que odiaba las cortinas de mi apartamento? – disimulaba ignorar su comentario anterior – No recuerdo…

- ¡Si Regina! – suspiró tratando de conservar la calma

- Si… Las odiaba… Es que no era sólo el color – miraba por la ventanilla – Era la textura, la trama… Y que siempre estaban como tiesas…

- Si… Me imagino que puede llegar a ser molesto – disimulaba mientras se relajaba, para no darle gusto a Regina

- Pero… ¿Sabes qué no me importa que esté duro o tieso? – lanzó una sonrisita pícara, alzando una ceja, mientras se acercaba de nuevo a Graham y le acariciaba el cabello con una mano. Con la otra palpaba su entrepierna – Me gusta que ciertas… cosas… – miraba el pantalón de Graham – se tornen firmes y duras para mí. Empezaba a bajar el cierre de la bragueta de su amante. Metió los dedos como pudo, masajeando, encontrándose cómo se endurecía – Y qué te puedo decir… Soy una mujer que necesita a su hombre… – le susurró al oído.

Graham no pudo más. Tomó el brazo de Regina y lo apartó. Se metió de forma brusca hacia un sendero, poblado de pinos de lado a lado. Frenó unos metros más adelante, perdiendo la carretera por aquel camino de tierra. Al frenar, se bajó de la camioneta, llevándose las manos a la cabeza

- ¡Vamos Graham! – sabía que había metido la pata – Entra al auto cielo… Prometo portarme bien – tenía voz de niña buena, y ojos de cachorrito

- ¡Abre la puerta! – Graham parecía furioso

- ¡Ok mi vida! – Se dispuso a quitarse el cinturón y a abrir la puerta – Yo sólo…

- ¡Abre ya! – le dijo Graham volteándose para mirarla a través de la puerta del piloto.

Regina abrió la puerta. De repente vio como Graham venía hecho una furia hacia ella. La tomó por las rodillas, y la volteó, de manera que las piernas quedaban en su dirección, y él de pie frente al asiento de copiloto

- ¿Qué demonios crees que haces? – le dijo el hombre, respirando acelerado, aunque con tono suave. Acariciaba sus rodillas, levantando un poco más su falda

- No lo sé… Tratar de amarte, supongo… – le respondió Regina, notando la excitación de su pareja – ¡Házmelo esposo!… ¡Aquí y ahora!

No tuvo que pedirlo una vez más. Graham levantó su falda y abrió sus piernas. Mordió su monte de Venus, a través de su panty color vino, y la miró con pasión, en un último intento por contenerse. Regina entonces, se arrimó hacia el borde el asiento, y lo besó con intensidad.

Se devoraban con ferocidad en cada beso. Sus lenguas se exploraban a profundidad, necesitadas por sentirse. No importaba nada más. Mientras lo besaba, Regina liberaba la virilidad de Graham, y éste retiraba la prenda íntima de la mujer, dejando su sexo húmedo, expuesto, abriendo sus piernas y atrayéndola más hacia él.

Se separó de ella, notó que su respiración era excitada pero acompasada, y en un último aliento de validación miró a Regina directamente a los ojos

- ¡Tómame! – la lujuria y la pasión en su ojos marrones, confirmaron sus palabras

Y así lo hizo. Graham la penetró con fuerza, y la cargó en sus brazos. Él la tomaba por las nalgas y la parte externa de los muslos, mientras que las piernas de la morena lo rodeaban, y los brazos se aferraban a su cuello.

La fuerza de su amante la mantenía en el aire, y la gravedad hacía que él estuviera completamente dentro de ella. Así la tomó con fuerza, una y otra vez. Estaban enloquecidos, ella se movía presionando sus músculos internos, incitando el salvajismo de su hombre.

Graham la besaba y mordía sus provocativos labios, a lo que ella respondía con gemidos de placer

- ¡No pares, Graham… No pares! – le decía Regina, dando pequeños grititos de placer, ante cada penetración de su esposo

- ¡No lo haré! ¡Eres mía Regina Mills! ¡Mía! – llevado por la pasión, la recostó contra el árbol más cercano, de ese lado del camino

- ¡Sí! ¡Sí! – gemía – ¡Soy tuya! ¡Poséeme así! – estaba cada vez más excitada, cerca del clímax.

El olor de la naturaleza, de la humedad, y el calor de los cuerpos la hicieron enloquecer de placer y acabar gritando en un orgasmo anhelado. Todavía estaba disfrutando de las constantes y bruscas penetraciones de Graham, cuando lo sintió llegar dentro de ella, aferrado a su cuerpo de mujer.

Graham respiraba agitado, con su cara en el hombro de Regina, y ésta a ferrada a los cabellos de su bestial amante.

- ¡Te amo Graham!… ¡Te amo! – Se abrazó a él con todas sus fuerzas, y unas cuantas lágrimas salieron de sus ojos – ¡No! – le dijo coartando su acción – No salgas de mi aún… Me gusta sentirte dentro de mí. Me gusta ser tuya

- ¡Te amo Regina! – Graham la cargó nuevamente, hasta sentarla en el vehículo, donde procedió a besarla con pasión y un amor intenso. Salió de ella con la delicadeza que no tuvo en el acto – ¿Te lastimé? ¿Te sientes bien? – estaba recuperando la cordura, arrepintiéndose de su locura

- ¡No me hiciste daño! Y sí, estoy perfectamente bien… Me siento de Maravilla – lo miraba con amor y ternura, aún con lágrimas en sus ojos – ¡Nunca me sentí tan feliz ni tan viva en mi vida, como me siento ahora! – Se dedicaron una sonrisa amorosa. Se besaron nuevamente.

- Regina… – Le ayudaba a ponerse su ropa interior – ¡Gracias por existir! – le acariciaba las rodillas

Ella lo miró como si se lo quisiera comer, pero ésta vez no lo miraba de forma sexual, sino como quien mira a un niño pequeño, al que provoca devorarlo a besos

- Es por eso que sé que te amo… – dijo para sí misma, mientras él se acomodaba los pantalones, y se dirigía a su puesto de piloto. Lo persiguió con la mirada.

Se montó nuevamente en la camioneta, y emprendió el viaje. Tomó su celular, y escribió un mensaje para alguien. Regina estaba curiosa, pero no quería invadir su espacio preguntándole a quién le escribía.

- ¿No debes dar la vuelta? – señaló hacia a atrás. Se moría por saberlo todo

- ¡No! – le dijo mirándola de reojo – Éste es el camino… Pero al final como te saliste con la tuya… Si hubieses esperado un poco… – bromeaba sobre su encuentro sexual

- Ja, ja, ja ¡Tonto! ¡Muy gracioso! – le dedicaba miradas de amor. La volvía loca – ¿Es que acaso piensas que eso fue todo? ¿o que no vamos a poner en práctica todo lo que planeaste? – le habla de forma erótica – Te equivocas nene… ¡Haremos esto, eso, aquello y más! – sentenció, y no pudo evitar excitarse nuevamente

- Tenías tiempo sin decirme así… Creo que es porque esto será como nuestra segunda luna de miel, esposa – la miró divertido.

Estaba cayendo la tarde, cuando llegaron a su destino. Regina observó a su derecha un cobertizo, y la entrada a la propiedad a la que se dirigían "The Wolf Lake". Graham la miró entretenido, mientas paraba frente a la cerca. Se bajó del vehículo, y abrió para ingresar. Se montó, dirigió la camioneta dentro de los límites de la propiedad y cerró nuevamente.

- ¡Vaya! – Dijo por fin Regina – ¿Y seguimos andando?

- ¡Sí! – Graham sonrió al ver Regina como una niña, pensado si faltará poco – Estamos en uno de los extremos, fuera de Acadia, en una propiedad privada de mi familia. Esa es la casa principal, de mis padres, y la caballeriza al final. Atrás dejamos la Presa de Mactaquac, para que te ubiques. Aquí conectamos con un lago que se formó del río. Claro que es la zona boscosa que colinda con las montañas… Pero si quieres ir a la playa, no tienes más que pedirlo…

- ¿Y bañarnos con éste frió? – le comentó divertida – Para eso nos bañamos en el lago, y rápido a hacer el amor, para entrar en calor – alzó la ceja, y colocó su sonrisa de medio lado más perversa

- ¡Aprobado! – lo traía loco por ella

- ¿Y vamos a acampar? Porque desde allí se veía el lago… ¿No nos quedamos allí por…? – indagaba

- ¡Por eso! – unos minutos después se levantaba, entre los pinos y árboles que atravesaban, una cabaña grande, espectacular, al estilo rústico. Tenía un porche hermoso, que en uno de sus extremos tenía el acceso por tierra, y en el otro un pequeño muelle, donde había un bote de pesca atado.

- ¡Graham! – lo miró maravillada – ¡Es hermosa!

- Gracias… Colaboré activamente en la construcción – colocó sonrisa de suficiencia

- Pero… ¿Es tuya? – observaba las antorchas colocadas en el camino a la casa, un par de ellas

- Si… ¡Claro! Yo les compré el terreno a mis padres, y a un socio de mi abuelo. Y ahora la propiedad de los Humbert es más grande… – dijo pensativo, con un dejo de tristeza – Lo hice con lo que me dejó él…

- Entiendo... – veía una nube de melancolía amenazar con desbordarse sobre Graham – Pero quedó hermosa… – disimuló – Y parece que alguien preparó todo… – trataba de animarlo, cambiando el motivo de sus pensamientos

- ¡Pues si! – Regina conseguía hacerlo olvidar lo malo – Todo para que la mujer de mi vida se sienta como la diosa que es.

Ella bajó la cabeza y la vista, ruborizada. Graham también tenía poderes especiales sobre ella. La hacía sentir deseada, amada, segura y protegida, libre y en paz.

Llegaron al sitio, y observó que el camino de antorchas, conducía al porche, y que en éste había regados pétalos de rosa blancos y rosados, y de los que él acostumbraba a regalarle. Entonces se volteó a mirarlo.

Él estaba parado al lado de la camioneta, con las manos en los bolsillos y una sonrisa de satisfacción, viéndola caminar de espaldas al él

- ¡Graham! – le dijo emocionada, y su corazón comenzaba a latir a velocidad. Sintió mariposas en el estómago

- ¡Te amo! – la miró con dulzura – Anda… Ve y explora la casa mientras yo bajo las cosas.

Regina asintió, y procedió a obedecer como una niña en una dulcería. Se quitó las zapatillas, pese al frío, y pisó la tierra para sentir los pétalos bajo sus pies. Subió las escaleras, caminó por el pórtico, observando la romántica decoración.

Desde allí pudo observar mejor el lago, y toda la naturaleza que los rodeaba, los enormes árboles y pinos, la cercanía de las colinas. Observó un sofá colgante de dos puestos, a modo de columpio, y tuvo todo tipo de pensamientos al respecto. Divisó a través de la ventana, lo que podía ser las luces de velas decorativas y de las llamas de la chimenea. Pensamientos extraños invadieron su cabeza y la hicieron estremecer.

Cuando salió de sus delirios, observó cómo Graham ya tenía todas las maletas sobre el porche, al lado de la puerta

- Pensé que habrías entrado… – La miró colocando sus brazos alrededor de su cintura, atrayéndola hacia él

- ¿Será seguro éste lugar? – le preguntó, mientras notaba que su cuerpo y su mirada estaban heladas

- ¡Regina mi vida! ¿Te sientes bien? – notó que tenía las zapatillas en la mano – Te estás congelando vamos… Y claro que es seguro ¡No tienes idea de cuánto!

Entraron a la casa, y mientras el cuerpo de Regina entraba en calor, su alma también lo hacía. Graham se apresuró a dejar las cosas en su sitio, mientras su auto-denominada esposa, avanzaba por la sala de la cabaña.

Era amplia y espaciosa, de concepto abierto. La chimenea estaba a un extremo, colocada tácticamente para distribuir el calor por todo el lugar. Amplia cocina con fogón e isla. Una mesa que daba hacia los ventanales del patio trasero, donde la luz de las antorchas dejaba ver algo difuso.

Todo estaba repleto de velas con olor a vainilla, manzana y canela. La alfombra frente a la chimenea, y en frente a ésta un cómodo sofá. Había Televisión, por lo que dedujo que también energía eléctrica.

- Esto debe ser un éxito… con las mujeres que has traído – se dejó decir, mientras avanzaba sobre los pétalos de rosa que estaban por toda la casa

- ¡Nunca traigo a nadie aquí! – le dijo, mientras acomodaba las cosas. Se le quedó mirando con intensidad, y ella hizo lo mismo – El baño está por esa puerta, y como puedes ver – le señaló arriba – por esas escaleras, se va a ese segundo piso flotante, sobre el baño, que es la habitación

- ¡Es hermosa Graham! – miraba a todas partes – ¡Gracias! – lo miró con ternura. Se acercó al él, lo tomó de la mano – Quítate los zapatos… – así lo hizo. Lo llevó hacia el centro de la alfombra – Toma esos cojines… – señaló el sofá – Y por favor… ¡Hazme el amor! – le dijo, mientras se desabotonaba la blusa.

Hicieron el amor un par de veces, de la forma más intensa, apasionada y tierna posible. Nada importaba ya, estaban juntos y eran felices.

Se levantó desnudo, y ella atinó a darle una nalgada

- ¡Aliméntame por favor! – le dijo a modo de súplica. Él se inclinó riendo para besarla, y lo hizo – ¡Apúrate!… que si no tendré que comerme algo más – Observaba el miembro de Graham con deseo

- ¡Ah! Creo que eso no estaría del todo mal… – le dijo con tono de broma pícara

- ¡Tengo hambre! – Gritó jugando

Se dirigió al baño, encendió la llave de agua fría y caliente de la bañera, y se ciñó una toalla a la cintura

- Graham el puritano… Te quiero ver desnudo esposo – le dedicó un guiño

- ¡Hace frió! – le dijo riendo y moviendo la cabeza en negación, mientras se dirigía a cubrir a Regina con una abrigadora manta

- ¡Ummm! Gracias… Otro besito ¿sí? – estaba muy consentida. Pero siguió recibiendo complacencias.

Regina estaba extasiada sobre la peluda alfombra, desnuda y agotada, cubierta por una manta. Recordaba la escena en el bosque, en la que Graham la tomó con violencia, y cómo acababan de hacer el amor con tanta necesidad, y se sintió acalorada. Se quitó la manta, y caminó descalza hasta la cocina donde estaba Graham.

Servía dos copas de vino, y sacaba una bandeja de embutidos y quesos que ya tenía preparada en la nevera. Lo abrazó por la espalda, y le haló la toalla, hasta que ésta cayó

- ¡Regina! – le dijo en tono de advertencia – Da gracias a Dios que soy un hombre joven, fuerte, sano, que se ejercita y come bien… Porque si no…

- ¡Ja, ja, ja Graham! – La hizo reír genuinamente, al ver que había descubierto sus intenciones

- ¡Toma! – se dio la vuelta para darle la copa vino que le había preparado – Para celebrar que ya no ingieres calmantes fuertes, que sólo usas cuando lo necesitas, y no es el caso… Y que ya no tomas antibióticos

- ¡Sí! – dijo animada – ¡Tremendo brindis! – dijo entre burlándose y divertida

- Para mí celebrar tu vida, es el mejor brindis que jamás había tenido… – la miraba lleno de amor.

Se acercó a ella y la besó apasionadamente. Luego se llevó la copa de vino a la boca, y la tomó de un sorbo

- Anda… Lleva esto – le pasó la botella de vino, y su copa vacía. Mientras que él se daba maña con la bandeja de aperitivos y las fresas que acababa de sacar

Se sentaron recostados del sofá, aún desnudos, en la alfombra frente a la chimenea. Graham colocó la manta sobre ellos, y a sus pies las bandejas y el licor. Se quedaron en silencio, degustando la comida y la bebida, tomando de cuando en cuando, y brindando por todo y por nada.

Graham bajó la manta, y acariciaba el cuerpo de Regina. Lo besaba, y hacía mimos en sus nuevas cicatrices. La piel de la morena se había recuperado de una forma impresionante. Algunas estaban firmes y otras penas se notaban. Se dio cuenta que su amante cerraba los ojos apenada

- Oye… ¡No! – la tomó por la barbilla – ¡Abre los ojos Regina! – Fijó sus miradas – No importa por lo que hayas pasado, ni las marcas que eso haya dejado – acarició la cicatriz de su labio superior – Eres, y seguirás siendo la mujer más hermosa… Y no es algo que sólo yo, porque te amo, pueda ver.

Ella no pudo evitar que un par de lágrimas brotaran de sus ojos. En realidad ese hombre se había convertido en su salvación, en su vida misma

- ¿Por qué eres tan perfecto? – se dejó decir – Yo no te merezco… – bajó la mirada nuevamente

- ¡Ey! ¿Qué pasó? ¡No lo soy! – volvió a guiar su rostro hasta observarse en sus ojos. Le dio un tierno beso en los labios – ¡No se trata de merecer! Yo me gané tu corazón, y tú te robaste el mío. Yo me gané esos sentimientos maravillosos que eres capaz de expresarme… Si es por eso, entonces, nos merecemos…

- ¿Ves? ¡Eres simplemente perfecto! – lo tomó con ambas manos por el rostro. Se acercó a escasos milímetros, y luego juntó su frente a la de él – Hay tanto que debo decirte, que no sé por dónde comenzar…

- ¡Tranquila Regina! – la interrumpió – Tomemos estos días para empezar de cero, como si estuviésemos en Aruba… ¿Te parece?

- ¡Es imposible! – estaba abatida, y empezaba a llorar

- ¿Por qué mi amor? – La abrazó fuerte – Si nada de lo que me tienes que decir trata de nosotros, si no de tu vida antes de mí, y eso lo entiendo… yo estoy dispuesto a manejarlo sea lo que sea.

Ella se alejó mirándolo con dolor y miedo. Se incorporó, tomó la copa de vino, y se apartó de su amante, dirigiéndose a una de las ventanas.

Graham era la clase de hombre que sabía cómo sacarles información a las personas, era de sus cualidades como policía la que más le había traído beneficios. Pero éste no era el caso más afortunado

- ¿Dije algo que te hiciera sentir mal u ofendida? – Continuaba su interrogatorio

- ¡No! – Giró ligeramente la cabeza, para verlo de perfil – Y lo sabes… – se volteó nuevamente.

Pero Regina, aparte de tener cualidades semejantes a la de Graham, era mujer, y una muy inteligente que sabía cómo jugar las partidas

- ¡Ok! – se supo atrapado – Yo no quiero saber nada en estos momentos ¿Ok? – tenía que resarcir su metida de pata – Sólo necesito que vengas y te acurruques aquí conmigo… Es todo – Y ambos sabían que era sincero.

Regina permanecía en la ventana, mirando la oscuridad y la luz de las antorchas decaer, bebiendo cada tanto de su copa de vino

- ¡Vamos mi vida! – le rogaba – Vamos que quiero hacerte mil cariños, y consentirte… ¡Ven!

Unos segundos de silencio volvieron a inundar la habitación. Sólo el sonido de fuego en la chimenea lo interrumpía, a la vez que lo hacía el sonido lejano del aullido de un lobo solitario.

Graham permaneció observando la silueta de Regina, la perfección de su cuerpo a contra luz. Era su diosa amada, y estaba a punto de soltarle una bomba.

Él se había prometido a sí mismo, que independientemente de lo que escuchara, no la abandonaría. Lo meditó tanto, hasta que tuvo clara una sólo cosa: Regina era la mujer por la que estaba dispuesto a todo, incluso a ir en contra de sus principios, si sólo se trataba de defenderla o perdonarla. Así era Regina en su vida, una tormenta que era capaz de derrumbarlo todo.

- ¿Hay lobos por aquí? – preguntó en tono neutro, sin voltear

- Cerca, cerca, no… Y nunca se han aproximado lo suficiente – le dijo serio – Pero no temas, que soy un cazador experto – trató de hacer una broma ligera, pero no hubo respuesta.

Regina sólo seguía parada allí, en silencio, casi inmóvil, y él ya no podía más con esa situación, estaba colapsando. Se paró, buscó entre sus cosas una bata gruesa de cuadros, se la colocó encima y se la ciñó. Se calzó con sus botas para la nieve, que estaban ya allí, al lado de la puerta, y salió con cuidado de que no entrara el frío a la cabaña. Se sentó en el sofá-columpio a ver el infinito nocturno del lago, y la luna llena.

Pasaron alrededor de quince minutos, cuando Regina salió de la cabaña. Estaba en pantuflas, y usaba una bata transparente con encajes color blanco. Se peinaba el cabello con los dedos, y se lo colocaba de lado. Tenía una taza humeante en su otra mano, y colgando de un brazo, la manta doblada.

Era una visión maravillosa, parecía un ángel, que portaba abrigo y calor. Se podía observar su cuerpo en la trasparecía, gracias a la luz de la luna.

Trató de permanecer sereno, e indiferente hasta cierto punto, cuando ella llegó y se paró frente a él. Colocó la taza en el suelo, desató la bata de Graham, luego la suya, y se sentó de frete, sobre él, colocando su sexo justo sobre el de su hombre, con una pierna a cada lado como de rodillas, y pasando la manta sobre sus hombros para envolverlos.

Graham no pudo evadir la excitación, hasta el punto de entrar en ella

- ¡Regina! ¿Qué voy a hacer contigo? – le dijo agitado

- Necesitamos calor y contacto humano – la dijo, colocando su cabeza en el hombro de su amante

- ¿Con éste frió? – Bromeó Graham, que cada vez respondía más al contacto con Regina. Besó con pasión cada uno de sus senos

- Si, justo aquí – tocó la virilidad del amante con sus manos calientes, y se acomodó para que entrara mejor en ella, gimiendo en el proceso

- Manos… Manos calientes – tuvo que aclarar la voz. Tragó grueso – Me siento abusado… que buena táctica la taza de té

- Es sólo agua caliente… – volteó a mirarla. Luego tomó con sus manos el cabello corto de Graham, y lo miró con seriedad, mientras se movía de forma sexual sobre él, hacia adelante y hacia atrás, en círculos; como una serpiente

- No… No todo puede ser así – le decía hablando con dificultad por la excitación. Y luego la besaba con pasión

- ¡Lo sé! – detuvo el beso – Tú sabes… ¿lo sabes? – no dejaba de hacer el amor con él, de incitarlo

- ¿Saber qué? – la tomó por la cadera y la ayudaba en su movimiento – ¿Qué… me… amas? – respondía ante el aumento de ritmo de su amante - ¡Lo sé! – aumentó el tono de su voz

- ¡Sí! – Regina también hablaba más fuerte, y se movía cada vez más rápido, contrayendo los músculos de su vagina para dar y recibir más placer – Y sabes… lo que… te voy a confesar…

Graham la apretó con fuerza contra su pecho, y ella se detuvo, rompiendo a llorar, deshaciéndose sobre él

- ¡Sí! – dudó al hablar, más no por la respuesta. Le temblaba la voz – Si es de los dos…

- ¡Sí! – lo interrumpió, aferrada a él, ahogada en llanto – Todo tiene una razón… Pero debes saber que… ¡Henry es tu hijo! ¡Nuestro hijo!

oOo

Como éste par tuvo bastante sufrimiento, el capítulo es dedicado al amor entre Regina y Graham… Pero como siempre, al final, el drama no puede faltar…

Dedicado a TropicalQueen, que ama realmente esta historia.

Espero sus comentarios, y sugerencias… Espero que les guste ...

Saludos.