Capítulo XXXVII

Víctima

Cuando abrió los ojos, pudo observar a Emma llorando, desde su cama, y a Killiam tratando de hacerla volver en sí. Henry la llamaba "Mami" y le halaba la chaqueta, sentado en el piso, sollozando a su lado. Entre un enfermero y el joven padre, la habían recostado en el sofá y le daban a oler alcohol.

Cuando logró aclarar dónde estaba, se incorporó de golpe, asustada. El dolor se hizo intenso, y se llevó de inmediato la mano a la cabeza

- ¡Dios! – exclamó con dificultad

- ¡Regina! ¿Estás bien? – Emma le hablaba asustada

- ¡Regina! ¡Quédate quieta, por favor! – trataba de que volviera a recostarse – Debes descansar… ¡Te desmayaste!

- ¡No! – trató de levantarse – ¡Tengo que irme ya! – vio a Henry llorar, y mirarla asustado – ¡No, mi bebé!

Se liberó del agarre de Killiam, levantando las manos en alto, en señal de rendición. Se acomodó en el asiento, y vio a Emma llevarse las manos a la boca, llorando. Tomó a Henry en brazos, resintiendo el dolor en su cabeza, y trató de calmarse y calmarlo

- Shiiii… ¡Ya mi amor, ya! – le hablaba con instinto maternal. Lo abrazó, y lo protegió contra su pecho – ¡Todo está bien! ¡Mami está bien! – miró a Emma con dolor – Si Killiam, debo reponerme… ¿Me podrían traer un calmante para el dolor de cabeza? ¡Por favor! – miró a los dos hombres como un corderito

- ¡Señora! Debería chequearse, puesto que sufrió un desmayo, y su tensión puede ser causa – le informó con propiedad el enfermero

- ¡Si Regina! – Killiam trataba de calmar a su esposa, dándole agua

- Fue una mala noticia que recibí… ¡Eso es todo! – se había tranquilizado, y el niño también – Voy a irme, pero quiero tomarme algo para el dolor de cabeza… Yo prometo volver y chequearme

- Pero Regina… – la rubia le insistía, pero notó la expresión de la morena – ¡Está bien! – le extendió los brazos, en señal de que quería abrazarla.

Le dio el niño a Killiam, y se acercó a Emma

- Yo regreso en la noche, antes de que cierren… O mañana para cuando te den de alta… ¿Si? – la miró con amor

- ¡Si! – se abrazaron

- La darán de alta ésta tarde Regina… – le informó el joven

- Pues nos vemos en la casa… ¿Te parece? – la tomó de la barbilla, y la besó sin remilgos por los espectadores.

El enfermero trajo el calmante, y adicional le tomó la tensión a la morena, contra su voluntad. Afortunadamente, todo parecía normal. Sin duda, se opuso a una revisión más formal por parte de un médico.

Se despidió de Emma y de Killiam. Cargó a Henry, lo abrazó y lo besó, una cantidad exagerada de veces

- ¡Mami te ama! – y se lo entregó, a su supuesto padre.

En una hora había llegado a la comisaría, escoltada por la misteriosa mujer rubia. Su asistente estaba en el lugar, esperando, como se le había indicado por teléfono minutos antes. Ya había medio almorzado en el carro, a regañadientes, de camino a ver a Graham.

Entró cual estrella de rock a la estación, llamando la atención de todos con asombro, por razones que obedecían, obviamente, a su "ataque por robo" unos meses atrás. La única que supo el porqué de su repentina presencia, fue Ruby, que se apresuró a llegarle al paso

- ¡Señora Mills! – la miró de forma particular – Que bien que ya esté recuperada… – le tendió la mano

- ¡Gracias! – le respondió al gesto por cortesía, pero captó el matiz de su expresión

- Pase directo a la oficina del Señor Gold… Que hay cosas que necesita saber, y ponerse al corriente – La guiaba por el lugar, mientras sus acompañantes se quedaron esperándola en la entrada.

Cuando se había alejado lo suficiente de cualquier oído agudo, Ruby le susurró información vital para ella

- ¡Está aquí! – nadie podía oírla. Disimulaba muy bien – Aún no se lo han llevado, y no se ha definido cómo proceder con él… – la miró ansiosa – Él es inocente Regina… ¡Se lo aseguro! Graham es incapaz de matar ni una mosca… Sé que él tiene su carácter… ¿Pero un asesino? ¡Nunca! – se notaba su anegación a la causa

- ¡Tranquila! – Regina sintió algo de celos. La chica se desvivía por Graham, pero tenía que reconocer que le daba su lugar a ella, y la respetaba – ¡Yo lo sé! – bajó la mirada – ¡Haré lo que esté a mi alcance!

- ¡Gracias! – giró el rostro, y luego volvió a observarla, con auténtica admiración – Él realmente te ama… Y daría su vida por ti…

Regina la observó en silencio, y le hizo un gesto de agradecimiento. Le costaba sentir familiaridad con la chica, como si fuesen amigas, sólo por que apreciaba a Graham. Borrar el hecho de que fue su compañera sexual, no era fácil para ella. Ese hombre había logrado hacerla sentirse celosa, como nunca había experimentado.

Tocó la puerta, y el caballero al que buscaba le indicó que siguiera, sin saber que se trataba de ella

- ¡Capitán Gold! – le dijo, con una falsa sonrisa en el rostro omitiendo lo que sabía – Me informaron que no había sido sustituida temporalmente, y pues por eso, y como ya estoy recuperada, me estoy reincorporando a mis actividades… – el hombre parecía haber visto un espanto. Observó a David sentado al escritorio, junto con otros dos agentes que reconoció – ¡Detectives! – hizo un gesto de saludo

- ¡Re… Regina! – automáticamente salió a saludarla. Le dio dos besos, y un abrazo, tratando de disimular – ¡Qué sorpresa!

- Sorpresa es que no hayan nombrado un fiscal interino… Debería abrir una averiguación al respecto… – sonreía, actuando como las grandes – ¡Tengo que ponerme al día! Hay un par de casos de mi interés…

- ¡Incluyendo el suyo! – le señaló una silla, que había liberado David, y le indicó que se sentara – ¿Por qué no tomas asiento Regina?

- ¡Claro! – mientras se acomodaba, miró con disimulo a rubio, el cual captó lo que ya sabía – Mi caso es, por mucho, algo importante para mí… – fingió estar muy afectada – Pero como profesional, entiendo y vivo el hecho de que todos los casos son importantes… Un robo con lesiones agravadas, siempre será menos relevante que un homicidio calificado, además, de no ser de mi competencia… Por lo menos no en estos momentos…

- Entiendo Regina… – la miró de forma de reto, con incredulidad – Caballeros… Me dejan a solas con la fiscal, ¡por favor! – les hizo señas de que se marcharan.

Regina vio de reojo, cómo David la observaba, tratando de disimular. Los caballeros se retiraron, y Gold se levantó a asegurar la puerta. Caminó hasta quedar a las espaldas de Regina, mirándola de esa forma molesta

- ¿Qué sucede Gold? – ella aceptó el reto – ¿A caso sabe algo que yo no sé? – se volteó a mirarlo con la intensidad de la pugna

- ¡Es asombroso Regina! La manera en que llegas, justo cuando se da por cerrado tu caso… ¡¿Y no te importa?!

- ¡Qué te puedo decir! – fingía desenfado, pero no bajaba la guardia – ¡Mi vida no ha terminado! ¡Y menos mi trabajo! – se cruzó de brazos

- Y más aún… Me sorprende lo oportuna que eres… – se acercó a ella, y se inclinó para estar a su altura – ¿Quiere quedar bien? ¿O no Fiscal Mills? – su escueta sonrisa, se tornaba algo retorcida

- Pues… en el trabajo… ¡Quién no! – ahora ella lo desafiaba – ¿Usted no? ¡Imagínese! Un caso importante… Cualquiera que éste sea… ¡Resuelto por usted! – se acercó más a él – Usted gana y yo gano… Usted queda como un héroe, con la mejor división… Válido para salir de aquí, si quiere… Y yo, consigo lo que tanto anhelo…

- ¿Si? – la miraba con suspicacia. Se retiró hasta su puesto, mientras la mujer se daba la vuelta – ¿Y qué será eso que usted tanto desea?

- ¿Acaso no es obvio Gold? – lo miró con una media sonrisa, perversa – Dos cosas fundamentales… Primero, quedar tan bien como usted… Y segundo… – se puso seria – ¡Salir de ésta pocilga, a donde nunca debieron asignarme! – volvió a relajar el rostro – ¡Sin ofender!

El hombre se quedó observándola en silencio, y ella adoptó una actitud de tranquilidad, como si nada estuviese pasando. En el fondo se sentía morir. Tenía ansiedad por saber de Graham, por verlo y hacerle saber que estaba con él, que lo amaba.

- ¡Está bien Mills! – le extendió la mano – Digamos que tenemos un trato…

- ¡Perfecto! – devolvió el gesto, con un fuerte apretón de manos – Entonces… No hay más tiempo que perder… ¡Manos a la obra! – frotó la palma de sus manos – ¿Cuál cree que sea nuestro premio mayor? – lo miraba divertida, casi con sadismo.

Era evidente que el hombre no se sentía confiado, no plenamente, pero que deseaba tener el éxito del que la morena le hablaba

- ¡El asesino de Omaha! – Gold se enderezó en la silla, y la observó con curiosidad

- ¡¿Qué?! – hizo expresión de fastidio, como si le hablase de una pesadilla insoportable – ¡Por favor Gold! Es la maldita razón por la que me transfirieron… Es justo de lo que estoy huyendo… ¡Y usted debería hacer lo mismo! – lo señaló

- Insinúa que debo obstaculizar la investigación… – estaba sorprendido

- ¡No! ¡Para nada! – fingió estar seria – Lo que digo es que hay que limitarse a los hechos… No a posibilidades… Hacer el trabajo y punto, sin matarse y comerse la cabeza… ¿Me explico?

- ¡No lo veo así Regina! – le dijo animado – Justo tenemos una posibilidad puerta…

- ¡Por favor Gold! – se rio con energía, desestimando las palabras del capitán – ¡Ese caso es puro humo!

De verdad que el caballero no podía dar crédito a lo que Regina insinuaba. Asumió que hablaba desde el desconocimiento de la nueva evidencia.

- ¿En qué te basas para decir eso? – inquirió

- Pues… Llevo ocho años Gold, ocho años persiguiendo a ese maldito… ¡Y nada!

- ¿Y lo de la secta? – prosiguió

- ¡Bah! ¡Podría ser! – adquirió uno postura relajada, y hablaba sin preocupación alguna – Ha habido miles de teorías, y todas se caen… Siempre cambian algo. Y, por otro lado, no hay ningún cuerpo de menos de dos años para acá, a excepción del que apareció, antes de mi desafortunado incidente… Es más, creo que desde hace tres años no encontramos una escena fresca. Es como si se hubiese… o se hubiesen esfumado… – se acercó al él, colocando los brazos en el escritorio, inclinándose hacia adelante – Y para ser más osada… ¿Me permite compartirle mi opinión al respecto? – se colocó en actitud de sospecha, y le dedicó un guiño

- ¡Adelante! – le hizo una seña de aprobación – ¡Por favor, ilumíneme!

- Creo… Que no se trata de una persona, ciertamente… Sino de varias… Que en el tiempo han cambiado, modificando el patrón – hablaba a modo de confidencia – Pero eso no parece tan obvio en investigaciones anteriores, claro está… Y lo peor… – lo miró con resignación – Puedo casi asegurarle que pararon hace un par de años… Y lo de la última chica, es imitación…

- O sea, que crees que "ellos"… – hizo comillas en el aire – por así decirlo, ya no están matando…

- ¡No lo sé! – levantó las manos en señal de rendición – Por eso te digo… ¡Sólo nos queda hacer el trabajo, y ya!

Se levantó de su asiento, y le dio la espalda. Se llevó la mano al rostro, como meditando si decir lo que iba a decir

- Y si le digo que hay nueva información al respecto… Que, en cierta forma… – se volteó a mirarla – valida sus teorías…

- Le diría que no me sorprende… – se hacía la disimulada – Lo que si me asombra, es lo curioso de eso…

- ¿Cómo? – no estaba entendiendo a la morena

- ¡Si!… Que desde antes de que llegara, y justo en éste estado, han ocurrido más apariciones de cuerpos, nuevas pistas o evidencias, que en el resto de los ocho años que llevo investigándolo… – Lo miró directamente, con total seriedad. Estaban entrando en terreno difícil

- Entonces… ¿O es por usted, o es por él? – le soltó sin más

- ¡No le comprendo! – mentía y disimulaba.

Volvió a darle la espalda, entonces, Regina supo que debía irse con cuidado, puesto que aquél hombre no sería fácil de llevar

- ¡Tenemos a un sospechoso! – se volteó a mirarla

- ¡¿Cómo?! – fingió estar tan sorprendida, extrañada – Lo dicho… Casi tres meses y ya hay los mil nuevos indicios – movió la cabeza en negación, y suspiró – ¿Quién es el afortunado? – sonrió incrédula.

El hombre se le quedó mirando, y durante unos eternos segundos, se mantuvo en silencio, contemplado curioso a la morena

- Regina, usted lo conoce… – fue osado

- ¿Yo? – hizo como si no entendiera

- Si… Es el Detective Graham Humbert de homicidios – aseguró

- ¿Quién? – fingía que era la primera vez que escuchaba ese nombre – ¿Aquél pobre que tuvo la desventura de hallar a su propia mujer? – seguía simulando que se burlaba

- ¡El mismo! – hizo una pausa – El que le salvó la vida… ¡Según sabemos! – sonrió – Ahora son dos las víctimas, vinculadas a él de forma amorosa, y una tercera, de forma circunstancial…

- ¡Sí sé de quién se trata! Sólo me limitaba a los hechos que nos atañan – estaba seria – Creo que, si lo que dice es cierto, deberíamos llamar a su detective a declarar… – aún debía actuar – Porque, no me parece que sea tan fácil culparlo, o que sea culpable… Podría ser una venganza, sin embargo…

- ¡Correcto! – afirmó

- Mas… Si lo que queremos es cerrar el caso… – lo vio, como incitándolo a aceptar – Su culpabilidad puede ser fácil y conveniente…

- ¡Regina! – estaba molesto – ¡No voy a condenar a muerte a un inocente! No voy a vivir la recompensa a costa de la desgracia de un chico… que es como un hijo para mí… ¡Tengo certeza que no es culpable!

Las palabras enardecidas de Gold, la tranquilizaron. Aun así, le quedaba la duda de por qué lo habían apresado

- ¡Entonces!... ¿Por qué lo tienen bajo arresto? – se adelantó, como si no le importara realmente la respuesta – Ya usted lo condenó, con esa forma de proceder… Porque… ¿Cuáles son los cargos? – lo miró conteniendo la ira. Ella sabía que no tendría respuesta para esa pregunta

- ¡Eso es cosa mía Regina! – le dijo molesto, y le dio la espalada

- ¡Y mía! – se levantó de la silla – Si tiene alguna carta bajo la manga, necesito saberlo… Yo soy quien llevará el caso a la corte… ¡Recuérdalo!

- ¿Qué quieres Regina? – volvió a mirarla con molestia y hastío

- ¡Quiero colaborarte Gold! – se acercó al hombre, y le acomodó el cuello de la chaqueta, mientras le hablaba – Que nos ayudemos, en lo que sea necesario… – hizo una pausa, mirándolo a los ojos, con la seguridad de que podía beneficiarlo – Yo tampoco quiero que un inocente vaya a la cárcel, y confío en sus buenos oficios para determinar la inocencia del chico, junto con el abogado que le asignen o él escoja… – se dirigió nuevamente a la silla – Pero para eso, debo saber… En última instancia, quien hará el trato con él y su abogado, seré yo.

Se sentó, cruzó las piernas, y se quedó viéndolo fijamente, con gesto sobrado. El hombre estaba ensimismado, cavilando qué hacer, y si podía confiarle a Regina la suerte de Graham

- La evidencia es circunstancial… Y la conexión personal, podría llegar a desestimarse fácilmente… – se dejó decir, de forma automática – Pero dados los hechos, no sé cómo pueda desencadenarse, o qué más pueda aparecer para incriminarlo… – se dirigió a al ventanal de su oficina, que daba al pasillo, y cuyas persianas permanecían cerradas – Cualquiera que sea el caso, sé que el chico es inocente… – hizo una pausa, y la miró con cara de circunstancias – Y tú también lo sabes…

- Pues… – disimulaba – No me parece que cumpla con el perfil, para nada… Pero en dado caso… ¿quién puede poner las manos en el fuego por él?…

- ¿Cómo quieres convencerte? – puso los ojos en blanco, brevemente, mientras se dirigía a su silla, y tomaba asiento

- ¡Llévame a verlo! – habló con seguridad – Extraoficialmente, claro está. Yo no pretendo perjudicarlo… Al contrario, si es inocente, podemos tener una mejor perspectiva de este caso

- ¡Por eso está aquí! – tenía que asegurarse de que la morena entendiera la razón – Sólo su compañero, el detective Nolan lo sabe, pero la idea es que permanezca preso, y se incluya en el proceso…

- ¡Pero no me acabas de decir que es inocente! – se alteró un poco, y tuvo que buscar valor para controlarse – Lo digo porque, entrar al sumario, implica el levantamiento de los cargos, y el debido proceso, aunque se desestime en el camino… – bajó la vista, y se miró las manos, tratando de controlar su respiración

- ¡Lo sé Regina! – respiró profundo, y con fuerza – Pero es la única forma que tengo, para que el asesino se confíe, o se manifieste de alguna forma…

Se miraron con intensidad, como diciendo todo lo demás que hacía falta. Ambos, llevaban años de su vida dedicados a los dos lados que se dan en una investigación, y entendían por lo que tenían que atravesar, para conseguir la verdad que anhelaban. Obviamente, las razones de Regina eran numerosas, más transcendentales y vitales que las del jefe Gold.

- ¿Vamos? – se levantó, se dirigió a ella, y le brindó su mano para ayudarla a levantarse

- ¡Vamos! – pensó que la expresión de agradecimiento en su mirada, la delataría sin duda.

Se encaminaron hacia las oficinas de interrogatorios, que estaban en el primer sótano. Al pasar por la sala de espera, de un lado estaba su asistente y "La mujer Dragón", esperándola. Del lado donde aguardan los recién detenidos, había una chica drogadicta enloquecida, iniciando una rabieta.

La mujer se retorcía, gritaba, y hacía todo tipo de insinuaciones sexuales. Parecía poseída por el demonio, cual película de ritos de exorcismo

- ¡A ver si la callan! – Le gritó Gold al oficial que tomaba las declaraciones

- ¡Tú! – la mujer señaló a Regina, mientras ésta se detuvo en seco, asustada por el ataque – La bonita… Muy bonita… – reía enloquecida. Se acercó de repente a Regina, todo lo que la cadena de las esposas le daba, quedando a un par de metros – Eres la Reina… ¡Sí! – deliraba – ¡Tú y nadie más! – volvió a reír enajenada – ¡Morirás! – gritó, y reía a viva voz, mientras la reprimían nuevamente en el asiento.

Regina tenía los ojos abiertos como platos. Estaba paralizada ante la escena. Cuando la mujer estuvo más cerca, Sarah se paró de inmediato, como buscando interponerse, pero se contuvo, viendo que la morena estaba a salvo.

- ¡Disculpa Regina! – la tomó de los brazos – ¿Estás bien? – Preguntaba Gold, visiblemente alterado

- ¿Todo bien? – se acercó David

- ¡Si!... Si… yo… ¡Yo estoy bien! – se veía perturbada – Mejor nos damos prisa Gold…

- ¡Si! – bajó la vista – ¡Qué pena con usted! – se dirigió a la mujer – ¡Nolan! Por favor acompáñenos hasta el ascensor…

- ¡Si Señor! – hizo lo que le pedían, gustoso. Sabía que Graham esperaba con ansias a Regina; y aunque en algún momento dudó que ésta pudiera convencer a Gold de ver a acusado, estaba gratamente sorprendido por la astucia de la mujer de su amigo.

Fueron hasta la sala donde se encontraba su amante. Era de las habitaciones monitoreadas por cámaras únicamente, no de las que tienen esa gran ventana para observar desde el cuarto contiguo. Abrieron la puerta y ahí estaba su amor, esposado, sentado a la cabecera de la mesa.

Cuando lo vio, sintió palpitar su corazón muy fuerte y a toda prisa, tanto que le dolía. Tuvo que tragar grueso, y respirar profundo para disimular. No conseguía calmar el temblor en sus manos, por lo que las guardó en los bolsillos de la chaqueta

- Señora Mills… ¿Se recuerda de Graham Humbert? – cómo no hacerlo, si lo recordaba las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana

- ¡Si! – aclaró la voz – Lo recuerdo bien… Fue quien me encontró a tiempo… ¡No tengo cómo agradecerle!

- ¿Estás bien? – volvió a preguntar David, mirándola con ese gesto de "disimula" en el rostro

- ¡Si! Es sólo que el incidente de ahora, con la indigente esa… Pues me alteró un poco… Recuerde lo que me sucedió, y pues… – trataba de pensar, de tomar una salida rápida, pero había quedado indefensa ante la mirada silente de su amor

- ¡Entiendo! – asintió el rubio

- ¡¿Cuál incidente'! – interrumpió alarmado Graham, que había estado cautelosamente en silencio

- ¡Es irrelevante! – sentenció Gold.

Terminaron de ingresar, y por fin Graham se percató de que debía ser aún más precavido. Entonces, se tapó el rostro con las manos esposadas, para ocultar que estaba mal.

- ¿Qué hace la Fiscal aquí? – dijo con decisión – Eso no es parte del procedimiento…

- ¡Graham! – le replicó el hombre mayor – Esto es por tu bien… Regina sólo viene a colaborar, y a ver a de qué detalles podemos aferrarnos para no perjudicarte…

- ¿De cuándo acá eso es así? – se descubrió la cara y los miró, pero ignoró a la morena

- ¡Desde que no queremos acusar a un inocente! – pudo decir la mujer, mirándolo fijamente. Su mirada decía mucho más que sus palabras

- ¿Cómo sabe que soy inocente? – la observó desafiante

- ¡Graham! – dijeron a unísono Gold y David

- ¿Qué te sucede? – soltó Gold, para luego golpearlo en la cabeza

- ¡Bueno Gold! – disimuló Regina. Se estaba muriendo por dentro – Eso se verá en el camino… Pero si al señor Humbert no le molesta ser inculpado, ese es su problema… Yo ya cumplí con ofrecerme a ayudar… – miró de reojo, por encima del hombro, y se ubicó en dirección a la salida.

En ese instante, se escucharon golpes, gritos y la detonación de un arma de fuego. Todo indicaba que había una situación irregular, que los presentes en aquella sala percibieron con alarma.

- ¡Qué Demonios! – Gold se acercó a la puerta, apartando a la fiscal, de forma protectora.

David y su jefe sacaron sus armas, y abrieron la puerta con precaución. Otras dos detonaciones se escucharon, haciendo que Regina se asustara, y Graham la observara con instinto protector

- ¡Regina! – la miró, y luego a Graham – Quédese aquí con Humbert. Sé que estará bien. No deje entrar a nadie. Asegure la puerta cuando salgamos, y quédese lejos de ésta. David… ¡Vamos!

Cuando se disponían a salir, las luces se apagaron, y con ellas las cámaras de seguridad. Todo el edificio estaba revolucionado y a oscuras. Entonces los hombres se apresuraron a salir, mientras que el mayor de ellos, le hacía a seña a la morena y le entregaba las llaves de las esposas del detenido

- ¡En caso de emergencia! – los miró. Y salió con David.

Con cara de pánico, Regina cerró la puerta, y se volteó de inmediato a ver a Graham. Ambos se contemplaron en silencio. Lo único que los separaba era la distancia al bordear la mesa. Se escuchaba la confusión en el exterior.

Salió corriendo, le quitó las esposas, y se enterró en su pecho. Él no pudo evitar abrazarla como si la vida se le fuese en ello. La amaba demasiado, como para fingir que su contacto no le era necesario, que no la amaba o no le importaba.

- ¡Regina! Nos van a ver… – le dijo, sin pensar en lo que sucedía a su alrededor

- ¡No! – se separó, y le señaló la lámpara, y las cámaras, que permanecían apagadas – Estamos solos… Pero sólo serán un par de minutos, a lo sumo…

- ¿Cómo sabes? – la miró extrañado

- ¡Sólo lo sé! – y se lanzó a sus brazos.

Se besaron con una intensidad, llevada por la necesidad y su temor a no poder hacerlo de nuevo. Se acariciaban y se abrazaban con fuerza. Graham tomó el rostro de Regina con ambas manos, metiendo los dedos entre sus cabellos negros, y aumentó la pasión y su deseo de tenerla cerca. Las lágrimas de Regina humedecían su contacto

- ¡Te voy a sacar de aquí! – le dijo, desesperada, justo al separarse

- ¿Cómo lo sabes? – estaba abatido

- ¡Te lo aseguro! – lo abrazó – Aunque me cueste la vida… ¡Tú serás libre!

- ¡No! – la apartó, agarrándola por los brazos – Eso es justamente lo que no quiero que suceda… No quiero que mueras, y menos por mí, por mi causa… Por… – bajó la vista, y se sentó de golpe, colocando los codos en la mesa, y sus manos en la cabeza

- ¡Eres inocente! – hablaba con vehemencia – Es mi trabajo, demostrar la verdad en la corte… Y como sea, voy a desestimar esto…

- Eres la parte que acusa, no la defensora… – la miró

- Sabes bien a lo que me refiero… – se sentó a su lado, arrimando una silla. Lo tomó por la barbilla, para que la observara – Soy la Reina de los tecnicismos…

- Regina… ¡Por favor! – su mirada era penetrante, pero desesperanzada – Yo prefiero morir, antes de que te suceda algo por mi culpa…

- ¡No me va a pasar nada! – lo tomó de las manos – Mientras nos mantengamos unidos, y alertas… ¡Nada nos detendrá! – se las besó – ¡Sé que eres inocente!

- ¿Cómo lo sabes? – su mirada cambió.

Por un momento Regina se sintió perdida. No sabía si debía al desánimo de su hombre, pero algo en su expresión la hizo estremecerse. ¿Qué tenía que hacer para asegurarse de que todo funcionara como esperaba?

- No… Graham… ¡No! – negaba con la cabeza. Se levantó de golpe, y le dio la espalda – No me hagas esto… ¡Tú no! – estaba nerviosa, ansiosa, triste

- ¿Hacerte qué? – era sínico. Quería alejarla, mantenerla segura

- ¡Por favor! – se volteó llena de ira, y se acercó a él. Estaba a unos centímetros de distancia – Dime… ¿Acaso no me amas? ¿No quieres estar a mi lado?... ¿Es eso?... ¿O no me perdonas por lo de nuestro hijo?

- ¡Regina! – era inexpresivo

- ¡Vas a tener que hacer algo mejor que esto! – lo amenazó, con rabia y dolor en su mirada – No te voy a dejar Graham… ¡No te dejaré!

- ¡Lo harás! – la apartó de él

- ¡Tú eres inocente, y esa es tu arma! – le dijo, con necesidad de convencerlo

- ¿Lo soy? – la veía de una forma extraña

- ¡Lo eres! – volvió a sentir miedo. Un escalofrío la recorrió completamente.

Se acercó a ella, la tomó fuerte por los hombros, y la atrajo hasta su cuerpo. Estaban completamente en contacto. La abrazó, por última vez, y luego volvió a mirarse en esos ojos marrón intenso

- ¿Lo soy? – le preguntó Graham

- ¡No! – afirmó Regina, con lágrimas en sus ojos, de dolor y terror.

Se quedaron así, en silencio, sentados uno al lado del otro, abrazados. Graham acariciaba el cabello de Regina, mientras ella se refugiaba en su pecho. El sonido de otra detonación, gritos; nada de lo que estaba afuera parecía importarles.

- ¡Soy tuya Graham! – se negaba a dejarlo – ¡Soy tu víctima más dispuesta! – se volteó a mirarlo tomándolo de la barbilla – Haz conmigo lo que quieras… Pero por favor, déjame ayudarte… ¡No me dejes! ¡No te rindas! – lo besó.

De pronto, el sonido en la puerta los sacó de su letargo. Graham se colocó las esposas nuevamente, mientras Regina se acomodaba y se disponía a abrir la puerta, que era golpeada con insistencia.

- ¿Quién es? – dijo, con precaución. Dio esa última mirada, y le gesticuló un "te amo", que él respondió

- ¡Gold! – respondió agitado – Ya la situación fue controlada…

En ese preciso instante, reestablecieron la energía. Las cámaras volvieron a funcionar, mientras Regina abría la puerta, para que el hombre ingresara a la salita, donde permanecía su amor.

- ¡Lo siento Regina! – estaba pálido, como un papel – Vamos a tener que dejar ésta conversación para mañana…

- ¿Pero qué fue lo que pasó? – parecía alarmada

- La mujer que había sido detenida… La indigente, la drogadicta que te abordó de camino acá… – la miró con expresión de terror – Tenía un arma blanca… atacó a un oficial, cortándole el cuello… Le quitó su pistola y les disparó a dos más. Luego de decir unas cuantas cosas, se suicidó… ¡Estamos en contingencia!

- ¡¿Pero cómo es posible'! – estaba contrariada e indignada

- ¡No es posible! – Graham se alteró – ¿Quiénes están heridos?

- Leroy, Walter y Clark… Es lamentable, pero Tom está delicado… – bajó el arma, entró a la habitación – Pero eso no fue todo…

- ¿Pasó algo más? – se adelantó el sospechoso

- ¡Si! – lo miró, como haciendo obvio que no quería discutirlo frente a la morena – Pero es mejor que lo conversemos después… Regina, si me lo permite, me gustaría escoltarla hasta su casa

- ¿El qué? – estaba totalmente desconcertada – No entiendo Gold… Si la situación ya está bajo control…

- ¡Lo está!... Por los momentos… – dijo, sin más

- ¿Cómo? – respondieron a coro los amantes, y se miraron asustados, de forma cómplice

- La mujer… ¿Qué fue lo que te dijo, cuando se acercó a ti? – estaba realmente misterioso

- ¡No sé! – disimulaba, y mentía. Graham lo notó – No recuerdo ahora mismo…

- ¡Pero si pasó hace nada! – insistió el jefe

- Bueno… Es que con todo ese estrés… Lo que acaba de suceder, y el reciente trauma que he pasado… Es natural que haya cosas que se me escapen… – lo miró seria

- Vamos a hacer algo Regina… ¡Siéntate! – el hombre la miraba de una forma poco usual – Dime, frente a Graham, que asumo es que "más que de confianza", lo que tú sabes…

- ¡¿Cómo?! – puso cara de sorpresa y de estar ofendida – ¡No sé qué quieres decir con eso Gold, pero no lo voy a tolerar – se acercó indignada a la pared, de espaldas

- ¡Regina! Tienes información que yo no tengo… – Graham lo miraba en silencio, con cara de pocos amigos

- ¡No! – se volteó, hasta quedar frente a él, y lo señaló con furia – ¡Tú tienes información que yo no tengo!... ¡Y a eso he venido!

El hombre la vio sentarse, guardando silencio, como estudiándola al mirarla. Ella estaba en su papel de ofendida. Graham se limitó a cerrar los ojos, y a cruzarse de brazos

- ¡Ya sabe algo! – dijo su amante – ¡Hable jefe! – el joven fue enfático

- La mujer, cuando veníamos para acá, se acercó a Regina y le dijo que ella… iba a morir… – tomó asiento, viéndolos a ambos – Después de herir a tus compañeros, dijo lo siguiente: "¿Dónde está la Reina de este lugar?... ¡Ella es la próxima!", y soltó esto – sacó una bolsa plástica, que contenía una tarjeta negra, con un símbolo rojo brillante, que no era desconocido para los otros dos presentes.

Regina se llevó la mano a la boca, y se dejó caer nuevamente en la silla. Graham, no quitaba los ojos de encima a la tarjeta, como si con eso consiguiera destruirla

- Ahora, ustedes dos van a empezar a hablar… Porque, no sé cómo, pero ambos saben más de lo que han asegurado… – sentenció – No pretendo perjudicarlos… Pero es hora de hacer un trato… ¿Tenemos un acuerdo?

Tardaron unos segundos en silencio, antes de contestarle. Era un arma de doble filo, y no querían correr riesgos innecesarios. No se veían entre sí, para no causar más sospechas en el hombre

- Gold… Claro que he visto esas tarjetas antes… Esa es igual a la del caso de la Jefe de forense – se volteó a ver a Graham – Que, por cierto, asumo que es una de las víctimas asociadas a su protegido…

- ¡Regina! – le advertía

- ¡Bueno! ¡Bueno! – cambiaba el tema – Y sé que las demás tarjetas, según han deducido ustedes mismos, llegan antes de que la víctima se percate que ha sido escogida para morir… Pero en mi caso, es la primera vez que la veo… Puede ser coincidencia, o se filtró la información de su supuesto culpable… Como quería… ¿O no señor Gold?

El hombre la miró incrédulo, pero en su argumento no había nada flojo. Sabía que le mentía, o eso creía; pero no tenía cómo asegurarlo

- Si Regina… ¡Eso era lo que se quería! – le dio la razón, y miró a Graham, que continuaba con postura seria

- ¡Ahí lo tienes! – dijo, despreocupada. Tenía que fingir, por su prometido y por ella – Y… lo que sí me causa inquietud, es tu preocupación… ¿Qué sabes tú, Gold?... ¿Quién divulgó la información?

- ¡Nada Regina! – le habló molesto – Lo que acabo de ver es más que suficiente, y me parece infantil de tu parte que no lo asumas… ¿Y tú? – le habló de mala manera – ¿No vas a decir nada Humbert? Mira que tengo que ir a resolver éste desastre, antes de que la prensa acabe conmigo…

- ¡Deja eso en mis manos! – lo interrumpió. Se levantó, y le tendió la suya

En eso, el hombre se quedó fijamente mirando a la morena, sus ojos, la actitud de Graham, y su mano

- En tus manos… de mujer comprometida… ¿Cómo sigue el caballero? – claramente se refería a Jefferson, observando el anillo de compromiso que portaba Regina – Hace dos días lo operaron… Por las lesiones… La aseguradora lo informa todo en estos casos. ¿Y no sabía que tenían una niña? ¿Cómo se llama?

Regina alzó las cejas, y se sorprendió al saberse descubierta. De inmediato Graham la miró, no lo pudo evitar. Esa podía ser una nueva revelación sobre su misteriosa víctima. Ella ya le había ocultado que estaba comprometida, y que habían tenido un hijo. La existencia de otra, no era algo que fuese descabellado

- Si Señora Mills… ¿Díganos cómo está el señor… Jefferson? – Graham estaba molesto – ¡Se tiene que cuidar! Por su hija… – la miraba con molestia

- Con todo respeto Gold… Mi vida personal no es lo que está en discusión – se levantó de inmediato – Y esto es para ambos… Tendrán que demostrar que yo estoy siendo amenazada. De la misma forma, tendrán que hacerlo con usted… – señaló a Graham. Lo observaba, tratando de disculparse con la mirada – En cuanto a mi prometido, espero que esté bien, cómo lo dejé… Y mi hija, está en perfectas condiciones… ¡Gracias a Dios! – bajó la mirada, apenada – Nos vemos mañana Gold… Detective…

Salió del lugar, sintiendo cómo Graham la observaba con una mezcla de sorpresa y rabia. No pudo pasar hacia la salida, sino que debió utilizar la de emergencia. La rubia la esperaba de ese lado, junto con las demás personas que habían desalojado

- Vamos directo a donde esté Emma… Lo más probable es que nos sigan… – le dijo con decisión

- Ya la dieron de alta, y está en su casa. Debidamente protegida y vigilada, como indicó – la miraba con esa sonrisa desquiciante

- ¡Ok! – La tomó de la mano – Vamos al carro...

- ¡Por aquí! – la llevó, y notó que la temperatura del cuerpo de la morena no era normal – ¿Te sientes bien Regina?

- Necesito que, mientras vamos en el carro, resuelvas el circo que hubo hoy en la comisaría. Llama a quién tengas que llamar, pero que a Gold se le facilite el escándalo – la miró fijamente – No me gustan las sorpresas Dragón… Y hoy me llevé una desagradable.

oOo

Otro nuevo capítulo del Drama y Misterio de "Teniéndolo Todo". Nuevamente, disculpen la demora, pero estuve un tanto enferma, además de mis responsabilidades cotidianas.

Gracias a las que siguen a mi historia favorita, las de siempre y las de ahora.

Espero sus comentarios, que son esenciales para mí. Saludos