POV Alycia

Hacía una semana de la fiesta donde había conocido (reconocido, más bien) a Eliza. Estuvieron casi una hora hablando de todo un poco, gustos y aficiones, situaciones embarazosas y experiencias horribles en el colegio. Descubrió que Eliza era Australiana, que se mudó con nueve años, que tenía tres años más que ella y que tenía un par de tatuajes, que amaba Disney y Bob Esponja, pero no más que Sailor Moon. Se indignó cuando Alycia le dijo que de dibujos animados sólo le gustaba Shin Chan. No le gustaba estudiar, pero Alycia, escuchándola, pensó que era bastante más astuta de lo que daba a entender. Se le daba bien pintar, eso ya lo sabía, y le preguntó qué le gustaba más pintar. Le sorprendió que odiase pintar personas y paisajes, pero al parecer prefería inventar cosas que plasmar en el lienzo, sin embargo admitió que vendía más pintando a los turistas, haciendo caricaturas y paisajes de la ciudad.

- Le doy a la gente lo que quiere - dijo.

Incluso hablar de las cosas más incómodas resultó cómodo a su lado. Eliza bromeaba todo el rato y hacía comentarios estúpidos para hacerla reír, algo que agradaba a Alycia. Era la primera vez que alguien se molestaba tanto en hacerla sentir cómoda en una fiesta, así que cuando Marie le preguntó si se lo había pasado bien admitió que sí, para su sorpresa y la de Ricky, que guiñó un ojo a su novia.

Ella y la rubia se dieron sus números de teléfonos cuando Eliza tuvo que irse. Alycia decidió no hacer preguntas cuando fue a separar a un chico un poco más joven que ella de otro moreno, Wells o algo así, con quien se liaba a puñetazos. Se sorprendió al verla meterse en medio de la pelea con una soltura que ni Ricky ni Bob o el otro chico de ojos azules, Richard, tuvieron. Empujó a ambos chicos, derribó al que golpeaba a su hermano, lo amenazó y luego se llevó al joven arrastras. No volvió a mirarla, pero ella no la perdió de vista hasta que la moto en la que montaron se perdió calle abajo.

Por Whatsapp hablaron de más trivialidades y Alycia se quejó de su nuevo trabajo. Ella, convencida por su nuevo novio, Matt, se metió a la escuela de policía, y todavía estaba en prácticas. Admitió que no era lo que pensaba, y que por las noches continuaba estudiando Derecho.

- Tuve que estudiar Derecho yo también. Sólo defendiendo a mi hermano tendría trabajo siempre - bromeó Eliza cuando se lo dijo.

Alycia conocía la fama de Alex Taylor por lo que Ricky le había contado a grandes rasgos cuando lo escuchaba hablar con Marie sobre el hermano problemático de su amiga. Nunca pensó que esa amiga fuese Eliza, y ahora sentía una compasión que no había reconocido antes por la chica, a sabiendas de que ella odiaría dar pena a alguien.

Pensó en su padre minusválido, al que Anya, la hermana de su difunta madre, cuidaba. Por supuesto que la minusvalía de su padre causaba percances, pero no lo consideraba a él un problema. Era su padre. Por cómo Eliza hablaba y miraba a su hermano pequeño era obvio que sí lo consideraba un gran y molesto problema. Alycia sintió cierto respeto al ver la imponente mirada de la rubia al adolescente, como si pudiera ayudar ella misma al chico que antes le pegaba y eso la hiciera feliz. Eliza odiaba a su hermano, estaba claro, y Alycia no quería juzgarla. No era quién, no sabía su historia. Pero tenía curiosidad, y decidió que si su amistad con Eliza iba a más se atrevería a preguntarle.

Por fortuna, la rubia no volvió a sacar el tema de su noche loca, y Alycia prefería intentar olvidarla, a pesar de que le costaba mantenerle la mirada más de cinco segundo cuando Eliza le sonreía de lado, burlona, o su lengua acariciaba sus labios, humedeciéndolos. Y estaba ese maldito lunar, al que le estaba comenzando a coger manía.

Alycia era heterosexual, lo tenía claro, pero no era ciega y debía admitir que Eliza era muy atractiva. Apreciaba su belleza como quien admira a alguien, sin importar su género, nada más. Le gustaban los chicos. Le gustaba su novio, Matt. Quería a su novio. Después de aquella noche, cuando Ethan decidió buscarle las amígdalas a la pelirroja jugando a ser dentista, Alycia lo dejó fuera de casa. Él no estaba cuando llegó, por supuesto, estaría en casa de la otra, así que la morena aprovechó para sacar todas las cosas de ese capullo fuera de casa y dejarlas en el rellano junto con una nota donde, básicamente, lo mandaba a la mierda.

Mientras cenaba la noche siguiente escuchó el ascensor parar en su piso, el timbre sonar tres veces y luego a su ex novio llevándose las cosas, llamando a sus padres para pedirles volver a casa porque, al parecer, a Alycia se le había ido la pinza dejándolo sin motivo y sin hablarlo. Ella rió y estuvo tentada de abrir la puerta con el cuchillo jamonero en la mano, y patear su trasero para tirarlo escaleras abajo, pero, quitando el engaño de la noche pasada, ella y Ethan habían sido felices. Él la ayudó, la apoyó, la consoló cuando se sintió rota por aquel accidente, así que no podía odiarlo. Sabía que aquello había pasado porque estaba borracho, él era buena persona, pero no podía perdonarlo, simplemente.

Conoció a Matt cinco meses después, y aunque se mostró más reacia a una nueva relación, el chico era un encanto. Además no bebía. Eso fue un punto a favor importante para Alycia.

Se conocieron cuando ella se saltó una señal de tráfico y él la paró para ponerle una multa. Al ver a la chica al borde del llanto decidió hacer la vista gorda a cambio de una cita. Se portó bien, la llevó a cenar a un restaurante donde había poca gente, la hizo reír y no intentó besarla o hacer contacto físico que pudiera resultarle forzado o incómodo. Al día siguiente lo llamó para decirle lo bien que se lo había pasado y quedaron de nuevo esa semana. En fin, lo típico. Dos meses después, la chica seguía sin trabajo, y él haciendo alegato a su buena forma física, la animó a presentarse a las pruebas. La cogieron y ahora era de las novatas. Reconoció que le daba miedo todo eso de coger una pistola o tener que reducir a alguien si se presentaba la ocasión, pero le gustaba hacer lo correcto, y consideraba que los delincuentes debían ser detenidos y juzgados.

- ¿Conoces a Alex Taylor? - se atrevió a preguntarle una noche mientras cenaban en su casa. Se sintió estúpida cuando el sentimiento de traicionar a Eliza la golpeó. Era absurdo.

- Claro - respondió riendo Matt mientras enrollaba los espaguetis en su tenedor, concentrado en lo que hacía -, es un buen chico, pero demasiado voluble y volátil. Han presentado varias denuncias. Es de esos que hacen lo que hacen sus amigos. Malas compañías y principios no muy firmes, supongo. Los padres habrán tenido algo que ver, supongo.

Alycia recordó que Eliza mencionó a su madre muy por encima cuando le preguntó con quiénes vivía, pero nunca a su padre. Divorciados, supuso.

Quiso preguntar si conocía de algo a Eliza, pero prefirió no hacerlo. No era muy normal preguntarle a su nuevo novio por su nueva amiga sólo porque conociese a su hermano delincuente.

Esa noche Matt se quedó a dormir.

Al día siguiente tenía patrulla con él en el coche, y sintió esa molesta sensación de sentirse observada por todos cuando el coche de policía quedaba atrapado en algún atasco o ponían la sirena. Le gustaba ser policía, pero se sentía incompleta y por las noches se esmeraba más en aprenderse cada ley de principio a fin. En la comisaría tenía un par de buenos amigos, y muchos otros la respetaban por ser la novia de Matt, dejando de lado el hecho de ser novata. Él le había comentado algo sobre una tradición donde los novatos eran el principal objetivo. Desde aquel día anduvo con ojos en la nuca incluso.

Ahora bebía con tranquilidad su Coca-Cola dentro del coche, aparcado junto a una cafetería donde Matt había entrado para hablar con el jefe, que era su tío, sobre una reunión familiar. Alycia entró a saludar pero enseguida prefirió volver al coche, a salvo de la incómoda situación.

Estaba contestando un mensaje de Anya en su teléfono cuando una moto pasó a su lado doblando la velocidad permitida. Enseguida dirigió un vistazo al bar, donde Matt parecía haberse perdido. Se cambió de asiento y aceleró, siguiendo a la moto y poniendo la sirena. Parecía que no tenía intención de parar, pero entonces Alycia comprendió que buscaba un lugar donde parar. Procuró no molestarse, como debería, porque no hubiera detenido la moto una vez había sonado la sirena.

Alycia se bajó del coche, aparcado junto a un edificio antiguo pero bonito, y caminó hacia el motorista. No; la motorista. Pantalones negros apretados, botas, chaqueta negra de cuero y un casco del mismo color que tapaba una rubia cabellera. Alycia contuvo el aliento, impresionada, al ver cómo la chica que se quitaba el casco y la miraba sonriente era Eliza. Sintió sus mejillas arder al ver cómo la rubia repasaba su cuerpo con la mirada sin cortarse un pelo.

Entonces soltó una carcajada.

- No - negó riendo, incrédula -, ¿eres poli? ¿De camarera a policía?

Alycia ocultó una sonrisa. Debía regañarla por incumplir unas normas de circulación, no reírle las bromas.

- Soy policía, y tu una conductora temeraria - respondió anotando en su libreta -. Te has saltado dos señales de Stop y circulabas a 100 km/h en un límite de 40.

- Tenía prisa - se encogió de hombros, mientras escuchaba tan tranquila sus infracciones.

Alycia alzó las cejas, sorprendida.

- Debo ponerte una multa - hizo una mueca.

- ¿Tanto te ha molestado que no te hiciera caso? - guiñó un ojo de manera provocativa y Alycia se sonrojó porque una chica tonteara tan descaradamente con ella -. No te enfades. Si llego a saber que eras tu habría parado.

- No se trata de eso - frunció los labios, nerviosa. Deseó que Matt estuviera allí, él llevaría mejor la situación y estaba segura de que Eliza no tontearía con él. Esa posibilidad la hizo incomodarse más y el bolígrafo se le resbaló de las manos. Era extremadamente torpe cuando estaba nerviosa, y la sonrisita de Eliza no la calmaba esta vez.

- Tranquila, Alycia - acarició su nombre con su lengua, como si fuera una palabra sagrada, y la morena contuvo el aliento un segundo. Eliza bajó con soltura de su moto para agacharse y coger el bolígrafo que luego le devolvió a Alycia, consiguiendo de manera intencionada que sus manos se rozasen -. ¿De verdad vas a multarme?

Ahí estaba otra vez ese tono bajo y seductor de voz que pondría, seguramente, para conseguir lo que fuera. La morena sentía sus orejas arder, y se dio cuenta de la proximidad de sus cuerpos desde que Eliza se había bajado de la moto, donde ahora estaba apoyada. Alycia miró la dirección por donde había perseguido a Eliza, esperando que Matt no apareciese caminando y las viese así, aunque no sabía muy bien qué era "así".

- No - contestó al fin, viendo como Eliza sonreía más, encantada de que su artimaña seductora hubiera funcionado. Había camelado a Alycia para librarse de una multa, y ella, tenía que admitirlo, se había dejado -. Pero me debes una.

- Lo que tu quieras, guapa - bromeó golpeando suavemente la nariz de la morena, sin dejar de mirar sus intensos ojos verdes. Alycia se sentía observada y estudiada, como si la rubia estuviera memorizando cada uno de sus rasgos y movimientos -. Pero recuerda, nada de sexo. Tu lo dijiste.

Alycia rodó los ojos, aceptando la broma y riendo con ella.

- No era eso - y de repente se dio cuenta de que no se le ocurría nada que pedir, pero le gustaba que Eliza le debiera una. Se encogió de hombros con naturalidad, guardando la libreta de multas en el bolsillo de su chaqueta y acomodándose la gorra bajo la atenta mirada de la rubia -. Ya se me ocurrirá algo.

Eliza continuaba mirándola, y un brillo que Alycia consideró peligroso apareció en su mirada cuando se desvió a las esposas que llevaba colgando. La más joven pudo imaginar por dónde iban sus pensamientos, pero lo obvió.

- Tienes esposas.

- Muy observadora.

- ¿Sólo las usas para el trabajo? - preguntó para hacerla sonrojar más, y Alycia deseó que sus mejillas no estuvieran tan rojas como las sentía.

- Si, Eliza, sólo para el trabajo.

- Entonces tu novio es tonto - la picó guiñando el ojo.

La morena se removió en el sitio. Lo último de lo que quería habar con Eliza era sobre Matt. Sobre Ethan no le importaba, es decir, era pasado. Pero no quería hablar con Matt o Eliza sobre el otro, le resultaba...¿violento? Sabía que a Matt no le haría gracia ver cómo Eliza tonteaba con ella, y no quería imaginarse a Eliza teniendo que ver que su novio la besaba o le cogía la mano.

- ¿A dónde ibas con tanta prisa? - cambió de tema.

Eliza suspiró riendo, viendo la intención de la otra, y señaló la casa a sus espaldas.

- A ver Bob Esponja - contestó y miró su reloj -. De hecho, ya ha empezado y me lo estoy perdiendo.

- ¿Tanta prisa por ver dibujos animados?

- No me pierdo Bob Esponja por cualquiera, reina - volvía a usar su tono coqueto y su mirada seductora para camerlarse a Alycia. Ella rodó los ojos, pero se le escapó una sonrisa al final -. Tengo que entrar, no quiero perderme todo el capítulo, pero si me dejas usar esas esposas contigo podría pasar por alto perderme la serie un día.

La de ojos verdes sabía que Eliza siempre estaba de broma, le gustaba hacer reír a la gente, pero no sabía hasta dónde llegaba con la broma cuando veía sus ojos oscurecerse.

Estaba claro que había algo extraño en el ambiente. Se habían acostado, y las dos lo habían disfrutado. Ella sabía que Eliza se sentía atraída por ella de forma física, como podía sentirse atraída por otras personas. Alycia sentía un extraño vínculo, como el de un gran secreto, quizás por el hecho de que ella fuera la única chica con la que se había acostado, y aunque lo achacaba a la borrachera dudaba que si hubiera sido otra chica, como Marie o la morena que vio con Eliza, la que se hubiera acercado a ella se hubiese lanzado en busca de placer.

- ¡Alycia! - el grito de Matt tan cerca de ellas le hizo apartar la vista de ese océano profundo que la rubia tenía por ojos.

De pronto se agobió y miró a su novio acercarse. Dejó un suave beso en sus labios cuando reparó en la cara de su novia, intentando tranquilizarla, pero no lo consiguió en lo más mínimo. Alycia miró de reojo a Eliza, que la miraba a ella impasible. Tuvo la necesidad de disculparse, aunque no tenía muy claro con quién. Matt miró tranquilo a la rubia. Alycia nunca le había comentado nada sobre lo que hizo durante dos horas la noche que su novio se lanzó a por otra. De repente se sintió culpable. ¿Acaso no había hecho ella lo mismo, incluso más? Bueno, él lo hizo primero, quiso convencerse. Contempló la posibilidad de culpar a Eliza por camelarla y llevarla a la cama, pero fue ella quien se lanzó a sus brazos en cuanto reconoció el deseo en la mirada de la chica ladrona de bebidas.

No, Eliza no tenía la culpa de nada. La había ayudado, consolado y hecho ver que no debía contemplar la opción de perdonar a su ex, por muy borracho que fuera. Además, le había dado muchas otras cosas aquella noche, y ninguna mala. Sintió un pinchazo en la entrepierna al recordar el placer, y reconoció mentalmente que había fantaseado con aquella noche cuando se sentía sola, deseando volver a ser amada y deseada como Eliza la había hecho sentir.

Sacudió la cabeza. Se estaba dejando llevar por un recuerdo de una borrachera. En el fondo seguro que estaba idealizando y decorando las sensaciones del sexo con Eliza. Seguro que no había sido para tanto, pensó, pero un pinchazo aun más fuerte en su zona íntima le llevó la contraria.

- Bueno, parejita - Eliza dio una palmada que la sacó de sus recuerdos, su voz sonaba extrañamente fría. Burlona, sí, pero sin la calidez de antes -, tengo cosas muy importantes que hacer. Si me disculpáis, me voy.

- Adiós - asintió Alycia, y su novio se despidió educadamente para luego mirarla cuando Eliza entró por la puerta -. Es una amiga.

- Es la hermana de Alex Taylor, ¿no? - hizo memoria - Elizabeth Taylor.

- Es mi amiga - insistió mientras entraban en el coche -. Es buena gente.

- Ya, su hermano también - comentó Matt sarcástico poniendo las llaves para arrancar el coche. Alycia decidió ignorarlo - ¿Lista?

Ella le sonrió con dulzura.

- Claro.