POV Alycia
El bar donde Eliza trabajaba ahora era grande, por lo que cabía demasiada gente.
Estaba con Marie, Ricky y Lindsey hablando un poco a parte del resto del grupo. Ella había ido hasta el centro de la ciudad con Lindsey, habían saludado a Eliza y la latina enseguida había comenzado a beber. Una hora después, cuando los chicos del Arkadia llegaron, ella ya estaba tambaleándose hacia los lados mientras Alycia la cuidaba. Todos saludaron a Eliza, que trabajaba codo con codo con otra chica, Ontari, la cual era agradable y no le tiraba los tejos como Niylah, a quien había que tener vigilada constantemente porque a la mínima corría a buscar a Eliza. Estaba borracha, así que cuando la apartaban de la rubia comenzaba a llorar en el hombro de Alycia diciéndole lo increíble que la rubia era, que no podía evitarlo y que amaba a Eliza.
La morena miró a lo lejos a la rubia poniendo copas a todos, incluso ligando y aceptando los cumplidos que algunos chicos y chicas le hacían sobre sus tatuajes, su pelo sin puntas abiertas o su generoso escote. Todo por fidelizar clientes, claro. Eliza iba vestida con unos pantalones grises rotos, zapatillas negras y camiseta de tirantes ajustada del mismo color. Sus ojos se veían aun más increíbles y oscuros con el rímel y las capa de pestañas más largas que Alycia había visto. Se apreciaba el moreno en su piel, y en su cara se distinguía menos ese lunar encima de su boca con el que Alycia estaba obsesionada. Desgraciadamente, descubrió que Niylah también.
Eliza la había recibido con un abrazo y un beso en la mejilla, de la misma manera que se habían despedido cuando, tras cenar entre risas e historias basadas en las gamberradas de Eliza en el colegio e instituto, se habían despedido en su casa. Había sido una de las noches más agradables del año, y se alegraba de que Matt llegara media hora después y no las interrumpiera. Sintió que le daba vergüenza mirarlo a los ojos tras el masaje de su amiga, pero decidió que era absurdo: él era su novio y ella su amiga. Se sintió triste y agotada cuando la rubia se fue, todo parecía más tedioso y aburrido que nunca. Lo único que le llamó la atención fue la forma en la que su portero las veía despedirse, sonrojado e incómodo, como si fueran unas desvergonzadas por abrazarse delante de él. No le dio importancia, y tampoco a lo que Matt le decía sobre la invitación de Eliza. Captó algo como que no quería que se encariñase demasiado con la hermana de Alex. Alycia consideraba todo eso muy estúpido, y le recordó a Matt que Eliza no era una delincuente. Su novio resopló y dejó estar el tema.
Le cabreaba que considerase a Eliza mala influencia sólo por su hermano. Además, era eso lo que la rubia le dijo que odiaba: la injusticia de meterla siempre en el mismo saco que su hermano sólo por ser su hermana. Ella no era como él, en nada. Alycia no la podía entender, es decir, ella era hija única, pero la comprendía. Ella odiaba cuando la compraban con cualquiera.
- ¡Eh! ¿estás bien? - Eliza apareció frente a ella con un sonrisa impecable, pero sus ojos azules la escrutaban con preocupación -. ¿Te aburres? ¿Quieres otra copa?
Alycia le sonrió de manera tranquilizadora.
- No, qué va. Estoy bien, un poco borrachilla, pero no tanto como Lindsey - ambas miraron a Lindsey bailando con Finn sobre uno de los altavoces. Rieron -. Creo que se va a caer.
- No sería la primera vez - Eliza la miró de nuevo. Tenía algo especial esa noche; estaba feliz y se le notaba. Eso la hacía ver aun más preciosa, pero de una manera adorable que a Alycia le calentaba el pecho -. ¿Y Niylah?
Bueno, esa pregunta fue como una patada en el culo. Alycia no quiso demostrarlo, pero su ceño se frunció al momento. Recordó aquel beso de ellas en el baño, y cómo Niylah se abalanzaba sobre Eliza cada vez que se veían, sin importarle quiénes las vieran. Sabía que Eliza no la apartaba del todo por pena, pero Alycia deseaba que, simplemente, la mandara al infierno. ¿Y si Niylah tenía razón? ¿Y si Eliza acababa enamorándose de Niylah también? Se descubrió apretando los dientes con fuerza, una sensación de vacío se instaló en su cuerpo. Era incómodo y doloroso, como si le hubieran arrebatado un órgano importante.
Esa sensación de vacío desapareció cuando Eliza cogió su mano y dio un paso hacia ella.
- ¿Estás bien?
- Sí - mintió deliberadamente -. No sé donde está Niylah. No tardará mucho en aparecer de nuevo para echársete encima, así que no te preocupes.
- No se trata de eso - frunció los labios la rubia.
Alycia no la entendió, y tampoco quiso. Estaba molesta con Eliza por ser tan insensible para unas cosas y tan sensible para otras. Por no querer nada con Niylah pero mantenerla como opción a mano. Y estaba aun más enfadada con ella por sentir celos. Dios, estaba celosa, por primera vez en su vida, y lo estaba por ver a su amiga con pretendientes de todo tipo tras ella. Sabía que no eran la clase de celos como los de una adolescente al ver que su amiga liga más o algo parecido. Eran celos puros e irritantes.
Se preguntó si se sentiría así al ver a Matt siendo acosado por Niylah también. Una parte de ella sí lo estaría, porque él era su novio. Otra parte le decía que no serían unos celos de la misma intensidad. Pero, ¿por qué? ¿Por qué se sentía confusa cuando Eliza la miraba como si fuera la chica más hermosa del planeta? ¿Por qué no quería que mirase a otra chica de la misma manera? Ella era heterosexual, ¿no? Le gustaban los chicos, le llamaban más la atención que las chicas, pero no era ciega y sabía apreciar en ellas su belleza, aunque no como para sentir deseo por ellas. Eso sólo le ocurría, como tantas otras cosas, con Eliza.
Si tuviera que elegir entre un chico y una chica, como por ejemplo Marie y Ricky, elegiría a Ricky. En cambio, si tuviera que escoger entre Eliza y cualquiera de sus amigos, se inclinaba más por la rubia. Nunca había sentido deseo por una chica, pero por ella sí, y dos veces. La primera tenía excusa: estaba borracha. La segunda no tenía una explicación más lejana del deseo sexual. Se había excitado con aquel masaje, y se había excitado porque se lo daba Eliza. Y admitía que siempre se fijaba en la rubia como no lo hacía con sus otras amigas. ¿Era heterosexual, bisexual, lesbiana? Comenzaba a pensar que era Elizasexual o algo parecido. Siempre tuvo claros sus gustos y preferencias, pero ahora Eliza era una excepción.
Quizás era cómo la trataba, la miraba y le hablaba. Ella sabía que también era una excepción para Eliza. Ella era ruda y casi cruel con la mayoría de la gente, pero a ella le hablaba tan dulcemente que Alycia sentía su pecho hincharse.
Como en ese momento, con la rubia mirándola preocupada, como a punto de disculparse con ella por algo. Hasta que apareció Niylah.
- ¡Eliza! Te estaba buscando - arrastró las letras de forma casi incomprensible mientras abrazaba a Eliza por detrás.
La rubia se separó sutilmente sin que Alycia despegara su mirada de aquel gesto.
- No lo dudaba - bromeó la rubia -. Deberías dejar de beber, Lindsey y tu ya estáis bastante mal. No quiero que mañana tengáis demasiada resaca.
La camarera le sonrió lentamente, acercándose de nuevo como si Alycia no estuviera delante. Eso le repateó. Quiso gritarle que no fuera tan descarada y tuviera algo de dignidad.
- ¿Estás preocupada por mi?
Eliza le dirigió una mirada a Bob, que volvía de la barra con otra copa tras un intento de ligar con Ontari, y señaló a Niylah con la cabeza. El chico acudió en su ayuda al momento.
- Niylah, ¿por qué no vienes conmigo un rato? Te estaba buscando - pasó su brazo por encima de los hombros de Niylah para guiarla hacia el grupo de amigos sentados en una mesa -. Ven, vamos a charlar un rato.
- Voy al baño - informó Alycia sin más en cuanto Eliza volvió a mirarla, expectante.
Durante el camino en el que se enfrentó a todo tipo de pisotones y codazos no se dio cuenta de que Eliza la seguía, pero cuando se volteó tras escuchar la puerta abrirse y cerrarse de nuevo la vio mirándola. Tenía un gesto extraño, como triste y molesto a la vez.
- ¿Qué te pasa? - preguntó mientras Alycia se lavaba las manos y luego se sentaba sobre el lavabo, mirando hacia la pared -. Llevas rara desde que Niylah...
- ¿Desde que Niylah continúa sufriendo por ti mientras no eres capaz de dejar de jugar con sus sentimientos y dejarle las cosas claras? - espetó para completar, no queriendo escucha lo que Eliza iba a decir. La rubia se sorprendió y enseguida frunció el ceño, sintiéndose atacada -. Lleva toda la noche llorando por ti porque aun cree que sólo te haces la dura, y que pronto caerás a sus pies y seréis felices para siempre.
- Eso no es asunto tuyo.
- Sí lo es; eres mi amiga y soy la que, ahora mismo, cuida a Niylah para que no se resbale con sus lágrimas.
- ¿Cuál es el problema? - se confundió Eliza, y verla tan preocupada ablandó el corazón de Alycia. No tenía derecho a echarle en cara nada de su historia con Niylah - ¿Ha dicho algo? ¿Ha pasado algo que...?
- No, perdona - la interrumpió de muevo Alycia, sintiéndose ridícula por montar una escena de novia celosa por primera vez, y para colmo con alguien que no era más que su amiga. Su amiga que la hacía dudar, recordó. Eliza podría hacerla dudar hasta si de la Tierra es redonda -. Estoy borracha y pasar tanto tiempo ahí afuera, con toda esa gente y la música me ha mareado un poco. Es tu vida, son tus asuntos. Olvida lo que he dicho.
Entonces Eliza la miró seria y fijamente, y la morena se sintió pequeña y acorralada en cuanto la pregunta salió de sus labios:
- ¿Estás celosa?
Una alarma sonó en la cabeza de Alycia, quien levantó la mirada para luego apartarla con rapidez a cualquier punto menos a la acusadora mirada de Eliza.
- ¿Qué? ¡No!
- Porque parece como si...
- No - exclamó la morena, haciendo que su voz sonara más firme de lo que se sentía -. No. No estoy celosa - cogió aire -. Soy tu amiga. Tengo novio. Me gustan los chicos. No hay razón para que esté celosa.
Había verdad y mentira en lo que decía, y se le notaba a leguas, porque hasta Eliza arqueó una ceja. En su mirada estaba la acusación que no dijo. Eliza no era tonta y notaba que entre ellas había algo diferente al resto de sus amistades. Lo peor no era que lo supiera, sino que supiera que Alycia también lo sabía. Era como un secreto a voces.
- Entonces, ¿no estás celosa? - insistió Eliza en voz baja, cambiando hacia ella lentamente.
- Para nada.
- Y tu novio tampoco lo está de mi, seguro - Eliza estaba a un paso de ella, su mirada intensa quemándole el cuerpo. Alycia se sintió mareada de nuevo, el alcohol haciendo efecto en el momento en el que bajaba la guardia -. Porque sólo somos amigas.
- Buenas amigas - coincidió ella.
- Muy buenas amigas - puntualizó la rubia acortando distancias.
- Sí.
- ¿Sabes? - Alycia contuvo el aliento cuando las manos de Eliza acariciaron sus piernas. Sus pupilas estaban dilatadas y sus pezones dolían - No sé si te gustan los chicos o las chicas, pero sé que te gusto yo.
Alycia inspiró de golpe, cerrando los ojos un segundo y luego mirando a Eliza, alternando de sus ojos a sus labios. Parecían tan apetecibles, cálidos y suaves. Rebuscó en su memoria el sabor de aquellos labios, y se frustró al no poder decir con exactitud cuál era su sabor, si menta o hierbabuena.
- Qué va - balbuceó nerviosa y excitada -. Yo no... Tu y yo...
- Tú sí - acercó su cara, y aunque Alycia podía echarse hacia atrás o apartarla, no tenía fuerzas. Su tono era bajo y seductor, y su mirada la embelesaba. A Alycia le vino la imagen de la serpiente Kaa -. Quizás piensas que no eres lesbiana, pero yo te puedo demostrar que estás equivocada.
Alycia no quería saber si estaba equivocada o no, porque lo último que necesitaba era replantearse su sexualidad, su relación con Matt y su amistad con Eliza. Pero cuando la rubia se acercó a ella, rozando sus narices sutilmente, retuvo la respiración. Respiración que salió en forma de gemido cuando Eliza, procurando no rozar sus labios, mordió su labio inferior. Alycia jadeó excitada, sintiendo un tirón en su entrepierna.
Apenas duró dos segundos, pero cuando la rubia se separó Alycia todavía sentía su aliento contra su cara, y la presión de sus dientes en su labio. Hierbabuena, memorizó. Se miraron a los ojos con lujuria. Quizás era por el alcohol o la impecable técnica de seducción de Eliza, pero de nuevo estaba excitada, mucho, y era innegable.
Y de repente Eliza rió. Una risa ronca y provocativa, pero con un deje divertido que sacó a Alycia de su ensoñación.
- ¿Lo ves? - Eliza hizo un gesto con su cabeza, su mano acariciando la barbilla de la morena -. Te gusto.
- No - espetó Alycia, sus piernas temblando en el aire con Eliza todavía entre ellas. Una de sus manos acariciándola suavemente -. Sólo ha sido un momento de...distracción.
- ¿Como hace un año? - alzó una ceja su amiga -. El alcohol te libera, Alycia. Muchas personas hacen lo que realmente quieren en su subconsciente estando borrachas. ¿Por qué lo niegas? ¿Qué te molesta, sentirte atraída por una chica o sólo tener el valor para replanteártelo y hacer lo que quieres estando borracha?
Alycia se enfadó cuando leyó entre líneas: Eliza la estaba llamando cobarde, acomplejada incluso.
Quiso apartarse y apartarla, pero la rubia no se movió, es más, se acercó de nuevo.
- ¿Sabe tu novio que eres multiorgásmica o sólo lo eres conmigo? - ahí estaba de nuevo la excitación, el gemido y la voz seductora de Eliza. Sus ojos eran ahora negros, no azules. Sus mejillas ardieron ante su mirada, e intentó apartarla bajándose del lavabo cuando una chica entró en brazos de un moreno y se metían en un baño.
Alycia miró fijamente a Eliza, y Eliza observó fijamente a Alycia. Se sentía humillada, expuesta y avergonzada, y aunque lo atribuyera al alcohol sabía que no era sólo eso. Le gustaba Eliza, y odiaba poder reconocerlo y que la rubia lo supiera. De repente la duda de si era demasiado obvio la asaltó. Se preocupó. ¿Y si los demás lo notaban? ¿Y si Matt lo notaba? Dios, Matt. La culpa de sentir que lo había engañado la golpeó, y decidió que culpar a Eliza era más fácil.
- No me gustas - repitió borde, furiosa -. No me gustan las chicas, no quiero que me gusten, y me da igual lo que pienses. No vuelvas a intentarlo, por favor. Tengo novio. Quiero a Matt.
Fue al pronunciar el nombre de su novio cuando la petulante expresión de Eliza desapareció. Una sombra peligrosa apareció en su mirada, y Alycia vio claramente la tensión de su mandíbula.
- Lo sé.
Su respuesta fue tranquila y sincera. Parecía más segura de sus sentimientos hacia Matt de lo que Alycia estaba. ¿De verdad lo quería o sólo lo apreciaba? Era un buen chico, un buen novio, pero algo se sentía forzado con él desde que se reencontró con Eliza y descubrió que lo de aquella noche un año atrás quizás no fue todo por causa del alcohol, porque se excitó durante el masaje y se excitó al tenerla cerca cuando mordió su labio.
Pero eso no significaba nada. Y sus celos al verla con Niylah tampoco. No podía estar celosa, no quería a Eliza. Le gustaba, de acuerdo, como podía gustarle alguna actriz guapa que admirara. Así que era la rubia quien manipulaba sus pensamientos y emociones con sus técnicas de camelarla. Se preguntó si hacía lo mismo con todas las chicas, si hizo lo mismo con Niylah. Entonces la sensación de ser una más, como con Ethan, su ex, la abrumó. Eliza no era así, la conocía a pesar de bromear para que no la conocieran. Eliza tenía sentimientos, era sensible y no manipulaba a la gente. Sentía compasión por Niylah. La ayudó y consoló en aquella fiesta cuando no se conocían. Y se preocupaba por las peleas en las que su hermano se metía a pesar de odiarlo. Eliza era buena persona, y eso la hizo sentir estúpida por dudar de su integridad. Ella era quien tenía dudas. Si su relación iba mal no era por su culpa. La rubia no tenía la culpa de sus malas elecciones.
Al ver que Alycia no decía nada, la de ojos azules habló de nuevo:
- Lo siento.
Y Alycia supo todo lo que había detrás de esa disculpa sincera. Sentía haberla acusado sobre su forma de ser, haber intentado provocarla y seducirla y haberla puesto en un compromiso, porque duda si debía comentarle a Matt sus dudas sobre su inclinación sexual o no.
- Yo también - suspiró casada la morena, y luego soltó una risa incómoda -. Creo que las dos hemos bebido mucho. Deberíamos salir. Te estarán buscando, y yo tendría que ir a casa.
Ahí estaba de nuevo echando las culpas al alcohol. Eliza frunció los labios ante la cobardía, pero lo dejó estar. No era nadie para complicar la vida de Alycia. Era su vida, sus elecciones.
La rubia quiso decirle que todo estaba bien, que se quedara un rato más y luego, cuando ella saliera, irían todos juntos a dar otra vuelta. Pero no dijo nada, sólo asintió y dejó a Alycia salir. No se despidieron con un beso o abrazo, sólo se fue sin mirarla a los ojos, sonrojada y confusa.
Entonces Niylah entró en el baño a trompicones y se quedó parada al ver a Eliza mirando tristemente la pared. Estaba perdida en sus pensamientos, tanto que no la vio ni escuchó entrar, ni tampoco la música de fuera o los gemidos de la pareja que continuaba encerrada en la última puerta del baño.
- ¿Eliza? - pestañeó la camarera mirándola - ¿estás bien?
La rubia asintió, pero Niylah la abrazó igualmente. La de ojos azules se separó para mirarla confusa y preguntó:
- ¿Tú me quieres?
- Claro - Niylah contestó sin dudar, extrañada por tener en aquel lugar una conversación que Eliza siempre evitó.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué no? - replicó la chica sonriéndole -. Eres buena persona, inteligente, guapa, divertida y la mejor en la cama - rieron. Eliza pensó, dolida, que Niylah la miraba como ella miraba a Alycia -. Todo el mundo quiere a alguien así a su lado. Cualquiera te querría a su lado.
Eliza pensó que no todos, no cualquiera: Alycia no. Y quizás la desilusión venía por la seguridad que antes sentía sobre la posibilidad de que Alycia aceptaba que se sentía atraída por ella. Pero sólo era eso: atracción. Nunca la querría, ni siquiera podía admitir que se sentía confusa a su lado. Alycia quería a su novio, pudo ver la culpa y remordimiento consumirla cuando la miró a los ojos. La había comprometido, puesto contra la espada y la pared, y era la morena quien cargaría con las consecuencias. La había hecho elegir entre su relación y un revolcón, entre lo estable y la novedad. La había hecho elegir entre ella y Matt, y aunque no quisiera aceptarlo, la morena había escogido lo correcto al elegirlo a él, aunque no fuera lo que deseaba en aquel momento.
Recordó su expresión de dolor al ver a su ex novio besando a aquella pelirroja en la fiesta. Era la viva imagen del dolor por una traición, algo que supo que Alycia se había prometido no hacer a nadie porque sabía cuánto dolía. Alycia no quería parecerse a su ex en lo más mínimo, igual que ella no quería parecerse a Alex en nada. Alycia sólo se lanzó a sus brazos porque la trató bien e iba borracha, ella misma se lo había dicho. Alycia sólo podía fijarse en ella estando borracha.
Reconocérselo a sí misma fue un duro golpe a su autoestima.
Sintió los labios de Niylah sobre los suyos sin darse cuenta en un principio. Iba a separarse cuando decidió que no tenía por qué. Se sentía excitada tras su encuentro con Alycia, y ambas iban borrachas. Ambas querían pasar un buen rato con alguien. Eliza quería recuperar su autoestima. Así que correspondió su beso, y cuando se separaron por falta de aire Eliza hizo la pregunta a pesar de conocer la respuesta:
- ¿Me esperas hasta que salga?
La camarera del Arkadia sonrió entusiasmada y expectante.
- Claro.
