POV Alycia

Lo último que Alycia quería que Eliza viera nada más llegar eran las cajas de las cosas de Matt a medio abrir por todas partes. Y todavía menos cómo el chico la despedía con un apasionado y territorial beso que a la rubia no le pasó desapercibido, porque alzó una ceja. Sólo cuando se separó de su novia reparó en Eliza, como si no la hubiera visto antes.

- Hola, Eliza - sonrió ampliamente. La rubia le sonrió de lado, seca, y asintió en respuesta. Alycia se removió incómoda en la entrada y le hizo un gesto con la mano a su amiga para que pudiera pasar al salón mientras su novio le decía lo mucho que la quería.

Luego, al fin, se fue.

La morena tomó aire profundamente antes de ir a donde Eliza la esperaba. Ni siquiera se había sentado en su sofá, como si aquella fuera la primera vez que estaba en su casa y necesitara permiso hasta para respirar. En realidad, era la primera vez que estaba en su casa estando Matt. Alycia pateó lejos la sensación de estar atrapada en un amorfo triángulo amoroso.

Entonces recordó que no sería un triángulo, sino un cuadrado. Ahora Eliza estaba con Niylah, y cuando Ricky se lo contó porque Marie se lo contó después de que Lindsey se lo contara porque Eliza se lo dijo cuando empezaron, tuvo la infantil necesidad de pedirle explicaciones a la rubia. Como si fuera problema o asunto suyo, como si Eliza fuera algo suyo, algo más que una amiga.

Durante esos días peleó con tantos pensamientos y sentimientos que acabó decidiéndose que era una tontería querer ponerle nombre a cada sensación que Eliza le provocara. Si bien había llegado a admitir en su cabeza que, de no estar con Matt, sentirse sola y vacía, y de tener la certeza de que para Eliza no sería una más, podría plantearse la idea de dejar que esas emociones entre ellas fluyeran de manera natural, sin pensarlas y bloquearlas.

Pero estaba con Matt, se sentía feliz y más ahora que vivían juntos, y Eliza ya había encontrado a otra. No, peor. A Niylah. Porque tenía la irritante certeza de que aquella camarera estaría súper feliz y cumpliría cada deseo de Eliza. Le molestaba que Niylah estuviera con Eliza porque ella podría hacerla feliz. Ese pensamiento era tan egoísta e infantil que necesitaba ver cómo estaba Eliza para comprender que debía aceptar las cosas y dejarlas pasar.

Quería a Eliza. Era su amiga, y una buena persona a pesar de odiar a la mitad del mundo. Ella merecía ser feliz, con y como fuera. Estaba ese estúpido dicho de "Si amas a una persona déjala ir" que Alycia odiaba, porque si ella amaba a una persona quería ser ella quien la hiciera feliz. Quería compartir esa felicidad y sentirse orgullosa de dársela. Pero con Eliza eso no podía ocurrir, porque su relación no se basaba en el territorio amoroso. Era amistad. Amistad especial e intensa, pero amistad.

- Veo que os va bien. Me alegro - comentó Eliza cuando ambas se sentaron en el sofá, con las pizzas y las bebidas en la mesa. Alycia la miró de reojo para captar cualquier señal de sarcasmo, pero se llevo la sorpresa de que parecía sincera. Parecía realmente feliz, y eso la molestaba y la alegraba. La molestaba porque le gustaba la manera en que Eliza la hacía sentir especial al demostrar celos, a pesar de que Alycia los odiaba en sus parejas. Y la alegraba porque Eliza, aun a costa de poder estar celosa o herida, disfrutaba de la felicidad de Alycia. De nuevo la morena recordó el refrán del demonio.

- Sí, bueno, nos va bastante bien - contestó sincera. Comieron un poco en silencio. La morena cambió de canal hasta encontrar el de dibujos, donde continuaban dando los últimos capítulos de Bob Esponja del día, y la rubia le dedicó una mirada agradecida y profunda que la estremeció. Parecía que ambas buscaban cualquier excusa para mirarse a los ojos y evaluar a la otra. Vieron la tele y comieron otro minuto en silencio hasta que Alycia tuvo que soltarlo -: Ricky me comentó que estás bien con Niylah.

Eliza enrojeció, algo que a Alycia le pareció adorable en alguien que intentaba verse como ruda y despreocupada, aunque no sabía si era por vergüenza de hablar cuán feliz estaba o por incomodidad. Luego rodó los ojos.

- Ricky pasa demasiado tiempo con Marie. Acabará convirtiéndose en una maruja también - bromeó, pero nunca contestó la pregunta de Alycia y ella no quiso presionar, intentando quedarse satisfecha con lo poco que sabía recordándose de nuevo a si misma que Eliza no debía darle explicaciones ni ella tenía que pedirlas.

- ¿Y qué tal con tu familia? - cambió de tema para suavizar la tensión. Eliza le había comentado que esa semana fue terrible, pero no porqué.

Hablaron del tema. Resulta que su madre empeoró un par de noches atrás y Eliza tuvo que salir del trabajo para subirla prácticamente a la fuerza al hospital. Ahora estaban a la espera de otros análisis. Habían discutido porque Abby odiaba tener que tomar cada vez más pastillas, y su hermano nunca se hacía cargo o la subía al hospital. La llamaba y esperaba a que Eliza llegara a casa para poder seguir de fiesta con sus malditos amigos.

Alycia escuchaba atenta, dolida por ver a Eliza atrapada con personas que, a pesar de ser familia, no parecían tener otro vínculo con ella que no fuera el odio. Discutían, se iba de casa, y volvían a discutir cuando se juntaban de nuevo. Era estresante, pero al menos Eliza ganaba el suficiente dinero para poder irse de casa en un par de meses. Ella y Lindsey se irían a vivir juntas. Alycia se alegraba, pero la idea de que se mudara muy lejos la acosaba para deprimirla. No se lo quería decir por si Eliza lo malinterpretaba.

Esa era otra, a pesar de que ella ahora estuviera con Niylah parecía siempre a la espera por ella, y Alycia no quería decir o hacer algo que le diera falsas esperanzas.

No otra vez.

Y aun así, quería seguir como estaban. Quería saber porqué Eliza la atraía de una manera intensa. No sólo se trataba de su personalidad encantadora con quienes quería, ni de su atractivo natural. Era toda ella. La fascinaba, incluso cuando la conocía poco. Era una excepción, su excepción. Durante esos días se descubrió echándola de menos, preocupándose, incluso soñando con ella. Y le gustaba lo que soñaba. Le gustaba tanto que la culpabilidad de tener a Matt durmiendo al lado tras hacer el amor tardaba en llegar toda la noche hasta la mañana siguiente. La culpabilidad era otra, tan abrumadora como reveladora: se sentía como si estuviera engañando a Eliza con Matt, incluso cuando la cosa era menos que eso y del revés. Todo desde aquel día en el baño, desde incluso antes de ese día.

Así que lo había hablado con Anya cuando fue a visitar a su padre.

- ¿Por qué crees que me siento así? - preguntó Alycia desesperada -. Es extraño. Me gusta lo suficiente como para aceptar que me gusta, pero no soy capaz de plantearme la idea de dejar a Matt. Me gusta Matt, lo quiero, y a veces siento que lo engaño al sentir que me gusta Eliza, y otras siento que la engaño a ella con él. ¿Debería alejarme de los dos?

Su tía le puso una tranquilizadora mano en el hombro, mientras estaban sentadas en la mesa. Le había costado sacar el tema sin parecer una niñata, pero ahora se sentía con la suficiente confianza como para que Anya fuera la primera persona a la que le admitía en voz alta que le gustaba Eliza.

- Cariño, no te preocupes - la consoló, pero era inútil: Alycia ya estaba preocupada -. Es normal que tras mucho tiempo en una relación llegue alguien que nos haga dudar. A todos nos gusta gustar, y si esa persona es agradable y atractiva puede resultar una tentación.

¿Eso era Eliza? ¿Una tentación? Encajaba, pero le parecía una palabra incompleta para definirla, sin la suficiente importancia como para representar cuánto le importaba Eliza. Una tentación sería un chico despampanante que usara con ella todas las técnicas de seducción eficaces. Algo meramente físico. La tentación que Eliza suponía para ella iba más allá de lo físico. Era cómo era ella. Cómo la trataba, cómo la hacía reír, cómo la miraba. Cómo la tentaba incluso cuando no hacía nada especial para tentarla.

- Con Matt soy feliz - dijo Alycia mirando sus dedos entrelazados -, pero no sé si todo lo feliz que me gustaría o podría ser. Creo que...no sé, Eliza se ve tan feliz incluso cuando no lo es, tan despreocupada. Es casi fascinante, como si ella pudiera darme lo que me falta, enseñarme a no ser tan...

- ¿Reflexiva? - completó la mujer con una sonrisa cariñosa. Alycia asintió -. Cariño, eres demasiado inocente para ciertas cosas, te piensas todo demasiado. Matt no te hace tan feliz como Ethan antes de terminar con él. Ambos te pudieron y te pueden hacer felices, cualquiera puede. La pregunta es quién quieres que te haga feliz. ¿Escogerías a Ethan por delante de Matt?

No. Claro que no. Ethan la hizo feliz como nadie. Fue su primer amor. Incluso cuando empezó con Matt pensaba en él, en cómo hubieran acabado si aquella noche no hubieran salido de casa, si no hubieran bebido, si no se hubieran liado con otras personas, si lo hubieran hablado. Quizás hubiera tenido arreglo. Se pasó días llorando, maldiciendo aquella noche, pero sólo hasta el punto en el que Ethan se besaba con aquella pelirroja. No se arrepentía de haber salido y bebido cuando recordaba a Eliza. Una sensación de calor en el pecho la hinchaba de satisfacción, porque ahora Eliza era una persona muy importante para ella.

- No - contestó la chica.

Anya asintió, sabiéndolo.

- ¿Elegirías a Eliza por encima de Ethan?

La pregunta la sorprendió, porque esperaba que mencionara a Matt, su novio, y no a su primer y desastroso amor. Había pensado mucho en esa respuesta, y seguía sin convencerla. Pero para esa pregunta sí tenía una muy obvia.

- Sí - asintió segura -. Claro.

- ¿Incluso si eso supusiera estar con una chica y no con un chico? - presionó. Alycia parpadeó y se sonrojó, porque ella contestaba pensando en la felicidad que podían aportarle y ella a ellos, sin reparar en el sexo. La revelación de que entre Eliza y Ethan no tendría problema en escoger, incluso cambiando felizmente de acerca, la hizo sonrojarse más -. Alycia, tu problema es que no piensas en Matt y Eliza como personas sin más, sino como el chico y la chica. Nunca has estado con una chica, es por eso que dudas.

- No quiero utilizar a Eliza para experimentar - cortó Alycia seriamente. Nunca utilizaría a Eliza, no tan cruelmente.

- Ya lo has hecho - replicó cautelosa Anya -. Cuando estuviste con ella hace meses. Cuando estuviste con ella en su bar. Te dejaste llevar, por primera vez, sin preocuparte de ser homosexual o heterosexual, sólo te dejaste llevar por lo que querías.

- Fue un calentón - quiso defenderse la morena.

- Porque ella te hace sentir débil, te tienta pero porque te gusta, porque la conoces. En realidad deseas dejarte llevar, pero sólo cuando tienes una excusa para no aceptar que querías eso. Tienes miedo de equivocarte - insistió Anya -. Estar borracha no fue una excusa. Te conozco, Alycia. Nunca engañarías a Matt con un desconocido, pero quizás con ella sí. Nunca engañarías a tu pareja con cualquier persona tras lo de Ethan por muy borracha que fueses. Si se te hubiera acercado un chico u otra chica, te habrías apartado.

Eliza es mi excepción, aceptó Alycia. Y si era su excepción, quizá significaba algo. Quizás debería dejarse llevar. Pero estaba Matt. No podía dejarlo, correr a los brazos de Eliza y luego decidir si le gustaba lo suficiente como para escoger a uno por encima del otro. Entonces comprendió porqué Anya no le había preguntado a quién elegiría entre ellos dos: no podía escoger. Uno era su novio, al que quería, y la otra era su amiga, la que la hacía dudar incluso teniendo novio.

- Cuando te enamores de dos personas quédate con la segunda - aconsejó su tía.

- ¿Por qué? - frunció el ceño Alycia al ver que prácticamente la incitaba a escoger a Eliza.

- Si te enamoraste de la segunda, es que realmente no estabas enamorada de la primera - sonrió Anya -. No era amor verdadero.

Aquella frase retumbó con fuerza en la cabeza de Alycia hasta llegar a su pecho. Todo pareció más fácil entonces.

- ¿Y quién me dice que el segundo sí?

- Nadie. Pero es mejor arriesgarte a encontrar el amor verdadero, el que realmente te hará feliz, a conformarte con lo primero que te gusta - su tía apretó su mano y dirigió una mirada hacia su cuñado, que veía la tele en el salón sentado en su silla de ruedas. Alycia también miró a su padre, y ver el asiento de su madre vacío le empañó de lágrimas los ojos. Cuando ambas se volvieron a mirar, las dos estaban a punto de llorar -. Te mereces ser feliz, Alycia. No pienses en si hieres a Matt por dejarlo o a esa chica por no quedarte con ella. No vivas la felicidad de otro a costa de la tuya, no vivas para hacer felices a los demás. No te conformes ni tengas miedo a equivocarte. Es tu vida, tu elección. Quédate con quien te haga feliz de verdad a ti.

Cuando miró a Eliza lo supo. No estaba muy segura de por cuánto tiempo, pero sabía que ella podía hacerla feliz porque Alycia quería que fuese Eliza quien la hiciera feliz. Y sabía que ella no era del todo feliz con Niylah. Así que cuando la rubia la miró de nuevo, preocupada, Alycia, por primera vez, se dejó llevar.

Y la besó.

- ¿Alycia? - Eliza la separó con cuidado, sus ojos dudosos, casi con miedo pero encendidos por el deseo reprimido. - ¿Qué haces?

Estaba muy claro lo que hacía. Y estaba muy claro que no estaba borracha, por eso Eliza dudaba. Quería asegurarse de que Alycia quería aquello, no aprovecharse de un momento con la guardia baja. Eso hizo que la morena quisiera llorar y abrazarla.

La besó de nuevo, inclinándose sobre ella hasta el punto de ser incómodo, pero los labios de Eliza, tan cálidos, suaves y receptivos, eran la única comodidad que Alycia quería. Correspondió el beso, pero la aportó de nuevo con un quejido, intentando pensar en lugar de Alycia.

- No, Alycia ... - gimoteó como si sufriera, como si llevara esperando aquello mucho tiempo pero ahora no fuera el momento adecuado para aceptarlo -. Te vas a arrepentir de esto. Tú quieres a Matt, y yo no...

Alycia cogió su rostro entre las manos para evitar que dijera algo que pudiera hacerla entrar en razón, porque en ese momento no quería pensar. Quería dejarse llevar.

- Te quiero a ti, ahora - contestó firme contra los labios de Eliza. La rubia jadeó y entonces llevó su mano a la nuca de la morena para besarla ella. Incluso estando debajo y clavándose el mando de la televisión en el culo, era ella quien controlaba el beso, y a Alycia le gustaba la forma en la que Eliza hacía parecer fácil todo aquello. Ella llevaba el control, ella sabía lo que hacía. Alycia no debía preocuparse, sólo dejarse llevar.

Y eso hizo.

Ayudó a Eliza a incorporarse un poco en el sofá para estar más cómodas. La lógica de ir a la cama le pareció estúpida: no se acostaría con Eliza en la cama que compartía con Matt.

Se besaban apasionadamente mientras en el salón sólo se escuchaban el sonido de sus labios juntos, la televisión y el ruido de la lluvia por la tormenta de verano que llevaban anunciando días.

Alycia sentía las manos de Eliza coger con seguridad su rostro, bajar por su espalda para abrazarla y subir de nuevo a su cara para acariciarla, como si no pudiera mantenerlas quietas mientras buscaba la mejor manera de tenerla más cerca. Alycia abrazaba con fuerza a Eliza por miedo a que si la soltaba se pondría a pensar en lo que estaba haciendo y se detendrían. Sabía que se arrepentiría tarde o temprano. No de estar con la rubia, sino de seguir con su novio mientras estaba con ella. Pero necesitaba estar con ella, al menos una vez más, antes de arriesgarse.

- Alycia - gimió su amiga contra sus labios mientras se sentaba más cerca de ella. Eliza parecía tan feliz y expectante que Alycia supo que se sentiría incluso peor de lo que prevenía en un principio por jugar con sus sentimientos. Ella no quería hacerle daño. Ella no quería que Eliza deseara aquello tanto o más que ella. Ella, por primera vez, deseó no gustarle a Eliza, ser sólo una más. Necesitaba estar con ella, pero si luego se alejaba, destrozaría a su amiga por jugar así con sus sentimientos.

Mierda, ya estaba pensando.

Besó con más fuerza a Eliza para seguir sintiendo esa sensación de mareo tan agradable en su estómago y cabeza. Era como subir a tu atracción favorita. Admitió en su interior que no se sentía así cuando Matt la besaba.

Las manos de Eliza se deshicieron de su camiseta con una facilidad asombrosa, y Alycia hizo lo mismo. Se besaron de nuevo, y piel con piel era más de lo que la morena pensó que sería. La piel de Eliza ardía, e incluso con el calor que hacía la necesitaba más cerca. La sensación del peso del cuerpo de su amiga sobre el suyo la abrumó, queriendo más y abrazándola más cerca para sentirla.

Eliza desabrochó con destreza los pantalones de Alycia y los bajó para tirarlos al suelo. Su mano se coló dentro de la ropa interior haciendo gemir a la morena, que no tuvo tiempo de replantearse nada o avergonzarse cuando sintió las profundas caricias de la rubia donde más la necesitaba en aquel momento. Se sorprendió a si misma gimiendo alto, tan alto que no se reconocía, y tampoco pensó que pudiera estar tan excitada sólo con un par de besos y caricias de Eliza. Entonces pensó que se trataba del deseo acumulado, porque llevaba deseándola mucho tiempo y ahora lo tenía claro.

Gimió el nombre de Eliza hasta gritarlo cuando la otra chica besaba su cuello mientras se deshacía del sujetador de la morena, sin dejar de mover dos dedos en su interior. Movimientos tan simples pero tan significativos que la hacían sentirse llena. Eliza era apasionada, y lo recordaba, pero había una diferencia abismal de esa forma de tocarla a la de cuando estaban borrachas la primera vez. Era más cuidadosa y tierna pero igual de intensa y apasionada. Casi parecía desesperada por hacerle el amor a Alycia pero intentaba contenerse. La morena se aferró a los hombros de la chica que tenía encima en cuanto sus piernas comenzaron a temblar. Su cuerpo se tensó y segundos después se sintió volar, como si se quitara el peso del mundo de los hombros.

Tardó unos minutos en recuperarse, calmando su respiración mientras sentía las leves caricias de Eliza sobre ella. Cerró los ojos, sintiéndose tan relajada y cómoda que podría dormirse bajo la rubia. Sólo el sonido de un trueno demasiado cerca de su casa la devolvió a la realidad. Y la realidad la golpeó con todo el peso que antes creyó quitarse de encima.

No quiso ser brusca cuando se levantó de golpe, casi tirando a su amiga al suelo.

La calidez del cuerpo de Eliza desapareció, y se estremeció al sentir el aire en sus pechos expuestos que enseguida se cubrió poniéndose la camiseta del suelo sin siquiera buscar el sujetador.

La rubia la miraba confusa, con un atisbo de recelo y reconocimiento en su mirada, desde la otra esquina del sofá.

- ¿Alycia? - tanteó -. ¿Estás bien?

Pero Alycia fue incapaz de contestar, ni siquiera la miró. No podía. Si lo hacía volvería a caer porque ahora lo sabía; querría más de Eliza.

Tardó un momento en reunir el valor suficiente para mirarla a la cara, donde Eliza vio la viva imagen del arrepentimiento. Fue suficiente para que la rubia se levantara de mala gana y se colocara de nuevo la camiseta. Alycia la observó en silencio, sus movimientos eran bruscos. Estaba enfadada y quería que la morena lo supiera. Quería, ¿qué? Quizás una disculpa.

- ¿Crees que porque somos amigas y me gustas puedes jugar así conmigo? - le espetó la rubia en voz baja y fría.

Alycia tragó saliva. Ella sabía que ocurriría eso y ahora debía afrontarlo.

- No quería jugar contigo. No quiero hacerte daño - aseguró Alycia. La rubia asintió, porque lo sabía, pero eso no le había impedido jugar con sus sentimientos.

- Otro calentón, ¿no? - se burló. Alycia recibió la burla como un golpe en el estómago, porque no se trataba, en absoluto, de un simple calentón. Hubo mucho más -. Hazme un favor, Alycia; no vuelvas a hacer esto, no me utilices. No soy una maldita muñeca con la que puedas jugar hasta que aburras. Tendré pocos sentimientos, pero no me gusta que alguien los pisotee, y menos si esa persona me importa y confío en ella tanto como para mostrárselos. Dime, ¿te has quedado a gusto? ¿Tu novio no folla lo suficiente bien o querías recordar viejos tiempos conmigo? Probar con los dos, a ver cual te gusta más y luego elegir, ¿verdad?

Su mirada quemaba de lo fría que era, y Alycia sentía que se encogía en el sitio del que no se había movido. Quería llorar. Quería abrazar a Eliza y pedirle perdón por utilizarla para intentar aclarar sus dudas.

Eliza continuaba encendida y dolida. Podía ver el daño en sus ojos. Por culpa de ella ambas habían engañado a alguien. Niylah no era su amiga, pero sí la de Eliza. Era su novia y la quería, se le veía. De repente se sintió rastrera y sucia. Ella era "la otra", como aquella pelirroja con la que Ethan se besaba mientras ella lloraba por las esquinas. Y luego estaba Matt. Habían hecho el amor con todas sus cosas rodeándolas.

¿En qué pensaba? En Eliza. Y cuando pensaba en Eliza lo demás no importaba, por eso la había cagado. La rubia tenía razón cuando intentó detenerla; aquel no era el mejor momento.

- La próxima vez que tengas un calentón, dile a tu novio que te lo quite - gruñó rabiosa la rubia mientras apretaba los puños y la enfrentaba.

- Eliza, yo... - murmuró con voz quebrada la morena, levantándose al fin al verla dirigirse a la puerta -. Lo siento.

La rubia se giró con brusquedad. Su mirada era incendiaria, y su mandíbula estaba tan tensa que podía romperse los dientes. Aun así, cuando miró los ojos de Alycia, con la duda y el miedo en ellos, se ablandó. Le resultó imposible no hacerlo porque, al fin y al cabo, era Alycia, le perdonaría todo. Eliza pensó que ella sí que era estúpida, y eso no se lo perdonaba a si misma. No estaba furiosa con Alycia por incitarla a acostarse con ella, sino con ella misma por caer de una manera tan inconsciente, sabiendo que luego la morena se arrepentiría y las dos acabarían sintiéndose como una mierda. Lo peor era que le había encantado, le gustaba Alycia y no podía tenerla. Simplemente no pudo pensar en otra cosa que no fuera tenerla sólo para ella aunque fuera por un momento.

- No lo hagas - logró decir.

Se dio la vuelta sin escuchar a la morena. Incluso bajó por las escaleras para que no la siguiera y evitando tener que esperar hasta que el ascensor subiera. En ese momento necesitaba descargar la furia y la adrenalina, y era preferible bajar casi veinte pisos que permanecer encerrada en una cabina que podía desprenderse o dejarla encerrada.

Alycia continuó llamando a Eliza incluso cuando la perdió de vista. Luego entró rápidamente a su casa para evitar encontrarse con algún vecino. Corrió hacia el ventanal del salón para observar a Eliza salir de su casa a paso ligero bajo la lluvia y sin paraguas. La gente se apartaba a su paso, como si con sólo rozarla o mirarla mal ella los pudiera mandar al infierno.

Alycia apoyó la frente contra el cristal viéndola caminar, sintiéndose más sola e infeliz que nunca, con más dudas incluso que antes, porque ahora sabía lo que quería pero no si tendría el suficiente valor como para aceptarlo y arriesgarse a ir a por ello.