POV Eliza
Pasó un mes, y cuando todo iba tan mal que parecía imposible que empeorase, todo fue a peor.
No había vuelto a hablar con Alycia. No contestaba a sus llamadas o mensajes. Con su hermano discutía cada día, cada hora y cada minuto. Llegaron a pegarse incluso. Eliza supo que estaba realmente mal y sensible cuando sintió remordimientos al ver la sangre salir de la nariz de su hermano. Después de esa pelea dejaron de hablarse. Con su madre gritaba a todas horas. Llegó a dejarla tirada una noche en la que se puso mal, yéndose a dar una vuelta con la moto cuando sintió que iba a reventar.
Ya no estaba con Niylah. Tras sentir lo mucho que dolía que alguien a quien quieres jugara con tus sentimientos decidió que no podía hacerle lo mismo a su amiga. Apreciaba a Niylah como una antigua amiga a la que le tendría un cariño especial, pero nada más. Quería que se librara de ella, que viera que no era tan maravillosa como pensaba y que lo suyo no iba a ninguna parte. Quería que encontrase a alguien que la hiciera feliz de verdad.
Desde que lo dejó con Niylah decidió que, definitivamente, los sentimientos sólo servían para hacerte sufrir. No eran positivos. No existía el amor, y supuso que por eso la gente pagaba para ir a ver películas románticas al cine; a las personas les gusta lo imposible.
Además de trabajar todas las noches en el bar, ligaba más que nunca. Cada noche terminaba enrollada con alguna lo suficiente atractiva y diferente a Alycia como para no echarla de menos o compararlas. Incluso se lió en los lavabos con Ontari, su compañera. Todo quedó ahí, una noche, un polvo y un orgasmo. Sin complicaciones.
Lindsey no aprobaba aquello, incluso cuando ella hacía exactamente lo mismo a pesar de comenzar a salir con Finn. Tenían una relación abierta, decía. Eliza temía que su amiga acabase tan herida como ella. Luego, cuando le daba el sermón en cuanto salía el tema, olvidaba lo que era la compasión y deseaba que su amiga dejase de ser la madre que nunca tuvo ni necesitaba.
- ¿Por qué haces esto? - le preguntó un día en el que ambas estaban en el Arkadia tomando algo - ¿Por qué te haces esto? Las cosas no se solucionan así, Eliza. De hecho, no se solucionan. Estás dejando todo de lado y te acabará estallando en la cara.
- Lindsey - la cortó Eliza antes de que su mejor amiga comenzara de nuevo a darle estúpidos e inútiles consejos amorosos sacados de cualquier comedia romántica que viera la noche anterior -. Basta. No he pedido tu opinión.
- Los amigos están para opinar sin permiso - bromeó la morena antes de ponerse seria nuevamente -. En serio, rubia, habla con ella. No puedes quedarte así, no podéis hacer como si nada. Sois amigas.
- No, tú eres mi amiga - replicó la de ojos azules mirándola un segundo -. Marie es mi amiga. Incluso Niylah es mi amiga. Alycia es...otra cosa. Con ella es diferente.
- Te gusta - obvió Lindsey en tono bajo, cauteloso, por si su amiga comenzaba a gritar improperios de todo tipo -. ¿Por qué no lo aceptas?
- ¡No me gusta! - exclamó enfadada, tanto que varias personas de la terraza se giraron a mirarlas. A Lindsey no le importó, continuó mirando a su amiga con un expresión triste y decepcionada que sentó como una patada en el culo a la rubia. Luego admitió en voz baja: -. No quiero que me guste.
- Es verdad, lo olvidaba - dijo la morena con cierto retintín -, no te gustan los sentimientos, te parecen complicados.
Aquella fue la última vez que hablaron sobre el tema, hace una semana y media. Lindsey seguía sin aceptar que se tirase a cada chica borracha y con un buen par de tetas que se le lanzaba encima, pero al menos no comentaba nada. Sólo la miraba de manera desaprobatoria mientras fruncía los labios.
Esa noche estaba sirviendo copas en el bar mientras mantenía un ojo puesto en su hermano y su grupo de amigos. Pocas veces iban allí, y no le gustaba nada cuando así era. Su hermano hablaba con un chico mayor que no conocía de nada, y hasta Ontari vio su preocupación.
- ¿Ese no es tu hermano? - preguntó mientras tomaban un descanso y otros dos chicos, Miller y Brian, servían en su lugar.
Eliza frunció el ceño asintiendo, sin perder detalle de cómo se pasaban pequeñas bolsas. El chico era alto, de su edad, supuso, con flequillo liso y graso tapando la frente. Parecía un por o hiperactivo, y su hermano hablaba con él con gesto confuso.
- Sí - contestó echándole un vistazo a Ontari para asegurarse de que nadie había visto aquel intercambio.
Entonces alguien entró por la puerta haciendo que Eliza se obsesionara con ella y olvidara que debería ir a reprender a su hermano por trapichear en su bar. Las copas que llevaba bebidas, el calor y lo guapa que estaba hicieron que se tambalease al ver a
Alycia caminar hacia ella con una expresión tan seria y decidida que casi parecía enfadada. Eliza odió tener el impulso de sonreír al verla abrirse paso hasta ella sin vacilación ninguna.
- Hola - saludó un poco borde a Ontari, como diciéndole mentalmente que las dejara solas. La chica pilló la indirecta tras lanzarle una mirada crítica a la morena y salió de allí. Alycia volvió a mirar a Eliza y habló sin hacer caso de la reprobación con la que ésta la observaba -. ¿Podemos hablar?
- No tenemos nada de qué hablar.
La morena la sujetó del brazo cuando Eliza quiso seguir a Ontari.
- Claro que sí, hace semanas que no me hablas ni respondes mis mensajes y llamadas. Estaba preocupada - insistió Alycia.
Eliza rodó los ojos.
- ¿No has pensado que no quiero hablar? - preguntó con sarcasmo.
- Eso lo he notado - Alycia arrugó la cara en una mueca dolida -, pero yo sí. No quiero que dejemos de vernos.
Yo tampoco, pensó Eliza. Pero no lo dijo, su orgullo fue más grande que el impulso de abrazar a la morena al verla tan desolada. Bueno, no es como si ella estuviera en el mundo de Yupi. Pero como siempre, Alycia resultaba insensible de lo sensible que era, poniendo sus sentimientos y preocupaciones por delante de las de los demás, incluida Eliza.
- Quizás es que necesitaba tiempo - repuso Eliza en tono seco -. A lo mejor necesito espacio, y a lo mejor deberías respetar eso como mínimo.
Alycia se quedó callada. Lo había pensado, sí. Todo el mundo necesita espacio y tiempo tras una discusión, y ella la había respetado más de lo que quería, porque al segundo día sin hablar con Eliza estuvo con el coche aparcado frente a su casa toda la noche, esperándola. Pero ella no llegó, ni esa ni las demás noches. Alycia se prohibió pensar que podría estar con otra persona que no fuera con Lindsey en su casa. Llegó a creer que se había mudado sin decírselo, y se agobió, así que decidió dejar de esperar a que Eliza llegara y fue a buscarla a su trabajo. No la encontró a la primera ni a la segunda, pero a la tercera, gracias a Dios, sí. Así que con todo lo que había esperado no iba a largarse a su casa sin hablar las cosas. Prefería que la rechazara y le partiera el corazón o le dijera que no quería ser más su amiga, a seguir sin verla.
- Lo he intentado - admitió, pero Eliza no dijo nada, miró en dirección a las personas, como si esperase que alguna las interrumpiera para rescatarla. O quizás buscaba a alguien. Los celos picaron en su pecho - Me ha dicho Ricky que ya no estás con Niylah.
Eliza se enfadó. Quiso enfadarse, pero el tono de Alycia, tan calmado y sutilmente aliviado la confundían.
- ¿Y a ti qué te importa? - no dejó que contestase -. No estoy con Niylah, pero tampoco estoy sola.
Eso sorprendió a la morena. Eliza quería hacerla sentir celosa, tanto como ella se sentía al imaginarla con Matt. Quería demostrarle que no estaría siempre a la puerta de su casa esperando que abriera y la dejara pasar para luego echarla a patadas con la ayuda de su jodido novio.
- ¿Con quién estás? - balbuceó la morena mirando en dirección a Ontari. Eliza se encogió de hombros, sonriendo, contestando la pregunta mental de Alycia.
- Folla bien - se limitó a decir -. Fue una vez. Como con la rubia que está en la puerta, y con la morena que se está liando con aquel tío. Y muchas más - provocó Eliza mientras iba señalando a las chicas que reconocía de haberse liada con ellas.
Alycia sintió aumentar la reconocida incomodidad de los celos y también su dolor, como si le hubieran arrancado algún órgano importante. Porque estaba celosa, mucho, y hasta Eliza lo veía en su mirada. En realidad no quería hacerle tanto daño como la morena le había hecho a ella, porque no fue intencionadamente. Alycia no tenía la culpa de que Eliza no pudiera detener, controlar y olvidar sus sentimientos hacia ella. Aun así, quería que supiera cómo se sentía, que se arrepintiera de haberla dejado ir tras utilizarla para experimentar.
Alzó una ceja.
- ¿Por qué, algún problema?
- Sí, muchos - gruñó Alycia. Tantos como chicas, pensó la morena, pero no lo dijo. No estaba con la rubia, y echarle en cara que se acostara con otras era tan hipócrita como que Eliza le echara en cara que compartiera cama con su novio.
Lo último que Eliza esperaba, además de que la morena se pateara media ciudad para ir a verla y no ocultara sus evidentes celos, es que cogiera con fuerza su cara, la pusiera contra la pared y la besara con rabia, enfadada.
Le siguió el beso porque, lo admitiera o no, también la había echado de menos y también quería besarla. Sintió la lengua de Alycia tantear el camino antes de abrirse paso en su boca, y Eliza se encendió. Jadeando contra sus labios la separó mientras se esforzaba por mantener una expresión neutra, a pesar de que su corazón parecía querer salirse del pecho para buscar el de Alycia.
- ¿Qué haces? - logró decir. Alycia continuó mirando sus labios, sin responder, y Eliza insistió - ¿Qué ha cambiado?
- Te echo de menos - admitió mirándola a los ojos esta vez. La rubia sintió que el suelo se movía bajo sus pies ante la intensa mirada con pupilas dilatadas de la morena. Tragó saliva y se esforzó en pensar más allá del significado oculto de esa frase.
- Ya - murmuró -. ¿Y qué? ¿Acaso vas a dejar a tu novio por mí?
No hubo respuesta, como esperaba, y eso era lo que necesitaba para poder apartarse de Alycia.
- Vuelve a casa con tu novio, Alycia - murmuró desviando la mirada de los suplicantes ojos de su amiga. Lo único que parecía hacer falta para que Alycia dejara a Matt por ella es que Eliza se lo pidiera. Parecía que algo sí había cambiado, pero la rubia no quiso hacer caso de lo que los ojos de la morena le gritaban -. Seguro que te está esperando.
Alycia frunció el ceño pero, otra vez, permaneció callada. Parecía que iba a decir algo, pero el caos estalló entonces.
La pelea era entre Alex, el hermano de Eliza, y el chico que antes le estaba pasando unas cuantas bolsas de droga. Se liaron a puñetazos que dolían sólo de verlos. Eliza se quedó en shock un momento, para luego reaccionar y buscar a los amigos de Alex, que parecían haberse esfumado. Se odió cuando empezó a pensar en su madre, en cómo se pondría si veía a su hijo lastimado, y pensó en que Alex estaba indefenso ante chicos más mayores. El estúpido instinto de ayudarlo la movió. Corrió hacia su hermano sin escuchar cómo Alycia la llamaba para detenerla antes de que se metiera en la pelea.
Se puso en medio, frenando a su hermano malherido y al otro chico, pero entonces un puño voló desde alguna parte impactando en su cara. Se tambaleó, y eso fue suficiente para que los otros chicos se lanzaran a por su hermano, tirándolo al suelo y golpeándolo.
- ¡No! Dejadlo - vociferó Eliza intentando frenar al que daba puñetazos a su hermano. Viendo que no podía pararlo decidió empujarlo, haciendo que el chico se golpeara contra una pared y quedara tendido en el suelo.
El silencio por la impresión duró un segundo. Luego todo estalló de nuevo y con más fuerza. Los chicos que antes golpeaban a Alex fueron a por Eliza mientras Alycia, Ontari, Miller y Brian intentaban sacarla de allí. En el círculo que se formó a su alrededor como si de una batalla de gladiadores se tratase había de todo; chicos y chicas que animaban, otros que sólo miraban, algunos que salían corriendo y un par lo suficiente sobrios como para avisar a la policía.
Tardaron en llegar el tiempo en el que Eliza acabó derribando a otro chico de una patada en la entrepierna y una bofetada. Miller estaba con una ceja rota, Alex tendido en el suelo, intentando levantarse para defender a su hermana, Ontari y Brian sujetaban a otro chico y Alycia llegaba hasta Eliza para observar histérica sus heridas.
- Estás sangrando - lloriqueó viendo el labio roto de su amiga, un pómulo morado y la nariz probablemente rota también.
Eliza iba a contestar cuando lo que pareció una estampida sacudió el local, y comprendió porqué al ver a la policía entrar. Su mente hizo un repaso mental de todo lo ocurrido y reaccionó a tiempo para lanzarse sobre su hermano, con sus manos buscando algo en los bolsillos.
- ¿Qué haces? - Alex frunció el ceño mientras Eliza le quitaba algo y le daba una mirada asesina para que se callase.
Alycia continuaba tirando de ella para ayudarla, sin perder detalle de lo que hacía la rubia. Sus ojos se abrieron como platos ante la compresión.
- ¿Alycia? - era la voz de Matt la que la interrumpió cuando iba a detener a Eliza. La aludida de giró de golpe, incrédula y en pánico.
- Matt, hay que llevarla a un hospital - habló rápidamente señalando a la rubia, que parecía impaciente, casi asustada por lo que vendría.
Su novio frunció el ceño, dejando que sus ojos volaran por toda la escena; desde Alex Taylor herido en el suelo, al lado de su hermana, también herida, hasta el chico inconsciente en el suelo y otro al que sujetaban un chico y una chica morena. Entrecerró los ojos, porque a excepción de quienes sujetaban a Jasper, los conocía a todos: Jasper, Monty, Wells y Alex Taylor, los adolescentes problemáticos de Polis que jugaban a pasar droga. Todos en el punto de mira de la policía y bajo orden de detención.
Mandó a sus compañeros a registrar y detener a los mayores, mientras que él se dirigía hacia Alex.
- Alycia, ayúdame con este - pidió Matt mientras sacaba las esposas de su cintura.
Su novia tartamudeó un poco, mirando a Eliza, indecisa. Su novio la lanzó una mirada confusa, ¿a qué esperaba?
- No vas a detener a mi hermano, ¿verdad? - la rubia pareció entrar en pánico, todo ese que no había sentido mientras se metía en una pelea de borrachos imbéciles. Porque si Alycia detenía a Alex, por mucho que lo odiase, lo sentiría como una traición, algo mucho más doloroso que cualquier golpe. Las piernas de Alycia temblaron, y su labio inferior también cuando miró a Alex. Ella no era tonta, sabía lo que probablemente hacía Alex con los otros tres chicos, y lo que Eliza había robado de sus bolsillos.
- Tu hermano es un delincuente - interrumpió Matt mirándola severamente, y luego al chico -. Estaba avisado; sabía que la próxima vez que lo detuviéramos iría a un centro de menores o a rehabilitación hasta cumplir la mayoría de edad. Ya tuvo bastantes oportunidades, esta vez va a pagar.
- ¿Alycia? - suplicó la rubia sin hacer caso de Matt.
La morena la miró a punto de llorar, sintiéndose entre la espada y la pared, teniendo que escoger nuevamente entre lo fácil y lo correcto, entre el querer y el deber.
- Eliza, tu hermano...
- Mi hermano, Alycia - gruñó Eliza al comprender la decisión de la morena -. Mi hermano.
Hubo un momento de tensión que nadie entendió mas que ellas dos. Momento que fue interrumpido por Matt, que se acercó a Alex con las esposas.
Su hermana mayor interrumpió su camino.
- Espera - dijo echándole un vistazo a Alex, que parecía el crío asustado que en realidad era -, él no ha hecho nada.
- Eliza... - intentó decir Alycia, pero la rubia alzó una mano para callarla.
El policía la miró confuso mientras la chica buscaba algo en sus bolsillos. De ellos sacó varias bolsas con todo tipo de drogas; hierba, pastillas, polvos...
Matt frunció el ceño. Sabía que Eliza Taylor podía tener algún parecido delictivo con su hermano, como meterse en una pelea o robar algo, pero no se drogaba ni pasaba mierdas. Asintió, comprendiendo que la rubia intentaba demostrar que esta vez era asunto suyo, que ella era quien estaba en el intercambio y que su hermano era inocente.
Dejó que Matt pasara a su lado para registrar a su hermano, sorprendiéndose al encontrarlo limpio. Había algo que no encajaba, Matt no era tonto. Sabía que Eliza estaba defendiendo a Alex y de ahí la mirada de ambos, que parecían pactar en silencio, y también sabía que Alycia lo odiaría si detenía a su amiga. Pero no tenía opción.
- Está limpio - anunció el chico a sus compañeros -. Aun así, estabas en la pelea. Te vamos a llevar a comisaría para tomarte declaración, ¿de acuerdo?
El chico asintió sin dejar de mirar a su hermana mayor, quien alzó una ceja, desafiante, al ver a Matt acercarse. Le dio su documentación cuando éste se la pidió para revisarla, a pesar de que sabía perfectamente quién era. Luego se la devolvió y le ordenó que se diese la vuelta con las manos en la espalda.
- Sé lo que intentas - dijo el chico en voz baja para que sus compañeros no los escuchasen -. Tienes que saber que tu hermano no iría a la cárcel, Eliza. Tú sí, tú eres mayor de edad - la chica asintió con conocimiento. Matt suspiró, echando un vistazo a su novia, que parecía suplicarle con la mirada que se saltase la ley y no la detuviera. Le dolía verla sufrir por no cumplir su súplica silenciosa, pero no podía; ese era su trabajo -. Si cargas con su culpa ahora, no podrás salir hasta que haya un juicio en el que se demuestre que eres inocente, que los dos sois inocentes.
Ahí estaba el punto: Alex no era inocente, ella sí. Sería cuestión de tiempo demostrarlo, esperaba. Quizás era mejor dejar que fuera a un centro hasta los 18, pero saldría peor de como entraría; en cuanto pisara un pie fuera de ese lugar, correría a recuperar el tiempo perdido. Y luego estaba su madre. Lo último que necesitaba para empeorar era ver a su hijo pequeño tratado como el delincuente que era.
- Estaré bien - Matt escuchó murmurar a la chica. Vio de reojo a Alycia cubrirse la cara e intentar no llorar, dándole la espalda a ambos. Entonces Matt comprendió que no se lo decía a él, ni a su hermano, ni siquiera para convencerse a ella misma; se lo decía a Alycia, para que no se preocupara.
Matt asintió, dando por finalizada la conversación.
- Elizabeth Jane Taylor-Cotter, queda detenida - dijo esposándola -. Tiene derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga puede y será usada en su contra en un tribunal de justicia. Tiene derecho a hablar con un abogado. Si no puede pagar un abogado, se le asignará uno de oficio. ¿Lo ha entendido?
Eliza miró una última vez a Alycia y luego a su hermano para asegurarse y convencerse de que estaba haciendo lo correcto para su familia y no ceder a lo que su amiga le pedía mentalmente.
Casi podía oír la voz de Alycia en su cabeza: "No lo hagas, por favor".
Eliza asintió hacia Matt y contestó:
- Perfectamente.
