Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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¡Mil disculpas por la demora! Pero aquí tienen su tan ansiado capítulo. La buena noticia es que no es será el final. Queda otro. Deseo lo disfruten.
Un Final Feliz.
Tercera Parte.
Inuyasha estaba en el dormitorio preparando una maleta, conforme iba guardando sus cosas se sentía más frustrado, en unos minutos más dejaría su hogar y se iría a un motel, durante quien sabe cuánto tiempo tendría que vivir así.
Kagome estaba sentada en el sillón de la sala, podía escuchar a su novio abrir y cerrar cajones. Había querido seguirle decirle que no se fuera, que estaba perdonado; pero no debía ser como todas aquellas mujeres que perdonaban todas las infidelidades y abusos de sus parejas. Miró a su hijo que gateaba por la sala, jugaba con su pelota y reía cuando esta se prendía. Tadashi iba a extrañar a su papá, tal vez no al instante pero terminaría buscándolo y llorando por él. No era justo que su niño quedase en medio de sus pleitos. Se secó las lágrimas cuando escuchó que Inuyasha dejaba el dormitorio.
En cuanto Tadashi vio a su padre rodó su pelota a él, quien la detuvo con un pie, el pequeño esperó a recibir de nuevo la pelota, pero su padre no se la pasaba, le gritó un "Paaa" e Inuyasha se arrodilló, dejando su maleta en el suelo.
―Jugamos luego, ahora me tengo que ir.― le dio la pelota al pequeño, que la volvió a rodar a él.― Prometo que luego jugaremos todo lo que quieras.― su hijo no entendía que no podía seguir allí.
― ¡Paaa upa!―si su padre no quería jugar con la pelota, entonces tal vez lo alzara sobre su cabeza.― ¡Upa!― volvió a pedir haciendo un puchero, Inuyasha le sonrió, era la misma expresión que Kagome le ponía cuando quería algo.
― ¿En verdad...― el chico volteó a ver a Kagome que estaba parada a su espalda, ella tenía los ojos llorosos, no le miraba, su vista estaba sobre Tadashi.― ¿En verdad te quieres ir?― finalmente lo preguntó, sí Inuyasha se iba, su bebé sufriría, estaba muy apegado a su padre.
La espera por una respuesta para Kagome fue una eternidad, pero en realidad no pasaron ni cinco segundos cuando Inuyasha ya la tenía entre sus brazos.
― ¡Claro que no! ¡Quiero seguir con ustedes! Pero si es la única manera de no hacerte sufrir lo haré, eso no quiere decir que me rendiré, haré que me perdones.― sentir la calidez del cuerpo de su azabache y su aroma era algo que amaba.
―Debo ser la persona más tonta, debería dejar que te fueses, yo misma correrte... Pero... No quiero que te vayas.― dijo en medio de lágrimas que ya no pudo contener por más tiempo.
―Tal vez ahora mismo no lo creas, pero te amo, nunca quise hacerte llorar.― la estrechó más contra él, tal vez se le presentaba una oportunidad para no dejarlos.
―Si te quedas volveremos a pelear, lo viví con mis padres y cada vez es peor.
―No lo será, no tienes idea de lo mal que la pasé al recordar lo que te he hecho, de haber roto la promesa que te hice.― confesó mirándola a los ojos.
―Yo... No quiero que Tadashi pase lo mismo que yo.
―No lo hará.― le limpió las lágrimas con delicadeza.― Me dedicaré a recompensarlos, a ser el compañero y padre que se merecen.
―No quiero que todos los días vengas con regalos costosos, ni te comportes extra empalagoso; porque me harás sentir que algo malo va a pasar o que te disculpas por algo que no sé.
―Seremos como antes de los problemas.
―Quiero algo a cambio.
―Lo que quieras.― le cumpliría lo que ella quisiera, si le pedía dormir separados lo haría, por ahora lo único que le importaba era que no los dejaría.
―Que llegues temprano.
― ¿Es todo?― Kagome asintió.― Hecho, me tendrán en casa a la hora debida... Ahora, espera aquí.― se levantó y fue a la cocina rápidamente, al volver traía una tarta de moras.― Tadashi y yo fuimos por ella cuando dormías.
―Esto es justo lo que no quiero que...
―Antes de que te pongas paranoica.― dijo Inuyasha al interrumpirla y dejar la tarta en la mesa de centro.― Sé que es tu favorita, pero también la de Tadashi y será para celebrar que tendré tres días libres.― se felicitó por encontrar una razón extra para comer la tarta.
― ¿Por qué te los dieron?
―Estuve ocupado en un proyecto en el que me vi obligado a participar y salvarle el trasero a Miroku.― en buena hora a su amigo, colega y "jefe", le dio por aceptar un proyecto ambicioso para la constructora de su familia y al ver que el equipo que eligió en un principio no daba el ancho, suplicó por su ayuda y salvar el negocio.― Por eso estuve molesto y me desquite contigo injustamente.
―Ya no te preocupes por ello.
― ¿No vas a preguntar qué más me molestó?
―No, sí no me lo dijiste antes no quiero que lo hagas ahora.― dijo al ver que su bebé gateaba a donde ellos estaban, quería un poco de atención.
―Quiero hacerlo, no más secretos.
―Todo bien, de verdad.― se hincó y recibió a su hijo en brazos.― ¿Quieres tarta?― preguntó al ver que su niño se estiraba a la mesa.
―Cachorro aquí tienes, ahora quédate quietecito.― pidió Inuyasha al servirle a su hijo una mini rebanada y sentarlo en el suelo junto a ellos.― Tu madre y yo tenemos algo pendiente.― Kagome le observó confundida, ya no había nada más que decir.
― ¡¿Qué haces?!― gritó al quedar prisionera de espaldas entre la alfombra e Inuyasha.― Ya quedó todo...
―Fue por Kikyou.― soltó sin más.― El proyecto que aceptó Miroku era en conjunto con otra compañía, ninguno de los sabía que ella trabajaba allí como jefa de compras, solo hasta muy tarde nos enteramos, debí trabajar con ella, no solos.― aclaró.― Pero me molestó tener que hacerlo, intentaba terminar lo mío a tiempo pero siempre surgían imprevistos y me quedaba trabajando hasta tarde con ella, en otras ocasiones me traía el trabajo y me estresaba no terminarlo. No te lo dije para no preocuparte, sé que en esta cabeza tuya siempre te creas historias exageradas.― dijo al darle un beso en la frente a su novia.― Pero nada salió muy bien, solo perdí el control y te lastimé.
―Confió en ti, es solo que... Si una vez te gustó puede gustarte de nuevo.― y si le agregaban que Kikyou aún guardaba fuertes sentimientos por Inuyasha que no ocultaba, no ayudaba a su autoestima.
―Creí que hace tiempo ya te había dejado muy en claro que eso no pasará.
Tenían poco de vivir juntos y Kagome al salir de la universidad, esperaba a Inuyasha en un parque cerca de la estación de tren que debían tomar para regresar a casa. La azabache hacía el resumen de un libro cuando una mujer alta, de hermoso cabello ébano lacio y mirada fuerte se paró frente a ella. De inmediato Kagome le reconoció, era la exnovia de su novio, Inuyasha le habló de ella un día que Miroku la mencionó y solo la había visto en fotos del anuario de preparatoria.
―Kagome ¿Verdad?― la nombrada solo asintió, estaba sorprendida de que ella le conociera.― Ya se lo dije a él pero no hace caso, espero tengas algo de sentido común y tú sí escuches.― en este punto Kagome ya estaba más que confundida, pero también celosa, Inuyasha jamás le dijo que seguía viendo a su ex.― Déjalo libre, vienes de una familia problemática, no le causes inconvenientes, tiene un largo camino muy prometedor y no merece que por alguien como tú, eche a perder su vida.
¿Cómo era que esa mujer sabía de su vida personal? ¿Cómo supo dónde encontrarla?
― ¿Disculpa?
―Quiero recuperar a Inuyasha y tú estorbas.― Kagome se quedó congelada por lo directa que era su rival.― Sé que Inuyasha puede llegar muy lejos, pero con una persona como tú a su lado, solo le darás mala fama, solo te ven como la pobre chica maltratada que él rescató por lastima y por el parecido que me tiene.
―No nos parecemos y yo no lo obligué a vivir juntos, ni a salir juntos.― dijo enojada, pero sin alzar la voz, no quería atraer espectadores.
―Yo no soy la que dice que te me pareces, lo dice la gente que trabaja con Inuyasha… Pero te fue muy fácil aceptar su propuesta ¿No? Claro que no lo dejarías escapar.
― ¿Y te crees mejor para él?
―Lo soy, mi familia tiene una buena reputación, he estudiado en el extranjero, habló tres idiomas y soy la supervisora en la compañía en que trabajo… Solo haznos un favor y hazte a un…
―Kikyou.― interrumpió un hombre.
Había salido temprano y esperaba sorprender a su novia, pero la sorpresa se la llevó él. No se esperó que Kikyou se atreviese a toparse con Kagome. Cuando hace dos semanas le fue a buscar para darse una segunda oportunidad y él la rechazó, jamás pensó que llegará a tales extremos.
―Deja de molestar.― demandó con voz firme.
―No me rendiré, un día todo irá mal y te darás cuenta que yo siempre he sido mejor para ti.― dijo firmemente antes de irse con la misma elegancia con la que había llegado.
―Ni lo pienses.― ordenó Inuyasha al rodear a su novia con un brazo por los hombros, por la cara de la azabache, debía estar pensando en las palabras de Kikyou.
―Tiene razón, ella es mejor para ti, es de una buena familia y...
―Me dejó para irse con el profesor de inglés.
―Pero no te engañó, te lo dijo antes de...
― ¿Por qué la defiendes?― preguntó al verla a los ojos, ¿Por qué su novia siempre se empeñaba en ver algo bueno en las personas?
―Dijo que dicen que nos parecemos.
―Son unos idiotas.― gruñó enojado.― Eso lo decido yo, y digo que son muy diferentes.
―Puede seguir gustándote en el fondo.
―Es imposible.
― ¡¿Qué pasa si un día deben convivir más tiempo y te das cuenta que la sigues queriendo?!― dijo con desesperación Kagome, era una posibilidad.
― ¿Te estas escuchando? Decidí que serías mi novia y viviéramos juntos porque no quiero pasar largo tiempo sin ti, quiero que lo último y primero que vea en mi día sea tu lindo rostro.― dijo completamente rojo y contagió a la chica.― Ahora vamos a casa y no salgamos en todo el fin de semana.
Tal vez ocultarle las cosas, le hacía parecer culpable y volvía los problemas más grandes de lo que en verdad eran.
―No volveré a ocultártelo, sí tengo que verla de nuevo o me la encuentro, te lo diré. Y para que te quede claro, mi única amante eres tú, siempre lo serás, solo te amo a ti y a Tadashi, pero tu entiendes en qué sentido te amo.― recibió una sonrisa de Kagome y la besó, ya moría por hacerlo.
―Ma, Pa.― interrumpió Tadashi quien ya comía con las manos la tarta que estaba en la mesa.
―Pequeño glotón.― dijo Inuyasha al levantarse y alejar a su hijo de la tarta, pero al ver a su novia acercarse con unas toallitas húmedas para limpiar a Tadashi, una perversa idea pasó por su mente.― Ataca a mamá.― pidió al dejar en brazos de Kagome al pequeño y que le ensuciarse.
― ¡No es justo! ¡Eres un inmaduro Inuyasha!
―Fue Tadashi, no me culpes.― decía en medio de risas mientras cortaba la tarta.
―Creo que papá quiere un abrazó.― dijo Kagome al abrazar junto a Tadashi a Inuyasha.
―Lo bueno es que yo soy el inmaduro.― se burló el ojimiel al caer al suelo y dejar sobre él a su dos personas amadas.― ¡Hey ven acá!― detuvo a su hijo antes de que cogiese otro trozo de tarta.
―Tata... Paaa Tata.― pedía al estirar sus brazos a la mesa.
―Ya te doy, pero no seas desesperado.― se incorporó y le tendió su plato a Tadashi.
―Tienes chantilly en la mejilla.― dijo Kagome al quitárselo con un dedo.
―Tú también.
― ¿Dónde?
―Aquí.― la atrajo y la besó, logrando que la chica rodease su cuello con los brazos.
―Debemos parar...― pidió en un jadeo Kagome.― O Tadashi se comerá todo y se empachará.
―Está bien, pero cuando se duerma tú y yo nos vamos a terminar de reconciliar y te juró que no vas a querer que terminemos de hacerlo.― sonrió al verla sonrojarse, había captado muy bien.
―Quisiera tener un collar que con solo una palabra te mandase al suelo cada que fueses un idiota.
―Es un poco extremo, pero de existir, yo mismo te lo conseguiría para verte feliz.
Esos cuatro últimos meses estaban siendo de completa felicidad, los problemas que tuvieron eran cosa del pasado, hasta parecía que jamás ocurrieron. Inuyasha seguía siendo un idiota, pero el idiota que ella conocía y del cual se enamoró, volvía a ser ese chico que con sus acciones le demostraba que amaba a su familia, todas las tardes sin importar lo cansado que estuviese, jugaba con Tadashi hasta dormirlo y luego, cenaba con ella.
Apagó el ordenador, se estiró para desentumir su espalda, agradecía enormemente que en su trabajo le permitieran laborar desde casa, así no desentendía a su hijo y cuando debía hacer acto de presencia en la oficina, lo dejaba con Kaede-sama, una amable señora que vivía en el primer piso y en su juventud fue educadora. Se escuchó la puerta de entrada abrirse y su bebé que practicaba sus pasos, miró atento al corredor.
― ¿Quién te persigue?― preguntó confundida Kagome al ver entrar corriendo a Inuyasha.
―Lo logré.― dijo jadeando, el elevador tardaba mucho y subió corriendo las escaleras.
― ¿Qué cosa?
―Llegar en mi límite.― dijo al desplomarse en el suelo y ser atacado por su hijo, quien se dejó caer sobre su estómago.
―Cuando dije que llegarás a casa temprano, me refería a que no llegases noche.― le recordó al hincarse junto a la cabeza de Inuyasha.
―Lo sé, pero quiero estar aquí lo antes posible, a las 6:30 pasa la caricatura que ve Tadashi y tú necesitas tiempo libre.
―No me molesta cuidarlo.
―Todas las mamás necesitan separarse un poco de su hijo, hacer sus cosas, pero si lo prefieres, quédate a ver la tele con nosotros, no nos vamos a quejar.
―Más bien quieres pasar tiempo padre e hijo.
― ¡Tadashi!― gritó al sentir que su pequeño se intentaba parar sobre su estómago.― No hagas eso, me sacas el aire.― le ayudó a ponerse de pie y le sostuvo del torso para que no le siguiera oprimiendo.
―Te extraña.
― ¿Y tú?
―Todo el tiempo.― se inclinó y besó a su novio quien hubiese querido profundizarlo más, pero al tener ambas manos ocupadas con su hijo le fue imposible.
Apenas entró a su casa cuando escuchó las risas de su hijo, el sonido de la televisión y la voz de Kagome quejándose. Dejó la bolsa de plástico que llevaba sobre la mesa del recibidor y fue a la sala ver que había pasado.
―Kagome, ¿Qué les paso?― preguntó al ver que los dos estaban cubiertos de sopa.
―Tadashi se emocionó con el comercial de la lechita.
Eso explicaba muchas cosas, en ese comercial aparecían unos niños jugando en un parque y lanzaban hojas secas al aire, cada vez que su hijo lo veía, tomaba lo que tuviese cerca e imitaba lo que veía. En esta ocasión debió tomar desprevenida a Kagome.
― ¿Hiciste de comer?
―No la he terminado, le daba de comer a Tadashi y...
―Traje de comer pasta y pizza, deje la bolsa en el recibidor.
―Izza, izza.― gritó emocionado el bebé.
― ¿Quieres pizza?― preguntó el padre del pequeño.
―Acabas de comer, no seas glotón.― regañó juguetonamente Kagome.
―Que coma solo media rebanada.
―Voy a limpiar, ve a cambiarte.
―Limpia a Tadashi y yo me encargó aquí.― sugirió Inuyasha.
―Debes estar agotado y con hambre, no me tard...
―Kagome, está bien, jamás debí decir que era tu responsabilidad mantener limpia la casa.― cada que recordaba las cosas feas que le había dicho, no se sentía digno de ella.― Tadashi y tú, necesitan limpiarse.
―Más te vale dejar todo bien limpio.― dijo juguetona al cargar a Tadashi.
―Podrás ver tu reflejo.
Llevaba una hora jugando con su hijo, miró al pasillo esperando ver a su novia, pero nada. Desde que ella los dejó en la sala no había vuelto. Tadashi bostezó y lo acomodó en su corral, aprovechando que su hijo dormitaba, fue en busca de su azabache. El sonido de la lavadora llamó su atención, fue al área de lavado y vio a Kagome sacando la ropa.
― ¿Qué haces?
―Lavando la ropa de Tadashi.― respondió sin voltear a verlo.― ¡Ah! No se le quita.― dijo con pesar al ver que a uno de los overoles de su bebé no se le quitó una mancha de comida.― Me gusta como se ve con el.
Inuyasha sonrió y se acercó hasta la chica, abrazándola por la cintura y apoyando su mentón en el hombro derecho de ella.
―Podemos ir de compras, tiene mucha ropa que ya no le queda.
―Crece tan rápido.
―Desde antes de nacer ha sido un niño grande y sano.― recordó con orgullo el padre.
― ¿Qué fue eso?― preguntó Kagome al escuchar que algo se había caído, ambos esperaron a escuchar otra cosa y nada.
―Tal vez fue del otro departamento o en el pasillo a alguien se...
Ahora se escuchó el sonido de algo romperse y el llanto de Tadashi no se hizo esperar. Los dos padres corrieron a la sala y vieron a su hijo llorando junto al librero, a sus pies estaba un libro y los restos de un jarrón.
―No te lastimaste, tranquilo.― consoló Kagome al tomarlo en brazos y abrazarlo.
―Se supone dormía en su corral ¿Cómo se salió?― se preguntó Inuyasha en voz alta.
―Tal vez ya puede treparlo ¿Tadashi, qué querías agarrar?― en el librero no había nada que le llamase la atención.
―Pequeño, todo está bien, no llores.― pidió Inuyasha al limpiarle las lágrimas.― Voy a recoger, vayan a la recámara.
Kagome asintió, dio una mirada al librero para intentar ver que era lo que hijo quería, cuando vio un papel amarillo, lo tomó y desdobló; tenía anotado un número, tal vez era el que buscaba Inuyasha hace tiempo.
―Debe ser el papel que buscabas.― dijo al ofrecérselo a Inuyasha, quien lo miró y efectivamente, era el que buscaba.
Ahora que recordaba mejor, lo había puesto debajo del jarrón para no perderlo y olvidarlo, ya que en dicho jarrón, ponía las llaves.
―Márcalo.― ofreció a Kagome.
―No, voy a llevar a Tadashi a ver tv.― por ahora no quería saber más del tema.
―Espera...― pidió él al marcar el número y poner el alta voz.
"Está llamando a Tierra de Princesas, por el momento no estamos disponibles, el horario de atención es de Lunes a Viernes de 9 de la mañana a 6 de la tarde, permanezca en la línea para dejar sus datos y nosotros le llamamos. Que tenga un buen día."
―Las gemelas quieren su fiesta allí y por medio de engaños, Miroku me mando diciendo que era para una ampliación, en un giro muy extraño Sesshoumaru se vio implicado y terminamos en un recorrido lleno de brillos, tiaras, maquillaje y vestidos esponjosos; no me enojé por el teléfono, ese lo encuentras en internet, me frustre porque tiene anotado el número de promoción que nos dio la dueña.- explicó al señalarlo en una esquina del papel.- Y todo porque le gustó Sesshoumaru, si supiera que ya tiene dueña.- dijo divertido.- El punto es que, Miroku debía llamar y darlo al confirmar la reservación, si no, teníamos que ir de nuevo a su recorrido, pero con Sesshoumaru y tú bien sabes que ese ser sin corazón no iría de nuevo ¡Yo no iría de nuevo!, pero gracias a Kami _.
―Perdona por pensar lo peor de ti.― pero eso no explicaba el labial en la camisa.
―Es normal, te hice llegar a esa conclusión. ¿Qué pasa?― preguntó al verla pensativa y con la mirada triste.
―Nada, no te cortes al limpiar.
―Kagome, dímelo.― imploró al tomarla de la mano.
―Una de tus camisas tenía labial.
―En la constructora le organizaron una despida de soltero a Bankotsu, yo no me quede, pero al llegar al estacionamiento me di cuenta que no llevaba mi laptop, al regresar, la bailarina que contrató Miroku me confundió con el festejado y...― dio en resoplido esperando que Kagome no se enfadara.― Se me colgó, ¡Yo la separe de inmediato, tienes que creerme! Miroku le explicó que yo no era el festejado y me vine a casa.
―Por eso Sango le amenazó con castrarlo si volvía a contratar a una nudista.― eso tenía sentido, además por el sonrojo de Inuyasha debía ser verdad.
―No era nudista, pero sí, fue por eso.
―Bueno, tranquilo, no estoy molesta, pero que sea la última vez que llevan nudistas.― dijo con una sonrisa amenazante.
―Ya te dije que yo no me quedé y no era nudis... Ya entendí.― ¡Kami! Esa mujer daba miedo cuando quería.
―Así me gusta.― le dio un beso en la mejilla a Inuyasha y le dejó limpiando.
Ya estaba toda empapada por el baño que le daba a su hijo, por más que lo quisiera evitar, siempre terminaba mojada a pesar de ponerlo en su tina y está, dentro de la tina más grande.
―Es hora de salir.― cargó con dificultad a Tadashi y lo envolvió en su bata de baño, entraban al dormitorio cuando el teléfono sonó.― Es papá.― dijo al ver el nombre en la pantalla.― Yasha ¿Ya meró llegas?
―Voy a llegar un poco tarde.
― ¿Todo bien?― preguntó preocupada, acababa de tener un déjàvu.
―Algo de último momento, nada grave.
―No tardes.― pidió con un hilo de voz, no quería pensar que las cosas empeorarían de nuevo.
―Voy a apurarme, ¿Kag? ¿Estás bien?― preguntó al escucharla rara, seguramente ya se imaginaba las peores cosas.
―Sí, no me hagas caso.
―Los amo, me voy a apurar todo lo que pueda.
―Solo llega con bien.― pidió esperando que sus miedos no se hicieran realidad.
Se estiró en su silla y se talló los ojos, tenía mucho sueño, sin olvidar el cansancio y dolor de espalda, pero todo fuera por una sorpresa que esperaba le gustará a su Kagome. Escuchó un fuerte trueno y su vista se enfocó en la foto que tenía en su escritorio, giró su silla y vio que a lo lejos en cielo estaba nublado, tomó su celular para marcar a Kagome, la chica le había dicho que saldría, esperaba estuviese ya en casa.
―Kagome ¿Dónde están?― preguntó ni bien la llamada fue contestada.
―Regresando de ver a Sango.
― ¿Llevas paraguas?
―Sí, voy por tu ropa de tintorería y...
―Ve directo a casa.― le interrumpió.― El cielo ya está negro.
―No me desviaré mucho.― si la memoria no le fallaba, Inuyasha solo tenía limpio el traje que llevaba.
―Regresen a casa.― no quería que quedaran varados por el mal tiempo.
―Pero…
―Ve a casa, ustedes son más importantes que mi ropa, por favor.― suplicó, a lo lejos se vio un rayo y su preocupación aumento.
―De acuerdo, ya subo al bus.― Inuyasha suspiró aliviado, una preocupación menos.― ¿Qué tal tu día?― preguntó Kagome al sentarse.
―Difícil, ni me lo recuerdes… Voy a llegar un poco tarde ¿Necesitas que pase por algo al regresar?
―No, ¿Ya comiste algo?― le preocupaba el que Inuyasha tuviese desde hace días ojeras y se viese agotado.
―Me encargué pollo, pero si me dejas en el horno algo extra, no me quejo.― dijo provocando una sonrisa en la azabache, bien sabía que ella se emocionaba que él comiese su comida.
―Cuídate y no llegues muy tarde.
―Llámame cuando estén en casa.
―Nos vemos más tarde.
La anterior noche Inuyasha había llegado a las tres de la mañana, apenas se duchó y cayó dormido en la cama, ni se molestó en destender su lado. Y a las siete de la mañana, ya estaba listo para irse al trabajo, solo le dio un beso en la frente a ella y Tadashi antes de irse.
La azabache dejó de revisar las paletas de colores y muestras de telas de su nuevo proyecto cuando el teléfono sonó, era el asistente de Inuyasha, le pareció extraño que ese joven llamase.
―Kagome, hola, buenas noches.
―Hola Shippou ¿Y ese milagro que llames a aquí?
―EL jefe no contesta su celular ¿Estará en casa?
―No ha llegado, llama a la oficina debe estar allí, dijo que saldría tarde.― explicó al recordar la llamada que recibió unas horas atrás.
― ¿Eso dijo?― preguntó extrañado, e inmediatamente sintió su vida correr peligro, Kagome era muy lista, seguro lo notó.
―Shippou ¿Qué pasa?― de pronto, ese mal presentimiento la invadió.
―Nada, solo dile que ya le mandé a su correo lo que me pidió.
― ¡Shippou! No me cuelgues.― advirtió.― ¿A qué hora salió Inuyasha?
―No me quiero meter, debe tener sus razones.
―Contéstame.― exigió con voz dura.
―A las cuatro de la tarde.― contestó resignado.
― ¿A qué hora a salido en las últimas dos semanas?
―A las cuatro, Kagome estoy seguro que ha tenido sus...
―Gracias, yo le doy tu recado, linda noche.― dijo al colgar, ahora sí que su novio estaba en grandes problemas.
...
Cuando llegó a casa antes de la media noche, encontró a Kagome ya dormida y él debió dormir en el sofá porque su novia e hijo, ocupaban toda la cama. No había sido una linda noche, pero le sirvió para madrugar y preparar el desayuno, esperaba haber mejorado su sazón.
―Buenos días.― saludó a Kagome al verla entrar a la cocina.― Espero no me quedase duro el arroz.― agregó mientras terminaba de servir el desayuno.
―Shippou llamó, dijo que ya te mandó lo que le pediste.
―Ya lo vi, gracias… ¿Qué pasa?― no era normal que Kagome fuese tan cortante, ni los buenos días le dio.
― ¿A dónde has estado yendo?― preguntó sin titubeos, no pensaba postergarlo más, la noche anterior se durmió con Tadashi para no dejarle espacio en la cama a Inuyasha, no tenía ganas de tenerlo cerca.
― ¿De qué hablas?
―No has trabajado hasta tarde.
―Sí lo he hecho.― dijo sudando frío, técnicamente si lo había hecho, no en la oficina pero sí que había estado trabajando.
―No en la oficina.― Inuyasha no sabía dónde meterse, lo había pillado ¡Seguramente por el maldito Shippou y su gran bocota!
―Kagome, no es nada malo, créeme, pronto te lo diré.
― ¡Ya basta! ¡No mientas!― gritó furiosa, ya no le seguiría viendo la cara de tonta.
―Estaba ocupado.
― ¿Con quién?
―Con nadie, estaba trabajando en algo.― intentaba mantener la calma, si los dos se exaltaban, no saldría nada bueno.
― ¡Ya me harte! ¡Solo dilo!
― ¿Decir qué?
―No eres feliz con nosotros o mejor dicho conmigo, solo dilo yo lo entenderé.― dijo al intentar no llorar.
―Que tonterías dices.
― ¡No lo hago!
― ¡Sí lo haces!
―Te libero, puedes irte con ella, puedes ver a Tadashi cuando quieras.― dijo girándose sobre sus talones y regresar a la recámara.
― ¿Qué estás intentando decir? ¡Kagome!― corrió tras ella y al verla sacando una maleta del clóset, la sujetó por la cintura y la cargó.
― ¡Suéltame!
―Hoy vienen conmigo.― si ella quería explicaciones, se las daría, pero lo mejor era que ella lo viese.
― ¿Qué? ¡No!― se movió con más fuerza para liberarse de su prisión, pero con ello, solo logró que Inuyasha la cargara cual vil costal sobre su hombro.― ¡Bájame!
―Hoy van a pasar todo el día conmigo, no voy a dejar que te imagines cosas que no son, te voy a mostrar todo.
― ¡Déjame! ¡Idiota ya despertaste a Tadashi!― le reclamó al ver que el niño los miraba desde su cuna muy atento.
―Yo no soy el que está gritando.
― ¿A dónde me llevas?― preguntó al ver que la sacaba de la recámara.
―Te encerraré en el coche, regreso por Tadashi y nos vamos.
―Tengo pijama, no voy a salir así.― todo mundo vería que usaba pijama de huellas de perrito.
―Si prometes cambiarte y venir conmigo te bajo.― esa era su oportunidad de chantajearla.
― ¡No voy a ir!
―Tú lo quisiste.― abrió la puerta principal y Kagome pataleó.
―Está bien, lo prometo.
17/08/2016
Varias personas me han escrito preguntando porque no actualizó como antes venía haciendo. Les he contestado superficialmente, pero creo que muchos más se preguntan lo mismo, y sin querer parecer una "drama queen" les dejo las razones:
Esté no ha sido mi año, al inicio esperé que lo fuese, tenía muchas expectativas, pero no ha sido bueno.
Hice varios exámenes a las universidades estatales para cursar una segunda carrera porque la que terminé hace cuatro años, no ha dado frutos. Y por más que estudié no me quede en ninguna. Una de mis primas hizo examen para una de las universidades conmigo, tuvo menos aciertos y se quedó. Es deprimente, no entiendo entonces cuáles son sus criterios de selección.
Soy la única en mi casa que ya terminó la carrera y no tiene trabajo. Lo que ocasiona pleitos en mi casa, porque solo mi padre y hermano mayor "me entienden", para los otros, soy una mantenida.
He intentado conseguir empleo de obrera, mucama, lava loza, vendedora, recepcionista, callcenter, intendencia ―empleos en los que no es necesaria una carrera universitaria― pero, no tengo experiencia, no les gusta mi voz, mi físico no es el adecuado o simplemente son empleos para gente con menos estudios.
Hace unas semanas me dieron la oportunidad de trabajar en un hotel, haciendo servicio al cuarto, pero los otros empleados se enojaron porque le quito la oportunidad a alguien menos preparado. A la semana me dieron las gracias.
Y, he llegado a un punto de mi vida que no sé qué hacer. A veces solo me acuesto y miró a la nada. Siento que mi tiempo ya pasó. Me pongo a pensar qué será de mí en el futuro, qué haré cuando me falte mi padre.
Todo esto afecta mis ganas de escribir, hace que postergue mucho las cosas, no escribo para no modificar la trama original o escribo otras historias.
En verdad que deseo volver a escribir como antes, poder sentarme frente al ordenador y dejar que las palabras fluyan, pero me es difícil.
Bueno, eso sería todo. Espero que nos leamos pronto y puede que vaya lento, pero prometo que terminaré las historias.
Se cuidan.
