POV Alycia

Alycia estaba enfadada. Mucho. Más de lo que había estado jamás.

Habían pasado tres meses desde el ingreso de Eliza en prisión, y además de sólo haberla visto cinco veces, en todas las separaba el jodido cristal. Estaba harta de no poder escuchar su voz sin tener que coger aquel teléfono, o no poder darle un simple abrazo. No estaba segura de cuál de las dos parecía necesitar más ese abrazo. Eliza estaba cada semana peor; más delgada y con ojeras, y su piel pálida rozaba lo enfermizo. La rubia le aseguraba que estaba bien, comía y dormía todo lo que podían.

Pero ambas sabían que no era así.

Alycia tenía miedo de que Eliza se estuviera volviendo loca o quedase traumatizada. La veía cada vez más triste y reservada, ya ni siquiera bromeaba ni cuando la morena la incitaba. Lindsey y Alex le dijeron que con ellos pasaba lo mismo. Es por eso que Alycia sabía que lo que Eliza necesitaba era tener contacto real con sus amigos, no sentirse aislada y poder tener un momento con ellos como tenían cuando era libre.

Así que Alycia, con la ayuda de Matt, había conseguido que Titus hablase con sus contactos y moviera los suficientes hilos como para lograr que Alycia tuviera una visita normal con Eliza. El hecho de que no fueran familia y la relación que Alycia y su novio tenían con el caso habían complicado las cosas, pero ni Tutis ni el juez querían que la chica enfermase a la espera del juicio, así que lo habían logrado.

Y allí estaba ella, esperando en la sala de visitas. Ni siquiera era capaz de sentarse por los nervios. Sus manos sudaban y su pie izquierdo golpeaba cansinamente el suelo. Era consciente de las cámaras que había en cada esquina y de los dos guardias que podía ver a través del cristal de la puerta, pero no le importaba. Retorcía nerviosa sus dedos y su camiseta blanca mientras caminaba en círculos. Le habían dicho que traerían a la chica enseguida, pero ya habían pasado diez minutos y seguía esperando allí sola.

Se preguntó si le habrían informado a Eliza del tipo de visita que sería, y si ésta se había negado y por eso no venía. Pero no tenía sentido. Alycia confiaba en que Eliza no se hubiera vuelto tan fría y cerrada que no quisiera ver a nadie. Que no quisiera verla a ella. Lo cierto es que Alycia se moría por esa visita, como si las demás no hubieran contado.

Incluso Matt notó sus nervios esa mañana.

Él estaba preocupado por ella, incluso por Eliza, algo que la morena agradecía, pero seguía sintiéndose incómoda con que él llevara el caso. La informaba de las novedades que iba habiendo, incluso con la colaboración de Alex. Ella y el chico habían acordado no contar nada, como Eliza quería, pero a la morena se le estaba haciendo cada vez más difícil cumplir su promesa.

Había hecho aquella promesa con la cabeza, no con el corazón. Ahora, su corazón le gritaba que dejara de ignorarlo de una santa vez.

En cuanto a su relación, era más de compañeros de piso. Matt estaba instalado en su casa, pero casi no se veían y la tensión era evidente. Él estaba más centrado en el trabajo y ella demasiado preocupada por Eliza.

Alycia se sorprendía a menudo yendo a cenar al Burger o al chino con Alex o Lindsey antes que quedarse en casa con Matt, quien, de nuevo, no le diría del caso lo que quería saber. Sabía que no le hacía gracia que pasara tanto tiempo con el hermano pequeño de su amiga teniendo en cuenta quién era, pero no le importaba.

Si no podía ayudar a Eliza, ayudaría a su hermano.

Éste era sorprendentemente obediente con ella. La llamaba incluso de madrugada si se sentía mal, algo que Alycia le había hecho prometer, presionándolo al recordarle dónde y por culpa de quién estaba su hermana en la cárcel. Al principio le resultaba incómodo ir a buscarlo a su casa y encontrarlo con el mono mientras discutía con su madre, pero Lindsey llegaba para encargarse de ella mientras Alycia llevaba al muchacho al hospital.

Tenían confianza y Alex solía contarle algunas anécdotas de él y Eliza de pequeños en los que formaban una pequeña alianza para sobrevivir a su madre o hacer alguna travesura. Alycia procuraba no pensar que Eliza nunca le contaba los buenos momentos con su familia, y se preguntó si los había olvidado realmente o sólo quería olvidarlos.

- Prisionera 319, adelante - escuchó decir tras la puerta, antes de que un guardia la abriese y Eliza, o lo que más bien quedaba de ella, entrase.

Alycia se quedó petrificada. Ni siquiera se dio cuenta de que el guardia había salido y cerrado con llave. Estaba pasmada mirando a Eliza, quien parecía un fantasma.

Los ojos se le humedecieron en cuanto la rubia levantó la cabeza para mirarla. Se sorprendió, y la morena supo que, probablemente, no le habrían informado de quién era la visita. Llevaba semanas sin verla.

- Alycia... - murmuró, pero no pudo decir nada más porque la chica dio un paso lo suficiente grande como para llegar a ella y abrazarla.

Al principio estaba demasiado sorprendida como para reaccionar, pero pronto las manos de Eliza volaron hasta su espalda, clavándose en ella para acercarla más, suspirando profundamente, casi como si llevara semanas sin poder respirar bien y esa fuera la primera vez. Se aferraba a Alycia como si fuera un salvavidas y ella estuviera perdida en el océano rodeada de tiburones.

- Lo siento - balbuceó Alycia al separarse y ver la camiseta de Eliza mojada por sus lágrimas.

- No importa - la rubia la abrazó de nuevo. Parecía que no tenía pensado soltarla por el resto de su vida, y en ese momento la morena comprendió que, como ya sabía, Eliza mentía cuando decía que estaba bien y que la cárcel no era tan mala como pensaban. Ella realmente necesitaba volver a sentirse libre, incluso para sólo poder dar un abrazo. Necesitaba volver a sentir una conexión con su vida anterior.

Alycia era esa conexión, así que le permitió abrazarla cinco minutos más y esconder su rostro en el hueco del cuello.

Quiso ignorar cómo se erizó su piel con el cálido y húmedo aliente de Eliza, y cómo de bien encajaba con ella, pero era difícil, sobretodo con su corazón tan acelerado.

Llevaba tanto tiempo imaginando ese momento que le costó aceptar cuándo había acabado, una vez Eliza se separó de nuevo pero sin soltar sus manos. Necesitaba tocarla ahora que podía.

- Iba a preguntar cómo estás, pero sería más apropiado preguntar cómo sigues viva - Alycia intentó bromear para ocultar su enfado por el insalubre aspecto de la rubia cuando se sentaron, pero su voz sonaba quebrada por el llanto. Enseguida desistió del absurdo intento, sin poder ocultar su preocupación -. Eliza, tienes muy mala cara. ¿Has ido a la enfermería?

- No te preocupes - la rubia sonrió a medias -, estoy bien.

Mantenía la cabeza baja, y con la emoción del momento y la mala iluminación, Alycia tardó en ver el cardenal de su ojo derecho y la pequeña herida casi cerrada de su labio.

- Oh, dios - se llevó una mano a la boca para ocultar su espanto. Le costaba respirar. Cogió el rostro de Eliza entre sus manos cuando ella quiso evitar que viera sus heridas, y la obligó a mirarla a los ojos. Sólo entonces Eliza pareció frágil, como si Alycia le diera miedo y pudiera echarse a llorar de nuevo en cualquier momento -. ¿Qué te ha pasado? ¿quién te ha hecho eso?

El labio inferior de Eliza tembló y el pulgar de Alycia acarició suavemente su herida.

- No ha sido nada.

- No me mientas - se exasperó la morena, porque lo último que necesitaba era que Eliza continuara intentando mentir.

- No te preocupes - insistió la rubia. Su voz sonaba más cálida de lo que era en un principio; parecía intentar acostumbrarse a tener de nuevo contacto con alguien de confianza. Ahora le costaba más abrirse, y Alycia odiaba eso.

- Ya estoy preocupada - replicó enfadada -. Si quieres que no me preocupe mucho más, cuéntame qué ha ocurrido.

Eliza cedió porque conocía a Alycia. Era de esas personas que, incluso si sufren, necesitan tener todos y cada uno de los detalles para evitar que su mente vuele libre imaginando todo tipo de posibilidades.

- Estábamos en el patio. Hubo una pelea por un partido de fútbol - se encogió de hombros -. Soy un poco demasiado competitiva. Los otros también. No les gustó perder. Nia y Wells me sacaron de allí a tiempo.

- ¿Qué? ¿Wells - frunció el ceño.

No se sorprendió de que Nia protegiera a Eliza. Todos conocían a esa mujer y la respetaban. Titus había logrado contactar con ella para tener un locutorio a petición de Alycia y Matt. Ambos sabían que Eliza estaba en la misma prisión que Wells y Monty pero en edificios diferentes. Coincidían en el patio y comedor. El último la había amenazado semanas atrás a petición de Jasper para que guardase silencio sobre lo que realmente ocurrió aquella noche con ella y Alex. Alycia odió enterarse de puro milagro, tras sobornar a Lindsey con cinco pizzas para que le contase cómo estaba Eliza esa semana. Cuando se enteró se lo contó a Matt, y ambos decidieron ir a visitar a esa mujer, ofreciéndole dinero y una revisión de su expediente a cambio de protección a Eliza. Así que nadie procuraba acercarse a ninguna de ellas.

Sin embargo, le sorprendió que Wells protegiera a Eliza mientras Monty, su amigo, iba a por ella.

- Me encontré con Wells y Monty en el patio - explicó. Alycia asintió expectante -. Monty estaba lejos de él, pero cuando la pelea comenzó vino a por mí. Wells y Nia me sacaron y me llevaron a la enfermería. Allí hablé con Wells. Tuvieron problemas por encubrir a Jasper. Monty quería, él no. Me dijo que era injusto que ambos cumpliéramos con las condenas de otros, y que si hablaba contigo y tú con Matt y le ofrecíais protección, me contaría todo lo que sabe de los tratos de Jasper.

Una chispa se encendió en el interior de Alycia.

Se inclinó para hablar más bajo y evitar que las cámaras las grabaran diciendo aquello. Procuró mover los labios lo menos posible.

- ¿Qué te contó? - inquirió.

- Nada - Eliza resopló -. Primero quiere hablar con Matt.

Alycia asintió. Se encargaría ella misma de llevar a Matt a ver a Wells si hacía falta. Cualquier cosa con tal de conseguir información que ayudase a Eliza.

Tuvo que hacer un esfuerzo enorme por no abrazarla de nuevo. Se limitó a apretar sus manos y mirarla a los ojos. Suspiró. Echaba de menos a la Eliza de siempre.

- Te sacaré de aquí - prometió Alycia. Eliza le dio una sonrisa triste, y la morena no quiso pensar que durante tres meses llevaba diciéndole lo mismo, y allí seguía. Aun así, hacía todo lo posible.

- Lo sé - asintió la mayor, y su mirada estaba todo lo convencida que no sonaba su voz.

Estaba tan débil. La angustia se instaló de nuevo en el pecho de Alycia, que entrelazó los dedos de sus manos con los de Eliza. Estuvieron mirándose a los ojos durante bastante rato. Al principio eso incomodaba a Alycia, la hacía sonrojarse y terminaba por apartar la mirada. Ahora le gustaba, quizás demasiado. Pero era fascinante cómo aun viéndose triste y apagada, la mirada de Eliza conseguía atraparla durante horas.

Estuvieron hablando sobre cómo le iba a Alex con su desintoxicación. Alycia le contó que Ontari prometió guardar su puesto de trabajo hasta que saliera y cumplía su palabra. También le dijo que Lindsey había encontrado un piso cerca de donde ambas vivían, pero que no lo iría a ver sin la rubia. Amenazó al dueño para que no lo vendiese.

Diez minutos después vino el guardia para llevarse a Eliza. Le costó, y tuvo que esperar a que Alycia soltara a la rubia de otro abrazo.

- Cúidate, por favor - suplicó la morena en su oído.

Eliza besó su hombro como respuesta, y luego su mejilla al separarse. Alycia la miró un momento, preguntándose si debería besarla. Quería hacerlo, y más viéndola tan débil, pero no quería que Eliza pensara que lo hacía por pena o que se estaba aprovechando, así que le sonrió tanto como pudo y besó su frente.

Verla salir de la sala hacia su celda fue tan difícil como en cada visita. El calor de su cuerpo tras el abrazo de Eliza parecía haberse marchado con ella.

Todavía continuaba dentro de la sala cuando un guardia con media melena, ojos claros y sonrisa petulante se acercó a ella.

- Tenemos que hablar - fue lo único que dijo.

Y lo hicieron nada más salir de la zona con cámaras. Roan le contó cada detalle de lo que veía que hablaban o hacían Wells y Monty. En cada hora del patio, en el comedor y en las visitas.

Alycia miró a Roan, dudosa.

- ¿Estás seguro?

- ¿Crees que me jugaría el puesto para mentirte? - pareció burlarse -. Esa cría es inocente. Se está volviendo loca aquí y hacer amigos no es su fuerte. Sácala antes de que la saquen ellos.

Alycia tardó un segundo en comprender a qué se refería con eso, y prefirió no hacerlo, al menos no mientras tuviera que conducir. Sus manos temblaban ahora más que antes de ver a Eliza. Su respiración se atascó en la garganta, casi ahogándola. Debía sacar a Eliza de la cárcel.

El corazón de la chica iba a mil por hora cuando Roan se alejó. Le acababa de dar una información muy útil que, aun con el precio que iba a conllevar, era la única manera de sacar a su amiga de allí. Podía ayudarla, ahora sí.

Supo lo que tenía que hacer en cuanto salió de allí. Y nada más llegar a casa lo hizo.

- Matt, tenemos que hablar - anunció seria, tanto que el chico dejó la comida de lado y la miró preocupado -. Hay algo que no te he contado.

- ¿Qué ocurre?

- Es sobre el caso de Eliza - a pesar de su seguridad, las palabras se agolpaban en su boca, sonando casi incomprensibles -. Es importante.

Matt se puso todavía más serio, con un deje receloso en su mirada, casi como si intuyera lo que estaba a punto de decir.

- Soy todo oídos.

Alycia cogió aire, preparándose para poder contar todo. Procuró aislar el sentimiento de culpa y traición hacia su amiga hasta que hubiera dicho todo lo que tenía que decir, todo lo que debió decir hace tiempo.

"Lo siento, Eliza".

- Eliza es inocente.