Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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Un Final Feliz.

Cuarta Parte.

Kagome estaba aburrida y molesta, ya habían pasado cuatro horas desde que llegaron a la constructora y estaban en la oficina de Inuyasha. Pero él no decía la razón de haberlos llevado consigo, solo trabajaba frente al ordenador y ella esperaba sentada en una silla frente al escritorio, observó a su hijo que jugaba en el suelo sobre un tapete con su elefante sacaba pelotas; al parecer no estaba aburrido, después de todo, Inuyasha le había llevado varios de sus juguetes.

―No entiendo ¿Por qué nos has traído?

―Ya lo verás.― contestó sin despegar su vista de la pantalla.

―Ya pasaron 4 horas, es justo que digas algo.

―Te prometo que la esperaba vale la pena.

―Tadashi, no jales eso.― pidió Kagome al hacer que su hijo soltase el cable que conectaba la pantalla de la pc a la electricidad, no se había percatado que el muy travieso había dejado de jugar con su elefante.

El niño rio y gateando, se escabullo bajo el escritorio para meterse entre los pies de su papá.

―Deja trabajar a tu papá.― la chica se arrodilló e intentó coger al pequeño por debajo del escritorio, pero esté la esquivó con facilidad gracias a su tamaño.

―¿Quieres ayudarme?― preguntó Inuyasha al echar atrás la silla y cargar a su bebé, ni bien Tadashi tuvo a su alcance el teclado, lo golpeó para imitar lo que su padre hacía.

―¡No Tadashi!― dijo asustada Kagome.

―Lo desactivé, tranquila.― ya suponía que el inquieto de su hijo haría una cosas así.

―Yo lo cuido, sigue con lo tuyo.― Kagome hizo el intento por tomar en brazos al infante, pero Inuyasha no lo soltó.

―Ya casi es hora de comer, le voy a dejar hasta allí.― eran las dos de la tarde y la comida no debía tardar en llegar.

―Señor, su comida.― interrumpió el joven ayudante de Inuyasha.

―Justo a tiempo, déjala sobre aquella cajonera, y Shippou, ya puedes ir a comer, gracias.― el joven asintió para después retirarse.

Después de que su jefe llegase con su familia y los dejase dentro dela oficina, salió a buscarlo, lo primero que pensó fue que le reclamaría por delatarlo, pero no, le dio las llaves de su coche y pidió que para la hora de la comida, fuese por la comida que guardó en la cajuela, la calentara y se las llevase.

―Ya muero de hambre, Kagome acerca tu silla y tú pequeño, no te bajes.― advirtió a su hijo al dejarlo sentado en la silla e ir por los refractarios.

―¿Y esto?― preguntó Kagome al ver la comida, sabía que eran fideos, pero se veían extraños con esa salsa negra.

―Yo lo hice en la mañana.― comenzó a explicar al tomar asiento y sentar a su hijo en su regazo.― Mientras te cambiabas lo guardé en el coche y cuando llegamos le pedí a Shippou que para la hora de la comida lo fuese a calentar y... ¿Tan mal se ve? Te aseguro que sabe bien.― dijo al notar que la chica solo miraba la comida.

―No es por eso, es que... ¿Esta era tu sorpresa?― decidió preguntar para no hacer sentir mal a su novio.

Inuyasha que en ese momento le servía a su hijo fideos, no comprendió del todo la pregunta.

―Has estado tomando clases de cocina en la escuela nocturna, por eso preparaste hoy el desayuno y ahora mandaste por esto que tu mismo preparaste.

―La verdad es que he estado viendo tutoriales en cookingtube.― confesó.― Pruébalo, si no te gusta mando pedir algo más, tal vez... Come primero esto.― pidió al pasarle una bola de arroz.

―La apariencia no es muy buena pero... ¡Kami Inuyasha! ¡Sabe muy bien!― estaba en verdad sorprendida, debía admitir que eran mejo que las suyas.

―¡Paaaá! Oto.― pidió Tadashi al acabarse sus fideos.

―¿En verdad les gustó?― siendo sincero, no creyó que fuese de su agradado, ya estaba listo para pedir algo a la cafetería.

―¡Am, am, am!― pedía con gritos el niño al querer alcanzar la comida.

―Ten más.― Inuyasha le sirvió más a Tadashi y sonrío al ver que Kagome también pedía fideos.

...

Veía con diversión a Kagome que quería impedir que Tadashi jugase con la maqueta que había oficina, su hijo pensaría que era como la de Lego que tenía en casa.

―Kag, los edificios son sólidos, puede tomarlos y no se romperán.― tomó uno y lo golpeó en la mesa.

―Pero no es un juguete, por eso le trajiste todos esos.― dijo al señalarlos, por ahora estaban regados por toda la oficina.

―De haber sabido que le gustaría más esa maqueta, no traigo nada.― aquello le recordaba a un comercial de una tarjeta de crédito.

―Te costó mucho hacerla, debe aprender que…

Dashizilla destruye la ciudad.― dijo Inuyasha al tomar a su pequeño y ponerlo de pie en medio de la maqueta.4

―Eres peor que un niño.― regañó Kagome, pero su enojo no duró mucho, las risas de su hijo, disiparon su enfado.

―Señor, necesitan su presencia en la junta.― informó Shippou interrumpiendo la escena.

―Creí que tenían todo resuelto.

―El señor Miroku es quien le solicita.

―¿Ahora en qué lio se metió? Dile que ya voy, ustedes espérenme aquí, ya vuelvo.― puso a su hijo en el suelo y salió esperando no fuese nada grave que le tomase demasiado tiempo.

Kagome vio bostezar a Tadashi y lo cargó, la hora de su siesta ya se había pasado.

―¿Tienes sueño? Ven a dormir.― sintió como su bebé se acomodaba en su hombro y comenzó a mecerlo.― ¿Crees que papá se enoje si nos sentamos un rato aquí?― preguntó al sentarse en la silla de Inuyasha.― Es tan cómoda y suave, no sé cómo no se queda dormido.― giró la silla para poder la lluvia y comenzó a tararear una canción.

El asunto con Miroku no le tomó mucho tiempo, el muy metiche solo quería saber la razón por la que Kagome y Tadashi estaban allí. Al volver se encontró con Kagome sentada en su silla con Tadashi dormido sobre su pecho, amaba verlos en esa posición, y más porque su hijo siempre que se dormía se aferraba a la ropa de su madre.

―¿Están cómodos?― preguntó para comprobar si estaba dormida.

―No te escuche volver, me senté aquí para dormirlo, ya nos quitamos.― intentó levantarse pero Inuyasha no la dejo.

―No les estoy corriendo, me hubieras dicho que la otra silla es incomoda y te la cambiaba.

―Es tan suave.

―Cúbranse con esto.― les pasó su gabardina y se aseguró de cubrirlos bien.― La calefacción no sirve y cuando llueve hace frío.

―Gracias ¿Tú qué harás?

―Verlos dormir, duerme un rato, te ves cansada.― por andar imaginándose cosas no debió dormir muy bien.

―Tal vez... Solo duerma un rato... – dijo al cerrar sus ojos.

―Voy a inclinar el respaldo, no te espantes.

―Esta mucho mejor... Buenas noches.― dijo en broma al cerrar sus ojos dispuesta a dormirse, sintió los labios de su novio sobre su frente y sonrió, ese momento hubiese sido perfecto a no ser por una interrupción.

―Inuyasha, sé que no me quieres aquí, pero tenemos que hablar.

¡Debía ser una broma! ¡Todo iba tan bien! Y él que pensó que volverían a casa, la pasarían bien, Kagome le mostraría de nuevo su sonrisa y no volvería a sugerir irse.

―¿Me estás escuchando?― preguntó la mujer.

―Te estoy escuchando, sí ya sabes que no eres bienvenida vete.― dijo al enderezarse y dejarse ver, hasta ahora, su silla le ocultaba.

―Tenemos una charla pendiente, no puedes simplemente rechazarme por teléfono sin dar la cara.

―Entonces lo hago ahora.

―¡¿Cómo puedes ser tan…?!

―Baja la voz.― le cortó, Tadashi ya se había agitado.― Sí despiertas a mi hijo lo lamentarás.― dijo al girar un poco la silla y dejar ver a su familia.

―Señor ya vol...― ahora si su jefe le mataba, se quedó en la junta para aprender más sobre la constructora y al volver se topa con que Kikyou se coló a la oficina.

―Shippou, acompaña a Kikyou a la salida.

―Señorita por favor…― decía con nerviosismo.

―Tal vez otro día que no tengas visitas.― con la mirada en alto abandonó el lugar, no le iba a dar el gusto de humillarla.

Después de eso, ni Kagome e Inuyasha dijeron algo. El chico se puso a revisar unos documentos y Kagome se ocupó de descansar un rato, pero no se durmió, no podía dejar de pensar en la visita que habían tenido. No estaba segura de creerle, bien todo pudo ser una farsa, era mucha coincidencia que después de salir por algunos minutos, llegase Kikyou y dijese aquello.

―Terminé, hora de irnos.― dijo al apagar el ordenador.

―¿Sostienes a Tadashi en lo que voy al baño?― prefería no separarse de su bebé, pero dada la urgencia, debía dejarlo con Inuyasha.

―Claro que sí.

De nuevo esa mirada de desconfianza en Kagome, no le gustaba que le mirase de esa manera. ¡Jamás la había engañado!

...

Para empeorar su tarde, quedaron en medio del tráfico y con lluvia. Kagome no le miraba, solo veía las gotas en los vidrios y de vez en cuando, volteaba a ver a su hijo.

―Sigues con sueño, debiste dormir.― dijo al verla bostezar.

―Estoy bien.

―Parece que pasó algo adelante, puede que tardemos en llegar.

―Espero Tadashi no se desespere.― dijo al ver por el espejo retrovisor que su niño agitaba uno de sus peluches que tenía varías texturas.

―Él está bien, tú deberías descansar.

Inuyasha sonrió cuando finalmente Kagome quedó dormida, aprovechando que seguían a vuelta de rueda, se puso a pensar en la mejor opción para arreglar definitivamente las cosas con su novia, y de todas las opciones solo quedaba una. Suspiró aliviado cuando logró salir a una calle más fluida, en menos de quince minutos llegaron a su destino, ya no había vuelta atrás, solo quería que Kagome comprendiera lo importante que era ella y Tadashi para él.

―Kag, despierta... Llegamos.

―¿Dónde estamos?― preguntó con pereza y no reconocer el lugar.

―Baja, yo me encargo de Tadashi.― dijo al salir del coche y sacar a su hijo de la silla para bebé.

Al bajar del coche, Kagome se percató que estaban sobre una calle muy tranquilla, en todos los terrenos tenían árboles y todas las casas compartían una característica, no eran modernas, conservaban sus techos a dos aguas con tejas o palma. Pero la que más le llamó la atención fue la casa que tenía enfrente, no solo por su hermoso jardín con fuente a la entrada, le encantó porque era como la de sus sueños, muchas ventanas, blanca y corredores que la rodeaban.

―Sígueme.― animó Inuyasha al caminar a la entrada.

―¿Quién vive aquí?― preguntó al ver que la luz de adentro estaba prendida.― ¿Por qué tienes las llaves?― eso si era extraño ¿Quién le daría a Inuyasha las llaves de su casa?

―Solo entra.― la tomó de la mano y la hizo entrar

Kagome quedó embobada, por dentro la casa tenía tatami, las puertas eran corredizas y a pesar de que el papel estaba algo viejo no le importó, en las paredes se notaba que le habían estado quitando la pintura y los pocos muebles antiguos ¡Eran increíbles!

―¿Te gusta?

Una pregunta tonta ¡Le encantaba!

―Sé que aún le falta pintura, resanar algunos lugares, poner más muebles y arreglar las puertas, pero no me ha dado tiempo.

¿Qué no le había dado tiempo? ¿Acaso Inuyasha… él…?

―Subamos.― ánimo al ir al segundo piso y entrar a una de las habitaciones.― Espero está parte te guste.

―Inuyasha…

Kagome sintió ganas de llorar, era el cuarto para un niño, en una de las paredes estaba en nombre de Tadashi.

―La compre hace poco, cuando Miroku me trajo a verla para una restauración, no dudé en comprarla, es como donde siempre has querido vivir.

¡Él lo recordaba! Solo le había mostrado la foto hace mucho tiempo, cuando se hicieron amigos.

―En la mañana mi intención era traerte aquí, pero cuando pensaste que la razón de mis retardos era por "las clases de comida", volví a mi plan inicial, pero llegó Kikyou y decidí traerte... Yo quería hacer tu cumpleaños aquí, decirte que la renté para tu fiesta y al final confesarte que es nuestra… Planeé toda la restauración, pero se presentaron cosas en la constructora y no pude venir, cuando quede libre me di cuenta que llevaba dos semanas de atraso y me estuve quedando hasta tarde, el día que llegué en la madrugada fue porque se me fue el tiempo, estaba tan emocionado, ya terminaba el cuarto de Tadashi y… ¿Kagome?

―¡Perdóname!― gritó al abrazarlo.― Sentí tanto miedo, yo te amo tanto que…― faltaban tres semanas para su cumpleaños y ella había orillado a Inuyasha a adelantar su sorpresa.

―Yo también te amo.― le correspondió el abrazo como pudo por tener a su hijo en brazos.― ¿Entonces te gusta?

―Me encanta.

―Creo que hoy nos quedaremos aquí.― dijo al escuchar un fuerte trueno.― Ya tengo aquí unos fotones y mantas, pero lo mejor será que vaya al auto por las cosas de Tadashi. Sí tienen hambre, la estufa sirve y en las gavetas hay panes, sopas y jugos.

―Ve por las cosas, nosotros vamos a conocer la casa.― dijo al ver que su hijo quería bajarse al piso y explorar ese nuevo entorno.

...

El primer día que dormía en su nueva casa, sentía a su izquierda la calidez de su bebé que seguía durmiendo y a la izquierda, la de su novio. Sintió que algo era deslizado por su cuello y se llevó una de sus manos allí, era un collar, Inuyasha se lo acaba de poner. Lo estiró para verlo, el dije era de oro blanco, en forma de luna llena que a la vez era un menguante y en medio, colgaba una estrella dorada.

―Inuyasha…― habló al querer saber la razón de aquel obsequió.

―Se mi esposa.― dijo sin ningún titubeo al verla a los ojos.

―Primero se pregunta y luego se da el ¿Collar?― ¿Por qué un collar?

―Seamos honestos, un anillo lo perderías y me gustan más lo collares para ti, además, ya que lo tienes puesto, te obligo a aceptar.

―Pero ni sonó a pregunta.

―Pequeñeces ¿Cuándo nos casamos?

―Cuando tú digas.― contestó con una enorme sonrisa que no quería ocultar.

―Mañana, pero es domingo y los tramites llevan tiempo, creo que puedo tener todo listo en dos semanas, pero tal vez no quieras opacar la boda de tu hermano, entonces sería...

―En invierno.― dijeron ambos.


Era el festival del Obon y mientras esperaban a que toda la familia se reuniera para ver los fuegos artificiales. Dos niños y una niña estaban viendo las fotos que su abuelo les mostraba.

―¿Ellos son tus padres abuelo Hikaru?― preguntó el niño de once años.

―Sí, el día que mi hermano se graduó de la universidad.

―Se ven muy felices.― dijo la pequeña de ocho años.

―La abuela tiene una linda sonrisa.― dijo el más pequeño de seis años.

―Mamá siempre estaba sonriendo.― contestó el hombre.

―¿Aquí qué edad tenían?― preguntó el niño mayor.

―Fue de las últimas que se tomaron juntos... Mi papá 89 y mamá 83.

―La abuela no se veía enferma.― comentó la niña al seguir pasando las hojas del álbum.

―No lo estaba.

―¿Entonces por qué murió la misma noche que el abuelo?

―Porque... Bueno, creo que...

―Yo creo que el que se esforzaba por seguir era mi padre.― dijo otro hombre más mayor.―Y cuando él ya no pudo más... Mamá lo siguió, siempre he pensado que sus almas estaban conectadas, y para reencarnar juntos, debían irse juntos.

―¡Que bonito!― gritó la pequeña.― ¡Miren! Se casaron en invierno.― dijo al abrir un álbum plateado y ver los hermosos kimonos nupciales que llevaban.― Es tan hermoso ¿Fue aquí?

―Sí, mis tíos nos contaron que pensaron la ceremonia se arruinaría por la nevada, ya se preparaban para improvisar aquí adentro, pero cuando paró, les dejo un hermoso paisaje.

―Tadashi ¿Crees que sigan juntos?― preguntó Hikaru.

―Si lo creo.

―¿Tú sabes de que era la cicatriz en la nuca de mamá?― jamás se creyó la explicación que le dieron.

Ambos hombres recordaron aquel día que la vieron, le estaban dando guerra a su padre que intentaba cambiar las sábanas, cuando su madre regresó de darse una ducha, al verlos jugar se tumbó en el colchón boca abajo.

Que rico ¿Por qué no la has tendido?

¿No viste a tus hijos meterse bajo las sábanas?

Debes coger más maña.

Mamá ¿Qué te pasó aquí?― preguntó Hikaru de siete años.

Eso, fue por...― se llevó la mano a la nuca para cubrir la marca, olvidó que llevaba el cabello recogido.― Fue cuando...― no sabía qué decir, se sentía tan desesperada.

Trepándose a un árbol, por eso deben tener cuidado, ahora a terminar la tarea.― ordenó Inuyasha.

Pero...

La tarea o no hay postre.― amenazó antes de que siguieran con sus preguntas.

Gracias.― dijo Kagome una vez sus hijos dejaron el dormitorio.

Algún día debemos explicarles.

No, no quiero que sientan lástima por mí o me odien por eso.

¿Por qué te van a odiar?― preguntó al acostarse junto a ella.

Podrían pensar que no soy digna de ser su madre.

Kagome... Eso es en lo último que van a pensar, te aman.

No quiero que sepan que su abuela me... No quiero que le guarden odio.― lo último que quería era que crecieran con resentimiento.

Ella te lastimó, te golpeó, te cortó, no merece que ellos...

Inu, quiero olvidarlo.― pidió con desesperación.― Por ahora solo quiero disfrutar de ti y nuestros hijos.― sintió un beso por parte de su esposo y sonrió feliz.

Voy a ver como van, termina de cambiarte.

Inuyasha apenas salió del dormitorio cuando se topó con su hijo mayor, el niño quien había ido a pedir algo para comer, escuchó todo y miraba a su padre fijamente. Siempre creyó que sus abuelos fueron unas grandiosas personas, después de todo, uno de sus primos se llamaba como el abuelo. Su tío Souta no le hubiese puesto a su hijo el nombre de una persona que los golpeaba ¿Verdad? ¿Y si solo trataban mal a su madre?

Tadashi.

La abuela, ella...

Promete que guardaras el secreto.― pidió al apartarlo de la puerta para que Kagome no les escuchara.

El abuelo, él también...

Tadashi, tu abuelo fue una maravillosa persona, cuidó a sus hijos lo mejor que pudo y por él, tu madre y yo estamos juntos. Tu abuela es otro asunto.

No es mi abuela.― ya no lo era, antes había querido conocerla, había querido ir con su tío Souta a verla al asilo, ¡Pero ya no!

No quiero que digas algo de esto a Hikaru o a tu madre, ella no quiere que lo sepan. ¿Tadashi?― llamó al ver que su hijo tenía los ojos rojos.― Tienes que prometérmelo.

Lo juro.

Ahora vamos a ver esa tarea que tienen, luego tú y yo platicamos con más calma.

―¿Lo sabes?― repitió Hikaru al ver que su hermano se quedó pensativo.

―No.― mintió.

―Lamento no haber conocido a los abuelos. Debieron ser buenas personas, después de todo, mamá siempre estuvo feliz.

―Mamá era feliz por nosotros y por papá, guardemos todo, los fuegos artificiales están por comenzar.

Los niños asintieron y una vez que todo quedo en su lugar, bajaron a la sala. Tadashi miró una última vez la foto de sus padres y sonrió, en definitiva seguían juntos.

Los dos hermanos bajaron juntos y al acercarse a la sala, escucharon el bullicio del nieto mayor de Tadashi, su primo y su mejor amigo.

―Entonces Inuyasha la confundió con otra chica y le reclamo, fue cuando ella...

―¡Cállate Mamoru!― interrumpió el chico al no querer recordar lo ocurrido en la mañana y a aquella chica gritona.

―Solo tú eres tan idiota para confundirlas.― se burló Kyoya.

―¡Por que no la vieron de espalda!

―¡Familia ya llegue!― se escuchó la voz de Ukyo, quien apareció junto a una chica que llevaba el cabello morado.― Les presentó a mi amiga Aome, llegó de Hokkaido y...

―¡¿Tú qué haces aquí?!― gritaron ambos jóvenes al verse.

―¡Es la casa de mi abuelo!

―Tadashi, esa chica me recuerda a...― Hikaru estaba perplejo, tal vez era la edad, pero… podía jurar que…

―Hasta en el nombre, saquemos a todos al patio o nadie vera el espectáculo.― era hora de intervenir.― No seas descortés, es amiga de tu prima y es bienvenida en mi casa.― decía al tomar a cada joven del brazo y llevarlo al patio.

―Pero...

―El primer fuego artificial.― justo a tiempo, gracias a ello, los reclamos de su nieto murieron.

Sí, sus padres habían tenido su final feliz en aquella vida, pero ahora les tocaba buscarlo en esta nueva.

FIN


05/09/2016

Después de mucho tiempo, lo he terminado. Deseo de corazón que les gustará.

Primero, le han atinado a lo de la casa, creo que fue muy obvio :D … No es que Kagome le perdonase tan rápido, pero ver a su hijo querer estar con su padre le partió el alma, entonces decidió darle el beneficio de la duda e intentar arreglar las cosas por el bien del pequeño que no tiene la culpa.

Segundo, muchas gracias por sus mensajes, aún que no lo crean, los leo todos. Aprecio mucho sus palabras de ánimo, sus consejos. Claro que he intentado el Freelancer, pero no ha funcionado, muchos me piden facturas y con las nuevas reformas en mi país, así no le veo ganancia. También de que mi carrera es muy competitiva y se desvaloró mucho, por lo que los clientes se van con el más barato aunque les entregue algo de baja calidad. Y a estas alturas, siento que debó encontrarle nuevamente el amor a lo que estudie.

Es cierto lo que alguien me puso, sales de la carrera buscas empleo y te piden 5 años de experiencia, es tonto porque en mi país las carreras duran d años. De igual manera, mientras estudiaba busqué empleo de medio tiempo, pero por mi horario escolar y el tiempo en llegar, no me lo daba. Fue que decidí hacer mi servicio social, que no resultó tan satisfactorio como en un principio.

Pero aquí sigo, buscado la manera de que todo mejore y encuentre el camino que debo seguir en esta vida.

...

Mamoru viene siendo descendiente de Miroku y Sango, un Miroku.

Ukyo de Souta, equivalente Sango.

Inuyasha 2.0 de Inuyasha y Kagome.

Kyoya de Sessho y Rin. Bueno, le puse el mismo que "el rey demonio" de Ouran XD.