POV Alycia
No correr hasta Eliza le estaba resultando un esfuerzo titánico.
La había visto entrar esposada al Palacio de Justicia y tuvo que recordarse que estaba allí de testigo, y que no podía acercarse a Eliza o entrar en la sala hasta que le tocara hablar.
La vio caminar esposada por Matt y ser recibida por Anya, su tía, a quien le había suplicado que defendiera a Eliza. No quiso entrar en muchos detalles sobre cómo habían llegado hasta esa situación, pero tuvo que contárselo para que, en caso de que Eliza se saltara alguna parte, Anya tuviera cada detalle necesario para defenderla.
Quiso ignorar lo contenta e intrigada que parecía su tía con el hecho de defender a la chica que le gustaba, y rezó para que no le hubiera contado a la rubia quién era ella.
Mover los hilos necesarios para que Alycia fuera testigo había sido cosa de Matt y Titus, que aseguraron al juez, el señor Jaha, que su testimonio era imprescindible.
Eran las nueve y media la de mañana cuando Alycia estaba en el recibidor del Palacio tomando un café de la máquina que había allí. O eso se suponía, porque estaba tan nerviosa que ni lo había probado. Llevaba toda la noche sin dormir, pero, al contrario de cuando se quedaba estudiando, esta vez no tenía ningún sueño, sino todo lo contrario. No podría dormir bien hasta que el juez dictaminase que Eliza era inocente.
Alex y Lindsey estaban a su lado. Marie, Ricky, Bob y Richard estaban tranquilizando a Abby, que estaba sentada en un sillón de cuero con otro café entero y las manos temblando.
- No ha pegado ojo - comentó Alex mirando a su madre con cierta culpabilidad.
Lindsey suspiró temblorosamente.
- Creo que nadie ha dormido bien esta noche.
Alycia quiso reír; ella llevaba cuatro meses sin dormir bien, especialmente cuando Matt le contaba los problemas en los que Eliza se había visto involucrada. Deseaba abrazarla y golpearla al mismo tiempo cada vez que la veía en los locutorios o vis a vis, pero no pensaba desperdiciar los únicos cuarenta minutos cada dos o tres semanas que podía verla en hacer el papel de madre que Eliza detestaba. Tampoco podía culparla, conocía a su amiga y sabía que meterse en problemas era parte de ella, como sus profundos ojos azules o su lunar en el labio. Ella se esperaba que aquello sucediera de la misma manera que un león se rebela si lo encierran en una jaula, pero preverlo no evitaba que su corazón se atascase en la garganta cuando luego la veía herida.
- Ya va a comenzar el juicio - los interrumpió Matt llegando hasta ellos -. Lindsey, tú y Alex podéis entrar ya con los demás. Alycia, tú debes esperar en el banco, fuera de la sala. Indra te vigilará.
Alycia asintió nerviosamente y compartió una mirada cómplice con el hermano de su amiga, a quien los nervios parecieron venirle de golpe. Ella era la testigo por parte de Eliza, mientras que Jasper no tenía, y dependía de la declaración que Monty y Wells dieran.
La morena recordó que cinco días atrás, Matt e Indra habían vuelto de la finca de un pueblo alejado de la ciudad con kilos de droga. Wells les había proporcionado esa información, y Eliza le había asegurado a Matt y a Anya que ambos estaban de acuerdo respecto a la declaración que darían.
Si todo salía bien, Jasper entraría a prisión y Eliza y Wells saldrían, aunque éste con la condicional, ya que era, indirectamente, culpable.
Alycia esperaba que lo tuvieran separado de los otros chicos para que no tuvieran encuentros como los que su amiga tuvo con Monty. Alex debería hacer trabajos sociales y afrontar una multa.
El juicio comenzó a las diez de la mañana, y no fue hasta las once y media que Matt salió para avisar a la chica de que debía entrar. Alycia estaba de los nervios, tanto que Indra le dirigió una mirada tranquilizadora, un gesto comprensivo y extraño en su compañera de trabajo. Desde donde estaba podía escuchar cuándo el juez pedía silencio y cuándo su tía Anya o el abogado de Jasper protestaban en desacuerdo con la declaración que se estuviera dando. Alycia sabía que quien primero habría hablado sería Alex para retractarse de nuevo de su silencio, y para explicar porqué dejó a su hermana inculparse. Alycia esperaba que el juez tuviera corazón y comprendiera la situación de ambos.
- Alycia Jasmin Debnam-Carey, declara como testigo de Elizabeth Jane Taylor-Cotter - anunció Matt dándole una mirada significativa.
Alycia cogió aire, despejó los nervios de una patada y se centró en hacer y decir todo lo posible para sacar a Eliza de la cárcel, y entró a la sala.
Ahora era su turno, el momento que llevaba meses esperando, y por fin podía ayudarla de verdad.
Caminó hasta el estrado sin dejarse amedrentar por la mirada de todo el mundo sobre ella. Evitó mirar concretamente a Eliza, porque sabía que al juez no le parecería muy seria y segura si se ponía a llorar o se echaba a los brazos de la rubia diciéndole cuánto la había extrañado.
Pero al cabo de quince minutos y varias preguntas inquisitivas de Jaha, necesitó mirarla y cedió. Contuvo el aliento al ver la intensa mirada de Eliza clavada en sus ojos, como si llevaran mirándose desde que Alycia había entrado. Estaba sentada en primera fila, al lado de Anya, esposada y hundida en el asiento. Estaba delgada y llevaba una chaqueta de chándal por encima de la ropa que habría usado los últimos días en la cárcel, sucia y arrugada y con unas zapatillas desgastadas. El pelo le caía hacia un lado, desordenado, y bajo sus increíbles ojos azules tenía marcas moradas tras noches en vela, además de un cardenal ya apenas visible en su mejilla izquierda y una venda que cubría su mano derecha.
Estuvo a punto de pedirle al juez que se callase para poder preguntarle si necesitaba cambiar la venda. Eso, o un abrazo, porque la morena lo necesitaba desesperadamente.
Alycia estuvo a punto de echarse a llorar cuando Eliza le sonrió sutilmente al ver que el escrutinio era mutuo, porque la chica no se cortó un pelo en pasear sus ojos por el cuerpo de Alycia de arriba a abajo, y la menor deseó no parecer una zombie. Eliza salía de la cárcel, tenía excusa. A ella parecía que la había atropellado una autopista entera en hora punta de las vacaciones de verano.
Se preguntó cómo hacía Eliza para verse sexy y adorable en un estado tan deteriorado, pero supuso que aquel no era el momento para decírselo.
Fue interrogada por su tía y por el abogado de Jasper, y contestó cada preguntada ensayada de la manera más convincente. Finalmente el juez fue quien le preguntaba acerca del caso.
- De acuerdo con su declaración, ¿considera que Elizabeth Taylor es inocente? - preguntó con voz de presentador de programa de televisión.
- Sí - contestó sin dudar. Jasper protestó, siendo amonestado por el juez. Alycia resistió el impulso de sacarle la lengua, enseñarle el dedo corazón o hacerle un corte de mangas. Jaha preguntó si consideraba que, por ende, Jasper era culpable, y Alycia evitó sonreír recreándose en su respuesta -: Sí.
- ¡Protesto! - gritó el chico, y Alycia sintió que se erizaba.
- ¿Te quieres callar ya, pesado? - le espetó, pero su valentía duró tan poco como cuando en el colegio se atrevía a contestarle al matón de la clase, porque el juez, al igual que un profesor, la reprendió.
- Señorita Debnam, guarde silencio y limítese a contestar a las preguntas que se le hacen - gruñó enfadado.
Alycia estuvo a punto de decirle que no es que pretendiese quitarle el trabajo, pero estaba demasiado avergonzada sintiendo la mirada de todos sobre ella. Se atrevió a mirar a Eliza y la vio reprimiendo una sonrisa, pero sus ojos brillaban divertidos, y Alycia odió aquello, porque no soportaba que la hicieran reír en los momentos en los que debía mantenerse seria. A Eliza, en cambio,parecía importarle bien poco el veredicto del juez si podía echarse un par de risas a costa de su amiga, como solía hacer.
Cuando terminaron las preguntas, pudo ir a sentarse al banco que había al final de la sala, sintiéndose perseguida por dos ojos azules que parecían llamarla a gritos. Una vez sentada, miró hacia delante y se encontró con Eliza mirándola mientras su tía Anya le daba un codazo disimulado para pedirle que prestara atención de nuevo en lo importante, sin embargo, la rubia parecía tener su propio concepto de "importante", y estaba directamente relacionado con Alycia.
Los minutos pasaron, y llegaron a ser horas, hasta que por fin Eliza y Jasper se levantaron para escuchar el veredicto final.
Su corazón latía tan rápido que no podía escuchar nada más que sus latidos en sus oídos. Contuvo la respiración mientras veía a Lindsey taparse la boca, a Marie abrir los ojos como platos, a Bob llevarse las manos al pelo y tirarse de el, a Richard dejar caer la cabeza hacia atrás, a Ricky suspirar profundamente, a Alex apretar el banco y a Abby llorar y besar la cabeza de su hermano.
Sintió las lágrimas acumularse en sus ojos y buscó desesperada los de Eliza, que, como esperaba, continuaba mirándola... Sonriendo. Pero no la sonrisa de antes, disimulada y contenida. Una sonrisa de oreja a oreja, aliviada, como si acabara de quitarse el peso del mundo de sus hombros, y quizás así era; se había quitado la condena de seis años de encima.
Eliza era inocente, y era libre.
Jasper gritaba furioso con su abogado, Monty enterró la cara en sus brazos y Wells asentía a lo que el juez le decía, con una pequeña sonrisa conformista.
La sala se despejó por orden de Jaha, y mientras los tres chicos eran escoltados por Indra y Gustus, Eliza era liberada de sus esposas. Vio que Matt le decía algo, a lo que la chica asentía y agradecía, pero cuando llegó junto a ellos, su novio ya se marchaba ayudando a sus compañeros.
- ¡Lo primero que tenemos para celebrarlo que hacer es ir a emborracharnos! - fue lo que Lindsey le dijo a su amiga mientras no dejaba de abrazarla, a pesar de que Eliza trataba de zafarse y ya estaba morada.
- Dale un respiro, Lindsey, ni siquiera hemos salido del juzgado - la reprendió Marie siendo más cuidadosa en su abrazo y besando la mejilla de su amiga, quien le sonrió agradecida.
- Llevas cuatro meses sin probar una gota de alcohol, nunca pensé que fueras capaz - continuó bromeando Bob dándole un abrazo cariñoso por encima de los hombros.
Richard y Ricky también la abrazaron, e incluso Eliza permitió que su madre le diera otro pequeño abrazo. Su hermano golpeó suavemente el hombro de la chica y ésta le devolvió el gesto.
Luego miró a Alycia, y ella procuró que sus piernas no cediesen por la mirada intensa y las ganas de agarrarla del brazo y sacarla corriendo de allí.
- Hola - saludó en voz baja -. Todavía no hemos hablado en todo el día - quiso bromear la mayor acercándose a ella con media sonrisa -, pero supongo que estabas muy ocupada poniendo a ese idiota en su sitio.
Alycia miró por la ventana, donde se veía a Matt meter a Jasper en el coche sin ningún cuidado, y rió sintiéndose enrojecer.
- Se me escapó - excusó la morena mirándola de nuevo -, no quería gritarlo en voz alta.
No supo cuál abrazó a cuál cuando estuvieron a un paso de distancia, ni tampoco quién sujetaba a quién con más fuerza, pero sí sabía que ella no sería la primera en separarse.
A pesar de la calefacción y el jersey que llevaba puesto, Alycia no supo que tenía frío hasta que el cálido cuerpo de Eliza se amoldó al suyo, y su brazos apretaron con firmeza su cuello.
- No conocía ese lado tuyo - murmuró Eliza en su hombro -, seguro que en el colegio eras una contestona.
Alycia rió contra el pelo de la rubia.
- Lo admito, tuve mis momentos de rebeldía adolescente.
Sentir la risa de Eliza contra su hombro envió vibraciones por todo su cuerpo, como cuando llevas tiempo cansado y te subes a un coche acogedor, y terminas quedándote dormido por su comodidad. Alycia sintió que, incluso de pie, podría dormirse, al fin, contra el cuerpo de Eliza, y estaría más cómoda que en cualquier cama de miles de euros.
Tuvieron que separarse cuando el abrazó ya había sobrepasado y doblado el tiempo estándar para un abrazo de amigas, pero no se dejó incomodar por ninguna mirada curiosa. Llevaba demasiado tiempo deseando darle un abrazo a Eliza sin ser en una sala fría, con la rubia siendo vigilada a cada segundo por cada medida de seguridad.
- Vamos a casa - dijo Eliza hacia nadie en concreto, como si llevara tempo deseando decirlo.
Lo cierto es que no fueron a casa.
A la salida del juzgado se fueron despidiendo. Era mediodía y Lindsey invitó a su amiga a comer a su casa, y también al resto, pero al final sólo fueron ella, Marie, Eliza, Bob y Alycia.
La rubia se disculpó con su madre, diciéndole que volvería más tarde a casa. No le hizo mucha gracia, pero la morena entendió que lo último que Eliza quería tras salir de prisión, era volver a la que consideraba su prisión.
Por el camino compraron pizzas y bebidas.
- No sería una celebración sin comida basura - explicó Lindsey cuando todos la miraron raro al empezar a coger chocolate y gominolas.
En el camino iban los tres delante, bromeando sobre el momento rebelde de Alycia contra Jasper, mientras Alycia caminaba al lado de la rubia. Ella aseguró que no le dolían las muñecas para cargar con las bolsas, ni por las marcas de las esposas, con las que había estado nerviosa jugueteando y se había hecho heridas, ni por la venda de su mano.
Al llegar, Lindsey le dejó a Eliza ropa que la rubia tenía en su casa de cuando se quedaba dormir. Se fue a duchar y volvió vestida con una camiseta blanca que le quedaba grande y dejaba un hombro al descubierto y un pantalón largo amarillo con miles de caras de Bob Esponja.
Alycia no pudo evitar reírse al verla toda orgullosa y feliz de tener su pijama preferido de vuelta.
Comieron viendo la televisión en el salón. Sólo había un sofá, en el que insistieron que Eliza debía sentarse. Ella no quería sentirse como una inválida o algo así, porque había salido de la cárcel, no del hospital, pero cuando Lindsey la amenazó con dejarla sin pizza terminó cediendo.
Bob y Marie se sentaban en el suelo, a sus pies, peleándose por el trozo más grande que la caja que compartían tuviera. Lindsey, por supuesto, tenía una pizza para ella sola, mientras Eliza y Alycia compartían la suya.
Agradeció que la latina no dijese nada cuando vio que sus manos estaban unidas, incluso cuando era incómodo para comer, pero se sentía tan reconfortante que era necesario mantener los dedos entrelazados, como si quisieran recuperar el tiempo perdido sin poder verse o tocarse.
Nadie se dio cuenta de en qué momento Eliza se quedó dormida sobre el hombro de la menor, y Alycia sobre su cabeza.
Todavía con las manos unidas, por fin ambas pudieron dormir tranquilas.
