POV Alycia
Dejar a Matt fue muy fácil, porque de hecho, fue él quien la dejó.
Volvía de casa de Eliza con una extraña sensación de adrenalina y nostalgia. Tuvo que reprimirse durante todo el día para no coger del brazo a la rubia y secuestrarla para tenerla para ella sola, y aunque sabía que ella era una chica fuerte y todo eso, y que acabaría superando el trauma de estar encerrada, no podía evitar querer abrazarla y arrullarla todo el rato, sobretodo cuando Eliza, que era siempre tan lanzada y segura de si misma, la miraba con esa cara de pena y desesperación.
Llegó a casa todavía pensando en su amiga, y en que fue estúpida al creer que su ansiedad desaparecería cuando la chica estuviera en casa, porque ahora que la tenía tan cerca quería estar todo el rato con ella.
Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no vio las cajas de mudanza hasta que tropezó con una.
Frunció el ceño y repasó mentalmente su día. Ella no tenía pensado mudarse o irse de viaje, así que esas cosas no podían ser suyas.
- ¿Matt? - preguntó en alto, sabiendo que el chico estaría en casa tras volver del trabajo.
El chico salió de la cocina con una expresión extraña, que iba desde la tristeza hasta la resignación.
- Tenemos que hablar - suspiró.
Alycia se sentó con él en el sofá, sabiendo de qué iría la conversación y dejándolo hablar a él primero, mientras ella pensaba cuidadosamente sus palabras para decirle que estaba a punto de dejarlo por la chica a la que había detenido y ayudado a liberar de la cárcel, y por la que había llorado día y noche hasta el punto de descuidar por completo su relación.
Si antes creía que podría retomar su vida como era antes una vez Eliza estuviera fuera, ahora estaba segura de que era imposible. No quería volver a alejarse de su amiga nunca más.
- No soy tonto, Alycia - comenzó él -. He intentado hacer las cosas bien y ayudarte, quererte como te mereces. He intentado hacerte feliz desde que te conozco, y sé que he hecho todo lo que he podido, y también que eso no ha sido suficiente - cogió la mano de la chica en un gesto tranquilizador cuando ella trató de hablar -. Y no importa, ¿vale? Lo entiendo. Las cosas no siempre salen como uno quiere.
- Matt, lo siento - dijo triste. Sentía que debía disculparse, aunque ella no tenía la culpa de enamorarse de otra persona. Sin embargo, sí que la tenía de no haber hecho las cosas bien, tanto con Eliza como con Matt -. Debí hablar las cosas contigo, decirte lo que pasaba, lo que pasa... He sido injusta contigo. Tú siempre estabas ahí y yo hace tiempo que no...
Matt negó con la cabeza cuando escuchó a Alycia.
- Ninguno tiene la culpa de nada, Alycia - sonrió apenas el chico -. Estas cosas pasan y hay que aceptarlas. Tú ya no me quieres, pero eres importante para mí y me gustaría seguir siendo tu amigo.
Alycia suspiró tranquila. Hasta entonces no sabía que estaba conteniendo la respiración.
- Siempre fuiste el mejor amigo que pude tener - dijo sincera.
Se sintió aliviada cuando el chico sonrió sincero y asintió.
- Tú también eres una buena amiga - se levantó tras besar su mejilla y miró las cajas -. Mañana por la mañana vendrá mi tío a ayudarme con la mudanza. Esta noche dormiré en la habitación de invitados, creo que es lo mejor.
Alycia se sintió culpable, pero también sabía que era lo mejor. No quiso pensar en cuán hipócrita era al no importarle acostarse con Eliza estando con Matt pero ahora que ya no estaba con el chico y tampoco con la rubia, querer evitar dormir con él para no sentir que traicionaba a Eliza.
A la mañana siguiente, Matt se fue. Lo último que le dijo fue:
- Eliza es una buena persona. Espero que seas feliz.
Se quedó de pie mirando la puerta por la que acababa de salir su nuevo ex novio y trató de ordenar sus emociones.
Odiaba cuando las cosas cambiaban en su vida y debía decidir qué hacer a partir de ese punto, pero esta vez lo tenía muy claro.
Cogió el móvil y marcó el número. A los dos tonos descolgaron.
- ¿Eliza?
Hacía once años que no iba al parque de atracciones, y se preguntó cómo pudo haber sido medianamente feliz sin pisarlo durante tanto tiempo.
Había invitado a Eliza esperando que no se negara a ir. Ir allí era una buena manera de desconectar, y ambas lo necesitaban.
Al principio creyó que a Eliza le parecería algo infantil, pero eso fue hasta que la vio entrar dando saltos y con una sonrisa de oreja a oreja, tirando de su brazo para encontrar alguna atracción de Bob Esponja.
Habían subido al máster siete veces; a la montaña rusa, donde Alycia se desmayó dos veces mientras Eliza y una niña de doce años gritaban emocionadas; a la lanzadera, donde creyó que moriría o vomitaría antes de bajar; a los coches de choque, donde decidió que a Eliza se le daban mejor las motos y que nunca debería montar en un coche que la rubia condujera...
También compraron patatas fritas y algodón de azúcar cuando la tarde comenzó a convertirse en noche.
Estaban sentadas en un banco. Eliza comía alegremente sus patatas con kétchup mientras Alycia picoteaba algunas de vez en cuando y se encargaba de que la rubia no se manchase en su obsesión por ver cuántas patatas cabían en su boca.
Al parecer, el récord lo tenía Lindsey: doce patatas. Ella estaba empeñada en superarlo y Alycia era su testigo, aunque la morena pensaba que Lindsey no la creería y diría que estaba compinchada con Eliza.
- ¿Te lo has pasado bien? - preguntó divertida al ver a la rubia sorber hasta el último mililitro de Coca-cola.
- Genial. Ha sido la mejor idea que podías tener - le miró sonriente, y Alycia no quiso aguantarse, de nuevo, las ganas de besarla.
Llevaba aguantándose toda la tarde, y ver el brillo de los ojos azules de la chica y sus labios rojos e hinchados por el calor de la comida, con el brillo de la bebida haciéndolos ver más apetecibles, había sido demasiado para Alycia.
Eliza no se apartó. Tampoco esperaba que lo hiciera.
Sus labios sabían mejor que de costumbre, y la morena se preguntó si se debía al sabor de la comida o al tiempo que llevaba sin probarlos.
Al parecer, veinte horas eran ya demasiado tiempo sin besarlos.
- Alycia... - murmuró Eliza con gesto inseguro cuando la menor se separó, y su amiga supo por dónde iban los tiros.
- Ya no estoy con Matt - se apresuró a decir.
Eliza la miró a los ojos, y Alycia no pudo saber qué pensaba, pero estaba segura de que no era nada malo. La creía, y estaba la extraña conexión de confianza plena entre ambas que hacía que Eliza no sintiera la necesidad de pedirle detalles o Alycia de darle explicaciones. Todo estaba bien y fluía con una naturalidad increíble.
- Vale - sonrió la rubia antes de inclinarse y besarla ella de nuevo.
Alycia sintió que su estómago daba un vuelvo todavía mayor que el que dio en cualquier atracción del parque sólo al sentir sus labios rozarse, pero era tan agradable que podía quedarse de aquella manera para siempre.
Sus manos iban unidas en el camino de vuelta. Eran casi las once de la noche, y Eliza se reía de la nariz roja de Alycia y el castañeo de sus dientes. Alycia procuraba no sonreír al escuchar, tras tanto tiempo, esa risa que mandaba vibraciones cálidas por su cuerpo.
- ¿Quieres cenar en casa? - preguntó Alycia cuando llegaron al portal de su edificio. Eliza se había empeñado en acompañarla, y aunque Alycia trató de convencerla de que no era necesario, ahora se moría de ganas por seguir otro rato a su lado -. Ayer me invitaste tú.
Eliza trató de no sonreír.
- Tú me has invitado al parque - repuso para provocarla -. Técnicamente estamos en paz.
Alycia enrojeció y desvió la mirada, mordiéndose el labio.
- Bueno, así la que queda en deuda eres tú.
Eliza rió suavemente y la besó de manera casta.
- Me parece bien. Me gusta ser una morosa contigo - bromeó.
Alycia se sonrojó levemente por la mirada entre lasciva y dulce que Eliza le daba en el ascensor.
- Creí que te daban miedo las alturas - comentó para aliviar la tensión del silencio mientras subían -. Imaginé que irías toda asustada en el ascensor.
- Es cierto - admitió sonriendo la rubia -, pero ya no me da tanto miedo.
- ¿Te sientes más segura yendo conmigo? - preguntó Alycia con ternura.
Eliza rió incrédula.
- Dios, no - bromeó ganándose un golpe juguetón de la menor -. Me refiero a que si me quedo atrapada, al menos te tendré a ti para divertirme.
Alycia se mordió la lengua para no reír y preguntar qué significado tenía para Eliza la palabra "diversión" estando encerradas en un espacio tan reducido.
Llegaron a su casa y picotearon un poco de ensalada, cansadas de la comida basura del parque de atracciones, pero estaban demasiado ocupadas besándose como para centrarse en comer mientras los capítulos repetidos de Bob Esponja estaban en la tele.
Alycia no supo cómo acabó medio tumbada contra el reposabrazos con Eliza encima besándola dulcemente, porque estaba muy centrada en no derretirse entre los brazos de la chica de ojos azules.
Eliza no quiso ir a más, y Alycia tampoco. Esa mañana todavía tenía, en teoría, novio, así que no se sentía muy cómoda con correr a meter a la rubia a su cama. Eliza tampoco tenía prisa; Alycia por fin no tenía al policía en su casa, así que la tenía toda para ella y no había porqué apresurarse. Tenían todo el tiempo del mundo.
Alycia terminó dormida en el sofá, abrazándose a Eliza y con la rubia descansando contra su cuello.
Nunca habían dormido tan bien como esa noche.
