POV Eliza

Tendría problemas de espalda por lo que quedaba de año, aunque en realidad no era mucho tiempo.

Su madre se había empeñado en que no se mudase tan pronto, pero nadie pudo detenerla. Por Dios, era Eliza.

A una semana de salir de la cárcel y menos de otra semana para Navidad, Eliza había acompañado a Lindsey a ver el piso en el que ahora viviría con su amiga. Efectivamente, le había encantado. Era pequeño, pero tenía una terraza, una azotea con piscina, y estaba en su barrio, cerca de su familia y de Alycia.

- Tres meses y pico aislada del sistema te han hecho perder habilidades, eh - la picó Lindsey al ver a Eliza entrar a trompicones con una caja enorme en sus brazos, de la que sobresalía algo amarillo. Eliza, Alycia, Marie y Lindsey todavía estaban metiendo al piso las últimas cajas de la mudanza. Bueno, más bien Lindsey supervisaba tomándose un refresco mientras las demás trabajaban -. A ver qué llevas ahí.

Comenzó a cotillear en la caja en cuanto Eliza la dejó en el suelo, encontrando dentro un peluche gigante de Bob Esponja y todos sus pares de zapatillas.

- Oh, qué monada - exclamó Lindsey abrazando con fuerza el muñeco, que era casi igual de grande que ella.

- ¡Eh, esas manos! - Eliza le arrebató el peluche para abrazarlo ella de manera posesiva -. Es mío. Si quieres uno, cómpratelo.

Lindsey alzó las manos en son de paz con un puchero infantil, pero ni siquiera a ella le dejaría manosear demasiado el peluche. Quizás a Alycia sí, porque se lo había regalado ella como regalo de cumpleaños atrasado, ya que había pasado el 24 de octubre en la cárcel. Aun así, acabó recibiendo el mejor regalo de cumpleaños por su peor cumpleaños, y no era el muñeco. Que también.

- ¿Podéis dejar la guerra para después? - las interrumpió Alycia cargando dos bolsas y pateando una caja. Marie trataba de sujetar, tras ella, una caja y una planta encima.

- ¡Eh, cuidado! - gritó Lindsey corriendo hacia la caja que Alycia pateaba. La miró dolida -. ¿Tú sabes lo que hay aquí dentro? Vale oro.

- Son sus tangas - desveló Eliza para indignación de Lindsey, que se volteó a mirarla con la mano en el pecho y una mueca dolida.

- Traición - declaró antes de lanzarse a por Eliza, derribándola en el sofá.

- ¡Pero si ni siquiera dije que también estaba el vibrador dentro! - se defendió Eliza bajo Lindsey.

- No sé para qué lo intentas - escuchó que decía Marie hacia Alycia mientras en el sofá la batalla era muy igualada, con Lindsey tratando de coger el peluche de Bob Esponja y Eliza protegiéndolo con su vida. Lindsey comenzó a saltar sentándose sobre su amiga, que no se sabía si reía o se quejaba.

Alycia las miró riendo y fue con sigilo hasta Eliza para coger ella el peluche. Entonces Eliza se lanzó al ataque contra Lindsey y comenzó a hacerle cosquillas. Marie miró con miedo los cristales por si rompían a causa de los altos decibelios.

- ¡Lindsey! Basta, pareces un megáfono - exclamó riñéndola la de ojos claros.

- Huy lo que me ha dicho - bufó Lindsey tirando a Eliza de encima hacia el suelo -. Y tú quítate de encima, asesina, ¿no ves que sólo tus dos tetas ya pesan más que yo?

- Que tú seas una tabla de planchar, envidiosa, no quiere decir...

- ¿Y si continuáis después de comer? - preguntó Alycia yendo hacia la cocina.

En la nevera apenas había un poco de bebida y comida basura. Bueno, siendo la casa de Lindsey y Eliza no podía esperar otra cosa. Se asustó cuando escuchó algo parecido a una estampida de búfalos correr hacia ella, y se vio metida y aplastada entre la rubia y la morenas mientras ellas discutían por la comida.

Alycia se acercó a Marie.

- ¿Seguro que es buena idea que vivan juntas y solas? - se preocupó ante la idea de quedarse sin Eliza -. A ver si se van a matar.

- Si no lo han hecho en tantos años, no lo harán ahora. No te preocupes - la tranquilizó Marie con una palmadita en el hombro.

Lindsey se volteó hacia ellas.

- ¿Qué dices tú? - acusó la latina a Marie, y luego miró hacia Alycia -. Y tú, poli, si quieres vivir con la tetoncita ponte a la cola. Yo fui primero.

Alycia se sonrojó, porque no se había planteado todavía la posibilidad de vivir con Eliza.

La rubia le lanzó una mirada tranquilizadora, entendiendo que era todo una broma. Alycia había roto con Matt días atrás, y la morena todavía se estaba acostumbrado de nuevo a vivir sola. Aunque habían pasado unas cuantas noches y tardes juntas, vivir con ella no era algo necesario todavía. A pesar de que quería estar con Alycia a cada momento, acababan de empezar una relación, y ninguna quería apresurarse o pisar el acelerador, dejando atrás a la otra. Hablaron las cosas y decidieron ir despacio. Al igual que Alycia se acostumbraba a estar sola en su casa de nuevo, Eliza todavía se sentía extraña siendo libre otra vez.

- ¿Vemos algo en la tele mientras comemos? - sugirió Alycia para cambiar de tema.

Lindsey y Eliza se miraron al momento. Firmaron la paz cuando ambas gritaron:

- ¡Bob Esponja!

Eliza se sentó al lado de Alycia, y se dejó recostar sobre su pecho cuando la morena tiró de ella. Tuvo que luchar contra sus impulsos entre dormirse y besarla y llevarla a la cama cuando sintió las caricias de Alycia sobre su pelo. Vio en la pantalla el reflejo burlón de Lindsey desde el otro sofá, y le guiñó un ojo de manera pícara.

Esperaba que la latina hiciese alguna broma para molestarlas e incomodar a Alycia, pero agradeció mentalmente que no lo hiciera, comprendiendo que era un momento demasiado íntimo y preciado para ambas, que ni siquiera Lindsey se atrevió a romper.

Eliza se volteó ligeramente para poder besar los labios de Alycia cuando los sintió cerca de su oreja, poniéndosele la piel de gallina. La chica de ojos verdes la miró divertida al ver los esfuerzos de Eliza por besarla sin romper su cuello. Eliza sintió los brazos de Alycia estrecharse a su alrededor y apretarla a su cuerpo, logrando que entrase en calor más rápido que con un radiador enfrente.

Quiso ir junto a sus amigas y pedirles descaradamente que se fuesen a dar una vuelta, pero quizás sería un poco impertinente, teniendo en cuenta que aquella casa también era de Lindsey y que Marie las había ayudado con la mudanza. No podía pedirles que se largasen; antes que novia fue amiga.

Además, casi podía imaginar las bromas de Lindsey o sus comentarios salidos. Diría algo como: "Ni se os ocurra hacer nada en mi cama, puercas salidas". Ugh. Ella estaba acostumbrada a sus bromas, pero sabía que a Alycia le cortarían el rollo de golpe.

Las manos de Eliza acariciaban las de Alycia, jugando con sus dedos, mientras la morena se entretenía de vez en cuando enredando las manos en su pelo rubio, creando bucles que luego se deshacían.

Eliza estaba tan ensimismada en su burbuja con Alycia que ni prestaba atención a Bob Esponja.

Lindsey comprendió que necesitaban un rato a solas si ni siquiera la mejor esponja de los dibujos animados podía acaparar la atención de la rubia.

Por mucha confianza que tuviera con Eliza, no quería quedarse a ver lo que ella y su novia harían.

- ¿Marie? - miró la latina a la chica que tenía a su lado, y tiró de su mano para levantarla -. Ven, vamos al parque de atracciones.

- ¿Qué? - se extrañó la chica mirando a las otras dos.

- ¿No nos invitáis? - preguntó Alycia confusa, pero sonriendo.

Lindsey le sacó la lengua.

- Igual que vosotras fuisteis solas, malas pécoras, nosotras también - Marie cogió su chaqueta y Lindsey tiró de ella por la puerta, saltando como una niña pequeña -. Vamos a conseguirme un peluche gigante a mí también.

El silencio se hizo en la habitación durante un minuto cuando Eliza y Alycia se quedaron mirando la puerta, con la risa de Bob y Patricio de fondo.

Eliza volteó el cuello para mirar a Alycia.

- Ha sido muy obvio, ¿verdad? - sonrió inocente, y Alycia no pudo evitar reír.

- Un poco - la besó repetidas veces y apretó su abrazo todavía más -. Pero no importa. Ha sido divertido ver sus caras. Marie no se enteraba de nada.

Eliza se giró sobre su cuerpo y comenzó a besar a Alycia de una manera más intensa, sus lenguas se saludaron como íntimas amigas. Eliza sentía a la chica removerse bajo ella, y a pesar de estar a once grados afuera y veinte dentro de la casa, se sintió como si estuvieran en pleno verano. Sobraba ropa, y Alycia pareció leerle el pensamiento al quitarle a la rubia su camiseta. Eliza le sonrió divertida, porque le sorprendía cuando Alycia tomaba la iniciativa.

- Y parecías tímida - se burló mordiendo el cuello de Alycia. Las vibraciones de su risa le llegaron al corazón como un cálido abrazo de su sonido preferido. Las manos de la morena acariciaron con veneración la espalda de Eliza, que se levantó como un resorte del sofá y tiró de su novia -. Vamos a mi habitación.

- Y parecías inaccesible - devolvió Alycia siguiendo los pasos de la chica -. Ni una cita en un restaurante, o en el cine... Directamente a la cama.

Eliza se paró frente a su puerta y se volteó hacia la menor.

- Acabo de hacerte la comida que hemos compartido como una pareja formal y romántica - replicó sonriendo.

Alycia rió.

- Fideos precocinados del súper - especificó -. Ponerles agua y calentarlos en el microondas no es cocinar.

- ¿Cómo que no? - alzó una ceja -. Y te he dejado meterme mano mientras veíamos algo en la televisión de plasma - añadió acariciando el pelo de la morena, que no dejaba de mirarla a los ojos con diversión.

- Quieres decir que te he acariciado el pelo antes de jugar a Piedra-papel-tijera contigo mientras veíamos una serie de dibujos animados.

Eliza bufó.

- Estás molesta porque has perdido - la abrazó por la cintura y besó su cuello como si fuese su comida preferida. Su voz era ronca y baja, y sentía a Alycia temblar bajo su abrazo -. Y no era una serie cualquiera: era Bob Esponja.

- Dibujos animados - insistió Alycia para picarla.

Rió a carcajadas cuando la rubia comenzó a buscarle las cosquillas y la empujaba dentro de la habitación.

Eliza cerró la puerta con pestillo y se descalzó mientras Alycia hacía lo mismo. Luego la miró entrecerrando los ojos con una sonrisa maliciosa.

- Vas a pagar por eso que has dicho - amenazó antes de lanzarse sobre su novia y comenzar a besarla como si la vida le fuese en ello.

La respiración de Alycia era entrecortada y la de Eliza acelerada mientras le quitaba la camiseta y el sujetador a la menor, y ésta prácticamente arrancaba el de Eliza.

Terminaron desnudas enseguida, Eliza encima, con uno de sus muslos entre las piernas de Alycia, y sintiendo el muslo de su novia contra su humedad. Sujetó las manos de Alycia por encima de su cabeza, entrelazando sus dedos cuando comenzaron a frotar sus piernas contra la humedad de la otra. Eliza besaba la clavícula de la morena mientras Alycia se retorcía, luchando por soltarse y poder abrazar a Eliza. La rubia escuchaba con adoración los bajos gemidos de Alycia en su oído, sintiendo la tensión en sus piernas. Terminó por soltarla para que la morena la abrazase con fuerza cuando llegó al orgasmo. Escucharla gritar su nombre fue suficiente para que Eliza se corriese con ella, escondiendo su rostro en el hueco del cuello de su novia.

Se separó para poder besarla y descansar su frente contra la de Alycia. Sintió que su corazón podía salirse de su pecho en busca del de Alycia cuando ella la miró con las pupilas dilatadas, oscureciendo el verde brillante y maravilloso de sus ojos.

- ¿Te quedas a dormir? - no pudo contenerse.

La chica rió bajo ella, haciéndola temblar a su vez. Negó con la cabeza haciendo una mueca triste.

- Hoy no puedo - la besó como disculpa, jugando con las puntas del pelo rubio de la mayor -. Tengo que ir mañana temprano a ver a mi padre, y si me quedase aquí no descansaría lo suficiente - le dio una mirada pícara a Eliza, quien le guiñó un ojo.

- ¿No te gustaría ser mi peluche esta noche? - provocó besando la punta de la nariz de Alycia.

La morena rió con suavidad.

- ¿Entonces para qué te he regalado el Bob Esponja gigante?

Eliza hizo un sonido de garganta parecido a un ronroneo contra el cuello de Alycia.

- Ya, pero es que seguro que Lindsey me lo roba durante la noche.

- Vamos a tener que ponerle un guardaespaldas al peluche - suspiró Alycia pesadamente sintiendo los besos suaves de Eliza acercarse a su barbilla.

- Tú eres poli. Serías una buena guardaespaldas. Pero tendrás que quedarte a dormir - insistió haciendo reír a la otra chica.

- Si me quedase a dormir, haría cualquier cosa menos dormir y proteger a Bob - repuso atrapando el labio de Eliza entre sus dientes -. Y eso no sería muy profesional.

- Prometo no contárselo a tu jefe - murmuró distraída sintiendo las caricias de Alycia en su espalda baja.

- No. Tendría que dormir con el Bob Esponja. No quiero jugarme mi puesto - continuó la broma.

Eliza se separó para mirarla indignada.

- ¿Me vas a dejar por Bob Esponja?

- No te dejaría ni por Bob Esponja - replicó Alycia antes de dar la vuelta y comenzar un asalto en la boca de su novia, que gimió con satisfacción.

- Eso sí que es amor - sonrió besando la mejilla de Alycia.

Eliza abrazó con más fuerza a su novia cuando ella se acomodó sobre su cuerpo, y se quedaron descansando un rato, sintiendo las caricias de la otra, dejando que el calor de sus cuerpos acabase con el frío del invierno.

El silencio sólo se rompió cuando Eliza habló de nuevo, con un tono tan bajo y suave que apenas se escuchó lo que dijo.

Pero Alycia sí lo entendió.

- Te quiero.