POV Alycia

Alycia estaba demasiado concentrada en la carretera como para notar que la pierna de Eliza se sacudía con nervios en el asiento del copiloto.

Era veintiuno de diciembre, y su tía Anya la había invitado a pasar con ellos la Navidad, como siempre. Su grata sorpresa fue que su tía la animase a llevar ese fin de semana a la rubia para que su padre la conociera, y que Eliza aceptase. Ella pareció bastante segura respecto a conocer a su padre, pero se sentía cohibida por la impresión que la familia de Alycia debía tener de ella. Aunque Anya era una mujer encantadora y fue su abogada, procuraba no verla como la abogada tía de Alycia. Y su padre estaba probablemente al tanto de que su hija salía con una "delincuente" a la que Anya tuvo que defender. Era humillante. De todas las malas impresiones que podía darles, esa era de las peores.

Alycia la tranquilizó con un par de besos y frases que le recordaban por qué ella estuvo en la cárcel. La encerraron con delincuentes, pero ella no era una delincuente.

Eso valió para relajarla al menos media hora durante las cuatro que duraba el viaje.

Eliza no pudo más, y aunque trató de sonar natural, su voz tembló al final.

- ¿Podemos hacer una parada para estirar las piernas, por favor? Necesito aire fresco.

Alycia le echó un vistazo preocupado. Sabía que, desde que había estado en la cárcel, Eliza era todavía más claustrofóbica que antes. Cuando dormía, solía dejar la puerta y la ventana abiertas. Nunca cerraba las puertas de las habitaciones, y tampoco las mamparas de la ducha. Incluso había noches en las que se despertaba agobiada por estar completamente cubierta de mantas, y terminaba durmiendo con una sábana hasta la cintura a pesar del frío. Nunca dejaba de abrazar al Bob Esponja o a Alycia, eso sí.

La morena apretó los dientes y se maldijo mentalmente por no pensar antes en parar. Pensó que con las ventanillas bajadas Eliza estaría tranquila, y casi se enfadó con ella por no decirle que no era así en cuanto comenzó a sentir esa presión en el pecho.

Así que en cuanto vio una desvío hacia un área de descanso, cambió de rumbo.

Eliza saltó fuera y se estiró con ganas. Dio un par de vueltas en su sitio mientras Alycia bajaba y se colocaba a su lado. La rubia le sonrió.

- Gracias por parar.

- No me las des. Debí darme cuenta de que querrías tomar el aire tras tanto tiempo en el coche.

- No importa. No ha sido tan malo, en realidad - rozó su mano para tranquilizarla. Alycia pensó en lo absurdo que era que Eliza tuviera que calmarla a ella cuando debía ser al revés.

Forzó una sonrisa e intentó bromear para aligerar la preocupación.

- ¿Cuatro horas en un coche no han sido malas? Subes y bajas todas las escaleras de mi edificio hasta mi piso para evitar el ascensor, y cuando cogemos el de la casa de Lindsey pareces a punto de desmayarte, incluso si sólo son diez segundos.

Eliza se encogió de hombros con una sonrisa pequeña.

- No me gusta estar en espacios cerrados, pero es mucho más soportable si estás conmigo. A veces pienso que ni la cárcel habría sido tan mala si te hubiera tenido a mi lado.

Alycia la besó con fuerza en un arrebato de esos que le daban cuando Eliza decía algo que le llegaba directamente al corazón, y como era incapaz de responder con palabras, solían darle impulsos pasionales de los que la rubia no se quejaba en absoluto. Desde que le daban esos arrebatos, Eliza decía muchas más cosas bonitas. Había llegado a un récord personal de tres cumplidos a la semana.

Eliza bajó las manos desde la espalda hasta el trasero de Alycia.

- Casi me abres la cabeza contra la ventanilla, fiera - bromeó por el pequeño golpe que se llevó cuando Alycia la empujó contra el coche.

La morena sonrió tímidamente sonrojándose y dio un beso en la nariz de Eliza.

- Lo siento - dijo con sus ojos verdes clavados en los azules de su novia -. Pero tienes que avisarme cuando vayas a decir algo lindo para prepararme mentalmente y no lanzarme sobre ti.

Eliza le dio un apretón al trasero de su novia con una sonrisa contagiosa.

- A mí me gusta así.

Alycia rió.

- En serio. A veces pienso que se me va a salir el corazón o va a explotar. Ya voy teniendo una edad - bromeó.

Eliza echó la cabeza hacia atrás son una risotada y luego rozó su nariz con la de Alycia mirándola con cariño.

- Pero mírate, si aun eres una bebé. Con pistola, pero una criatura.

Alycia le mordió el labio en un suspiro.

- Así que podríamos decir que nuestra relación es ilegal y tú una pederasta - besó la mejilla y el cuello de la rubia, que suspiró relajada.

- Seguro que el juez me perdonaría. Él me entendería si te viera.

Alycia no estaba muy segura de hasta dónde seguir una broma cuando salían palabras relacionadas con jueces, delitos, policías y cosas parecidas relacionadas con la cárcel, porque no quería rememorar aquellos meses, y mucho menos que Eliza pensara en ellos. La rubia los comentaba con normalidad, porque era algo que había ocurrido y formaba parte de ella; no podía ignorar aquellos meses de su vida.

Fue Eliza quien rompió el cómodo silencio de su abrazo.

- Me encanta que vean que eres mía y yo soy tuya, pero hay un camionero con aspecto perturbador en el aparcamiento mirándonos, y no me apetece darle un espectáculo.

Alycia gruñó frustrada y fulminó a tal mirón por interrumpirlas con sus miradas lascivas.

Media hora después, estaban descansando sentadas en la acera mientras el señor de la gasolinera llenaba el depósito de su coche. La morena no dejaba de observar cada detalle de su chica mientras ésta jugaba al Mario Kart en una consola que tenía.

Mordía su lengua frustrada cada vez que le tiraban una cáscara de plátano que la hacía perder el ritmo.

De repente, Eliza la miró sonriendo de lado mientras Alycia no le quitaba la vista de encima.

- Has perdido - comentó la morena para picarla.

- Ha sido por tu culpa. Me estabas distrayendo.

- ¿Yo? - alzó una ceja con gesto inocente.

- Sí. Me das miedo cuando me miras así, tan fijamente; pareces un pervertida acosadora. Pero me gusta. Puedes seguir haciéndolo.

Alycia rió.

- A mí también. Me gusta ser una acosadora.

La rubia le guiñó el ojo.

- Mientras sólo me acoses a mí...

- Mientras sólo te acose yo...

- ¿Celosa? - se burló con sus ojos azules brillando divertidos.

- Territorial - puntualizó la morena.

- No conocía ese lado tuyo, Alycia Grey - rieron -. El día menos pensado me atas y me azotas.

Fueron a la tienda de la gasolinera a comprar un par de gominolas y chocolatinas para Eliza y una botella de agua para Alycia, y subieron de nuevo al vehículo rojo.

- Sé que soy genial y estoy muy buena, pero ¿realmente crees que le gustaré a tu padre? - dudó la rubia con un poco de chocolate en la esquina de su labio. Alycia cogió su rostro para besarla con una sonrisa y limpiarla.

- Claro que sí. Pero procura no tocarme el culo delante de él - aconsejó arrancando el motor y volviendo a la autovía.

- Entonces tú no me mires las tetas.

Alycia le dedicó una divertida mirada y Eliza hizo un puchero enternecedor. Mordió de nuevo su chocolatina y asomó la cabeza por la ventana mientras tarareaba la canción que sonase en la radio hasta llegar a casa del padre de Alycia.

Una vez allí, Anya las recibió con una sonrisa.

- Cariño - se acercó a Alycia para llenarla de besos en un maternal abrazo que la chica aceptó con gusto y una sonrisa -, cuánto me alegro de que hayas podido venir -. Miró a Eliza y sonrió con reconocimiento -. Hola, Eliza. Me alegro de verte. ¿Cómo estás?

Eliza asintió con una educada sonrisa. Alycia sabía que, si no era lo suficiente incómodo conocer a su familia, lo era que su tía hubiera sido su abogada. Aun así, agradeció el esfuerzo de la mayor por ser natural.

- Encantada de verte de nuevo también, Anya.

Su tía le sonrió fugazmente a Alycia, como dando el visto bueno a Eliza. Supuso que le ocurría lo mismo que a Eliza, y trataba de verla como a Eliza la novia de su sobrina y no Eliza la no delincuente que tuvo que defender.

Nunca habían estado las tres juntas, y Eliza nunca comentó si habían hablado sobre la relación que mantenía con la sobrina de su abogada.

- Tú padre ya estaba de los nervios por si te había pasado algo - comentó entrando en la casa.

Alycia rió suavemente mientras negaba con la cabeza.

- Es un exagerado - le dijo de manera cómplice a Eliza mientras entraban hacia la cocina y dejaban las maletas en la entrada -. Tuvimos que hacer una parada improvisada por falta de gasolina.

Anya asintió con comprensión y les ofreció algo de beber.

El padre de Alycia apareció en menos de un minuto en la cocina, con una sonrisa enorme.

- ¿Ya ha llegado? - se enfocó en su hija y su sonrisa creció al verla caminar hacia él para agacharse y abrazarlo con fuerza.

- Tranquilo papá. He llegado sana y salva - bromeó besando su mejilla.

- No te habrás parado a hablar con algún desconocido, ¿no? - preguntó preocupado. Alycia siempre era muy puntual, y ese día se había retrasado casi una hora.

Alycia negó separándose de su abrazo.

- Sólo con el dependiente de la gasolinera - admitió -. Eliza no me deja hablar con desconocidos.

Vio a la rubia reír y ser palmeada por su tía. Su padre las miró de manera alternativa y Alycia lo dejó pasar cuando condujo su silla hacia donde estaba su novia. Los miró atentamente mientras ellos se presentaban solos.

Ella estaba rememorando la conversación que tuvo con su padre donde le explicaba los cambios importantes de su vida en los últimos meses y, claramente, el de Eliza se llevó toda la atención. Su padre se quedó sorprendido, para al final decirle:

- La vida viene sin un libro de instrucciones, igual que los hijos y el amor. Nada es normal y nada es anormal. Puedes estar con quien quieras, cariño, si esa persona te hace feliz. Y si tú eres feliz, yo también - para luego añadir en broma -: Sólo espero que sea realmente guapa.

Entonces Alycia pudo respirar tranquila.

- Lo es. Te encantará.

Se centró en ver a Eliza reír de algo que su padre le contaba, sin hacer caso de las otras dos mujeres en la cocina.

- Alycia tenía la mala costumbre de hablar con desconocidos; dieron igual los intentos de su madre, su tía y los míos por convencerla de que es peligroso - comentaba con desaprobación, buscando apoyo en Eliza -. Una vez con siete años se sentó al lado de un pobre indigente en el parque para invitarlo a cenar a casa. A su madre casi le da algo cuando apareció con él en la puerta.

- Papá - lo detuvo una avergonzada Alycia, pero su padre no le hizo caso.

- Alycia siempre ha tenido debilidad por los ojos azules - confesó para satisfacción de Eliza, que le lanzó una sonrisita soberbia mientras su tía reía ante el sonrojo de Alycia.

- ¡Papá! - exclamó tapándose la cara -. Basta, me estás dejando en evidencia.

Su padre la miró inocentemente.

- ¿Acaso es mentira?

Eliza los miraba la mar de divertida mientras Alycia continuaba hablando con su padre.

- No te vayas a poner a enseñarle mis fotos de pequeña, que te conozco.

Su padre se volteó hacia Eliza.

- Te encantarán.

- Seguro - admitió la rubia encantada.

Alycia frunció el ceño. Qué traidora. Y ella que pensaba que tendría problemas para integrarse con su familia.

- Estás avergonzando a tu hija - le riñó Anya.

- Tengo que aprovechar que ha traído a su novia a casa. Siempre ha sido muy reservada con sus relaciones - se defendió el hombre cogiendo del brazo a Eliza.

- ¿Y te extraña? - preguntó Alycia sin recibir respuesta de su padre, que tiraba de Eliza hacia el salón.

- Las de cuando tenía cinco años son las mejores, ya verás - le iba diciendo el hombre.

Alycia gruñó ruborizada y Eliza se volteó sonriente.

- Prometo no reírme.

- Como si te creyese - replicó sonriendo derrotada.

Eliza sólo le guiñó un ojo, y cuando fue al salón tras diez minutos de conversación con Anya, vio a Eliza riendo sin pudor mientras su padre ya tenía tres álbumes apilados en la mesita.

- ¿Eso es chocolate?

- Quiso hacer un batido y se olvidó de poner la tapa - explicó riendo su padre para disfrute de la rubia -. Ahora es muy limpia y ordenada y todo lo que ella quiera, pero de pequeña siempre volvía manchada a casa.

Alycia se cruzó se brazos dejándose caer al lado de su novia para poder recibir con conciencia la humillación.

Eliza se volvió para mirarla con sus preciosos ojos azules brillando con ternura.

- Eras adorable - le dio un rápido beso en la mejilla al verla poner morros.

- ¿Era?

- Eres, eres - se burló la mayor para picarla.

Siguieron viendo un par de fotos más mientras Eliza acariciaba la mano de su novia, quien estaba mirando finamente sus manos entrelazadas.

La tarde fue cayendo, y Anya las llevó al piso de arriba para mostrarles su habitación.

- ¿Voy a dormir contigo? - preguntó Elizalde sorprendida mientras miraba la habitación de Alycia.

Ésta la miró asintiendo mientras dejaban las maletas bajo la cama.

- Nunca te has quejado - la provocó sonriendo.

Eliza devolvió la sonrisa besándola lentamente, recreándose en sus labios. Alycia sintió que podía dormirse en la comodidad de la boca de Eliza, y suspiró al separarse.

- No me quejo - aseguró la rubia, y sonrió con complicidad -. Tú padre es genial.

Alycia rodó los ojos.

- Claro, ¿quién no lo pensaría después de que humille a su hija delante de su novia? - bromeó. Sintió los brazos de Eliza rodeándola y un beso delicado en su nariz.

- No mentía cuando decía que eres adorable - mordió el labio de la morena -. Te hubiera limpiado a besos todo ese chocolate.

- Seguro que tú también eras muy mona - acarició su espalda -. Te imagino como una niña pequeña y adorable, con tus ojos azules brillando cada vez que hacías travesuras con una chaqueta de cuero y Lindsey de compinche.

Eliza rió suavemente.

- No vas muy alejada - confesó -. Pero mi madre no me dejaba llevar cuero de pequeña. Me conformaba con una chaqueta de chándal. Aun así, ya de pequeña era la sex symbol de mi clase.

Alycia la miró alzando una ceja y dejando que su vista cayese un poco.

- No lo dudo - Alycia sintió una palmada en su culo y chasqueó la lengua -. Dijimos que nada de culos.

- Tú me has mirado primero las tetas - se defendió.

- Tú las has puesto delante de mi cara - replicó señalándolas con la barbilla.

- Eres más alta que yo, solo están a la altura de tu cara cuando tú pones tu cara a su altura - insistió la rubia sin soltar el trasero de la otra, aprovechando que abría la boca para replicar para poder robarle un beso más profundo.

- Excusas - murmuró al separarse.

Ella y Eliza también habían acordado que no harían nada en la casa de su padre por respeto, porque Alycia se sentiría bastante incómoda. Ella nunca llevó a ningún novio adolescente a casa, ni se magreó con nadie en aquella habitación, así que hacerlo ahora se sentiría como corromper la memoria de una adolescente joven e inocente, como fuera de lugar.

Sin embargo, se le harían eternos esos dos días sin hacer el amor con Eliza, sobretodo si luego ella se marchaba de nuevo a Polis y no se veían hasta enero.

De repente su expresión cayó, y Eliza se dio cuenta, porque soltó su culo.

- ¿Qué pasa? - la miró preocupada.

- Te echaré de menos cuando te vayas - obvió con un encogimiento de hombros, haciendo sonreír a la otra.

- ¿Acabo de llegar y ya piensas en echarme? - bromeó ganándose un golpe de Alycia en el hombro.

- No seas idiota - cogió su cara para besarla con más ganas que antes. Eliza, obviamente, siguió el beso sin problemas. Al separase, apoyó su mejilla contra la de la rubia y se dejó abrazar -. Sabes que te quiero y me gusta tenerte siempre cerca.

Sintió la sonrisa de Eliza contra su mejilla.

- Lo sé - se limitó a decir mientras continuaba haciendo formas en la espalda de Alycia.