La comida estaba siendo un desastre. No un gran desastre en el que todos acaban yéndose por un lado y no se hablan de nuevo, pero sí el tipo de desastre que puede ocurrir cuando los padres de una pareja se conocen.

Mientras la madre de Eliza y el padre de Alycia hablaban sobre los defectos de cada hija o el tipo de terribles pastillas que debían tomar para sus problemas, Alex se entretenía jugando en el móvil entre resoplido y resoplido mientras Anya intentaban poner un poco de orden.

Habían pasado seis meses, y estaban en el Arkadia, donde los amigos de las chicas estaban una mesa más alejados. Los muy capullos habían decidido ir a cotillear la primera comida familiar de Eliza y Alycia para poder reírse a gusto de ellas.

Las chicas compartían miradas cómplices, fastidiadas. No es como si no quisieran juntar a sus familias, pero que decidieran comer todos juntos justo el día de su aniversario, no era la manera de celebración que las chicas tenían pensada.

Eliza se entretenía haciendo garabatos en una servilleta de papel mientras Alycia intentaba hacer papiroflexia con ella. Ambas compartieron otra mirada cuando sus padres sacaron el quincuagésimo trapo sucio de ambas. Toda una comida familiar en la que no podían faltar las vergüenzas más oscuras de cada una, sí señor.

Eliza se inclinó hacia la morena y habló cerca de su oído.

- Tengo la moto aparcada a una manzana, así que podemos fugarnos de este infierno. ¿Estás conmigo?

Alycia contestó al momento.

- Siempre.

- Genial, vámonos de aquí - la rubia se levantó a hurtadillas y tiró de la mano de su novia.

Sólo Anya y Alex parecieron darse cuenta. Mientras la mujer trataba de ocultar una sonrisa, el hermano de Eliza la miraba entre cabreado y suplicante de que lo sacara de allí. Bueno, ella había ido a la cárcel por él, así que ahora ya podía devolverle el favor. Sus amigos se estaban riendo de lo lindo al verlas salir corriendo agarradas de la mano.

Corrieron riendo y mirando hacia atrás de vez en cuando para asegurarse de estar a salvo de sus familias, y al fin llegaron a la moto de la rubia. Ésta besó a Alycia una vez recuperó la respiración por la carrera.

- Se darán cuenta tarde o temprano - comentó Eliza sin perder su maléfica sonrisa, típica de una niña que acaba de hacer una trastada.

Alycia la besó de nuevo.

- Probablemente.

Eliza montó en la moto y se puso el casco, con su novia detrás de ella. Luego ayudó a Alycia a colocarse el suyo. La morena la miró con los ojos verdes brillando de felicidad y expectación.

- ¿Y a dónde vamos? - preguntó con curiosidad.

Eliza le sonrió con amor.

- A cualquier lado - respondió mientras Alycia abrazaba su cintura -. Lo importante es estar juntas.

Le pareció escuchar la dulce risa de Alycia y un "te quiero" antes de que arrancase y se perdiesen calle abajo.

Había sido difícil pero, al final, las almas gemelas siempre acaban juntas.