Aquí está el segundo capítulo!
Agradezco a Laura Martínez por ser la primera lectora, darme una alegría inmensa y empujarme a escribir el segundo! También agradecer a otras chicas por dar me gusta a la publicación: Natalia Trujillo, Constanza Alejandra y Maria Luraschi.
Esto va por vosotras!
CAPÍTULO 2. UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD
Eran las 12 de la mañana, una brisa suave entraba por la ventana y la luz empezaba a hacerse hueco por los pocos espacios abiertos de la habitación de la chica rubia de ojos azules.
Mmmm, ¿qué hora es?
Se preguntaba inclinándose a mirar el reloj, al verlo corrió a levantarse, tenía una reunión a las 12:30, pero un dolor profundo de cabeza la invadió.
¡Puto alcohol!
Nuestra segunda protagonista tenía resaca, es lo que pasa cuando, al no poder dormir por culpa de unos ojos color chocolate decides que la mejor manera de conciliar el sueño es con un buen ron. Qué equivocada estaba, la mejor forma es cansarte tras un buen revolcón con aquella que te quita el sueño. Pero volviendo a nuestra historia…
Emma se dirigía a la puerta cuando se tropezó con la mesa y cayó así con el vaso de café en la mano, consiguiendo un profundo corte en el brazo al encontrarse encima de los trozos de cristal que se habían esparcido por el suelo.
¡JODER! Empezamos bien el día…he de ir al hospital.
Regina seguía sin poder dormir, cabe decir que los vampiros no son fanáticos de dormir, pero es la mejor salida a estar 12 horas en casa esperando a que se ponga el sol. Así que, cansada de tanta película y con hambre, se dirige a ver a su "amiga", que es la única que puede ayudarle con su problema de día.
- Doctora Blue – saluda la morena con esa voz sensual que tanto la caracteriza.
- Hacía tiempo que no te veía…. Majestad – dijo con aires de superioridad.
- Vaya, veo que no pierdes tus buenas costumbres.
- Eso te iba a decir yo… de vuelta en el hospital.
- Sí bueno, anoche las cosas no salieron bien, tienes lo de siempre? ¿O hay alguien que se debata entre la vida y la muerte al que pueda ayudar? Dice mordiéndose el labio ya cercándose a la doctora.
- Lo de siempre estará bien. – Y al instante desapareció por la puerta.
Regina se encontraba inspeccionando la habitación cuando una fragancia le golpeó de repente. Una fragancia que no lograba ubicar, pero que la volvía loca. Así pues, sin más demora siguió ese dulce aroma hasta su dueña.
Parada enfrente de la habitación 97 se dispuso a abrir la puerta cuando escuchó aquella voz que le devolvió a la noche anterior. ¿Ni un mísero "gracias"? No puede ser, es ella, creía que aprovecharía más esa oportunidad, yo no doy segundas. Acto seguido abrió la puerta, encontrándose así a una rubia vestida con esa misma chaqueta roja y esas mismas botas altas y negras. Emma alzó la vista y lo que encontró la dejó sin respiración.
Tan perdida estaba en su mirada que no reparó en lo que la enfermera que tenía delante le estaba diciendo que hacer con su vendaje, por lo que solo asentía, siendo esta la respuesta que esperaba la enfermera.
Para Emma el mundo se había detenido. No puede ser. Es ella, la chica de anoche. Esa mirada otra vez, como si me devorara, como si viera mi alma…y esa sonrisa, dios esa sonrisa….Pero ¿Qué está haciendo aquí? ¿Me habrá seguido? No...imposible, ya estoy divagando.
- ¿Vas a seguir mirándome como si fuera la única este mundo señorita Swan? – Saludó descaradamente la Reina.
- ¿Ah? – tosió- NO! solo me preguntaba…¿Qué haces aquí? – preguntó una rubia ruborizada.
- Mmm… es una buena pregunta. ¿Sabes lo que dicen de que todo el mundo se merece una segunda oportunidad? – Emma asintió – Pues yo no lo creo. Es decir, ¿no es una señal del destino que después de lo que pasó anoche, te encuentres en el mismo hospital al que he venido después de tanto tiempo, con un corte profundo – se relamía los labios mirando tan suculento manjar – en el brazo y en una cama toda sola e indefensa? – preguntaba acercándose lentamente hacia la rubia que la miraba con miedo, confusión y…es posible lujuria? – Oh, ¿no entiendes nada, no es así? – y mientras sonreía – Swan, anoche viste un hombre lobo, me viste luchar contra él, y viste la fuerza que tenía, ¿crees que soy normal? – la rubia parecía dubitativa, analizando cada palabra que salía de los dulces labios de la morena que tenía en frente, aunque muy de tanto en tanto se perdía en ellos y tenía que volver a empezar.
- ¿A dónde quieres ir a parar señorita….?
- Ahh, ahora quieres saber mi nombre, te lo diré aunque en unos segundos ya no lo recordarás. Me llamo Regina Mills. – y acabó justo a pocos centímetros de Emma que sentada en la cama, no podía hacer otra cosa que recorrer a su inesperada visita de arriba abajo deleitándose lentamente con cada curva y pliegue del cuerpo de la morena y su sedoso (a simple vista) traje negro.
- Regina – y en ese instante, el mundo de la morena se detuvo, hacía mucho tiempo que nadie la nombraba por su nombre, demasiado a decir verdad, pero no solo era eso. La forma en la que la rubia lo había dicho era…abrumadora, tanto que dejó de respirar por un segundo.
- Repítelo – suplicó Regina con esa mirada intimidante pero llena de ilusión.
- ¿Tu nombre? – Regina asintió – Regina… - Y apenas pudo acabar el nombre cuando la puerta se abrió y al volver a buscar esos ojos pardos, ya nadie estaba ahí.
Regina apareció en el bosque, confusa, cansada, e irritada; la corrida que había llevado a cabo la había dejado exhausta y hambrienta, pero se había quedado sin su rubia.
¿Qué me ha pasado? Nunca, nunca doy segundas oportunidades, no doy ni si quiera primeras ¡¿Por qué?! Estaba tan cerca, ella sudaba, su corazón palpitaba más deprisa, sus ojos se posaban en mis labios de vez en cuando y la tenía toda sola para mí… ¿Por qué alargar el momento hablando con ella? Me encanta causarles miedo, reírme de ellos cuando por fin empiezan a entender por dónde van los tiros… pero eso siempre ocurre la primera y última vez que los veo. ¡Es imbécil! – Regina chillaba por todo el bosque, espantando así cada pájaro que se hallaba relativamente cerca de ella - ¡No entendía nada de lo que decía y por eso no la he matado, ¿no? – Regina intentaba auto-convencerse de que esa era la única razón, pero ¿lo era? – pero, y lo de mi nombre…REGINA, sonaba tan bien en sus labios…NO, será que es la primera vez que lo escucho en dos siglos…
Emma toda confundida se dirigía ya hacia casa, eran las ocho de la tarde, se había tirado en el hospital toda la tarde después de la visita de Regina, al parecer al tomarle las pulsaciones y al realizarle unas cuantas pruebas y analíticas por posibles infecciones, habían notado su pulso acelerado, que durante por lo menos 20 minutos no había bajado su intensidad, por lo que la mantuvieron en observación.
Lo que ellos no sabían es que lo que provocaba que el corazón de Emma latiera desesperadamente en su pecho no era el corte, al menos no el suyo, pues había reparado, tras analizar cada fracción del cuerpo de la morena, en una cicatriz que se situaba justo sobre el labio superior, esa a la que sin duda alguna desearía volver a abrir…con sus propios labios.
