Este como veréis es un poco más largo, todo por contentaros! Me ha llevado más tiempo pero aquí está.

Doy las gracias a Laura Martínez por ser mi fan número uno, también a Natalia Trujillo, a Constanza Alejandra, Jessy Cáceres, Pao del Ca. Y aquellos anónimos que comentan y amigos que me apoyan a seguirloo.

Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen son de la serie OUAT.

DISFRUTAD

CAPÍTULO 3. UNOS SEGUNDOS DE LUCIDEZ

Emma entraba por la puerta de su casa con cuidado, recordando el destrozo que había causado su torpeza y que, al haber salido corriendo hacia el hospital, no se había parado a limpiar. Con sumo cuidado de no pisar ningún trozo de cristal se dirigió hacia la terraza. Después lo limpiaré. La cuestión es ¿Qué quiso decirme con respecto a que fue el destino el que hizo que nos encontráramos concretamente en el hospital estando yo en la cama sola e indefensa?¿Fue una insinuación y no la entendí? ¿Tan imbécil soy? No…Regina va más allá…Regina…mmm…pero lo de la fuerza… no reparé en ello hasta que me lo dijo, no me di cuenta antes pero tiene razón, es decir, a mí me coge ese animal y me mata, sin embargo ella resistía, y consiguió alejarse de la bestia… ¿Pero entonces? No entiendo nada, tengo que buscarla, tengo que encontrarla y averiguar que cojones quiso decirme. ¿Pero cómo?

La primera vez fui yo quien la encontré, salvándole la vida; la segunda vez fue ella, y ¡dijo algo de mi herida! ¡Y se relamió los labios! ¿Era esa una insinuación? Pero ¡qué va a ser esa una insinuación! se relamía mirando mi brazo herido…Puede ser…no…

Emma que ya no sabía cómo colocarse en la terraza, empezaba a perder la cabeza, divagaba sobre vampiros, hombres lobo e incluso brujas… Seamos claros, las dos primeras vale, pero ¿brujas?

Sin embargo esa era la conclusión a la que había llegado, una mujer tan despampanante, con una fuerza increíble, una rapidez inigualable, una frialdad en la mirada que te quitaba el aliento y esos deseos oscuros que al parecer tenía con su brazo ensangrentado, todo tenía sentido, ¿no?

Emma se había dispuesto a encontrarla y o se dirigía otra vez hacia el hospital (cosa que le parecía absurda puesto que, según la morena, hacía mucho tiempo que no iba por ahí) o se hacía un corte y esperaba a que apareciera…muy lógico todo…claro.

Regina se había pasado dos horas en el bosque, dando vueltas, corriendo a más no poder, intentando zafarse de ese malestar que tenía, ese insaciable apetito que le había inundado a causa de su fugaz estancia en el hospital. Se había ya alimentado de dos ciervos que paseaban por el bosque mas seguía hambrienta y supuso que lo mejor sería regresar a casa, descansar y salir a por algo más suculento un poco más tarde.

Entrada ya la noche, la Reina, o Reina Malvada como le gusta que le llamen sus presas antes de hincar sus afilados colmillos en sus cuellos; vagaba por las calles, las inspeccionaba con sus cinco sentidos, el más agudo: su olfato, que empezaba a detectar un fuerte aroma a alcohol. Sin pensarlo se dejó guiar por este hasta llegar a un hombre, unos 35 – 40 años, rubio, de ojos azules, con cara de bueno, a decir verdad, y con un tatuaje de un león en la muñeca.

- Hola apuesto caballero. – saludó pícaramente nuestra Reina Malvada.

- Hola preciosa – respondió con sorna este

- ¿Te has perdido? – Regina se acercaba a él, mientras este asentía con una gran sonrisa bobalicona. – tengo mi apartamento a unas calles cerca de aquí, ¿me acompañarías? – levantado así la ceja derecha (poniéndose así en marcha su plan)

Regina cogida del brazo de su acompañante lo dirigía hacia un callejón sin salida, pero el pobre solo iba pendiente de ella, de apreciar ese momento en que le sostenía fuerte, como si dependiera de él, ese preciso instante en que ella lo empujó contra la pared, él sentía que se moría por dentro deseando de una vez agarrar sus labios entre su boca, pero ella…oh…ella se dirigía un poco más abajo, al cuello. A él se le erizaba la piel al sentir la respiración de esa diosa contra su piel, el frío aire que emanaba de sus labios, demasiado frío. Poco a poco se daba cuenta de cuán fría estaba la piel de la mujer que tenía delante, con cuánta fuerza le presionaba casi dejándolo sin respirar. Empezó a entrar en pánico justo cuando ella se separó para mirarlo a los ojos. Los de ella ya no eran de ese intenso chocolate, se habían tornado azules; los de él reflejaban miedo y asombro. La reina se deleitaba con esa mirada, y excitándose le sonrió, enseñando así sus blancos colmillos, justo antes de lanzársele a la yugular y empezar a saborear esa oscura y rojiza substancia por la que tantas veces había matado.

Al separarse sintió un gran alivio por lo que respecta al apetito, pero estaba muy excitada, demasiado. Era tan embriagador el sentir como alguien abandonaba su vida involuntariamente para dejarte vivir a ti un poco más, ese poder y control que ejercía sobre los demás le encendía como nada ni nadie más lo hacía…al menos hasta entonces.

Dirigiéndose pues a continuar con su caza, aunque esta vez sentía que necesitaba prolongarse algo más…y no en alimentarse…algo le golpeó. No lo vio venir, sus sentidos estaban algo entumecidos por la situación anterior.

Llevándose una mano a la cabeza notó su propia sangre corriendo a través de ella, y sin más demora se centró, fijó la mirada en aquella bestia que se erguía a unos pocos pasos por delante de ella.

- ¡TÚ! ¿No recuerdas quién soy? ¿Ya te has olvidado Snow?

- ¿Cómo podría olvidarle majestad?, fue usted quién decidió experimentar y ver si un hombre lobo como mi padre podría transformarse en un ser medio lobo medio vampiro. – respondió con rencor e ira la mujer lobo.

- Qué pena que no resultara… Lo intenté en serio, quería que saliera bien…supongo que no era tan fuerte después de todo. – sonreía malvada la Reina.

- No te atrevas a hablar así de mi padre Regina.

- Ni tú a llamarme por mi nombre princesa.

Las miradas eran como cuchillas, podían cortar el aire como si de una cuerda se tratara. Cuando dicen que las imagines valen más que las palabras se equivocan, es suficiente una mirada, para hacerle saber al mundo lo que piensas.

Solo se observaban, como bajaba y subía el pecho de la otra, como el sudor les recorría la piel, debían evitar un enfrentamiento cuyo vencedor se desconocía. Ambas tenían una fuerza enorme y un rencor igual de potente, ninguna se atrevía pues a dar el primer paso, incluso siendo la reina la primera que había recibido.

Una voz les sacó del trance en el que se habían sumido.

- Snow, es una pérdida de tiempo, vámonos. – una chica de largos cabellos castaños, alta, esbelta y de ojos verdes se dirigía hacia la mujer morena de cabello corto.

- Mató a mi padre Ruby, no la dejaré escapar esta vez. – dijo sin un ápice de duda en su voz.

Sin embargo Regina ya se había perdido, sus ojos vagaban buscando la procedencia de esa fragancia tan familiar, y antes de que su compañera se diera cuenta de lo que sucedía, la Reina se despidió con un simple…

- Hasta pronto preciosas, tengo algo pendiente.

Emma, sentada en el borde de la barandilla miraba como de su herida emanaba sangre de nuevo y se perdía por sus dedos hasta llegar a la fría acera de la calle en dónde vivía. Pensaba en si era una buena idea, en si se estaba volviendo loca, pero sobretodo, pensaba en ella, y no tardó en verla. Dos pisos más abajo, en medio de la carretera inundada por unas pocas farolas se encontraba ELLA. Vestía una americana negra y una falda de tubo del mismo color, bajo la americana una camisa blanca resaltaba, pero lo que más le sorprendió fue el color rojo que teñía su preciosa cabellera azabache.

No pensó en nada más que ayudarla, ni si quiera se dio cuenta de las palabras que acababa de pronunciar "Sube, te abro". Emma se hallaba frente a la puerta, esperando escuchar el timbre, algo que le advirtiera de que estaba ahí, pero nada ocurrió.

Se giró, y ahí estaba.

- Señorita Swan, que placer volverla a ver.

- Regina estás sangrando. - caminó a paso rápido hacia el botiquín que instantes antes había sacado del cuarto de baño.

- ¿Estás segura? – preguntó divertida la morena.

- Si no es así, ¿porque tienes el pelo manchado de sangre?

- Porque no has utilizado correctamente el verbo Swan, es estaba sangrando, ya no lo estoy.

- ¿Qué te ha pasado? - la voz de la rubia sonaba preocupada pero curiosa

- No hablemos de eso ahora…lo que más me intriga saber es porqué le sangra el brazo de nuevo – miró con curiosidad Regina

- Quería comprobar si tenía razón. – inquirió la rubia de ojos verdes azulados

- ¿Puedo preguntar sobre qué? – Regina se acercaba divertida a su pre…compañera.

- Sobre si al sangrar, tú aparecerías.

- Me echabas de menos Swan? – preguntó mordiéndose el labio mas con inocencia en la mirada.

- Simple curiosidad. No creerías que después del encuentro en el hospital, no tuviera ciertas dudas sobre qué eres, o qué quieres. – acercándose a Regina.

- ¿Y bien? ¿Puedo morderte ya o vas a seguir hablando?

- A eso me refiero, ¿concretamente hablas de morderme hasta que sangre o de morderme para…probarme? – la pregunta sobresaltó a Regina, pues Emma había hablado con la tranquilidad con la que alguien le habla a un niño, aunque de inocente, la rubia tenía poco.

- Lo uno no es plausible sin lo otro querida. Ya sabes eso que dicen, una cosa lleva a la otra y…- se queda a centímetros de la rubia.

- Eso es porque no sabes de lo que soy capaz.

Dicho esto, Emma toma el control de la situación y se abalanza sobre ella, mordiendo sus labios suavemente pero con ansias, con unas irremediables ganas de más. - No está mal querida.- suelta entre suspiros Regina, que no le da tiempo a pronunciar una palabra más cuando tiene a Emma de nuevo en sus labios. Regina le devuelve el beso pasando su lengua por el labio inferior de la rubia pidiendo así permiso para entrar. Emma capta la súplica y abre un poco su boca, cediéndole así el control a la Reina. Sin embargo no se deja hacer del todo, Emma contraataca con su lengua, una guerra sensual se libra entre suspiros hasta que deben separarse por la falta de aire.

Segundos después, Regina arremete contra el cuello de la ojiverde, lo saborea hasta la saciedad, degustando cada fibra, ángulo y área entre la clavícula y la boca de la rubia. Mientras, con sus manos recorre el cuerpo cálido que la presiona contra la pared, hasta que esa necesidad se despierta, en un movimiento brusco Regina consigue acorralar a Emma contra la pared. Emma se deleita en esa posición deseosa de más, pero no se da cuenta de que los ojos chocolate que tanto la habían mantenido despierta se han tornado de un azul cielo pero brillante que la miran sedientos.

La parte racional de Regina, esa que se creía perdida desde hace décadas, aparece como si se tratara de vida o muerte. En esos pocos segundos de lucidez, Regina se aparta y desaparece, dejando a una Emma ardiente, confusa, pero sobretodo, sola.