Y este es el último de hoy chic s! Espero sea de vuestro agrado.

Como véis actualizo a menudo. Pero ya sabéis como funciona, más comentarios, más favs, más visitas…todo ayuda a subir capítulos antes! De todas formas ya me conocéis, me basta uno para seguir la historia. Eso de que las dejen a medias me da una rábia…

Esto es todo.

Se me olvidaba, gracias otra vez a todos los que ya comentan, le dan favs o siguen la historia. Es por vosotros, por nadie más.

CAPÍTULO 5. UNA DAGA

El ascensor era un lugar peligroso, ambas habían perdido todo rastro de cordura, pero también sumamente excitante.

La Reina había ganado a Regina, y tan pronto como su rastro de "humanidad" desapareció, Emma lo notó. Un escalofrío la había recorrido de arriba abajo, un escalofrío que no portaba más que tensión y miedo. A través del espejo del ascensor y sin que la morena lo notara, Emma había podido contemplar el cambio, la transformación de su apasionada ojimarrón a un ser sin alma, cuyos ojos no estaban más que vacíos.

Emma intentaba hallar una forma de escapar de la situación, de hacer volver a la chica que "conocía", pero no atinaba con la solución. Le siguió el juego. Salieron del ascensor, la Reina acorralaba a Emma contra la puerta de su casa, y con la mano empujaba la llave por la cerradura. En un instante ambas estaban dentro. En un instante la morena tenía cogida a Emma por la cintura mientras ésta la tenía agarrada por la cintura.

Llegaron a la habitación de la dueña de la casa, Emma pudo cambiar posiciones y empujar a su acompañante hacia la cama, dándole el tiempo necesario para girarse, salir y cerrar la puerta. Corriendo, Emma se dirigía hacia la concina. Algo para defenderme, algo afilado…o ¿no será como en las películas malas donde hay que clavarles una estaca no? Esto me servirá, perfecto.

Justo al girarse se la encontró parada frente a ella, con la mirada más vacía y retorcida que jamás había visto. Terror. Eso es lo que Emma sentía, nunca había tenido tanto miedo como ahora, no obstante un rastro de confianza quedaba en su corazón.

- Regina, sé que estás ahí, escúchame. – suplicaba.

- Querida, no soy Regina, soy la Reina Malvada.

- ¿En serio? ¿Ahora eres humorista? ¿O es que eres fanática de las películas Disney? – Emma sostenía fuertemente la espada apuntando a su compañera mientras intentaba por todos los medios calmar la situación, intentaba recuperar a aquella que le quitaba el aire para respirar.

- Ese fue mi nombre durante más de dos siglos princesa, aunque sea un formalismo, nadie me llama por mi verdadero nombre, no vas a ser, ahora, tú la especial.

- Lo siento, pero no pienso rendirme, ella sigue dentro de ti, he leído sobre tu especie, hay momentos en los que aparece el alter ego, ese que no puedes controlar.

- ¿Dices que soy el alter ego de Regina? Somos la misma persona señorita Swan, que tú no lo quieras ver no es mi problema.

- Tendrás la misma apariencia, pero no eres la misma. Los alter egos, son la parte oscura de cada uno, es parte de uno mismo, la diferencia está entre quién escoje vivir de ella, y quien escoge vivir con ella, enfrentándole, y aceptando que ni el bueno es tan bueno ni el malo es tan malo. – pese a que lo que había dicho era cierto, Emma también intentaba ganar tiempo.

- ¿Te oyes hablar? ¿Ves acaso, el sinsentido que tienen tus palabras? – Se acercaba lentamente.

- Mira, no conozco a Regina, y mucho menos a ti, pero lo poco que me ha mostrado demuestra que no escogió vivir de ti, no te escogió a ti.

- Mira tal vez me haya mostrado más benevolente contigo porque quería pasar un buen rato y pese a ser molesta me entretienes, pero tengo límites, mi naturaleza los tiene. No te tengo aprecio ninguno, deseo sí lo acepto. Ahora acepta que no tengo corazón y acabemos con esto.

Y sin hacerse esperar la Reina sacó los colmillos y se abalanzó sobre la rubia.

Emma lo aceptó y acto seguido lanzó la espada a un lado, no había nada que pudiera hacer contra un vampiro, eso lo sabía. Sin embargo había algo dentro de ella que le suplicaba actuar.

Regina ante tal acto frenó en seco, solo faltó eso para que la rubia reaccionara y clavara el daga (que había encontrado al salir de la habitación de Regina) en el estómago de ésta mientras le susurraba – Lo siento – con unos ojos bañados en lágrimas retenidas, marchándose segundos después.

""""""""

Regina había vuelto en sí, como si le hubieran derramado un cubo de agua congelada encima. Se sentía desubicada, sabía lo que había pasado y cómo había pasado, pero era como si lo hubiera vivido en tercera persona. Había estado luchando contra sí misma, gritando por dentro "detente, para, por favor, no quiero matarla, no sé por qué pero no quiero…por favor" y de repente sintiendo un tirón había vuelto en sí.

Ahora miraba hacia abajo, hacia la daga que tenía clavada en su estómago, una daga de plata. Rápidamente se la sacó, la plata era lo único que podía matar a un vampiro si no se extraía a tiempo, a no ser que se clavara en el corazón, para ello no había salvación. Regina no dejaba de sangrar, al ver que su herida no se curaba sola, dedujo que un extracto de plata había quedado incrustado. Con todos los artilugios que tenía guardados se arremangó y consiguió sacar un trozo diminuto de la daga, tan diminuto que dicho objeto no parecía tener ningún cambio. Consiguió con ello autocurarse, pero se hallaba sin rastro de alivio en sus ojos. No podía pensar en otra cosa que no fuera Emma, en su acto de lanzar la espada, en sus ojos hundidos en desesperación, aceptación y algo que no lograba descifrar.

Con un nudo en la garganta aterrador, Regina descansaba sobre el tejado del edificio en donde residía. No se perdonaba lo que había estado a punto de hacer.

No lo entiendo, no la conozco, no sé nada de ella, lo único, ese carácter, es tan distinto a todos con los que me he topado… Me ha desafiado, se ha reído de mí, se ha preocupado...y ni si quiera me conoce. Aunque ahora que lo hace un poco más no querrá volver a verme, de hecho cree que estoy muerta, sin embargo me descoloca ese "lo siento". No quería matarme, incluso cuando yo estaba a punto de acabar con su vida…ella lamentaba clavarme el cuchillo, me apostaría lo que fuera que le dolió más a ella que a mí físicamente. Aunque tampoco puedo quejarme, me lo he buscado.

""""""""

Dentro ya del coche, Emma se dejó llevar por las lágrimas, no podía más con esa presión en el pecho que la quemaba. Hoy le esperaba un duro día, en 10 minutos tenía que estar en la oficina y no tenía ganas ni de respirar. Solo quería dormir y que al despertarse todo hubiera sido una pesadilla, que estos días nunca hubieran ocurrido, que nunca la hubiera conoc… Aunque de eso no se arrepentía. Si hubieran sido en otras circunstancias, siendo normales para variar…

Ha estado a punto de matarme – pensaba Emma - ¿por qué me duele lo que he hecho? Tenía que salvarme, no había otra forma…Pero no está muerta, es imposible, es un vampiro, y estos no mueren si no les arrancas la cabeza, le clavas algo de plata en el corazón o directamente se lo extraes. Mi daga es de plata pero se la he clavado en el abdomen, así que seguro aun respira. – dijo sonriendo Emma – No debería alegrarme de que estuviera bien, de hecho no lo sé seguro…pero no quiero que muera, pese a todo no quiero que lo haga. No la buscaré, ni si quiera para saber si está bien, aunque me duela. Y no la volveré a ver, a no ser que busque venganza, en tal caso, esta vez no dudaré, y le hundiré la daga en el pecho, es su oscuro y frío corazón, dejando así, igual al mío.