Hola chic s, sí aquí lo tenéis! Si habéis esperado mucho es vuestra culpa! Comentad insensatos! Que no estoy pidiendo mucho. Vuestra opinión! Cómo queréis que siga, que os gustaría que sucediera...etc.
Esto es por todos los que los leéis. Des de ammigos (Laura, Paula) Hasta aquellos que lo leen porque les gusta (Constanza, Pau Sanchez, Laura Martínez...) y todos los que dejáis esos comentarios. En el fondo soys vosotros quienes me empujan! Bueno disfrutad!
CAPÍTULO 8. UN MANZANO
Son las siete de la tarde, Emma ha vuelto a salir tarde de trabajar, lo que no le importaría sino fuera porque tiene que estar lista para las ocho. Aunque cabe decir, que nuestra co-protagonista nunca se complica demasiado a la hora de vestirse, su único imprescindible es la chaqueta roja. No obstante, aquí estaba, una rubia acabada de salir de la ducha, habiéndose puesto ya la ropa interior, pero aún con el pelo revuelto, frente al armario decidiendo que ponerse y estaba tardando más que de costumbre…
"Toc, toc" Suena la puerta. Emma mira el reloj, ¿se le había pasado ya el tiempo? No puede ser, aún falta media hora.
- ¿Swan?- Emma se había quedado atónita, en efecto, la voz que había escuchado es la misma que le quitaba el sueño por las noches, es esa melodía dura, severa pero sexy. Rápidamente se encaminó a abrir la puerta. Y al abrirla no se encuentró con el lobito de ojos azules, al único al que esperaba ver hoy, claro que no…sino con la vampiresa de ojos chocolate.
- M… ¿interrumpo algo señorita Swan? ¿O es que recibes así a todos tus invitados?– decía mientras que con sus ojos recorría el cuerpo semidesnudo de su rubia, se podría decir que incluso podría haberse sonrojado si no tuviera los años de experiencia que nuestra vampiresa tiene.
Emma se da cuenta enseguida al notar la corriente de aire sobre su piel y la mirada que le atraviesa, de su morena. En un instante su cara empieza a arder. No podemos echarle en cara el despiste, es normal no saber qué hacer cuando de repente, aparece ESE ALGUIEN en forma de visita inesperada, frente a la puerta de tu casa. Así pues se excusó y fue a vestirse tan rápido como le fuera posible mientras le decía:
- Pasa por favor, ahora salgo.
Dicho esto la morena entró y observó detenidamente la casa de la ojiverde. Era bastante grande, tanto trabajar desde luego le había servido para tener una casa realmente espectacular, cuya decoración era toda colorida, cuadros de arte posados en cada una de las paredes del salón, colores claros y acogedores por todas las habitaciones, en todas las cosas. Se podía respirar un aire que te impregnaba con un único sentimiento: hogar.
- Perdona por lo de antes…no me di cuenta. Además con las prisas y no saber qué ponerme se me olvidó que no llevaba nada… - Emma había vuelto a sonrojarse al ver en su salón a una morena curiosa y embelesada por uno de los cuadros, concretamente su favorito, el que se encontraba sobre la chimenea.
- Oh, no te preocupes, ha sido todo un placer – decía mientras su vista seguía en ese mismo cuadro (pero con una sonrisa pícara). Y es que ¿cómo no iba a mirarlo?, todo el cuadro era un increíble elogio a nada más y nada menos que un manzano. Bajo un aura de belleza y magia, brotaba de la tierra un fuerte, robusto y de apariencia noble, árbol del cual colgaban unas manzanas rojas como la sangre. En torno a él colores claros, el cielo azul totalmente despejado, al fondo pequeños arbustos con flores de diferentes colores que solo acentuaban aún más el protagonista de la obra. Era una obra de dos estilos diferentes, opuestos: el realismo y el idealismo. Regina habría jurado que el manzano retratado era exacto al que tenía ella en su jardín, el jardín de su casa a las afueras donde creció, aquella casa que guarda todos sus recuerdos, tanto malos como buenos, y la que aún visita todos los fines de semana.
- Pero una cosa que no me cuadra, ¿desde cuándo te preocupas por el qué ponerte? – seguía sin mirarla. Lo que a Emma parecía molestarle tan solo un poco. Aunque la morena no se libró de una mirada de "desprecio" por ese comentario.
- ¿Qué quieres decir con eso, que no visto bien?
- Oh vamos, lo dirás en broma ¿no? – un rápido vistazo a los ojos azules y vuelta al cuadro. – ¿O me vas a decir que te encanta la moda y siempre intentas estar a la última o al menos te pasas media hora todos los días para arreglarte, y que obviamente no coges lo primero que te gusta y con lo que vas cómoda? Sin olvidar claramente esa chaqueta roja sin la que nunca sales de casa– vuelta a los ojos azules pero con esa ceja levantada que tanto la caracteriza.
- No sabía que te fijabas tanto en mí, Regina. – ahora era la rubia la que la miraba con una ceja levantada.
- No lo hago, pero ¿sabes? Tengo ojos, y el rojo de tu chaqueta se ve a kilómetros de distancia – volvía a mirar el cuadro.
Esta mujer no se deja vencer fácilmente, pero Regina, sé que te fijas en mí, aunque no tanto como yo en ti.
Emma había decidido dejar esa conversación para otro momento y viendo como la morena se interesaba tanto por el cuadro le preguntó.
- Parece que te gusta, has mirado más al cuadro que a otra cosa. Mi pregunta es ¿por qué? – la mirada de la morena la podría haberla matado.
- Celosa del cuadro señorita Swan? – sonreía con sorna Regina. Mira que eres fácil de cazar Emma.
- No. De hecho es mi cuadro favorito, por eso está encima de la chimenea. A veces simplemente me siento en el sofá y con mi taza de chocolate, me quedó horas observándolo. Solo quería saber porque tanta admiración de tu parte.
- ¿De verdad es tu cuadro favorito? – la mira, Emma asiente con una mueca que se parece a una sonrisa (claro distintivo de nuestra rubia) – Es que me recuerda al árbol que está en mi jardín.
- ¿Jardín? ¿Qué jardín? - preguntaba curiosa. ¿Intenta tomarme el pelo ahora?
- En la casa que tengo a las afueras. – vuelve a quedarse mirándolo.
Emma asume que no va a obtener más información así que empieza a caer en lo extraño de la situación.
- M… ¿Regina? – Consigue que la mire – no es que quiera distraerte del cuadro ni nada… - dice mientras que lleva su brazo a su propia cabeza (está nerviosa…teme en parte la respuesta) – pero… ¿exactamente a qué has venido?
- Oh…verás. Ayer me mencionaste, bueno y de hecho hace unos minutos también, algo sobre una taza de chocolate caliente y canela, y a decir verdad hace demasiado tiempo, más del que puedo recordar, que no he probado una, así que había pensado en venir y exigirte que me prepares una. – Regina no quería perder su "frialdad y poderío sobre todo y todos", al fin y al cabo ella era la Reina. Pero con todo y con ello, y sabiendo que se arrepentiría segundos después, añadió – Además tenía pensado en que si bueno...si te apetecía, podías unirte también, ya sabes - hizo una pausa - tomarla juntas. – Por dentro Regina se moría de vergüenza, por fuera, una simple mirada, no podía permitir perder su compostura, así que la observaba atenta y expectante.
La cara de Emma era un cuadro, ahora mismo lo que más brillaban no eran sus ojos sino sus dientes de la gran sonrisa que se había abierto camino en su rostro. Pero de un golpe frío recordó el por qué había abierto a Regina sin ropa: Killian.
- Oh…mm….Aunque me gustaría, no puedo – Regina cambió la cara de repente – hoy, no puedo hoy, de verdad, ojalá pudiera pero es algo a lo que literalmente no pude negarme. Aún así – hizo una pausa - mañana estaría encantada de preparar dos tazas de mi famoso y rico chocolate. – se para hasta encontrar su mirada de nuevo – ¿Te parece bien mañana a las ocho?
- No sé si mañana podré, todo esto ha surgido de forma improvisada…Pero intentaré estar aquí – sonreía ¡Está sonriendo! ¡Y es por mí! Ahora es más preciosa si cabe.- gritaba en sus adentros la rubia.
Así pues se dispuso a acompañar a su morena hacia la puerta.
- Hasta mañana Regina.
- Señorita Swan. – asintió y se marchó.
Emma acababa de entrar en casa, sonriendo como no lo había hecho en años. No le cabía la alegría en el pecho.
- Bonita despedida, amor. ¿Me he perdido algo?
- ¡Killian! – prácticamente chilló sobresaltada.
- Perdona princesa, no pretendía asustarte de nuevo, pero al ver que la puerta estaba ocupada he preferido rememorar nuestro primer encuentro, aunque esta vez te he traído un ramo de rosas. – era un precioso ramo de 12 rosas de todos los colores: rojo, amarillo, blanco, rosa...incluso habían azules.
- Oh gracias – sonreía Emma – pero no vuelvas a hacerlo por favor.
Killian había logrado acercarse a la ojiverde mientras esta distraída miraba cada una de las rosas, y cuando logró situarse enfrente, le ofreció su brazo.
- ¿Me acompaña señorita Swan? – No suena igual, no es lo mismo.
- Claro.
Dicho esto salieron, esta vez por la puerta.
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Regina se encontraba saliendo de la portería del edificio de la rubia cuando un aroma la golpeó. Un hombre lobo. Miró hacia arriba. Ese es el balcón de Emma, ¿lleva un ramo de flores? No puede ser, ¿eso es lo que tenía que hacer, y por eso no podía venir conmigo? ¿Prefiere antes un lobo que a mí? ¿Y que es eso que me dijo? Ah sí, le había sido literalmente imposible negarse…ya claro… Y con su mirada aún en el balcón Ya no hace falta que prepares dos tazas Emma, ya no.
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Un escalofrío recorrió el cuerpo de la rubia. Sabía que algo malo había pasado. Es otro de sus "súper-poderes". Pero no podía preocuparse por eso, ahora tenía que vigilar su espalda, no se fiaba del lobo.
- ¿Puedo preguntarte algo?
- Lo estás haciendo ya amor.
- Ya me entiendes… - dijo con algo de fastidio. ¿De qué va? Empezamos bien la noche…
- Sí, pregunta lo que quieras princesa.
- ¿Te gusta matar a los de mi especie?- esto tomó al pirata desprevenido. No se esperaba tal pregunta. No sabía cómo contestar, no sabía qué contestar. ¿Qué clase de pregunta es esta? Esta mujer está un poco mal de la cabeza. Pero me gusta, es directa, no le teme a nada. M...pero cambiemos un poco esto.
- Durante muchos años, sí. Con el tiempo pierdes el interés. Todo se hace más monótono. Aunque hay una manada que es muy creativa, a veces los raptan, los sueltan en recintos propios que tienen; son como bosques pero está delimitado. Y entonces entre equipos pues batallan para ver quien consigue matar a más…etc. Yo he jugado, es muy divertido de hecho, pero últimamente me he centrado más en matar para vivir y listos. Incluso a veces, cazo animales. El problema es que en nuestra raza eso está mal visto, somos animales también así que es como si te tacharan de "caníbal". Pero no voy a negarte la excitación que provoca, ni esa sensación de ver el miedo en los ojos de tu presa justo cuando saben que no tienen salvación. - la miraba directamente, intimidándola.
Emma se había quedado sin habla. Demasiada información, aunque he de admitir que ha sido honesto (o eso parece). Pero no puedo fiarme de él. Aunque tenga ese algo que no se que es.
- Puedo preguntar ¿por qué has probado con animales si está tan mal visto en tu especie?
- Bueno, es simple, intentaba buscar un sabor mejor y facilitarme algo más la vida. - la miraba esperando algún tipo de reacción que no llegaba - A veces es algo cansado matar a seres humanos, todos son iguales.
- Oh…no lo hacías por mi especie… - decía decepcionada, aunque no se esperaba más tampoco.
- Por supuesto que no, el ser humano es la peor especie que existe, siempre preocupándose por uno mismo, como si fueran los únicos en este planeta…hipócritas es lo que son.
- ¡No todos Killian! No todos somos iguales.
- ¿No? Já, podréis tener distinto carácter pero os creéis los más inteligentes, fuertes…y no nos llegáis ni a la suela de los zapatos.
- ¿Te diriges a mí? Si tanto te disgusta mi especie ¿por qué me has obligado a salir contigo?
- Porque eres hermosa, tienes carácter y te has enfrentado a un vampiro, bueno una, pero eso dice mucho de ti. Aunque tienes algo de razón en que eres una simple humana. Podría destrozarte aquí mismo sin necesidad de nada más de ti. Pero...¿es lo que quieres? – Killian se abalanzó sobre Emma, la cogió y la apartó de la calle principal. En unos segundos se encontraban ya en un lugar donde no podían llegar las miradas de la gente corriente. Voy a demostrarte quién soy Emma, no quiero matarte, no sé por qué, pero no quiero.
- Killian, ¿qué hacemos aquí?
- Oh amor, tú lo has dicho…desprecio tu especie… - se acercaba lentamente. Killian solo pretendía asustarla. Emma creía que no tenía mucho tiempo, así pues, sin tener muy claro lo que estaba apunto de hacer, no demoró y cogió la navaja que siempre llevaba encima y se cortó en el brazo, más profundo que la última vez, más sangre caía por este. No estamos muy lejos de su casa, espero que venga pronto.
Tal vez penséis en que nuestra rubia ha sido tonta por no utilizar la navaja contra "el pirata" pero os equivocáis, ella era diestra, se había cortado en el brazo izquierdo, por lo tanto podía defenderse durante un tiempo.
- Y con ello me demuestras que tu especie es más estúpida de lo que pensaba ¿Qué intentas, facilitarme el trabajo?
- No, tú no lo entiendes…
- ¿El que no entiendo?
Justo en ese momento, un sonido, una sombra, y un escalofrío se hicieron presentes.
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