Gracias a todas las chicas que apoyan esta historia
¡Espero que les guste mucho, mucho este capítulo!
A mí sí que me gusto ¡me encantó! xD pero aun así, tengo varias dudas, en fin, ya me contarán al final.
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Capítulo 6. La siguiente vida
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Yacía boca arriba, completamente sola.
Se encontraba sobre una superficie irregular, estaba húmeda y resultaba incómoda para su espalda.
Ginny se incorporó para sentarse y se froto los ojos. ¿Dónde estaba?
A su alrededor, no podía distinguirse nada a través de la neblina. Mirando hacia arriba, podía ver un cielo lleno de estrellas que la dejo hipnotizada por un momento.
Sopló una brisa suave y Ginny se dio cuenta de que estaba desnuda. Aunque no había nadie, la idea de andar sin ropa al aire libre le avergonzaba. Casi de inmediato, se vio envuelta por una túnica blanca y suave que desprendía un leve brillo plateado.
Se puso de pie y observó a su alrededor, había hierba debajo de sus pies, podía sentirla. Poco a poco, su vista le permitía asomarse un poco más lejos, parecía que estaba en algún jardín.
Algo estalló cerca de ella y la asustó un poco. Se tranquilizó cuando volvió a mirar el limpio cielo estrellado y se encontró con las luces emitidas por fuegos artificiales.
-Espero no haberte asustado –dijo una voz alegre detrás de ella.
Ginny sonrió de inmediato al reconocer aquella voz juguetona. Se dio media vuelta y vio a su hermano, Fred, descender de su escoba. Estaba radiante, como lo recordaba, vestido con la túnica de quiditch de Gryffindor encima de su jersey Weasley y con el cabello rojo alborotado por el vuelo.
-¡Hermanita! –exclamó Fred llegando a ella y apretándola contra su pecho -. ¡Lo has hecho, lo has logrado!
Ginny abrió los ojos de par en par al sentir el jersey de Fred contra su mejilla, tuvo una sensación de inmensa paz cuando su tacto le indico que su hermano realmente estaba ahí, con ella.
-¿Lo logré? –dudó Ginny aún pegada al torso de su hermano.
-Voldy murió, si –dijo Fred tranquilamente –y gracias a tu sacrificio.
Ginny sintió que todo su pesar se esfumaba, ya ni siquiera le interesaba saber dónde estaba. Voldemort había sido por fin destruido y ella estaba con Fred, todo estaba bien.
Entonces Fred la separó un poco para poder mirarla y lo primero que notó, fue una esmeralda en medio de su pecho.
-¿Qué es eso? –preguntó rascándose la cabeza.
Ginny ni si quiera se había percatado de que llevaba colgada la pequeña piedra.
-Uhm, no lo sé exactamente –respondió con una pequeña sonrisa – un regalo.
-Un regalo de quién –Fred seguía rascándose, ahora estaba entretenido con su oreja derecha.
-De alguien que me ama –dijo Ginny sonriendo un poco más –estoy segura de que tú si sabes de quién es.
-¡Claro que lo sabe! –dijo otra voz a unos pocos metros de ellos.
Ginny se giró y lo único que pudo distinguir fue una especie de animal que se acercaba.
"Un perro… ¡Sirius!"
-Es sólo que no puede admitirlo –dijo Sirirus, tomando apariencia humana y sonriendo ampliamente. Llevaba una túnica azul impactante, el cabello corto y estaba afeitado, lucía mejor que nunca.
-¡Sirirus! – gritó Ginny y se acercó a él corriendo.
-Niñita guapa –la saludó alegremente el animago, tomó una de sus manos y ceremoniosamente, depósito un beso sobre ella.
Ginny se sonrojo levemente. Sirirus siempre se había portado galantemente con ella.
-Quiero decirte que estoy orgulloso de ti, pequeña –dijo sinceramente -¡Destruiste a Voldy!
Ginny sonrió, aquella forma de burla: "Voldy", le encantaba cómo sonaba.
-Gracias, pero mi único mérito es haber bebido una poción –murmuró Ginny azorada –quienes destruyeron todos los horrocruxes fueron Harry, Ron y Hermione. Ellos son quienes le han destruido.
-Pero hiciste esto voluntariamente –insistió Sirius-, no cualquiera lo hubiera hecho.
-Creo que yo habría huido –dijo Fred y pareció sincero.
-Y yo hubiera exigido que alguien me lanzara una maldición en cuanto me hubiese enterado –reconoció Sirius y le regaló a Ginny una de sus sonrisas más bonitas.
-Pero tú les evitaste el daño a todos –dijeron luego al mismo tiempo.
Hubo un agradable silencio. Los tres se sonrieron.
-¿Dónde estamos? –preguntó la pelirroja.
-Tú dinos—respondió Sirius contento.
La joven miró alrededor, se dio cuenta que alcanzaba a mirar más lejos con sólo pensarlo: colinas, banderas, butacas, aros.
-¡El campo de quiditch de Hogwarts! –dijo con una enorme sonrisa -. Uno de mis lugares favoritos –agregó pensativa.
Se escuchó el ruido de nuevos fuegos artificiales y levantó la vista.
-Esos no son míos –dijo Fred confundido.
-Son de ella –concluyó Sirius –la gente los está lanzando gracias a ti, Ginny ¡ya se dieron cuenta que Voldy murió!
-¿Nadie ha salido dañado? –preguntó tímidamente la joven.
-Físicamente, no –dijo Fred en tono neutral –no ha habido más sangre, ni luchas, pero…
-Algunos lloraran, por ti, pequeña –repuso Sirius.
Ginny estuvo moviendo los pies en la hierba mientras seguía viendo las luces. Esperó a que terminaran para volver a hablar.
-No importa –dijo al final—sé que se recuperarán y entonces podrán seguir adelante.
Fred y Sirius se miraron uno al otro, luego miraron a Ginny, que seguía acariciando la hierba con sus pies; se miraron de nuevo y luego ambos movieron la cabeza negativamente.
-¿Acaso no piensas, tú, seguir adelante? –preguntó Fred invitando a Ginny a entrar por una puerta que había aparecido.
Los tres pasaron por la puerta y se encontraron en una estancia pequeña, tenía un par de bancas y varias gavetas. Fred y Ginny se sentaron en una de las bancas mientras Sirirus permaneció con los brazos cruzados, recargado en el marco de la puerta.
Ginny se dio cuenta que habían entrado en el vestidor del campo de quiditch, el de Gryffindor, seguramente.
-¿Seguir adelante? ¿Eso qué significa? –dudó Ginny y su sonrisa fue menos brillante.
-Que eres bienvenida si quieres quedarte –dijo Fred tranquilamente-, pero que también puedes decidir volver.
-¿Volver a dónde? –Ginny sintió que había perdido el hilo de la charla.
-¡La estas confundiendo! –se burló Sirirus.
Ginny pasó sus ojos de uno a otro sin comprender.
-Puedes seguir adelante con nosotros –dijo el animago todavía mirando a Fred burlonamente – ¡ó! seguir desde donde te quedaste. Tú sabes, otro país, otra gente…
-Logré llegar a Chicago –murmuró Ginny recordando –es verdad…
Fred empezó a rascarse la cabeza y las orejas nuevamente, Ginny no tomó importancia al gesto, pero Sirirus pareció divertirse mucho por lo que su hermano estaba haciendo.
-¿Qué pasa? –quiso saber Ginny entonces.
-¡Ya! ¡Díselo! –sonrió Sirius y su voz sonó como un ladrido.
-¿Qué cosa? –insistió Ginny.
-¡Ahm! –Gruñó Fred, se calmó un poco luego y dejó de rascarse al fin para mirar a Ginny fijamente, muy fijamente -¿Por qué escogiste justamente Lakeshore para huir?
Ginny sonrió ¿sólo era eso?
-Porque vi una postal y me gustó – dijo simplemente la pelirroja -. Y pensé: bueno, por lo menos podría escoger el lugar que me dé la gana, y lo hice –finalizó con calma.
-Ahm –dijo Fred asintiendo con la cabeza.
Se volvió a escuchar la risa de Sirius.
-¡Ahm! –Repitió Fred sorprendido, como si acabara de descubrir algo tremendo, y su rostro se ensombreció un poco cuando comprendió –Entonces ¿no es por eso? ¿No fuiste a buscar a quien te lo dio?–preguntó señalando la esmeralda que Ginny lucía.
-¿Por esto? No… no tiene nada que ver –dijo Ginny -¿Por qué iría a Lakeshore a buscar a alguien que ya murió?
-¿Murió? –dudó Fred y miró a Sirius significativamente para que no se riera esta vez -¿Cuándo?
Ginny se quedó intranquila.
-¿Acaso tú no lo sabes? –Preguntó descolocada-¿Quién es el que me lo dio?
-¡Oh! Sí que lo sabe –intervino Sirirus muy contento – es sólo que no puede admitirlo –abandonó su posición en la puerta y se sentó del otro lado de la joven -. Pero, Ginny, déjame decirte esto: él que te dio la esmeralda, no ha muerto y da la casualidad de que esta en Lakeshore.
-¡Sirius! –lo regañó Fred.
-¡Ella tiene derecho saber! –Protestó Sirirus –debe saber, porque ahora debe tomar una decisión. ¡Ahora! –recalcó Sirirus.
-Llegaron ¿ya? ¿Tan pronto? –Fred palideció.
Ginny sintió una sacudida en ese momento, una especie de choque eléctrico que fue de su pecho a todo su cuerpo, luego tuvo la sensación de que alguien tiraba de tus tobillos y que las figuras de Fred y Sirius se desvanecían.
-¿Qué sucede? –preguntó alarmada.
-Se acabó el tiempo, Ginny –dijo Fred -¿Te quedas o inicias una nueva vida?
Ginny iba a responder que se quedaba sin dudarlo. Pero entonces miró a Sirius y algo en los ojos grisáceos del hombre la hizo detenerse a pensarlo mejor.
Mirada gris.
Mirada gris en tormenta, recordaba a alguien, pero… ¿a quién?
-¿Él está vivo en Lakeshore? ¿Está en Chicago? –Preguntó Ginny. Y Fred y Sirirus volvieron a parecerle tangibles -¿El que me dio esto? –insistió apretando el dije.
El rostro de Fred se ensombreció, pero el de Sirius le pareció a Ginny más radiante que nunca.
-Ahí está –dijo simplemente.
Cuando Fred vio a su hermana sonreírle a Sirius, supo que la joven ya había decidido.
-Quiero saber quién es – pidió cuando volvió a sentir el tirón en sus pies.
-No podemos decírtelo –dijo Fred -. Pero si es cierto que las coincidencias son destino… sé que lo descubrirás.
-¡Y qué otra cosa van a ser! –Soltó Sirirus divertido -¡Él escapa! ¡Y a ella se le ocurre ir al mismo lugar! ¡Y trae esa cosa! ¡Aquí! ¡Y él se la dio!
-Pero…
-¡Nada! ¡Ahora es decisión de Ginny! ¡Ella tomo la poción pensando que iba a encontrarlo! –gritó Sirius como si realmente estuviera sucediendo algo maravilloso.
-Pero… -Fred volvió a quedarse sin palabras.
-Decide, pequeña –insistió Sirirus—porque en pocos minutos dejarán de intentar…
Ginny sintió otra vez el choque eléctrico en su pecho, apenas un cosquilleo. Pero que la hizo asustarse.
-¿Los volveré a ver algún día? –preguntó y ambos hombres supieron que la decisión estaba tomada.
-¡Por supuesto! –dijeron al unísono, aunque Fred estaba claramente confundido, sonrió para Ginny tanto como Sirius.
-Entonces… entonces, tomaré esta oportunidad –dijo con una sonrisa confiada -. ¡Quiero encontrar a ese hombre!
-Entonces ve –dijo Fred resignado-. Ya nos veremos cuando de verdad sea tu momento.
-Cuida de él –dijo Sirius pasando su brazo por el hombro de Ginny – es un chico idiota, pero si compartimos un rastro de sangre, supongo que algo bueno tendrá…
-Y te quiere –repuso Fred, estaba confundido y decididamente no podía creer lo que decía, pero sabía que era verdad, y la esmeralda en el pecho de Ginny lo probaba.
Ginny cerró los ojos y se dejó llevar la siguiente vez que sintió que tiraban de ella, abrazo y beso por última vez a esos hombres que tanto quería y les prometió que sería feliz.
Era cierto, había tomado la poción pensando en encontrar a aquel que la había amado y confiaba en que al final del camino, volvería a encontrarse con aquellos que habían partido antes que ella. No había nada que temer.
"¡Sé muy feliz, Ginny! ¡Lucha hasta el fin por tu felicidad!" –Dijeron al unísono Fred y Sirius mientras iban desapareciendo –"¡Te amamos!"
"Pasen otra carga" –una voz desconocida, una luz cegadora sobre ella.
"El que me ama y yo, en la otra vida"
"Quiero ver otra gasometría"—un piquete en su muñeca, el último estallido de cohetes afuera.
"Estamos orgullosos de ti"—Fred y Sirius montándose en una escoba cada uno.
"Tiene pulso, es asincrónico"—una voz desconocida, algo frío en su cuello.
"¿Por qué, por qué él?" –Fred despegando, revolviéndose el pelo, aún está confundido.
"Reinicien compresiones" –dolor en el pecho, aire en sus pulmones.
"¡Y yo que sé! ¡El destino es así de caprichoso!" –Sirirus contento, sus ojos grises le regalan un guiño a Ginny antes de despegar y perderse junto a Fred entre la bruma.
"27, 28, 29, 30, fuera, descarguen"
"Si te calmas, te cuento lo que yo sé" –la voz ya muy distante de Sirius, fresca y juguetona que parece reprender a su hermano.
"Ritmo sinusal"
"Nos volveremos a encontrar" –se acaba la bruma. Ginny ya no tiene dudas.
"Muy bien, bienvenida de vuelta"
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¡Hasta aquí!
¡El fic está servido!
Fred tenía que aparecer y Sirirus es uno de mis favoritos ¡y tiene ojos grises! Así que era esencial :D
¿Es bueno? ¿Es pésimo? Espero sus opiniones :D
