¡Por fin! ¡De vuelta! ¡Y con diecisiete páginas melosas!

¡Espero les guste!

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Capítulo 10. Fiestas

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La nieve cubre las ventanas y ella se desespera restregándolas con sus antebrazos, sacude el hielo, sopla e ignora el ardor que el vidrio congelado le produce cuando vuelve a tallar. Su mirada se pierde en el hueco que logra despejar, no distingue ninguna forma pero no le importa, lo que está buscando en realidad es una mota de color, un punto rojo en algún sitio del jardín donde los investigadores encontraron el rastro de desaparición, un lo que sea, que le indique que su pequeña hija está de vuelta.

-Ginny –murmura la mujer con añoranza a la ventana, cierra los ojos y hace una oración por ella.

En el marco de la puerta de la habitación, Ron no puede quitar los ojos de la triste figura de su madre, que permanece pegada de la ventana. Hay un montón de cosas que quisiera decirle pero no encuentra las palabras, es ahora cuando lamenta no haber leído más libros, seguro que en alguno encontraba por lo menos una que le ayudara en situaciones así.

Hermione se coloca junto a él con toda solemnidad, lentamente una de sus manos busca la de Ron y este la estrecha sin dudarlo ni un segundo, sabe que no se ha comportado de lo mejor con ella en los últimos meses, pero ya tampoco sabe cómo dirigirse a ella. Deja un momento de mirar a Molly y sus ojos azules se quedan en Hermione, el color rojo ladrillo de su suéter le gusta, ella le gusta. También quisiera encontrar las palabras para pedirle perdón, dejar de parecer una cuchara inerte en ese escenario, pero todo lo que puede hacer es mirarla y esperar que ella comprenda.

A Hermione la sobrecoge la mirada de Ron, hace unos días que volvieron de Australia y sus padres están ahora sentados en el comedor de la casa de la tía Muriel, no puede negar que está contenta con ello, pero le quedan muchísimos pendientes como para dejarse embargar completamente por la felicidad. Por lo menos le gustaría tener a Ron este año.

-Yo… -el pelirrojo inicia una oración que se le ahoga en la garganta, Hermione siente que su mano recibe un apretón por parte de él y sin más se le arroja a los brazos.

-Te extraño –le susurra con cierta desesperación-. Te extraño…

Como si la vida de repente le fuera en ello, Ron hunde la cabeza en la espesura de su cabello y la estrecha contra él, hay mucho que quisiera decirle, pedirle perdón por tantas cosas, pero por ahora, saber que ella no lo odia, saber que por ese instante le pertenece, lo reconforta un poco.

-La navidad pasada… -vuelve a iniciar otra frase sin fin, no ha aflojado ni un milímetro de aquel abrazo.

-No importa… -la voz de Hermione tiembla casi tanto como la de él, sus brazos lo sujetan con tanta fuerza que le estaría haciendo daño de no ser porque la ha estado necesitando muchísimo. Sentirla así de cerca es apenas adecuado en esos momentos.

Y de verdad que a Hermione no le importa, le agradece al muchacho por muchas cosas que ahora están por arriba de sus errores, sabe que sus padres no estarían de vuelta de no ser por él, ¿qué más da si en todo el viaje a Australia no se hablaron más que lo necesario? Es otro tiempo ahora, otra noche, es navidad y lo único que a ella le interesa es la mirada de él sobre ella, sus brazos a su alrededor, saberlo así de cerca, la esperanza que le brinda ese suceso. Porque "ellos", Ron y Hermione, son un suceso en esos momentos. Y aunque no lo digan, ambos acaban de recuperar una parte esencial de sus vidas.

Ella busca con cierta timidez los labios de él, le cuesta un poco por lo cerca que se encuentran pero al encontrar su boca, el aliento cálido de Ron la llena de esperanza. Pronto comenzará un nuevo año y no quiere sino vivirlo con él, mientras aún haya tiempo, mientras quede algo, solamente quiere estar con él.

Y Molly deja un instante de mirar por la ventana para mirar a los muchachos y amaga una sonrisa. Su familia tiene sus heridas, algunas están cicatrizando, algunas continúan abiertas y quién dice si llegarán a sanar, pero ella sabe, con toda certeza que eventualmente recuperarán su vida, que todo seguirá adelante y a su manera, cada uno reencontrará la felicidad.

Cierra los ojos y hace otra oración por Ginny, porque su hija esté bien, porque tenga alguien con quien celebrar la navidad, porque no pase frío, porque su año esté lleno de alegría, porque un día encuentre el camino a casa. Le pide a Fred que donde quiera que ambos estén, cuide de su hermanita.

Se escucha la campanilla del horno.

-Es hora de cenar –se dice a sí misma y se pone de pie, abre el horno y un aroma delicioso llena la habitación.

Ron y Hermione se separan para mirarla y contemplan enternecidos el magnífico pavo que Molly acaba de sacar del horno. Detrás de ellos, los reunidos en la casa de la tía Muriel acuden para mirar aquello que ha llenado la casa de ese aroma delicioso y la escena de repente se parece a la Navidad.

Ron toma a Hermione de la cintura como si temiera que ella va a alejarse otra vez de él y Harry que llega con Teddy en brazos les sonríe, porque sabe lo mucho que se han echado de menos uno al otro y porque verlos juntos le da esperanza. Él también se permite pensar en Ginny en esos momentos, imaginársela habiendo encontrado la paz que no tenía cerca de ellos, desear que este feliz, donde quiera que esté.

-DG-

Lucius Malfoy llora esa navidad.

Tal cual. Es probable que nunca haya llorado de aquella manera. Y no le molesta estarlo haciendo ahora.

Bajo los efectos de la poción multijugos y disfrazados de muggles, él y Narcisa caminan por Chicago. Tranquilos como hace mucho que no estaban, cogidos del brazo como un par de enamorados, sin importarles la nieve ni el frío a su alrededor.

Lucius acaba de enterarse de todo, de comprender apenas la magnitud de muchos de sus actos y aunque al principio se sintió enloquecer, ahora mismo agradece a las fuerzas del Universo o a lo que sea que los ha llevado a todos a ese instante.

Acaban de ver a Draco.

Lucius acaba de procesar los hechos que han llevado a su hijo a esa ciudad. Al almacén en el que lo vieron esa mañana elegir un vino. A ser precisamente él quien ayuda a la mismísima hija perdida de los Weasley a ponerse el abrigo cuando dejan la tienda cargados con lo que parece que va a convertirse en la cena de navidad. De ambos. De Draco Malfoy y la hija de los Weasley.

-Ginevra –le recuerda Narcisa-. Su nombre es Ginevra.

Draco Malfoy y Ginevra Weasley, comprando vino y frutos secos en nochebuena.

Tienen una vida, lejos y a salvo de él mismo.

Y Lucius de pronto se odia un poco menos, porque a pesar de sus errores, la vida de Draco sigue adelante, quizá no del modo en que lo había imaginado, pero a su hijo se le ve feliz y Lucius sabe que todo es por la jovencita pelirroja que camina tomada de su brazo mientras hacen compras.

El señor Malfoy, el malvado, el cobarde, el que le falló al Lord Oscuro y arriesgo todo lo que era importante en la vida por un poco de miserable reconocimiento, hoy sabe que ha habido un único acierto en su vida: haberle pedido a su padre que le consiguiera la mano de Narcisa Black cuando ella salió de Hogwarts. Porque ella sigue a su lado, porque estuvo pendiente de él en sus peores momentos, porque le dio un hijo, esperanza y motor de la vida de ambos, porque cuido de ese chico malcriado hasta las últimas consecuencias, porque es ella quien los ha llevado a ese instante, donde después de tantos errores, no queda sino sentarse a saborear ese momentito de alegría.

Más tarde, en la habitación del Grand Royal donde se encuentran hospedados y recuperan sus aspectos normales, Lucius dedica la noche de navidad a recorrer pedacito a pedacito los rasgos de su esposa. Ella es y seguirá siendo lo mejor de su vida.

Y Narcisa, aunque no entiende del todo cómo es que Ginny Weasley ha llegado a donde Draco se encuentra, está mucho más que orgullosa de su hijo, siete meses atrás era un chiquillo cobarde que se conformaba con saber que la joven estaba de una pieza y ahora es el hombre que camina a su lado y le ayuda a ponerse el abrigo. Se le escapa una risita mientras Lucius se entretiene en besar su cuello… a lo mejor algún día tienen nietos pecosos.

-DG-

Drew descubre esa noche que sabe poner la mesa con toda elegancia, ha puesto cubiertos, copas y platos en un orden que le sorprende al principio pero que definitivamente lo deja satisfecho. Mientras, en la cocina, Gin descubre que sabe preparar la salsa de arándano para el pavo navideño y que hacer tarta de chocolate se le da especialmente bien.

Juntos, a la luz de las velas, ambos sonríen impresionados por lo que el otro ha logrado.

Drew está maravillado porque Gin haya tenido tiempo de preparar toda la cena y que además se haya arreglado de aquella forma. Nunca la había visto así, pero le gusta.

Casi al final de la cena, Gin toma la copa que Drew acaba de llenarle y la levanta con una sonrisa.

-Porque me hayas encontrado –dice con una sonrisa brillante y Drew choca la copa con la de ella antes de dar un trago largo.

Tiene siempre en la mente el instante en que la reconoció entre la multitud que andaba ese día en Lakeshore drive, la tristeza que reflejaba su rostro y el cansancio que traslucía cada ademán; algunas de sus pesadillas siguen terminando en que ella desaparece, pero otras lo llevan de nuevo al segundo preciso en el que se dio cuenta de que ella no tenía pulso y que eran sus propios brazos lo único que la sostenía. La recuerda sin vida, se recuerda aterrado.

-Por cada segundo contigo—deja salir la frase junto con todo el aire de sus pulmones.

Porque después de esa noche, después de los eternos minutos que ella pasó en el área de choque del hospital sin signos vitales, de los largos días en que Gin requirió cuidados intensivos, después de tanto inexplicable dolor al sentir que la perdía sin remedio, ella está ahora a su lado, más guapa y más llena de vida de lo que la ha soñado nunca.

-DG-

Pasada la media noche, suave música proveniente de algún departamento vecino se filtra hasta ellos, Gin sonríe y Drew le tiende la mano con toda elegancia, ella le regala una mirada traviesa que alterna de sus ojos a la mano que él le extiende. Se pone de pie con esa misma sonrisa y cuando él la sigue al espacio libre entre la sala y el comedor, ella lo rodea y apoya ambas manos en el cuello de él.

"Tienes que hacer algo tú" Gin tiene las palabras de Ashley en la mente cuando recarga la cabeza en el pecho de Drew y lo descubre tan agitado como el suyo propio. "Tú le gustas, lo sé, pero a esos que no se lanzan hay que empujarlos". Sí, a ella le gusta él, eso con toda certeza, y parece que a él le gusta ella también, es hora de dar el paso siguiente. No son hermanos, los hermanos no se hacen sentir como ellos, Lois Mary dice que no son hermanos.

En respuesta al gesto de ella, Drew deja salir todo su aire, cuando inspira de nuevo se le nubla la mente con aquel aroma dulce que envuelve a la pelirroja esa noche, apoya la nariz un instante en las suaves ondas de su melena roja y no puede evitar sentir que está perdiendo el control de sus manos. Tiene a Gin sujeta por la cintura y tiene que apretarla un poco de repente, como si sus manos necesitaran anclarse de algo para no lanzarse a la aventura del cuerpo de ella, que se siente de repente como si pudiera amoldarse perfectamente al suyo.

Ya ha tenido esas sensaciones antes.

Cuando anotó el gol que clasificó a su equipo a las semifinales y ella bajo a la cancha cuando terminó el partido y él no pudo sino abrazarla y dar vueltas con ella, que terminó por levantar los pies de la cancha y simplemente se agarró de los hombros de él mientras Drew seguía girando y ella se reía. Cuando la bajó de nuevo, ella rozó todo su perfil con su nariz, y él supo que bastaría con haberse movido unos centímetros hacia ella para que aquello terminara en un beso.

En esos momentos, cuando ella levanta la cara y dispara contra él todos los encantos de sus ojos castaños, cálidos como el chocolate, Drew sabe que si se inclina va a encontrarle los labios entreabiertos y a la espera de los suyos, una de sus manos se ciñe aún más a la cintura de ella y la otra la acerca más a él.

Aquello no va bien.

Tiene que detenerse.

-¿Drew? –duda ella, los ojos todavía fijos en los de él.

-¿Uhm?

"Bésame"

Gin se muerde tan fuerte el labio inferior que se hace daño, está a solo una palabra de él, siente las manos del rubio estrechar su cintura, siente la seguridad de su presencia y a la vez, un miedo terrible. ¿Y si cambian las cosas?

Él tiene el semblante descompuesto y ella no lo comprende.

Recuerda sus primeros días con él, cuando Drew era atrevido y burlón con ella, cuando le ponía esa sonrisa sarcástica por todo y arrastraba las palabras para molestarla. ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué de repente ya ninguno se atreve?

Gin suspira completamente confundida y vuelve a acomodar su cabeza en el pecho de él. Poco a poco, él afloja el agarre de su cintura, sus respiraciones se acompasan y el corazón deja de pegar de brincos y vuelve a su sitio. Finalmente, ella se separa de él mientras va componiendo una sonrisa.

-Feliz Navidad –murmura.

-Feliz Navidad—asiente él sin saber dónde poner las manos ahora.

-Descansa, Drew—se despide la pelirroja atreviéndose a tocarle los finos labios con sus dedos-. Nos vemos por la mañana.

Se marcha a su habitación dejando al rubio en la mitad de la estancia, nervioso y confundido como ella. Un día de estos o una noche de esas ya no va a poder controlarse. Lo sabe a certeza.

Y por supuesto, esta aterrado.

-DG-

Cae una tormenta en la mañana de la navidad.

Drew y Gin se quedan en su departamento, calientes y ajenos del terrible clima de afuera. Acaban de desayunar los restos del pastel de chocolate y grandes vasos de leche y los dos están encantados.

Suena el teléfono en la cocina. Es ella quien se levanta a atenderlo. Es Sam, el compañero de equipo de Drew, Gin no sabría decir si son amigos, en ese sentido Drew le sigue resultando un extraño.

-¿Y dices que es divertido? –Escucha Drew desde la sala-. Se lo diré, gracias y de nuevo, felicidades.

Cuando ella vuelve al sofá donde él se encuentra mirando el especial navideño en televisión, Drew se limita a pasarle la frazada de nuevo sobre las piernas.

-Era Sam, nos ha invitado a pasar el año nuevo con él, dijo algo sobre un pent house.

-¿Quieres ir?

Gin se alza de hombros-. Habrá fuegos artificiales.

-Me gustan los fuegos artificiales-menciona él fingiendo que lo está pensando.

-Y a mí –Gin cierra los ojos un instante ¿cuándo ha sido la última vez que vio fuegos artificiales? Cuando los abre, se encuentra a Drew, su expresión tranquila y festiva también se ha ido.

-Recordaste algo –murmura acercándose a ella.

-No estoy segura…

-¿No quieres contarme?

-Estaba en un campo, mirando las luces –comienza ella—y había dos hombres, uno era pelirrojo, muy parecido a mí, el otro era moreno, pero sus ojos eran como los tuyos.

-¿Te decían algo?

-Me deseaban suerte –ella sonríe –a lo mejor eran familiares nuestros.

-A lo mejor –concuerda Drew.

Hace unos días que Gin comenzó a tener esos flashazos de gente, nada revelador en realidad, casi siempre son solamente rostros, momentos muy específicos con un par de frases o dos. Hasta el momento sigue ignorando su propio nombre y la forma en que llegó a Chicago.

A Drew le interesa saber siempre que observa el cambio en el rostro de ella que denota que ha recordado alguna cosa, pero la realidad, es que tiene algo de miedo de averiguar su historia completa. ¿Quién diría que la presencia de Gin traería tanto miedo a su vida?

Pero es que ya lo han hablado muchas veces, han puesto sobre la mesa sus similitudes, las coincidencias, la forma en la que él "la reconoció" cuando la vio en Lakeshore drive, pero no se han dejado embargar: también tienen muy presentes sus diferencias. Por algo están donde están, quizá huyeron, quizá los dejaron atrás, Gin no está segura de querer averiguarlo y a Drew ya no le interesa por los mismos motivos de antes.

El muchacho le pasa el brazo sobre los hombros y la jala un poco para que ella descanse la cabeza en su pecho. Ya no quiere saber de dónde viene, es probable que no vuelva a afanarse en ello nunca más, indaga en los flashazos de la mente de Gin sólo para asegurarse que están bien en esos momentos, que nadie la persigue, que no se va a alejar de él.

Ella saca el pendiente de esmeralda de sus ropas y lo sostiene delante de sus ojos.

-Me deseaban suerte sobre esto—murmura.

Drew le tiende la mano que tiene libre y ella pone el colgante en su palma. Él finge que lo analiza, lo cual es totalmente innecesario, lo ha hecho ya demasiadas veces, él también tiene recuerdos de esa esmeralda… de antes de que ella llegara, de cuando la soñaba risueña sobre la bicicleta y los sueños terminaban cuando ella murmuraba un dulce "tienes que recordarme".

Cuando se cansa de cavilaciones que no lo llevan a ningún lado, Drew le pasa el pendiente a Gin sobre la cabeza, le acaricia la mejilla con una ansiedad que a ella no le pasa desapercibida y que la hace sonrojarse irremediablemente, la magia de la noche anterior sigue presente por ahí.

Los dos se muerden los labios. Él no se atreve a cerrar la distancia entre ellos, todavía. Y es ridículo y se pone furioso consigo mismo cada vez que el momento es perfecto y se lo pierden por su cobardía, por un puñado de malos sueños. Y ella sigue esperando, tal como hizo la noche anterior, Gin no tiene idea de lo que está pasando entre ellos, pero quiere averiguarlo, quiere probarle los labios al muchacho y ver si estos pueden expresarse mejor que sus palabras.

Pero Drew no la deja. Y de repente, los centímetros entre ellos le parecen kilómetros infranqueables.

Lo detesta.

Y odia sonrojarse de aquella manera, porque ella no puede fingirle la indiferencia que él le muestra. Ella es expresiva y apasionada, ella quiere sentirlo cerca, a ella se le suben los colores cuando piensa en él sin camiseta en el hospital, o con su uniforme de juego, o apenas la noche anterior, con su suéter negro, envolviéndola con su esencia de hombre, ella no sabe dónde meter lo que está sintiendo, qué hacer con la cantidad de emociones que él le provoca y que después ignora. Sólo sabe que lo detesta.

Casi tanto como lo desea cerca.

-DG-

Luna visita a George una de esas tardes nevadas. Se sientan en la sala de la Madriguera con grandes tazas de chocolate entre las manos y mantienen una plática tranquila, de cuando en cuando, a Luna le brillan los ojos y al pelirrojo se le dibuja una pequeña sonrisa.

La vida ha sido dura con ellos.

Cuando el muchacho se pone de pie para ir a la cocina a rellenar las tazas, Luna aprovecha para mirar el reloj de Molly, la manecilla con el nombre de Ginny continúa en "extraviada".

Han pasado demasiadas cosas desde que la manecilla se movió a ese sitio.

Luna recuerda cada instante desde el final de la batalla en Hogwarts hasta el primer día que volvió a pisar la Madriguera. Recuerda que la batalla en el Castillo en realidad nunca terminó, que los mortífagos sobrevivientes huyeron con lo que quedaba de su señor y los que se quedaron fueron capturados. La defensa del castillo había logrado resistir aquel terrible embiste y con los principales seguidores del Lord muertos, muchos se sintieron victoriosos.

Harry, Ron y Hermione desaparecieron del lugar casi de inmediato, Luna no estaba muy segura entonces si se habían llevado a Ginny con ellos. Un par de días más tarde, Luna supo por Neville que en efecto, su amiga se encontraba con el trío en los propios terrenos del castillo acampanado con los hechizos de protección a todo lo que podían, ella estaba de acuerdo en que esconderse justamente ahí parecía seguro.

Los acontecimientos que siguieron a los funerales de la batalla, le son todavía confusos: Los Weasley se replegaron junto con Harry y Hermione a la casa de la tía Muriel, todavía bajo el hechizo fidelius, y se mantuvieron acuartelados ahí por meses. Ella supo muy poco de ellos durante todo ese tiempo.

Mientras tanto, Hogwarts inició su reconstrucción, si bien era cierto que Voldemort no estaba aniquilado, si estaba derrotado por un tiempo, le habían quedado bien pocos magos poderosos a disposición y el cuerpo que habitaba parecía absolutamente frágil, todos sabían de la posibilidad de su regreso, pero también de lo mucho que tardaría en suceder. Después del verano, Luna y Neville volvieron al colegio para terminar sus estudios, tantas veces truncados por la violencia que le había tocado, estaban decididos a participar de la reconstrucción y a mostrar a los nuevos que la magia seguía valiendo la pena. Ninguno del trío, ni la propia Ginny aparecieron en Hogwarts ese septiembre.

Casi al terminar octubre, cayeron los últimos mortífagos, sin indultos en esa ocasión, a los jóvenes se les envió directo a Azkaban mientras que a los reincidentes se les castigo con el beso del dementor, fueron pocos en realidad ya que la mayoría había perecido en la batalla. Los aurores encontraron los restos de Tom Ryddle tras aquel último ataque y el propio Harry Potter dio fe de que se trataba de lo que había quedado de Voldemort tras la batalla. El niño que vivió, fue nuevamente tratado como héroe asumiéndose que había dejado al lord tan malherido que este no se había logrado recuperar y que finalmente había muerto. Harry sin embargo, nunca aceptó ninguno de los honores con los que intentaron tratarle.

El día en que Luna lo vio en el colegio, delante de la tumba de Fred Weasley, supo de inmediato que algo estaba terriblemente mal a pesar de las buenas nuevas sobre el final de Voldemort. En esa ocasión, se limitó a permanecer sobre la escalera de piedra del castillo y observarlo. Hermione estaba en el colegio al día siguiente, desayunando en el comedor como si tal, puntual en sus clases, cargada por los pasillos con su montón de libros, abrazo efusivamente a Luna y a Neville cuando los vio por primera vez, pero después de eso no habló mucho con ellos y fue muy obvia la evasión a las preguntas sobre Ginny.

Se supo que los Weasley habían vuelto a su casa poco tiempo después.

El olor del chocolate vuelve a llenar la sala y Luna comprende que se terminó su momento a solas con el reloj de los Weasley, se permite estirar una mano para rozar con el dorso de su índice el rostro de Ginny retratado en la manecilla y se pregunta si Ginny los echa de menos a ella a George y a Neville como ellos lo hacen.

"Son unos cobardes, los tres" fueron de las últimas palabras que les dirigió a Harry, Ron y a Hermione el día en que hubo visita a Hogsmade y ella y Neville se reunieron con ellos "No merecían a Ginny". Habían esperado cobardemente todo aquel tiempo para reconocer sus culpas, ellos a los que Ginny tanto había defendido, por los que había sacrificado tanto, ese estúpido e hinchado trío no había merecido una sola de las gotas de sudor de Ginny y sin embargo, ella había dado la vida por ellos.

Y de alguna forma, había logrado sobrevivir. El reloj no podía estar equivocado y Luna seguía confiando.

-Volverá –murmura George detrás de ella acercándole la humeante taza.

Para él tampoco ha sido fácil asimilar que Ginny quisiera huir y Luna no se atreve a insinuarle siquiera el motivo de su desaparición.

-Lo sé –murmura girándose para sonreírle-. Solo le deseaba feliz año… donde quiera que esté.

Desde noviembre, cuando escucharon la historia completa, Luna y Neville se han propuesto que encontrarán a su amiga, no pueden hacer mucho desde el colegio salvo tratar de averiguar más sobre la conexión que tuvo con Voldemort pero han empleado bien las vacaciones, hilos invisibles comienzan a moverse en el Ministerio gracias a ellos y están a la expectativa de noticias antes de tener que volver a Hogwarts.

Harry y Ron llegan a la casa en esos momentos, Luna no sabe de dónde vienen ni le interesa. Visita la Madriguera por George y por el reloj, pero el poco valor mostrado por el trío para ayudar a Ginny la irrita más de lo que es capaz de expresar. Cuando ingresan distraídos a la sala, ella hace como que no los ve.

-Luna… -una voz casi suplicante sale de la garganta de Ron. Tras conocer la historia completa, la rubia siente un poco de pena por él, porque se imagina que él aún carga con la culpa de haber descuidado a Ginny en su primer año de Hogwarts—Luna… -repite.

Pero la joven se concentra en las pecas de la nariz de George que se acomodan formando triangulitos, justo como las de Ginny.

Harry permanece de pie en el medio de la estancia, se fija en la expresión tranquila que tiene George en el rostro, entiende que la visitas de Luna le hacen bien, extraña los días en que las charlas con Luna le hacían bien a él.

-Luna, por favor—Ron insiste acercándose a ella -. Si sabes algo…

Ella lo mira casi con compasión mientras toma a Arnold de su hombro y lo posa en el de Ron.

-No –ella responde con tristeza-. ¿Tú sabes algo?

Ron se quita a Arnold del hombro y lo mira maravillado, lo había dado por perdido también. Una idiotez más para la cuenta.

-No –Ron mira fijamente a la muchacha entonces-. Lo siento-. Le dice con su mejor voz, quebrada y seca, completamente sincera.

Y en la ambigüedad de esas dos palabras, Luna se detiene en los ojos de Ron, sabe que lo dice por lo que le hizo a Ginny. La chica suspira. Él es con quien menos está molesta, sabe que él defendió a Ginny de alguna forma, las cicatrices en sus manos, tan características de los hechizos de desarme que acostumbran Harry y Hermione le dicen muchas cosas.

Ron no volvió a Hogwarts ese año por lo doloroso que le parecía. Trabaja en la tienda de sus hermanos desde octubre.

Mientras tanto, Harry sigue de pie con el gesto perdido en un rincón de la sala. Luna no le tiene ya ninguna compasión, sí, también paso por cosas muy duras, pero no le justifica de ninguna forma haber mantenido a Ginny prácticamente cautiva durante cinco meses. Ser el elegido es una cosa, pretender elegir por otras personas, eso es demasiado y con Ginny, simplemente es no tener idea de quién es, de lo que la joven era capaz de hacer.

Cuando recuerda sus días como rehén en la mansión Malfoy ella todavía se estremece, recuerda el frío y el hambre, pero sobre todo el miedo; no de la muerte, pero sí de la mutilación, de la tortura, de que le arrancaran la esencia de alguna forma. Se imagina a Ginny pasando por todo aquello, pero en lugar de sus enemigos, ella probó la hiel de personas que le habían sido inmensamente queridas, y eso le resulta miles de veces más horroroso. Le parece que no puede odiar a ninguno de los Malfoy ni aunque la mantuvieron secuestrada en su casa y sabe que no odia a Harry, pero le parece que podría llegar a hacerlo. Comparar a Harry precisamente con los Malfoy en ese sentido la sorprende a ella misma.

Pero sabe que incluso a ella la ha cambiado la Guerra. Le parece evidente en esos momentos.

Ron desaparece después de un momento por las escaleras y Harry lo sigue, Luna está enterada de que Hermione ha vuelto a la Inglaterra muggle para pasar lo que queda de las vacaciones con sus padres y se alegra de no tener que verla a ella también ese día. Siempre supo que ella era inflexible, pero nunca pensó que llevaría sus reglas hasta ese extremo. Desde que supo la historia completa de la desaparición de Ginny no le apetece ni cruzarse con ella en los pasillos. Menos mal que ha elegido materias muy distintas a las que ella cursa.

Luna termina pronto su visita a George pidiéndole que vigile un poco a Arnold y asegurándole que pronto pasará a recogerlo, que solamente creyó que les gustaría tenerlo un poco. Esa tarde, además de la charla tranquila, ambos se han comprometido en la búsqueda de Ginny, a él, Luna sí le comparte lo poco que ella y Neville han logrado descubrir, hay una pista en especial que solamente él puede seguir y Luna confía en él. "La joven Ginevra M. Weasley portaba consigo una joya mágica cuando desapareció, existen indicios claros" eso lo han podido leer en el reporte de uno de los expertos que evaluó la escena de la desaparición en la casa de la tía Muriel. ¿Qué tipo de joya era y de dónde procedía? Eso seguro que puede investigarlo él.

-DG-

Al fin en su casa, Hermione pasa todo el tiempo que puede con sus padres, se alegra un montón por tenerlos de vuelta, pero por las noches, siempre retoma la investigación que la llevo a regresar a Hogwarts. ¿Cómo seguir el rastro de una desaparición? Puede hacerse, según el último texto que encontró, pero entre más poderoso es el mago o la bruja que desaparece, más difícil es averiguar el destino hacia el que desaparece.

Se encuentran delante de otro gran reto, Harry es un gran mago y ella tiene muchas habilidades, pero Ginny es la primera mujer nacida Weasley en muchas generaciones; ha venido al mundo dotada con una magia antigua y poderosa, quizá no haya estudiado tanto como Hermione ni practicado tanto como Harry, pero ese poder ancestral que guarda dentro de ella puede ser una gran complicación. De otro modo, los aurores y los investigadores del ministerio ya hubieran podido seguirla. Y sobre eso, hay otra pregunta ¿cuánto tiempo permanece el rastro? ¿Cuánto les queda para que ella se vuelva imposible de rastrear?

Está por terminarse el año y Hermione tiene muy claro lo que hará el siguiente. La amistad es lo más importante ¿Cuántas veces se lo dijo a Harry? Se siente una idiota al recordar la forma en que trató a Ginny llevada por el miedo. La joven no era distinta que su amigo. Debió haberle mostrado la misma lealtad y ahora se da cuenta. Algo dentro de ella le dice que Ginny está bien, pero sabe que ni ella, ni Harry ni Ron podrán realmente comenzar una nueva vida hasta que se sane aquello, hasta que sepan que ella está bien y tengan la oportunidad de pedirle una disculpa.

-o-o-

Llega la noche vieja.

Drew y Gin bajan unos pisos y salen entre risas a una de las terrazas.

Resulta que la fiesta es del hijo del dueño del Marriott Downtown Magnificent Mile, por eso tienen el pent house, Sam iba una tarde por la calle y por casualidad salvó al Terrier del muchacho de ser atropellado. Así consiguió las invitaciones a la fiesta y ahora varios del equipo y ellos disfrutan de la exquisiteces de la alta sociedad de Chicago.

-¡Esto es una locura! –se ríe Gin cuando llega a la orilla de la terraza y se recarga de esta, hace un viento helado que le mueve el cabello para todos lados y le levanta un poco el minivestido aunque este va pegado a su cuerpo.

Drew se acerca detrás de ella y apoya las manos en la barandilla a un lado de las suyas. Su cuerpo envuelve al de Gin al tiempo que grita sobre su hombro-. ¿Qué?

-¡Qué esto es una locura!

-¿Qué?

Ella termina por estallar en risas otra vez.

-¡Nada! –grita negando con la cabeza, sus ondas rojas ondean con mayor furia un segundo. Luego él se molesta en recogerlas todas y pasárselas por un lado de la cabeza.

Es casi media noche, las luces de Navy Pier empezarán a verse pronto y Gin no quiere perderse ninguna, un par de chicas que los del equipo acaban de conocer le dijeron que en cuanto las famosas luces comenzaran la terraza se llenaría de gente, es por eso que ellos se han adelantado.

Drew percibe un estremecimiento de parte de ella y se apresura a quitarse el saco. Ella gira levemente para observarlo. Esta hecho un sueño esa noche.

Mientras que ella viste un minivestido negro con zapatillas de lentejuela, Drew va de traje: negro y sombrío, camisa blanca abierta hasta la mitad de su pecho, gemelos de plata… Gin se ríe al ver los tirantes: parece un millonario que no sale de los casinos y las grandes fiestas. Le gusta.

-Gracias –dice metiendo los brazos a la prenda que él le extiende.

La primera ráfaga de luz estalla en el aire. La cuenta regresiva inicia: Diez.

Ella vuelve a recargarse de la barandilla emocionada y Drew la envuelve otra vez. Le parece que incluso disminuye el viento.

-¿Gin? –pregunta cuando el fuego del número nueve comienza a brillar.

-¡Sí!

-Necesito que me prometas algo –suelta él en su oído, su voz pierde un poco de la seguridad habitual. Ocho.

Gin se alarma por el tono que él utiliza, esta vez gira por completo hacia él y levanta la cara hacia la suya para encontrar los ojos de Drew. Grises y en tormenta. Siete.

Cara a cara, a Drew le parece estar soñando otra vez, porque ella se ve justo así, su rostro enmarcado por el cabello rojo, revuelto por el viento, la encuentra hermosa, le toma las manos y sopla en ellas para calentárselas y la pequeña sonrisa que se le dibuja en el rostro le parece mística.

Siete.

Aspira profundo y vuelve a exhalar en las manos de ella.

-No sé de nuestro pasado, pero necesito que me prometas una cosa sobre el futuro.

Seis.

Ella aguarda, con esa pequeña sonrisa, cálida como el chocolate fundido, todavía bailando en su rostro.

-Prométemelo – susurra él haciéndola hacia él y amarrándola con un brazo por la cintura y los hombros-. Que vas a quedarte conmigo…

Cinco.

Ella se queda con las manos apoyadas en el pecho de él, sorprendida por sus palabras y por sentirlo otra vez tan cerca.

Cuatro.

-Sí.

Su voz es tan débil que a Drew le recuerda el día en que despertó.

-Si ¿qué?

Tres.

Gin suspira, mentalmente, cuenta los segundos hasta que comience el año y la pirotecnia detrás de ellos enmarque sus siluetas. Le pasa una mano sobre el cabello rubio y se detiene en su cuello.

Dos.

-Sí –le responde por fin en un susurro-. Te lo prometo…

Uno.

De repente, Drew y Gin comprenden que están perdidos, que lo que sienten por el otro va mucho más allá de esas ganas de besar al otro, aún no saben que son plenamente correspondidos pero por el momento, tan cerca como se encuentran del otro no les importa, ahora mismo el momento es perfecto y si pudieran jugar con el tiempo, ese último segundo de mil novecientos noventa y ocho duraría para siempre, porque en ese instante son Drew y Gin, dejando ir cualquier cosa que hayan dejado en el pasado, proyectando luz sobre el futuro del otro.

-¡Te lo prometo! –grita ella justo cuando los fuegos artificiales que anuncian al año nuevo estallan y por fin, Drew afloja su agarre y se acomoda de tal forma que ambos puedan mirar la pirotecnia.

Muchos de los invitados a la fiesta en el Marriott se asoman a la terraza en esos momentos, en segundos la fiesta se traslada y aquello se atiborra con la alta sociedad de Chicago que también acude a ver los fuegos artificiales.

Gin se envalentona, se para de puntillas y se abraza al cuello de Drew, él le planta un beso detrás de la oreja y emocionada, ella lo suelta para volver a mirarlo con toda la intensidad de la que es capaz.

-¡Muchas noches viejas y muchos años nuevos juntos! ¡Lo prometo!

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¡Hasta aquí!

Muchas, muchas gracias por el apoyo que me muestran a pesar de lo mucho que tardo en actualizar, con respecto a capítulos anteriores este resulta atípico hasta para mí, pero espero que les haya gustado, hay cosas que tenían que venir y cosas que aún no vienen (por ejemplo, los otros Weasley) y me siento un poco culpable por no dejar que Draco y Ginny se besen de una buena vez, pero es que es necesario que aguanten un poquito más en aras de la magia que según yo le falta a esta historia. Mientras tanto, han estrechado su vínculo, no son hermanos y listo, y el hecho de que por el momento no sean Malfoy y Weasley ayuda un montón, él es caprichoso y ella consentida pero no son hostiles sin razón y me hacen las cosas más fáciles, eventualmente Ginny va a recuperar la fortaleza de su carácter pero considero que su psicología está un poco alterada por el momento, apelo a su comprensión: antes de perder la memoria lo pasó muy mal. Creo que se merece que la consientan y la abracen mucho ahora.

Pues eso. Muchas gracias a todas las que siguen leyendo fielmente esta historia, a las niñas del grupo de fb que avivan todos los días el cariño que le tengo a esta pareja, a Soleil, a Jime y a Yani por su extraordinaria forma de apoyar, a The darkness princess, Jiiim Malfoy, Personaggio (sí, sé que son las mismas), Eugis, Angi y a Tabata Weasley por sus comentarios para la historia. Siempre bienvenidas todas.

¡Nos vemos el siguiente!

muminSarita