¡Por fin! ¡De vuelta!
Capítulo dedicado a todas las niñas del grupo Drinny/Dranny en Facebook
Pero de entre ellas, a Cristina Burbano, que este no el premio que prometí, ese ya lo verás, pero mientras…
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Capítulo 12. Un año después.
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Gin se habitúa rápidamente a su nueva rutina: se levanta temprano, se ducha, se viste para el colegio, se sirve un vaso de malteada alta en fibra y proteínas (Drew tiene una extraña fijación con la nutrición) y se va en bicicleta hacia el corazón de Chicago. Le gusta el segundo asiento de la fila, donde no parece una nerd pero tampoco da la impresión de no estar interesada en la clase. En general es buena estudiante y así lo demuestra su boleta en el primer trimestre, no es la más alta de su clase, pero sí está arriba del promedio.
Todavía acude a la duela todos los sábados y es la pareja de retas de Ashley, almuerzan con el resto de las chicas y de cuando en cuando van al centro comercial a vagar.
Cada quince días, en domingos, el Chicago Fire juega de local y Gin se pone un jersey que es la réplica en pequeño del que usa Drew. Cuando el equipo va de visitante, se las arregla para no dejarse muchos pendientes de la escuela y acompañarlo, aunque en los finales ha tenido que perderse de la visita a Detroit y a Seattle y ha tenido que conformarse con escuchar la narración de los partidos en la radio mientras terminaba pendientes y hacía repasos.
Aún no consigue que Drew la bese, pero ya no se siente rechazada por él, de alguna forma, ambos han encontrado el equilibrio en su vida juntos. Aún le quiere de una forma loca y especial y se siente querida de esa misma forma especial por él. Solo es cuestión de tiempo, se dice a sí misma.
Además, él va a acompañarla a la boda de Dana, vestidos de fiesta, cena, baile y vino en la mente de Gin se traducen en "que me vea con mi vestido", "que baile conmigo" "que sea una noche especial".
Dana va a casarse ese viernes y Gin, junto a las demás amigas la acompañan a la prueba final de los vestidos. La tarde se les va entre risas nerviosas y emocionadas. Dana no ha perdido el brillo atractivo de su sonrisa cada vez que menciona a su novio y a las demás no les queda sino brindar por su felicidad, enfundadas en sus vestidos de dama color pistache. Salen de la tienda ebrias de felicidad, cargando cada una su vestido en un estuche, hablan sobre los peinados que se harán y los chicos que las acompañarán y estallan en risas bobas cada cuánto.
Y de repente, Gin la ve.
Como tantas otras veces, sin razón aparente, Ashley siente el impulso de pasar un brazo sobre los hombros de Gin. Hay algo raro en el ambiente a su alrededor, pero no es capaz de ponerle nombre.
La calle a su alrededor es bulliciosa, llena de gente, con música que sale de algún sitio y luces que salen de los muchos establecimientos de comida. Sin embargo, Gin la encuentra entre la multitud. Y sólo tiene ojos para ella.
Se trata de una joven, rubia y alta, que a su vez mira a Gin con un deje extraño, es obvio que se conocen, como lo es el hecho de que no esperaban encontrarse.
Luna esta vestida lo más muggle de lo que es capaz, su falda tiene dibujos de gatos encrespados y lleva puestas botas horrendas, pero su blusa negra y sobria y su chaqueta de mezclilla no están mal. Aún si a Gin no le resultara conocida le habría llamado la atención su vestimenta, pero aún más, su rostro de hada, con los enormes orbes azules que lo adornan y el larguísimo cabello rubio sucio cayendo etéreo por su espalda y sobre su pecho.
La rubia no puede creer que al fin, después de todo ese tiempo, la haya encontrado. Que está viva y contenta, rodeada de gente que la hace reír. ¡Es Ginny! ¡Su Ginny! ¡Y está riéndose a carcajadas!
Intercambian miradas. Después de un año sin verse.
Luna ve la sonrisa que se achica en la boca de Ginny y el gesto protector de la joven que camina a su lado. Las dos la miran fijamente. Luego, la pasan de largo.
Y Luna se queda allí, en medio de la acera, preguntándose por qué Ginny la ha terminado ignorando de esa manera.
En apenas un segundo le pasa por la mente el último año de su vida, desde la batalla de Hogwarts hasta el viaje hasta allí. Se pregunta si se merece ese trato, si Ginny tiene algo que reprocharle como ella ha hecho a Harry, Ron y Hermione, si solamente quiere dejar atrás esa vida o si está fingiendo porque se encuentra entre muggles y ella no ha logrado parecerlo.
El grupo sigue su camino y Luna se da cuenta de que no tiene tiempo para especulaciones.
-¡Ginny! ¡Ginny! –Clama entonces-. ¡Ginny!
Y a unos pasos de ella, como si de repente supiera que la llaman a ella, la pelirroja voltea. Ashley la estrecha como medida de protección.
-¡Ginny! –algo en el rostro de la rubia se desencaja. Después de lo mucho que la ha buscado, no entiende por qué Ginny se comporta así. ¿Por qué la mira con esa extrañeza? –Ginny –vuelve a decir, esta vez acercándose a ella mientras lucha contra las lágrimas-. Sé que no esperabas verme por aquí, pero…
-Ginny –repite la pelirroja estrechando la mirada y deteniéndose por completo-. Ginny…
El resto de las chicas también se detienen y examinan a la rubia extraña.
-¿A quién le hablas? –suelta Ashley de repente, su tono es agresivo aunque no está muy segura de lo que toca hacer en esas circunstancias.
El grupo parece entonces respaldarla, aunque no entienden mucho de la situación, si algo molesta a Ashely, les molesta a ellas.
-¿Es a mí? –tantea Gin, aunque algo dentro de ella lo sabe. Lo sabe porque cada vez que lo dice algo en su interior tiene sentido, porque un sentimiento cálido se le instala en el pecho cuando ve que la rubia no puede contener más las lágrimas-. Por favor –le pide dulcemente-, no llores.
Ashley y las demás contemplan la escena sin idea de lo que está ocurriendo.
-Tu eres Ginny –solloza la rubia deseando tirarse a sus brazos.
-Soy Ginny –susurra la pelirroja, entonces recuerda la pulsera que Drew le entregó cuando salió del hospital, la que tenía unas letras grabadas y por la que decidió que sería "Gerogiana"-. ¿De Georgiana?
-¿Qué?
-¿Es un diminutivo, no? ¿Pero de qué? –el tono de la pelirroja es el de alguien que ha hecho una pregunta simple y espera una respuesta igualmente simple.
-De Ginevra –murmura Luna descolocada.
-¿Y la "W"? –Ginny tira de una de sus mangas y le muestra la pulsera a la rubia como si con eso fuese a dejar de verse confundida.
-Weasley –suelta Luna empezando a entender-. Eres Ginny Weasley. ¿No recuerdas, de verdad?
-Ginny Weasley –repite la pelirroja y a su mente llegan sonidos bulliciosos, muchos chicos hablando al mismo tiempo, la voz de una mujer que los manda callar y que comienza a hablar sobre el colegio, el chillido de unas botas de goma mientras avanzan, la voz serena de un hombre que le da los buenos días y lechuzas. De pronto, los sonidos y las imágenes revueltas en su mente la rebasan; mareada, busca enterrar la cabeza en el espeso cabello de Ashley.
El resto de las chicas no sabe cómo reaccionar. Tienen una vaga idea de la vida de Drew y de Gin, pero solamente Asheley conoce realmente lo que ha ocurrido con la joven desde su llegada a Chicago y su despertar sin recuerdos.
-¿Te parece familiar, Gin? –le pregunta la joven y Ginny pone la misma expresión perdida que tenía cuando le contó de sus sueños y sus temores en su casa. Ashley decide que debe abrazarla en esos momentos-. Tranquila –le susurra protectora-, estoy aquí ¿sí? Todo está bien.
Se las arregla para que las demás chicas se vallan sin ellas, les promete que va a cuidar a "la rojita" aunque ninguna cree que en realidad la rubia vaya a hacerle daño, acuerdan que el resto va a estar cerca por sí algo se ofrece pero en silencio, todas parecen aceptar que aquel encuentro, por extraño que resulte, es algo que Ginny ocómosellame necesita.
-Estoy aquí –repite Ashley como si esas palabras fueran todo lo que la pelirroja necesita para volver a darle la cara a la extraña rubia.
Luna sonríe, le gusta ver que Ginny tiene todas esas amigas. Intercambia una mirada con Ashley mientras el resto del grupo las va dejando atrás y entiende rápidamente del cariño que le tiene; le tranquiliza saber que todo ese tiempo Ginny no ha estado sola. La pelirroja vuelve a su sitio bajo el brazo de Ashley, se ve un poco pálida todavía pero tiene ese gesto tan suyo que le sugiere que debe continuar.
Entonces Luna se acerca a ella y le toma de la muñeca en la que lleva la pulsera.
-Las usábamos por la guerra –menciona con voz suave -. En caso de que alguien tuviera que reconocer el cuerpo…
Levanta una de sus mangas también y Ginny puede ver las iniciales "L""L" DA inscritas en ella. Ginny se pregunta entonces si será capaz de reconocer a la rubia o de dar con su nombre ahora que sabe sus iniciales.
-Fueron días difíciles, pero estábamos juntas. Y a tu lado, yo no tenía miedo, Ginny.
"La rojita" cierra los ojos y Ashley se da cuenta de que está haciendo un esfuerzo verdadero por recordar. Mientras tanto, ella misma interioriza las palabras de la rubia. Le gustan esas palabras, siempre ha sabido que a pesar de la fragilidad que aparenta y de los muchos miedos que le genera ese mundo que desconoce, Gin es una persona muy fuerte.
Luna y Ashley intercambian otra mirada.
-Lo está pensando –dice con una sonrisa la chica que abraza a Ginny.
-Lo sé.
-Soy Ashley Colleman –dice tendiéndole una mano.
-Luna Lovegood.
Ambas vuelven a mirar por sí aquel nombre le dice algo a Ginny.
Pero ella sigue pálida, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, la mano izquierda apretada contra su sien y la derecha, con la que está sujeta a Ashley completamente tensa.
-Luna –dice finalmente abriendo sus ojos que están llenos de lágrimas-. Luna, lo siento, no me acuerdo…
Las lágrimas que se le habían detenido en los ojos a la rubia también se le escapan.
-Yo… -barbotea-. No... No sé… Ginny.
-Pero si quieres –Gin busca los ojos de Ashely por apoyo-. Si quieres ven conmigo a casa. Quiero que Drew te vea.
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-Gracias –Neville pone una propina generosa en las manos del botones y luego observa con cierta satisfacción la habitación.
Ha sido un día agitado para él y Luna. Y él apenas puede creer que están allí. Después de un año sin poder ver a Ginny, están ahí.
La noche anterior, Luna recibió un llamado de la directora a su oficina ya que su padre se encontraba en el colegio. Y estaba ahí con información.
Luna y Neville no lo habían dudado, eran ahora mayores de edad y esa misma mañana abandonaron el colegio. Habían hecho un fondo para esa situación, se habían preparado por casi todo un año y de pronto, ahí estaba. Sin necesidad de hechizos complicados, sólo había bastado que uniesen los hechos a los que nadie había prestado atención antes, que hablaran con las personas correctas y por supuesto que sobornaran a quienes pudieran ayudarlos.
No iba a pasar mucho tiempo para que alguno de los Weasley o el propio Harry se enterara de que Ginny había sido rastreada. No tenían tiempo que perder. Tenían, debían encontrarla antes.
Así que ahí están, tras un largo vuelo. En la ciudad del viento.
Luna ha salido a merodear por la ciudad mientras que él se encarga de instalarlos.
Neville se asoma a la ventana con cada pretexto que encuentra esa tarde, en realidad le toma bien pocos movimientos de su varita deshacer las maletas y se queda pronto sin nada mejor que hacer que desear haberse ido con Luna.
Él, que esta tan contento ahí, celebrando el regreso de la sonrisa al rostro de Luna, no tiene modo de saber que ella está llorando otra vez.
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Drew no termina de adaptarse a una cosa cuando ya le está sucediendo otra.
Al principio, era un simple chico sin recuerdos, pero aunque no le guste admitirlo, también sin muchas capacidades. Llegó a él la oportunidad de jugar futbol soccer, un deporte que apenas conocía "y eso que es inglés" y se desarrolló satisfactoriamente en eso.
Luego vinieron los sueños. Y después de los sueños o tal vez con ellos: ella.
Y Lois Mary, esa extraña trabajadora social que a pesar de sus recelos, los terminó ayudando a estar juntos.
Cuando estaba adaptándose a la presencia de la joven pelirroja, a quien ya sabía que quería en su vida. Ella pareció decidir que lo quería también.
Estaba ya, después de muchos problemas, acostumbrándose a que los sentimientos de ambos anduvieran por allí cuando ella decidió que iría a la escuela. Y en contra de todo y a pesar de todos los trámites que tuvo que hacer, Gin consiguió matricularse ese año. Y un montón de gente comenzó a entrar en su vida. Todas esas amigas que siempre que lo veían ponían cara de saber algo que él no. Pero al final decidió que podía con eso si a Gin la hacía feliz pasar tiempo con ellas.
Y así es como el joven rubio, está ahora probándose un enésimo traje negro para acompañar a Gin a la boda de su amiga. Sin haberse acostumbrado aún a llegar a casa de los entrenamientos y que ella no este o a no verla frente al televisor todas las noches porque ahora tiene deberes, pero al menos sí, al hecho de verla contenta, sonreírle todas las mañanas antes de irse corriendo porque se le ha hecho tarde para la escuela.
Y todo está por cambiar. Otra vez.
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Los cuatro coinciden en la escalera del departamento de Drew y Gin. Y la escena es rara.
Esta Ashley, que por supuesto sigue en su plan de cuidar de la pelirroja, Drew que solamente quiere llegar a casa, echarse en el sofá y que Gin le muestre el vestido y le cuente de su día, Gin, que quiere saber si Drew es capaz de reconocer a la rubia, y Luna, que ya no sabe lo que está haciendo ahí.
-¿Malfoy? –pregunta en cuanto lo ve.
Como si solamente hubiera emitido un sonido raro y sin importancia, Drew y Gin se saludan con un abrazo y luego Ashley y el rubio se hacen un gesto.
-¡Y mira a quien traje! –dice fingiendo emoción la pelirroja, como si Drew pudiera caer en alguna trampa de ese modo.
Están ahora en el corredor del edificio y Drew no puede evitar sentir que está metido en problemas. La rubia extraña lo mira como si lo estuviera, de hecho. ¿Pero es que acaso lo conoce? Trata de disimular que se encuentra totalmente perdido e incluso busca los ojos de Ashley, pero ella se limita a levantarse de hombros, casi igual de perdida que él.
Luna se esfuerza mientras tanto por unir las piezas. ¿No era que el chico estaba muerto? ¿No era esa la razón de que los Malfoy hubieran dejado Inglaterra? Ella y Neville ya habían escuchado la loca historia de Mirtle, pero no por eso se habían esperado que él… que ellos ¿qué?
-¿En serio? ¿Ustedes dos? –suelta la rubia.
Como si los demás no estuvieran suficientemente asombrados.
-¡No es lo que parece, Luna! –Se adelanta Gin-. Vivimos juntos pero no como… quiero decir que no somos… Drew y yo…
-¿Drew?
-Drew Black –se presenta el rubio aprovechando el momento y tendiéndole su mano a la extraña.
-Luna Lovegood –responde ella por puro mecanismo.
-¿Y si entramos? –propone Ashley preguntándose en qué momento piensa aparecer Lois-Mary para aclarar todo lo que está ocurriendo ahí.
Las cosas no mejoran mucho dentro del departamento, aunque Luna tiene que admitir que le gusta, puede ver mucho del gusto de Ginny aquí y allá cuando se sienta frente a Drew y Ashley mientras Ginny va a la cocina a preparar té. Algo muy Weasley, para variar.
-¿Y tú, tampoco me recuerdas? –tantea una Luna envalentonada entonces.
Drew comienza con una mirada casi asesina que se endurece al reparar en las espantosas prendas que viste la extraña, pero lo que llama la atención de Luna es que por último, su mirada traduce el mismo temor que la de Ginny.
Es entonces que Luna se plantea que de verdad, ninguno de los dos recuerde nada.
-Yo solía ser su amiga –es una aclaración que le parece pertinente en ese momento-, de Ginny. A ti solo te conocía de vista. En el colegio.
-Ginny –repite él también y añade la misma pregunta que la pelirroja -: ¿De Georgiana?
-¡Merlín, no! De Ginevra.
-Ginevra.
-Nadie le decía así. Era Ginny para todos.
-¿También para mí?
Luna busca la mirada de Ashley quien ha dejado su expresión perpleja y esboza una pequeña sonrisa.
-¿Qué? –pregunta Luna sin entender.
-¿Yo también la llamaba Ginny?
-No lo creo.
-Ginevra –repite el rubio y Luna no entiende por qué lo paladea con tanto gusto.
-Y entonces… ¿ahora viven juntos?
-Así es.
-Nunca lo hubiera creído.
-No es como tú crees. Es porque tenemos mucho en común - aclara un Drew molesto y que otra vez tiene esa mirada asesina.
-Justo eso. ¿Quién creería que ustedes tienen mucho en común?
-¿No te lo parece? –Pregunta Ashley-. Ingleses, desmemoriados, sorprendidos por todo…
-No había pensado en esa clase de similitudes –admite Luna.
En la mesa de centro, Luna se fija en la fina madera, muy Malfoy; y en el bote de colores olvidado ahí, muy Weasley.
¿Cómo iba a saber alguien que podía pasar una cosa así? Si le hubieran dicho un año antes, en las vísperas de la batalla de Hogwarts que iba a estar sentada en la sala del departamento que Draco Malfoy y Ginny Weasley compartían, ni ella tan ingenua como todos la veían, lo hubiera podido creer. Más aún, que el lugar iba a resultarle tan armonioso, como si de verdad ellos se complementaran. Como si la bolsa de escuela con el llavero de conejito amarillo perteneciera junto a la bolsa de deportes gris con vivos rojos y el librero del fondo hubiera sido hecho para que los grandes clásicos de la literatura se entendieran con los libros "hágalo usted mismo".
Los ojos de Luna se detienen en una fotografía que esta puesta sobre una mesa auxiliar, se siente imantada por el marco dorado que pone en letras rojas "1999". Es una fotografía muggle, pero Luna podría jurar que las sonrisas de Malfoy y Ginny son auténticas y que cuando fue tomada ambos estaban en serio felices. De pronto le parecen lindos juntos.
Ashley sigue mirándola y analizando cada movimiento de la extraña. Drew se pierde en sus pensamientos acerca de lo que Luna acaba de decir ¿no tenían mucho en común antes de estar en Chicago? ¿Por qué?
Cuando se fija en la rubia otra vez, ella esta embobada con la fotografía que les tomaron en año nuevo a él y a Gin. Pone una cara de loca con la que no puede. "Luna-lunática" la bautiza Drew en su mente.
Y algo se rompe de repente.
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¡Hasta aquí!
¡Gracias, miles de gracias por seguir aquí!
¡Bellísimo 2014 a todas!
