Capítulo 2: La Pesadilla Acaba de Comenzar

Anaís buscó y buscó entre sus cosas — no está, Lulú estás segura de que no la cogiste.

—Claro que no.

—Se me está haciendo tarde — dijo mientras miraba el reloj sobre la mesa —, ni modos creo que… — Anais abrió los ojos de par en par al ver la esfera que tenía en sus manos. Sin pensarlo la lanzó con todas sus fuerzas al suelo esperando con eso… aliviar todo ese dolor.

Automáticamente sus ojos se llenaron de lágrimas, como cada vez que ese nombre y esa persona llegaba a su pensamiento — ay no, ahora no, no en este momento — dijo intentando calmarse pero era demasiado tarde, por más que trataba sus mente se llenó de recuerdos — Paris… mi querido Paris… desearía tanto saber algo de ti… lo que sea — señaló limpiándose las lágrimas.


—Por favor es mejor que se alejen de aquí — dijo un joven muchacho —, este lugar no es seguro, por favor diríjanse junto con el resto de los habitantes de las aldeas cercanas al castillo. Comandante, por favor dígame como está la situación, ¿han tenido noticias de Guru Clef, de Latis o del Príncipe Paris? — preguntó mientras se acercaba a Ráfaga.

—No Kiyoshi, todavía no se sabe nada de ellos — dijo serio.

—Es increíble, Céfiro en guerrera por culpa de las "grandes traidoras", de verdad que supieron actuar muy bien.

—Será mejor que… — una gran explosión no lo dejo terminar de hablar.

Las personas asustadas corrieron a buscar rápidamente un refugio.

—Otra explosión, soldados por favor dirigiese a ese lugar — indicó mientras les hacía señas.

—¡Comandante! — un par de soldados llegaron corriendo —, el castillo ha sido destruido.

—¡Que! — exclamó abriendo los ojos sorprendido.

—Esa explosión comandante, fue en el castillo.

Kiyoshi volteó a mirar a Ráfaga, sorprendido sabía perfectamente que ese lugar se encontraba su esposa.

Ráfaga salió corriendo no podida creer eso, necesitaba saber si era cierto lo que le había dicho, comprobarlo si era necesario con sus ojos. Si es castillo había sido destruido, eso significaba que Caldina… no, no quería creer eso.

—Kiyoshi te dejo encargado de todo — le dijo antes de irse.

—Como usted diga — dijo mientras miraba a su alrededor —. Malditas guerreras mágicas si no hubiera sido por ustedes nada de esto estaría pasando — señaló apretando sus puños —. No saben cómo las odio.


Marina llegó a la casa cansada después de haber hecho compras, estaba decidida a disfrutar las últimas horas en Londres hasta más no poder ; en la noche saldría con unas amigas por eso se había comprado un hermoso vestido y un zapatos, definitivamente nada la preocupaba, su vida era perfecta.

—Soy tan feliz — afirmó mientras se recostaba en la cama —, amo mi vida, tengo todo lo que quiero, hago lo que quiero, no me interesa nadie, por fin, no tengo que hacer lo que la gente diga — dijo cerrando sus ojos.

—¡Marina! — la llamaron mientras golpeaban — contesta el teléfono es una llamada para ti.

—¿No dijo quién era? — preguntó sin moverse de su lugar.

—Dijo que se llamaba Clef que necesitaba hablar contigo urgente.

—¡Que! — Marina brincó de la cama y abrió la puerta — ¿quién dijiste que me llamaba?

—Rachel — dijo la muchacha mirándola confundida.

La peliazul cerró sus ojos y respiró profundo — aahh… eehhh… muy bien gracias ya contesto — dijo cerrando la puerta. Marina cerró los ojos calmándose, nunca en su vida le había pasado algo así, ese nombre no era pero nada común, y no era que fuera fácil de confundir con otro. Su estómago dio un volcó, era evidente su nerviosismo, estaba demasiado pálida y toda ella temblaban — ay Marina pero que tonta fuiste — se dijo mientras contestaba.


Lucy miraba por la ventana como si fuera lo más importante en ese momento, su mente estaba en otro lado, algo le decía que Céfiro la necesitaba otra vez.

—Lucy… — la llamó su amiga moviéndola suavemente — despierta.

La pelirroja cerró sus ojos y la volteó a mirar — ¿qué sucede?

—¿Amiga te sientes bien? Estas algo pálida.

—No te preocupes, no pude dormir bien es todo.

—¿Y por eso también andas así de distraída? — le preguntó otra compañera.

—Si — contestó sonriendo —, de verdad lo siento pero es que no me siento bien, lo mejor será que me vaya a descansar, me duele mucho la cabeza — indicó levantándose.

—Lucy pero, ¿y la practica?

—Lo siento enserio pero no creo que pueda así — el expilar se dirigió a la salida. No sabía bien que iba a hacer, sólo había dos personas con la que podía hablar de lo que estaba sucediendo, si fuera en otros tiempos de seguro las hubiera buscando. Que rabia y que cobardes resultaron ser, ese era el pensamiento que a veces llegaba a su mente, no era que realmente las odiara, Lucy no era de esas personas, pero si, no podía perdonarles que la hubieran dejado sola, luchando por algo que no era solo su deseo.

Una vez estuvo afuera miró al cielo buscando una respuesta, era ilógico que llegara a pesar eso y más sabiendo que de ser así correría la misma suerte que la Princesa Esmeralda, no le importó, decidió olvidarse de eso en ese momento, en ese instante en el que maldijo el haber renunciado a ser el pilar.

—Ay Latis, dame una solución, de verdad que quiero verte — dijo desesperada.

—Lucy, solo tú puede acabar con todo esto.

Lucy miró a su alrededor, eso debía ser nada más producto de su imaginación, definitivamente tenía que serlo, no había razones para que ella siguiera por ahí.


Ráfaga cerró los ojos al ver el panorama, el gran castillo de Céfiro no existía, no quedaba ni la sombra.

—Caldina… — el esgrimista se arrodilló, no estaba seguro de poder soportar esto más, era demasiado injusto todo, aun así no quería juzgar, ni mucho menos culpar a nadie, a pesar de saber perfectamente quienes lo habían hecho.

—Ráfaga… — alguien que compartía su dolor apareció de la nada, para él era difícil de creer toda la situación. Cuando se lo comentaron no dudo ni un solo segundo y regresó de Cizeta tan pronto como pudo —, dime por favor quienes permanecían aún en el castillo.

—Estaba Caldina, Presea, Nikona, muchos habitantes y soldados… Ascot — dijo mientras lo volteaba a mirar.

El hechicero no aguanto más y comenzó a llorar desconsolado.

—No Ráfaga, pero, ¿y los demás?

—Latis llegó hace poco de Autozam. Cuando empezó todo esto Guru Clef pidió ayuda a los demás planetas, él al igual que tú decidió regresar. No sé bien que paso con él, dijo que se encargaría de las traidoras de Céfiro y nunca más volvió.

—¿Qué pasó con Guru Clef y con Paris?

—Supongo que ellos al igual que Latis llevaron la peor parte, es decir, mira nada más quien es nuestro enemigo.

Ascot cerró los ojos —no Ráfaga no digas eso, yo jamás podría llegar a creer que fueran capaces de hacer esto.

—Céfiro se hundió muy rápido, más rápido que las otras veces, supongo que ha de ser porque sabían perfectamente cuál era su punto débil.

—Me reusó a creer en eso — señaló con rabia.

—Sí, lo mismo digo o decía yo, la verdad es que no me gusta pensar en eso, yo sólo hago mi trabajo — indicó mientras caminaba por todo el lugar.

—Ráfaga pero no se… tal vez escaparon, yo no creo que les haya pasado nada, además Nikona estaba en el castillo.

—Mira Ascot es mejor ser realista.

—¡No! Ráfaga cállate — dijo molesto —, no seas tan negativo.


Anaís caminaba desanimada por las calles, definitivamente encontrar ese objeto la había puesto muy mal. ¿Hasta cuándo seguiría siéndole fiel a ese recuerdo? ¿Cuándo por fin lo iba a sacar de su corazón? ¿Cuándo iba a olvidar ese cuento de hadas? Estaba harta de preguntarse eso, detrás de esas preguntas siempre había un "pero y si no me ha olvidado cómo voy a hacer eso yo" "no, no quiero olvidarlo, nunca a nadie amaré como lo amo a él" "y si por alguna eventualidad regresara, y supiera que me ama, ¡No! Jamás me perdonaría no amarlo, no corresponderle". Era difícil, porque bueno no era una chica fea, no pasaba desapercibida para los chicos, pero nadie jamás llegaría a ser tan bueno o tan malo como su príncipe. Paris podía no sé el chico perfecto, podía tener muchos defectos porque a decir verdad, él no era el tipo de hombre de que hubiera pensado enamorarse, tenía cualidades y actitudes que no le convencían, pero lo amaba tal y como era. Físicamente era guapo, fuerte, tenía unos ojos de sol que la hipnotizaban, todo él le gustaba. La espontaneada y la sinceridad, ¡no! eso sí que no olvidaba, porque dijo mentiras… si al principio, pero como olvidar que fue tan abierto y sincero que le dijo que le gustaba después la notable desconfianza que mostro para con él. Arriesgó su vida para salvarla, siempre la apoyo, estuvo con ella, olvidándose por completo de que ella era la asesina de su hermana. Era terriblemente difícil olvidarlo, aparte algo en ella le decía que más pronto de lo que imaginaba iría a Céfiro y por fin definiría su situación sentimental.

—Muérete ya principito de quinta — dijo mientras aparecía en sus manos una esfera de energía y se preparaba para lanzarla —. No te preocupes por el resto, Céfiro quedó en muy buenas manos — la mujer sonrió maléficamente —. ¡Muérete ya! — gritó lanzándola con todas sus fuerzas.

Paris sólo logró cerrar sus ojos y esperar el impacto, ya no tenía fuerzas para escapar o esquivar el ataque. Estaba muy malherido.

Una explosión ocurrió nublando y desapareciendo todo.

Anais abrió los ojos y cayó casi que inconsciente al suelo.

—¿Señorita se encuentra bien? — le preguntó un señor que acudió a ayudarla.

—Paris… — dijo aterrorizada.

—¿Señorita que tiene?

—No, no, no, no, no — la rubia estaba fuera de sí — ¡por favor alguien que lo ayude! — gritó desesperada ante la mirada sorprendida y confusa de toda las personas—. ¡No! yo tengo que hacer algo.


Sus amigas se reían y hablaban muy animadas mientras ella permanecía algo alejada, no se sentía bien, nada la motivaba, no tenía ganas de hacer nada. Estaba ausente, su mente divagaba en cosas sin sentido, cosas sin importancia, ella misma las había llamado de esa manera en más de una ocasión. Era estúpido pensar en ese lugar y más que todo en esa persona. Como si él alguna vez hubiera pensado en ella como algo más que una niña, la heroína de Céfiro, la guerrera del agua, no era tan tonta; además sabiendo que el mago supremo, el Guru de Céfiro parecía no tener derecho a enamorarse y si tuviera ese derecho pues hay estaba Presea. Qué bonita realidad, definitivamente no valía la pena pensar o imaginar nada, ya suficiente era con saber que su amor imposible.

Dejó escapar un largo suspiró mientras regresaba de sus pensamientos.

Tú piensas… yo actuó.

—¿Eh?

—Tú sientes… yo mato.

Marina miró confundida a su alrededor buscando a la persona que le hablaba.

—Tranquila que esa preocupación ya no existe.

Cerró sus ojos y los abrió peor de confundida.

—Acabo con todo para liberarte.

La peliazul comenzó asustarse, no había nadie a su alrededor hablando, estaba sola — ¡bah! Pero qué locura — dijo intentando sonreír. Si antes no se sentía con ánimo de nada ahora menos, una punzada acompañada de un mareo la sorprendió una vez se levantó.

—Marina, ven — la llamó una de sus amigas.

La guerrera movió su cabeza e ignoró lo que sentía.

—Amiga porque andas tan alejada, pensé que querías pasarla bien, divertirte. Sabes que esta es tu despedida.

Marina sonrió — si lo sé, lo siento es que creo que eso de regresar me tiene no se en otro planeta — señaló mientras tomaba asiento junto al grupo de amigas — claro, claro pero si debe ser eso… obvio que estoy así por el regreso, encontrarme con el pasado no es bueno — pensó mostrándose lo más calmada que podía llegar a ser —. Ni locas, no ni loca regresó por ustedes, esa amistad… no, nunca me atrevería a darle una segunda oportunidad. Anais es una odiosa y Lucy es… la persona más ilusa — una vez más Marina se daba ánimos para seguir firme en su posición, no podía dejarse, el hecho de que Céfiro hubiera aparecido en su pensamiento sin querer no significaba que iba a correr como una loca y se iba a matar por nadie, POR NADIE.


Lucy llegó a su casa y se encerró en su habitación encendió la computadora y como era costumbre miró en su correo algún mensaje, saludo, reclamo, hasta ofensa de las que fueran llamadas hace tiempo "las heroínas de Céfiro".

La guerrera del fuego seguía conservando las cualidades que la hicieron merecedora del título de "pilar", es por eso que nunca olvidaba enviarles algún mensaje o postal saludándolas, preguntándoles por su vida, felicitándolas por su cumpleaños, deseándoles feliz navidad, año, día de San Valentín, etc, etc, etc. Lo triste de esto era que no había respuesta. En el chat nunca las veía conectadas. Aun así esa tarde cambio su imagen y su nick.

"Soy la diosa del fuego, la que representa la pasión, la lucha y la fuerza en las batallas. Mi genio guardián es Rayearth"

Quizás estaba perdiendo la cabeza pero hoy más que nunca tenía la esperanza de que sus amigas reaparecieran. En los tiempos en los que eran mejores amigas, siempre usaban ese tipo de nick como forma de recordar sus aventuras o solo por diversión, de todas formas era la mejor forma de describir su personalidad.

—Por favor chicas, aparezcan — dijo mientras miraba la pantalla —. Tengo un mal presentimiento, algo no está bien.


Otra tarde estaba próxima acabarse y los ánimos cada segundo empeoraban, en un refugio improvisado descansaban los habitantes mientras que a las afueras algunos soldados hacían guardia.

—¿Cuál es el siguiente plan comandante? — le preguntó Kiyoshi acercándose.

Ráfaga respiró profundo, no podía ocultar más su rabia y su tristeza, la mujer que amaba estaba muerta, no había podido cumplir con su promesa, no la había protegido, no había estado ahí con ella.

—Kiyoshi ahora no — le pidió Ascot.

—Ascot déjalo — indicó Ráfaga dándose la vuelta —, no podemos dejar que ellas nos destruyan, esta gente depende de nosotros.

—Si es verdad. Además no podemos perder la esperanza, no creo que esas estúpidas hayan logrado eliminar al Guru Clef, a Paris y a Latis.

Ráfaga sonrió con ironía— como se nota que no sabes que tan fuerte es el enemigo. Ellos tenían todas las de perder, no era una pelea cualquiera.

—¿A qué se refiere?

—Es muy difícil separar la mente del corazón — señaló Ascot —, eso fue lo que paso y por eso es que no sabemos nada de ellos — el hechicero apretó sus puños, estaba seguro de que él también correría la misma suerte si se llegaba a cruzar con las causantes de toda esta tragedia, sobre todo con una.

—Hasta donde yo sabía Paris sólo amaba a una sola persona, él me dijo que como ella ninguna, estaba seguro de su amor — indicó el soldado —, no creo que se haya dejado embaucar por las mentiras de una maldita aparecida.

—Es que es maldita aparecida como la llamas, sabía perfectamente eso, conocía muy bien Paris — señaló Ascot.

—El que me sorprendió en la tercia fue Guru Clef, eso no lo esperaba — Ráfaga volteó a mirar Ascot.

Ascot lo miró por un momento y luego desvió la mirada. Le dolía, no como antes, no como hace tres años cuando Marina lo rechazó, pero aun así le costaba reconocer que había perdido después de tantos esfuerzos. Si una personita lo llegara a ver así, de seguro que tendría serios problemas.

El hechicero salió a dar una vuelta sentía que su cabeza le iba a explotar en cualquier momento.


Cerraba los ojos una y otra vez ansiando olvidar lo que había visto, quería creer que era mentira, que era sólo producto de su imaginación, pero no podía, no era el típico sueño o pensamiento que tenía con respecto a su amor, era algo más profundo, real, algo terriblemente espantoso, una mujer que no pudo siquiera reconocer había atacado a Paris sin ninguna compasión. Quería morirse, literalmente, nunca había sentido sensación parecida.

—No Paris… — Anais se sentó en el piso junto a su cama y abrazó sus piernas mientras lloraba —, no me dejes… — dijo en medio de fuertes sollozos —. No puedo seguir mi vida si tú no estás conmigo…

—Traidora — dijo Paris mientras se limpiaba un pequeño hilo de sangre en su labio —, esto no te lo voy a perdonar nunca.

—Uy que miedo — señaló sonriendo.

—Maldita, pelea entonces — el peliverde sacó su espalda.

—Si lo que digas, pero mejor te propongo que te mueras ya — la mujer movió su mano haciendo brillar la joya de su guante.

—¡No espera! — Anais miró a su alrededor desubicada — ¿qué está pasando? — Se preguntó mientras dirigía su mirada sus manos — ¿qué es esto? — se preguntó totalmente impresionada, sus manos estaban cubiertas de sangre.


Hola aqui va otro capitulo, gracias a las que ya han dejado reviews :D nos vemos muy pronto.

Bye