Capítulo 9: El Triste Final de una Guerrera
Anaís miró su reloj había llegado con escasos minutos de anticipación. Su aspecto era algo cansado así que decidió detenerse en una cafetería y compró una botella de agua.
—Espero que con esto me termine de pasar el dolor de cabeza — dijo mientras sacaba otra pastilla y se la tomaba y se acercaba al ascensor.
Marina respiró profundo una vez entró a la torre — muy bien aquí estoy, sólo espero que todo esto valga la pena Clef — comentó con algo de duda dirigiéndose al interior del ascensor — según me dijo Lucy me llamaría apenas estuviera aquí — señaló sacando de su bolso su teléfono — espero que no se demore.
—¿De verdad? Eso no sabía — indicó Ráfaga mirando a Caldina.
—La princesa Tata esta insoportable y todo por culpa de Ascot — afirmó con seriedad.
—¿Pero estas segura de que entre ellos paso algo?
—No fue necesario que me lo dijeran, yo solita me di cuenta de todo —aseguró muy orgullosa.
El esgrimista sonrió — ¡ay!mi querida y bella Caldina a ti se te olvida que te conozco muy bien y sé que estuviste de chismosa escuchando eehh digamos… una conversación entre las princesas.
La morena abrió los ojos fingiendo sorpresa — ¡claro que no! Además ese muchachito y yo tenemos una larga conversación.
—Si mi amor, pero creo que tendrá que ser para después — Ráfaga depositó un pequeño beso en los labios de su esposa y tomó su espada — en este momento tenemos que ir a una de las aldeas más apartadas de aquí donde según informaron algunos cefirianos que se encontraban en esta nave hay gente en peligro.
Caldina lo miró con tristeza — es verdaderamente doloroso todo esto. Por favor cuídate — le pidió mientras lo rodeaba con sus brazos — no podría soportar que algo te ocurriera a ti o a Ascot.
—Tranquila — dijo besándola.
—¡Ráfaga! ¡Caldina! Acaba de llegar la nave Dragón de Fahren — anunció Presea.
La ilusionista la miró con tristeza — eso significa que una nueva lucha va a comenzar, que terrible.
Anaís se acercó a la ventana mientras buscaba su joya mágica — yo de verdad espero que hoy sea el día — murmuró cerrando sus ojos.
Marina se retocó un poco el peinado antes de que se abrieran las puertas del ascensor. La mirada de la guerrera cambió por completo al ver el panorama en la Torre de Tokio, ella había hecho todo lo que había estado a su alcance para olvidar por completo todo, pero miles de recuerdos llegaron a su mente, con algo de nostalgia sonrió.
—¡Con permiso! — gritó un señor empujándola.
—¡Oigaaa! — exclamó con todas su fuerzas haciendo que varias personas entre esas Anaís la voltearan a mirar — este no es un buen día, ya lo sé — murmuró dirigiendo su mirada hacia los grandes ventanales — aunque hace un día precioso aquí en Tokio — dijo antes de encontrarse con los ojos esmeraldas de quien había sido su amiga, de las mejores.
La rubia sonrió levemente al verla pero espero a que ella se acercara.
La peliazul tomó un poco de aire y recordó las palabras de su madre.
….
—Si realmente quieres arreglar las cosas con Anaís, piensa antes de hablar y trata, por favor Marina… trata de tomar todo con calma.
….
Al estar frente a ella la miró con indiferencia.
—Buenas tarde Marina, ¿cómo estás? — la saludó, antes que nada estaba la educación, Anaís sabía bien eso.
—Bien — contestó dirigiendo su mirada a la ventana — ¿sabes algo de Lucy?
—No, pero si mal no recuerdo ella nunca fue muy puntual que digamos — señaló sonriendo, pero Marina la ignoró y continuó mirando por la ventana.
—Sólo espero que venga pronto, ella parecía ser la más ansiosa con esto — dijo fingiendo tranquilidad.
La rubia la miró sorprendida pero prefirió no decir nada.
Para ambas era extraño y sumamente incomodo estar junto a la persona que en cierta forma la había lastimado y lo que era peor haciendo de cuenta que absolutamente nada había ocurrido.
Marina sacó su teléfono celular y miró la hora — es la 1:42 p.m, ¿dónde está metida Lucy?
—¡Por favor! — gritó ya sin alientos mientras caía al suelo.
—Di mi nombre cuando lo necesites.
Lucy abrió sus ojos y miró a su alrededor con temor —no… Céfiro —algo mareada se puso de pie — pero… — antes de que pudiera decir algo la tierra se estremeció asustándola — Marina y Anaís, no quiero estar aquí sola.
Con lágrimas en los ojos y atemorizada al ver todo se dispuso a correr, olvidando que no sabía en parte de Céfiro se encontraba.
—¿Latis donde te encuentras? — se preguntó sacando su medallón.
—Lucy… — los ojos de cefiriano se abrieron con sorpresa.
—Sí, Latis es ella.
El espadachín cerró sus ojos — ¿por qué está sola? ¿Dónde están las otras?
Guru Clef negó levemente con la cabeza — no lo sé pero…
…
—Guru Clef en este momento sólo en ti puedo confiar, yo sé que tú puedes encontrar una solución a todo esto, sólo tienes que tener paciencia, ellas van a regresar más pronto de lo que piensas pero no va a ser como las otras veces.
….
—¿Ahora van a regresar cada una por su cuenta? — se preguntó mentalmente con extrema preocupación.
—No puedo dejarla sola, tengo que ir por ella — señaló agarrando su armadura.
—¡Espera Latis! No puedes ir por Lucy, si vas podrías morir.
—No me importa, es Lucy — el hermano de Zagato se colocó la armadura y enseguida cerró sus ojos.
—¿Ves lo herido que estas?
—Esto no significa nada, solo quiero ponerla a salvo, no sólo de ellas sino de los soldados de castillo — dijo rompiendo un poco de su ropa y amarrándola en una de las heridas de su brazo — nosotros sabemos que ellas no han hecho nada… directamente, pero ellos no, además ahora cuentan con el apoyo de Autozam, Cizeta y Fahren, no sería nada bueno que atraparan a mi Lucy. Además Guru Clef ella no sabe absolutamente nada de esto. No sabe que aquí nadie quiere saber de las guerreras mágicas y todo es por culpa de sus sombras.
El mago lo miró pensativo — tienes razón pero tienes que pensar también que para ellas tú estás muerto, si te llegaran a ver sería algo malo, en las condiciones en las que estas no es que puedas hacer mucho. Lucy está muy lejos de aquí — Guru Clef cerró sus ojos tratando de comunicarse con la guerrera mágica, pero para desgracia de él sus fuerzas seguían siendo casi que nulas.
Latis apretó sus puños y olvidándose de todo continuó alistándose.
Marina respiró profundó y volvió a mirar su reloj mientras que Anaís tomaba su celular e intenta comunicarse con Lucy una vez más.
—Pero, ¿dónde estás metida? — preguntó mentalmente evitando mirar a Marina quien esperaba impaciente a que la pelirroja diera señalas de vida. Anaís apretó su puño, no entendía por qué Lucy no había llegado, algo raro estaba pasando ella lo presentía.
—¿Y bien? — le preguntó con molestia mirándola fijamente.
—Pues…
—¿Si?
—No, es imposible — contestó negando con la cabeza — Lucy tiene el celular apagado.
—¡Que! — exclamó con todas sus fuerzas — ¿cómo así que lo tiene apagado?
—No lo sé, pero lo tiene apagado — señaló encogiendo los hombros.
La peliazul tomó un poco de aire y le dio la espalda.
—Marina y si le ocurrió algo — dijo con tono de preocupación.
—No lo creo — afirmó con seguridad mientras que caminaba en círculos.
La rubia buscó rápidamente el número de la casa de la pelirroja y le marcó sin encontrar respuesta alguna. Con preocupación dirigió la mirada a la gran ciudad. Ella presentía que todo esto estaba relacionado con la situación que estaba viviendo Céfiro y con persona que había aparecido la noche anterior en el espejo.
—Mmmm claro ya entiendo — indicó la guerrera del agua deteniéndose frente a ella.
La guerrera del viento la miró confundida.
—Anaís tú planeaste todo esto, ¿no es así? —le preguntó mirándola con indignación y rabia.
—¿Cómo? —preguntó con asombro.
—Si claro, era mentira que hoy nos íbamos a reencontrar aquí para que ir supuestamente a Céfiro porque está en problemas. De seguro fue así y como era de esperarse Lucy te colaboró — aseguró colocando la mano sobre su cara —. Todo esto es una mentira.
Al escucharla la guerrera del viento frunció el ceño y sonrió — ¡wow! Marina deberías escribir historias, novelas hasta fanfics tienes una excelente imaginación.
—¡Cállate! — era más que lógico la chica había perdido el control en un abrir y cerrar de ojos — claro que si era algo de esperarse de parte tuya. Siempre presionando, eres una egoísta haya en Céfiro hay más personas, no es sólo Paris.
—Pero ¿qué cosas estás diciendo?
—Lo que escuchas, yo pensé que te interesaba ir a Céfiro a ayudar a tus amigos, pero ahora me doy cuenta que no es así, si Paris puede estar en peligro pero no es el único esta Guru Clef, Ascot, Presea, Caldina, Ráfaga y Nikona, todo ellos piden ayuda. Pareces no haber aprendido nada, no sabes cuánto debe estar sufriendo Clef al no poder convocarnos.
Anaís la miró sorprendida, nunca antes se había fijado en la forma como le parecía cambiar la mirada a Marina cuando hablaba del gran guru además ¿desde cuándo lo llamaba tan cariñosamente? sus ojos azulados brillaban. Parecía haber descubierto el tan escondido punto débil de su compañera, la razón por la que esa amistad se había venido abajo. En más de una ocasión la rubia había tratado de descifrar el motivo porque que su amiga sufría y eso había causado miles de molestias en ambas.
—No puedo creer hasta dónde has llegado, Lucy es una tonta, como es posible que se preste para esto ¡Tontas!
—Antes que nada te quiero pedir que….! No me grites! A mí no me interesa lo que aseguras que pasa aquí, pero no me extraña viendo de ti — indicó muy molesta por las afirmaciones que había hecho, Marina no tenía derecho de tratarla de esa manera —. Si estoy aquí es porque se suponía que íbamos a volver a Céfiro, no creas que me siento muy a gusto con todo.
La peliazul trató de ignorar lo que le había dicho y prefirió irse a dar una pequeña vuelta a la Torre de Tokio. Sabía que no tenía que reaccionar de esa forma, pero no podía evitarlo, estaba desesperada y confundida con todo. Quería ver a Guru Clef sano y salvo para que su alama le volviera al cuerpo.
Apenas estuvo sola Anaís se cubrió la cara con ambas manos y comenzó a llorar, todo estaba muy mal, Lucy no mostraba señales de vida y Marina… todo seguía igual que la última vez que hablaron. Se sentía completamente desesperada y angustiada con todo.
¿Cómo era que iban a luchar por lo que más querían y amaban si no lograban llevarse bien? Esa amistad si es que era que se podía llamar así estaba demasiado desgastada. Eso sí que representaría problemas en un futuro que estaba a la vuelta de la esquina.
Lucy se escondió detrás de un árbol al ver como un monstruo se acercaba peligrosamente. Ella se había caracterizado por ser valiente y por no temerle a nada, esas eran las cualidades que le ayudaron a manejar la situación las otras veces que había ido a Céfiro, por lo que era casi imposible creer como temblaba y miraba con terror todo. No sabía bien que tenía que hacer, se sentía desubicada y demasiado molesta con Rayearth por habérsela llevado.
—¿Acaso será cierto que el castillo ya no existe? — Se preguntó al recordar la visión que había tenido en la Tierra — eso… eso no puede ser cierto porque… porque… mi… Latis — el expilar se cubrió la cara con ambas manos y dejó que el llanto que la ahogaba desde que puso un pie en Céfiro saliera — no tú no puedes estar muerto…
La pelirroja se olvidó por completo de todo, nada le importaba ni siquiera la grandísima y horrible creatura que estaba detrás de ella.
—Que terrible, ¿por qué Céfiro esta así? — se preguntó dando media vuelta lentamente— ay… no — los ojos color fuego de la guerrera se abrieron hasta más no poder. La espeluznante creatura se aproximó con deseos de devorarla de un sólo mordisco, y ella totalmente resignada espero su triste final. Lucy estaba tan aterrada y confundida con todo que ni ganas de huir tenia. Además no tenía con que defenderse o eso era lo que ella creía — Rayearth… — susurró sin lograr nada, el monstruo se encontraba a escasos metros de ella pero a diferencia de lo que pensaba escuchó los alaridos de la bestia y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba agonizando en el suelo — pero…
—¿Te encuentras bien? — le preguntó un chico de mediana estatura, ojos azules, peli castaño que portaba una armadura un poco parecida a la de Ráfaga.
—Sí. Yo… — el ex pilar respiró profundo mientras se limpiaba las lágrimas.
—Bueno por lo que vi esa cosa no logró hacerte nada, eso es lo importante, ahora dime ¿cómo es que una niña como tú se encuentra en un lugar tan peligroso como este?
—¿Niña? — preguntó frunciendo el ceño — este… llegué hace poco y la verdad es que no sé dónde estoy.
El soldado la miró confundido la "niña" tenía cierto parecido con alguien aunque no recordaba a quien, además por la forma cómo iba vestida se notaba que no era de Céfiro.
—Sera mejor que te lleve al nave, allí vas a estar segura, Céfiro en estos momentos no es un lugar para que alguien como tú ande sola — dijo acercándose.
—¿Nave? —el chico era de confianza, se notaba que era de Céfiro y si no se equivocaba formaba parte de los soldados que comandaba Ráfaga pero aun así no comprendida nada —¿que acaso aquí en Céfiro no hay un castillo?
—Si por supuesto, pero por desgracia hace unos días fue destruido por "esas" — indicó con rabia.
—¿Esas?
—Sí, las heroínas de Céfiro, ahora será mejor que me sigas, creaturas como la que intento atacarte abundan por aquí — señaló disponiéndose a caminar — por cierto, ¿Cómo te llamas?
La pelirroja lo miró confundida — ¿a quienes te refieres con heroínas de Céfiro?
—No se sabes que aquí en Céfiro habían una leyenda sobre las guerreras mágicas y…
—Por supuesto que sí, conozco la leyenda y todo lo que esta produjo aquí —interrumpió con tristeza — lo que no entiendo es… ¿qué tiene que ver con todo lo que está pasando aquí en Céfiro?
—Esas malditas guerreras mágicas traicionaron a Céfiro y lo destruyeron como ves.
Lucy abrió los ojos, ahora sí que estaba pero pérdida con todo.
—¿Y bien? ¿No me vas a decir cómo te llamas?
—Me llamo Lucy… Lucia — contestó bastante temerosa y asombrada.
—Vaya ese nombre no es muy común, definitivamente no eres de Céfiro — dijo mientras le indicaba el camino.
—¿Tú quién eres? — cuestionó tratando de ordenar su pensamientos.
—¡Oh! si verdad no me he presentado, mi nombre es Kiyoshi y formo parte de los guardias que protegen el castillo de Céfiro.
Lucy con la mirada perdida y temiendo lo peor cerró sus ojos evitando que las lágrimas salieran de sus ojos.
Tata miró con rabia a su hermana y a sus ahora amigas Presea y Caldina, las tres hablaba y hacían el intento de reírse. Cualquier cosa era mejor que pensar en la pelea que se avecinaba.
—Jum —se quejó mientras daba media vuelta y se alejaba, no quería y no podía admitir lo mal que estaba, ya nada le hacía sentirse feliz o por lo menos con deseos de sonreír, claro si es que alguna vez lo había hecho. Ascot, el muy miserable había estado a escaso metros de ella y no se había atrevido a mirarla ni en un sólo momento, eso sí que le había pegado duro en su muy pero muy elevado orgullo. Ella no entendía como era que el ojiverde no estaba rogándole y suplicándole — definitivamente soy mucho para ese idiota — volvió a repetirse lo mismo, esa era la manera en que intentaba consolarse.
—¡Tata!
—¿Qué se te ofrece hermanita? — cuestionó con fastidio.
—Necesito hablar contigo — indicó con tono serio.
—¡Bah! No digas tonterías, yo no tengo nada que hablar contigo, mejor lárgate ya con tus amiguitas — le dio la espalda y continuó su camino.
—No Tata ya no más.
—No más ¿qué? — preguntó deteniéndose y mirándola.
—Tata ya basta, esta situación no puede continuar así. Porque no reconoces que te enamorarse y hablas con él — aconsejó mirándola con preocupación.
—Cuantas veces tengo que decirte a que no estoy ni estuve enamorada de ese niñito — afirmó con indignación.
—Tata ya no sirve de nada negarlo, eres bastante obvia, lo que sucede es que no quieres reconocer que eres débil ante el amor. Tú siempre me dijiste que ese tema no te importaba, que te daba igual todo, pero como te das cuenta no eres de palo.
La cizetana bajó la mirada por un momento y luego la levantó sonriendo — no digas tonterías.
—¡Uy! esto se puso bueno — comentó Caldina con emoción escuchando desde la puerta.
—Caldina vamos — pidió Presea.
—No, yo esto no me lo pierdo.
—Ya tienes suficientes razones para matar a Ascot, vamos — la artesana la agarró del brazo tratando de llevársela.
—Que no Presea yo me quedo aquí hasta que me entere de más cosas — la morena se soltó del agarré y sonrió.
—Eres un caso perdido.
—Vamos con calma Latis — pidió el mago.
—No puedo, no soportaría que a mi Lucy le sucediera algo — el espadachín caminaba rápidamente y miraba a todo su alrededor.
—Sí, pero… — Guru Clef se detuvo de repente — ¡Latis!
—¿Que sucede? — cuestionó volteándolo a mirar.
—A Lucy ya la encontraron— señaló cerrando sus ojos.
—¡Que! Pero ¿y como esta? ¿No la lastimaron?
—Es que no es de ella de quien quiero hablarte — el mago se mostraba preocupado y confundido.
—¿Qué es lo que pasa?
—Es Zagato…
Los ojos de Latis se abrieron hasta más no poder — entonces es cierto.
Guru Clef afirmó con la cabeza.
Marina salió del baño frotándose los ojos, se sentía muy mal, ni el panorama de hacía 3 años se parecía en nada al de ahora. Su esperanzas y deseos se habían casi que esfumado.
—Yo lo sabía… — susurró mirando a la gente caminar por la Torre — cada una tiene ya una vida, han pasado tantas cosas en la vida de cada una que es difícil reencontrarnos como si nada. Esos días en los que lo importante era el estar juntas han dejado de existir
La peliazul se acercó a una cafetería, donde pidió un té tratando de calmarse pero ese sueño…
….
—Marina… — susurraron en su oído.
—Déjame dormir un poco más — dijo dando media vuelta.
El mago sonrió y depositó un pequeño beso en la mejilla de ella —te amo.
La peliazul sonriente abrió sus ojos, el haberlo escuchado la llenó de profunda emoción y felicidad — yo también… te amo — señaló rodeándolo con los brazos y no dejándolo ir — quédate conmigo.
Guru Clef la miró con ternura mientras le quitaba unos mechones de la cara —no tienes que decirlo, sabes que contigo me voy a quedar por todo la eternidad — afirmó besándola con pasión.
Marina se aferró a él haciéndolo que él quedara sobre ella.
….
Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas, su cabeza estaba hecha un ocho, todo la preocupaba, la asustaba, había muchas cosas importante en que pensar y ella no paraba de alucinar con el gran gurú. Desde esa ocasión en Londres cuando creyó escuchar que Clef la llamaba por teléfono, la ansiedad y los deseos de besar al cefiriano se habían hecho más fuertes e intensos.
—Por Dios parezco enferma — indicó negando levemente con la cabeza. Marina si había intentado interesarse por algún chico pero los resultados no eran nada buenos, ninguno llenaba sus expectativas. Ninguno se parecía Clef, nunca lo había besado pero sabía que los besos de él debían ser los mejores, con fastidio, con resignación y con rabia besaba a los contaditos chicos con los que había mantenido las muy largas relaciones d semanas.
Con molestia miró su celular el cual sonaba — a que bien, ¿quién más va a arruinar más tan espantoso día? — la guerrera tomó el aparato — hija espero que te estés divirtiendo. Te espero junto con Lucy y Anaís esta noche en casa para cenar. Un beso — leyó el hermoso mensaje de su madre —. Sí que me divierto, no sabes lo feliz que me siento, si hasta brinco en una pata — murmuró con sarcasmo fulminando con su mirada a cuanta persona pasaba cerca de ella.
Kiyoshi miró de reojo la pelirroja, definitivamente algo debía ocurrirle, se notaba pálida, desubicaba, confundida y está seguro de que sus ojos están reteniendo lágrimas.
—¿Lucia me vas a decir de que planeta es que vienes?
El ex pilar ignoró al soldado y continúo torturándose con pensamientos e ideas terribles, no podía mirar al muchacho ni hablar, se estaba ahogando con todo. La situación era peor de lo que se había imaginado.
—Muy bien, no volveré a decir nada si eso te hace sentir bien, sólo te voy a decir que eres una chica muy extraña.
—Lucy por favor ayúdame…
Se detuvo y miró con mucha atención a su alrededor, cosa que terminó de sorprender al soldado.
—¡Kiyoshi! — lo llamaron.
—A qué bien — dijo sonriendo — ¡Ascot estoy aquí!
Lucy abrió sus ojos, por fin alguien conocido.
El hechicero se aproximó — que bueno que te veo pensé que te había pasado algo.
—Por supuesto que no, no soy aquel chico débil que conociste antes de irte a Cizeta.
—Eso está bien, pero y dime ¿qué paso por que te alejaste? — Ascot no había notado la presencia de la guerrera líder.
—Bueno quería mirar si había alguien en el bosque y mira lo que me encontré — dijo acercándose a la pequeña pelirroja cuya mirada parecía perdida en algún lugar de tan desolador paisaje.
El cefiriano la miró de pies a cabeza y no notó nada extraño — pero, ¿cómo es que esta niña estaba sola?
—No lo sé, no quiso contestar nada sólo sé que se llama Lucia y que no es de aquí —Kiyoshi tomó a Lucy de los hombros y la acercó al ojiverde.
La guerrera rompió en llanto y olvidándose de todo se lanzó a los brazos de su amigo — ¡Ascot! — sollozó con fuerza — que bueno ver a alguien conocido, de verdad que no esperaba tal recibimiento.
El invocador confundió la alejó de él y la miró fijamente — perdón pero… ¿Quién eres?
La pelirroja se limpió las lágrimas — Ascot soy…. Lucy, ¿no me recuerdas? Soy una guerrera mágica, amiga de Marina y Anaís.
—¡Que! — exclamó Kiyoshi sin comprender nada.
Ascot la miró detenidamente, era imposible esa chica no se parecía en nada a Lucy, no lleva su habitual trenza y uniforme rojo, sino que al contrario llevaba una blusa blanca un poco escotada, una falda negra con cuadriculas rojas, zapatos negros y medias blancas hasta la rodilla. Su larga cabellera roja estaba suelta. Era imposible, no era ella.
—Ascot… por favor… ayúdame — pidió con angustia — yo no entiendo nada y tengo miedo, ayúdame a esclarecer todo… el castillo… Latis… ¿qué está pasando?
Los ojos verdes del invocador se abrieron — ¿Lucy?
—S-si soy yo y estoy… sola.
Ascot cerró los ojos recordando a Marina y su trampa. Jamás le perdonaría el haber hecho tal cosa. Esa situación ya la había vivido, lagrimas, suplicas, fingir temor, no iba a caer.
—Por favor dime… ¿dónde está Latis?— le suplicó desesperada.
El ojiverde negó con la cabeza y no contestó nada.
—¿Está bien? — Lucy sentía que en cualquier momento se iba a desplomar.
—Kiyoshi tenemos al enemigo con nosotros, por favor avísale a Ráfaga— indicó con frialdad — será mejor llevarte con nosotros así nos aseguraremos de que no causes más daño ¡maldita guerrera!
El soldado afirmó con la cabeza y siguió las órdenes sorprendido de ver de quien se trataba.
Los ojos del ex pilar se llenaron de lágrimas. Ya nada la salvaría.
—Ninguna de ustedes es digna de llamarse heroína de Céfiro, no son más que unas traidoras — aseguró con bastante rabia — ¡cínica!
Anaís apretó sus ojos, ese dolor de cabeza iba a acabar con ella y todo se lo debía a los gritos de Marina y la rabia que le había provocado sus afirmaciones.
El panorama era bastante lúgubre y no tenía ni la más remota idea de qué hacer. Estaba segura de que Lucy no se atrevería a dejarlas plantadas, a pesar de que le desesperada lo inocente e ilusa que podía llegar ser, si hasta ese punto había llegado todo, a decir verdad ella había intentado hacerla desistir de buscar a Marina, de rogarle y de que dejara de creer en que su linda y dulce amiga tenía cosas "importantes" y por eso no cumplía con citas y no asistía a los planes de amigas. Anaïs no comprendía cómo era Lucy no abría los ojos de una vez por todas y se daba cuenta de la triste realidad.
Pero nada de lo pasado era importante, ella temía por el bienestar de su ex compañera — ella estaba contenta con esto — comentó con preocupación — ya debería estar aquí — la rubia miró una vez más su reloj.
….
—Sabes… estoy cansada para contarte todo, yo solo quiero que sepas que esta vez no va a ser como las otras. Ustedes ya no van a ser las heroínas.
….
La mirada de la guerrera cambió por completo — es mujer… — a su mente instantáneamente llegó el recuerdo de Luz. Tenía un parecido increíble con quien había sido el loco alter ego de Lucy, en cuanto a su ropa y sus ojeras, solo que en vez de ser pelirrosa era rubia-castaña, de larga cabellera ondulada y de ojos verdes oscuros. Un frio recorrió todo su cuerpo — esto no puede ser cierto…
….
—Creo que no es bueno tener esa clase de temores ni culpas — afirmó Lucy al recordar lo sucedido en Céfiro — miren lo que me pasó a mí.
Ambas guerreras se miraron. De verdad que era increíble lo que los sentimientos y emociones provocaban en aquel planeta.
—Luz era todo lo que yo no soy…
….
Anaís recordó la mirada de la mujer en su espejo, la forma en que hablaba y por supuesto su apariencia.
Claro que se sintió culpable por todo y sintió cosas terribles al ver como todo se acaba frente a sus ojos sus deseos, sus suelos, su amor, su amistad, todo se había venido abajo. Decepción, rabia, desilusión, tristeza, frustración, desesperación, impotencia, rencor, entre otros sentimientos la había dominado en algún momento.
En segundo pareció comprender todo.
Hola a todas mis lectoras y lectores? (no sé si los hay XD) bueno bien aquí les dejo otro capítulo más de esta historia, debo decir que quede bastante satisfecha con todo :D.
Si para este fic voy a meter a Zagato y a Esmeralda, no se no me parece justo no darle algo de protagonismo, si supieran los que va a pasar :O jejejeje. Yo no mate a nadie aish no yo no sería capaz es solo que fue necesario sacar a un personaje por un ratico para que la historia tenga un mejor desarrollo.
Como siempre les agradezco por el apoyo que me brindan con cada review y mensaje. a mis amigas gracias por todo. Antitos genial el grupo de face ahora si podemos hacer lo que queramos, besos y abrazos para todas ustedes amiguillas.
Bien ya me voy, suerte y saludos.
Lina A
