Hola a todas:
Bien seré breve, sé que esto de perderme por tanto tiempo no tiene perdón, pero digamos que mi vida a cambiado durante los últimos años, algunas cosas han sido buenas otras no tanto. Hace menos de un año terminé mi carrera profesional y hace poco terminé una especialización así que mi mente a estado concentrada en otros proyectos. Sé que he sido algo irresponsable pero por fin encuentro el espacio para escribir a gusto, la continuación de este fic se perdió al formatear mi lap, así que fue difícil volver a retomarlo, ya que bueno en el archivo perdido estaban algunas anotaciones para futuros capítulos. Espero que puedan disculparme por haber abandonado el fandom de esta manera.
Aún así ya lo escribí en mi perfil y lo repito aquí, no tengo planeo dejar nada a medias. Con la continuación de este fic doy aviso de que pronto habrán más actualizaciones y la conclusión de otros que quedaron a medio camino. así regreso a este lindo fandom, el primero en el que comencé a escribir.
Espero que el capítulo sea de su agrado. Disfrútenlo y mil gracias a quien siguieron comentando a pesar de que estuve desaparecida.
Capítulo 13: El Primer Enfrentamiento
—¿¡No pudiste decirnos la verdad desde el principio!? — reprochó vez una más Marina mientras que las otras personas presenten en la habitación guardaban silencio tratando de asimilar la información dada por las guerreras mágicas — ¿tanto te costaba decir que la gente de aquí no nos quiere y que además de eso supuestamente somos unas asesinas?
Lucy se limitó a escucharla, no era capaz de mirarla, sabía que en parte tenía razón, pero luego de que supo lo de Latis, su mente no tenía claridad.
—Cariño… — Caldina se acercó a la peliazul y la abrazó—, será mejor que me acompañes.
Marina la miró confundida y se zafó del abrazo — déjame, es que… — era más que claro que estaba perdiendo todo su autocontrol, su peor pesadilla se había hecho realidad. Llorar, gritar y patalear era lo único que quería hacer — no es justo… — susurró tapándose la boca ahogando las ganas de sollozar.
La ilusionista negó con su cabeza y la agarró del brazo sacándola de la habitación como pudo.
Anaís se acercó a la ventana, ¿qué era lo que se suponía que debía hacer? Sus ganas de seguir se habían agotado hace un momento, por más que trataba de descifrar sus sentimientos y emociones no lo lograba. Así que sin decía ni una sola palabra se dirigió a la salida.
Presea al verla, se acercó a la pelirroja — será mejor que descanses.
—¿Por qué? Ellas no…
—Escucha... — antes de que hablara con cuidado limpió las lágrimas y rastros de ellas —, sé que las cosas parecen estar muy mal, pero… Lucy, ellas actúan así debido a la tristeza y a la conmoción — suspiró —, sólo debes darles tiempo y todo volverá a ser como antes, yo confío en ello.
—Ya no sé qué esperar… siento que perdí todo, no vale aquello que tanto deseé. Siendo realista me merezco tanto el desprecio de Marina y Anaís, como el de la gente de Céfiro.
—No digas eso — la abrazó — nosotros no te odiamos ni despreciamos y los que sientan ese tipo de cosas, sólo están confundidos… no conocen la verdad. Así que descansa.
—Quizás tengas razón… — intentó sonreír.
—Será mejor que hoy no pienses más, debes dormir y tranquilizarte, mañana pensaremos que hacer — la abrazó y besó su cabeza —, si necesitas algo no dudes en buscarme.
—S-Si… lo tendré en cuenta, gracias Presea.
La morena refugió a la guerrera entre sus brazos.
—¿Es imposible el que nosotras conozcamos Céfiro en paz?
—No lo sé… Marina — susurró corriendo los mechones de su rostro—, pero no debes preocuparte por ello… ahora debes pensar en…
—En Lucy y Anaís, ya lo sé y no es algo que me alegre o emocione — confesó sin mirarla —, sé que Lucy prefiere callar a decirme lo que realmente piensa de mí, sus pensamientos son iguales a los de Anaís… — sonrió con amargura —. Ellas me critican, me reprochan por lo que hice, pero dudo mucho que alguna de ellas sienta lo mismo que siento yo ahora… ¡por favor! Me guardé las cosas pensando que era lo mejor para todos… y a cambio, ¿que recibí? Sigo sola…
—Dales tiempo y espacio, el discutir y pelear no va a solucionar nada y ustedes ahora deben estar más unidas que nunca, intenten entenderse y llegar al menos a un acuerdo — aconsejó estrujándola un poco —, por lo menos mientras deciden como ayudarnos.
—¡Ah! No puedo respirar… C-Caldina…
—Lo siento… — la soltó — no quise lastimarte.
—¿Eh? No… — susurrante sonrió — extrañaba tus demostraciones de afecto… al menos alguien que piensa en mí y me quiere, gracias.
—No digas eso, aquí todos te queremos y pensamos en ti. Vamos Marina no estés tan triste… no me gusta nada verte así.
—Me siento como una inútil, cobarde… no puedo evitarlo — limpió rápidamente sus ojos que estaba ya hinchados y rojos.
La ilusionista negó con su cabeza levemente— discúlpame por esto… — susurró antes comenzar a danzar.
—¿Qué haces Caldina? —preguntó mirándola extrañada antes de que comenzara a moverse —¿qué…— colocó una manos en su cabeza intentando mantener sus ojos abiertos, pero fue difícil y antes de notarlo se encontraba seminconsciente — Caldina… Caldina… — susurró antes de caer por completo en la inconciencia.
—Lo siento, pero… por ahora será mejor que descanses y no continúes torturándote con la situación — se aproximó a la chica para comprobar su estado.
—¿No vas a dormir? — preguntó al encontrar a la rubia aun dando vueltas por la nave de Autozam
—Puedo asegurarte que lo que menos quiero hacer es dormir…
—Anaís…
—Sé que me dirás lo mismo que le dijiste a Lucy así que mejor ahórrate las palabras, no necesito palabras de aliento, ni ningún tipo de motivación, sé que es lo que debo hacer… es sólo que deseo terminar de entender la situación.
La armera suspiró y se acercó —sé que todo esto es difícil, pero ustedes van a salir adelante, son fuertes y aunque todo es un completo caos, ustedes…
—¡Ya basta! — exclamó y tomó aire —, quiero estar sola — dijo antes de seguir su camino mientras dejaba a la armera preocupada, quien sólo pudo quedarse mirándola.
No cabía duda que el problema que tenían las guerreras mágicas agravaba más la situación que estaba viviendo Céfiro.
—Es mejor no presionarlas — indicó Caldina aparecieron —. Esto ha de ser algo pasajero, sólo están… angustiadas y asustadas con lo que ocurre.
—Eso lo sé, pero… nunca las había visto tan molestas y distantes, además esto no es una pelea común, ellas llevan mucho tiempo disgustadas, culpándose sobre lo que pasa, esto no nos beneficia — bajó la mirada —. Sólo están fortaleciendo al enemigo.
—No podemos hacer nada — comentó suspirando—. Sólo tener fe y creer en ellas — sonrió levemente —. A pesar de ser tan jóvenes ellas han logrado muchas cosas, saldremos de esto. Yo creo en ella.
—Ojalá tengas razón — se sobó la sien —. Yo también creo en ellas.
—Ahora Presea, ¿quieres decirme que es aquello que exactamente te preocupa?
—No comiences Caldina, no estoy de ánimo.
—Aún no puedes olvidar a Guru Clef — señaló mirándola a los ojos —. Acaso el ver a Marina hizo que algún sentimiento se removiera en ti.
—Claro que no, ya sabiendo como son las cosas no puedo odiarla, además ella está sufriendo, no es justo — cerró los ojos —. Es sólo que me cuesta mucho creer que esté muerto.
La abrazó — imagino que ha de ser difícil para ti todo esto, pero dime, ¿qué pasa con el comandante de Autozam?
La armera abrió sus ojos y se sonrojó levemente — nada, no sé de qué hablas a duras penas lo conozco.
—Es decir, ¿que no has notado la manera en que te mira?
—Caldita ¡basta! No estoy de ánimo, además creo que ese asunto no es importante — se dio media vuelta —. Iré a descansar, tú deberías hacer lo mismo.
La morena rió al escucharla y afirmó con la cabeza.
—Muy bien Guru Clef es hora de irnos — informó levantándose —. Ya descansamos mucho, estas heridas no me van a matar.
—Cálmate Latis — pidió mirándolo.
—Hemos esperado mucho y aunque gracias a la Princesa Esmerada las guerreras mágicas están a salvo, no confió en el criterio de los que están con ellas.
—Muy bien pero no es necesario precipitarnos, además…
—¡Guru Clef!
—¡Zagato!
—Qué bueno que por fin pude comunicarme contigo. Escucha antes de que le digas a Latis que estás hablando conmigo, es necesario que sepas dos cosas muy importantes.
—Entiendo… ¿Qué sucede? ¿Acaso la Princesa Esmeralda y tú volverán? Dímelo Zagato, por favor.
—Así es, nos dieron una nueva oportunidad. Esmeralda volverá pronto no sé cuándo pero lo hará. Yo por mi parte debo demostrar que Céfiro me importa y ayudarlos.
El mago sonrió —Eso es perfecto, pero… ¿Dónde estás?
—En bosque al oeste de Céfiro, Paris está conmigo, yo logré salvarlo.
—¿¡Qué!? ¿¡Paris está vivo!?
—¿Qué dijiste? — el espadachín lo miró sorprendido.
—Guru Clef no quería aparecer así como así sin que tú supieras esto, además Paris está gravemente herido y no deseo exponerlo.
—¿Guru Clef? ¿Qué sucede?
—Tienes razón, Latis y yo iremos ahora mismo a donde están las naves de Autozam, Cizeta y Fharen, cuando estemos allí intentaré comunícame contigo para ayudarte a teletransportarlo. Espero que para ese momento ya me encuentre mejor y tenga la suficiente fuerza para ayudarte.
—Una cosa más…
—¿Qué pasa?
—Esmeralda no sabe nada de esto, no he podido hablar con ella ya que de alguna manera ella está ayudando a Céfiro para que no sea destruido por completo y la barrera que está utilizando me impide hablarle.
—Lo sospechaba. No te preocupes Zagato no diré nada.
—Gracias Guru Clef y espero no fallarles otra vez.
—No lo harás. Confío en ti.
—Guru Clef, ¿Era mi hermano verdad?
—Si — sonrió — estamos a salvo.
—¿Qué?
—Zagato y la Princesa Esmerada están ayudándonos. Es imposible que perdamos teniendo a tantas personas fuertes de nuestro lado.
El espadachín lo miró incrédulo aunque se alegró al saber que aparentemente su hermano estaba vivo.
—Vamos Latis, hay gente que aguarda por nosotros.
—Escuché mal, ¿Paris está vivo? — preguntó mientras emprendiendo camino en medio de la tormenta.
—Zagato salvó a Paris. Están en un bosque al oeste de Céfiro, pero no pueden desplazarse ya que Paris no está bien, necesitan que les ayude.
—Muy bien yo puedo ir hasta donde ellos están — habló con firmeza.
—Pero Latis…
—No te preocupes por mí, puedo defenderme. A ti te necesitan más que a mí allá, yo iré después.
El mago afirmó con la cabeza — está bien. Cuídate.
—Lucy… espérame, antes de verte debo hablar con mi hermano— pensó mirando al cielo.
Un nuevo día había comenzado, Lucy salió de la habitación en la que estaba esperando que nadie la viera. Necesitaba encontrar a Luz y enfrentarla de una vez por todas.
—¡Hey! ¿Cómo estás?
—¡Z-Zaz! hola— corrió a alcanzarla — yo estoy bien…
—Qué bueno verte y saber que no eres culpable de todas esas cosas que dicen — sonrió y la abrazó —. La verdad me dio mucha tristeza cuando dijeron que tú… — bajó la mirada — Bueno eso… — suspiró — que mal… primero Águila, ahora Latis…
—No… ¡espera Zaz! Águila no está…
—Con que aquí estabas — apareció Geo — ¡Hola Lucy! Que alegría verte.
—Lo siento, es que estaba aburrido y quise dar una vuelta — se rascó la cabeza — no te molestes Geo.
—Se supone que debes estar arreglando el robot que te encomendé.
—Ya sé pero es demasiada presión, necesito un descanso — comentó mientras negaba con la cabeza.
—Ya sé, pero sabes que estamos aquí para ayudar, además recuerda que eres el mejor mecánico — sonrió con nostalgia —¿Recuerdas que Águila siempre te lo decía?, es por eso que confío en ti Zaz.
La mirada de ambos hombres cambió por una de profunda tristeza, recordar a su comandante era algo que les dolía. Nadie nunca podría ocupar el lugar de él.
—Águila no murió — dijo la pelirroja de repente mirándolo a ambos.
—¿¡Qué!?
—Sí, yo lo vi… él…él… — una lágrima resbaló por la mejilla de la guerrera — me salvó.
—¿Lucy? — Geo se acercó y colocó una mano en su frente — no tienes fiebre, pero…
—Por favor créanme él está vivo, yo lo vi, hablamos... y fue tan especial — aseguró con una sonrisa.
Zaz miró a compañero complemente confundido.
—¿En dónde lo viste? — preguntó levantando un poco su voz —¿ dónde está Águila, Lucy? ¡Habla!
—En mi mundo, él me salvo y me dijo…
"Tú no estás sola Lucy… aquí y en otros lugares te puedo asegurar que tienes a personas que te quieren, que desean verte feliz y que nunca te van a abandonar… Eres fuerte, valiente y puedes con cualquier cosa que se te atraviese… Hasta luego… mi querida guerrera mágica."
—Lucy, creo que todo esto te está haciendo alucinar, es imposible que nuestro comandante esté en tu mundo. Águila murió — señaló apretando su puño — ¿Qué no lo recuerdas?
—Seguramente soñaste con él —comentó el menor encogiendo sus hombros.
—¡No! Yo les juro que…
—¡No! — la expresión del de Autozam cambio por una de completa seriedad —. Perdónanos pero no podemos creerte, además es un tema delicado — suspiró —, lo mejor es que te dejemos sola para que puedas calmarte.
—Geo tiene razón — el mecánico la miró con lastima —, nos vemos después — se despidió y ambos hombre siguieron su camino.
—Pero… —la guerrera se quedó viéndolos mientras que lloraba —Águila… Latis…
—Lucy… creo que necesitas descansar — sugirió Presea colocando la mano sobre su hombro.
—Pero es cierto — se limpió las lágrimas.
—Sabes… a veces anhelamos tanto ver a una persona que terminamos por soñarla o creer verla. Yo lo he vivido incontables veces…
—¿De verdad? — la miró.
—Sí, no sabes cuánto anhelo poder ver a mi hermana… — la armera se cubrió el rostro, olvidando por completo lo que su comentario revelaba.
—Pero Presea tú… ¿¡Hermana!? — Los ojos de Lucy se abrieron como platos — ¡tú!… no puede ser… — negó con la cabeza repetidamente.
—¡No! Lucy yo no… espera déjame explicarte que…
—¿¡Tú no eres Presea!? Pero… ¿acaso Presea y tú…?
—Lucy déjame explicarte, yo no… perdóname pero no lo hice de mala, yo sólo no quería verlas tristes — señaló tratando de agarrarla del brazo —, por favor perdóname… yo de verdad…
—¡Presea está muerta! ¡Jamás revivió!—exclamó antes de salir corriendo.
—¡Lucy! — la armera la llamó incontables veces mientras lloraba.
—¿Es verdad eso? — cuestionó Caldina, quien al escuchar las voces se acercó a ese corredor.
—Sí. Yo no soy Presea, soy su hermana gemela… Sierra — señaló en medio de sollozos.
—Pero… ¿por qué mentiste?
—Porque no quería que ellas estuvieran tristes, sé que sufrieron con la muerte de mi hermana, además estaba Ascot de por medio, sabía que si él sabía que por su culpa Presea murió, se podría mal, no era justo.
—¿Nadie sabía esto? — la miró con sorpresa.
—Sólo Guru Clef, yo le pedí que me dejara tomar el lugar de Presea.
La ilusionista la abrazó en señal de apoyo y comprensión.
—Espera Caldina, ¿tú viste por donde se fue Lucy?
—No, ¿por qué?
—No podemos dejarla ir sola, ella no está bien — comentó con preocupación.
Nada importaba ya, tanto dolor y tanta desesperación la estaban destruyendo, pero no podía dejarse vencer tan fácil, olvidándose o tratando de olvidar todo lo que pasaba en su vida, el saber que las personas que tanto amaban y que eran tan importantes para ella ya no estaban a su lado se dirigió a la salida.
—Muy bien Luz… este será tu fin — dijo antes de cerrar sus ojos — ¡Rayearth!
—¡Lucy espera! No vayas — pidieron a lo lejos las dos mujeres mientras corrían.
—No necesito de nadie para luchar contra quien yo misma cree — comentó mirándolas con seriedad justo antes de desaparecer.
—¡No te vayas! ¡Lucy!
—¡Lucy! — gritó mientras se despertaba de golpe. Enseguida miró su alrededor, no recordaba en que momento había llegado allí, su última imagen era la de Caldina; se frotó la frente — ¡maldición! — se levantó rápidamente y buscó sus pertenencias. En menos de 3 minutos ya estaba lista.
—¡Marina! — llamaron y golpearon a la puerta repetidamente.
—¿Qué quieres Caldina? — preguntó seria — ¿vienes a usar tu magia otra vez conmigo?
—Claro que no, yo sólo lo hice porque necesitabas descansar, lo hice por tu bien — se defendió negando con la cabeza —. Además eso no es lo importante.
—¿A no? Entonces, ¿que deseas?
—Tienes que detener a Lucy — dijo usando un tono de preocupación —.Acaba de irse pero ella no está bien, Presea la escuchó hablar con los de Autozam sobre Águila, sobre que estaba vivo y no sé qué cosas, estaba muy alterada.
—¿A dónde fue? — preguntó frunciendo su entrecejo.
—Supongo que a buscar a Luz, porque dijo que no necesitaba de nadie para luchar contra lo que ella había creado.
Marina suspiró con resignación — no me extraña viniendo de Lucy, y aunque quiera decirte que tienes razón y debo detenerla, ella tiene razón en lo que dijo, sólo nosotras podemos enfrentarnos a nuestras sombras — dijo mientras tomaba su guante.
—¿Eso quieres decir que tú también lo harás? Pero ustedes acaban de llegar, no creo que estén en condiciones de empezar una pelea, además no sabemos en donde están ellas — señaló en un intento por convencerla — Marina es arriesgado salir.
—Lo sé Caldina, pero al igual que Lucy yo también tengo que luchar contra mi sombra, no puedo permitir que Céfiro se siga desmoronando, ni que más gente sufra por mi culpa. Además quiero vengar la muerte de Guru Clef — dijo mientras su voz se quebraba.
—Comprendo, pero Marina… ¿no sería mejor que entre las tres idearan un plan?
—Como están las cosas es mejor que cada una actúe por separado — aseguró dirigiéndose a la salida —. Estoy cansada de discutir por todo con ellas, perdona pero es así.
—Pero…
—Tranquila, todo va a estar bien, yo estoy dispuesta a dar la vida por ustedes — comentó guiándole el ojo —. Permiso.
La morena se cruzó de brazos, esperaba que Presea tuviera mejores resultados con Anaís, algo le decía que la estrategia tomada por Lucy y Marina no era a mejor.
—¿Qué harás tu Anaís? — preguntó mientras se sentaba en la cama.
—Lo he estado pensando bien, no sé qué tiene planeado la Princesa Esmeralda , pero lo cierto es que quedarme esperando no es algo que pueda hacer, Ráfaga, Ascot, los soldados y demás personas de Autozam, Cizeta y Fahren están haciendo todo por ayudar a Céfiro, arriesgan su vida y no es justo. Nosotras somos quienes tenemos que enfrentar al enemigo.
—Tienes razón pero primero deben hablar, deben crear un plan, no queremos más muertos Anaís — dijo a modo de súplica.
—Y es precisamente por eso que no podemos perder el tiempo, ustedes están a salvo aquí, así que nosotras como guerreras mágicas debemos cumplir con nuestra misión, además yo necesito ver a Midori y enfrentarla, no puedo dejar que siga atormentándome con sus acciones. Sé que soy culpable de lo que pasó con Paris, pero por lo mismo necesito enmendar mi error — señaló colocándose sus lentes y buscando su guante sobre la mesa.
—Sé que es difícil y que quieres vengarte, pero Anaís a nosotros no nos sirve que ustedes pierdan esta batalla. Tú no has descansado lo suficiente, Lucy está muy nerviosa, parece que hasta alucina y Marina… si no fuera por Caldina no hubiera dormido.
—Gracias por tus palabras, pero no vas a convencerme… — sonrió —, aunque no pienso actuar de forma impulsiva como Lucy y Marina, si necesito conocer de cerca la situación.
—¿Acaso sabes dónde está Midori? — preguntó mirándola fijamente,
—No, pero sé cómo hacerla aparecer — la mirada de la guerrera cambió por completo sorprendiendo a la armera.
—Prométeme que volverás — la tomó de la mano.
—Por supuesto — aseguró sonriéndole — ahora debo irme.
Murasakino hakanai yoru no kaze
Anata wo omou tabi suketeku toikitachi
Kanashikute nagashita namidasae
Anatani meiwakuni naruyonakiga shitekuruno
(Los vientos que soplan violeta fugaz en la noche
Los suspiros que se vuelven transparentes, cada vez que pienso en ti
Incluso las lágrimas que ha derramado desde mi dolor
Siento que será una molestia para usted)
En sus ojos se notaba el dolor por todo lo que vivía, intentaba respirar profundo para controlar los sollozos y las lágrimas que amenazaban con salir.
Setsunaku kurushii muneno omoiga
Kanau hazuno naikotowa shitteru
(Los sentimientos en este corazón de soledad y el dolor
Sabe que mi deseo no se cumplirá)
La imagen de él aparecía en su mente, agrandando el vacío que poco a poco la iba destruyendo. Él estaba muerto.
Dekirunara watashino kono omoi
Fukai umini shizume shizukani dakitsuzuketai
(Si pudiera, me gustaría tener este sentimiento
Y enterrarlo en un océano profundo, y abrazarlo suavemente para siempre)
Palabras y sentimientos que jamás fueron dichos, la frustración de no saber cómo actuar. El deseo de acabar con esa horrible pesadilla de una vez por todas. No era fácil, esta vez no era como las otras veces, no había con quien hablar, no están sus compañeras para apoyarla y ayudarla, además, ¿quién la guiaría?
Tsugerarezu sonomama owaru koi
Soredemo oikakeru ushirosugata to koe
Konomamade owattemo mou nidoto
Aenai kono omoi kienaiwashinai keredomo
(Un amor que termina sin confesión
Pero aún sigo tu voz y tu espalda
Tal vez va a terminar así, y nunca más
Te veré - pero este sentimiento no podría terminar)
Esos ojos azules como el océano que la había enamorado sin darse cuenta, esa voz que le había servido de apoyo resonaba en su mente, sólo la hacía desear querer morirse si fuera posible, para acabar con el dolor, pero antes debía enfrentar su destino, así significara su final no le importaba después de todo su felicidad no existía ya. Una lágrima resbaló por su rostro.
Setsunaku togireru koeto chigireru kokoro
Ieru hazunaito shitteru
Hitoridake tsubuyaku anatano na
Namida afurerunowa setsunakute tada setsunakute
(La voz que se desvanece en la soledad y el corazón que se desgarra
Sé que no puedo decir
Su nombre murmuro para mí
Este solitario que se desborda en lágrimas... solo solitario)
Hitoridake tsubuyaku anatano na
Namida afurerunowa setsunakute tada setsunakute
(Su nombre murmuro para mí
Este solitario que se desborda en lágrimas... solo solitario)
Marina suspiró y miró a su alrededor, el paisaje lúgubre y desolador, no era para nada motivador.
—¿Guerrera Mágica a donde nos dirigimos?
—Ceres necesito sobrevolar Céfiro, luego te diré donde me dejas — dijo tratando de sonar calmada.
—¿Estas segura Marina?
—Claro que si Ceres, no te preocupes — dijo tomando un poco de aire y cerrando los ojos.
—Ven… te prometo que la vamos a pasar muy bien — rió la mujer mientras subía a una piedra.
La peliazul abrió sus ojos — Ceres… déjame seguir sola — pidió al visualizar a lo lejos a su rival.
—Muy bien mi querida Marina, no sabes cuánto he deseado este momento —comentó al tiempo que se cruzaba de brazos.
La guerrera del agua salió de su genio y comenzó a caminar por el rocoso terreno —. Esto no se va a quedar así — dijo levantando su mirada y dirigiéndola hacía la cima de la piedra.
Aoi sonrió y la miró con una mezcla de cinismo y desafío — debo admitir que no pensé que fueras a venir tan pronto. Pensé que te quedarías en tu habitación llorando la pedida de Guru Clef.
Ese nombre hizo que Marina apretara su quijada y endureciera notoriamente su expresión.
—Sin importar que haya pasado con Guru Clef, sigue siendo tu punto débil, ¿no es así? — Cuestionó mientras brincaba, quedando justo enfrente de la guerrera. Marina la detalló por completo, Aoi era idéntica a ella, salvo por el cabello, ya que lo tenía un poco más largo y de un tono de azul diferente al suyo —. Que… ¿no piensas decir nada? ¿Acaso no tienes pensado atacarme y destruirme?
—Claro que te destruiré, no permitiré que te sigas saliendo con la tuya ¡Dragón de Agua!
—¡Tonta! — con su espalda detuvo el ataque —. Acaso olvidas que yo al igual que tú tengo lo mismo poderes — ¡Dragón de Agua!
Marina intentó cubrirse pero fue en vano el golpe la impactó enviándola contra una rocas.
—Querida tonta guerrera mágica, no creas que vas a destruirme con esos poderes — se aproximó —. No debiste haber venido, tú vida estaba mejor, Céfiro y Guru Clef son parte de tu pasado, es por eso que yo me encargué de acabar con ellos — sonrió —. Te hice un favor, así jamás tendrías que preocuparte ¿Qué acaso no lo ves? La gente de Céfiro no te quiere y aunque hicieras lo que hicieras, Guru Clef y tú no tenían futuro — señaló tomándola por el cuello —. Marina, hay algo que debes saber…
—No voy a creer nada de lo que digas…¡Aaah!
—No es problema mío si lo crees o no pero… — presionó el agarre haciendo que el quejido de la guerrera fuera mayor—Guru Clef no gustaba de ti.
—¡Que! — exclamó abriendo sus ojos.
—A pesar de que estaba conmigo, él y Presea tenía una relación — comentó mientras la soltaba y la lanzaba lejos —¿ Acaso tenías pensado irrumpir en una relación?
El corazón de Marina pareció romperse por completo al escuchar las palabras de su sombra, no le había dolido tanto el golpe como si el enterarse de semejante "verdad".
—Lo sé, es difícil saber esto, pero piensa… el que haya muerto es la mejor venganza.
Con dificultad intentó levantarse mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas, pero al no tener fuerzas volvió a caer de rodillas al piso — no puede ser… — susurró.
Aoi se acercó y se arrodilló a su lado — vamos Marina no guardes más lo que sientes. Si deseas llorar hazlo, yo estaré a tu lado porque no estás sola… — la abrazó — te guste o no, yo soy todo lo que tienes aquí.
Negó con la cabeza, pero dejándose llevar por todo lo que sentía correspondió el abrazo y comenzó a llorar, lamentándose.
—Eso es… — sonrió con malicia — olvídate de ella estúpido mago — pensó esperando que Guru Clef estuviera disfrutando de esas imágenes.
—¡Eres cruel!—el mago se detuvo y apretó su puño —No te permitiré que la lastimes de esa manera.
—Sabes que no te tengo miedo y que si lo deseas podemos volvernos a enfrentar. Estaría más que encantada. Aunque yo de ti te aconsejaría que te olvides de Marina, ella es mía, además mira como la tienes, está sufriendo.
—¡Marina! ¡Marina! ¿¡Me escuchas!? — cerró sus ojos y concentró todo su poder — por favor dime algo Marina.
—Guru Clef… — susurró golpeando el suelo.
—No te dejes engañar, ese no es Guru Clef, él murió, no lo olvides— aseguró tomándola del rostro para que la mirara —, no caigas en el engaño. No mereces sufrir más por él.
—No le creas Marina, si soy yo ¡Estoy vivo! — exclamó con desespero levantando su báculo —Todo lo que dice Aoi es mentira. Yo te amo a ti, te lo juro.
—No tienes la suficiente energía como para venir hasta aquí, perdiste — rió.
—Maldición — el mago cayó al suelo perdiendo por completo la conexión.
—Si ves, esto no es más un engaño — corrió los mechones del rostro de la peliazul —. No pienses en nada. Marina sólo tienes que volver a casa, yo me encargaré del resto, acabaré con Presea y con esas que decían ser tus compañeras.
—No…
—¿Qué dijiste?
—Antes de irme yo tengo que acabar contigo — indicó apartando sus manos —. Es mi última misión aquí en Céfiro.
—Si así lo deseas — enseguida se levantó y alistó su espada — entonces pelemos.
La guerrera del agua se limpió los ojos y la miró fijamente.
Una vez afuera de la nave de Autozam, Anais emprendió su camino, observando detenidamente todo a su alrededor.
—Cuando estés en peligro di mi nombre.
—Gracias Windom pero esto es algo que quiero hacer sola — dijo mientras introducía su mano entre el bolsillo de su falda apretando la joya que le había regalado Paris —. Espero entiendas.
El suelo tembló y los fuertes truenos resonaron por todo lado. No sabía bien a donde debía dirigirse, sólo quería encontrarse de frente con esa persona por quien sentía tanto resentimiento.
—Paris… yo te juro que vengaré tu muerte — pensó mientras corría esquivando las rocas y ramas de algunos árboles que aún permanecían y que caían debido a los temblores y a los rayos que iluminaban el oscuro cielo de Céfiro. Sin percatarse dos monstruos aparecieron justo detrás suyo y comenzaron a perseguirla.
—¡Huracán Verde! —exclamó atacando y acabando al instante con los monstruos.
La guerrera del viento abrió sus ojos y volteó a mirar hacia el lugar donde que provenía esa voz.
—Que tal Anaís, que gusto verte — dijo mientras le sonreía con "gentileza" y caminaba hasta estar a unos cuantos metros de la rubia — ¿Te encuentras bien?
—Tú eres…
—¡Oh! Que descortés de mi parte, mi nombre es Midori y soy… — la mirada amable que mostraba se transformó por completo —tu sombra.
La rubia frunció su entre cejo y la miró con una mezcla de sorpresa y desprecio.
—Uy, pero que recibimiento Anaís, pensé que eres más agradable. Había escuchado tantas maravillas sobre ti que no creí que la primera mirada que me dirigieras fuera esta — negó con la cabeza.
Sin esperar nada sacó su espada y lanzó el primer ataque, el cual fue esquivado con facilidad por la falsa guerrera.
—¡Hey! Pero primero podemos hablar... —comentó esquivando un nuevo ataque —. Entiendo que este molesta, pero debemos hablar Anaís, primero escuchar lo que debo decir y luego si quieres puedes matarme — río con cinismo al pronunciar lo último.
—No tengo nada que hablar — aseguró concentrando todo su poder — ¡Huracán Verde!
—Pero… ¡Aaah! — gritó al ser enviada contra unas rocas y palos caídos.
—Sé perfectamente que no has venido sólo a ayudarme, ni mucho menos a pedir perdón por lo que has hecho — indicó preparando un nuevo, ataque.
—Sólo si tú consideras que al haber hecho esto te ha servido para sacar toda es ira que llevas guardada — dijo mientras se levantaba y usando la magia característica de Anaís, curaba sus heridas —. Sé que me odias y que no vas a descansar hasta que me veas destruida, pero sabes que no será fácil — sacó su espada —. Recuerda que no hay nadie en este mundo que te conozca como yo.
—¡Anaís! — el príncipe intentó levantarse pero sus piernas no respondieron, por lo que terminó por caer al suelo.
Zagato guardó silencio y se limitó a ayudarlo a sentarse — Esmeralda… protege a las guerreras mágicas — pidió cerrando sus ojos.
—¡Maldición! — Paris golpeó el suelo.
….
Estaba semi inconsciente cuando sintió que la guerrera se acercaba y sin más sacaba de su bolsillo la joya mágica que aún conservaba y que era lo que lo mantenía de algún modo unido a Anaís.
—Sabes… me encargaré de acabar con todos lo que Anaís ama— sonrió antes de darle una patada lo que hizo que el cefiriano quedara boca arriba — creo que esto ya no es de mucha utilidad. Si de verdad ella te escuchara quizás estaría aquí. Además quien dice que ella aún lo conserve — comentó antes de lanzarlo con fuerza al suelo esperando que se rompiera.
….
Aun así, una vez Midori se fuera del lugar y lo diera por muerto, logró recuperar la joya y con las fuerzas que tenía intentó una vez más llamar a su querida guerrera, esperando que lo escuchara, que le dijera algo. Todo fue en vano, porque al ser atacado por Aoi para salvar a Ascot, no sólo casi muere sino que dicha joya se perdió, impidiéndole que pudiera hablar con Anaís ahora. Por Céfiro que necesitaba decirle que estaba vivo. No deseaba que le pasara nada; presentía que una vez Anaís y Midori se encontraran la batalla no sería fácil.
—Ella es fuerte — comentó de repente Zagato al notar la expresión del príncipe — no va a perder…
—¿Acaso ya están peleado? — preguntó abriendo sus ojos.
—No es la única, la guerrera de Ceres también está peleando con su sombra.
—Marina y Anaís son muy fuertes pero no es tan sencillo, aún recuerdo lo difícil que fue para Lucy derrotar a su sombra en aquella ocasión.
—¡Tornado Verde!
—¡Aaahhh! — gritó al recibir el ataque.
—No eres nada para mí — aseguró —. No te preocupes Anaís no pienso matarte, por lo menos no todavía.
Como pudo se levantó, no esperaba que su sombra fuera mucho más fuerte y más rápida que ella, era la tercera vez que recibía un ataque por parte de Midori y ni su viento de defensa había sido efectivo.
—Creo que lo que dijo Presea era cierto… — susurró al reconocer que no estaba preparada para empezar una batalla.
—Vamos a divertirnos Anaís — dijo la mujer mientras se acercaba a la guerrera moviendo su espada —. No que ibas a destruirme, ¿qué estas esperando?
—¡Tornado Verde!
—¡Viento de Defensa! — gritó deteniendo el ataque.
—No puede ser — si bien era cierto que de las tres ella era la calmada, pues a estas alturas eso parecía mentira, el desespero por verse en desventaja le estaba haciendo pasar una mala pasada — ¡Huracán Verde!
—¡Viento de Defensa!
Apretó su quijada en señal de desespero y con las fuerzas que aún conservaba lanzó un ataque con su espada.
—Jajajaja ¿no tienes más que hacer? — preguntó lanzándole una ráfaga de luz —. Esto no es nada divertido, pensé que tenías mejores habilidades y que no dejarías que yo te venciera así nada más ¿Tanto te afecta lo que está pasando? Tu mente y tus emociones no te dejan actuar bien, la tristeza de haber perdido lo más amado te tienen completamente perdida, no sabes cómo manejar lo que sientes, no quieres aceptar que es el final.
Gimió y cerró los ojos, para su desgracia todo lo que decía era cierto.
—No te preocupes, si quieres puedo hacer las cosas más fáciles para ti Anaís, para eso estoy aquí — colocó su espada sobre una de las manos de la guerrera —, ya no tendrás que preocuparte por nada — con una sonrisa presión su espada contra la muñeca de la rubia.
—¡Aaaaaaaaahhhhhh! — se quejó y su cuerpo se estremeció por completo al sentir como su mano era atravesada por espada.
—Eso es ¡sufre maldita guerra mágica! — exclamó mientras se reía y la miraba fijamente —, Te acabaré poco a poco ya lo veras. La expresión de dolor y sufrimiento en el rostro de Anaís, parecían hacerle sentir satisfacción.
—¡Lucy! ¡Marina! ¡Paris! — exclamó al sentirse perdida, su rival no dejaba de presionar la espada contra su mano destrozándola por completo. El dolor era demasiado, sus ojos se llenaron de lágrimas, ya no tenía fuerzas.
—No sea tonta, ninguno vendrá, Lucy y Marina ya no son tus amigas y Paris… — sonrió con malicia — recuerda que está muerto — aseguró levantando su espada para luego soltarla —sabes Anaís… — se arrodilló y se acercó a su rostro — ambas sabemos que lo mejor que puedo hacer por ti…. Es matarte.
Como si el dolor físico no fuera suficiente Midori ahora se encargaba de atormentarla.
—Una persona como tú no merece vivir, no importa lo que digan. Tú me creaste con el objetivo de que yo destruyera todo aquello que te producía frustración y tristeza, comenzando por el hombre que tanto amabas, admítelo por más que anhelabas verlo también te llenaba de rabia que el tiempo pasara y no tuvieras noticias ¿Recuerdas aquellas veces en las que lo soñaste estando con otra?
—Ya basta… por favor… — susurró cerrando sus ojos, deseando no escucharla más.
—Todo esto que sientes Anaís debe terminar ya, no vale la pena luchar por aquellas personas que dejaron de creer en ti, personas que incluso te odian y se olvidaron de ti, ¿Acaso no se te ha hecho raro que estando la nave de Fahren en Céfiro la princesa Aska no haya aparecido?
La guerrera abrió sus ojos al percatarse de ese detalle.
—Recuerda que esto que está pasando en Céfiro no es sólo tu culpa, pero y dime, ¿dónde está Marina y Lucy? Ellas te han dejado sola. Marina te odia, ¡te lo dijo!
—Pero…
—No seas estúpida, no busques disculparla por lo que hizo — aconsejó antes de levantarse —, es por eso que debes morir, es la única manera en que encuentres la calma que injustamente te arrebataron.
Anaís se dio media vuelta y apretó su muñeca destrozada con su mano sana, las lágrimas se hicieron más frecuentes, le costaba reconocerlo pero Midori tenía razón en todo lo que decía.
—Tú solo debes quedarte ahí yo me encargaré de matarte — sin perderla de vista se preparó para el ataque — te prometo que no será doloroso. Descansa en paz ¡Tornado Verde!
—¡Paaaariiiiiiiiiiiiiissssss! — Una fuerte explosión hizo estremecer suelo.
Continuará...
Bueno aquí dejo un nuevo capitulo espero que les haya gustado y los haya dejado intrigado con todo, solo avisaré que esto es el inició y que las guerreras deben pasar por algunas cosas antes de encontrarse con sus respectivos amores.
La canción que usé en el momento que Marina sale de la nave se llama "Setsunakute", canción que pertenece al Soundtrack del anime, justamente es la canción con que comienza el capitulo 38 de la segunda temporada.
Sin más que decirles nos leemos pronto.
Att: Lini A
