Disclaimer: Todo lo que reconozcan le pertenece a JKR.
Aviso: Este fic participa del reto "Drabbles, drabbles y más dabbles" del foro Multifandom is the new Black.
NA: No sé por qué había pensado que el límite de palabras era 600. ¿Cuántas palabras había escrito? Exacto, 600. Justas. Cual fue mi sorpresa al darme cuenta de que eran 500. En fin, que he tenido que quitar de aquí y de allí, con lo bonito y detallado que me había quedado todo *cries*
Este fic se lo dedico a dos chicas muy merodeadoras a las que aprecio y respeto por su talento. MrsDarfoy y LadyChocolateLover, espero que os guste.
A los demás, sed benevolentes, que es lo primero que escribo sobre los merodeadores (o algo que se le parezca)
Risas de llanto.
Sirius, sentado en una de las últimas filas de sillas distribuidas por el jardín, trataba de prestar atención a las palabras que Remus decía con voz solemne frente a todos, de espaldas a los féretros de sus amigos.
Él lo conocía demasiado bien como para saber que, en su interior, estaba luchando para no desmoronarse.
Pero Sirius sólo podía imaginar la reacción de sus amigos si estuvieran presenciando su propio funeral… Lily habría dibujado una amplia sonrisa en su rostro para contagiar a los demás de su alegría, James probablemente se habría apoyado en su ataúd y se habría mirado las uñas con aburrimiento.
No, sus amigos no habrían querido ver todas esas caras afligidas, empapadas, descompuestas.
Ellos habrían querido que dedicaran un momento a recordarlos, no a llorar sus cuerpos. Porque a ninguno le habría gustado ser la razón del llanto de nadie.
Por eso Sirius suspiró profundamente y se acomodó en la silla, intentando decidir cuál de sus recuerdos junto a ellos era su preferido.
Se acordó de la vez en la que James intentó llamar la atención de Lily haciendo una pirueta en el aire durante un partido de Quidditch.
Un atisbo de sonrisa cruzó el rostro de Sirius. Lo único que consiguió fue caerse de la escoba y romperse una pierna. Después de aquello le costó horrores que Dumbledore le dejara volver a entrar en el equipo.
Recordó también la forma que tenía su amigo de entrar en clase, como si esperara que todos se volvieran a mirarlo.
Sus ocurrencias, sus bromas. La facilidad con la que se ganaba los castigos, uno detrás de otro, y la manera en la que los hacía partícipes a ellos para no quedarse solo.
Sirius cerró los ojos. Cumpliría de nuevo todos aquellos castigos a su lado sin dudarlo ni un momento.
Y Lily… No podía culpar a James de tenerles la cabeza mareada con su obsesión por ella. Que si Lily esto, que si Lily lo otro… ¡Bendito el día en el que ella por fin accedió a salir con él!
Sirius sonrió, acababa de recordar su momento favorito junto a ellos.
Ella, todavía exhausta, sostenía en brazos al recién nacido. Él se inclinaba sobre la cama y le tocaba suavemente la mejilla con el dorso de dos dedos.
Sirius se apoyó en el marco de la puerta, sin querer interrumpir aquel momento tan íntimo.
Fue ella la primera en darse cuenta de su presencia. Él tardó unos minutos más, pero cuando lo hizo, sonrió ampliamente y dijo:
—¿Qué haces ahí? Pasa, ven a conocer a tu ahijado.
Sirius abrió los ojos de nuevo y profirió una sonora carcajada, provocando que todos se volvieran para mirarlo. Pero no le importó en absoluto, porque ellos no entendían que sus amigos nunca se habían ido del todo. Porque parecían haber olvidado que seguirían vivos mientras se les recordara. Que habían dejado una parte de cada uno en el mundo. Que tenía los ojos de ella, que tenía la nariz de él.
