Título: Winning your heart
Summary: Stan descubre que esta enamorado de su mejor amigo gracias a Wendy, pero para su mala suerte, estos no son correspondidos. Stan decidido se propone a si mismo enamorar a Kyle hasta que pueda corresponder sus sentimientos / STYLE, BUNNY, CREEK / Menciones de CANDY y TYDE
Capítulo 2: Confesión.
Stan despertó de buen humor. Por fin había llegado el día. Saliendo de la escuela iría con Kyle a ver una película, ya sabía cual iba a ser, una de terror que podría asustar a cualquiera, incluso a Kyle. Se levantó y caminó hacia el baño, listo para empezar un nuevo y especial día. Pero claro la mejor manera de empezar el día era abriendo la puerta del baño y ver a su padre orinando en el retrete. Stan no sabía si gritar del horror, arrancarse los ojos o pegarse en la cabeza con la puerta hasta olvidar aquella escena, o tal vez las tres. Simplemente cerró la puerta y regresó a su cuarto para quedarse sentado en su cama y golpearse en la cabeza con su libro de matemáticas. Escuchó a Randy salir del baño, y antes de que alguien más quisiera entrar, corrió hacia el y cerró la puerta con seguro.
Abrió la llave de la regadera, seguido se desprendió de su pijama para entrar al agua tibia. Se duchó rápido y salió de la regadera. Claro, como su día no había empezado bien, tampoco seguiría bien, ya que al momento en que sacó su pie de la regadera éste entro en contacto con un jabón provocando que cayera en su trasero fuertemente. Gruñó por la bajo y se levantó, envolvió la toalla en su cintura y salió hacia su cuarto. Se cambió la toalla por unos su ropa interior y comenzó a buscar algo que ponerse, algo cool y que se le viera bien, después de todo esta sería una ocasión muy especial.
Encontró una playera rojo oscuro con un logo de algo así como una sonrisa, de inmediato la tiró a otro lado y buscó algo mucho mejor, entonces encontró una camisa negra con una calavera blanca en el centro. Suspiró, no tenía nada realmente cool. Tomó una playera roja oscura lisa, su chamarra marrón que siempre llevaba, sus pantalones azul oscuro y su bufanda roja. Se vistió tan rápido como pudo, ya que al decidir y buscar que vestir se le había hecho tarde. Como pudo se puso sus tenis y salió corriendo del cuarto. Bajó corriendo las escaleras, pasando frente a su madre hasta llegar a la puerta, abrirla de golpe y seguir corriendo hasta la parada del autobús.
Al llegar a la parada del autobús no encontró a nadie, suspiró pensando que tal vez había llegado demasiado temprano.
Esperó media hora y nadie mas llegaba, todo estaba abandonado. Ni el autobús ni sus amigos llegaban. Suspiró cansado y tomó asiento en la fría nieve. Otra hora pasó y estaba completamente seguro que ni el camión ni sus amigos iban a llegar, suspiró cansado sacando su celular del bolsillo de su chamarra. Marcó el número de Kyle y esperó unos segundos hasta que éste contestó.
-Stan, por qué marcas a éstas horas?- escuchó la voz somnolienta de su amigo al otro lado de la línea
-Qué dices, si ya son las ocho y ni tú ni el maldito camión han llegado- Stan murmuró molesto.
-Viejo, de qué hablas? No recuerdas que la escuela se quemó?- esta vez el que sonaba molesto era Kyle.
Stan guardó silencio, recordando todo lo que había pasado el día anterior. Su boca formó una pequeña "o" al recordar que la escuela se había incendiado. Kyle tomó el silencio como una respuesta a que recordaba el incidente.
-Ahora, regresa a tu casa y duérmete- Kyle respondió volviéndose a dormir.
-Oye, Kyle, todavía esta en pie lo de la película?- preguntó Stan interrumpiendo a Kyle de su sueño.
-Sí, todavía esta en pie, nos vemos más tarde.
-Nos vemos- Stan colgó y miró a la calle.
Soy un completo idiota
Pensó Stan sonriendo mientras lágrimas caían de sus ojos. Regresó a su casa, evitando a toda costa contacto con sus padres para evitar que estos le preguntaran el por qué había regresado de la nada.
Toda la mañana se quedó en su hermosa habitación, no quería hacer nada, después de todo no había escuela. Se estaba pensando algunas excusas como que una epidemia infectó la escuela y lo habían corrido junto con otros niños, o que la escuela se había cancelado porque a la directora Victoria se le dio la gana. O bien podía decir la verdad que fue quemada y probablemente no irían a la escuela en unos días, si no es que meses. Sin embargo con eso se arriesgaba a que sus padres junto a los maestros se pusieran de acuerdo para crear por lo mientras una escuela substituta.
Sólo esperaba que Kyle no se lo haya dicho a su madre, sino ya estaría escuchando a Sheila organizando juntas con los padres y probablemente pasaría lo que pasó con Canadá. No, no quería que todo eso volviera a ocurrir, no fue una experiencia muy grata, y tampoco lo fue averiguar qué era el clítoris. Además que todavía sentía cierto odio hacia Gregory, tal vez Wendy ya no era su novia, pero eso no quitaba que Gregory había intentado quedarse con ella.
-Y casualmente Rebecca esta haciendo lo mismo con Kyle- murmuró con molestia -Esa mujer me quiere arrebatar a Kyle- agarró su buena amiga la almohada y la volvió a morder.
-Rayos Stan, si sigues mordiendo esa almohada comenzaré a llamarte muerde-almohadas, y tú sabes muy bien a qué me refiero- Stan escuchó la voz de cierto rubio inmortal en la puerta de su habitación.
-A qué vienes Kenny?- Stan botó su almohada fingiendo no haberla mordido y se reincorporó sentándose correctamente.
-Bueno, como tú sabes y yo sé, te gusta Kyle.
Al escuchar lo último Stan se quedó en su cama sentado. No movió ni un sólo músculo, como si temiera que por el más mínimo movimiento estos se fueran a romper. Kenny simplemente se quedó de pie, intentando aguantar su risa, esperaba el momento en que Stan explotara, lo grabaría con su celular y lo usaría para chantaje después. Pasaron unos segundos, la expresión de Stan comenzó a cambiar a una de espanto, entonces lo volteó a ver con temor grabado en su cara.
-COMO LO DESCUBRISTE?! ALGUIEN MAS LO SABE?! KYLE NO LO SABE, VERDAD?!- exclamó viendo a Kenny con temor -OH POR DIOS ME VA A ODIAR! ME QUEDARÉ SOLO! MORIRÉ SOLO!- se agarró el cabello en un momento de desesperación -ES MI PERDICIÓN!- se tiró al suelo de rodillas
-Viejo, nadie más lo sabe, tal vez Wendy al ser tu ex-novia- Kenny dijo guardando su celular -Kyle esta bastante metido con lo del consejo estudiantil, además que debe ayudar a Rebecca quien es nueva con todo eso de delegada- intentó aguantar su risa.
-Espera, Rebecca es delegada?- Stan preguntó confundido
-Sí, Wendy y Kyle le están ayudando junto a los otros miembros, por qué preguntas?- Kenny lo miró confuso, más pronto cambió su expresión por una sonrisa burlona -Acaso, estabas celoso de Rebecca? Sólo por qué a Kyle le gustaba cuando éramos niños?- soltó una fuerte carcajada -En serio eres increíble viejo- dijo entre risas.
Stan no pudo evitar sonrojarse de la vergüenza, intentaba mirar a otro lado, pero la risa de Kenny no lo dejaba. Su rostro cada vez se volvía cada vez más rojo que hasta se le podría confundir con un tomate. Esto solo provocó que Kenny soltará una risa mucho más fuerte.
-Oh por Dios viejo, en serio me has hecho el día- intentó calmarse Kenny
-Me alegro por ti- murmuró Stan entre dientes aún sonrojado -Y a qué viniste además de decirme que sabes mi secreto?
-Bueno, sólo quería decirte que tendrás que esforzarte bastante para conseguir el corazón de Kyle- esta vez Kenny sonrió un poco nervioso.
-A qué te refieres?- Stan lo volteó a ver, su rostro ya regresando a su color natural
-Sólo te digo que tengas cuidado- Kenny sonrió levemente -Te lo digo por tu bien.
Dicho lo último, Kenny se dio la vuelta y salió de la habitación de Stan, despidiéndose en el camino de Sharon quien ya venía con vasos de juego. Sharon miró al rubio extrañada y se despidió igualmente, luego volteó a ver a Stan con un rostro de confusión, el chico le respondió de la misma manera. Sharon suspiró, dejando a su hijo solo en la habitación.
Stan no sabía que hacer, y no había entendido nada de lo que Kenny había dicho. ¿A qué se refería con el hecho que tendría que esforzarse bastante y que lo decía por su bien? Se revolvió el cabello frustrado, aveces Kenny podía ser bastante inteligente si quería, sólo le gustaba joder a los profesores. Se levantó de salto de la cama y tomó su computadora.
Como no sabía que hacer durante su tiempo libre hasta que tuviera que ir por Kyle para que fueran juntos a ver cualquier película que estuviera en cartelera, decidió buscar una manera de entretenerse, ya fuera en algún sitio web o de plano jugando Warcraft. La última opción le parecía mas agradable, así que decidió abrir el juego e iniciar sesión. No se molestó en comunicarse para averiguar si alguno de sus amigos estaba conectado, prefirió quedarse así, jugando para sí mismo, sin que nadie lo molestara. O eso creyó, hasta que tocaron la puerta de su cuarto.
-Stan querido, estás bien? Por qué no fueron a la escuela?- preguntó su madre con confusión -Sheila me llamó para decirme que Kyle seguía dormido, lo cual se le hizo extraño, y justo ahora Kenny vino a visitarte.
Mierda
Pensó Stan mientras se mordía los labios en busca de alguna explicación coherente. No iba a decir que la escuela se quemó, ya había pensado en lo peor, y no quería que eso sucediera. Cerró la computadora, y volteó hacia la puerta, dudando sobre si responder o fingir que estaba dormido, aunque lo último era imposible, puesto que Kenny había estado en su cuarto hace unos segundos y su ataque de pánico no fue nada discreto ni silencioso. No le quedaba de otra más que mentirle a su madre.
-Stan? Por qué no respondes? No habrán planeado fugarse, cierto?- su madre volvió a llamar detrás de la puerta.
-Mamá- dijo Stan desde su lugar -La verdad es que uno de nuestros compañeros se murió y nos dieron el día libre.
-Y por qué el día libre? No sería más normal si los llevaran a la iglesia? Además que nadie me ha dicho nada- Sharon le respondió, no convencida por la respuesta de Stan.
-Es que fue Damian, y ya sabes que su familia no es muy religiosa que digamos.
Stan se quería pegar a sí mismo por decir la mentira más idiota que haya dicho. Damian era el mismo anticristo, no podía morir! Cómo le iba a creer su madre tremenda mentira más falsa que pueda existir. Sin embargo, para su sorpresa, su madre sí le creyó.
-Oh, lo siento mucho Stan.
Por un momento Stan no supo que decir ni que pensar.
-No hay problema- respondió Stan intentando seguir sonando convincente.
Ahora lo único de lo que tenía que asegurarse era que Butters no dijera la verdad a sus padres y que Damian no apareciera por la ciudad, y en caso de que lo hiciera se aseguraría de regresarlo al infierno o encerrarlo en alguna parte para que su madre no lo descubriera. Stan asintió, decidido y comenzó a planear lo que tal vez provocaría la destrucción del mundo, o si no del mundo tal vez de South Park... su confesión de amor para Kyle.
Estaba seguro de que en el peor de los escenarios -uno de los tantos que había imaginado- donde lo rechazará y le dijera a Sheila, la mujer los separaría, le comentaría a todos y entonces su amistad se terminaría. Buscó en internet entradas para el cine, buscando alguna función que les llamara la atención a ambos. Pensó en la nueva película de Star Wars, pero decidió que esa sería mejor para ir a verla en grupo, así que decidió una de terror. Sabía que Kyle no era alguien que se asustara fácilmente con esa clase de cosas, pero no perdía nada.
Encontró una película de terror en la cartelera por internet. El nombre era algo extraño, "El Coso". En parte le recordaba a una vieja película de terror que se llamaba "La Cosa", pero no le dio importancia y compró las entradas para la función de las seis. Eran apenas la una de la tarde. Se dio cuenta que pasó bastante tiempo haciendo nada más que sufrir pensando en incoherentes escenarios y jugar Warcraft, hasta que su madre le hizo la pregunta que probablemente la mayoría de los padres le hicieron a sus hijos. Le quedaban cinco horas para la función, así que decidió tomar su celular y marcarle a Kyle para decirle más o menos el plan.
Marcó el número más reciente en su registro de llamadas, siendo éste el de Kyle. Esperó pacientemente unos segundos en lo que la llamada entraba. Sonó dos veces el clásico beep y por fin contestó.
-¿Stan?- escuchó al otro lado la voz de su crush.
-Kyle, ya encontré los boletos, será una película de terror y la función será a las seis. Te veré frente a tu casa a las cinco.
Y sin dejar al otro responder, Stan colgó, temiendo que tal vez Kyle al final le cancelara y le dijera que ya había formado otros planes con alguien más. Obviamente por alguien más, Stan se refería a Rebecca.
No era que odiara a Rebecca, no tenía razón para odiar a una niña tan buena de corazón con intenciones inocentes. Simplemente odiaba el hecho de que años atrás Kyle se haya enamorado de ella, y que ahora ella asistiera en la misma escuela con ellos, cuando con su intelecto se pudo haber ido a estudiar a una escuela mucho mejor que la preparatoria de South Park. Además que odiaba el hecho de que ahora viviera con el miedo -que más bien era paranoia- de que Kyle y Rebecca se casaran para luego mudarse y vivir felizmente, mientras el sufría en su miseria del desamor.
¿Por qué el amor tenía que ser así con él? ¿Qué fue lo que hizo él para merecer tanto sufrimiento?
Primero con sus problemas con Wendy, entre romper, volver, romper, volver, etc., y ahora con que según estaba enamorado de Kyle -lo cual era bastante cierto-, Cupido debía odiarlo con toda el alma. Probablemente era porque obviamente él era más genial que un hombre con cuerpo de bebé, en pañales, sosteniendo un arco y flechas con forma de corazoncitos. Sí, eso era lo más seguro. Stan era demasiado genial para Cupido, y el bebé simplemente estaba celoso de su genialidad.
Eran media para las cinco, y Stan ya se encontraba frente a la casa del judío. Sus mejillas completamente rojas y no era por el frío. En su mente se insultaba y golpeaba por ser tan estúpido al llegar media hora antes de la que tenía planeada. Se debatía entra tocar el timbre, o simplemente esconderse detrás de uno de los arbustos en lo que daba la hora acordada.
Por fin se había decidido por la segunda cuando la puerta de la casa de Kyle se abrió, revelando a Sheila, quien sostenía un bolso y detrás de ella salía Ike, el pequeño con un rostro que demostraba indiferencia.
Stan se preguntaba que había pasado, ya que normalmente Ike se mostraba bastante animado. Las únicas veces que ponía un rostro así era cuando algo que no le parecía pasaba, o en el peor de los casos, se peleaba con Kyle. Para cualquier otra persona, no le hubiera parecido extraño que Kyle e Ike pelearan, después de todo eran hermanos, pero Stan recordaba la promesa que una vez Kyle hizo cuando estaban en segundo de secundaria. Nunca más volvería a pelear con Ike, no importaba que sucediera.
-Oh, Stan, ¿qué podrías estar haciendo aquí?- le preguntó Sheila con sorpresa.
-Había quedado con Kyle para recogerlo e ir juntos al cine- respondió Stan, cuidando sus palabras.
-Claro, deja le llamo- Sheila le sonrió con dulzura.
Por favor no me sonría así cuando quiero andar con su hijo.
Suplicó Stan en su mente, mientras le daba las gracias a Sheila.
-Si quieres pasa.
Sheila abrió más la puerta para que Stan pudiera pasar. El morocho asintió y entró a la casa.
Podía sentir la mirada penetrante de odio de Ike, la cual no comprendía. Él nunca le había hecho algo malo al menor como para que lo viera con odio. Intentando ignorar la mirada del niño, Stan esperó pacientemente en lo que Sheila subía las escaleras por su hijo. Pensaba preguntarle a Ike si tenía algún problema con él, o si simplemente andaba de mal humor, pero algo en su interior le advertía que lo mejor era cerrar la boca y esperar calladito a que bajara Kyle. Sí, eso era lo mejor que podría hacer.
Pasaron unos minutos en lo que Kyle bajó detrás de su madre. Kyle tampoco iba muy arreglado que digamos, todavía llevaba su ushanka verde, algunos de sus rizos saliendo debajo de ésta, su chamarra naranja, debajo llevaba una camisa gris por lo que podía ver Stan, y pantalones negros junto con sus tenis. Se despidió de su madre y caminó a donde Stan yacía de pie.
-Listo para la película?- preguntó Stan intentando calmar sus nervios.
-Claro viejo- le respondió Kyle con una sonrisa a la vez que salían de la casa del pelirrojo.
Los dos caminaron por un largo rato. Stan intentando calmar sus nervios mientras que Kyle sonreía mirando el paisaje. Ninguno de los dos decía nada, pero tampoco era un silencio incómodo, todo era tranquilo, y Stan prefería que continuara de esa manera.
Pero claro, como el mundo esta en su contra, nada podía salir como él se lo esperaba. Era como si el destino lo odiara. Primero el incendio en la escuela, y ahora la aparición de Bebe, Wendy y la persona que menos quería ver durante el resto de su vida, Rebecca, frente a la entrada del cine. Con sólo ver aquellos rizos castaños, Stan supo que todo se iría a la mierda. Con la esperanza de que Kyle no hubiera divisado a Rebecca, Stan lo jaló hacia otro lado, bajo la excusa de que había visto algo genial.
Al final llegaron frente al puesto de dulces. Kyle miraba los tipos de dulces con confusión, no entendiendo qué había visto Stan que le pareciera genial. Stan por su lado se moría de la vergüenza, porque por supuesto, un puesto de dulces era algo genial, lo mejor que podría haber en aquel lugar. Ocultando su rostro ruborizado por la vergüenza, Stan jaló a Kyle a la taquilla, donde mostró algo parecido a unos papeles. El señor en la taquilla les entregó los boletos correctos y les señaló donde se encontraba la sala correspondiente de la película. Los dos adolescentes agradecieron, caminando al puesto de palomitas y sodas por algo de comer.
Después de pedir sus sodas y palomitas, los chicos caminaron hacia la sala. Stan, de reojo, logró divisar a las chicas que se dirigían a la misma sala. Lanzando las palomitas a su espalda en un rápido movimiento junto con su soda, Stan jaló a Kyle de la mano hacia la sala, provocando que el pelirrojo igual tirara su soda. Aquel accidente causó que el camino de las chicas fuera interrumpido por un desastre pegajoso, donde soda yacía en las paredes y el suelo, y las palomitas que habían sido de caramelo se encontraran en el piso, una que otra pegada en las paredes.
Cuando llegaron a la sala, ninguno de los dos dijo nada, pues la película ya estaba por comenzar.
Durante la película, Stan brincaba o gritaba del susto al igual que las demás personas, mientras que Kyle simplemente se encontraba sentado, mentón recargado sobre la palma de su mano, con el codo recargado en el descansa brazos. Nada de esa película le parecía aterrador. ¿Cómo se llamaba? ¿La cumbre escarlata? Vaya, pero que título más aterrador, pensó Kyle con sarcasmo intentando poner atención a la película, pues que Stan estuviera a cada rato dando brincos o gritando, lo distraía.
Finalmente la película había acabado, y ambos amigos salieron de la sala del cine, un pelirrojo bastante tranquilo y un moreno que parecía aún asustado. A sus espaldas, Stan logró escuchar la risa de Wendy junto con la de Bebe, dándole la señal de que ellas igual habían salido de la sala. Tomando a Kyle de la muñeca, lo jaló hacia un lado, recibiendo quejas del pelirrojo que Stan simplemente decidió ignorar, lo único que pasaba por su cabeza era la confesión que debía hacer para acabar con toda esa pesadilla que le estaba pasando.
Lo llevó a una parte del cine donde en ese momento estaba seguro que no habría nadie, porque la mayoría de las salas estaban transmitiendo las funciones respectivas.
-Viejo, detente- le llamó Kyle, soltándose del agarre del moreno -Qué pasa contigo?
Stan no dijo nada, simplemente se quedó mirando el suelo, pensativo de lo que iba a decir.
-Desde el día de ayer has estado actuando extraño.
Seguía callado. Sabía que lo que Kyle decía era cierto. Desde el día anterior no había estado actuando como normalmente lo hacía, y todo por esas malditas palabras que le había dicho Wendy y luego Kenny le había reasegurado.
Te gusta Kyle.
Esas tres malditas palabras que le habían arruinado su vida y muy probablemente arruinarían su amistad con su super mejor amigo.
-Lo sé Kyle.
Por fin respondió Stan, encontrando las palabras indicadas para hablar.
-Y sé perfectamente el por qué. La verdad es que tú...
Se quedó callado. Por un momento, al intentar decir lo demás, sintió como estuvo a punto de que se le fuera el aire.
Kyle lo miraba confundido y preocupado a la vez. Su mejor amigo parecía estar en un dilema con su persona propia, y él no sabía cómo ayudarle ya que Stan no le decía nada.
Tú me gustas, Kyle.
Lo dijo. Listo. Por fin lo dijo.
Chan chan chaaaaan *inserte imagen del roedor con cara de sorpresa asombro o yo que sé* Por fin se lo dijo, y ahora esperaran la respuesta de Kyle. La verdad sé que me quedó corto a comparación del primer capítulo, pero ya quería actualizar porque me había tardado bastante y no quería que pensaran que me había olvidado de este fic. Por deos, es uno de los que más amo que ando escribiendo ahorita. Aunque no me gustó que no tuviera tanta comedia como quería...
Bueno, por último, feliz navidad, fiestas y año nuevo atrasado. Espero que a los que celebran Día de Reyes, les haya tocado niño y ahora tendrán que pagar por los tamales o lo que les toque pagar.
Bye bye!
