Tercer capítulo. Quería meter a la familia de Makoto de por medio, así que aquí teneis a los gemelitos Ran y Ren en acción:3

Makoto abrió la puerta de su casa.

- ¡Ran! ¡Ren! ¿Estáis por allí?

Ante la llamada, los pequeños, como si fueran mascotas obedientes, aparecieron corriendo hacia él. La chica, mucho más fogosa que su hermano gemelo, se abalanzó contra las caderas del mayor, propiciándole un fuerte abrazo. El pequeño Ren se había quedado atrás y trataba sin mucha convicción de hacerse un hueco.

Makoto se percató de ello y le acarició el pelo.

- Bueno, niños, me va a tocar cuidar de vosotros ¿Eh?

Los niños asintieron a la vez, con una sonrisa de oreja a oreja. Su padre estaba trabajando como de costumbre y su madre tenía que ir a comprar, por lo que le habían pedido a Makoto que se encargara de los pequeños.

Ran ladeó la cabeza mirando más lejos de su hermano mayor, confusa. Pero enseguida su rostro se iluminó de nuevo.

- Hermanito. ¿Haru-chan también se queda?- preguntó encantada la pequeña embistiendo al susodicho, que se encontraba esperando paciente en la puerta.

Makoto se volvió desganado al acordarse de él.

- Ah, sí… dice que quiere cuidaros también…

El poco entusiasmo de Makoto contrarrestó con la emoción extrapolada de la niña, que empezó a dar botes, maravillada.

- ¡Qué bien!- volvió a su puesto para coger a Ren del brazo y acercarlo a Haru- ¡Mira Ren! ¡Haru se queda!

- Bueno, bueno… Veo que casi os alegra más verle a él que a mi…- los separó de Haru- ¿Por qué no vais a preparar la consola y jugamos los cuatro?

Los ojos de los niños se iluminaron. Pero Makoto aún le quedaba algo que añadir.

- Pero luego habrá que hacer deberes ¿eh? Que si no luego mamá me echará la bronca a mí…

Pero los chicos no le prestaban ya atención. Habían salido disparados al cuarto de la consola, dejando al mayor con la palabra en la boca y refunfuñando. Pero no tardó en recuperar la sonrisa.

- No hay manera con estos dos…- dijo rascándose la nunca.

Haru no dijo nada acerca del tema. Guardó silencio unos segundos hasta que se decidió a hablar.

- Makoto…

El aludido se volvió para mirarlo.

- Dime

Y Haru negó con la cabeza. Su amigo sonreía, despreocupado, como siempre. Como si no pasara nada. Como menospreciando lo que le pasaba. Y aquella sonrisa le había quitado las fuerzas para decir lo que quería.

Pasó por delante de su amigo, ante el desconcierto de este, y paró unos pasos más allá.

- ¿Dónde está el cuarto ese?- preguntó sin mirarlo.

- Sígueme.

Cuando llegaron a la antigua e irreconocible habitación de Makoto, Haru enarcó una ceja.

- ¿Por qué está todo lleno de trastos?

- ¡No son trastos!- se ofuscó Ran- ¡Son discos, DVD, libros, calendarios….!

- ¿Todos apilados como si fuera un trastero?

- Como me fui a estudiar dejaron mi cuarto para acumular lo que no cabía en el resto de habitaciones, así la casa se quedaba más limpia ¿No crees?

Haru desvió la mirada. Parecía incomodado.

- Parece un trastero- remarcó.

Ran y Ren lo miraron sin comprender. Ante un gesto de su hermano mayor, los chicos enchufaron la consola y encendieron la pantalla de la televisión. El niño había sacado dos mandos del cajón del mueble sobre el que descansaba el aparato.

- Tendremos que hacer turnos ¿No?

La conversación continuaba, pero Haru no prestaba atención. Estaba centrado contemplando el cuarto en el que tantas veces había estado desde que había conocido a Makoto. Siempre le había parecido un lugar frío y un tanto descuidado, pero jamás había llegado a tal punto de dejadez.

La cama apenas se veía, y estaba llena de polvo. Y a su lado, y acortando el espacio, se amontonaban papeles, películas, discos de música, en cantidades industriales, que llegaba a resultar agobiante para cualquiera, y mucho más para una persona enferma. Haru apretó los puños. La primera impresión que había tenido cuando los niños habían corrido hacia Makoto era de desconocimiento absoluto. Lo trataban igual que cuando estaba sano, y aquello le había descolocado bastante. Pero al ver aquella habitación…

- Makoto- espetó rompiendo la conversación entretenida que su amigo mantenía con sus hermanos- ¿Duermes aquí estos días?

Makoto al principio lo miró extrañado.

- Sí, claro

Pero enseguida comprendió que era lo que le inquietaba al moreno.

Con un gesto triste le ofreció el mando de la consola.

- ¿Quieres empezar tú?

Haru no tuvo más remedio que aceptarlo.

- ¿Quién quiere jugar con Haru?- canturreó a los pequeños.

Ambos miraron primero a Makoto y luego a Haru, para volver la mirada de nuevo al hermano, con unos ojillos asustados.

- ¡Hermano! ¡Haru es muy fuerte!

-¡A mi me da miedo jugar con él!

- ¿Pero qué decís?- Makoto estaba perplejo. Aunque era cierto que la mirada afilada de Haru podía atemorizar a cualquiera.

- ¡Juega tú con él, hermanito!

- Está bien…¿A qué quieres jugar, Haru?

- Me da lo mismo.

- ¡De carreras! ¡De carreras!- gritaron los niños al unísono.

- ¿De coches?

- ¡Sí!

- De natación sería más apropiado- rio divertido- Ojalá sacaran algún videojuego por el estilo.

Haru se limitó a encogerse de hombros. A él le gustaba el agua, sentirla en su piel, y no verla representada en un juego competitivo absurdo.

- Está bien. ¿Empezamos?

Makoto perdió la primera ronda.

- Vaya… que lástima- dijo sin demasiada energía. - Toma Ran. ¿Quieres seguir tú?

- ¡Vale!

Aunque la niña dio la vida en ello, a diferencia del moreno, que con gesto impasible movía los botones con el mismo sentimiento del que observa un caracol paseando, Haru venció de nuevo, provocando que la niña echase a rabiar.

Empezó a patalear con frustración, y a gritar enojada.

Su hermanito Ren hizo lo posible por calmarla con timidez, pero la chiquilla estaba encabritada.

Makoto por su parte le dio unas palmaditas en la espalda.

- Tranquila, a la próxima ganarás.

Pero la chica se fue enfurruñada a un rincón, mientras fue el turno de su hermano gemelo.

Haru volvió a acelerar sin entusiasmo y el pequeño dio un respingo al empezar la carrera. Asustado, empezó a dar vueltas sin sentido, hasta que Makoto le ayudó a mantener el ritmo.

Y al final, ganaron.

Ren lo celebró aplaudiendo y saltando de la emoción. Exaltado, fue a avisar a Ran, que lanzándole una mirada asesina, le escupió en la cara, por lo que el pequeño se echó a llorar.

- ¡Ran! ¡No le hagas eso a tu hermano!- les detuvo Makoto, auxiliando al pequeño que no dejaba de sollozar.- Discúlpate.

La niña no tardó en hacerlo, y realmente se sentía culpable. Haru le tendió el mando para que jugaran los dos juntos. Mientras jugaban con los coches, Makoto se sentó a su lado sobre la cama.

- Es una suerte que no te pongas como ella. No sería bueno para ti ¿Cierto?

- Si me ensalzo más de lo normal, puede darme algo, sí- dijo con burla y guiñándole un ojo.

El chico no supo cómo interpretar aquella reacción, y por si acaso, prefirió callarse.

Ren ganó la carrera y Ran le dio la espalda, indiganda.

- Oye, Ran...no te enfades, lo siento… - le suplicó el pequeño.

Makoto se desesperó.

-Jugad otra ronda, anda…

El día fue muy entretenido, aunque jugando casi les pasó la hora de comer. Makoto les hizo la comida a los niños rápidamente, y Haru había subido a su casa un momento para traerse un par de caballas para hacerlas en casa de Makoto.

Al ver los dos peces, el otro lo miró perplejo.

- ¿Para qué has traído tanto?

Haru, sin decir nada, cortó uno de los pescados por la mitad, y se llevó el resto junto al otro pez al congelador de Makoto.

- ¿Pero se puede saber qué…?

- Lo dejaré aquí por si me toca quedarme a comer otro día

Makoto alzó una ceja, pero lo dejó estar.

- Puedes tomar lo que quieras aquí… tenemos pescado.

Haru lo miró como si hubiese dicho una barbaridad.

- Pero no es caballa.

Makoto rio con ganas, y por algún motivo, Haru se sintió complacido. Hacía mucho que no lo había visto reír de esa manera, a pesar de necesitarlo.

Y de pronto, se sintió inútil. ¿Por qué nunca le había conseguido arrancarle una carcajada como aquella vez?. Prefirió no darle vueltas al asunto, y se dedicó a cocinarse su trozo de caballa a la plancha.

Después de comer los cuatro juntos, Makoto mandó a sus hermanos a hacer deberes, cada uno a su respectivo cuarto. Pero si tenían alguna duda podían consultarle, por supuesto. Haru pensó para sus adentros que realmente Makoto servía para los niños, y tal vez ese amor que había desarrollado se debía a precisamente tener dos en casa.

Una vez solos, el chico se dirigió al moreno.

- ¿Qué quieres hacer? Mi madre vendrá en un par de horas o así…entonces podríamos ir a buscar a estos a la salida del entrenamiento como ayer ¿No?

- Bien.

- ¿Quieres ir a clase?

- No

- ¿Vemos la televisión entonces?

Como Haru no dijo nada, Makoto lo interpretó como un sí. Se sentaron en el sofá y se reclinaron para ver la televisión. No había ninguna serie interesante, así que se pusieron un show de talentos raros.

Después de muchas personas con dones extraños, que se llevaron unos tres cuartos de hora del tiempo, salió una que tenía un extraño amor por los champiñones, y que se conocía todos los datos científicos de los mismos.

Makoto rio al verlo.

- Haru, podrías ir a ese programa y decir lo mismo pero con las caballas…

- Puede ser.

Makoto volvió a concentrarse en la televisión, mientras Haru lo miraba por el rabillo del ojo. Después de unos minutos centrando toda su atención en él, se decantó por iniciar la conversación que tendría que haber empezado hace horas.

- Makoto ¿Puedo preguntarte algo?

El aludido separó la vista de la pantalla y con el mando bajó el volumen para que se escuchasen entre ellos mejor.

- Claro ¿Pasa algo?

El moreno lo escudriñó con la mirada, y Makoto intuyó qué iba a decir.

- ¿Tus hermanos…?

- ¡Hermano! - Ran apareció de pronto con un cuaderno en una mano y arrastrando con la otra al tímido Ren- ¡Ren no entiende este problema de matemáticas! ¿Puedes ayudarle?

Makoto cogió el cuaderno con gusto.

- ¿Y tú no sabes resolverlo? ¿Tú tampoco sabes hacerlo?

Ran dio un respingo y sacudió la cabeza, azorada.

- ¡Por si acaso hazlo tú!

Con su típica sonrisa, su hermano empezó a explicarle el problema. Los niños asentían conforme avanzaban las explicaciones, y cuando terminó, se lo agradecieron efusivamente.

- ¿Qué más os queda?

- ¡Ejercicios de plástica!

A Haru se le iluminaron los ojos.

- ¡Ah! ¡Eso puede ayudaros Haru, si queréis! Se le da genial las artes

Haru se mordió el labio inferior. Era cierto, y además, disfrutaba mucho haciéndolo.

Los niños se volvieron para mirarlo.

- ¡Oh! ¿Puedes ayudarnos, Haru?

Así que el resto de la tarde, antes de que viniera la madre de los hermanos, se basó en dibujar con los pequeños paisajes y animales.

Cuando llamaron al timbre, Makoto se levantó de la silla para abrir a su madre, que traía unas pesadas bolsas consigo.

-¡Oh! Hola, Makoto..¿Quieres ayudarme?- la mujer atravesó rápidamente el pasillo llevando una bolsa con ambas manos, dejándole a su hijo otras tres para que cargara con ellas y las llevase al salón.

Haru había dejado los libros de los niños y después de saludar a la madre se apresuró a quitar las bolsas de las manos de Makoto.

- ¿Haru…?

El chico cargó con las tres bolsas, tenso y sin ganas de comentar nada. Cuando llegó a la cocina donde estaba la madre de Makoto, esta lo miró extrañado.

- ¡Haru! ¡No tenías que hacerlo! ¡Makoto podía hacerlo solo!

- No se preocupe, señora. Tengo que hacer músculo.

- Ya… pero Makoto parece un cara dura haciéndote llevar las bolsas…

Aquellas palabras dejaron helado a Haru. A su lado sobre la mesa, una botella que iba a recoger antes de que saliera rodando cayó al suelo por haberse quedado quieto, causando un gran estruendo.

La mujer dio un brinco ante la ruidera, y con gran nerviosismo recuperó la botella del suelo, que, afortunadamente no se había roto.

Haru tuvo que sacar fuerzas de flaqueza para pedir disculpas, pero seguía sin poder creer lo que la madre había dicho de Makoto, pasándole lo que le pasaba.

Una mano se posó en su hombro.

-Haru, vámonos, ya has hecho suficiente aquí.

- ¿Cómo? ¿Has estado aquí todo el tiempo cuidando de los niños?

Los propios niños le cantaron la respuesta, y la mujer se sintió muy agradecida, pero no todo le parecía bien.

- Makoto… No tienes porque involucrar a los demás…

- Ya...lo sé mamá...pero Haru no tenía nada más que hacer y se ofreció para ayudarme…

- Ah bueno, en ese caso, muchas gracias Haru.

Pero el aludido ya se estaba yendo, sin comentar nada. Makoto lo siguió lo más rápido que pudo hasta la calle. Imaginaba que Haru lo esperaría fuera, pero en vez de eso, el chico siguió su camino, aligerando el paso escaleras abajo. Makoto lo siguió a duras penas, pidiéndole que se detuviera.

- ¡Haru! ¡Espera! ¿Qué ocurre? ¡No puedes irte así sin más! ¡Espera, Haru!

Empezaba a sentir el corazón latiéndole brutalmente bajo la piel cuando Haru paró en seco.

Sin mirarle, le preguntó con una voz tan fina como un hilo:

- ¿No lo saben, verdad?

Y se dio cuenta de que el silencio brusco del otro fue una completa afirmación.

Empezó a temblar, apedreado por una serie de preguntas que no sabía muy bien cómo formular, porque estaba sin saber que hacer, estaba cansado de esa impotencia del saber. Y recordaba a los hermanos de él abrazándolo como un día cualquiera, a su madre llamándolo vago por no llevar tres bolsas hasta el salón, y se acordaba de aquella terrible habitación llena de polvo que ni si quiera se habían molestado en preparar para un enfermo con problemas del corazón.

Y por supuesto, todo ello tenía un motivo.

Y el saberlo casi le producía más rabia.

Porque sencillamente, ese motivo no tenía razón de ser.

Makoto le iba a poner las manos en los hombros cuando Haru se le volvió con violencia, y lo asió de las muñecas, con ambas manos.

- ¿Por qué?- dijo sin parar de vacilar. No podía perder los papeles, Makoto no se lo merecía.

Pero estaba hecho una furia, inevitablemente.

Aparecía de repente en la ciudad, después de meses sin saber de él, y le decía aquello, de un día para otro su amigo estaba enfermo. Y él se empeñaba en aparentar estar como siempre con los demás, y no podía admitirlo.

- Haru…

- Escúchame, Makoto. Quiero que estés bien ¿Vale?. No voy a pedirte explicaciones por que es tu decisión y voy a respetarla. Pero si no piensas contárselo a tu familia para que no se preocupen, cuéntaselo a Nagisa, a Rei, a Gou, al menos…

Makoto se desprendió de él antes de que pudiera terminar.

- Déjame- dijo seriamente.

- Makoto, escuh…

- He dicho que me dejes en paz. No pienso contárselo a nadie

- ¿Existe algún motivo para eso?

Makoto se retiró unas lágrimas incipientes de los ojos con desprecio, pero no dijo nada.

- Makoto ¿Por qué no quieres que tus amigos lo sepan?

- Paso de ser el débil- le espetó.

Haru tuvo que contener el aliento para no enfadarse.

- ¿Lo dices en serio? ¿Es solo por eso?

Pero Makoto le aludía la mirada.

- ¡Makoto! ¿Qué te crees que somos nosotros para ti? ¿Crees que nos vamos a parar a pensar en que no puedas nadar por lo que te está pasando?

- Haru, no entiendes nada…

- ¡Claro que no entiendo nada! Desde que has llegado has ido soltando todo a cachitos, ¿por que no me dices lo que te está pasando todo de un tirón?

Se hizo el silencio, pero Haru prefirió dejarle un tiempo para responder. Y al final, su amigo lo hizo, aunque no sabía muy bien cómo expresarlo.

- ...Cuando me pasó aquello en la piscina sentí que todo se me desvanecía por momentos. Cuando salí del hospital y me dijeron que no podía hacer según que esfuerzos hasta que pudiera asegurarme de que no iba a sufrir otro, me dejaron destrozado, pero fue paciente y llevé una vida sana. Pasó un mes o así y yo creía que estaba recuperado del todo. Por probar me metí al agua, y traté de nadar. Pero no nadaba, joder, era como un novato, como un crío que por primera vez entra en el agua. ¿Sabes lo que es sentir que todo lo que has vivido se ha esfumado? ¿Que ya nunca vas a nadar como antes, que jamás volverás a ganar una competición…? Y me fui. Ya todos ahí sabían lo que me pasaba, y quería huir de eso. Por eso decidí venir aquí para sentir que todos me consideraban como el mismo Makoto que siempre…

Haru no tenía palabras, tan solo un sentimiento aplastante de culpabilidad.

- Lo siento, Makoto… pero mereces que nos preocupemos por ti.

- Eh...chicos…

Makoto y Haru se volvieron con sorpresa hacia la queda voz que acababa de aparecer en escena.

Y allí, a escasos metros de ellos escaleras abajo, observándoles con incredulidad, se encontraban Rei y Rin, vestidos con chándal y cargando con mochilas de deporte.

- Me...me encontré a Rin y le comenté que habías vuelto a casa… así que quiso venir a verte… - explicó Rei, con la sensación de haber escuchado algo que no debía oír.

- ¿Cuánto tiempo lleváis allí?- preguntó Haru.

- Lo hemos escuchado- respondió Rin, sabiendo cual era la verdadera pregunta de Haru.

Makoto, con rostro sombrío y tenso de músculos, bajó las escaleras, pasando a Rin y a Rei de largo.

- ¡Eh! Makoto…- lo llamó Rei, avergonzado, mientras el otro se alejaba de allí. Rin lo detuvo con el brazo.

- Déjale, no creo que sea agradable para él.

Haru también tuvo el impulso de salir corriendo detrás de Makoto, pero se contuvo. Makoto ya estaba muy lejos.

- Iré yo- advirtió Rin, echando a correr escaleras abajo- Tú, Haru, cuéntale lo que le pasa a Rei.

Haru asintió a regañadientes, y mientras contemplaba al pelirrojo desaparecer entre las casas, cogió aire.

Pues aquí termina el tercer capítulo. Como se ve, ya solo queda Nagisa de enterarse… aunque tal vez con él sea distinto…

Gracias por leer! Nos vemos en la próxima y comentad si os ha gustado o si tenéis alguna sugerencia :P