Buenas de nuevo! Espero que os esté pareciendo entretenida la historia.
Gracias a los lectores y en especial a los que me dejáis comentarios, de verdad me anima mucho:,D
Decir que en este capítulo se nombra algo que creo que no se dice en la serie pero si en la novela acerca de los miedos de Makoto. Aviso que los dos hechos que se nombrarán en la conversación final entre Haru y Makoto son reales, por si no os habéis leído los libros.
Una vez aclarado esto espero que os guste!:D
Makoto sabía perfectamente quién y a qué distancia lo tenía por detrás. Estaba atardeciendo y la suave brisa removía las hojas de los árboles que bordeaban en sendero que iba siguiendo. Llevaba las manos metidas en los bolsillos del pantalón y más que una persecución, aquello era lo más parecido a un paseo tranquilo.
Rin, andando a escasos pasos por detrás de él, decidió hablar. A aquellas alturas, por el modo de actuar de Makoto, resultaba evidente que ya sabía que lo estaba siguiendo.
Con una voz pausada, pero en un tono lo suficientemente alto como para que se escuchara bien, dijo:
- Makoto. Deberíamos hablar.
El aludido ralentizó su ritmo, pero no permitió perder la ventaja. Rin, por su parte, siguió caminando a la misma velocidad constante que antes, mientras apreciaba cómo la distancia que lo separaba de su amigo se acortaba.
- ¿Para qué?- respondió el otro al fin.- Ya sabes todo.
Rin suspiró haciéndose oír desde alante.
- Cuando fui a Australia tuve problemas, y por eso no os hablé a ninguno. Porque estaba mal. Por esa razón cuando dejamos de saber de ti hace unos meses intuí algo, y supuse que algo había ocurrido en Tokio. No quise dármelas de entendido, así que no hice nada. Pero cuando Rei me dijo que habías vuelto, me invadió una enorme curiosidad. Así que no dudé en venir a verte. - hizo una pausa para tomar aire, y reparó en que Makoto estaba casi a su altura- Aunque esperaba que fuera algo relacionado con la natación...he de admitir que estoy helado. Sinceramente no sé que decir, de verdad, mi problema era una tontería si lo comparamos con el tuyo…
Makoto paró de golpe, y Rin hizo lo mismo.
- No quiero que compares problemas. Es rastrero.
- Makoto no quería decir que…
- ¿Qué pasa? ¿Qué ahora Sosouke también podría recuperar la esperanza de volver a nadar porque lo suyo no es tan grave?¿Así es como funciona para vosotros esto?
Se había vuelto para mirarlo con fijeza, y con unos ojos llenos de rabia. Una rabia que Rin jamás había leído en el rostro de Makoto, se podría decir que era tan frecuente como ver a Haru reírse.
- Makoto, perdona, estás muy alterado, cálmate por favor- le había puesto las manos sobre los enormes hombros del chaval, con la intención de relajarlo, y por unos momentos pareció funcionar.
El chico volvió la vista como disgustado, machacándose por dentro. No, aquello no era propio de él.
- Perdona
Rin lo miró con compasión. De repente pensó que a lo mejor "compasión" era lo que menos necesitaba Makoto en aquel instante. Pero era inevitable, le había salido solo. Aunque esta vez el otro no pareció percatarse de ello, o si lo había hecho, no le había dado mayor importancia.
- No pidas perdón, no fastidies… lo siento yo, no debería haberte dicho eso.- comprobó que Makoto no hacía ademán de decir nada, así que prosiguió- ¿Cómo lo estás llevando?
El otro no tuvo más remedio que encogerse de hombros. Al fin y al cabo, ¿Qué demonios debería de responder a eso?.
- ¿Puedo preguntar qué vas a hacer ahora?- añadió Rin, con un hilillo de voz.
Makoto cruzó los brazos. Estaba en manga corta y empezaba a refrescar conforme avanzaba la noche, así que aprovechó el gesto para frotarse los antebrazos enredados, con la esperanza de darse algo de calor.
- Francamente, no tengo ni idea…
En un acto inconsciente, Rin se llevó la mano a la nuca para rascársela. Se preguntaba si valía la pena seguir con la lluvia de preguntas que al parecer no tenían ni respuesta ni sentido. Pero no podía hacer otra cosa. Mordiéndose el labio, empezó a odiarse a sí mismo por la simple idea de haberse imaginado poder ayudar a Makoto.
El de los ojos verdes advirtió las inquietudes del pelirrojo, y, con una voz rota, intervino:
- No te preocupes… entiendo que quisieras ayudarme… pero…
"No hay nada que hacer…", procedía decir. No obstante, Makoto redujo tanto la voz que las últimas palabras resultaron prácticamente inaudibles.
Rin no lo estaba mirando. Con un gesto reflexivo moldeando la piel de su cara, sentía la necesidad de evitar todo contacto visual con su amigo, para no sentirse abochornado.
Inevitablemente le venía a la mente el hombro de Sosouke, y aquel tenue recuerdo le hizo rememorar la conversación agresiva que habían tenido a la salida hace medio año, en los jardines, y que había concluido con él llorando como un niño.
Le invadió un arrebato de querer abrazar a Makoto muy fuerte. Se sentía cada inútil que al menos quería hacer sentirle su calor, su apoyo, aunque no sirvieran de nada.
Para cuando quiso darse cuenta, ya estaba encima de él, aprisionándolo con unos temblorosos brazos. Era mucho más grande que él, casi como Sosouke, y de nuevo, se sintió insignificante.
Por encima de su cabeza, notó un soplido que le removió el pelo, proveniente de un suspiro calmado de Makoto.
- ¿Qué os está dando a todos por abrazarme estos días?
Avergonzado, Rin se separó. Pudo sentir sus mejillas humedecidas. Joder, más estúpido aún…¿Acaso encima él parecía sufrir…?
Pero Makoto pareció leerle los pensamientos. Esbozando una afable sonrisa que sin embargo a Rin le pareció la más forzada que había visto en su amigo hasta el momento, el chaval habló con una voz queda:
- No te preocupes, no puedes hacer nada
Una pregunta le surcó la mente con tanta ímpetu que no tardó una décima de segundo en soltarla.
- ¿Y los médicos…?
Quiso morirse, deseó taparse la boca y no volver a soltar una palabra en el resto de sus días. No paraba de imaginarse el infierno por el que estaba pasando Makoto, y aquellas preguntas eran como hendirle cuchillos en todo el cuerpo.
Aún con todo, Makoto no borraba aquella sonrisa y esos ojos comprensivos de su rostro. Sus manos estaban posadas en los hombros de Rin, y por alguna razón, el calor reconfortante que emanaba de ellas y que trepaban por su piel le recordó que Makoto estaba vivo, que nada estaba perdido.
Apretando los dientes, y curvando los labios hacia arriba, se jugó las lágrimas con brío.
- Saldremos de esta, Makoto.
Había pasado media hora. A Rin se le había ocurrido ir al pabellón de Iwatobi, pese a aquellas horas estuviese ya cerrado. Así podrían estar solos tranquilamente.
Entraron a la sala de la piscina. Rin notó desde atrás cómo el cuerpo de Makoto se tensaba al contemplar de nuevo la piscina.
- ¿Quieres meter las piernas?- le animó adelantándosele.
Makoto observaba el agua inseguro. Mientras se decidía, Rin aprovechaba para quitarse los zapatos y la camiseta, hasta quedarse en pantalones.
-¡Venga!
- Está bien…- seguía dudando- pero solo los pies.
Rin sonrió, satisfecho. Le bastaba con ello, de momento.
Makoto se estaba sentando en el borde de la piscina cuando Rin saltó de cabeza y se embulló en el agua.
El otro al sentir el frío agua salpicándolo y las ondas que producía su amigo al nadar sobre sus piernas, notó como se le hacía un nudo en el estómago. Deseó apartar los pies del líquido que se apreciaba azul, pero entonces, las manos de Rin alcanzaron sus tobillos.
- ¿Seguro que no quieres meterte?- dijo con un tonillo irritante y sonriéndole con esos dientes de tiburón.
Makoto negó con la cabeza, y, sin dejar de sostenerle la mirada, lo mojó con agua con dulzura. A Makoto le entró un escalofrío, pero se dejó hacer.
- Por cierto, he avisado a Rei y a Haru para que vengan. También a Nagisa pero no ha respondido.
Una sombra cruzó el rostro de Makoto al nombrar al rubio. Aunque era adelantarse demasiado, tenía un mal presentimiento.
- ¿Sabes algo de él?
- ¿De Nagisa? Alguna vez nos hemos visto… y todo normal ¿Por?- le bastó con mirarle a la cara para saber que algo le pasaba- ¿Te inquieta algo de él?
- No, no sé… simplemente que me gustaría verlo. Y me da la impresión de que va a ser difícil. ¿Sabes cómo le van los estudios?
En el agua, Rin se encogió de hombros, sin darle demasiada importancia.
- No tengo mucha idea…
Fue entonces cuando Rin cayó en que los problemas que Nagisa había tenido con sus padres era sabido por los del equipo de natación del instituto, y a lo mejor se les había pasado comentarle algo al pelirrojo.
- ¡Chicooos!- la inconfundible y cantarina voz de Rei les hizo volverse hacia la puerta.
Haru y el de los ojos violetas acababan de llegar. Se sentaron a ambos lados de Makoto para meter también las piernas. Rei se mantuvo con ropa, Haru, antes de colocarse, se desvistió hasta quedarse en bañador.
Makoto no pudo evitar reírse. Las buenas costumbres nunca cambiaban. El chico lo sopesó con sus ojos azules, como asegurándose de que estaba bien, y luego se lanzó a la piscina. Rei le pasó el brazo por la espalda a Makoto.
- ¡Venga, Makoto! ¡Mucho ánimo!
- Gracias Rei- dijo sintiéndolo de verdad. Hasta ahora nadie le había ido con esa frenética sonrisa, y en cierto modo, le ayudaba a olvidarse de que estaba enfermo.
Haru ya estaba de vuelta de haber nadado hasta la otra punta de la piscina. Se colocó junto a Rin, que lo miraba incrédulo, impresionado por su velocidad.
- Hacía mucho que no te veía nadar, Haru… ¿Te entrenan bien en la academia esa no?
El moreno, tan insulso como siempre, se encogió de hombros, y centró su atención en Makoto, que lo miraba con la misma impresión que Rin.
- Es impresionante, Haru. ¿Cuántos records has superado ya?
Haru hizo un mohín.
- Algunos, supongo.
- ¡Impresionante, Haru-senpai! ¡Es un gran mérito sobrellevar semejante éxito con tanta humildad!
Haru se sintió algo intimidado ante la expectación descontrolado de sus amigos. En silencio, se volvió a hundir bajo el agua y a bucear. Rin lo siguió y nadaron juntos durante un tiempo, a ratos competiendo, a ratos disfrutando del agua sin más.
- ¿Quieres entrar, Makoto?
- Ah no, entra tú, Rei… prefiero quedarme aquí, en serio.
Rei no supo que decir, se le quedó mirando sin muy bien que hacer durante unos segundos, hasta que sintió la obligación de dejar a Makoto solo con sus pensamientos. El de los ojos verdes no le quitó la vista de encima mientras se dejaba caer al agua, pero al verlo marcharse, su mirada se nubló por unos instantes, unos instantes de agonía, tristeza, y cansancio. Pero sobre todo, de impotencia y de miedo. Cuando se quiso dar cuenta de que debía de interiorizar aquellos sentimientos, Haru ya estaba a su lado, subiendo con agilidad el escalón para sentarse junto a él. A veces olvidaba que su mejor amigo estaba unido a él por un lazo que superaba las carcasas falsas que se ponía que otros podían aceptar. Haru, no, no aceptaría que ocultase un rostro tan sombrío como el que acababa de poner.
Lo miraba con fijeza, muy serio, como esperando una explicación con impaciencia, y de pronto, Makoto temió que pudiera escudriñar sus pensamientos.
Cuando Haru alargó el brazo para colocar la mano sobre el corazón de Makoto, este notó lo mojado que estaba el chico, y el agua se deslizó por su torso chipiándolo también.
- ¿Qué haces, Haru?
Tardó un poco en apartar la mano del pecho de él, dejando tras de sí una mancha de agua.
- Quería cerciorarme de que seguía latiendo. - dijo volviendo la vista de nuevo a la piscina. Makoto hizo lo propio. Rei y Rin seguían nadando jugando a carreras.
Makoto comprendió sin que Haru dijera nada más, que el rostro que había puesto segundos antes había preocupado a su amigo en ese sentido. Joder, no iba a darle un ataque estando con ellos…¿Cómo podrían perdonárselo si no?
- ¿Entonces por qué ha sido?- inquirió Haru, como prosiguiendo una conversación que no se había llevado a cabo.
Makoto pensó en responder lo primero que se le pasara por la cabeza, pero era consciente de que Haru no lo aprobaría entonces.
De momento, se dedicó a tomar aire mientras sus neuronas se ponían en movimiento, seleccionando las palabras adecuadas para expresar lo que sentía en aquel instante.
- ¿Recuerdas que tenía miedo al agua?
- Sí
Aunque para cualquier persona resultaba inapreciable, Makoto pudo ver de soslayo que aquella pregunta había descolocado al moreno. Lo percibía en sus ojos, vistos de perfil.
- Bueno… pues… tengo miedo al agua.
Era una afirmación estúpida, pero por muy absurda que resultase, seguía siendo una afirmación.
De pronto Haru sintió que se detenía el tiempo, y que ya no se escuchaban las brazadas ni las patadas de Rei y Rin salpicando el agua, ni si quiera su propia respiración. Tan solo las palabras de Makoto, que se repetían una y otra vez como un incesante eco.
Trató de contener sus ansias de gritar, y respirando hondo, espetó:
- Nunca has tenido miedo al agua... ni ahora ni antes, solo has tenido miedo a la muerte, Makoto.
...
No habían logrado que Makoto se diera un buen chapuzón, pero si que habían conseguido alegrarlo. Y eso ya era algo, tal y como estaba.
Rin y Rei acompañaron un poco a Haru y a Makoto hacia su casa, para hablar un poco de los estudios y de la vida en general, en especial del recuerdo de los momentos en los que habían nadado juntos.
- Sí, era gracioso ver a Rei hundirse en el agua una y otra vez sin motivo- recordó Rin- Menos mal que lo entrené duro porque si no…
Rei se había llevado la mano a la espalda, con vergüenza y anhelando que el pelirrojo dejara de hablar de él y sacara fallos a otro.
- En verdad, mi auténtico maestro siempre fue Haru-senpai- dijo exaltado.
El aludido no dijo nada, y más que halagado pareció irritado por el comentario.
Makoto no pudo evitar pensar en Nagisa al sentir la falta de uno de los de su equipo. Llevaban casi dos horas hablando de sus felices momentos, pero cada vez que se nombraba al rubio, se sentía la ausencia de aquella feliz voz que nunca parecía apagarse.
- Bueno, ya va siendo hora de irse ¿No?- apremió Rin al ver la hora en su reloj- Creo que todos madrugamos mañana.
- Sí- asintió Haru, secamente.
Makoto lo miró aliviado. Por fin iba a dejar de saltarse clases.
Minutos después, solo andaban juntos ellos dos, guardando silencio. La noche se les había echado encima y las estrellas brillaban en el cielo. Makoto sintió la necesidad de decir algo.
- En Tokio no se suelen ver…
- ¿No?- preguntó Haru fingiendo interés.
- No, es muy grande y la contaminación impide ver las estrellas.
Haru se quedó quieto, mirando no al habitual cielo sino a la cara iluminada de su amigo. Parecía que una chispa de esperanza se hubiera encendido en su rostro, y aquello lo hizo sentir bien.
- ¿Vamos?- dijo Makoto, despertando de su ensueño. Se había pispado de que Haru lo estaba esperando- lo siento, echaba de menos estas vistas… y bueno, también añoraba estar contigo a solas.
Haru dejó que la sonrisa curvara sus labios.
Era verdad. Desde la guardería habían estado juntos, en las buenas y en las malas. Siempre, como uña y carne, sin separarse nunca.
Y la universidad había llegado y les había arrebatado toda aquella afinidad. Y ahí estaban de nuevo, juntos y en casa.
- ¿Quieres quedarte a dormir hoy?- preguntó Haru.
Recordar aquella habitación empolvada donde su amigo tenía que pasar la noche le daba pampurria.
El otro asintió con una sonrisa.
- Además…- continuó Haru antes de empezar a subir las escaleras que llevaban a su hogar- Me gustaría hablar contigo de tus miedos, si quieres.
Makoto vaciló, pero terminó por asentir de forma forzosa.
Una vez en casa Haru se puso a preparar un café mientras Makoto veía la tele. El chico alzó la vista de la pantalla para fijarse en el moreno.
- Mira que hemos vivido juntos… y nunca te había visto preparar algo que no fuera caballa…
Estaba asombrado de verdad, se había quedado boquiabierto y con los ojos bien abiertos mientras lo veía acercarse con la bandeja llevando dos tazas y una cafetera hirviendo.
- ¿Qué dices?- respondió el otro con disgusto. Estaba exagerando, ¿no?.
Haru se acomodó en el sofá y sentado sirvió el café en las tazas. Cogió la suya con las dos manos y se reclinó en el respaldo, sintiendo cómo el humo caliente y amargo ascendía hacia su cara.
Makoto cogió el suyo.
- Puedes repetir, queda más.
Como toda respuesta, su amigo dio un cuidadoso sorbo, esperando no quemarse. Seguidamente sopló varias veces preparando el líquido para el próximo trago.
- Cuando se hundió aquel barco llevándose la vida del anciano, empecé a temerle al mar. Cuando nadaba en la piscina no era lo mismo, pero sí que presentía que algo malo iba a suceder… me daba miedo que algún monstruo del agua subiera a por mí y me agarrara por las piernas, y me llevara tan al fondo hasta que me ahogara. Pero claro… - soltó una risilla- No tenía ningún sentido. Pero no era algo racional. Además, siempre estuviste tú ahí para protegerme… y al final superé el miedo al agua nadando de espaldas, mirando al cielo. Bueno, eso ya lo sabes- se había ruborizado delante de su amigo, tal vez sonaba todo muy romántico- Pero después de que me pasara aquello vuelvo a tenerle miedo, porque…
Escrutó entre sus pensamientos si había alguna palabra adecuada con la que expresarlo.
Haru le ayudó:
- Tienes miedo a que te vuelva a pasar. Y en el agua ¿Verdad?. Porque es allí donde te ocurrió la primera vez. Vuelves a creer inconscientemente que hay un monstruo esperándote abajo para llevarte.
A Makoto le parecía que la voz de Haru era de médico, pero en realidad, supo que era el mismo tono seco y sin emoción que siempre había tenido. Pero con un tenue rastro de desvelo que teñía sus palabras de una sinceridad y una calma redundantes.
- ...Makoto. No hay ningún monstruo. Cuando temías al mar era porque la muerte se había llevado la vida de personas, cuando…- entornó los ojos, y bajó repentinamente el tono de su voz, inseguro de decirlo o no-...cuando creíste que me había ahogado en secundaria, cuando me sacaste del río y lo pasaste tan mal… era porque creías que había muerto, no que se me había llevado un monstruo. Y finalmente, cuando te metes al agua y temes que te de un infarto porque piensas que hay más probabilidades ya que fue precisamente en el agua cuando te dio el primero, recuerdas a tus abuelos morir de lo mismo, y te aterroriza el hecho de que a ti te suceda igual.
El silencio sobrevino como un gran golpe. La atmósfera se había tornado lúgubre, e incluso a Makoto las paredes blancas de la casa de Haru le parecían del mismo color nauseabundo y verdoso de los hospitales.
La tensión se disipó cuando el rostro de Haru se relajó:
- Bueno, al menos...eso creo yo.
Se había percatado de que a lo mejor había sido demasiado duro y contundente, y ni si quiera sabía si lo que decía era cierto. No eran más que conjeturas hechas por un amigo que intenta dar una explicación a algo sin sentido. Y no, no estaba en situación de decirlo.
Estaba empezando a atormentarse por si había actuado bien o mal cuando Makoto le dedicó, como undécima vez aquel día, una de sus interminables sonrisas.
- Gracias, Haru. Tienes toda la razón.
- Makoto… ¿Seguro? ¿Estás bien?
- Creo que para superar algo lo primero es darle nombre. Y me reconforta pensar que el miedo a la muerte es algo muy simple. Es al fin y al cabo, lo que todos los seres humanos temen ¿No?
La respuesta era clara. Claro que todos las personas tenían miedo a morir. Pero la diferencia estaba en que ni Haru, ni Rei, ni Rin, ni Nagisa tenían una enfermedad del corazón que le acercara la muerte tanto.
Sacudió la cabeza. No podía pensar aquellas cosas, estaba empezando a temblar sin saberlo y solo cuando la cálida mano de Makoto se posó sobre la suya se dio cuenta de ello.
Makoto, sin embargo, no dijo nada al respecto. Sabía perfectamente cómo se sentía Haru en aquel momento. Y le hizo sonreír como a un idiota. Aquel lazo que los unía era demasiado fuerte.
- Quiero dejarme de filosofía por hoy- dijo Haru.
El otro asintió, correspondido.
- Gracias
El agradecimiento sonó tan leve como una pluma, pero lo suficientemente claro como para que a Haru le zumbaran los oídos.
- Voy a dormir- concluyó Makoto poniéndose en pie- Mañana iré a ver a Nagisa.
Haru no dijo nada.
Solo cuando su amigo desapareció tras la puerta se atrevió a mirarse en el reflejo que el café dibujaba de él, para comprobar que no estaba llorando.
Bien, la verdad es que mi primera intención era hacer una historia de unos 2-3 capítulos. Pero poco a poco se va alargando. No pasa exactamente nada especial, pero me parecía interesante hacer hincapié en la relación de los personajes antes de poner la acción.
Por otro lado, muchísimas gracias a los que leéis, os agradezco vuestros comentarios y me alentan a seguir escribiendo :3
Muchas gracias y espero que os haya gustado!
