Buenas! Estoy hasta arriba de trabajos así que no puedo escribir demasiado. Así que he hecho este pequeño capítulo en vez de hacerlo de muchas páginas, y así voy controlando el ritmo de ir subiendo. Espero que no os importe, y aviso que este es, muy, muy corto.

Fueron a coger el mismo muñeco, ese delfín de color azul cielo que resultaba tan llamativo para todos los niños, y que por eso se había quedado solo. Haru volvió sus ojos silenciosos hacia el otro chico, que también había hecho ademán de coger la figurita. El chaval, un niño de una edad similar a la suya, y de ojos castaños, le lanzó una sonrisa pícara.

"Jugadlo a papel, piedra y tijera". Había dicho una voz que le resultaba muy familiar. Haru alzó la vista, su futuro entrenador que llevaba unos pelos rubios muy excéntricos, los miraba a los dos con cautela desde el mostrador. El niño que Haru tenía a su lado soltó una risilla y giró todo su cuerpo en posición de ataque hacia él, con la mano preparada.

"Un, dos, tres". Tijera frente a papel. Haru había ganado.

"Al mejor de tres". Insistió el otro. Aunque Haru perdió aquella ronda, terminó ganando y llevándose consigo el apreciado delfín. El otro, refunfuñando, alargó el brazo para agarrar un pez payaso gordinflón y se largó. El entrenador se le quedó mirando, curioso y como esperando a que el de los ojos azules se fuese también. Pero Haru solo podía añorar a Makoto. ¿Dónde estaba? Si hubiera sido él, le hubiera dado directamente el juguete y se hubiese cogido el de color naranja. Salió pensando hacia la calle. Cuando dio el primer paso fuera, ya no era un niño. Rei y Nagisa lo esperaban, y también Rin. Pero no había ni rastro de Makoto. Nagisa, como de costumbre, se le subió encima como un monito, contento de verle de nuevo, y Haru se dejó hacer sin un atisbo de entusiasmo. Mientras caminaban hacia la piscina, no podía dejar de preguntarse dónde estaría su mejor amigo. Se les cruzó un gato blanco que caminaba inquieto hacia ninguna parte. De pronto, se lo quedó mirando, y trotó hasta los pies descalzos de Haru. Allí, empezó a arañar los pantalones como pidiendo algo y Haru se agachó para escuchar su petición. "¿Dónde está?". Dijo. Haru dio un espasmo, patidifuso. ¿Un gato que hablaba?. Le miró a los ojos. Eran unos ojos poco felinos, terriblemente humanos, y de color verde oliva. ¿Makoto?. Haru dio un respingo y perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás. Unas manos ajenas impidieron que se diera de bruces contra el suelo. Era Rin. "¿Vamos?". Tenía la mirada sombría y los ojos vidriosos. Haru asintió casi inconscientemente y entonces el gatito empezó a guiarles a lo alto de una montaña. Incómodo, el moreno se volvió hacia sus amigos. Todos iban de blanco, y llevaban flores. De repente, un escalofrío le recorrió la espina dorsal al percatarse de lo que era. En silencio, volvió sobre sus pasos, y cuando despistó a sus compañeros, corrió ladera abajo, corrió sin cansarse hasta las viviendas, las atravesó saltando brincos inhumanos y al fin llegó al Iwatobi Club. Entró de nuevo, y allí estaba de nuevo su entrenador, que no pareció sorprendido de verlo aparecer. Se apresuró a la piscina y allí, la monitora le pidió meterse al agua y nadar. Y nadó como pez en el agua, huyendo sin querer volver. Pero una pared se impuso en su camino. Haru sacó la cabeza del agua para tomar aire, y comprobó que una mano se había arrimado a él. Haru la aceptó, estaba nublado y no se veía bien de quien era, pero las palabras familiares frente a la voz desconocida le hicieron estremecerse. "Siempre has sido el mejor en el agua, Haru-chan". Haru miró a los ojos a aquel chico. No eran verde oliva. No era Makoto. Era Nagisa de niño, que lo sacaba con aquella sonrisa suya tan característica. Pero su voz, sin embargo, no se correspondía con la que Haru recordara que tenía. Asustado, se dejó caer de nuevo al agua. Pero resultó ser una caída traicionera, una caída libre. Percibía cómo todo su cuerpo se aceleraba hacia el vacío, y cerró los ojos. De pronto un pinchazo le dio en pecho, y sintió que se quedaba sin aire en los pulmones, y que a sangre dejaba de viajar por sus venas. Y cuando abrió los ojos, estaba rodeado de caras extrañas, tapadas con mascarillas y vestidas de médicos. Y supo que lo iban a operar. Trató de levantarse, pero estaba atado, y le dolía mucho el corazón. El corazón… con un sobresfuerzo, empezó a vociferar a los cuatro vientos "¡No soy yo! ¡Yo no estoy enfermo!¡Yo no…!. Alguien le colocó algo frío en la cabeza, y Haru se lo retiró de un sopetón para mirarlo. Sus ojos vacilaron al ver el delfín de juguete. "Haru". Oyó decir. Era la voz de Makoto. El moreno se volvió hacia todos lados. Solo había sombras con ojos luminosos. Y le aterraban. Y volvió a parpadear. Y lo vio. Un chico de ojos castaños y mayor, muy parecido a Makoto, llorando. "¿Ren…?". Se sorprendió Haru. Entonces, al lado del chaval lloroso apareció una mujer morena y de ojos verde oscuro. "¡Ran!". Pero cuando habló, la voz que tenía no era de mujer, era la voz de Makoto. "Hermano...no mueras...". Y rompió a llorar. Y Haru sintió que todo su cuerpo se convulsionaba. No… no era él quien… ¡Makoto!.

- Dime Haru.

Haru abrió los ojos de golpe, como platos.

Delante de él, de pie, estaba Makoto, mirándolo con su típica sonrisa.

- ¿Ya estás despierto?

Haru parpadeó varias veces, estupefacto, y entonces se dio cuenta de que estaba oscuro, y que la única luz de la estancia era una lámpara de mesilla que estaba encendida junto a su cama. ¿Su cama?. Cayó en la cuenta de que él también estaba de pie, y frente a él, lo estaba su amigo.

- ¿Qué…?- empezó a decir, perplejo.

Makoto rio con suavidad.

- Mira que llevo años contigo… y nunca te había visto sonámbulo…

- ¿Eh?

- Haru ¿Estás nervioso por algo?. Me estabas llamando y te has levantado a buscarme mientras gritabas mi nombre.

Haru sacudió la cabeza, sin entender nada. ¿Sonámbulo?. Aquello era nuevo para él.

- ¿Pesadilla?

El moreno asintió.

- ¿Quieres contarm-?

- No.- respondió Haru con contundencia antes de que Makoto pudiera terminar la frase.

La mirada del chico se entristeció.

- Está bien… ¿Volvemos a dormir, entonces?

Haru necesitaba tener algo delante duro y dañino para pegarle una patada. Joder, le había vuelto a hacer daño. Demonios. ¿Siempre había sido así de duro con él?.

- Makoto…

- Haru- Makoto se sentó en el colchón que habían dejado en el suelo con mantas para que durmiera junto a la cama de Haru- No quiero que te sigas disculpando, está todo bien. Me gustaría dejar de hacer un melodrama de todo esto. No estoy tranquilo si todo el mundo se preocupa por mi. -alzó la mirada para encontrarse con la de su mejor amigo- Y menos tú, Haru.

- Deja de decir gilipolleces

Makoto tragó saliva, incómodo.

- Me agobio, perdona, Haru. ¿Te importa que vuelva a mi casa?

La petición pilló de sopetón a Haru, que se quedó helado en el sitio, con un nudo en el estómago. Makoto, en silencio, se levantó del colchón y se dirigió al armario, del que extrajo su abrigo. Y entonces Haru comprendió que la pregunta había sido retórica.

Como un fantasma que no podía hacer nada, lo siguió sin decir nada hasta la puerta de la calle. Allí, Makoto giró un poco el cuello para verlo de soslayo.

- Mañana por la mañana iré a ver a Nagisa. Tú ve a la universidad- hizo una pequeña y significativa pausa- Por favor.

Y se fue, sin añadir nada más, dejando a Haru temblando en el sitio. Escuchando el potente ruido del corazón aporreándole las sienes, el moreno lo vio bajar las escaleras. No se giró ni una sola vez. Y por algún motivo, Haru lo echó en falta en aquel momento.

Bueno, en el siguiente capítulo, que se titulará "Estragos" Makoto conseguirá hablar por fin con Nagisa… Un saludo y gracias por leer :P