Buenas de nuevo! :3
No presento mucho pero solo diré esto: "tenía que pasar". Jejeje.
Disfruten :)
Nagisa tuvo que tragarse la emoción de verlo allí, esperándole de pie a la puerta del instituto, para evitar caer en lo de siempre. En vez de correr a abrazarlo, el rubio se acercó lentamente con gesto impávido. Makoto fue el que empezó a hablar, aunque un poco fuera de lugar. La reacción que se esperaba distaba mucho de la realidad.
- Hola, Nagisa
- Hola- respondió el otro con aspereza.
Makoto entornó los ojos.
- ¿Qué tal todo?
- Bien, como siempre.
- Me alegro… esto… ¿Quieres ir a dar una vuelta?
Nagisa se encogió de hombros.
- Como quieras.
Y empezó a caminar, esperando que Makoto le siguiera, y así lo hizo.
Cuando el silencio empezó resultar incómodo después de un rato, Makoto abrió la boca para hablar, pero Nagisa se le adelantó.
- ¿Y qué tal por Tokio?
La insípida y áspera voz con la que pronunció aquellas palabras Nagisa desconcertaron a Makoto, que no recordaba haberlo visto nunca así.
- ¿Estás bien?- preguntó, sin responder ni si quiera a la cuestión formulada por Nagisa.
- Sí.
Makoto suspiró.
- Bien. Entrenando a niños pequeños y enseñándolos a nadar.
- Eso ya me lo había dicho Rei.
El comentario pilló desprevenido a Makoto, y entonces se percató que siempre había dado aquella escueta explicación cuando le preguntaban por su estancia en Tokio.
- Ya imagino… Bueno… había venido en realidad a hablar de eso.
Nagisa abrió los oídos a la vez que apretaba los puños.
- ¿Ah sí?
A Makoto no le gustó nada el tono irónico de aquella pregunta. Iba a afirmarlo cuando Nagisa se le plantó delante, mirándolo con rabia.
- ¿En serio vas a contarme tus problemas? ¿No te basta con Haru para eso?
Makoto se quedó petrificado.
- Nagisa… ¿Qué te pas…?
- ¿Que qué me pasa? ¿En serio ibas a preguntarme eso? ¡No seas hipócrita! ¡Te importa una mierda lo que me pase!
A Makoto el corazón le dio un vuelco. Intentó hacer memoria, y no, era la primera vez que oía la palabra "mierda" o "hipócrita" salir de los labios del siempre alegre Nagisa.
- Nagisa, cálmate.
- Vete al carajo. -y le dio la espalda para acelerar el paso.
- ¡Nagisa! ¡Espera!- el chico hizo caso omiso de la llamada por lo que Makoto se vio obligado a seguirlo a paso ligero.- ¿¡Me puedes decir que demonios ocurre!?
Le agarró del hombro y el otro se volvió con brusquedad para quitárselo de encima. Sus miradas se encontraron, la de Makoto, sin atinar a comprender, la de Nagisa, iracunda, como nunca la habían visto. Y Makoto temió que le fuera a soltar un puñetazo en la cara.
Pero tras el momento de tensión, Nagisa se giró de nuevo para proseguir su camino en silencio.
- ¡Espérate!- esta vez, Makoto lo tomó de la muñeca, y Nagisa intentó desprenderse de él, probablemente reparando en aquel momento, después de años y años juntos, de la diferencia de fuerza que los separaba.
Nagisa soltó un gruñido sordo al sentir que la enorme mano de Makoto la presionaba demasiado fuerte la muñeca. Makoto tardó unos segundos en reaccionar, y cuando lo hizo, se dio cuenta también de que Nagisa lo miraba con cierto… ¿Miedo?. Pero el gesto se esfumó y se cambió instantáneamente por la mirada iracunda de antes.
- ¡Perdona!¡Lo siento Nagisa!
- Siempre disculpándote después de hacer el daño…- masculló Nagisa.
Makoto sintió que la situación se le iba de las manos.
- ¿Qué estás insinuando? ¿¡Me estás culpando de lo que te está haciendo comportarte así!?
- ¡Has sido tú el que has desaparecido medio año sin mantener el contacto con ninguno de nosotros! ¿Así es como reflejas el aprecio que nos tienes?
- ¡Nagisa! ¡Déjame explicarte por qué…!
- ¡Me da igual!¡Te has ido!¡Como hizo Rin!¡En cuando tenéis la oportunidad os largáis y os olvidáis de los que os esperamos aquí con los brazos abiertos!
- ¿Acaso he vuelto cómo Rin volvió en aquel entonces?
Nagisa dio un respingo. Era verdad, Rin cuando regresó no quería saber nada de ellos, en cambio, Makoto…
- Has tardado tres días.
- ¿Eh?
- ¡Has tardado tres malditos días en avisarme de que habías vuelto! ¡Haru, Rin...hasta Rei lo sabían desde el primero!
- Eso es porque no daba contigo…
- ¡NO! ¡Es porque siempre me consideráis el último en todo!
Después del alarido, se hizo el silencio.
Makoto ya no podía seguir escuchando. Pero tampoco tenía ganas de comentar nada. Se limitó a agachar la cabeza mientras Nagisa inhalaba aire para volver a la carga.
- ¡Cuando éramos pequeños siempre estuvimos en natación juntos!¡Siempre os veía a ti y a Haru juntos, haciendo cosas juntos, nadando juntos…!¡- Makoto cerró los puños, joder. Eran mejores amigos…- Y yo no podía nadar igual que vosotros, ni si quiera era capaz de acercarme a vosotros! ¡Y entonces apareció Rin y os alcanzó como si nada, y ya no erais tú y Haru, también era Rin!¡Pero yo había legado antes, y aún así, tuvisteis que ponerme a prueba para poder incluirme en los relevos que después ganamos! Cerraron el club, y Rin se fue, pero vosotros también. ¿Cuánto estuvimos sin saber nada de los otros hasta que entré en bachillerato cuando vosotros ya estabais en segundo?¡Ah, claro!¡Pero tú y Haru os teníais, y aún os quejabais de no saber de Rin! ¿Pensasteis en mi? ¿En cómo estuve sin saber nada de ninguno?- Makoto apretó los dientes, temblando- ¡¿Y sabes por qué?! ¡Porque yo siempre he estado buscándoos, pero vosotros a mi jamás! ¿Cuándo me enteré de tus miedos, Makoto? Cuando fuimos al mar, me enteré a la vez que Rei, que acababa de llegar… hasta Rin lo sabía, y siempre habíamos ido juntos- Makoto alzó la vista. Había sentido una punzada en el pecho, pero ya le daba igual.
- ¡Porque tú no estuviste ahí cuando pasó aquello!
- ¿Y que se supone que pasó que no podíais contarlo?
- ¡Cuando el barco se hundió!-de nuevo, punzada, pero la ignoró para seguir hablando, auqnue su voz sonó rota, se escuchó alto y claro-¡Joder, yo estaba con Haru cuando vimos a las personas vestidas de luto! ¡Joder! ¡Rin estaba ahí porque era su padre uno de los fallecidos!
Nagisa chasqueó la lengua. Makoto había elevado el tono de voz al nivel con el que había estado discutiendo con Haru antes de su última competición juntos. Había sido la primera vez que alguien le había hecho alzar la voz hasta tal punto, y aquella con Nagisa, era la segunda.
- ¡¿Qué demonios te ha pasado con tus padres ahora, Nagisa?!
El aludido abrió los ojos como platos, y el otro supo que había dado en el clavo.
- ¿Acaso no recuerdas cómo nos estuvimos preocupando por ti entonces?
Nagisa no respondió, sus ojos estaban vidriosos y sus labios vacilaban.
- ¿Qué te hace pensar que ahora no te ayudaríamos como aquella vez?
- ¡Tú y todos me hacéis pensar eso!
Makoto sintió un pinchazo en el pecho de nuevo, que momentáneamente le dejó sin aliento.
- ¡Siempre he sonreído para que no os preocuparais! ¡Pero los amigos están también en las malas, ¿cierto?!
Makoto ya no respondía.
- ¡Unos amigos deberían darse cuenta de cuando una sonrisa es falsa y cuando franca, ¿no?
De repente, Nagisa vio cómo, sin previo aviso, Makoto caía sobre sus rodillas con la mano en el corazón y la mirada baja.
Y entonces, todo el cabreo se le disipó, para dejar paso al pánico.
…
Le dio con el dedo con suavidad. El delfín de juguete pareció perder el equilibrio en la superficie del agua, pero se irguió de nuevo. Haru, metido en la bañera como de costumbre, suspiró.
Aquel delfín le traía recuerdos, que contrastaban con los últimos momentos que había compartido con Makoto. La imagen del chico saliendo por la puerta sin girarse para sonreírle de esa manera tan suya le carcomía una y otra vez. La pesadilla de la noche anterior lo había trastocado, y Makoto solo quería saber qué le pasaba...y él. Joder, él le había respondido de una forma cruel que Makoto no se merecía. ¿Quién sabe si a lo mejor su amigo tampoco habría logrado pegar ojo por tener pesadillas peores?. En cualquier caso, no podía saberlo. Y Makoto ya no estaba en su casa, habría dormido en aquel cuartucho lleno de polvo de su vivienda, rodeado de estanterías de discos y folios, con sus hermanos levantándole a gritos por la mañana y a sus padres pidiéndole que llevaran cargas de cualquier cosa. La simple idea le estremeció. ¿Por qué era incapaz de contárselo? ¿Por qué se limitaba a sonreír cuando por dentro estaba hecho añicos?
Era inevitable, Makoto había sido desde siempre ese tipo de persona, que prefiere fastidiarse que involucrar a los demás con sus problemas.
Y a veces, a Haru aquella forma de actuar le hervía la sangre, especialmente cuando las cosas se las ocultaba a él, su supuesto mejor amigo.
Apretó los dientes. ¿Por qué cuando estaba con él tenía la sensación de que Makoto lo sabía todo sobre él, y en cambio, él era incapaz de conocerlo todo sobre Makoto?.
Miró el reloj de aguja que tenía colgado en la pared del baño. Las manecillas marcaban las seis y treinta y cinco. Como absorto, Haru se quedó mirándolo embobado, hasta que se percató de que estaba perdiendo el tiempo. Sintiéndose agobiado, sumergió su cabeza en el agua. El calor del agua se le adhería a la piel como los rayos del sol. Y si miraba arriba, veía la parte trasera del delfín flotando y formando ondas alrededor de su cuerpo. El agua lo mecía produciendo una sensación relajante que Haru echaba de menos últimamente. Rin y Rei habían quedado para ir a nadar a la piscina cubierta después de las aburridas clases, pero después de la discusión que había tenido con Makoto, tenía de todo menos ganas. Bastante había hecho yendo a la universidad. Envuelto en sus pensamientos, dejó que los párpados se cerraran sobre sus ojos y se concentró en sentir el agua acariciándole la piel.
Permaneció con la mente en blanco unos minutos. Hasta que un sonido tenue le hizo abrir los ojos de nuevo.
Nunca usaba su teléfono móvil, ni si quiera recordaba que tono de llamada tenía, pero sabía que estaba sonando.
Solo le llamaban en caso de emergencia, y no solía responder ni si quiera a estas.
Pero tuvo un mal presentimiento.
La sonrisa inocente de Makoto volvió a surcar su mente, y esperándose lo peor, salió corriendo de la bañera. Llevaba bañador, se lo había puesto por si acaso a su amigo le daba por ir de nuevo a interrumpir su chapuzón.
Escurriendo agua, se apresuró a rebuscar el móvil entre sus ropas. Seguía sonando, y cada vez con más intensidad. Se estaba acercando. Notó las vibraciones cerca de su cazadora, y metió la mano en su bolsillo para sacarlo.
- ¿Nagisa?
Por un momento, se relajó. No era Makoto.
Aún así, decidió descolgar.
- ¿Sí?
- ¡Haru! ¡Por favor! ¡Por favor!
Haru se estremeció. La voz del rubio era temblorosa y parecía reflejar que estaba sollozando. Y… se escuchaba una sirena de fondo.
- ¿¡Nagisa!?
- ¡Por favor, Haru, ven conmigo al hospital!
Al aludido el corazón le dio un vuelco. Sabía qué venía a continuación.
- ¡Makoto ha perdido el conocimiento!
Sin apartarse el móvil de la oreja, Haru se puso el abrigo sobre su piel desnuda y sin importarle el frío o lo que la gente dijera de sus pintas, salió como un rayo por la puerta.
- ¿¡En qué hospital!?
Nagisa, desde el otro lado, preguntó a uno de los médicos que estaban con él y con Makoto en el interior de la ambulancia. El hombre estaba ocupado haciéndole bruscos masajes en el pecho por lo que Nagisa no supo si interrumpirle.
- ¡Nagisa! ¡Pon el manos libres!
El rubio, entre lágrimas y temblores, obedeció.
- ¿A qué hospital?- gritó Haru de nuevo para que el médico lo escuchara.
- Al central- respondió el otro, muy serio.
- ¡Nagisa, voy para allá!
El chico asintió y se sonó los mocos. Haru tomó aquello como un "vale" y colgó el teléfono.
El corazón le iba a mil y solo podía preguntarse si cogía un transporte o si directamente iba corriendo hasta allí. La ciudad era pequeña, así que probablemente se cruzaría con…
- ¡Haru!
El chico dio un respingo, pero se tranquilizó al reconocer a Rin y Rei. Menos mal, no eran los padres de Makoto. Reparó entonces en que ir corriendo como un loco por las calles no era la mejor opción si quería pasar desapercibidos.
- ¡Traed un coche!
- ¿Eh?- los otros dos le miraron incrédulos. Y se percataron de cómo iba vestido- ¿Qué haces con bañador y chanclas por la calle en pleno inviern…
- ¡Makoto está en el hospital!
Enmudecieron, y Haru percibió cómo sus rostros se ponían lívidos.
- ¡Voy a por el de mi padre! ¡Esperadme en la calle del parque!- dijo Rin, echando a correr hacia su casa.
Rei y Haru siguieron avanzando hacia donde Rin les había dicho, y tras llegar, a los diez minutos, vieron aparecer el coche granate con Rin a bordo. Casi los atropella al pararse pero ninguno tenía tiempo de pensar en aquello. Se metieron apresurados al coche y Rin presionó el acelerador antes incluso de que Rei pudiera cerrar la puerta.
- ¿En qué hospital?
- En el central
- ¿Qué demonios ha pasado, Haru?- intervino Rei.
- No lo sé, me ha llamado Nagisa diciendo que se había desmayado
- ¿Pero por qué?
- ¡No lo sé!
- ¿Pero ha sido por lo del corazón?
- ¡Que no lo sé, joder!
- ¡Tranquilos los dos!¡Que enseguida llegamos!- trató de poner orden Rin. Los dos estaban sentados atrás y desde el retrovisor veía la expresión histérica de Haru. Jamás lo había visto tan pálido.
No tardaron ni diez minutos en llegar a la puerta del hospital. Haru agradeció que se hubiese encontrado con sus amigos, de lo contrario hubiese tardado el triple de tiempo en llegar corriendo.
En la puerta, había una ambulancia vacía que estaba a punto de cerrarse para acudir a la siguiente llamada.
- ¡Vamos!
Rin paró de correr derrapando delante del mostrador de citas.
- ¿A dónde ha llevado al chico de la ambulancia?- trató de sonar educado, pero escupía rabia.
- Eh… van a meterlo al quirófano por urgencia...no pueden…
- ¿Dónde queda eso?
- Pero no pueden….
- ¿Qué dónde está?
Había dado un puñetazo a la mesa tan fuerte que había dejado sin habla a la mujer. Ella, tiritando, señaló una dirección que Haru y Rei siguieron de manera instantánea.
Subieron escaleras y en uno de los pasillos, vieron a unos médicos llevando apresurados a un bulto sobre una camilla llena de goteros. Metieron todo en una sala.
- ¡Haru, Rei, Rin!- algo lo abrazó por detrás y le empapó el abrigo por la espalda- ¡Lo siento, lo siento, lo siento!
-¡Nagisa! ¿Qué ha ocurrido?- quiso saber Rei, al borde del llanto.
- Pues…
- ¡Nagisa! ¿Ese de allí era Makoto?- le cortó Haru, refiriéndose al chaval de la camilla.
- Eh...sí...lo van a…
Pero Haru no le escuchó terminar. Corrió hacia donde estaban los médicos, gritando.
- ¡Makoto!
Uno de los enfermeros se volvió, se retiró la mascarilla de color chicle que llevaba puesta.
- Señor, no puede entrar aquí
- ¿¡Qué le ha pasado a Makoto!?
- Señor… por favor, cálmese...haremos todo lo que esté en nuestras manos…
Aquella típica frase de médico era lo que menos le apetecía escuchar.
- ¿¡Qué cojones le pasa a mi amigo!?
Una mano se posó en su hombro, pero le irritó todavía más.
- Haru, por favor, ahora déjales que intervengan… todo saldrá bien.
Era Rin.
¿Por qué demonios mantenía tanto la calma?.
- Disculpe.
Y tras dejar que el enfermero entrara a la sala de operaciones, Rin apartó a Haru de la puerta. O al menos, lo intentó.
- Haru….vamos.
El chico forcejeaba cada vez que el pelirrojo trataba de echarlo hacia atrás. Pero era inútil.
- ¡Haru!
- ¡No me voy a ir a ninguna parte hasta que salga de allí!
Rin gruñó.
- ¡No sabemos cuando demonios van a terminar!¡Déjalo estar! Preguntaré en recepción en qué habitación lo dejarán después y…
- ¡¿Y si no lo dejan?!- espetó Haru.
La bofetada resonó en el pasillo.
Haru se quedó de piedra. Rin, casi sin esfuerzo, le había puesto de cara a él para soltarle un golpe en la cara con la mano abierta.
El moreno se llevó sus dedos a su mejilla derecha, donde había recibido la brutal intervención de Rin. Le ardía.
- Y no pienso disculparme.
El pelirrojo, con gesto hosco, dio media vuelta dejando atrás a sus amigos, con la intención de bajar a preguntar por la habitación de Makoto.
Y por fin, ha pasado ajajaja. Espero que les guste y nos vemos en el siguiente capítulo :)
