Buenas noches, queridos lectores!
Os debo una disculpa por esta graaaaaan tardanza :( pero es que la uni me tiene muy ocupada con trabajos de síntesis de todas las asignaturas y rollos raros y exámenes y de todo jejeje, así que no he podido ponerme a escribir.
Bueno, esto se va acabando ya, espero que os guste, y auqnue sea un capitulo breve, espero que os cubran de momento las ansias por ver la continuación de la historia jajajaja
Haru había acorralado a Nagisa en uno de los pasillos vacíos del hospital. Le había gritado y sacado los colores. Y Nagisa se había roto tanto que no había podido evitar echarse a llorar allí mismo. Fue entonces cuando, Haru, dando un respingo, se había percatado de lo duro que estaba siendo con él.
Apartó sus manos y su mirada de él, con un gesto desdeñoso, y, abochornado pero con un semblante ronco, dijo:
- Vete a casa. No deberías estar aquí.
Tirado en su cama, Nagisa no conseguía conciliar el sueño. Aquel avergonzante recuerdo lo sacudía cada vez que lograba cerrar los ojos y dejar la mente en blanco. No, después de lo que había pasado, no podía permitirse el lujo de dormir en una reconfortable cama.
Recordaba cómo Rei intentaba tranquilar al enloquecido Haru, quién, de repente, pareció derrumbarse. Se dejó caer sobre el suelo y no miró a nadie en las siguientes horas. Rin, sin decir nada, se tumbó a su lado, mirando con disimulo y con gesto extraño cada cierto tiempo a Nagisa. Rei se había acuclillado junto a él para consolarle. Pero Nagisa había detenido sus propias lágrimas para no parecer débil delante de los demás, y sobre todo, delante de Haru. Pero el sentimiento de culpabilidad le pesaba como una montaña cargada al lomo. Inquieto, no había parado de caminar de un lado a otro en el pasillo, hasta que, a altas horas de la madrugada, los médicos salieron para darles las noticias.
Joder.
Había salido bien.
Makoto seguía vivo.
Todos estaban sin saber cómo contenerse. Las lágrimas, los abrazos, los gritos de júbilo inundaron la sala de espera en la que solo ellos cuatro se encontraban. Incluso los enfermeros tuvieron que pedirles silencio para no desconcentrar a los del quirófano.
Y Haru estaba temblando. Había enterrado su cabeza en sus rodillas, para no dejar ver sus ojos. Pero su cuerpo se convulsionaba, y los chicos quisieron pensar que era del alivio. Rei le dio unas palmaditas en la espalda para que se calmara, sin dejar de llorar. Y Rei hacía lo propio.
Pero Nagisa no se unió a aquellos gestos de compañerismo. De repente se sentía muy lejos de ellos, de todos sus amigos. Y todo por una barrera invisible de rechazo.
Porque había sido todo culpa suya.
Tal vez, no, joder, no tal vez… si no hubiera sido tan imbécil, si se hubiese tragado su orgullo a tiempo o su afán de protagonismo, nada de aquello hubiera pasado.
- De momento está fuera de peligro, pero…- la doctora dudó- aún no está a salvo del todo, está muy débil y ni si quiera ha despertado… Nosotros nos encargaremos, ustedes pueden irse a cas…
- Ni hablar- había soltado Haru, con una iracunda contundencia.
- Haru…- empezó Rin- no desobedezcas a la doctora…
- Yo me quedo.
La mujer se quedó sin saber qué decir.
- Entonces, yo también- dio Rei un paso adelante.
- Pfff- Rin resopló antes de aceptarlo, sin saber si interponer el deber o la responsabilidad- Está bien, aquí nos quedamos todos…
Nagisa pensó en el examen que tenía mañana. Sintiéndose como la mierda, sacudió la cabeza para espantar aquella simple idea.
- Yo también.
Rei se le quedó mirando, preocupado.
- Oye, Nagisa… escúchame…
- Cállate- le espetó el rubio, entreviendo lo que iba a decir su compañero.
El otro tragó saliva. Por su parte, la doctora empezó a explicarles que estaba de acuerdo con que alguien se quisiese quedar por la noche con el enfermo, pero no todos. Rei apartó un poco a Nagisa del grupo para hablar con él en serio.
- Nagisa, vete a casa.
- ¿Estás loco?
- Tienes un examen final mañana a primera hora ¿No es así?
- ¿Y qué?
- Nagisa, es importante.
- Déjame, ya lo recuperaré después de verano…
Hizo un intento por volver al grupo, pero Rei le contuvo del brazo.
- Nagisa, no estás en situación de…
- ¡Es mi responsabilidad! ¡No la vuestra!
Y se sintió observado por todos. Había alzado tanto el tono de voz que su discusión era más audible que la de la doctora con Haru y Rin. Nagisa se puso colorado, y apartó la vista de ellos.
- Chicos, os agradezco la buena intención… pero solo se puede quedar uno, lo siento mucho.
- Entonces que sea Haru- decidió Rin.
Nagisa apretó el puño.
- ¿Y por qué él?¡Soy yo el que…!
- Pues ya tendrás tiempo de pedirle perdón a él.
Los ojos de Nagisa se humedecieron de nuevo. Las palabras de Haru eran afiladas como cuchillos.
- Está bien- aceptó al final.
Sintió cómo la mano de Rei se posaba sobre su hombro, con la intención de guiarlos por los pasillos.
- Vamos, Nagisa… Mañana después de clase vendremos ¿Te parece?
- Yo creo que me saltaré alguna clase para venir.
- Pero, Rin…
- No os preocupéis, vosotros centraros en los estudios que tenéis que sacar bien la prueba de acceso…
Rei asintió, y el silencio de Nagisa se hizo incómodo. Durante todo el trayecto, desde la vuelta por los pasillos, hasta la salida y volviendo en coche a casa, sintió como la mano de Rei no se apartaba de él.
- ¿Os dejo en casa chicos?- dijo Rin al caer en que no sabía dónde vivía Rei. - Dime tu dirección.
Rei se quedó pensativo, y miró a Nagisa, que no apartaba la vista del asiento vacío de su lado en el coche.
- ¿Nagisa, quieres que vaya a tu casa a dormir?
- ¿Uhm?
- Para asegurarme de que no te quedas dormido mañana ni nada….
Lo único que consiguió es que Nagisa apretara los dientes, hasta hacerse daño. Sintiéndose absurdo, pidió a Rin que parara el coche con voz queda.
- ¿Qué dices, Nagisa?
- Que pares, puedo ir andando desde aquí.
Rin se negó, pero cuando vio a Nagisa decidido a bajar intentando abrir la puerta con el coche en marcha, frenó. El rubio, sin añadir parada, sacó su cuerpo del vehículo y empezó a caminar.
- Joder…- Rei resopló. - No esperaba que le sentara tan mal…
- Déjalo… a ninguno nos apetece que se vayan preocupando por nosotros después de ver a Makoto así…
Y, antes de encender el motor de nuevo, se quedaron aparcados unos minutos, solo para asegurarse que Nagisa seguía el camino correcto hacia su casa.
Y así lo hizo, solo que cuando llegó a su cuarto, se tumbó en la cama, y la noche pasó lenta y turbada.
El corazón de Haru latía con fuerza, y sus ojos brillaban como como con luz propia al verlo posado allí, tapado por una manta blanca y lleno de cables y conexiones en su piel, con los ojos cerrados, y con un rostro que trasmitía una serenidad que se hacía casi incomprensible.
- Ma...ko...to…- su nombre sonó como un susurro. Pero tenía la impresión de que aunque se pusiera a gritar que despertara tampoco lo iba a escuchar.
- Bueno… tienes una silla al lado de la ventana- dijo la médico, desde atrás- lamentamos que no tengamos un mobiliario mejor… el presupuesto no da para más, y tampoco estamos acostumbrados a recibir visitas nocturnas…
Haru no dijo nada. No podía apartar los ojos de los párpados caídos de Makoto. Estaba pálido y por alguna extraña razón daba la sensación de que su cuerpo estaba triste y envejecido.
- Las operaciones dejan un poco destrozado a los pacientes… en cuanto despierte… cogerá otra vez su color natural, no te preocupes.
De nuevo, no obtuvo respuesta por parte del chaval.
El moreno avanzó unos pasos tímidamente, hasta ponerse justo encima de su amigo. Respiraba tan tenue que parecía que no lo estuviese haciendo, y sus extremidades parecían pesar bastante. Pero aquellas malditas pinzas, aquellos cables, era lo que más enfermo le ponían.
Y pensaba en el grandullón de su amigo, siempre tan animado y fuerte… y aquellos aparatejos le descuadraban todo, también el gotero colocado a su lado, le daba nauseas.
Escuchó los pasos de la doctora alejándose, y antes de que desapareciera por la puerta, acertó a decir, con sus labios vacilando:
- ¿Puede oírme?
- Sí… seguramente, está dormido, simplemente.- Haru sintió como la mujer se quedaba esperando en la puerta a que Haru añadiese algo más. Pero al no obtener respuesta, pareció optar por irse.
Haru apretó las sábanas con sus dedos, y con la espalda arqueada hacia delante, dejó que las lágrimas recorriesen sus mejillas. Las gotas se estrellaban en la tela, y alguna que otra alcanzó la piel del brazo de Makoto. Pero este no se inmutó con algo tan liviano como una lágrima. Era de esperar.
- Lo siento… lo siento, Makoto…- masculló Haru, saboreando sus propios sollozos. - De verdad… nunca debí de dejarte solo, debí haberme ido contigo a Tokio...en serio. ¿Por qué fui tan imbécil?
Tragó saliva al notarse la garganta seca. Necesitaba aliento también. Aprovechó la pausa para coger la mano de su amigo y apretarla con delicadeza.
- Perdona… te he echado tanto de menos...no nos habíamos separado nunca, y cuando lo hacemos… ocurre esto. Perdoname, por favor.
La única luz que iluminaba la habitación era la que provenía de la luna, que se dejaba ver entre las cortinas. Haru se secó las lágrimas con el antebrazo, y, sin apartar su mirada del de los ojos verdes, se acercó a la ventana para separar las cortinas y que penetrara mayor flujo de luz.
Se quedó un rato lamentándose por dentro, contemplándole.
Nunca sabría cuánto tiempo pasó hasta que se empezó a percatar de que se le cerraban los ojos. Tambaleándose, se aproximó hacia la silla que había en el cuarto, y, procurando no hacer ruido, la arrastró hasta el borde de la camilla. Se reclinó en ella buscando una posición cómoda para no dejarse el cuello en caso de quedarse dormido, y sostuvo la mano de Makoto de nuevo.
Y volvió a perderse en su mirada, en su rostro dormido, y empezó a recordar algunos momentos que había vivido con él.
Como su primer discusión, decidiendo qué iban a hacer cada uno con su vida después del bachillerato. Allí, quedaba claro quién había sido el inmaduro. Pero era inevitable, Makoto era increíblemente inocente, pero tenía muchas ideas claras, que la mayoría de las veces, resultaban ser las correctas.
Muchas veces Haru se había sentido solo al no tener una familia con la que contar siempre, y Makoto le había aportado todo el apoyo que necesitaba y más, sabiendo cuando parar antes de resultar entrometido o pesado.
Siempre pendiente de los pensamientos más profundos de Haru, siempre, y sin equivocarse. Siempre cuidando que estuviera bien. Y ahora ¿él que hacía? ¿Disculparse por todo lo que no le había devuelto?
Era horrible. La sensación de haber completado la amistad con ese vacío de igualdad, con esas ausencias de escuchas. Pocas veces había hecho algo por Makoto si se tenía en cuenta lo que él había hecho por el moreno.
Y aquella situación, pensándolo bien, resultaba asquerosa.
Con las lágrimas asomando de nuevo, Haru se levantó de golpe. Sabía que estaba empezando a quedarse dormido, pero no quería dejar de visualizar a Makoto.
Miró su reloj de muñeca. Las cuatro de la mañana.
Resopló para sus adentros. Le invadía el sueño y no tenía café para estimularse.
Con miedo a abandonarlo por inercia, Haru se despidió de Makoto dándole un beso en la mejilla y deseándole buenas noches. Seguidamente, sin soltar su mano, se dejó caer sobre la silla, y poco a poco, aunque esforzándose por retardarlo, terminó por quedarse dormido.
No habían pasado más de dos horas cuando el enfermo se levantó asustado en la penumbra, y, descolocado, empezó a quitarse las pinzas que aprisionaban su cuerpo con miedo.
Muchas gracias por leer y gracias a todos :)))
Nos vemos en el siguiente cap!
