Comida, bebida, comida y más comida. ¡Esto es la gloria! No recuerdo la última vez que pude zampar tanto de vez, y lo mejor es que todos los platos son de carne. Después de pasarme un día entero en la enfermería, cubierto de vendas y aburriéndome como una ostra, por fin puedo disfrutar de los banquetes. Ussop y Sanji también parecen pasarlo en grande, mientras que uno está contando su batalla contra el Gyojin Morritos (aunque algunas partes son mentiras seguramente), el cocinero pasa las horas rodeado de mujeres (juraría que hasta revolotean corazoncitos alrededor de su cabeza).
Sin embargo, aún faltan dos personas para que ésto sea una verdadera fiesta: Zoro, que aún está recuperándose de sus heridas en la enfermería, y Nami, pero no la he visto desde ayer. Recuerdo que nos acompañó a la consulta del médico, a Zoro lo llevaban en camilla de tan hecho polvo que estaba, y mi navegante cargó conmigo sobre su hombro sano; a pesar de que le insistí que podía caminar, ella amenazó con atizarme con su bastón sino la obedecía... Y ya bastantes golpes tuve como para añadir un moratón a la ración.
Flash back
-Eres un insensato, Luffy. ¿Cómo se te ocurre andar tú sólo hasta el doctor con lo malherido que estás?
-Namiiii, que de verdad estoy mejor de lo que parece. Suéltameee.
-¡No lo pienso repetir: no!
-Lo acabas de hacer.
-¡Cállate, idiota! O te juro que a la próxima te arreo.
-Aaahh, está bien.
-Nami-san, ¿a mí por qué no me cargas? Yo también estoy herido... ¡en el corazón!
-Ya lo está haciendo Genzo-san.
-Pero...
-A CALLAR- mi amiga sentenció por última vez mostrando unos terribles colmillos de tiburón y una mirada casi asesina; cuando se pone así, hasta tragar saliva me cuesta.
De repente, noto que el agarre de Nami se hace más fuerte, pegándome más a ella, lo cual me provoca una sensación extraña pero agradable.
-Muchas gracias, Luffy.
-Nada de "gracias". ¡Para eso están los nakama!
¿Dónde estarás, navegante? Quiero verte, y darte ese abrazo que quedó pendiente. Pero este pueblo es muy grande y las calles están llenas de gente celebrando como locos; será complicado encontrarla en medio de esta marea fiestera. ¡Un momento! El doctor conoce a Nami, seguramente él sepa dónde está.
-¡Muchas gracias, estaba todo delicioso! -les digo al cocinero y a sus ayudantes, para luego me levantarme de la mesa.
-Pero aún queda bastante comida, puedo preparártela en un minuto.
-No hace falta, estoy muy lleno ya. Shishishi, os lo agradezco de todas formas.
Agarro el último muslo que queda y me dirijo hacia la enfermería. El médico del lugar está atendiendo la herida de Zoro, lo hace con una maestría envidiable, lo que me lleva a pensar que necesitaremos un doctor en el barco por si nos volvemos a encontrar en este tipo de situaciones. Y un músico, por supuesto; para mí es un miembro más importante que el médico, ¿qué otra cosa no levanta mejor el ánimo de un pirata que una buena canción, más que cualquier ungüento o pastilla de sabor raro?
-Si Nami no está por aquí, debe de haber ido a visitar aquel lugar especial- me responde el doctor cuando le pregunto por mi navegante.
-¿Hm? ¿Qué lugar?
El anciano se queda en silencio por un momento, ¿qué ocurre? ¿Habré dicho algo malo?
-Es a dónde va cuando quiere reencontrarse con sus recuerdos.
-Oooh, entonces no la molestaré.
Dicho ésto último, me dispongo a volver a la fiesta.
-Espera, joven- me detiene el doctor- ¿Por qué quieres verla con tanta insistencia?
-Es cierto, Luffy -interviene Zoro- Desde que saliste de la enfermería no has dejado de preguntar por ella cada hora, como mínimo.
-Nada en especial.
-Mientes fatal.
-¡Solo quiero saber cómo está!
-Te has puesto rojo- comenta médico.
-DEJAD DE PRESIONARME. ME VOY A COMER MÁS CARNE.
-OYE, DIJISTE QUE NO QUERÍAS MÁS- oigo gritar con enfado al cocinero.
Después de zamparme otros tantos kilos de deliciosa comida, decido alejarme del pueblo y del gentío para bajar mi hinchado estómago con una caminata.
Ser de goma es lo mejor; reflexiono para mis adentros, ya que no sólo puedo estirarme todo lo que quiera, sino que mi capacidad estomacal es ilimitada (al menos, eso espero).
No sé a dónde voy, tampoco me interesa. El paisaje es muy agradable a la vista, perfecto para dar un buen paseo, así que mientras que Nami no aparezca, tal vez pueda divertirme descubriendo algún sitio interesante. Tras recorrer un buen tramo del camino principal de la villa, veo a lo lejos una figura familiar de cabello azulado: es la hermana de Nami, Nojimi... Eeeh, digo, Nojiko.
-Chico de goma- me saluda levantado el brazo cuando se acerca a mí- ¿No estabas disfrutando de la fiesta?
-Sí, pero ya me cansé de comer tanto. Además, quería saber cómo está Nami, pero el doctor me dijo que estaba en ese sitio donde se reencuentra con sus recuerdos, así que esperaré mientras tanto dando un paseo.
De repente Nojiko me observa de forma misteriosa, como si me estuviera evaluando. Curiosamente, todo habitante de esta isla me mira así cuando les pregunto por tercera vez por mi amiga.
-¿Por qué te preocupas tanto por mi hermana? Por lo que ella me contó, no os conocéis desde hace mucho tiempo; no le debías nada salvo un acuerdo temporal entre socios.
¿Acuerdo temporal? No soy un experto en tecnicismos, pero entiendo que se refiere a una relación que nada tiene que ver con la de los nakamas. Al principio, no lo comprendí cuando Nami me dijo que seríamos "sólo socios" tras la pelea con el Narizotas Rojas (¿Biggy, Bobby?... Algo así se llamaba), pero cuando ella nos dejó y se marchó en el Going Merry, maldije ese tipo de acuerdos. Habíamos pasado por demasiadas cosas juntas como para no considerarnos compañeros de tripulación.
-Es cierto ¿Pero eso qué le impide ser mi nakama? Ella me salvó la vida y me ayudó en varias ocasiones, ¿por qué no iba a preocuparme por ella? Además...- la última frase se me atraganta como si de un hueso astillado se tratase.
-¿Hm? ¿Además qué?
-No soportaba la idea de no volver a verla.
Siento de nuevo esa sensación desconocida pero agradable en mi interior; el saber que Nami no volverá a marcharse de nuestro lado (de mi lado) me reconforta de una manera muy parecida a cuando estaba con Ace y Sabo, sobreviviendo juntos en mitad del bosque. Por su parte, ante mi respuesta Nojiko me mira por largo rato con cierta impresión (aunque no entiendo por qué razón) para justo después esbozar una sonrisa divertida (no entiendo nada).
-Ahora lo comprendo todo.
-¿Eh?
-Mi hermana tiene suerte de tenerte- alega ella al tiempo que me pone la mano en el hombro- Para Nami también eres un nakama muy especial, así que cuida bien de ella, ¿de acuerdo? Y por favor, no la malinterpretes cuando se ponga histérica contigo por cualquier tontería; tiene una forma particular de expresar su cariño.
-Lo haré.
¿Qué significa "nakama especial"? ¿Son aquellos a los que quieres abrazar y oler su cabello? ¿Y entonces, cuando Nami me grita o me golpea, quiere decir que me aprecia? Pues menuda manera de hacerlo, en mi opinión preferiría que me regalase carne... o un beso en la mejilla.
¿EEH? ¡¿Qué acabo de decir?!
Ha pasado otro día de celebración por la victoria, y Nami todavía no ha aparecido. He recorrido la zona varias veces y no he encontrado ni rastro de ella; esta isla no puede ser tan grande como para que se haya esfumado así como así. Por un instante, temí que se hubiera marchado de nuevo, pero enseguida me di cuenta de que eso es imposible: los Gyojin ya no la mantendrán retenida nunca más; su hogar está en esta isla y por fin podrá disfrutarlo en paz; prometió que sería la navegante de mi tripulación; y además quedaron algunas riquezas dentro de Arlong Park aún después de que los pueblerinos se hicieran con el tesoro, por lo que me extrañaría que no aprovechase el momento para recoger algo que pudieron haber dejado atrás. En fin, tarde o temprano aparecerá, y así podré abrazarla.
Esta noche la comida sigue siendo abundante y suculenta; y por su parte, Zoro, Sanji y Usopp continúan divirtiéndose, cada uno a su manera. Mientras tanto, yo sigo buscando el melón con jamón, ¡tengo que probarlo o no moriré tranquilo! Observo mesa por mesa y por todos los rincones que huelen a carne o a fruta, pero no tengo suerte.
Finalmente, me doy por vencido y me aparto de la bochornosa masa de gente y alcohol, para así comer con tranquilidad la carne que aún tengo en la boca y en las manos. Sin embargo, un olor repentino pero delicioso me asalta las fosas nasales; si me concentro un poco podré distinguir qué es... ¡Es melón, y también jamón! ¡Allá voy, apetitoso majar!
Mi olfato me guía fuera de la villa, y después a través de un bosque, hasta llegar a una colina que limita con el mar, culminando en un acantilado. Me detengo en seco al percatarme de que el aroma se pierde en este último punto.
-¡¿Dónde está el melón?!
Hay una figura masculina en la cima de la pequeña pendiente, pero eso no me interesa; lo que quiero es encontrar la dichosa fruta, y esta estúpida nariz me ha llevado en la dirección equivocada.
-Qué vergüenza, me largo de aquí.
-¡Mocoso, espera!- me ordena el hombre de la colina.
A regañadientes, me vuelvo hacia el propietario de aquella voz imperiosa y malhumorada, y descubro que es el viejo que portaba el molinillo en la gorra; debió de perderlo en algún momento antes de la batalla con Arlong, porque no he vuelto a vérselo puesto.
-Nami ha decidido convertirse en pirata y formar parte de vuestra tripulación.
Ella ya lo era antes de que sucediera todo este lío, ¿por qué este señor me está contando obviedades mientras que yo podría estar saboreando con calma la carne que tengo entre los dientes?
-Va a ser un viaje peligroso, y no será una vida fácil, pero es su decisión y la acepto. Así que escúchame bien, muchacho: si le arrebatas la sonrisa a Nami, si hieres sus sentimientos... te mataré.
-No tengo intención de arrebatarle nada, ni he herido sus sentimientos...
-¿LO HAS ENTENDIDO?
La voz del bigotudo denota una brusquedad que pocas veces he sentido, me recuerda a Ace y a Sabo cuando me advertían de algún posible peligro. Entonces me doy cuenta de que el anciano quiere proteger a Nami; debe de quererla mucho, lo supuse en el momento en que lo vi abrazándola de aquella manera tan... parecida a la que me abrazaban mis hermanos. De todos modos, jamás se me ocurriría hacerle daño a Nami; y eso de quitarle la sonrisa, esa tan alegre y repleta de vida que ha iluminado su rostro tantas veces desde el primer momento en que la vi, esa misma sonrisa que me hacía sentir más contento cada vez que me levantaba y la veía oteando el horizonte, guiándonos por la mejor ruta hacia la nueva aventura.
Me tiraría al mar antes de que siquiera partas en mi busca, señor Molinillo.
-Entendido- respondo.
-Bien.
Y así, me dispongo a marcharme, pero una duda me empieza a rondar la mente, por lo que no puedo evitar volver sobre mis pasos.
-Una pregunta, anciano.
-¿Qué quieres?
-Esa tumba, ¿a quién pertenece?
Una mueca de dolor se dibuja en el rostro del hombre, debía de ser una persona a la que apreciaba mucho. Ahora me arrepiento de haber preguntado.
-Su nombre era Bellemere. Era una mujer fuerte, atrevida y con un carácter de mil demonios. Nos sorprendió mucho cuando se unió a los marines, pero cuando de verdad puso el pueblo patas arriba, fue cuando decidió adoptar a sus hijas, que aquel momento eran muy pequeñas...
-Anciano, no es necesario que continúes. Ya me has dicho quién es, no me hace falta saber más.
Por esta razón no me gusta preguntar sobre el pasado de las personas que conozco, y menos de las que me caen bien. Sé muy bien que recordar puede ser algo doloroso; lo sé muy bien desde que vi a Sabo desaparecer para siempre en aquella explosión, hace muchos años.
-No, muchacho. Es necesario que lo sepas: Nami y Nojiko eran esas niñas.
No sé que decir, la garganta se me atraviesa por un nudo angustioso, es como si se me hubiera atragantado la comida, pero sé que sigo respirando; y una extraña sensación me invade el estómago. Nami perdió a su madre, a alguien a quien quería mucho; nunca supe lo que es tener una madre, pero si lo que sintió Nami se parece a lo que yo cuando Sabo se fue... Siento más que nunca ganas de abrazarla.
-Sí, son sus hijas y a mucha honra. Las amaba tanto... Se sacrificó por ellas, luchó hasta el final como buena madre que era, y nunca mostró miedo aún sabiendo que la muerte se le venía encima. Arlong la mató a sangre fría, justo delante de sus pequeñas, porque ella pagó por el indulto de ambas. Pudo haberse salvado si renegaba de su maternidad, pero no quiso hacerlo, las quería demasiado...
-MALDITO ARLOOOONG.
El señor Molinillo se sobresalta ante mi grito y me mira extrañado. Los pedazos de carne se desprenden de mi boca al gritar, pero en este momento poco me importa, sólo puedo pensar en el ansia rabiosa que me ha entrado por machacar de nuevo al capitán de los Gyojin.
-Ese miserable no sólo la retuvo en esa habitación durante ocho años, usándola como un objeto; sino que le arrebató a alguien que era muy importante para ella. ¡Debí haberle pateado el trasero cien veces más! Debí haberle...
La impotencia me invade, no le dí lo suficiente a aquel bastardo azulado, tuve que haberle enterrado más en la tierra. Y yo me contenté con permitir que la armada se lo llevara preso; si lo vuelvo a ver, dudo que pueda controlarme.
-Tranquilo, jovencito, entiendo como te sientes- la voz del señor del molinillo me devuelve a la realidad; su tono ya no suena tan imponente, sino más bien nostálgico -Escucha, Nami nunca ha tenido amigos, no sabe lo que es sentirse querida por otras personas que no hayamos sido Bellemere, Nojiko y yo. Y por lo que sé, ella no se ha permitido el lujo de amar a alguien, pero si ella ha decidió embarcarse con vosotros, si ha decidido confiarte su vida aún a pesar de los peligros que le impondrán esa vida como pirata... Ella entonces...
¿Cómo, amar? ¿Qué tiene que ver el amor con ser pirata? Yo no sé cómo se siente algo así. Aunque tengo entendido que es una conexión íntima, parecida a lo que tienen los nakamas pero, de igual manera, diferente. Es una relación bastante más profunda y complicada que eso me dijo Sanji durante una ocasión en la que me contaba una de sus aburridas aventuras románticas. Pero, ¿qué involucra a Nami en todo eso?
-¿Qué quieres decir con lo de "amar"?- no puedo resistirme a preguntarle al viejo.
-Nada, sólo haz lo que te he pedido.
-Lo haré, Gembi.
-¡Es Genzo, estúpido!
-Eso, Genzo-Estúpido.
-¡La madre que...! Te estás ganando una patada en el trasero, mocoso- grita mientras se gira hacia mí con una mirada furibunda.
Por un instante temo que de verdad vaya a golpearme, pero de repente (para mi alivio) su expresión se calma y me observa con una media sonrisa.
-Igual que su madre, Nami sabe donde se mete.
No entiendo lo que ha dicho; es más, no entiendo nada de lo que dice todo el mundo en esta isla cuando converso con ellos sobre mi navegante. Argg, odio sentirme confuso, pero igualmente me gusta más ver a Genzo así de contento, en lugar de mostrar esa seriedad que me recordaba vagamente a la de mi abuelo.
-Una última pregunta, viejo. ¿Sabes dónde puedo encontrar el melón con jamón?
-Aah, conque buscabas eso. Me comí el último trozo.
-¿EEEEEHHHHH? PERO QUÉ MALA SUERTE TENGO HOY.
Unos minutos después, antes de despedirnos, descubro que el anciano ha vuelto a situarse frente a la tumba de la madre de Nami. No la conocí, pero viendo como es Nami, estoy seguro de que me habría caído genial.
Bellameri, cuidaré que la sonrisa de tu hija no se borre, le prometo en silencio mientras descendiendo la colina, de regreso a la villa.
-Sé que lo harás.¡Y mi nombre es Bellemere, idiota!
¡¿Eh?! ¿Quién me ha hablado? Me doy la vuelta, pero no hay nadie. Por la voz deduzco que era una mujer, pero no veo a ninguna persona por aquí salvo a Genzo, que continúa de pie al borde del barranco. En fin, supongo que habrá sido mi imaginación. Sin embargo, por algún motivo, el tono de aquella desconocida imaginaria me recordó al de Nami cuando se enfada.
