La noche ha avanzado mucho y la fiesta sigue activa, aunque no hay tanta gente como antes. Algunos se han retirado a sus casas, mientras que otros (como por ejemplo, Zoro) se han puesto a dormir en cualquier rincón de la plaza principal, donde Usopp continúa contando a gritos sus falsas hazañas. Por su lado, Sanji (acompañado de algunas chicas), Johnny y Yosaku todavía tienen fuerzas para bailar.

Ha pasado un buen rato desde que conversé con Genzo en el acantilado, pero sigo sin comprender aquello relacionado con Nami y "amar". Estuve varios minutos dándole vueltas, pero no le hallé el sentido, así que decidí dejarlo y continuar divirtiéndome con los demás, a pesar de que tendría que conformarme sin el melón con jamón. Ahora mismo me he hartado de comer (por vigésima vez en estos tres días) y sólo me apetece esperar a que aparezca mi navegante; ¿ya habrá pasado el tiempo suficiente para reencontrarse con su pasado? Siendo sincero, yo nunca he necesitado algún lugar en concreto para ello, recuerdo a los míos cuándo y dónde me apetece, pero sé de mucha gente, aparte de Nami, que viaja a un sitio especial para rememorar sus vivencias. Lo respeto, cada uno tiene su forma de honrar su pasado.

Voy paseando por la villa hasta que llego a la enfermería, me fijo una mujer acaba de salir de allí: ¡Es Nami! La calidez que últimamente sentía al pensar en ella, ahora me hace retumbar el pecho como loco, pero no entiendo por qué motivo me pongo así, sólo la he visto después de tres (interminables) días, no es para tanto, ¿verdad?

-NAMIII- la llamo con toda la energía de mis pulmones, por si la música y el griterío de Usopp le impiden oírme.

-Oh, Luffy -ella se voltea hacia mí y me sonríe, lo que me hace vibrar aún más por dentro- ¿Aún estás despierto a estas horas?

-Sip, shishishi. En realidad te estaba buscando.

-Lo sé, el doctor me lo dijo hace poco. Pero creía que después de tanto atiborrarte de carne te habrías echado a dormir en cualquier sitio a pierna suelta, así que pensé que sería mejor esperar hasta mañana para preguntarte.

-Oye, Nami, ni que fuera tan vago- le replico fastidiado, no soy tan predecible cuando como, ¿o sí?

- Por cierto, ¿ya se te ha curado el hombro?

-Sí, y además el maldito tatuaje de Arlong ha desaparecido del todo. He decidido hacerme uno nuevo, uno que de verdad quiero llevar conmigo siempre.

Observo la zona de piel donde antes tenía un vendaje ensangrentado, ahora sólo muestra un dibujo en forma de X, con lo que parece un pequeño fruto en una de sus esquinas; es lo suficientemente grande como para ocultar del todo la huella cicatrizada de la herida que se había hecho con el puñal.

-Son un molinillo y una mandarina.

-¡Oh, te queda genial entonces! Las mandarinas representan mucho de ti.

-¿Qué quieres decir?

-Hmm. Son naranjas, huelen bien y son agridulces.

-¿Agridulces?

-Sí, como tú: A veces eres dulce y otras veces eres agria. Shishishishi.

-¡La madre que te...! -su rostro pasa de ser como una alegre flor de mandarina, a convertirse en un rabioso tiburón de aserrados colmillos.

-¡Aahh, no me pegues, sólo dije la verdad!

Me cubro la cabeza, temiendo una ronda de golpes y chichones, pero en lugar de eso sólo escucho un hondo suspiro por parte de Nami.

-Voy a mi casa – alega mientras se da la vuelta- Tengo que empacar todas mis cosas antes del amanecer. ¿Me acompañas?

-Está bien.


Dejamos atrás la aldea, y caminamos un rato hasta llegar a una pequeña casa solitaria, rodeada por un huerto de árboles frutales. El ambiente huele a mandarina.

-Nojiko y yo nos criamos en esta casa.

-No está mal- yo sólo tengo ojos para las frutas- Se ven deliciosas esas mandarinas del huerto.

-Ni se te ocurra tocarlas, glotón.

Ella me guía de la muñeca hacia el interior del bosquecillo de mandarinos, hasta que llegamos al centro del mismo. Entonces ella se apoya contra las ramas y mira pensativa hacia las estrellas.

-Hay algo en estos árboles que siempre me anima -dice aún mirando hacia el cielo- No sabría cómo explicarlo, Luffy, pero me hacen sonreír.

-No sabía que los árboles fueran divertidos.

-No, tonto- me da un coscorrón suave (raro en ella, suele darme más fuerte) y se ríe (eso ya no es tan raro, y además me encanta)- Estos mandarinos pertenecían a mi madre, ahora es mi hermana quien cuida de ellos. A veces siento que si ella todavía camina a través de éstos árboles, cuidando que maduren fuertes y den un buen fruto.

-Ah, ¿hablas de Bellemere, cierto?

-¿Cómo sabes su nombre?- me pregunta sorprendida.

-Me lo contó el señor que llevaba el molinillo en la cabeza.

-Oh, Genzo-san. Ese hombre nunca dejaba de vigilarme, siempre estaba ahí para atraparnos a Nojiko y a mí cuando hacíamos alguna travesura, y Bellemere lo ponía nervioso cada vez que la reclamaba por lo que hacíamos- se ríe divertida tras decir ésto; me pregunto a qué se referirá con que su madre "ponía nervioso" al viejo.

De pronto me acuerdo de cuando presencié la escena de aquél abrazando a Nami.

-Genzo te quiere mucho. Te abrazó con fuerza, eso es algo que sólo una persona que siente un gran cariño por ti haría; de hecho, me amenazó de muerte si me atrevía a herir tus sentimientos.

-¿En serio te dijo eso Genzo-san?

-Sip, pero no es necesario que me amenace, no pensaba hacerlo de todas formas.

Mi navegante me observa con una sonrisa extraña (¿tierna se dice?, no estoy seguro), que por alguna razón enciende de nuevo el ardor en mi pecho. Se levanta entre nosotros un repentino pero reconfortante silencio, hasta que ella decide romperlo con una pregunta que no me esperaba para nada.

-¿Por qué viniste a por mí?

-¿Eh?

-¿Por qué, después de haberos traicionado y robado el barco, fuiste tras de mí? Después de las cosas feas que te dije...¿por qué seguías considerándome tu nakama?

-Bueno, te consideré como tal desde que me ayudaste a vencer al Narizotas.

-Pero aún así... ¡Maldita sea, me diste tu sombrero, que es tu tesoro...!

-Me salvaste la vida más de una vez, Nami; me sostuviste cuando me mareé tras patearle el trasero a aquel pirata de las garras de gato; y seguías estando ahí cada día, a pesar de que a veces puedo ser insoportable, o eso dicen.

-Luffy...

-No podía creer que habías matado a Usopp, incluso cuando lo afirmaste; simplemente, no podía creerlo viniendo de ti. No me preguntes por qué opino ciertas cosas, Nami, sólo puedo decirte que algo en mi cabeza me impulsó a confiar en ti, y eso hice.

Otro momento de silencio nos invade, mientras tanto, Nami me observa con una expresión incrédula (no entiendo el motivo); y entonces su mirada se vuelve nublada, como si fuera a llorar. ¡Ay, mierda, no puede ser que la haya hecho entristecer! ¡Maldita sea mi torpeza con las palabras! Pero enseguida veo que esconde su cara con una mano, como si le escocieran los ojos y tratara de aliviarlos, y acto seguido me mira risueña.

-En eso de que eres insoportable no les falta razón- a su contestación la acompaña una fuerte carcajada.

-¡Oye!

¿Es en serio? Por un momento me ha preocupado al pensar que se iba a echar a llorar por mi culpa, y luego se ríe de mí. ¡Pero mira que me confunde esta chica!

-Pero precisamente por como eres, en tu lucidez y en tus tonterías, Luffy, eres un buen capitán.

-¿De veras lo crees?

-Sí, no he conocido a nadie que se preocupe tanto por personas a las que apenas acaba de conocer. Eso sólo puede significar dos cosas; que es idiota, o que tiene un buen corazón, y tú eres ambas cosas.

-Shishishi, soy un buen idiota entonces.

-Y que lo digas.

-Bueno, pues tú eres la mejor navegante.

-Oh vamos, no exageres.

Ambos nos reímos al mismo tiempo, siento de nuevo esa curiosa calidez en mi interior. ¡Maldición, me está quemando! ¿Cómo puedo saciar este sentimiento? De pronto recuerdo por qué la había estado buscando y esperando durante estos tres días, y entonces siento que mi pecho empieza a arder sin control. No puedo pensar más, no quiero hacerlo. Sólo quiero...

...

-¿Lu...Luffy?- la vez de Nami me libera de mi angustiosa mente- ¿Qué haces?

¿Eh? ¿Cómo que qué hago? Que yo sepa no me he movido.

No me doy cuenta de lo que pasa hasta que el aroma a mandarina invade con más intensidad mi nariz y siento la firme y delicada figura contra mi pecho; mis manos están rozando su cintura y se apoyan en su espalda. La estoy abrazando.

¡Oh, por Oda! Lo he hecho sin querer; ésto no tenía que ser así, se supone que tenía que pedirle permiso antes. ¡Me va a matar!

Creo que debo soltarla ya, no quiero que se enfade conmigo, pero ella presiona más su cuerpo contra mí y me rodea las costillas con sus brazos. Nami me está devolviendo el gesto... me está abrazando.

Aunque se supone que acabo de saciar mi deseo, no quiero soltarme todavía, esta sensación es demasiado abrumadora, demasiado deliciosa. Nunca antes me había sentido tan bien, ni siquiera todas aquellas veces que me harté de carne junto a Ace, Sabo y mi abuelo. Mis demás nakamas, excepto Sanji, me han abrazado también en algún momento durante la fiesta, dándome ánimos y felicitándome, pero no pueden compararse a la emoción que me está inundando.

-Muchas gracias, Luffy. Por devolvernos la libertad... Por hacerme libre.

-No, gracias a ti Nami, por aceptar ser mi navegante.

Por Oda... Las sensaciones que en este instante me embargan no las olvidaré jamás. Con cautela por si ella rechaza lo que ahora pienso hacer (no la pienso obligar a aceptar algo con lo que no esté conforme), me deslizo hasta su nuca e inhalo su cabello perfumado: no me equivocaba, es mandarina; dulce, suave, silvestre y perfecta. Y a partir de mañana, podré disfrutar de este agradable olor todos los días, la clara prueba de la presencia de mi navegante.

Mientras tanto, Nami ha enterrado su rostro en hombro y aferra mis omóplatos con sus manos. Abrazarla de por sí ya lo consideraba una maravilla única, pero sentirla devolviéndome el gesto, con sus brazos alrededor de mí, su cuerpo contra el mío y compartiendo el calor de nuestras respectivas pieles, hasta que nuestros aromas se funden en uno... Mar y mandarina. Es indescriptible cuánto me abarca esta felicidad.

No sé cuánto tiempo hemos pasado así, hasta que ella afloja el agarre y me mira con decisión en sus ojos marrones.

-Iré con vosotros al mar. Cuenta conmigo, capitán; te acompañaré al fin de mundo.

-No sé si el One Piece estará por allí, aunque no me importa ir hasta ese lugar si me indicas tú el camino.

Ella se ríe ante mi comentario, me confunde un poco su reacción pero me gusta igualmente si está contenta. Entonces decido preguntarle una cosa que me rondaba la cabeza desde que vencí a Arlong.

-¿Cuál es tu sueño ahora, Nami?

-¿Cómo?

-Ya no tienes que comprar tu pueblo, así que puedes perseguir otro deseo, ¿verdad?

-Mi verdadero sueño... -ella suspira pesadamente antes de continuar hablando- Mi prioridad era comprar Cocoyasi y liberarlo de la tiranía de los Gyojin, pero ahora que éso se ha cumplido, podré realizar lo que de verdad ansiaba desde que era niña: dibujar un mapa del mundo entero.

-¿Todo el mundo en un sólo mapa? ¿Cómo podría caber todo eso en un papel?

-Con técnicas de cartografía, tontorrón.

-Aaahh, no sé de qué me hablas pero con lo mucho que sabes sobre mapas, estoy seguro de que lo conseguirás, Nami. Yo velaré porque así sea; el sueño de todos vosotros será cumplido junto con el mío.

-Será un día inolvidable.

No puedo evitar sonreír de oreja a oreja al imaginarme aquel posible recuerdo futuro: Zoro alzándose como el mejor espadachín del mundo; Usopp reuniéndose con Yasopp una vez que nos hayamos encontrado con Shanks; Sanji descubriendo enormes peces en el All Blue; Nami creando el primer mapa del mundo; y yo siendo el Rey de los Piratas, con ella a mi lado hacia la nueva aventura...

¿Por qué he imaginado eso? ¿Qué me pasa últimamente?

Tanto si ese día llega temprano o tardamos algunos años, no quiero que mi navegante pierda su sonrisa ni un sólo día. Entonces, de repente, se me ocurre una idea.

-Nami, si tanto te animan estos árboles, ¿por qué no los subes al Going Merry? Así podrás recordar a tu madre y comer mandarinas siempre que quieras.

-¿Lo dices de verdad, Luffy?

-Por supuesto, ¿acaso parece que bromeo? Shishishishi.

-Graci...- se le vuelven a empañar los ojos; tengo que evitar que las lágrimas le borren la sonrisa.

-¡Ya basta con los "gracias", pesada! Voy a acabar odiando esa palabra.

CLOCK

-AAUCH. ¿Oye Nami, por qué me golpeas?

-¡A mí no me llames "pesada", pedazo de idiota!

No lo entiendo, hace un momento me estaba abrazando y sonriendo tan alegre, y ahora me está regañando otra vez, además de hacerme un nuevo chichón. ¿Pero qué le ocurre a esta mujer? De pronto, me viene a la cabeza la conversación que había tenido con Nojiko esta tarde:

-No la malinterpretes cuando se ponga histérica contigo por cualquier tontería. Nami tiene una forma "particular" de expresar su cariño.

Eso me había dicho pero, ¿cómo voy a saber cuándo Nami me demuestra cariño y cuándo está enfadada en serio? ¿Por qué algunas personas se expresan de manera tan complicada, con lo fácil que es decir las cosas y ya está?

De repente mi navegante me agarra la nariz y la estira mientras ella sonríe con malicia.

-Qué manía tienes con fastidiar un momento precioso, Luffy.

-Aayy, no me hagas esoooo.

Si con el momento precioso te refieres a haber escuchado tu verdadero sueño y haberte abrazado por fin, entonces coincido contigo, mi intrépida navegante.